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sábado, 23 de abril de 2022

Ya voy...

Tengo un ritual para empezar a trabajar porque me cuesta mucho empezar, aunque quiera hacerlo, aunque sea una tarea que me interese y disfrute. Entre más tiempo haya pasado desde que interrumpí la tarea o desde la última vez que me ocupé de ella, más difícil es retomarla. Y en eso estoy en este momento, porque mis vacaciones han terminado y yo debo hacer esta noche y la noche de mañana, lo que pretendía hacer en un par de tardes y siete noches. 

Necesitaba descansar, así que me di una semana, de las dos que tuve de vacaciones primaverales. Fue una semana de arreglar pendientes, hacer trámites, descansar y el bonito día de pasear por otra ciudad, ir a los museos y al cine. La semana terminaría con la fiestita de mi niña, en domingo; el lunes sería justo el día de su cumpleaños, así que seguiríamos festejando, pero el martes pondría el cerebro a la obra. 

Y pues no.

B necesitó el lunes y el martes para reponerse del domingo y además los trámites de la semana anterior se extendieron a esta semana. Y a mí los trámites me desgastan: llegan a descomponerme.

El miércoles, muy cansada, hice un reacomodo mental de las cosas por hacer y dispuse que empezaría a trabajar en la noche del viernes. Pero no pude. Pensé: "bueno, en la noche del sábado, con todo encima, no podré posponerlo". Y hoy me senté, con ganas de abrir mis archivos, porque de verdad que quiero hacerlo, y empecé a sentir la opresión en el pecho, ese primer indicio de "ahí viene un ataque de ansiedad".  Escribirlo, ayuda. 

Silvia Parque

lunes, 31 de enero de 2022

García y el chile colorado

Hoy, en uno de los grupos a los que di clase, tuve oportunidad de acordarme de "Un mensaje a García" y de mi abuela hablando de mi tío R.

Mi mamá me pasó un librito pequeñito cuando yo era niña y lo he recordado siempre. Lo guardé mucho tiempo, tal vez todavía esté por ahí: un mini-librito de cartón... En ese entonces no me fijaba en los autores de lo que leía, así que ni idea de que lo escribió Elbert Hubbard (AQUÍ está). Ahora puedo tener una mirada crítica sobre la lógica capitalista o autoritaria o bla, bla del texto, pero también puedo seguir apreciando el mensaje que me sirvió: hay que hacer lo que hay que hacer: buscar cómo. 

Mi forma de ser no se inclina a resolver cuestiones prácticas; se me puede hacer muy complicado; sin embargo, aprendí que había que hacer lo que hay que hacer y que, lo que me tocaba, durante la infancia y adolescencia, era "la escuela". Así pues, había que hacer, por ejemplo, la tarea. Y quisiera transmitir por qué elijo decir: "había que hacer la tarea", en lugar de "tenía que hacer la tarea". No es que me sintiera obligada, como si en mi mente existiera la posibilidad de no hacer la tarea y las fuerzas externas a mí -los adultos, el sistema de recompensas- me obligaran a hacerla: es que me correspondía hacer la tarea de modo que no contemplaba la posibilidad de no hacerla; por lo tanto, si algo me impedía hacer lo que me habían encargado, había que resolverlo. 

Y ahí entra mi abuela hablando de mi tío R. 

No recuerdo a propósito de qué situaciones específicas, pero más de una vez escuché a mi abuela reconvenir a alguien y poner de ejemplo que mi tío R, cuando se le encargaba algo, iba y lo traía: si en la tienda de siempre no lo encontraba, iba a otra o a otra y, si de plano no había "eso" justo, compraba algo que pudiera considerar equivalente. El producto del que mi abuela hablaba en el ejemplo era el chile que usaba para hacer chile colorado: supongo que pasó en una sola ocasión que impactó a mi abuela y desde entonces contaba: mi tío, si se le encargaba chile mirasol y no había, traía pasilla o guajillo o algo, pero no regresaba con las manos vacías. 

Mi abuela y su cocina funcionaban de tal manera, que no habría podido emplear un chile que no fuera específicamente el que había encargado, así que la iniciativa de mi tío no le era útil; pero le enorgullecía. Y seguro que a mi tío sí le es útil en el trabajo, en la vida.

Silvia Parque

lunes, 10 de enero de 2022

Empezar como se pueda

Me he levantado tarde. Hoy, que empieza mi año "productivo", me desperté cual noble heredera sin oficio, a las 8:44 de la mañana. Ya la cría retozaba por ahí cuando abrí los ojos. Y nada: hice lo que me propuse hacer al despertar, seguí adelante y las tareas que ya no cupieron en la mañana, las haré en la tarde. No hay problema porque no tengo que presentarme en la universidad hasta el día 15, así que basta con que termine y entregue lo que hay que hacer durante el día.

Nada más. Pero para mí es una importante diferencia respecto a otras etapas de mi vida. Si hace cinco años, quería despertar temprano y despertaba tarde, daba por perdido el día, lo cual me traía una sensación de incumplimiento, de incapacidad. Esperaba condiciones perfectas para empezar con prácticas que deseaba y me convenían. Como podrán adivinar, tales condiciones tardaban en darse y como no se mantenían, con su ausencia se desmoronaban mis prácticas deseables y convenientes. 

Me felicito porque ahora empiezo como sea y hago como puedo con lo que hay. Lo de hoy ha sido volver a mover el cuerpo. ¡A mi cuerpo le urge movimiento! Pero tampoco he iniciado una rutina de ejercicio que voy a abandonar. Ya me conozco, así que daré pasititos de bebé: hipopresivos que sí disfruto, poquitita calistenia para desentumir y baile que me pone contenta. Además, mato dos pájaros de un tiro porque las canciones que bailo son los mensajes de visualización para mi inconsciente.

Pasé aaaaaños buscando cómo "hacer las cosas", cómo "funcionar", como parte de una manera de vivir que me tenía en una especie de continua "rehabilitación". El último año clarifiqué mis límites, comprendí mis complicaciones con las funciones ejecutivas, con los afectos, bla, bla, y renuncié por completo a pretender "funcionar" como socialmente se espera; de hecho, me despedí del asunto de "funcionar", solo que no tengo otra palabra a la mano para comunicar esto y no voy a detenerme para buscarla. 

¡Felices comienzos posibles para todos!

 

Silvia Parque 

miércoles, 11 de noviembre de 2020

El amor no es el ingrediente secreto


Violeta Isfel cuenta que pide a sus empleados que, si están tristes o enojados, platiquen con ella antes de empezar a hacer hamburguesas porque la vibra pasa a la comida. Para mí tiene todo el sentido del mundo porque soy de pensamiento mágico -y sé que si hay una embarazada en la cocina, no salen los tamales-. Pero la dulce estampa de que la clave para que un platillo sea delicioso es el amor que se le pone esconde el egoísmo de las abuelas: un egoísmo justificado, pues los conocimientos para conjurar la delicia eran, para muchas, su recurso de poder.

Yo vivo cansada desde el 2015 y soy parte de una red de mercadeo. Las redes de mercadeo son una fuente constante de mensajes de motivación. A mí me gusta. No atiendo los "tú puedes" indiscriminados y me quedo con lo que me viene bien.   

Entre lo que no me funciona en el universo de la motivación rosa, está el tener un motivo importante para despertar y empezar a trabajar. Para mí, el motivo importante no es efectivo. Me motivan las tonterías porque son lo que activa circuitos neuronales de recompensa. La tontería más motivante para mí es el chisme

Hoy, por ejemplo, me propuse madrugar. Necesito ocuparme de un trabajo con el que estoy comprometida y que disfruto mucho hacer. Tengo necesidad de recibir el pago que corresponderá a ese trabajo: una necesidad cercana a lo apremiante, así que no puedo no tenerla en cuenta. Tengo una responsabilidad con mi hija de cubrir sus necesidades y, nada más para empezar, es bien tragona. Además, como dije, disfruto mucho mi trabajo: me da una especie de vitalidad, una sensación de plenitud. Y, como mencioné, estoy comprometida: me importa la persona a quien enviaré corregido, el texto que me ha confiado; me importa el texto mismo. 

¿Pero son mi hija, mi vocación o mis clientas, capaces de hacerme despertar?

No lo son.  

Despierto por los trucos. Me pongo una alarma cuyo sonido necesite apagar, pero que no me irrite. La efectividad subió cuando le puse una etiqueta, es decir, cuando hice que apareciera un mensaje con la alarma. Aún así, a veces la ignoro o no la oigo. Hoy desperté porque una amiga del alma me llamó para ver si había conseguido madrugar. El servicio humano de despertador me funciona mucho mejor que el de cualquier máquina: genera una especie de sensación de "no voy a malgastar tu llamada".

No obstante, al colgar con mi amiga, pude haberme quedado dormida en un parpadeo. Para evitarlo, voy a Facebook, Twitter o Instagram. Las redes están diseñadas para hacer que sigas ahí: ahí-despierta. Una inversión de 20 minutos hace que no duerma 120 minutos más. En ese punto, sí me sirve el hecho de que mi trabajo me gusta y estoy comprometida con él: no me pierdo en la red social; una vez despierta, puedo dejarla. "Una vez despierta" quiere decir: en cuanto me tope con algo que haga a mi corazón bombear sangre más rápido. Hoy, por ejemplo, fue que estando en Facebook, algo me hizo recordar que Rupert Grint se unió a Instagram. Fui a Instagram a seguirlo y a ver a quiénes sigue él. ¡Y listo! Me hice café y vine a la computadora.

Rupert Grint me hace salir de la cama. Mi hija amada, no... de hecho, fue a acostarse conmigo -ella, evidentemente- cuando ya había amanecido, así que su cuerpito generando calor más bien me invita a quedarme ahí, sintiéndola respirar.

Mientras preparo mi café, doy gracias a Dios. Siempre doy gracias a Dios por la mañana y le platico, a veces un par de frases, a veces bastante más.Pero si pretendo amanecer y orar, me quedo dormida. Es leer a Tom Felton comentando a Rupert Grint lo que me hace permanecer despierta, no mi necesidad de comunicación con Dios. 

No acuso de fraude a las invitaciones a trabajar por tus sueños, teniendo en mente lo que verdaderamente importa, ni a tener un tiempo de recogimiento por la mañana. Así como Homero Simpson puso fotos de Maggie en su lugar de trabajo con la frase "hazlo por ella", yo tuve mucho tiempo la foto de mi niña donde pudiera verla al teclear. Solo hago ajustes para funcionar y creo que es importante decirlo porque muchas personas pueden estar "poniéndose tache" porque no les funciona lo que creen que a toooodos les funciona para levantarse, organizarse, terminar lo que inician u otras de esas cosas que nos favorecen. Y lo que pasa es nada más que no han visto cuáles truquitos les harán poder

Habrá quienes lleguen a sentirse hasta "malas personas" porque no les "motivan" sus hijos o la misión que Dios les ha encomendado o cosas así de importantes; pero es que hay diversidad en los motivos. Las causas materiales -diría Aristóteles- son las que producen efecto directo sobre la realidad material. Por eso las operaciones concretas (los trucos) son un mejor ingrediente secreto que el amor para muchas de nosotras. Mi hija es uno de mis "para qué": lo que le da sentido a mis esfuerzos; pero como "por qué directo", el condicionamiento para orinar en el baño y no en la cama es más una respuesta a por qué despierto algunos días.  

Silvia Parque

martes, 16 de abril de 2019

Hazlo mal y deja cosas sin hacer

Este blog tiene entre sus etiquetas destacadas la de "hacer las cosas". Es así porque fue el tema de mi vida durante años. Fui la reina de la procrastinación durante la eternidad que tardé en terminar mi tesis de maestría (por eso "hacer la tesis" es otra etiqueta).

Hoy, he llegado a donde necesitaba.


Hago.
Me dedico a lo que me conviene.
Me ocupo de lo que corresponde.

La clave de este logro no es un secreto, pero tal vez le sirva a alguien si lo pongo aquí, centrado y en negritas:

Lo hago mal y dejo cosas sin hacer.

Mi tratamiento empezó viendo videos de recetas de Youtube. Vi cientos de videos durante un par de años y me fijaba en las enormes "áreas de oportunidad" de los youtubers. ¿Cómo podían tener éxito -mediano o grande- con tantos errores, fallas, faltas?

Comprendí que tenían éxito por X o Y; pero fundamentalmente porque habían hecho el video y lo habían publicado, con su buena, regular o mala calidad.

Luego está la complicación de tener muchas cosas por hacer. Mi punto crítico en esta cuestión llegó cuando recibí la sugerencia profesional de jugar más con mi hija, prestándole completa atención, todos los días. Me pareció estupendo y objetivamente imposible, al menos objetivamente imposible si también hacía todo lo demás que necesitaba hacer.

Darte cuenta de que no puedes hacer nada para que te alcance el tiempo puede ser apabullante, pero también liberador. Yo opté por deshacerme de todo lo estresante de lo que pudiera deshacerme y privilegiar las prioridades. Pronto fue evidente que ni así iba a conseguir hacer siempre todo lo que era necesario (como jugar con mi hija, prestándole completa atención) y entonces la liberación fue total.

Hago lo que puedo y eso está a mil años luz de no hacer.

Silvia Parque

martes, 12 de febrero de 2019

La convención de lo aceptable

Vi una película buenísima el domingo. Hay una parte en la que un hombre mayor le dice a un hombre que acaba de tener un hijo, que no se estrese con la idea de que hay papás haciéndolo bien porque no los hay. El resto de las personas en la habitación, excepto el recién nacido y el hijo de este hombre mayor, van diciendo que sus papás lo hicieron bien. La escena es muy graciosa.

Pero yo estoy con el hombre mayor. Sí hay papás y mamás que lo hacen bien, por supuesto; pero nadie hace nada de modo inmaculadamente perfecto.

De cualquier manera, compararnos no tiene sentido.

Hace bastantes años, el papá de B tuvo algo que hacer en un poblado de la sierra. Andando por ahí, le dieron ride a una señora y a sus hijos, que volvían de la escuela. Él no es delicado, pero dice que el olor que desprendían era nauseabundo... Resulta que la señora venía de hablar con la maestra.- La maestra quería que los niños se bañaran y la señora lo iba contando en plan "qué ocurrencia": ella no tenía agua en su casa ni tenía modo de calentar el agua con la que se bañaban, cuando se bañaban. Estamos hablando de la sierra de Chihuahua, es decir, de clima helado. No iban a bañarse para dar gusto al olfato sensible de los civilizados con regadera, agua caliente y todo el jabón que pudieran querer.

Últimamente, me acuerdo de esa anécdota porque mi regadera eléctrica se descompuso...

Me han estado saltando a la vista como brotes de granos en un ataque de varicela, evidencias de las "bajas calificaciones" que sacarían las personas a mi alrededor en la evaluación que se nos hace para entrar en el conjunto de los aceptables. ¡Hay un montón de reprobados y una creyendo que es la única! Y hay un montón que sobresalen en algo, pero dejan mucho que desear en otra cosa. Y los que están muy-muy bien en algo jugaron con ventaja o le quitaron la gracia al juego. No es envidia, en serio; lo digo empezando por mí, que estoy muy-muy bien en alguna cosa: en lo que he tenido ventaja.

Esa historia del trabajo duro y la dedicación persistente para alcanzar una meta tiene muchas letritas pequeñas. Hay que conseguirnos una lupa.

Por ejemplo, estoy creyendo que el secreto mejor guardado del mundo es el de la suciedad y el desorden doméstico. Claro que hay casas que están como para foto de revista; pero eso cuesta: tiempo, cuerpo, vida... o responde a condiciones materiales de privilegio. No es gratis, nunca. No se trata nada más de poder o no poder pagar a alguien para que haga el trabajo; se trata de que no es lo mismo cómo queda el piso cuando es de cemento o de cerámica, ni queda igual con cerámica de segunda o de tercera; ni con o sin el súper limpiador; ni cuando afuera hay terregales...

Si en cualquier condición, aspiras a algo que queda lejos de tu realidad inmediata, te conviene reflexionar sobre esa aspiración para tener motivos y no azotes. Hay que preguntarse "para qué" y quién puso el estándar. Ojalá nos quede claro cómo nos gastamos la vida.

Nos meten en una loca carrera por ser aprobados que nos jode. Lo puedo ver ahora con el impacto que le produce a B el asunto de los sistemas de recompensa en el preescolar (siendo que en casa no hay premios, castigos ni nada de eso) -ya nos estamos ocupando-.

Hay libertad amor propio afuera de la convención de lo aceptable.

Pienso en esa imagen de Mafalda con la leyenda de "paren el mundo, que me quiero bajar" :D Sí te puedes bajar de un montón de viajes donde te han cobrado un pasaje de primera, te han metido en el maletero y te llevan a un destino elegido por otros.

Silvia Parque

jueves, 17 de enero de 2019

Organización del tiempo: ajustes al horario

El tema de mi mes de enero es "organización del tiempo".


Con el propósito de llevar a cabo todas las actividades que me interesan, me preparé un horario al que calculé hacer ajustes conforme fuera aplicándolo al día a día. Al parecer serán bastantes ajustes.

Aquí algunas consideraciones que estoy tomando en cuenta y tal vez sirvan a alguien más:

- Hay que considerar el tiempo necesario para los actos en función de vivir, como ir al baño, así como el tiempo para la misma organización: yo había ideado un lindo sistema de colorear celdas de Excel para marcar las actividades realizadas, pero en realidad solo vale la pena para el par de actividades al que sí necesito dar seguimiento puntual para evaluar su evolución.

- Hay que distinguir con cuáles actividades es conveniente fijar hora para iniciar y terminar, y con cuáles simplemente hay que determinar el día en que serán realizadas (a la hora que se pueda). Yo creo que la hora fija sirve para las actividades que necesito -especialmente- proteger de la procrastinación, de las que quiero crear un hábito y que generarán un "producto" (como un documento, por ejemplo).

- Hay que tener en cuenta las características reales de la actividad, en la situación en la que estamos. Por ejemplo, yo había colocado todo lo que fuera quehaceres domésticos por la tarde, para aprovechar la mañana en otras cosas, que no puedo hacer cuando está mi hija; sin embargo, necesito lavar lo más temprano posible para que la ropa se seque, así que...

Silvia Parque

martes, 15 de enero de 2019

Empezando el año con lo que hay

Mi fe en que mi plan para el año funcionaría, se basó en que está contemplado que habrá días malos o días simplemente incompatibles con el trabajo. Es una de las grandes ideas del método de Debbie Ford para tener tu mejor año: considerar qué vas a hacer con los días que nomás no puedes.

Y ocurrió que apenas el primer día ordinario después de la temporada de fiestas, me puse loca, como hace muchos años.

La gente dice que a todo el mundo le pasa; pero, no. Todo el mundo tiene un mal día, todo el mundo pierde la paciencia o sale de sus casillas; pero no todo el mundo se descompone del modo en que ocurre cuando se cursa con un "trastorno mental". Se pone feo. No obstante, para mí fue algo bueno notar la enorme diferencia de esta breve crisis de un par de días, respecto a las temporadas terribles de hace varios años. Lo realmente malo es que ahora había una pequeña niña asustada que pagó los platos rotos; pero esa es otra historia (escabrosa y llena de culpa)...

El caso es que no hice lo que me pone más mal, hice lo que me ayudaría a sentirme mejor y eso que se oye tan lógico está a una distancia enorme de lo que ocurría cuando estrenaba el diagnóstico de TAG. Además, el papá de B fue -y está siendo- un increíble apoyo. Nunca volveré a dudar que fue bueno terminar nuestra relación de pareja: esta "otra" relación que tenemos, como miembros de una familia sin vínculo romántico, le permitió cuidarme y sostenerme de una manera que no era posible cuando se implicaba de otro modo con/en mi locura.

Así que efectivamente empezar lo planeado con todo y esto; sobre todo, continuar después de la pausa de mis horas incapacitada, me dice que es posible hacer las cosas con lo que hay: con lo que soy y como estoy. Y eso es muy bueno.

Silvia Parque

sábado, 15 de septiembre de 2018

Otra oportunidad

Este mes de cumpleaños, la celebración no está siendo festiva al modo tradicional. He estado pensando.

Pienso y pienso.

Pensé un poquito en el pasado y me permití un ratito de la fantasía de haber hecho algo diferente, pero el gusto no me duró: no puedo dejar de tener conciencia de que B no estaría aquí si cualquier cosa hubiera sido de otro modo. Traté con cambiar "algo" después de la fecha en que nació, pero se me ocurrió que si cualquier cosa no hubiera sido como fue, tal vez eso habría cambiado su crianza y ella no sería exactamente la niña que es ahora.

Luego pensé en el futuro. Un poquito de mi fantasía favorita: la casa de mis sueños. La he remodelado. Tenía años soñando con la misma casa. Ahora es otra.

Y pensé en cómo pasar de donde estoy a donde necesito estar, pero las respuestas en realidad las conozco, así que no me entretuve mucho.

Pienso en la persona que soy y mi relación con mi alrededor.

He dejado de decirle a B que recoja sus juguetes. No los recoge porque no he sido suficientemente consistente creándole el hábito y porque yo misma no soy ordenada, así que en vez de insistir, me detengo y observo cómo funcionamos.

Pierdo mucho tiempo. Fue ocurriendo en la medida en que tenía menos trabajo y seguramente no ayuda a que tenga más trabajo (no es que quiera trabajar más, pero me urgen más ingresos). Pierdo energía en Facebook y Twitter, así que le pongo nuevas reglas a mi paso por ahí.

Pienso en los blogs como parte de pensar en mí. Más de lo que quisiera admitir, escribo y publico aquí porque es muchísimo más fácil que ocuparme de los proyectos de escritura que me dedico a abandonar y recuperar. Y eso me lleva a considerar por primera vez en la vida: ¿realmente quiero escribir? ¿No lo habría hecho ya, si tanto quisiera hacerlo? El papá de B me dice que Proust no había escrito ni una línea de En busca del tiempo perdido cuando tenía mi edad. Le digo que seguramente podía mantenerse a sí mismo y me responde que era un noble, así que la cuestión no aplica. Yo pienso en que a mi edad, mi mamá ya había pagado mi carrera en una escuela particular. Cada cual su camino, pero...

Recuerdo los días y noches escribiendo en la adolescencia, apasionada con lo que estaba haciendo. Solo he vuelto a sentir esa pasión cuando me metí en el proyecto laboral de mi vida, que avanza a paso lentísimo: tan lento que no tiene para cuándo concretarse. Porque siempre pasa "algo". Siempre. Una complicación. Un problema. Un "algo". Una cuestión de salud, de dinero, de la casa, en relación con la niña, conmigo, "algo" pequeño, mediano, grande que me interrumpe y cuando quiero continuar en lo que estaba, no puedo: me paralizo; mejor escribo una entrada, leo algo, comento algo, me sigo "preparando" (es un trampa seguir preparándose).

Voy a darme otra oportunidad.

Silvia Parque

lunes, 27 de agosto de 2018

Aprender a hacer

No aprendo con los tutoriales: ni en texto, ni en video. Tampoco cuando me dan instrucciones "en vivo", ni cuando me modelan cómo se hace algo.

No aprendo, pues.

Es una exageración; pero soy mala para aprender a "hacer".

Pienso en mi forma de cocinar. Amo la comida que preparo. ¿Y cómo aprendí a cocinar? No me enseñaron, ni aprendí viendo; fui aprendiendo haciendo por mi cuenta, muy inventado todo. Esta forma de proceder tiene sus riesgos; por ejemplo, hubo una noche que mi ex pasó vomitando todo el calamar que se comió, porque yo no sabía que al calamar hay que quitarle la piel.

No volví a preparar calamar. También me rendí con los frijoles cocidos. Pero hago otras cosas deliciosas.

Sin embargo, esta forma de aprender no funciona para aquello que me resulta realmente desconocido: para aquello con un lenguaje desconocido, por ejemplo, para aprender a editar videos.

Silvia Parque

lunes, 9 de abril de 2018

Estrategia de eficiencia y The Crown

He ido postergando los proyectos que en este momento no son redituables, pero que son los que más me interesan. Para asegurarme de no robarles tiempo, me propuse no volver a ver películas hasta que concluya al menos uno de ellos... o llegue el 2019, lo que ocurra primero. Porque le dije a B que en el 2019 vería su primera película.

No se trata de no ver nada. Hay noches en que me hace falta despejarme con algo entretenido. Empecé viendo documentales, pero ganó la tentación de las series. Empecé "The Crown". [AQUÍ la entrada de Wikipedia sobre ella.] Llevo dos capítulos. Como sé que puedo hacerme adicta, la regla de la temporada es ver solamente un capítulo por día.

Ahora necesito apurarme con las cosas del trabajo remunerado para poder llegar a "lo mío".

En cuanto a la serie: me encanta: la ambientación, el vestuario y sobre todo, el tema.

Silvia Parque

jueves, 8 de marzo de 2018

Mi hija ha iniciado su tratamiento hormonal

Es Día de la mujer y todavía, cansinamente, hay tanto que decir al respecto.

Guillermo del Toro ganó el Óscar por su trabajo como director y habría querido hablar de lo mucho que me inspira o de lo que pienso de los listillos que critican el gusto que tantos sentimos por Coco.

Mi casa está llena de moscas al grado de que iniciaré una investigación sobre su procedencia; pero antes de hablar sobre eso, me gustaría contar por qué me gusta tanto el lugar en el que vivo -moscas aparte-.

Sin embargo, antes-antes de cualquier otra cosa quiero terminar de escribir y publicar esta entrada que empecé el 2 de marzo y dejé en borrador.

B ha empezado su tratamiento hormonal. A lo largo de los meses, que tan rápido se convierten en años, mencionaré cada vez menos este asunto por respeto a su privacidad. Ahora me doy permiso de compartirlo.

Mi hija es afortunada por haber tenido un diagnóstico temprano y por estar iniciando su tratamiento en el momento oportuno. No es así para la mayoría de las niñas con Síndrome de Turner en México. Estoy agradecida por eso y por supuesto, estaba prevenida respecto a que sería necesario suministrarle hormona del crecimiento; pero de todas formas, esa consulta con la pediatra puso un enorme peso físico, literal, sobre mis hombros.

Al parecer, los efectos secundarios no son algo de qué preocuparnos. Probablemente tenga dolor de huesos y articulaciones; no sé si por la hormona en la sangre o por el crecimiento inducido. Yo la pongo en manos de Dios y confío en que sabremos sostenerla en caso de dolor o de cualquier otra cosa. Los efectos realmente dañinos son improbables: no me detengo a pensar en ellos; pero hay que estar atentos, así que, por ejemplo, en unos meses hay que hacerle una tomografía.

Lo anterior, sin embargo, no me causa problema. Lo que me tuvo realmente abrumada varios días fue un problema estúpido, pero muy grande para mí: la parte práctica del manejo de la hormona, de usar el artefacto para inyectar, de poner la inyección. Me daba mucho miedo. Cuando estaba embarazada me preguntaba cómo podría ponerle zapatitos porque siempre me he sentido poco capaz de "hacer cosas" con las manos, "operativas" pues, no sé si me explico... 

Y efectivamente, me equivoqué y dudé y eché a perder un suministro carísimo y difícil de conseguir. Lloré, fui consolada, fui alentada, me recuperé y voy aprendiendo y sintiéndome segura. En eso estamos. [La niña, perfectamente.]

Silvia Parque

martes, 19 de diciembre de 2017

Del año más loco al mejor año

Estoy al tope de mí: no agobiada; llena, plena. Eso podría ser extrañísimo considerando los últimos doce meses, pero tal vez no, porque al fin me estuve preparando para esto. Es que realmente es el año más loco de mi vida.

Empiezo a hacer. Preparo mi mejor año. Para eso ha sido fundamental mi participación en Psicogrupo.
AQUÍ mi último artículo publicado: "Estrés: cuerpo y mente".

Los proyectos en los que tengo una apuesta vital siguen pausados, pero eso termina hoy: no espero a que sea enero ni a que haya mejores condiciones. No tengo tiempo para perder.

Una niña en casa es una medida del tiempo implacable. No hay otra oportunidad de que tenga la edad que tiene cada vez. Y yo me hago vieja. No es que me sienta vieja sino que tomo conciencia de cómo entro a la "mediana edad": eso sí me parece increíble; también me parece bien.

Silvia Parque

domingo, 5 de noviembre de 2017

DIY el domingo por la noche

Toca llevar mañana a la escuelita una lata de leche evaporada personalizada para guardar los colores, o sea, un recipiente para lápices modo infantil. Suerte que algo dijo el papá de B mientras hablábamos por teléfono y me acordé. Tendré que arreglármelas con lo que haya a la mano porque solo compré la lata.

Amo hacer esas cosas. Amo más hacerlas para ella. Hasta ahora mi mayor éxito ha sido una estufa a la que ya hay que hacerle algunas reparaciones, pero con la que ha jugado mucho. Alguna vez pensé dedicarme a hacer material didáctico. Cuando sea rica, tendré un taller en casa.

Silvia Parque

jueves, 26 de octubre de 2017

Capacidad

Trabajo de manera que paso una o dos noches durmiendo poco, dos o tres noches durmiendo muy poco; dos o tres mañanas trabajo a tope las tres horas que B va a la estancia; alguna tarde también toca trabajar. Así que tengo algunas mañanas y algunas noches "relajadas"; además, normalmente, después de entregar algo tengo libre el día siguiente... o dos o tres días siguientes. Se supone que en esos momento leeré y escribiré "mis cosas". El problema es que últimamente estoy muy cansada. Puedo estar despierta, pero no pensar.

Silvia Parque

martes, 1 de agosto de 2017

La necesidad

He estado teniendo conocimiento de casos de personas en situación de pobreza, varias de ellas enfermas o con familiares enfermos; personas en condición de calle, personas en viviendas que les protegen bien poco. Pienso en la terrible indiferencia de disfrutar de un montón de privilegios sin tenerles en cuenta y sobre todo, en cómo algunos creen que de verdad cada cosa que tienen la han ganado sin haber tomado provecho de ningún modo de un sistema económico y social que es nefasto para mucha gente: algunos que llevan las de perder desde que nacen. Me "incomoda" la manera en que se hacen algunos favores, fiscalizando que la persona esté de verdad en la miseria o casi-casi: no vaya a aparecer en una foto con las uñas pintadas o tomándose una cerveza, porque entonces ya no es a quien hay que ayudarle a comprar leche para sus niños. Pero no es tanto que juzgue mal a quienes tienen cuidado de "a quién" ayudan; sé que muchas veces se trata de cuidar los recursos que han dado otros y de tratar de que lleguen a quien más los necesita, es más bien que me molesta no estar en condiciones de repartir yo con prodigalidad. He sido una persona tan privilegiada, que debería estar pudiendo compartir los frutos de lo que muchos han sembrado en mi vida. 

Por ahí, en las redes, circulan frases tipo "nunca es tarde" y mensajes motivadores tipo "no te compares, cada quien a su ritmo", y yo los creo. Pero también creo que a veces se pasa el momento "justo". Reconocerlo no condena a la inmovilidad (los momentos se crean), creo que más bien trae una conciencia que puede hacer que una se ponga a hacer lo que le toca.

"Todo tiene su momento oportuno; hay un tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo". Eclesiastés, 3:1

Silvia Parque

lunes, 24 de julio de 2017

Volver es más difícil que empezar

Luego de sobrevivir a los primeros días de dolor por el ejercicio, sobreviví a los días en que me levanté un poco tarde y B estaba ahí conmigo. Así llegué a once días consecutivos de moverme por la mañana.

Este fin de semana, lo dejé. El sábado ni me acordé porque tenía en mente que iba a salir a desayunar; el domingo tampoco me moví, entre que despertamos de una pijamada infantil y que había que ir a comprar pañales. Constato que regresar a la actividad después de una pausa es todavía más difícil que seguir adelante con los dolores del tercer o cuarto día. Lo sospechaba, porque la mayoría de los anteriores "abandonos" se dieron cuando por alguna razón, como estar resfriada, debía interrumpir por un par de días.

Pero regresé. Hasta creo que me está gustando. A lo mejor paso de unos cuantos minutos de calistenia a algo más en serio.

Silvia Parque

jueves, 8 de junio de 2017

Ideas tramposas sobre el quehacer de mamá

Ser mamá es algo demandante, desafiante y complicado. Es muy difícil hacerlo "bien" y es imposible "hacerlo bien" siempre o en todo; por eso se han popularizado dos ideas tramposas:

- Que no se hacen las cosas bien o mal, sino que se hace lo mejor que se puede, esperando lo mejor con la mejor de las intenciones.

Sin embargo, hacer las cosas lo mejor que se puede, esperando lo mejor con la mejor de las intenciones es independiente de estar haciendo las cosas bien; de hecho, es totalmente compatible con estar haciéndolas mal. Una puede elegir salir de la posición de ser evaluada; eso es otro cantar.

- Que no importa si se hicieron las cosas mal porque se hizo lo mejor que se pudo, esperando lo mejor con la mejor de las intenciones.

Pero las acciones y las omisiones tienen los efectos que les corresponden; así que importa si se hacen las cosas mal. El amor compensa, alivia y cura; pero el poder del amor humano no desaparece el error o el agravio.

Voy a poner un ejemplo simple:

- La mamá X sirve el siguiente desayuno a su hijo de tres años: un huevo cocido, cuadritos de queso panela, una rebanada de pan integral, media manzana e infusión de manzanilla; para el almuerzo que comerá en el preescolar, pone en su lonchera otra rebanada de pan integral, pasas, un par de mandarinas y una botella de agua.
- La mamá Z sirve este otro desayuno para su hijo de la misma edad: un tazón de cereal azucarado con leche y una bebida industrializada sabor naranja; para el almuerzo, en la misma circunstancia, pone en la lonchera del niño: un emparedado de salchicha común y otra bebida industrializada, ahora sabor uva.

Si esto es una muestra representativa de la alimentación que brindan a sus hijos, la mamá X nutre mejor a su niño, que la mamá Z. Eso no hace a la mamá Z, una "mala madre". Dado que eso no la hace una mala madre, ¿vamos a decir que ambos estilos de alimentación son igual de "buenos"?

Ambos estilos pueden ser aceptables y pueden ser lo que más conviene a la situación de cada familia. Pero hay uno más nutritivo que el otro. ¿Por qué hacerle creer a la mamá Z que está nutriendo a su hijo "tan bien" como la mamá X?

Toco otra cuestión con la pregunta "¿Vamos a decir que...?" Porque hay que pensar qué le vamos a decir, a quién y por qué se lo estamos diciendo.

Es irrespetuoso ir por ahí pretendiendo educar adultos; además, suele ser insensible. Si la señora Z es mi amiga y me toca verla dar el desayuno descrito a su hijo, no voy a amargarle el momento ilustrándola con mis conocimientos, que a lo mejor no son novedad para ella; mucho menos si no voy a resolverle la vida para que pueda hacerlo "bien". Si una sabe algo que valga la pena divulgar, hay foros, momentos y maneras.

El ejemplo que uso está hecho a modo, evidentemente. En la mayoría de las cuestiones, no es fácil saber qué conviene o qué es apropiado, sobre todo en las que importan; además, por supuesto, hay mucho que no entra en este tipo de "evaluación". Para lo que sí entra:

En lugar de decir que todo es igual de bueno, apoyémonos en la conciencia de que no hay necesidad ni obligación de hacer siempre todo "bien". ¡Pero no quitemos mérito a quien hace algo realmente bien!

Yo he pasado malos momentos con la "hora de dormir" de mi niña. Lo solucionamos, tenemos una buena temporada y luego, otra vez a batallar. Si Fulanita tiene una rutina maravillosa que hace que sus niños vayan a la cama temprano y de buena gana, no voy a decir que en su caso es fácil porque no trabaja, no voy a pensar que es una ridícula por hacer un ritual del cepillado de dientes, no voy a poner cara envidiosa de "tú y tu vida perfecta con hijos perfectos". ¡Me va a dar gusto!

Hay prácticas, por otro lado, consideradas "buenas", que no valoro. Por ejemplo, no me importa que mi hija no se vea muy bien peinada. [Aquí la entrada: "Mi niña no lleva nada en el cabello".] En días ordinarios, si sube de intensidad su protesta porque la peino: no la peino. Pero si veo a una niña con un lindo peinado, puedo apreciarlo. No supongo de antemano que hubo amenazas y chantaje para que ese peinado existiera, no deslegitimo por defecto lo que consiguió otra mamá -casi siempre es una mamá-.

Hay prácticas, también, que siendo consideradas "buenas" por la generalidad de las personas, a mí me parece que no están bien; por ejemplo, las que implican promover la competencia entre niños pequeños. Incluso en estos casos, puedo apreciar lo que hay de buena intención en los papás y mamás metidos en el ajo. El punto es no salir con que: "sería bueno que no lo hicieran, pero si lo hacen, también está bien para los niños porque al fin [inserte aquí alguna de las dos ideas tramposas mencionadas]"

Podemos equivocarnos en nuestra apreciación de que una práctica es buena o conveniente y otra es mala o inconveniente. Pero creo que hace falta la integridad de apostar por lo que concluimos.

Silvia Parque

lunes, 1 de mayo de 2017

Dulce hogar

Me resulta de lo más complicado hacer "la vida normal" estando en casa de mi abuela. Lo más evidente es que no tengo control sobre el ambiente de B; eso dificulta poner en marcha "la rutina". Tampoco tengo un espacio privado del que pueda apropiarme; eso hace que me sienta como un pez nadando en agua de jamaica.

Esta sensación de estar acampando no es buena ni para el trabajo ni para mis proyectos personales; pero: o consigo hacer lo necesario con ella o el campamento se prolongará.

Silvia Parque

miércoles, 8 de febrero de 2017

Anoche no dormí

Anoche no dormí. Estuve haciendo cosas para la casa y para Bianca; sobre todo, enmarcando. De fondo, oí capítulo tas capítulo de La Niñera -otra vez, pero ahora en inglés-.

Cuando era muy joven, pasé demasiadas noches escribiendo, estudiando, haciendo tarea; me detuve cuando una mañana choqué contra un camión estacionado -apenas un roce, pero un gran susto-. Ya no podría hacerlo con frecuencia, pero la verdad es que lo disfruto: es un tiempo completamente para mí, haciendo cosas deseadas y pospuestas a veces por mucho tiempo.

Silvia Parque