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jueves, 29 de marzo de 2018

No quiero ser mejor

No me van las exhortaciones a "ser mejor". No tengo interés en eso. Quiero mejorar en habilidades específicas, eso sí. En realidad, también quiero ser "mejor mamá", eso también, con todo lo que tiene de discutible la calificación de "mejor" o "peor".

"Nunca un mar en calma hizo experto a un marinero", se le dice a una audiencia en la que al parecer muchos desearían ser marineros expertos. Yo con ser marinera nivel "suficiente" estoy bien; en general, mi interés no está en llegar más lejos o más alto. 

Como no podemos evitar las tormentas -los obstáculos, el dolor, etc.-, creo que corresponde aceptarlos y si cabe, tratar de encontrar lo bueno en la situación o hacer que de la situación emerja algo bueno; pero no encuentro consuelo en ver que esa-cualquier-cosa-indeseable me va a hacer "mejor" de lo que soy.

Soy suficiente

Silvia Parque

jueves, 21 de agosto de 2014

La diferencia

"La diferencia entre un superhéroe y un supervillano, es un superpapá". 
Magdiel Miranda

Todos somos fastidiados de alguna manera por un papá o una mamá; viene con el paquete. Mi mamá me fastidió durante varios años -mientras me dejé- con el designio explícito: "eres diferente". Entre el poder de su palabra, y la evidencia de mis diferencias, no tenía escape. Y no me gustaba.

Pasé del citado no-gusto, a cierta desesperanza. Siendo como yo era, no podía relacionarme con normalidad. Me apartaba, y no ayudaba, por ejemplo, que mi mamá prohibiera que yo hablara "como los demás niños": yo había de decir las palabras correctas y completas. Mi abuela tampoco ayudaba en eso; mis hábitos eran inusuales incluso para el resto de la familia; por ejemplo: no sé de cuál sería la ocurrencia, pero como a los ocho años, yo cenaba a las seis de la tarde, cuando los demás niños jugaban, y no para jugar después, sino para irme a la cama. Creo que no se quejan de que les salí rara, porque al cabo de los años, han de saber que estaban fraguando rareza...

Como cinco años de diván, costó mi reeducación en el tema "yo y los demás" (así, con el burro por delante). [Por cierto, buena parte de los honorarios de mi analista, fueron pagados por mi buena mamá.]

Finalmente, aprendí que puedo equivocarme, como todos; que tengo las necesidades comunes a la generalidad de las mujeres; que las consecuencias determinadas para ciertos actos, también se aplican para mí. Y el proceso de verme como los otros fue a la par del aprendizaje de que esos otros son personas.

Descubrí mi singularidad, y la fui queriendo. [Entretanto: caos, crisis, reinicios; amor.]

Entonces, crecida, elijo la diferencia. No la que a todos nos toca -nadie es igual a alguien más-, sino la que veía mi mamá: la que ella dijo.

Silvia Parque

viernes, 15 de agosto de 2014

Bajar la cabeza con dignidad

"Al presente ninguna disciplina parece ser causa de gozo, sino de tristeza [...]" Hebreos 12:11

"Que el justo me hiera con bondad y me reprenda; es aceite sobre la cabeza; no lo rechace mi cabeza [...]" Salmos 141:5

No me gusta que me señalen lo que está mal en mí. Supongo que a nadie le gusta como que lo "disfrute"; sería medio perverso... Tengo dos buenos escudos para lidiar con eso; de los mejores frutos de mi adolescencia:

1) Fui muy bien entrenada para recibir y aprovechar críticas sobre mi trabajo; lo extrapolo a otras áreas del "hacer", y con eso ya no hay problema.

2) Descarté a la mayor parte de la gente, como autoridad sobre mí: lo que cualquiera diga sobre mi persona, lo considero una opinión que puedo tomar, dejar, e incluso no percibir -es posible-. Así no hay calado, y tampoco hay problema.

Pero a unas cuantas personas, les confiero autoridad para decir: "fuera de lugar", "tache", "excesivo", "insuficiente". Casi siempre tienen algo de razón. Cuando su visión me sorprende y enoja, tienen la razón completa.

Silvia Parque

Sacar la pata

Sería bueno tener el tino y la astucia para no meter la pata; pero como eso se desarrolla lentamente, y por más que se desarrolle, va a topar con un límite, creo que destaca, entre todas las habilidades, la de sacar la pata de donde se ha metido.

Como los niños chiquitos que desarman un reloj para ver qué tiene adentro, creo que hay una edad en la que metemos la pata más y más profundo, como para ver qué pasa, hasta dónde llega el hoyo lleno de lodo. Pero una se cansa de estar saliendo y limpiándose, y empieza a querer salir rápido de donde no se siente bien.

Silvia Parque

sábado, 9 de agosto de 2014

Evolución

Antier se despostilló la uña de mi dedo pulgar de la mano derecha, y la corté. Es cualquier cosa para una persona normal; pero en mí es una señal de evolución, porque no corté todas las uñas, sino solo esa. Admití, acepté, asumí, que quedara diferente, y he vivido con eso dos días, sintiendo como la existencia del dedo y de la mano, se comprometen en la experiencia de la diversidad.

Silvia Parque

miércoles, 6 de agosto de 2014

"Cómo convertir un dragón en mosca", por A.

Cuando mi amiga A. publique su libro "Cómo convertir un dragón en mosca", va a estar en la lista de "los más vendidos". Van a entrevistarla en "¿Qué tal, Fernanda?" y para la segunda edición, cuando se traduzca al inglés, va a empezar a cobrar por conferencia. Entonces, colgada de su fama, voy a escribir la precuela: "Cómo convertimos en dragón a una cualquiera". El título será puro gancho; enseguida voy a disculparme por lo que sugiera la frase "una cualquiera"; voy a explicar que no se trata de ofender a nadie: que es nada más una broma que nos gasta el lenguaje al sintetizar la idea de "una mujer igual de humana que tú, que es cualquier persona y no rostiza a nadie". ¡Vaya! Me incomoda usar la frase, pero es que el título suena bien...

La idea original es que damos importancia a personas cuya presencia no querríamos en nuestra vida o al menos, cuyo comportamiento tiene un efecto que no querríamos en nuestra vida; pero al darles importancia, las mantenemos presentes; a veces, esa importancia es lo único que las hace presentes. Y esa misma importancia atribuida, las hace crecer, a veces en su ego, a veces en los poderes que adquieren en nuestra imaginación. ¡Y vaya si podemos tener imaginación, cuando se trata de eso! De ahí que tenemos dragones y dragones... con lo cual pienso: podíamos sacar una serie completa a partir de una tipología: "Cómo convertir en mosca, al dragón con alitas de mariposa", "Cómo convertir en mosca, al dragón que vuela en círculos"...

Silvia Parque

lunes, 21 de julio de 2014

No es justo

Van a ser ya muchos años que anoté esta frase, de la película Laberinto:

"'No es justo'. Lo dices tan seguido. No, no es justo. Pero así son las cosas". 

No recuerdo la historia; hace unos días me topé en Youtube con una canción de la peli y hasta ese momento me enteré de que participó David Bowie. Hoy he ido a buscar la sinopsis para no descontextualizar la frase, aunque sí recordaba bien que en el momento en que se dice, le está planteando a la protagonista: "¿sigues tu camino, o no?" Tal vez me recordó a mi mamá diciendo: "Nadie dijo que la vida fuera justa". La idea es: "las cosas son como son; puedes seguir adelante o quejarte; aunque tengas razón, quejándote no sigues adelante". Creo que los adultos debemos hacerle a los niños un hogar lo más consistente posible; eso se traduce en experiencias de "justicia" [las comillas son importantes]; así les equipamos con recursos anímicos y cognitivos para distinguir ese valor y re-crearlo. Pero también, los adultos a cargo acompañan al niño en sus encuentros con lo injusto y le impulsan a sobreponerse o acongojarse.

El encuentro con lo injusto es parte del dolor común al crecer; no tiene que ser un suplicio, pero algo se rompe...

Lidiar asertivamente con la injusticia es evidencia de madurez.

En los pasados servicios dominicales de la Iglesia, disfruté parábolas de futbol que me dejaron clara la importancia de estar preparados para cuando el juego se pone sucio y el árbitro no es eficaz o simplemente es injusto. Se trata de ganar jugando limpio, haga lo que haga el oponente. Lo común es concluir que eso no se puede, pero si se admite que los jugadores deben ser suficientemente buenos para aguantar minutos extra, para soportar un clima diferente al del lugar que habitan y para mantenerse concentrados pase lo que pase en las gradas, también habría de admitirse que en el futbol real, los jugadores deben ser tan buenos que se sobrepongan a la injusticia; al menos, hasta el nivel de injusticia que permite seguir jugando (supongo que habrá una magnitud de lo injusto, que haga necesario dejar el partido).

A veces "recibimos" injusticia y lo que se está jugando es la vida profesional, la supervivencia de la familia, la realización personal. Situar el caso en perspectiva, disminuye y hasta desaparece la irritación que viene con la frustración. Pero sentir disgusto es cuerdo, y es legítimo no solo querer que lo injusto termine, sino hacer lo que podamos para que termine. Esto último se pone complicado ante la tentación de la venganza, el autodominio que hace falta para no hacer nada innecesario, la dificultad de deslindar lo que es verdaderamente justo de lo que es nada más algo que queremos que sea.

Silvia Parque

martes, 22 de abril de 2014

La locura del rito de lo que no importa

He subido la persiana uno del ventanal de mi casa. Y no me deja en paz. A mí me gustaría subir la persiana uno y la persiana dos; pero el artilugio para detener en alto cada persiana, no puede solo con el peso que se supone que detendría, y necesito usar los artilugios de ambas persianas para una sola, que siempre ha sido la persiana dos. Ahora se mojó la persiana dos, y es más conveniente que suba la persiana uno.

Me siento, marco un número de teléfono, enciendo la laptop, pero no estoy en paz. Miro de reojo al ventanal. Quiero subir la persiana dos.- - La persiana dos arriba. - - La dos. - - No la uno.

Así, cuando entro a Internet abro una pestaña para Facebook, otra para Blogger, una tercera para Twitter y al final, la de Youtube. En ocasiones, es: Facebook, Twitter, Blogger, Youtube, en cuyo caso, en cuanto están las cuatro pestañas abiertas, muevo la de Blogger para que aparezca en segunda posición, y no en tercera. Muchas veces, no abro Youtube sino hasta después de un rato; siempre, al final.

A veces, la noción de que está una medio loca, se convierte en certeza.

Silvia Parque

jueves, 10 de abril de 2014

Del odio a recuperar la libertad

En un tiempo extrañamente lejano, cuando atravesaba por un tenebroso capítulo de lo peor del mundo me mata y tortura el cadáver devastado de mi alma, odié por primera vez. Como suele suceder, lo que sentía fue aminorando. Al cabo de unos meses, sinceramente deseaba que esta persona objeto de odio, tuviera una buena vida en otro planeta. Me resultaba tan desagradable su presencia en mi mundo, que :
1) el desagrado me la hacía presente aunque en la cotidianidad estuviera fuera de mi vida y
2) limité mi mundo para no toparme con su presencia, ni con su persona, ni con su rastro ni con objetos (situaciones, cosas) que pudieran asociársele.

Llegó el momento en que noté que había pasado buen rato sin recordar algo en relación con esta persona y me causó gracia notar también, que no recordaba sus apellidos. Obviamente, el notarlo terminó el periodo de no-recordarle y concluí que por una cosa u otra no podía dejarle atrás. Creo que el principal problema era que limitar mi mundo en función de su existencia, me fastidiaba y le mantenía presente. Hay personas cuyo trato evité porque se asocian con personas que se asocian con esta persona. Y lo mismo hice con lugares, actividades y demás: música, películas, etc. ¡Vaya!, como terminar con una pareja -y es que tal vez sea cierto que nada más se odia lo que se ha querido-.

Afortunadamente, la vida se mueve y me encontré en otra cosa. Ya sin heridas abiertas y sin odio, empecé a tomar medidas para dejarle atrás efectivamente, porque el odio se va pero deja resaca de resentimiento.  Dejar atrás implica aceptar las pérdidas -que pueden ser muchas- y eso es duro. Hay quien dice cosas como "le das mucha importancia, no se lo merece"; pero hay que tragar con todas sus letras, la verdad dolorosa de que esa persona y lo ocurrido fueron importantes. Hay que dejar fluir todo el dolor de esa importancia para transitar al "ya pasó; no es importante ahora".

Es difícil, pero está valiendo mucho la pena: he dejado de limitar mi mundo y es como recuperar la libertad.

Silvia Parque

lunes, 24 de marzo de 2014

De lo que se guarda muy-muy adentro

Hay cosas que se quedan guardadas muy-muy adentro, antes de que hubiera un lugar para guardar cosas. No se puede llegar a ellas sino siguiendo pistas, en un camino intrincado de lo que no se ve, no se puede, no resulta -hasta eso: las pistas se repiten tanto que no hay oportunidad de perder una-.

Como se forman los hongos alrededor de un insecto que quedó en un resto de comida, alrededor de estas cosas se forma lo que somos.

Es posible que un día, digamos un sábado por la mañana -como podríamos decir cualquier otro día-, la palabra entre por esa capa enorme de actitudes, premisas y gestos, haga a un lado lo que le estorbe, y deje ver la seña de la pala que cavó el hueco de lo que hemos sido.

En ese caso, al día siguiente, si nos levantamos y amanece domingo, van a estar las mismas cosas guardadas, pero nada va a ser igual.

Silvia Parque

miércoles, 19 de marzo de 2014

Lo que toda mujer necesita oír cada día

Llegué a ESTE VIDEO tonteando por Facebook. La persona que lo posteó, escribió que lloró con él. Yo lloré de apretar la cara y sentir el pecho caliente. La página donde está, invita a verlo cada día. Supongo que a quien tenga asimilado el mensaje, no le hará falta la repetición. A mí, me vendrá bien.

Silvia Parque

viernes, 21 de febrero de 2014

Condición de imposibilidad

Lo peor que se puede hacer cuando algo es prácticamente imposible en un momento dado es portarnos con nosotras mismas como niñas latosas de tres años, jaloneando la microposibilidad teórica de que sea lo que no va a ser.

Si no estamos para respirar profundo y contar hasta diez, a lo mejor cabe un manazo psíquico: hay que hacer que la mente se esté quieta con lo que en un momento dado, no puede ser.

Silvia Parque

martes, 11 de febrero de 2014

Mr. Bean, el mezquino

Lo que te molesta de otra persona, es algo que hay en ti. No es tan simple, pero es. Si la molestia te "engancha", si lo que te molesta incluso no representa un perjuicio directo en tu contra, se trata de algo que está removiendo algo propio que rechazas. Así me molesta Mr. Bean. A pesar de que he sonreído -la verdad es que también he reído- con algunas escenas de su famoso programa, lo detesto.

Hoy he tenido uno de esos gags antes recurrentes: caída de objeto, golpe en la cabeza, recuperación de objeto, caída de otro objeto, etc., y pasado el raudal de torpeza, supe que no es la displicencia lo que me une al personaje, sino la mezquindad. Soy una persona con un comportamiento consciente contrario a lo mezquino; pero en el fondo, enterrado y tapado, hay un pozo de mezquindad. Aprecio que el señor Atkinson me permita no olvidarlo.

Silvia Parque

domingo, 12 de enero de 2014

Inteligencia espacial

La "inteligencia" puede entenderse, más menos, como la capacidad desarrollada para procesar información, de manera que se genere un resultado que solucione un problema, o bien, una conclusión -son diferentes: el resultado que soluciona, y la conclusión-. Entender así a la inteligencia es tan discutible como cualquier cosa que se haya dicho sobre ella, pero lo anoto como definición introductoria, para mencionar lo siguiente:

La "inteligencia espacial" es la capacidad para percibir y procesar la información en relación con la ubicación de los objetos, y a partir de esto, las posibilidades, por ejemplo, de sus desplazamientos. A una persona con alta inteligencia espacial, le es natural saber que un coche puede estacionarse en determinado espacio disponible, y no en otro. No soy de esas.

Tengo una fila de números en una base de datos, que debería ser igual a otra fila de números en otra base de datos; ambas, deberían ser filas de números sucesivos, del "1" al "X", pero solamente una termina en "X". Los errores están en una de las bases: se duplica un número, y se ha quedado un "18.1", "18.2", que debía ser "18", "19". Corrijo, y las filas quedan como se requiere: iguales una a la otra. Pero no tengo idea de cómo es que ambas llegaron a terminar en "X". No es aritmética, es un asunto espacial, igual que cuando giro una imagen en algún programa de Office: llego a los grados y la dirección del giro que necesito, por ensayo y error.

Perfecta sería chocante.

Silvia Parque

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Agotamiento

Encontré ESTE texto en el muro de Facebook, y me sentí profundamente identificada, excepto con la alusión a "ser guerrero", que no viene al caso en mi marco referencial.

No me había topado con una exposición tan clara sobre cómo se agotan las relaciones humanas, y punzantemente las relaciones amorosas, alrededor de tal figura: el agotamiento. "Agotamos a las personas", dice el autor. Y pienso que se agotan las relaciones -muchas, algunas- porque nos agotamos las personas; unas personas a otras, y tal vez cada cual a sí mismo al no ver o no ocuparse del propio agotamiento.

Usamos "agotar" para aludir a algo que termina, pero puede ser algo que se extingue o algo que puede recuperarse. Si se agotan los boletos para un concierto, no hay ni habrá más boletos; si se agota la gasolina del tanque del coche, se le puede poner más. Hay muchas variantes que pueden ser alegorías del agotamiento de las personas y de las relaciones... Si se agotan los boletos de un concierto, podemos buscar a un revendedor, pero el boleto saldrá más caro. Según me aleccionaron antes de mi primer coche, dejar que se vacíe el tanque de gasolina daña la bomba de gasolina. Sacar lo agotado de debajo de las piedras, puede llevar a lo que vimos en Parque Jurásico... o en Cementerio de mascotas. Pero es verdad, también, que hay cuerpos extenuados que se reponen con algo tan básico como sueño, agua y nutrientes.

Lo anterior, respecto a las posibilidades del agotamiento, o de lo que se ha agotado; lo terminante o temporal del mismo.

Lo valioso del texto está en lo ilustrativo que resulta sobre las maneras en las que nos agotamos. No podría agregar algo a eso, así que me limito a comentar mi experiencia: fue consolador, como alivio a una garganta irritada, ver las referencias a lo que me ha agotado; sentí legitimada mi debilidad, por la que estuve reclamándome un tanto ásperamente. Por supuesto, además, no habría podido escapar a la imagen nítida de cómo soy agotadora; lo sabía desde una perspectiva en la que puedo resultarme insoportable -a mí misma- de un modo culposo que no ayuda mucho a moverme de ahí. Así como lo expone el autor, resulta simple de un modo que comprendo más allá de entender. Me da calma como cuando hace años descubrí que las tres de la mañana no es un momento para seguir una discusión, aclaración o pelea. A las tres de la mañana hay que dormir, o al menos, dejar dormir al otro.

Silvia Parque

martes, 12 de noviembre de 2013

Temores


Leí a Susana, y pensé: "¡no tengo miedo!" A nada, excepto, claro, a lo que tengo miedo... Todos, por supuesto, tememos algo. Hace años, yo temía una cosa, otra, alguna más, y otra menos pero también. Luego mi vida se fue poniendo monotemática, y la pluralidad de miedos se dispersó para concentrar mi capacidad temorífica en el asunto alrededor del cual estuve orbitando. El temor concentrado creció, adornado con crisis de angustia... hasta que se presentó el monstruo. Y se acabó el miedo. Quedaron los efectos del susto, pero se acabó el miedo. En realidad no es cierto porque quedó un chorrito de miedo que mantiene el hábitat para el gran temor; pero el gran temor no está... Y los miedos que había antes y se dispersaron: tampoco

No es que yo sea ecuánime: me dan miedito los puentes peatonales de metal y los perros bravos. Pero eso no me impide nada; esos mieditos no cuentan.

Silvia Parque

martes, 15 de octubre de 2013

Gadgets encantados

Hace un par de meses ESCRIBÍ que mi blog con vistas dinámicas no me dejaba responder a los comentarios. Exploré por aquí y por allá, sin hacer caso a la sensata sugerencia de Dolega, de entrar en un foro de blogger para que me dijeran qué hacer. No lo resolví. Un día, estuvo resuelto.

Ahora no puedo agregar gadgets al costado del blog. Y mi alma tipo tetris busca con afán que la extensión de las entradas sea la misma que la extensión de la barra lateral. En lo que mágicamente se resuelve, respiro.

Silvia Parque

lunes, 7 de octubre de 2013

Meter la pata

La metida de pata es un fallo difuso que tiene que ver con exceso o deficiencia, con la imprudencia de lo inadecuado; lo que no era bueno que fuera en ese tiempo, modo, lugar, o con esa persona... más "lo que no era bueno que fuera", que "lo que no debía ser". 

Mientras nos equivocamos más en las áreas en las que no somos especialistas o en lo que no ponemos atención, las metidas de pata son más propias de los asuntos centrales en nuestras complicaciones vitales, y son más comunes justo en aquello a lo que le ponemos demasiada atención.

Mientras que la palabra "equivocación" refiere específicamente la elección o acción que no es un acierto; la ilustrativa expresión: "meter la pata", refiere toda la animalidad del dueño de la pata y la brutalidad de la situación. Aunque resulte festiva para usarla con cuestiones serias, me parece que debería valorarse la gravedad a la que refiere: una vez metí el pie en una alcantarilla y fue terrible: perdí mi zapato y quedé impactada. 

Silvia Parque

lunes, 5 de agosto de 2013

Dejar y retomar

Hace unos años, pasé un buen tiempo sin llevar agenda. Quería fallar en una cita, olvidar algo. Para contextualizar, diré que en algún momento llegué a llevar registro de cada minuto del día que pasaba despierta -literalmente-, y que el análisis de esa información produjo meses de sobre-programación loca.

Luego de unos meses sin agenda, algo ocurrió: algo penoso e inofensivo, como olvidar un encargo. Sonreí ampliamente. Como la experiencia fue grata, la probé otra vez... y otra vez. Las cosas se acomodaban como podían, y dejé de preguntarme cómo cabría la vida en mi vida.

Cuando fue suficiente, y por el bien de mi carrera, volví a la agenda. Fue difícil, y se me quedó instalada la capacidad de fallar. Está bien.

Silvia Parque

sábado, 27 de julio de 2013

El Descartes de Dib, y yo

Mi  nombre no era René, pero hubiera podido ser... tal vez en su versión Reneé, para que fuera femenino.

Un día se me salió la vida de los cuadritos; se me revolvió la cabeza y me explotó el corazón. Me deshice.

Luego volví a hacerme. Descuadriculada.

Silvia Parque