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sábado, 10 de octubre de 2020

Los amigos del asesino


Guernica, de Picasso. Fotografía de Papamanila en Wikimedia Commons.

Un hombre mata a una mujer con la que tuvo una relación sexoafectiva y tira su cuerpo. Tristemente, nada fuera de lo común en este lado del mundo. Pero esta vez la investigación evidencia y los medios comparten cómo reaccionaron sus amigos: vieron una bolsa negra de basura, supieron que ahí estaba el cuerpo y formaron un grupo de WA en el que compartían memes burlándose del caso. Ya sabemos que estos pactos patriarcales sostienen la violencia feminicida, pero leer el relato es horrible. Esperé días antes de escribir esta entrada porque no quería solo vomitar mis impresiones. No es que vaya a decir nada esclarecedor ni mucho menos, pero no quería escribir desde el impacto inicial.

Siempre ha habido asesinatos y de cuando en cuando, asesinatos con características de espanto, pero creo que además del crecimiento de la misoginia asesina, ahora hay reacciones y respuestas hacia los crímenes que dan cuenta de una escandalosa desvalorización de la vida, de una preocupante falta de responsabilidad respecto al cuidado de los demás -aunque lo de "¿Acaso soy el guarda de mi hermano?" sea tan antiguo-.

A este asesino, un amigo le dijo que no lo iban a ayudar con sus "mamadas". Creo que de haber sido ficción, la frase  habría dado profundidad al personaje y habría definido el tono de la situación.

Si un amigo te busca para que le ayudes a recoger su casa porque tuvo una fiesta muy loca, cabe que digas que no lo vas a ayudar con sus mamadas. Pero si te busca porque ha matado a una mujer y tiene su cuerpo en la cajuela del coche, no actúas como si te estuviera mostrando que tumbó el guardafango y aunque tal vez no inmediatamente, le denuncias (no es que tuvieran miedo de represalias).

Las notas también mencionan que una amiga del asesino lo acompaña a llevar el auto a lavar; por lo que se sabe, ella se entera, al menos, de que "algo malo" ha pasado. Tampoco lo denuncia. 

No es nada nuevo que los alcances de la búsqueda de aprobación masculina son palabras mayores; pero no deja de entristecer que una mujer actúe como esta "comprensiva" amiga. Recordé la noticia reciente de un feminicida que cumplió una pequeña parte de su condena en prisión y fue dejado libre -tampoco algo inusual-. El tipo ya tenía pareja... Las personas podemos rehacer nuestras vidas, por supuesto; pero matar a tu esposa y dejar su cuerpo tirado, como hizo este hombre, no es "cometer un error" como quien trató de pasarse de listo con Hacienda.

Ojalá podamos crear espacios, nichos, en donde estas cosas se conozcan como el horror que son. Formar a niñas y niños en estos espacios para que recuperemos lo que se ha roto y perdido.

Silvia Parque

sábado, 20 de octubre de 2018

¿Qué hay peor que niños sufriendo?

Yo quería escribir, por ejemplo, acerca de mi amor por la crema de avellana. Pero ayer fue Día internacional contra el cáncer de mama y me pareció que sería bueno compartir que me hice una mastografía hace poco y bla, bla... Entonces puse atención a algo que había estado viendo sin fijarme todo el día.


Por favor, lean la nota. Lo menos que podemos hacer quienes hemos amanecido"en casa" es pasar por la molestia de enterarnos...

La migración forzada es un fenómeno que no se acaba de entender. Y vale que no todo el mundo tiene estudios en Humanidades como para "acabar de entender"; pero es que basta con entender poquito; con eso alcanza para portarnos con decencia y para sentir empatía.

Me gustaría decir que lo peor que vi fueron las imágenes de niños sufriendo porque una se preguntaría qué hay peor. Pero lo peor que vi fueron un montón de comentarios que literalmente me revolvieron el estómago. ¡Cuánto daño nos ha hecho el mito del hombre que se hace a sí mismo! Y ojo que los peores comentarios no son de quienes consideran que está bien que gaseen a las personas, de quienes aseguran que nos vamos a rodear de delincuentes o de quienes se preocupan porque se van a quedar con nuestros trabajos. Los peores comentarios son de quienes de verdad creen que México les abre la puerta y solo les pide que lo hagan ordenadamente, con sus documentos en regla. No entienden ni entienden que no entienden.

Silvia Parque

miércoles, 11 de abril de 2018

Otras mamás, cada mamá


La semana pasada estaba en una reunión con niños y una amiga mencionó que le molesta que sus hijos griten mientras juegan; entiende que es normal, pero le molestan los gritos.

Estaba ahí otra amiga que un día mencionó que a veces le abruma el parloteo de su niño; le gusta hablar con él, pero a veces quiere un momento de silencio y la criatura no para de hablar.

A mí no me molesta que B grite mientras juega ni me cansa su conversación, así repita veinte veces lo mismo; pero me sentí acompañada porque hay más de una cosa que me saca de quicio y una lista larga de indicadores que me alejan de la mamá lindabuenaondasiempredispuestarelax que me gustaría ser.

Me hacen falta esos encuentros con otras mamás con las que pueda sentirme identificada, así sea nada más que en una interacción de Twitter.


Silvia Parque

viernes, 9 de marzo de 2018

¿Por qué no detenemos el maltrato infantil?

Llegué a ESTA entrada del blog de CarlosMxAx, en la que habla sobre el asesinato de una niña pequeña. Según cuenta Carlos, la mató el padre. El colmo es que antes del crimen final, la niña había ido a parar catorce veces al hospital. Así que la mató su padre, pero otros tantos tienen responsabilidad por no haberla puesto a salvo. Tristemente, la historia no es única; de tanto en tanto se conoce algún caso por el estilo. Siempre sorprende que nadie haya intervenido a tiempo: sobre todo, el personal de salud o los profesores que debieron notar indicios de lo que estaba sucediendo.

En la recta final del año pasado, mi sobrina, un año mayor que mi hija, se quebró un brazo. Mi hermana contó que en el hospital les preguntaron una y otra vez cómo pasó, a ella y a su esposo juntos y por separado, además de a la niña.

Mi experiencia como sospechosa de maltrato es peor. Entiendo y acepto que el personal de salud debe denunciar sus sospechas y en todo caso, supongo, tomar medidas de precaución; pero no creo que esté bien que traten a alguien como culpable de nada. No creo que esté bien y sin embargo, tampoco me queda claro si se puede o se debe actuar "como si nada" frente a quien una piensa que ha lastimado a una criatura... Al final prefiero saber que se preocuparon por el trato que mi hija estaba recibiendo. Supongo que es cuestión de elaborar protocolos, de mayor preparación. O tal vez no haya modo de cubrir todos los frentes: presunción de inocencia, salvaguarda del niño, prevención del delito, etc.

Todo esto me lleva a pensar hasta qué punto estamos dispuestos a meternos en el lío de señalar, denunciar o intervenir en el caso de un niño maltratado. Para los médicos, enfermeras o profesores hay un deber profesional e incluso leyes que obligan a prestar atención e intervenir. ¿Y todos los demás?

Es fácil ser valientes escribiendo en el blog o comentando en redes, pero no lo es en la realidad material.

- A veces, por la duda; sobre todo en una sociedad donde todavía se considera aceptable gritar y pegar a los niños para disciplinarlos. ¿Dónde está el punto en el que hay que hacer algo? ¿Y qué es lo que hay que hacer? ¿Cómo, dónde? Si se denuncia y la criatura es separada de su familia, ¿realmente será lo mejor?

- A veces, el miedo es lo que detiene. No solo el miedo a estar en un error o a pasar una vergüenza, sino el miedo a sufrir una agresión también, por parte del maltratador o la maltratadora. Ya sé que suena terrible: yo, mujer adulta, no defender a un niñito o niñita por temor de que la otra persona adulta me lastime también. Pero pasa: primero porque habemos cobardes; luego porque en algunas comunidades con mucha violencia se aprende que los otros pueden ser verdaderamente peligrosos -"no sabes con quién te estás metiendo"-.

- Y está la comodidad, que también suena terrible. No intervenimos, muchas veces, por no perturbarnos, por no perder nuestro tiempo u otros recursos en un problema ajeno. [Justo el meollo del problema está en que lo veamos como "ajeno".] Pero no es tan simple.

Se entiende que es despreciable o cuando menos cuestionable no ayudar a un niño para no perder la comodidad. Sin embargo, hay que decir que en la mayoría de los casos, esta "comodidad" no es cómoda. Quiero decir que no se trata de que yo me haré de la vista gorda mientras medio matan a una criatura porque quiero permanecer en mi tumbona bebiendo limonada. Creo que lo de no incomodarnos, muchas veces, quiere decir tratar de conservar nuestra forma de vida, que suele ser fruto de todos los años de nuestra existencia y además, con lo que sostenemos a nuestros hijos. De todas formas está mal no hacer lo que se debe hacer; pero no es por no estropear el peinado.

Me pregunto hasta dónde me metería yo y no me queda tan claro.

Entre lo que me queda claro está que: además de intervenir cuando es necesario, hay que dejar que los otros intervengan.

Hace meses, entrando al carril de la caja del supermercado, choqué con la carriola en un mueble, pero ni caso hice; la verdad es que me acostumbré a esas torpezas. Una señora me dijo, con tono apremiante, algo así como "pobre niña, se estremeció". No recuerdo las palabras exactas, pero esa era la idea. Su tono era acusador. De inmediato, me asomé con B, le pregunté si se había lastimado y me disculpé con ella. La señora, entonces, mencionó el bonito peinado de la niña, en tono conciliador, mientras emprendía la retirada. Apenas pagué, lamenté no haberle dado las gracias. En realidad, me molestó un poco; no más que un poco y no más que un par de segundos, pero sí me molestó. Luego, mi idea de que lo correcto era dar las gracias se transformó en verdadero agradecimiento.

Todos deberíamos cuidar y defender a los niños de todos.

Silvia Parque

domingo, 25 de febrero de 2018

En la cárcel y en la cama...

Esta será la última entrada sobre yo-enferma, primero porque se pone aburrido y luego porque más le vale al bicho acabar de desalojar: ya estuvo bueno.

Solo quiero hacer notar algo que he estado pensando: la enfermedad, como otras situaciones críticas, nos deja claro qué son las personas para nosotros. ¿A quién le contamos cómo estamos? ¿A quién le pedimos un favor? ¿Quién, sabemos que nos hará ese favor? ¿Qué esperamos de aquellos con quienes convivimos? ¿Con quién queremos estar?

Silvia Parque

jueves, 7 de diciembre de 2017

Mucho frío

Hoy ha hecho tanto frío que B aceptó abrigarse. Una tía nos ha traído más cobijas. Tenemos calentón, pero no lo he prendido porque creo que conseguimos mantenernos bien así y prefiero esperar a usarlo cuando sea imprescindible: puede llegar a ponerse helado.

El frío duele. Y mata.

He visto a B tiritar de frío en breves momentos, en el baño o saliendo del baño; habrán sido segundos o minutos, pero por supuesto: me encargo; la cubro, froto mis manos sobre su cuerpo, la abrazo. No quiero que mi hija se enfríe un momentito. Así que pienso en la gente que tiene a sus hijos pasando frío y se me encoge el corazón.

Ahora mismo me duelen los dedos de las manos, ayer me dolieron los dedos de los pies. Se pasa con que los mueva. A los pies los puedo cubrir con doble calcetín. Podría cortar los extremos de unos guantes para usarlos dentro de la casa. Al rato me meto bajo las cobijas y ya está. Pero si a mí me duele, ¿cómo estará la gente con casas en mal estado, la gente que está en la calle?

Silvia Parque

sábado, 2 de septiembre de 2017

Soberbios mirando berrinche

No sabes qué le pasa a ese niño que está portándose fatal. No sabes cómo son las cosas en su casa, qué está pasando con sus papás, cuánta estructura hay en su vida o cómo rayos han sido las cosas ese día, esa semana. No sabes qué pasa con ese adulto ahí: no sabes cuánto y desde cuándo ha intentado enseñar a la criatura qué está bien y qué no. Qué estúpida tu conclusión de que no hace nada porque "nada" es lo que alcanzas a ver desde tu ángulo, en esos cinco minutos en los que según tú has reunido material suficiente para juzgar "el caso". ¿Como qué autoridad tienes, desde qué ámbito, para hacer de juez? ¿Cuál fue tu entrenamiento o capacitación, certificado por quiénes, para saber qué hacer con la vida de los demás y específicamente, con el niño berrinchudo? Porque la gente acepta que de física nuclear no sabe nada, que de hecho ni las matemáticas de secundaria le quedaron claras, pero para hacer de psicólogos, psicoanalistas, pedagogos, filósofos, educadores y demás, muchos parecen tener posdoctorados con títulos emitidos por Dios Padre. Y a veces: no tienes ni puta idea. No sabes cómo andan las hormonas de ese niño, no sabes cómo funciona su cerebro, no sabes con qué le medican ni cuánto estrés ha pasado o está pasando. Y por supuesto, no sabes que es una grosería quedarte mirando a los demás, ni que es una falta de respeto aleccionar a otro adulto, aunque no le sueltes la lección a la cara.

"Por eso están como están", "si yo hubiera hecho una escena de esas...", "antes, nunca se veía algo así". "Con una mirada entendían". ¡¿Pero si estamos hablando del mismo planeta?! ¿Del mismo país? Porque esas generaciones "bien educadas" dejan mucho, muchísimo qué desear en cuánto a cómo se portan como personas adultas, cómo manejan sus relaciones y cómo hacen funcionar al mundo; de hecho, bastantes personas se portan como la mierda, ensuciando todo. Si estás tan bien con todas las nalgadas a tiempo que te dieron y con todos los gritos y castigos que eran justos y necesarios, ¿cómo es que no hay compasión ni empatía en tu mirada de un cuadro en el que evidentemente hay un adulto pasándola mal y un niño pasándola terrible? Si estás tan bien, ¿cómo es que descalificas desde la tentativa de un modo respetuoso y amoroso de tratar a alguien? ¡Alguien que además es un niño! Creo que aparte de todo lo que no sabes de los demás, no sabes ni cómo estás, porque alguien que está "muy bien" tiene interés en relacionarse de la mejor manera con las personas, incluyendo a las personas que son niños y niñas no apacibles ni dóciles. Y por cierto, no pone en primer lugar que la criatura represente bien el papel de gente civilizada, ni que el jaleo desaparezca para no sentir molestia: lo que pone en primer lugar es el malestar por el que está pasando. ¡Claro que a todos nos fastidian los gritos y los llantos! Pero, ¿cómo para que no puedas controlarte? A ver quién necesita mejor educación...

Esto no va para las personas que, en general, critican a los papás que hacen o dejan de hacer, mucho menos a los que se quejan porque son afectados por cachorros humanos sueltos en lugares públicos -faltaría más-. Tampoco va para quienes están convencidos de que gritar o castigar son "males necesarios", incluidos manazos y otras cosas. La cosa es contra la soberbia: ese veneno que no te deja ver que tus supuestos son nada más eso y que lo más seguro es que haya cosas que no sabes. Ni siquiera es contra el postureo de quien quiere arreglar el mundo, a veces hasta ingenuo. Es contra la vileza (a veces la soberbia da ese fruto).

Silvia Parque

jueves, 24 de agosto de 2017

No alecciones al que tiene dificultad

Amo las historias de vida que inspiran; las que me inspiran a mí, por supuesto. Me parece muy bien que existan las que inspiran a otros. Creo que me han "movilizado" más unas cuantas historias de personas, que muchos discursos.

Igual me choca el uso de ejemplos para aleccionar, cuando alguien pretende interpretar la realidad de Fulano como lección para aplicar en la realidad de Perengano. Es una falta de respeto a la singularidad de cada situación vital.

¿Que la que está frustrada por el sobrepeso debería agradecer que no le faltan piernas ni brazos? 

Estaría bueno que lo hiciera, porque agradecer se siente retebien y genera disposición para lo bueno. Pero qué afán de menospreciar lo que alguien siente. Cada cual es protagonista de su vida y tiene que lidiar con su preocupación, su dolor, su ansiedad o angustia. Es posible tomar perspectiva cuando conocemos los problemas de otras personas, pero eso nace de la propia mirada; si nada más nos empezamos a sentir sin derecho a nuestra preocupación, dolor, ansiedad o angustia, lo que hacemos es reprimir algo que de todas formas está ahí, y probablemente generar culpa. Pero a lo que voy es:

¿Por qué alguien se otorga a sí mismo, autoridad para indicar cuándo o cuánto se vale que algo lastime, moleste o simplemente cause dificultad?

Me tocó atestiguar que se le dijera a una madre en duelo, que no debería seguir "mal" por la muerte de un hijo. ¡Tenía otros hijos vivos! ¡Malo-malo que se le hubiera muerto un hijo único! Habrá que ver dónde reparten las credenciales de auditores de proceso de duelo.

Y así: cómo vas a estar deprimida, si lo tienes todo; cómo vas a estar a disgusto con tu trabajo, con tantos buscando sin encontrar...

Otra igual de irrespetuosa, de un papá a una mamá: que cómo es que se le hacía tan difícil la crianza, si otras mujeres más jóvenes podían con más de un niño y ella solo tenía una.- Todas pueden, ¿por qué tú no? Si para terminar con el problema, nada como saber que no hay problema.

Es bien diferente compartir testimonios en un ánimo émpatico, no para querer "sacar" a la persona de donde está, sino ofreciéndole compañía y apoyo; no para compararla con otro, sino ofreciéndole alternativas estimulantes.

Silvia Parque

martes, 1 de agosto de 2017

La necesidad

He estado teniendo conocimiento de casos de personas en situación de pobreza, varias de ellas enfermas o con familiares enfermos; personas en condición de calle, personas en viviendas que les protegen bien poco. Pienso en la terrible indiferencia de disfrutar de un montón de privilegios sin tenerles en cuenta y sobre todo, en cómo algunos creen que de verdad cada cosa que tienen la han ganado sin haber tomado provecho de ningún modo de un sistema económico y social que es nefasto para mucha gente: algunos que llevan las de perder desde que nacen. Me "incomoda" la manera en que se hacen algunos favores, fiscalizando que la persona esté de verdad en la miseria o casi-casi: no vaya a aparecer en una foto con las uñas pintadas o tomándose una cerveza, porque entonces ya no es a quien hay que ayudarle a comprar leche para sus niños. Pero no es tanto que juzgue mal a quienes tienen cuidado de "a quién" ayudan; sé que muchas veces se trata de cuidar los recursos que han dado otros y de tratar de que lleguen a quien más los necesita, es más bien que me molesta no estar en condiciones de repartir yo con prodigalidad. He sido una persona tan privilegiada, que debería estar pudiendo compartir los frutos de lo que muchos han sembrado en mi vida. 

Por ahí, en las redes, circulan frases tipo "nunca es tarde" y mensajes motivadores tipo "no te compares, cada quien a su ritmo", y yo los creo. Pero también creo que a veces se pasa el momento "justo". Reconocerlo no condena a la inmovilidad (los momentos se crean), creo que más bien trae una conciencia que puede hacer que una se ponga a hacer lo que le toca.

"Todo tiene su momento oportuno; hay un tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo". Eclesiastés, 3:1

Silvia Parque

viernes, 9 de junio de 2017

Te creo

Es común no creer en lo malo que otras personas dicen acerca de sí mismas.

- Soy un egoísta.
- ¿Cómo crees? Claro que no.

Yo les creo. Si lo dicen, por algo será. 

Están los que se tiran para que los levanten. Aparte de esos especímenes, a veces conocemos a la persona y sabemos que realmente hay un exceso de severidad en su juicio. Creo que puede deberse a que hay otra área en la que están mal parados a la que no se atreven a mirar, a nombrar; así que reconozco y respeto la mala nota que se han puesto, aunque esté en un lugar donde no va.

Silvia Parque

sábado, 18 de febrero de 2017

Tipos de opinadores

Hay toda clase de notas sobre la vida de las personas en la red; toda clase de notas sobre resoluciones de cortes legales (o sus equivalentes) en relación con la vida de las personas. Y toda clase de opiniones. A mí me causan gran interés las opiniones, aunque solo les dedico atención cuando me siento fuerte anímicamente, ¡porque hay cada cosa! Llego a sentir un desagrado-desprecio que requiere energía para ser neutralizado; si no tengo esa energía, mejor "no le busco".

Hoy he leído algunas opiniones sobre una nota, de algo tan peculiar como tantísimas cosas peculiares que abundan en la red, y he pensado que más o menos pueden distinguirse tres tipos de opinadores:

- Quienes están por encima de los demás, casi siempre por su probidad moral, y desde su certeza señalan cómo deben ser las cosas porque, por supuesto, los cuatro datos que tienen son todo lo que necesitan para un total conocimiento de causa sobre razones, circunstancias, motivos, etc. Son tajantes.

- Quienes no se posicionan. Suelen escribir cosas como: "¡Oh! Lo que se ve en estos días".

- Quienes comprenden y se posicionan desde el respeto; pueden o no, emplear su conocimiento para construir ensayos sobre el tema, transmitir empatía, manifestar compasión. Tienen una perspectiva amplia: saben que no son el centro del mundo y que no son dueños de La Verdad Absoluta.

Silvia Parque

lunes, 3 de octubre de 2016

Los perros en la calle: con correa

Pienso que los perros deben andar por el mundo con correa, incluso cuando son de una raza conocida por inofensiva y están muy bien educados. Se salvan los pequeñitos que son llevados en brazos (en favor de ellos, creo que debería dejárseles caminar, pero esta entrada es en favor de los humanos) porque el punto es asegurar que el animalito no invada el espacio de los demás, como quiera que el dueño lo consiga. Y una forma de invasión es la amenaza que representa su andar libre (sin correa).

En la casa de cada cual, cada cual sabrá si su perro se sube a los sillones o tiene su sitio en la mesa; afuera, el mundo social es para los humanos. Puede ser injusto, pero así es nuestra civilización. En nuestro corazón podrá estar primero nuestro perro y luego el resto de los habitantes del planeta, pero para efectos de interacción social, primero son los seres humanos. Así que tal vez mi perro y yo queramos ir a pasear sin collares ni correas para ninguno de los dos, pero debo pensar en cómo eso puede afectar, aunque sea eventualmente, a los demás.

Nos guste o no, habrá perros en las calles, en los parques, etc. A mí me gusta, aclaro; pero si no me gustara, tendría que aguantarme, porque respeto la existencia de otras especies y los afectos de otros humanos.- tendría que aguantar oír ladridos, por ejemplo. Pero no tendría que aguantar el excremento que el dueño no recogió. Casi cualquiera está de acuerdo con eso. Pues del mismo modo, no tendría que aguantar a un animal corriendo desaforadamente en un espacio que, por más exterior y público que sea, es inapropiado para ello. Ni tendría que hacer cálculos mentales sobre la probabilidad de que el perro suelto que ahora está simplemente andando, de pronto sea un animal corriendo desaforadamente... Por más que tú sepas que tu perro se porta mejor que todos los niños que conoces, los demás no tenemos porqué saberlo.

Silvia Parque

viernes, 30 de septiembre de 2016

No se vaya a hacer millonario el que vende chicles

Encuentro de lo más miserable la preocupación* y la indignación por el ingreso económico de las personas que viven o trabajan en situación de calle. También la entiendo. Muchas personas han pasado necesidad hasta el punto en que no solo se les atrofia la posibilidad de ser desprendidos, sino que llegan a generar envidia por los pesos que acumule alguien a quien consideran fuera del camino convencional, no esforzado o inferior a ellos; sobre todo cuando se juntan las tres características.

* Me refiero a preocupación por los "elevados ingresos".

Silvia Parque

martes, 19 de julio de 2016

Parámetros: lo que hace "cualquier persona normal"

Cada cual tiene sus parámetros de normalidad. Me sorprende ver a personas adultas convencidas de que es imposible o está objetivamente mal, lo que está fuera de sus parámetros.

La primera vez que pensé en esto fue hace muchos, muchos años, viendo el Show de Cristina. Había una persona que había ganado un concurso tipo "miss buena educación". Esta mujer no decía groserias. Creo que Cristina le pregunta si de verdad no dice groserías ni siquiera si se da un martillazo en un dedo. La mujer responde que no, y explica: no es que se controle en ese momento, es que no están en su repertorio y por eso no llegan a su boca. Esto es así siempre. Yo digo groserías a veces, pero menos de las que conozco; hay muchas que no son parte de mi vocabulario: esas no vienen a mi mente. En aquel programa, había personas pensando que esta mujer era una especie de "estirada-restringida"; pero no: solamente tenía otros parámetros.

Lo veo mucho con las decisiones que se toman en la crianza. Circula una publicación que dice algo así como "cuando todavía no era mamá, juraba que mis hijos no verían televisión". El mensaje va en el sentido: "Si, claro, como si fuera posible". ¡Pero claro que es posible! Si no tienes televisión, por ejemplo. Yo conozco una familia en la que la mamá se deshizo de la televisión porque no quería que sus hijos crecieran viéndola. Nosotros no tenemos aparato de tele, pero yo veo programas y películas en la computadora, y casi todo el día tengo documentales o recetas de cocina como ruido de fondo o compañía. Con ese estilo de vida, no es raro que deje a mi niña ver videos; el límite hasta ahora es de diez minutos diarios, máximo; trato de que no llegue a ese máximo y de que no sea todos los días. Con el estilo de vida de muchas personas, obviamente los niños verán televisión desde que son bebés, y para la edad que tiene B, se habrán hecho público de las caricaturas. Allá cada cual. Yo acepto que es perfectamente posible que una niña de la edad de la mía, no vea nada de tele -o equivalentes-, pero que la mía ve lo que ve, porque hago concesiones con ella y a mí misma, hasta donde me parece que sigue siendo aceptable (mi ideal sería que no viera más de un video, es decir, entre tres y cuatro minutos diarios, y que fuera máximo un par de veces a la semana).

Así, hay gente totalmente convencida de que es imposible educar a los hijos sin pegarles, gritarles, ni castigarles. Lo que se me hace chistoso es que no se sitúen en relación a los parámetros de otros. Alguien como mi abuela diría que "una nalgada a tiempo evita muchos problemas", pero le parecería mal que se abofeteara a un niño; "para eso tienen las nalgas, por eso se llaman nalgadas", le oí decir una vez. Otra persona podrá pensar que golpes de ninguna manera, que a veces hay que hablarles fuerte, y bueno... fuerte incluye subir el volumen -como dijo el papá de B una vez: para "crear una impresión"-. Suele faltar una reflexión sobre la amplitud o estrechez de los parámetros que tenga viso de autocrítica, y me sorprende que conocer parámetros diferentes no motive esta reflexión. Ojo: que no estoy diciendo que esté bien o mal ninguna de estas "formas de actuar" mencionadas como ejemplos; sí tengo una postura al respecto, pero en esta ocasión solo quiero enfocar que llama la atención el grado de convencimiento por el que alguien puede pensar que sus parámetros son los de cualquier persona normal.

Silvia Parque

miércoles, 10 de febrero de 2016

Fina estampa

Un lucero que sonriera
Bajo un sombrero
No sonriera más hermoso
Ni más luciera, caballero

Hace años vi una foto de mi abuelo; estaba recargado en un auto y llevaba un sombrero; creo que es de la década de los treinta y me dijeron que es en Chicago. Desde entonces, pienso en él cada vez que oigo "Fina estampa" y suelo repetir la canción para volver a pensar en él.

Hoy un hijo de su primer matrimonio colgó fotos viejas en su muro de Facebook. Mi abuelo aparece en varias; en algunas, es el hombre de canas que conocí; en otras es otro. Hay una donde está echado en el suelo, riendo. Nunca lo vi así, ni de lejos. Era muy sociable, pero en la casa era serio. Hace tiempo sé que he estado medio enamorada de él y ahora que lo vi como no lo conocía, lo confirmo.

                                            Silvia Parque

jueves, 4 de febrero de 2016

¿Es un abuso por parte del otro, cuando tú no has puesto límites?

Hoy atestigüé como alguien perdía sus recursos por ayudar a otros; unos otros que son buenas personas y en verdad necesitaban la ayuda, pero que no tuvieron miramiento por los recursos que el ayudador estaba perdiendo.

Desde mi punto de vista, el responsable de la pérdida es sin duda quien perdió. Los otros, en su necesidad, son como un animal de presa con la presa enfrente... sí, sería deseable que fueran considerados, hasta porque alguien con mayores recursos tiene más posibilidad de ayudar; pero el hambriento a veces no puede sino pensar con el estómago.

Silvia Parque

martes, 2 de febrero de 2016

No todo es para todos

Cuando estaba en el bachilleres, recibimos la visita de un par de policías que fueron a invitarnos a ingresar a la Academia para convertirnos en uno o una más de ellos. Era una mujer que habló un poco, y un hombre que habló con verdadera energía. Lo más relevante de su discurso fue una parte en la que mencionó -con sus palabras- que era genial entrar al barrio y que los demás le vieran a uno uniformado y con la pistola; quiso decir: "siendo alguien", "alguien con poder", "alguien con autoridad". Lo decía de un modo alegre y simple, nada que ver con poses de El padrino; más bien podría haber emulado a Cantinflas. Se trataba de una persona sencilla que había resuelto su vida con el salario que podía tener en un trabajo que implicaba riesgo y desgaste físico. No era una opción conveniente para mi grupo de compañeros; sé que no, al menos para los compañeros con los que yo me relacionaba. Pero había sido bueno para él.

A veces te ofrecen algo que no te conviene; algo que es bueno para otros, pero no para ti. Siempre me ha llamado la atención como no todo es para todos.

Silvia Parque

martes, 26 de enero de 2016

Cosas que pasan con la identidad

Hoy hablé con una mujer maravillosa.

Es una mujer que a pesar de tener problemas de salud, hace lo que tenga que hacer para salir adelante: para sus hijos. Por estos días, prepara y vende pasteles y gelatinas, hace comida para una persona, y un día de la semana, atiende un negocio. Si le ofrecen algo más que pueda significar una entrada de dinero, dirá que sí.

No es nada raro. Muchas mujeres no solamente hacen milagros con la aportación del hombre de la casa, que a veces se interrumpe: además salen al quite porque sus hijos no se van a quedar con hambre, ni van a ser los que no lleven juego de geometría a la escuela. Tal vez porque son muchas, se pierde de vista lo increíbles que son.

Esta mujer en particular, saca recursos de debajo de las piedras y sostiene su ilusión, aunque a veces dé un paso para adelante y el viento en contra la haga dar medio paso para atrás... o dos pasos para atrás. No obstante, se dice de ella que "no trabaja" porque no tiene un empleo formal. Y deja que la defina una pareja para quien no es maravillosa.

Silvia Parque

jueves, 21 de enero de 2016

La maternidad y la gente poniéndose indeseable

Viendo ESTE video de Miriam Tirado: "La maternidad y los consejos no deseados", me he animado a escribir esta entrada que podía verse venir luego de mi declaración de "no se aceptan críticas".

Antes de que B naciera, leí varios artículos ligeros sobre cómo se porta o cómo debería portarse la gente alrededor de un bebé y su madre, sobre todo del recién nacido y la madre primeriza. Yo decía que al contrario de lo que leía, sí deseaba visitas, y ahora puedo asegurar que fueron muy valiosas para mí. Es más: la verdad es que resentí algunas visitas que esperaba y no llegaron. También decía que no había porqué señalar algo como "traigan obsequios" o "ayuden a lavar los platos", y en eso no me sostengo de la misma manera. Claro que nadie tiene que hacer nada, pero es un momento en el que se aprecia sobremanera que alguien tenga la amabilidad de preguntar "¿qué se les ofrece?" A mí me estuvo cuidando mi abuela, y hubo días en los que teníamos que esperar hasta que el papá de mi hija llegara por la noche, para que trajera algo de la tienda. Luego está el trato hacia los bebés. Creo que si te relacionas con adultos a los que hay que explicar que un bebito no es un juguete, o que hay que tener las manos limpias para tocarlo, harías bien en revisar con quién te relacionas. Yo me rodeo de puras personas que en ese sentido son tan normales como cabría esperar. Mi único señalamiento sobre el trato hacia los bebés es en otro sentido: es sobre la atención que estés dispuesto a darles, a ellos como personas o como tema. Si estás yendo a conocer al bebé, no coloques como centro de la conversación algo que no sea la cría, a menos que la mamá lleve a otro lado la plática. Tal vez las visitas express se inventaron para los que no pueden con eso.

Ya con nueve meses entre el día que B nació, y hoy, estoy muy lista para decir que hay dos principios básicos para visitar a una familia con bebé, recién nacido o mayor:

- Sigue la pauta que marquen los papás. Observa qué tan cuidadosos son con la higiene o la manipulación del bebé, para saber cómo esperan que actúes. Si observar no basta, pregunta. No supongas que esto cambia porque el bebé haya dejado de ser recién nacido: si no eres parte de la crianza del niño, pregunta antes de darle, hacerle, etc. Hay relaciones de mayor o menor confianza, pero espera a que la postura, la mirada y la actitud en general de la madre, te digan qué tanto puedes "hacer" con su cría sin pedir permiso.

Y:

- No critiques, ni en broma. No opines negativamente, así la opinión sea objetiva. Ni sobre el bebé, ni sobre la mamá -ni sobre su cuerpo, por supuesto-, ni sobre el papá, ni sobre la casa, ni sobre la familia. Esto incluye consejos no solicitados que para tener sentido presuponen algo criticable o negativo.

En serio, personas del mundo: Si su crítica u opinión negativa es de gran valor, abran un blog personal, escríbanla y publíquenla. En vivo, de persona a persona, o de persona a familia: si no tienes algo bueno que decir, no digas nada. En algún momento de la transmisión cultural entre generaciones, se perdió la bonita costumbre de autocensurarnos, tal vez en aras de una libertad de expresión comprendida de modo infantil.

¿Que así las madres aberrantes solo vamos a oír "lo que queremos oír"? ¡EXACTO! De eso se trata.

A ver:

Todos necesitamos oír cosas que no nos gustan, que pueden incluso poner el dedo en la llaga, y que es necesario que alguien nos diga. Simplemente, hay que preguntarse a una misma: ¿Me corresponde decirlo? Porque hay maravillosos espacios para la consejería y el análisis, que liberan a todos los que quedan fuera de ese espacio, de la ominosa carga de andar por la vida señalando pajas y vigas en los ojos. Puede haber conversaciones cálidas entre personas que confían una en la otra, más que sustitutivas de espacios profesionales, pero la clave es haber recibido la pregunta del millón: "¿Qué opinas?" Si no precede la pregunta: favor de abstenerse.

Cierto es que la pregunta no se hace siempre explícitamente, pero entre errar por creer que se ha hecho, y errar por creer que no se ha hecho, mejor lo segundo. Hay formas de comunicación en las que (la pregunta implícita) está más clara que en otras. Hay relaciones de "tú y yo nos decimos cualquier cosa, que ya nos conocemos". Ahí yo creo la clave es revisar: ¿Me han dicho "gracias" por lo que he dicho anteriormente? ¿Me dijeron en otra ocasión que se siente bien contar con mis opiniones? Con los foros es fácil: está activada o no, la posibilidad de comentar... aunque hasta en eso hay filtros: en los blogs, algunos escriben un mensaje sobre el tipo de comentarios que esperan; otros revisamos antes de publicar, lo que eventualmente permite dejar fuera lo que no queramos incluir en la conversación pública con los lectores. En persona no es tan sencillo.

En cualquier caso, lo que hay detrás del comentario es lo que lo hace indeseable o no. Porque no fastidia que alguien te diga que algo le parece que no está bien, sino notar que se está situando en una posición en la que se da permiso de reprobarte. Es el modo de decir: el gesto, el tono, la elección y el acomodo de las palabras; el modo refleja la intención y las premisas del que habla, y a veces es intención de juzgar y una cosmovisión de "los que no son como yo están mal".

Silvia Parque

jueves, 14 de enero de 2016

Faltan tantas y tantos

Hoy, para variar, oí un noticiero; uno de los que cuelgan sus programas en Youtube. Lo oí mientras hacía cosas, a mediodía; solo me detuve a ver la pantalla cuando el presentador habló con un padre que busca a su hijo. Levantaron al muchacho junto con otros, en Veracruz, creo que el lunes. No lo detuvieron: lo levantaron y no saben de él ni de los demás que corrieron con esa suerte. Ahí, allá, más allá, es el pan de cada día en este país. Sin excepción, todos los días veo retratos de muchachas, niños o niñas desaparecidas, y si me entero de algo sobre cada caso es casi seguro que la historia incluya al menos ineficiencia por parte de las autoridades.

Fuera de los grupos activistas parece que esta locura no hace ruido hasta que hay un caso protagonizado por alguien cercano, sea porque es pariente o conocido o porque comparte filiaciones. Las "personas bien" mueven a la compasión y la implicación. La gente casi se apena por haber lamentado la desaparición forzada de los normalistas de Ayotzinapa cuando se enteró de que efectivamente habían "tomado" camiones y que no era raro que lo hubieran hecho; entonces andaban "metidos en algo" = se lo merecían. Como las mujeres que salen de noche y muestran cuerpo, han de merecer que les pase lo que "andan buscando". No puede cambiar algo hasta que se piense de otra manera.

Yo sé que hace falta educación en derechos humanos; que esto enraiza en el clasismo, en el sexismo, en la miseria -que no es falta de dinero-; que hay indefensión aprendida condicionando las respuestas de las comunidades y etcétera. Pero no deja de impresionarme cómo se pierde de vista rápido y con facilidad, que está faltando el hijo o la hija de alguien: su hijo - su hija. No hace falta ser mamá o papá para entender la conmoción que es tener a un hijo en quién sabe dónde, pasando por quién sabe qué; pero siendo mamás o papás, ¿cómo no sentir empatía? Cómo no percibir que un dolor así desgarra y que tanta desgarradura va a romper algo fuera las personas y las familias, algo que nos atañe a todos.

Silvia Parque