Me entero de que según la numerología, soy una persona de "camino de vida" 1. Me queda la descipción; no todo, pero apenas oí lo básico y se supone que el resto de los números en mi vida le dan su toque a mi "1"... como si se tratara del signo del zodiaco y el resto de la carta astral (soy libra).
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miércoles, 19 de enero de 2022
domingo, 22 de julio de 2018
Fruto
Estoy revolucionando. Siento como si algo "me naciera" por dentro y no estoy embarazada.
Hay una entrevista en la que Guillermo del Toro dice algo que se me quedó grabado: dice con otras palabras que pasamos los primeros cuarenta años de nuestra vida tratando de recrear lo que hubo en nuestra niñez, tratando de arreglárnoslas con lo que nos rompieron, perdimos y nos faltó, componiéndonos en los dos sentidos básicos de la palabra -arreglar lo descompuesto y formar-. En realidad creo que no dice eso, pero dice algo que yo tomé y convertí en esta idea; no sé qué es suyo y qué es mío. El caso es que dice que pasamos los primeros cuarenta años en eso; luego estamos en condiciones de hacer algo con la persona en que nos convertimos. Yo tengo 37. Creo que estoy madurando, en el sentido vegetal; pasé un tiempo viendo cómo no era más una flor y de pronto me doy cuenta de que estoy por ser el fruto de mí misma.
En el último servicio religioso al que asistí, el predicador habló acerca de dar fruto. No puedes ser un cristiano durante años y no haber cambiado en la dirección del "ser cristiano". Justo antes había buscado al Pastor de la congregación a la que acudía en Querétaro y me habló sobre echar raíces en donde eligiera estar. Decidí estar en mí.
Hay una entrevista en la que Guillermo del Toro dice algo que se me quedó grabado: dice con otras palabras que pasamos los primeros cuarenta años de nuestra vida tratando de recrear lo que hubo en nuestra niñez, tratando de arreglárnoslas con lo que nos rompieron, perdimos y nos faltó, componiéndonos en los dos sentidos básicos de la palabra -arreglar lo descompuesto y formar-. En realidad creo que no dice eso, pero dice algo que yo tomé y convertí en esta idea; no sé qué es suyo y qué es mío. El caso es que dice que pasamos los primeros cuarenta años en eso; luego estamos en condiciones de hacer algo con la persona en que nos convertimos. Yo tengo 37. Creo que estoy madurando, en el sentido vegetal; pasé un tiempo viendo cómo no era más una flor y de pronto me doy cuenta de que estoy por ser el fruto de mí misma.
En el último servicio religioso al que asistí, el predicador habló acerca de dar fruto. No puedes ser un cristiano durante años y no haber cambiado en la dirección del "ser cristiano". Justo antes había buscado al Pastor de la congregación a la que acudía en Querétaro y me habló sobre echar raíces en donde eligiera estar. Decidí estar en mí.
Silvia Parque
jueves, 12 de julio de 2018
Personas difíciles
Todos tenemos una herida en lo profundo de nuestro ser; lo que hacemos con ella es mucho de lo que somos. Tal vez por eso, cada historia de vida es realmente interesante, hasta la de la persona más aburrida.
Conforme fui capaz de ver más allá de mí misma pude darme cuenta de que los demás adolecen de lo suyo. Unos lo llevan mejor que otros, pero cada cual tiene asuntos que le estorban, le complican, le hacen hacer de un modo que no es el que quisiera o simplemente le duelen, al menos durante temporadas.
Dicho lo anterior, de todas formas creo que habemos personas complicadas que adolecemos singularmente, como si adoleciéramos no de "algo" sino del ser, tal vez con más daño por la herida original, quién sabe... Dependiendo del carácter y de las elecciones que hagamos podemos ser más o menos difíciles para el resto del mundo, pero siempre somos difíciles para nosotras mismas. Un día lo aceptas y aprendes a llevarte bien con eso, como quien tiene diabetes o algo así.
Conforme fui capaz de ver más allá de mí misma pude darme cuenta de que los demás adolecen de lo suyo. Unos lo llevan mejor que otros, pero cada cual tiene asuntos que le estorban, le complican, le hacen hacer de un modo que no es el que quisiera o simplemente le duelen, al menos durante temporadas.
Dicho lo anterior, de todas formas creo que habemos personas complicadas que adolecemos singularmente, como si adoleciéramos no de "algo" sino del ser, tal vez con más daño por la herida original, quién sabe... Dependiendo del carácter y de las elecciones que hagamos podemos ser más o menos difíciles para el resto del mundo, pero siempre somos difíciles para nosotras mismas. Un día lo aceptas y aprendes a llevarte bien con eso, como quien tiene diabetes o algo así.
Silvia Parque
domingo, 6 de mayo de 2018
"Cuéntalo"
En Twitter, tecleas #Cuéntalo en el buscador y encuentras una enorme cantidad de historias que dan una idea de la dimensión del problema social de la violencia sexual contra las mujeres ["#Cuéntalo, el inventario inacabable de la violencia contra las mujeres"]. Inspirada por este movimiento, comparto la experiencia de abuso que puedo exponer con mayor claridad y que me sirve para ilustrar algunos puntos sobre el tema.
Yo estaba cursando primero de secundaria, así que debía tener unos doce años; el tipo, amigo de uno de mis tíos, tendría veintitantos. Él fue a la casa, pero no estaba mi tío. Pidió permiso para llevarme a un mandado y se lo dieron. Supongo que me invitó y quise ir. No recuerdo bien si llegamos a algún sitio. Lo que sí recuerdo es que en el camino, pasamos por mi escuela, dio vuelta por ahí y precisamente por ahí, no sé si me acercó, no sé si me dijo que me acercara, pero yo quedé junto a él -no había una palanca de velocidades separando el asiento del chofer del asiento del copiloto-. Pasó su brazo derecho por atrás de mi cabeza y puso esa mano en mi pecho con la palma extendida, la desplazó un poco y la dejó ahí, conmigo inmóvil.
Esa tarde, traté de decírselo a mi mamá. Fuimos a la tienda. Yo la alcancé en el refrigerador-exhibidor de la leche y me puse delante de ella, de modo que quedamos cara a cara; quería que supiera que tenía algo que decirle, quería que viéndome, notara que había pasado algo. Dijo "nada más quieres molestar" y fue a pagar. Ahora entiendo que ella no podía adivinar, pero me dolió su atribución sobre mi intención.
Tras el fracaso con mi mamá, le conté a una tía amorosa y cercana, en la que confiaba y confío por completo. Me dijo: "sí, así es él"; luego, no recuerdo qué palabras usó, pero dijo que él siempre quería "arrimarse" cuando saludaba, que por eso ella no lo saludaba de beso o no se acercaba a saludarlo o algo así. Lo dijo como quien habla de un rasgo cualquiera, enfadoso, que el otro tiene. Ahora que lo escribo, no recuerdo si se lo dije a mi tía primero y luego a mi abuela; primero a mi abuela y luego a ella, a las dos juntas o si mi tía se lo dijo a mi abuela o al revés. Lo que recuerdo con claridad es mi percepción de que para mi tía, al menos la experiencia de ella no era la gran cosa, era como si el tipo hiciera ruido al masticar.
Resalto lo siguiente:
Como se deduce de mi torpe intento de comunicación con mi mamá, al principio no podía hablar. Si eso me pasó a mí, que nunca consideré que pudieran no creerme, ¿cuánto puede dificultarse hablar en otros contextos o cuando la experiencia va más allá del tocamiento?
Parte del problema con contarlo puede ser la incapacidad para articular un discurso, vinculada a la incapacidad de elaborar cognitivamente lo ocurrido: yo estaba pasmada. En ese estado, es fácil que una misma dude si ocurrió algo, que una piense que tal vez lo que pasó no es lo que una cree/sabe que pasó. ¿Cuánto puede ser el pasmo en otros contextos o cuando la experiencia va más allá del tocamiento? Creo que si yo no hubiera conseguido contarlo rápido, habría empezado a dudar.
Además de la duda sobre la ocurrencia del hecho, están las dudas sobre la implicación de una. Para mí fue claro, mientras ocurría y después, que yo no quería: no quise. Pero así como la gente alrededor señala a quien sufre el daño, también quien sufre el daño podría señalarse a sí misma. Yo no dije "no". No me moví. Ni en mi mente me opuse porque -como dije- no tenía nada en mente. Y no es que tuviera miedo, como el miedo que conocía: no podía tenerlo porque no tenía nada en mente. Pero el pasmo -al menos en este caso- es otra forma de estar aterrada. Mientras ocurría, yo no podía hacer nada, literalmente. Al parecer, esta incapacidad resulta difícil de comprender para alguna gente con estudios y todo. Pero así es.
Las dudas o bien, las certezas que juegan en contra de las mujeres, pueden llevar a diversos modos de culpa o de apropiación de la responsabilidad de los actos de los otros o de atribuciones al menos inapropiadas sobre una misma. En mi caso, el que a mi tía no le perturbara la conducta del tipo -entre otras cosas en mi historia y circunstancia-, me llevó a concluir algo así como: "hay algo sexual en mí por lo que esto me perturba"; moví el foco: "lo malo" ya no era lo que pasó, sino lo que había en mí. Hay un pasito de ahí a "esto que hay en mí debió haber hecho que ocurriera": una conclusión realmente peligrosa.
Por si hace falta aclararlo, cuando hablo de "concluir" no me refiero al resultado de un diálogo explícito y racional conmigo misma: no hay tal cosa; la "conclusión" es una derivación automática a partir de la información y los afectos que se pueden procesar en un marco cultural dado. Nos criamos en una cultura que cuestiona más a quien es violentada que a quien violenta y estar en la posición del daño no elimina esta carga cultural.
Yo estaba cursando primero de secundaria, así que debía tener unos doce años; el tipo, amigo de uno de mis tíos, tendría veintitantos. Él fue a la casa, pero no estaba mi tío. Pidió permiso para llevarme a un mandado y se lo dieron. Supongo que me invitó y quise ir. No recuerdo bien si llegamos a algún sitio. Lo que sí recuerdo es que en el camino, pasamos por mi escuela, dio vuelta por ahí y precisamente por ahí, no sé si me acercó, no sé si me dijo que me acercara, pero yo quedé junto a él -no había una palanca de velocidades separando el asiento del chofer del asiento del copiloto-. Pasó su brazo derecho por atrás de mi cabeza y puso esa mano en mi pecho con la palma extendida, la desplazó un poco y la dejó ahí, conmigo inmóvil.
Esa tarde, traté de decírselo a mi mamá. Fuimos a la tienda. Yo la alcancé en el refrigerador-exhibidor de la leche y me puse delante de ella, de modo que quedamos cara a cara; quería que supiera que tenía algo que decirle, quería que viéndome, notara que había pasado algo. Dijo "nada más quieres molestar" y fue a pagar. Ahora entiendo que ella no podía adivinar, pero me dolió su atribución sobre mi intención.
Tras el fracaso con mi mamá, le conté a una tía amorosa y cercana, en la que confiaba y confío por completo. Me dijo: "sí, así es él"; luego, no recuerdo qué palabras usó, pero dijo que él siempre quería "arrimarse" cuando saludaba, que por eso ella no lo saludaba de beso o no se acercaba a saludarlo o algo así. Lo dijo como quien habla de un rasgo cualquiera, enfadoso, que el otro tiene. Ahora que lo escribo, no recuerdo si se lo dije a mi tía primero y luego a mi abuela; primero a mi abuela y luego a ella, a las dos juntas o si mi tía se lo dijo a mi abuela o al revés. Lo que recuerdo con claridad es mi percepción de que para mi tía, al menos la experiencia de ella no era la gran cosa, era como si el tipo hiciera ruido al masticar.
Resalto lo siguiente:
Como se deduce de mi torpe intento de comunicación con mi mamá, al principio no podía hablar. Si eso me pasó a mí, que nunca consideré que pudieran no creerme, ¿cuánto puede dificultarse hablar en otros contextos o cuando la experiencia va más allá del tocamiento?
Parte del problema con contarlo puede ser la incapacidad para articular un discurso, vinculada a la incapacidad de elaborar cognitivamente lo ocurrido: yo estaba pasmada. En ese estado, es fácil que una misma dude si ocurrió algo, que una piense que tal vez lo que pasó no es lo que una cree/sabe que pasó. ¿Cuánto puede ser el pasmo en otros contextos o cuando la experiencia va más allá del tocamiento? Creo que si yo no hubiera conseguido contarlo rápido, habría empezado a dudar.
Además de la duda sobre la ocurrencia del hecho, están las dudas sobre la implicación de una. Para mí fue claro, mientras ocurría y después, que yo no quería: no quise. Pero así como la gente alrededor señala a quien sufre el daño, también quien sufre el daño podría señalarse a sí misma. Yo no dije "no". No me moví. Ni en mi mente me opuse porque -como dije- no tenía nada en mente. Y no es que tuviera miedo, como el miedo que conocía: no podía tenerlo porque no tenía nada en mente. Pero el pasmo -al menos en este caso- es otra forma de estar aterrada. Mientras ocurría, yo no podía hacer nada, literalmente. Al parecer, esta incapacidad resulta difícil de comprender para alguna gente con estudios y todo. Pero así es.
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Yo a los 12. |
Por si hace falta aclararlo, cuando hablo de "concluir" no me refiero al resultado de un diálogo explícito y racional conmigo misma: no hay tal cosa; la "conclusión" es una derivación automática a partir de la información y los afectos que se pueden procesar en un marco cultural dado. Nos criamos en una cultura que cuestiona más a quien es violentada que a quien violenta y estar en la posición del daño no elimina esta carga cultural.
Silvia Parque
jueves, 29 de marzo de 2018
No quiero ser mejor
No me van las exhortaciones a "ser mejor". No tengo interés en eso. Quiero mejorar en habilidades específicas, eso sí. En realidad, también quiero ser "mejor mamá", eso también, con todo lo que tiene de discutible la calificación de "mejor" o "peor".
"Nunca un mar en calma hizo experto a un marinero", se le dice a una audiencia en la que al parecer muchos desearían ser marineros expertos. Yo con ser marinera nivel "suficiente" estoy bien; en general, mi interés no está en llegar más lejos o más alto.
Como no podemos evitar las tormentas -los obstáculos, el dolor, etc.-, creo que corresponde aceptarlos y si cabe, tratar de encontrar lo bueno en la situación o hacer que de la situación emerja algo bueno; pero no encuentro consuelo en ver que esa-cualquier-cosa-indeseable me va a hacer "mejor" de lo que soy.
Soy suficiente
Soy suficiente
Silvia Parque
domingo, 18 de febrero de 2018
De vuelta
Por fin tengo Internet de nuevo. También tengo un bicho que B me pasó; en la tarde me tumbó de plano, pero parece que eso fue lo peor y voy mejorando. Luego de las semanas de ansiedad, estoy bien. Feliz con el Internet. Con planes.
Silvia Parque
viernes, 19 de enero de 2018
Con ansiedad / sin ansiedad
Me dedico a lo que me gusta. Vivo como quería. Tengo un par de días buenos y de buena noches y la ansiedad sube a tope. Duermo más para que el cuerpo no se queje por eso. Debería comer mejor: más balanceado; pero tampoco tengo una dieta terrible. Y sin embargo, voy sintiendo cómo me descompongo. Estoy consciente y me hago cargo; beberé té milagroso, me organizaré para volver al ejercicio, a la meditación, en general a la rutina: me hacen bien las rutinas, las que hago para darle estructura a los días sin tratar de "cumplir" con ellas.
Entiendo que así funciona -o así funciono-, pero me apena.
¿Por que no fui una persona simple que pueda ser simplemente feliz? He sido realmente feliz, pero creo que nunca simplemente feliz.
Tengo esta psique, este cerebro, estas hormonas, este esquema mental que tengo y resulta lo que resulta: que se me cae el mundo con facilidad más o menos frecuentemente. Lo bueno es que cuando se levanta, ese mundo me gusta mucho: mi pequeño mundo personal, a veces maravilloso, a veces en ruinas; siempre interesante, siempre mi casa.
Yo creo que justo cuando estoy a punto de algo muy bueno en cualquier sentido, mi mente me boicotea. Cuando estoy sintiéndome realmente bien, algo me molesta por dentro para romper el bienestar. Recuerdo clarito una noche de hace ya varios años. Todavía estaba casada. Habíamos pasado una mala temporada, de muchos problemas, pero la estábamos dejando atrás, estábamos entendiéndonos y queriéndonos. Entonces llegó esa noche que recuerdo, una entre otras en la que dormíamos muy juntos, yo acurrucada junto a él, él abrazándome. Sentí algo así como una oleada de amor, quién sabe si su abrazo fue un poco más apretado o me dijo algo tierno o lo que fuera: me sentí relajada, muy a gusto y sentí su cariño. Entonces supe, como si me lo dijera a mí misma, que no podía durar. Era demasiado bueno. Como si yo no pudiera tener algo tan bueno mucho rato. Supe que era yo quien me estaba negando "eso" y que incluso se lo estaba negando a él; pero pasó.
También recuerdo que antes-mucho-antes no era así. Nunca fui simplemente feliz, pero sí plenamente feliz y asumía que esa felicidad me correspondía. Sin ansiedad.
Entiendo que así funciona -o así funciono-, pero me apena.
¿Por que no fui una persona simple que pueda ser simplemente feliz? He sido realmente feliz, pero creo que nunca simplemente feliz.
Tengo esta psique, este cerebro, estas hormonas, este esquema mental que tengo y resulta lo que resulta: que se me cae el mundo con facilidad más o menos frecuentemente. Lo bueno es que cuando se levanta, ese mundo me gusta mucho: mi pequeño mundo personal, a veces maravilloso, a veces en ruinas; siempre interesante, siempre mi casa.
Yo creo que justo cuando estoy a punto de algo muy bueno en cualquier sentido, mi mente me boicotea. Cuando estoy sintiéndome realmente bien, algo me molesta por dentro para romper el bienestar. Recuerdo clarito una noche de hace ya varios años. Todavía estaba casada. Habíamos pasado una mala temporada, de muchos problemas, pero la estábamos dejando atrás, estábamos entendiéndonos y queriéndonos. Entonces llegó esa noche que recuerdo, una entre otras en la que dormíamos muy juntos, yo acurrucada junto a él, él abrazándome. Sentí algo así como una oleada de amor, quién sabe si su abrazo fue un poco más apretado o me dijo algo tierno o lo que fuera: me sentí relajada, muy a gusto y sentí su cariño. Entonces supe, como si me lo dijera a mí misma, que no podía durar. Era demasiado bueno. Como si yo no pudiera tener algo tan bueno mucho rato. Supe que era yo quien me estaba negando "eso" y que incluso se lo estaba negando a él; pero pasó.
También recuerdo que antes-mucho-antes no era así. Nunca fui simplemente feliz, pero sí plenamente feliz y asumía que esa felicidad me correspondía. Sin ansiedad.
Silvia Parque
martes, 19 de diciembre de 2017
Del año más loco al mejor año
Estoy al tope de mí: no agobiada; llena, plena. Eso podría ser extrañísimo considerando los últimos doce meses, pero tal vez no, porque al fin me estuve preparando para esto. Es que realmente es el año más loco de mi vida.
Empiezo a hacer. Preparo mi mejor año. Para eso ha sido fundamental mi participación en Psicogrupo.
Los proyectos en los que tengo una apuesta vital siguen pausados, pero eso termina hoy: no espero a que sea enero ni a que haya mejores condiciones. No tengo tiempo para perder.
Una niña en casa es una medida del tiempo implacable. No hay otra oportunidad de que tenga la edad que tiene cada vez. Y yo me hago vieja. No es que me sienta vieja sino que tomo conciencia de cómo entro a la "mediana edad": eso sí me parece increíble; también me parece bien.
Empiezo a hacer. Preparo mi mejor año. Para eso ha sido fundamental mi participación en Psicogrupo.
AQUÍ mi último artículo publicado: "Estrés: cuerpo y mente".
Los proyectos en los que tengo una apuesta vital siguen pausados, pero eso termina hoy: no espero a que sea enero ni a que haya mejores condiciones. No tengo tiempo para perder.
Una niña en casa es una medida del tiempo implacable. No hay otra oportunidad de que tenga la edad que tiene cada vez. Y yo me hago vieja. No es que me sienta vieja sino que tomo conciencia de cómo entro a la "mediana edad": eso sí me parece increíble; también me parece bien.
Silvia Parque
lunes, 4 de diciembre de 2017
Nunca creí
- Cuando era niña, no creí poder soportar un brassiere. Tampoco sabía que había una variedad enorme de brassieres para escoger.
- Me he acostumbrado a usar audífonos de los que entran en las orejas. No creí que pudiera. Me incomodaban mucho.
- Soy completamente diferente a mi mamá y mi maternidad es completamente diferente a la suya; también es en cierta forma una respuesta a la suya, así que tal vez por eso, aunque no lo hubiera creído, aunque verdaderamente jamás lo habría creído posible, me he visto ser como mi mamá montones de veces, con mi hija.
Cada vez pasan más cosas en mí, que nunca creí.
Silvia Parque
domingo, 3 de diciembre de 2017
Leer, escribir, adormecer
Leo y leo y me dan ganas de leer más. Tengo una listota de temas, autores y libros por leer, como cuando era jovencita. Ahora es mejor porque ya no hay presión por ningún "deber ser" en ese sentido; aunque cuando era jovencita estaba la gran cosa de que podía dedicarme a leer -o a lo que fuera- todo lo que quisiera y si quería cuatrocientos libros, bastaba decirle a mi mamá.
También quiero escribir. Solo estoy escribiendo los artículos para Psicogrupo y me hace falta recuperar proyectos abandonados. Necesito inventarme tiempo para eso o me voy a congestionar. O a adormilar, que es el mayor riesgo con el cansancio que traigo a cuestas. Si no escribo pronto lo que me interesa, me las arreglaré para neutralizar la necesidad de hacerlo, adormeciéndola, adormeciéndome.
También quiero escribir. Solo estoy escribiendo los artículos para Psicogrupo y me hace falta recuperar proyectos abandonados. Necesito inventarme tiempo para eso o me voy a congestionar. O a adormilar, que es el mayor riesgo con el cansancio que traigo a cuestas. Si no escribo pronto lo que me interesa, me las arreglaré para neutralizar la necesidad de hacerlo, adormeciéndola, adormeciéndome.
Silvia Parque
sábado, 2 de diciembre de 2017
Cierre de año
Este ha sido el año más loco de mi vida. No por bueno o malo, sino porque yo no había cambiado tanto en el lapso de un año desde que soy consciente y aunque he vivido otros cambios que nunca habría creído, habían sido en mi situación o circunstancia, no en mí.
Aunque por el momento sigo algo lejos de mis objetivos económicos, ha sido una temporada provechosa. Hago lo que quiero, otra vez, eso es la gran cosa. Y creo que mis últimas lecturas han hecho que los cientos de horas de diván den posfruto de autoconocimiento.
Es temporada de dar frutos.
Veo cosas bárbaras y terribles todo el tiempo, sobre todo en el espejo.
He estado drogándome de cansancio y hoy llegué a otro nivel: hace rato tiritaba de cansancio y eso combina de locura con las canciones eufóricas que pide B. Ahora mismo solo tengo un poco de dolor sordo en la cabeza y en el cuello, con punzaditas que me avisan que la noche va a estar interesante. Todo ha estado muy interesante últimamente.
Aunque por el momento sigo algo lejos de mis objetivos económicos, ha sido una temporada provechosa. Hago lo que quiero, otra vez, eso es la gran cosa. Y creo que mis últimas lecturas han hecho que los cientos de horas de diván den posfruto de autoconocimiento.
Es temporada de dar frutos.
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En el lejano noviembre... |
Veo cosas bárbaras y terribles todo el tiempo, sobre todo en el espejo.
He estado drogándome de cansancio y hoy llegué a otro nivel: hace rato tiritaba de cansancio y eso combina de locura con las canciones eufóricas que pide B. Ahora mismo solo tengo un poco de dolor sordo en la cabeza y en el cuello, con punzaditas que me avisan que la noche va a estar interesante. Todo ha estado muy interesante últimamente.
Silvia Parque
miércoles, 29 de noviembre de 2017
Así me conozco
Tengo lentes nuevos y mucho trabajo. La casa está sucia y desordenada. También tengo una rotura nueva: he deseado el mal por segunda vez en mi vida, por primera vez sin espantarme.
B me dijo hoy que soy una madrastra y que no la quiero. Tiene el jueguito de decir que no la quiero o que no la amo, para que yo le diga que claro que la quiero, que claro que la amo, todo con escándalo y aspavientos. Hoy lo ha combinado con la historia de Cenicienta, porque sabe que soy maestra y sigue sin diferenciar "madrastra" y "maestra". Así que como la madrastra no quería a Cenicienta, ha dicho que yo no la quiero. Lo dice riendo. Hace días también me dice "no estás" cuando quiere desaparecerme. Desde ayer dice "no eres igual", que todavía no entiendo qué significa, pero seguro es otra profunda cuestión existencial.
Así me conozco, por las personas que hicieron posibles mis lentes nuevos, por mi aferrarme a trabajar en lo que me gusta, por el grado en que la casa puede ser un caos, por mi niña y por lo que muero.
B me dijo hoy que soy una madrastra y que no la quiero. Tiene el jueguito de decir que no la quiero o que no la amo, para que yo le diga que claro que la quiero, que claro que la amo, todo con escándalo y aspavientos. Hoy lo ha combinado con la historia de Cenicienta, porque sabe que soy maestra y sigue sin diferenciar "madrastra" y "maestra". Así que como la madrastra no quería a Cenicienta, ha dicho que yo no la quiero. Lo dice riendo. Hace días también me dice "no estás" cuando quiere desaparecerme. Desde ayer dice "no eres igual", que todavía no entiendo qué significa, pero seguro es otra profunda cuestión existencial.
Así me conozco, por las personas que hicieron posibles mis lentes nuevos, por mi aferrarme a trabajar en lo que me gusta, por el grado en que la casa puede ser un caos, por mi niña y por lo que muero.
Silvia Parque
jueves, 2 de noviembre de 2017
Pérdidas
Estoy sombría. Y está bien. Me siento llena de fuerza. No quedó de otra porque encargada de una niña, no puedo meterme bajo la cobija a llorar y fingir que estoy muerta. Así que me siento fatal, pero bien: leyendo como hace mucho no leía, pensando, con ganas de crear, a gusto con mi cuerpo después de una temporada de no estarlo, enamorada de mi hija.
Creo que estoy en la parte álgida de varios duelos.
Hace unas semanas perdí la carpeta de fotos del 2016: fotos de la niña. Solo tenía respaldado hasta marzo.
He pensado en las pérdidas hoy.
Tuve una perra que se alegraba al verme llegar a la casa. No sentía que a otro ser vivo en la casa le diera gusto verme. Tuvo que irse porque no me hacía cargo de ella como debía. Mis tortugas murieron porque dejé de cuidarlas cuando nació B. Las quise mucho, pero obviamente no lo suficiente
Me deshice de muebles, objetos y un coche, cuando me fui a Querétaro. No importaba. Lo importante era que nos teníamos a nosotros :D :D :D :D LA RISA LOCA. Nos teníamos a nosotros, que era lo importante.
Y teníamos libros. En eso gastábamos nuestro dinero. Cuando vine por ellos, ya no estaban. Luego perdí más y más cosas, pero ya no me importaron. Esos libros eran lo que teníamos. Tal vez perderlos fue una señal. Perdí mi anillo de matrimonio en la taza del baño: eso sí debió ser una señal.
Antes perdía las llaves, perdía dinero -señal de que había dinero qué perder-.
No hago bien eso de ganar dinero. O no lo he hecho bien hasta ahora: perder todo es ganar un mundo de posibilidades: como ir a vivir a otro planeta. Como ser otra persona; por ejemplo, una misma.
Creo que estoy en la parte álgida de varios duelos.
Hace unas semanas perdí la carpeta de fotos del 2016: fotos de la niña. Solo tenía respaldado hasta marzo.
He pensado en las pérdidas hoy.
Tuve una perra que se alegraba al verme llegar a la casa. No sentía que a otro ser vivo en la casa le diera gusto verme. Tuvo que irse porque no me hacía cargo de ella como debía. Mis tortugas murieron porque dejé de cuidarlas cuando nació B. Las quise mucho, pero obviamente no lo suficiente
Me deshice de muebles, objetos y un coche, cuando me fui a Querétaro. No importaba. Lo importante era que nos teníamos a nosotros :D :D :D :D LA RISA LOCA. Nos teníamos a nosotros, que era lo importante.
Y teníamos libros. En eso gastábamos nuestro dinero. Cuando vine por ellos, ya no estaban. Luego perdí más y más cosas, pero ya no me importaron. Esos libros eran lo que teníamos. Tal vez perderlos fue una señal. Perdí mi anillo de matrimonio en la taza del baño: eso sí debió ser una señal.
Antes perdía las llaves, perdía dinero -señal de que había dinero qué perder-.
No hago bien eso de ganar dinero. O no lo he hecho bien hasta ahora: perder todo es ganar un mundo de posibilidades: como ir a vivir a otro planeta. Como ser otra persona; por ejemplo, una misma.
Silvia Parque
sábado, 21 de octubre de 2017
Irme
Como a los once años empecé a fantasear con irme de mi casa. Hacía planes fantásticos. Calculaba cuánto dinero podría reunir y cuánto me duraría. ¿A dónde podría ir? Antes de cumplir quince años, conocí al papá de B y resolví que si me iba de mi casa, simplemente llegaría con él y él se encargaría.
Cuando mi matrimonio se deshizo, pasé unos años fantaseando con irme. Hice largas cartas de despedida. Lloré amargamente cada vez que "ya me iba".
Ahora ya no estoy para fantasías ni puedo llegar con alguien a que se encargue, pero tampoco avanzo realmente en los planes para irme a donde quisiera estar. A veces donde no cabe el drama se llena de vacío. Por eso había drama, porque el vacío es gacho.
Cuando mi matrimonio se deshizo, pasé unos años fantaseando con irme. Hice largas cartas de despedida. Lloré amargamente cada vez que "ya me iba".
Ahora ya no estoy para fantasías ni puedo llegar con alguien a que se encargue, pero tampoco avanzo realmente en los planes para irme a donde quisiera estar. A veces donde no cabe el drama se llena de vacío. Por eso había drama, porque el vacío es gacho.
Silvia Parque
miércoles, 18 de octubre de 2017
Por qué no soy feminista
Esta mañana, mientras respondía en Facebook comentarios a mi entrada anterior: ¿Quiénes acosan y abusan sexualmente de las mujeres?, pensé que alguien que leyera lo que estaba escribiendo podría pensar que soy feminista. Eso me honraría. Como he dicho antes: no lo soy. Ganas tengo, a menudo. Tengo formación en teoría de género, conozco lo elemental sobre el feminismo, estoy a favor de los planteamientos feministas, reconozco y agradezco el trabajo y los logros de las feministas -que por ejemplo, permiten que yo esté escribiendo esto-.
Una vez en clase -en licenciatura-, alguien dijo algo sobre mí: no recuerdo qué; lo que recuerdo es que respondí que yo era muy machista, creo que dije que era la mujer más machista que conocía. Mis compañeras me vieron como dudándolo o sopesando si estaba siendo irónica. Mi amiga del alma, junto a mí, les aseguró: "Sí: es muy machista". Ya pasó más de una década. Mi vida cambió y yo cambié. No soy muy machista: cargo con lo que me toca por haber sido criada en una cultura machista, pero hago conciencia y trato de moverme de ahí. Tal vez tampoco era exactamente "muy machista" en ese entonces; lo que pasa es que nos hacían falta otros marcos conceptuales para entenderme. Quién sabe. Por ilustrar: me sentaba junto a un amigo a calificar a las muchachas por su físico, asociando rasgos a conductas sexuales. Cosifiqué mujeres durante años, pero me parece que mis motivos se aprecian mejor desde otros marcos (por eso no soy feminista -no por haber hecho esas cosas sino porque "me parece que mis motivos..."-).
Pensaba esto cuando en mi muro apareció la siguiente publicación de Katya Galán, compartida por Edgar Mata. Copio y pego porque está en modo público. Yo puse negritas y subrayé.
Una vez en clase -en licenciatura-, alguien dijo algo sobre mí: no recuerdo qué; lo que recuerdo es que respondí que yo era muy machista, creo que dije que era la mujer más machista que conocía. Mis compañeras me vieron como dudándolo o sopesando si estaba siendo irónica. Mi amiga del alma, junto a mí, les aseguró: "Sí: es muy machista". Ya pasó más de una década. Mi vida cambió y yo cambié. No soy muy machista: cargo con lo que me toca por haber sido criada en una cultura machista, pero hago conciencia y trato de moverme de ahí. Tal vez tampoco era exactamente "muy machista" en ese entonces; lo que pasa es que nos hacían falta otros marcos conceptuales para entenderme. Quién sabe. Por ilustrar: me sentaba junto a un amigo a calificar a las muchachas por su físico, asociando rasgos a conductas sexuales. Cosifiqué mujeres durante años, pero me parece que mis motivos se aprecian mejor desde otros marcos (por eso no soy feminista -no por haber hecho esas cosas sino porque "me parece que mis motivos..."-).
Pensaba esto cuando en mi muro apareció la siguiente publicación de Katya Galán, compartida por Edgar Mata. Copio y pego porque está en modo público. Yo puse negritas y subrayé.
"Hablando de feminismo, ninguna mujer que no ha se ha sentido agredida por el sistema y/o que no ha hecho conciencia de su valía como ser humano y del respeto que merece, se asume feminista. Son dos requisitos indispensables.
El feminismo viene de la fuerza interna y de la seguridad de no necesitar de la aprobación ni de los hombres, ni del sistema para ser quien es.
No se trata de estar en contra de los hombres, ni de odiarlos ni de querer acabar con ellos, para que ni empiecen a victimizarse, sino de no necesitar su aprobación, son cosas diferentes.
El tercer requisito, me parece, es no creer en el concepto judeocristiano del perdón. Ese que se otorga como un privilegio más al agresor. Ese que se sustenta, además, en el mismo privilegio que, de inicio, fue causa de la violencia:
"TIENES LA OBLIGACIÓN de perdonar porque es tú padre -a veces tu madre-, tu hermano, tío, jefe, esposo..."
"DEBERÍAS perdonar, hazlo por ti misma, por tu tranquilidad..."
No perdonar, nos convierte automáticamente en culpables y, al agresor, en víctima.
De manera que, además de tolerar abusos, pareciera que la condena es hacerlo con bondad, amor y alegría "¿Qué clase de loca desadaptada y sin corazón podría no entender algo así?"
Creo que esta clase absurda de perdón es uno de los pilares del patriarcado, un pilar tan poderoso como la violencia institucionalizada, pues en él descansa la sumisión de las víctimas, lo que le permite se funcional como sistema".
Estoy de acuerdo. Solamente no comparto el concepto del perdón. Podría pensarse que cuando dice "ese que se sustenta..." está dando cabida a la existencia de ese y de otro. Pero me parece que usa "ese" para realzar la expresión, no porque crea que hay otros perdones. Decía pues que no comparto su concepto; pero sí sé que el perdón -al menos en nuestra cultura- es un perdón judeocristiano, que suele tomarse como obligación y que ha sido un pilar del patriarcado -como ella señala-.
A lo que voy:
No soy feminista porque el feminismo no es nada más conocimiento, es un movimiento: asumirse feminista es hacer un compromiso con dicho movimiento: un compromiso que no hago. Ese movimiento implica estar en lucha o resistencia, de una manera u otra, por una vía u otra -obviamente no "contra los hombres"- y no estoy dispuesta. Yo libro batallas y opongo resistencia a la violencia patriarcal por decencia, por sobrevivir, básicamente porque no queda de otra; pero no me comprometo con el movimiento. No podría no comprometerme con mi hija y con las hijas de las demás, no pueden no importarme las otras mujeres; pero eso no es lo mismo que comprometerse con el movimiento. Creo. Lo que digo no es algo que esté super pensado y concluido de una vez para siempre. La publicación de Katya me animó a escribirlo porque sus puntualizaciones me facilitan la exposición: para acabar pronto: no cumplo esos requisitos ni de lejos.
Sobre el primero y el segundo.- Hace falta apenas un poco de conciencia para que una mujer se sienta agredida por el sistema. Sé que he sido agredida por el sistema. Pero, ¿conciencia de mi valía como ser humano y del respeto que merezco? Obviamente diré que soy valiosa y merezco respeto; pero "conocer" algo no es haberlo asumido: no es haberlo interiorizado y vivirlo con naturalidad. Soy mujer. Soy madre. Soy talentosa para esto y aquello. Eso lo tengo interiorizado y lo vivo con naturalidad. ¿Que soy valiosa como ser humano, solita, sin hombre enseguida? ¿Igual de valiosa con y sin el hombre que me sujetaba? Claro que sé la respuesta correcta. De ahí a que pueda vivirla, hay un trecho. Y vivir cabalmente lo que es saberse digna de respeto está ligado con lo anterior.
Sé que a cualquier feminista le "falta" algo de un lado o del otro. Pero hay un punto en el que puedes decir que cumples con los requisitos (de los que habla Katya). Yo no puedo decirlo.
Además: creo en el concepto judeocristiano del perdón. Tal vez hay un feminismo en el que esto no tenga importancia, pero tal como yo entiendo al feminismo, sí que la tiene. Hay feministas creyentes: católicas, musulmanas, etc.; la fe no es incompatible con el feminismo; pero hay ejes del pensamiento que tienen que romperse para dar prioridad al feminismo como modo de vida: así es como entiendo el compromiso con el movimiento. Ese que digo que yo no hago.
Por último, lo que Katya habla sobre "el origen" del feminismo.- Fuerza interna no me falta. Pero yo la seguridad que tengo es de sí necesitar a los hombres para ser quien soy. De nuevo: sé la "respuesta correcta". Lo que quiero decir es que yo vivo esa necesidad. No estoy hablando de la obvia interdependecia: de que el mundo funciona con hombres y mujeres. No. Estoy hablando desde el contexto de la publicación. Yo he sido y soy dependiente de la mirada masculina. He sido esa mujer "amiga de los hombres*". Ya dice el video que todas lo hemos sido alguna vez, pero yo sí me instalé ahí muy a gusto y aunque estoy en proceso de moverme, a veces no me queda tan claro... Un pasito para adelante, medio pasito para atrás; dos adelante...
COMERCIAL: Algo que perdonar / Perdonar lo inaceptable
A lo que voy:
No soy feminista porque el feminismo no es nada más conocimiento, es un movimiento: asumirse feminista es hacer un compromiso con dicho movimiento: un compromiso que no hago. Ese movimiento implica estar en lucha o resistencia, de una manera u otra, por una vía u otra -obviamente no "contra los hombres"- y no estoy dispuesta. Yo libro batallas y opongo resistencia a la violencia patriarcal por decencia, por sobrevivir, básicamente porque no queda de otra; pero no me comprometo con el movimiento. No podría no comprometerme con mi hija y con las hijas de las demás, no pueden no importarme las otras mujeres; pero eso no es lo mismo que comprometerse con el movimiento. Creo. Lo que digo no es algo que esté super pensado y concluido de una vez para siempre. La publicación de Katya me animó a escribirlo porque sus puntualizaciones me facilitan la exposición: para acabar pronto: no cumplo esos requisitos ni de lejos.
Sobre el primero y el segundo.- Hace falta apenas un poco de conciencia para que una mujer se sienta agredida por el sistema. Sé que he sido agredida por el sistema. Pero, ¿conciencia de mi valía como ser humano y del respeto que merezco? Obviamente diré que soy valiosa y merezco respeto; pero "conocer" algo no es haberlo asumido: no es haberlo interiorizado y vivirlo con naturalidad. Soy mujer. Soy madre. Soy talentosa para esto y aquello. Eso lo tengo interiorizado y lo vivo con naturalidad. ¿Que soy valiosa como ser humano, solita, sin hombre enseguida? ¿Igual de valiosa con y sin el hombre que me sujetaba? Claro que sé la respuesta correcta. De ahí a que pueda vivirla, hay un trecho. Y vivir cabalmente lo que es saberse digna de respeto está ligado con lo anterior.
Sé que a cualquier feminista le "falta" algo de un lado o del otro. Pero hay un punto en el que puedes decir que cumples con los requisitos (de los que habla Katya). Yo no puedo decirlo.
Además: creo en el concepto judeocristiano del perdón. Tal vez hay un feminismo en el que esto no tenga importancia, pero tal como yo entiendo al feminismo, sí que la tiene. Hay feministas creyentes: católicas, musulmanas, etc.; la fe no es incompatible con el feminismo; pero hay ejes del pensamiento que tienen que romperse para dar prioridad al feminismo como modo de vida: así es como entiendo el compromiso con el movimiento. Ese que digo que yo no hago.
Por último, lo que Katya habla sobre "el origen" del feminismo.- Fuerza interna no me falta. Pero yo la seguridad que tengo es de sí necesitar a los hombres para ser quien soy. De nuevo: sé la "respuesta correcta". Lo que quiero decir es que yo vivo esa necesidad. No estoy hablando de la obvia interdependecia: de que el mundo funciona con hombres y mujeres. No. Estoy hablando desde el contexto de la publicación. Yo he sido y soy dependiente de la mirada masculina. He sido esa mujer "amiga de los hombres*". Ya dice el video que todas lo hemos sido alguna vez, pero yo sí me instalé ahí muy a gusto y aunque estoy en proceso de moverme, a veces no me queda tan claro... Un pasito para adelante, medio pasito para atrás; dos adelante...
lunes, 16 de octubre de 2017
El mundo de los demás
He creído que no estoy hecha para el mundo en el que viven los demás, el que se conoce como "mundo real". Cuando era niña solía hacerme un ovillo, cubrirme toda con una cobija e imaginar historias catastróficas -en verano lo hacía sin cubrirme-; tuve una temporada en la que tarde tras tarde imaginaba que un hombre me metía en una bolsa negra y me llevaba -casi nunca llegábamos a donde él iba-. Casarme fue un pase maravilloso a toda la fantasía de la que era capaz. Mientras funcionó, mi matrimonio fue más arropador que ninguna cobija y me permitió cumplir el anhelo de vivir en un mundo particular, privado, sostenido por el deseo y el goce. Luego... lo que pasó luego.
Cuando me volví loca también me hacía un ovillo y me cubría toda, pero no imaginando historias sino pensando en querer morir o tratando de sobrevivir; quería mucho estar muerta una semana, unos meses, al menos dos días, porque en realidad lo que quería era dejar de sentir lo que estaba sintiendo. Por esa época también solía pasar en la cama todo el tiempo que pudiera, fantaseando otra vida. Inventé a Felipe para darme gusto con un príncipe azul. Cuando le hice un correo electrónico para hacerle un perfil de Facebook, juzgué que la cosa había ido muy lejos y lo dejé.
La maternidad trajo mucha materialidad a mi vida, pero sigo sintiéndome extraña, muchas veces, en el mundo de los demás; a veces me siento incapaz. Para mí es difícil hacer un trámite o mantener la casa limpia; no se diga tratar de armar una "economía adulta". Sé que es difícil para muchos, pero cuando los oigo y los veo, su dificultad se debe a malos hábitos, a falta de habilidad o límites cognitivos. Yo puedo tener algo de eso, pero mi dificultad está en otro orden: en uno de la dimensión desconocida que me hace ser quien soy y venir a escribirlo.
Cuando me volví loca también me hacía un ovillo y me cubría toda, pero no imaginando historias sino pensando en querer morir o tratando de sobrevivir; quería mucho estar muerta una semana, unos meses, al menos dos días, porque en realidad lo que quería era dejar de sentir lo que estaba sintiendo. Por esa época también solía pasar en la cama todo el tiempo que pudiera, fantaseando otra vida. Inventé a Felipe para darme gusto con un príncipe azul. Cuando le hice un correo electrónico para hacerle un perfil de Facebook, juzgué que la cosa había ido muy lejos y lo dejé.
La maternidad trajo mucha materialidad a mi vida, pero sigo sintiéndome extraña, muchas veces, en el mundo de los demás; a veces me siento incapaz. Para mí es difícil hacer un trámite o mantener la casa limpia; no se diga tratar de armar una "economía adulta". Sé que es difícil para muchos, pero cuando los oigo y los veo, su dificultad se debe a malos hábitos, a falta de habilidad o límites cognitivos. Yo puedo tener algo de eso, pero mi dificultad está en otro orden: en uno de la dimensión desconocida que me hace ser quien soy y venir a escribirlo.
Silvia Parque
domingo, 8 de octubre de 2017
Trabajo, sueño, películas
Como helado sabor chocochips, luego de comentar una propuesta de intervención educativa. He tenido mucho trabajo y por eso no he pasado por aquí. En las noches, acuesto a B y me quedo dormida junto con ella. Usualmente siento necesidad de escribir una entrada y cuando no puedo, me queda la falta; estos días no ha sido así porque siento necesidad de escribir otras cosas y traigo esa falta encima: retomé algunos proyectos creativos, pero entonces vino -gracias a Dios- esta oleada de trabajo que no he conseguido equilibrar con "lo mío". De hecho, no consigo equilibrarla, en general: la casa está vuelta al revés.
Ayer o antier vi el trailer de la secuela de Pacific Rim y hoy veo que mañana sale el de El último Jedi. Habrá que ver cómo le hago porque al menos la segunda sí tengo que ir a verla.
He tenido ganas frustradas de ver una buena película. Ha estado difícil entre el poco tiempo y el mucho sueño. Además, todavía me pasa que muchas películas no quiero verlas sin el papá de B, así que descarto esas. La verdad es que a veces me encuentro eligiendo y sé que no tengo ganas en realidad de ver una peli, sino de ver una peli con él: me digo que las ganas son de ver una peli con alguien, pero no es cierto... o quién sabe. Con una amiga, no; eso está claro. Con alguien con quien me vaya a la cama después.
El caso es que las semanas anteriores hice un par de elecciones que me aburrieron: Animales fantásticos y dónde encontrarlos y Adios, hermano cruel. La de Animales fantásticos la dejé como a los diez minutos; le di otra oportunidad al siguiente día, pero avancé cinco minutos más y no conseguí interesarme. Con la otra llegué más lejos y es una pena haberla dejado porque las imágenes son bellas, empezando por los protagonistas que son un par de guapos (especialmente la actriz, Charlotte Rampling). Yo quería seguir, pero la peli no pudo con mi cansancio del día... Tal vez ninguna peli hubiera podido. A ver luego, menos soñolienta.
Ayer o antier vi el trailer de la secuela de Pacific Rim y hoy veo que mañana sale el de El último Jedi. Habrá que ver cómo le hago porque al menos la segunda sí tengo que ir a verla.
He tenido ganas frustradas de ver una buena película. Ha estado difícil entre el poco tiempo y el mucho sueño. Además, todavía me pasa que muchas películas no quiero verlas sin el papá de B, así que descarto esas. La verdad es que a veces me encuentro eligiendo y sé que no tengo ganas en realidad de ver una peli, sino de ver una peli con él: me digo que las ganas son de ver una peli con alguien, pero no es cierto... o quién sabe. Con una amiga, no; eso está claro. Con alguien con quien me vaya a la cama después.
El caso es que las semanas anteriores hice un par de elecciones que me aburrieron: Animales fantásticos y dónde encontrarlos y Adios, hermano cruel. La de Animales fantásticos la dejé como a los diez minutos; le di otra oportunidad al siguiente día, pero avancé cinco minutos más y no conseguí interesarme. Con la otra llegué más lejos y es una pena haberla dejado porque las imágenes son bellas, empezando por los protagonistas que son un par de guapos (especialmente la actriz, Charlotte Rampling). Yo quería seguir, pero la peli no pudo con mi cansancio del día... Tal vez ninguna peli hubiera podido. A ver luego, menos soñolienta.
Silvia Parque
sábado, 16 de septiembre de 2017
Vivir en pareja
Hace rato hubo una pelea de box de la que todavía están comentando en Facebook y Twitter.
Cuando tenía marido, veía las peleas con él, o bueno: estaba por ahí mientras él veía la pelea. Me gustaba ser "público acompañante"; me gustaba, sobre todo, oír las semblanzas de los boxeadores, referencias al lugar del que vinieran, al lugar en que pelearan, etc. Extraño eso y en general, la vida en pareja.
Yo nací para estar en pareja. No me voy a quedar en pausa mientras estoy soltera, pero no dejo de saber, ni un día, ni cuando estoy más contenta: que nací para vivir en pareja.
Cuando tenía marido, veía las peleas con él, o bueno: estaba por ahí mientras él veía la pelea. Me gustaba ser "público acompañante"; me gustaba, sobre todo, oír las semblanzas de los boxeadores, referencias al lugar del que vinieran, al lugar en que pelearan, etc. Extraño eso y en general, la vida en pareja.
Yo nací para estar en pareja. No me voy a quedar en pausa mientras estoy soltera, pero no dejo de saber, ni un día, ni cuando estoy más contenta: que nací para vivir en pareja.
Silvia Parque
domingo, 10 de septiembre de 2017
Lo que aprendí en el año 37
1. No tengo idea.- No sé lo que va a pasar. Las personas sorprenden, para bien y para mal.
2. Tengo clara idea.- Sé lo que está pasando, no necesito hacer una encuesta para confirmarlo y sin importar cuántas vueltas le dé: está pasando.
3. No hay que "dejar pasar".- No está la vida como para dejar que alguien le coloque a una en una posición que no corresponde, incluso cuando no haya mala intención de su parte. En otro orden de ideas: tomar y aprovechar lo mío es bueno y conviene.
4. Hay que "dejar pasar".- Pocas cosas importan; estar en pie de lucha no es lo mío. Muchas veces vale más una relación o cuidar a la otra persona, que poner puntos sobre las íes. En otro aspecto de "dejar pasar", de verdad que no hay que forzar nada: estar de terca queriendo un X que se niega, la deja a una sin el Y que estaría mejor.
5. Voy a morir.- Es diferente saberlo como una nota informativa, como una sabe que hay agua en la luna, a saberlo con el cuerpo, con el alma. Tengo un tiempo limitado para hacer lo que quiero, tan limitado que el "quisiera" es una pendejada -busqué sin éxito una palabra más justa-. En estrecha relación con esto: atender el cuerpo es primordial porque ni trabajo, ni crianza ni nada funciona, si el cuerpo no funciona.
6. No estoy muriendo.- Lo que se echó a perder, ahí queda; lo que no fue: no fue. "Esto" es la vida que hay y está padre porque la alternativa es no estar viva: no son alternativas reales todas las situaciones vitales que puedo imaginar; las opciones reales son: a) tomar los recursos que tengo y hacer algo con ellos, b) no hacerlo, c) morir.
7. La familia es primero.- Se necesitan aliados en este mundo. La familia es eso a tope; es eso y un camino espejo de la identidad. Y eso está por encima de muchas cosas.
8. La familia no siempre es primero.- Encuentro y creo la forma de mi familia en lo que voy andando, sin ajustarme a lo que apriete. Si hay que tomar distancia, simbólica o literal, de cualquier persona en cualquier momento, la tomo, por el tiempo que sea necesario. Lo primero es cuidarme a mí misma.
2. Tengo clara idea.- Sé lo que está pasando, no necesito hacer una encuesta para confirmarlo y sin importar cuántas vueltas le dé: está pasando.
3. No hay que "dejar pasar".- No está la vida como para dejar que alguien le coloque a una en una posición que no corresponde, incluso cuando no haya mala intención de su parte. En otro orden de ideas: tomar y aprovechar lo mío es bueno y conviene.
4. Hay que "dejar pasar".- Pocas cosas importan; estar en pie de lucha no es lo mío. Muchas veces vale más una relación o cuidar a la otra persona, que poner puntos sobre las íes. En otro aspecto de "dejar pasar", de verdad que no hay que forzar nada: estar de terca queriendo un X que se niega, la deja a una sin el Y que estaría mejor.
5. Voy a morir.- Es diferente saberlo como una nota informativa, como una sabe que hay agua en la luna, a saberlo con el cuerpo, con el alma. Tengo un tiempo limitado para hacer lo que quiero, tan limitado que el "quisiera" es una pendejada -busqué sin éxito una palabra más justa-. En estrecha relación con esto: atender el cuerpo es primordial porque ni trabajo, ni crianza ni nada funciona, si el cuerpo no funciona.
6. No estoy muriendo.- Lo que se echó a perder, ahí queda; lo que no fue: no fue. "Esto" es la vida que hay y está padre porque la alternativa es no estar viva: no son alternativas reales todas las situaciones vitales que puedo imaginar; las opciones reales son: a) tomar los recursos que tengo y hacer algo con ellos, b) no hacerlo, c) morir.
7. La familia es primero.- Se necesitan aliados en este mundo. La familia es eso a tope; es eso y un camino espejo de la identidad. Y eso está por encima de muchas cosas.
8. La familia no siempre es primero.- Encuentro y creo la forma de mi familia en lo que voy andando, sin ajustarme a lo que apriete. Si hay que tomar distancia, simbólica o literal, de cualquier persona en cualquier momento, la tomo, por el tiempo que sea necesario. Lo primero es cuidarme a mí misma.
Silvia Parque
sábado, 13 de mayo de 2017
Los incompletos
Todos tenemos un nudo, una falta, una complicación a partir de la cual devenimos sujetos. Pero mucha gente, no sé si la mayoría, está más bien completa; otros, no. Esa incompletud a veces echa raíces, a veces florece y da fruto.
Silvia Parque
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