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sábado, 20 de agosto de 2016

La lluvia en mi casa

Crecí en el desierto... Bueno, en una ciudad en un llano, pero con clima extremo y poca lluvia; con años de no llover. Así que cuando vine a Querétaro disfruté mucho la lluvia. Sus días y días de lluvia... Me causaba gracia cómo se despejan las calles en cuanto empieza a llover. A mí una mojadita me parece de lo más disfrutable. Luego fui conociendo el lado feo de la temporada, que no es culpa de la lluvia, por supuesto: la ciudad se inunda en varios lados, el tráfico se obstaculiza y no sé ahora, pero hace unos años, el drenaje del centro de la ciudad era un desastre, así que las limpias calles queretanas podían ser una cochinada al día siguiente de una lluvia fuerte. 

De cualquier forma, me gusta la lluvia. Lo que no me gusta es estar sola cuando hay truenos y rayos. Me da un miedo animal; sé que no va a pasar nada, pero me impresiona y siento miedito... un miedito adquirido con los años: no estaba cuando era chica. Tal vez porque tenía su punto rico sentirlo en brazos de alguien, quién sabe... Afortunada o desafortunadamente, la preocupación realista hace a un lado el temor. El agua se mete a mi casa por la ventana de la recámara, la ventana de la sala, la ventana del estudio, una gotera en el baño, la parte de abajo de la puerta y dos ventanas que están sin vidrio en este momento. Un poquito por aquí, un poquito por allá, pero cuando la lluvia dura, acaba siendo bastante.. 

Ahora llueve. A mi niña dormida, parece que ni le va ni le viene. Cuando estaban las tortugas, lo sentían. Hasta el momento, no hay casi nada mojado, y espero que siga así. 

Silvia Parque

miércoles, 13 de enero de 2016

Frío

Vine del rancho grande a vivir a una de las ciudades más seguras del país. Disfruté mucho caminar por el centro en la madrugada, sola, sin riesgo. Las cosas cambiaron en esa materia. ¿Pero tenía que cambiar el clima, también? Aquí los inviernos eran coser y cantar. Ahora me hace falta otra cobija.

Silvia Parque

domingo, 3 de enero de 2016

Mover o no mover

He ido a pasear al centro de la ciudad. La he pasado de lo mejor. Éramos dos mujeres, cada cual con su cría, por lo que la plática pudo incluir cualquier cantidad de datos intrascendentes sobre lo que las bebés hacen, lo cual disfruto muchísimo. Pero llegué a casa con los pies molidos y una pierna acalambrada. Yo no quería, pero me temo que en serio necesito hacer ejercicio. Cada enero que me lo propongo, termino abandonando el propósito al cabo de semanas; con ese antecedente y habiendo otras cosas que me importan más, ni pensé en pensar en moverme... pero sería muy conveniente.

Silvia Parque

lunes, 24 de marzo de 2014

Pensando en la tarde en el centro

Yo vivía en el centro de la ciudad. Ahora vivo cerca de un extremo. Eso significa reorganizar tiempos y rutas, sobre todo considerando que mis actividades y "pendientes" tienen lugar en el centro o cerca del mismo.

Fue delicioso vivir en un centro tan bonito. Amé que mi cotidianidad tuviera lugar entre sus plazas y jardines, pero era difícil instalarme en un departamento céntrico, y sabía que, además, cambiar de coordenadas podía espabilarme para asumir que estoy en una etapa diferente de mi vida.

Es fácil justificar que entre lo que gano de espacio y lo que pago de renta, se compensan los tiempos de traslado y los gastos que puede ocasionar la distancia; pero en realidad, la decisión de en dónde duermo tiene más que ver con dónde dice el corazón "de aquí soy", que con otras cosas.

Silvia Parque

martes, 18 de febrero de 2014

Una entrada en relación con el holocausto, la violencia en México y hacernos responsables

Inma cuenta, en La seta y Schlinder, el encuentro de su hija adolescente con La lista de Schlinder. Sobre el tema de mi interés en este momento, resalto el siguiente parecer de Inma: "cuesta comprender la actitud del pueblo judío dejándose hacer al principio, luego ya no había remedio [...]". Cito también su apreciación sobre la manera en que su hija entendía el episodio histórico, al menos hasta antes de la película:
en su mente no está claro el hecho de que para que los judíos llegaran a ser ingresados en campos de concentración y gaseados, tuvo lugar un proceso largo y escalonado de irlos despojando de sus derechos gradualmente.
Creo que todos aprendemos Historia un poco asimilando como fantasía lo que pasó antes de que naciéramos y como si la vida hubiese sido una serie de recuadros bien demarcados, a veces con el contenido caricaturizado. Recuerdo cuando un profesor de secundaria nos dijo que no había hora de inicio de una revolución; hay una fecha que recordamos porque es el día de una batalla, de una declaración o de otro hecho importante, pero los eventos históricos son parte de procesos históricos. Entender esto es fundamental, no solamente para entender la Historia, sino para entendernos como sujetos históricos y comprender la realidad que vivimos.

Entre los comentarios a esta entrada de Inma, está el de Emy Tecuento, que dice, entre otras cosas, lo siguiente:
Un emigrante serbio que daba clases de apoyo (física y química) a mi hijo, le contó que estamos respirando el mismo ambiente previo en nuestro país, a lo que pasó en el suyo. Parece imposible, ¿verdad? Como tú dices, en Alemania tampoco surgió de un día para otro [...]
Lejos estoy de poder opinar algo fundamentado sobre la situación social de España -asumo que se habla de España-. Voy a referirme a la interrogante sobre las razones de los judíos para permanecer en la Alemania nazi y a la sensación del profesor serbio. No sé si es una pregunta que nos hacemos todos los que llegamos al tema de la Segunda Guerra Mundial en la escuela; pero por lo que veo, no es una pregunta que solamente yo me haya hecho.

Cuando empezaron a ponerse mal las cosas: ¿por qué no se fue de Alemania, todo el que tenía recursos para irse? He tenido conversaciones interesantes al respecto con alguna persona que sabe mucho más que yo de Historia. Luego tuve la experiencia de ver cómo el lugar donde vivía se convertía en un lugar peligroso en el que muchas personas aseguraban que no pasaba nada. Ser mujer pobre era estar en riesgo de "ser levantada", torturada, y asesinada; pero a muy pocos les importó, hasta que la violencia se extendió y cada familia tuvo su anecdotario en relación con el crimen o con la policía. Incluso en ese momento, creo que la mayoría no pensó en irse. Será el apego al territorio, la esperanza de que a cada cual "no le va a tocar", la escala de prioridades por la que una familia no va a dejar el sitio donde el papá tiene un trabajo y ya casi está pagada la casa.

Yo, el día que vi mi primer muerto cerca, decidí que me iría. La primera vez que la "desparecida" era alguien cercana, supe que no iba a regresar.

Hay quien dice que "en todos lados pasan cosas", pero no es verdad que en todos lados pasen cosas así: no en todos lados las personas tienen que asegurarse de mirar fijo hacia adelante cuando se les empareja una camioneta, para no arriesgarse a que el conductor se moleste porque le han visto y se baje a amenazarlos con un arma de fuego. No en todos lados, cuando se habla de un lugar, el referente es "donde dejaron una vez una cabeza". Pero tampoco fue siempre así donde ahora es así.

Recuerdo los primeros carteles buscando a muchachas desaparecidas. Recuerdo mejor la respuesta machista e indolente, por no decir criminal del gobierno en turno. Recuerdo mucho mejor la indiferencia de las personas ante la situación y el fastidio o la burla con la que se veía a los "mitoteros" que insistían en que estaba pasando algo.

Yo me fui.

Llegué a un lugar seguro en el que se puede caminar a gusto por las noches, hasta de madrugada, por el centro de la ciudad. He vivido aquí durante unos seis años. Muy parecido a lo que vi en el lugar del que me fui, he ido viendo aparecer carteles o notas sobre muchachas desaparecidas. He ido leyendo cómo estas desapariciones son minimizadas y hasta negadas. Nos gusta vivir en un lugar tranquilo y sentirnos lejos de la mucha violencia en los estados cercanos. Yo no voy a quedarme cuando pase lo que mi experiencia dice que sigue -ojalá esté equivocada-.

Creo que hay que hacernos responsables de nuestra posición en el mundo. Habría que empezar por cuidar lo que sale de nuestra boca en relación con los actos, eventos o procesos de discriminación y violencia, por cuidar especialmente lo que decimos en alusión a la caracterización de una persona o grupo social. No es por ser políticamente correctos; es por respetar: ahí está parte de la expresión de nuestra posición en el mundo. Luego, habría que saber con claridad cuál es tal posición (hasta quedarse en medio es una posición). Es menos difícil actuar correctamente cuando sabemos cuál es nuestra posición y por ende, qué es lo correcto para nosotros. Finalmente, hay qué ver de qué manera, desde nuestro lugar y nuestros medios, contribuimos más o menos a que el mundo gire como está girando, cómo podemos no contribuir o bien, cómo podemos contribuir a un cambio de rumbo (para tomar la decisión que sea, contribuir a una cosa o a otra).

No podemos huirle a nuestro lugar en el mundo. Podemos hacernos tontos, pero tenemos un lugar en el mundo y jugamos una posición; eso no es nada más para los políticos, los gobernantes o los militares. Somos responsables de cómo ocupamos ese lugar en el mundo, y de asumir la posición en la que estamos. No se trata de salvar al mundo. Qué bien por los que tienen esa vocación, se les necesita; pero no es la vocación de todos; simplemente hay que tener conciencia de dónde estamos parados...

Pepe Cahiers comparte en su blog, el video de un fragmento de la película "Vencedores o vencidos", en el que se muestra un horno crematorio -de un centro de concentración nazi-, con su correspondiente placa con el nombre de la firma del fabricante. Esas personas que hicieron negocio vendiendo cosas como ésta, no eran monstruos depravados; seguramente eran gente trabajadora con una familia para la que deseaban lo mejor; se han de haber dicho cosas como: "yo solamente hago esto; para qué utilicen esto que hago, no es mi asunto; se dice que lo utilizan para tales cosas, pero a nadie le consta".

Silvia Parque

miércoles, 6 de noviembre de 2013

De mi gusto por las vacaciones a la vida temática

Ha sido caminar por el centro a mediodía, y comprobar -no había necesidad- que lo mío es ir por la libre. Viví con esta sensación mientras me dediqué a la docencia universitaria. Ahora que estaré escribiendo, ya gozo las mañanas y las tardes del año que viene, estrenada como "trabajadora autónoma" (según wikipedia: "cuentapropia" o "independiente").

Más de una persona me ha preguntado de buena fe, si estoy segura de que me conviene dejar un trabajo estable, como subrayando: estable. Estaba segura de que lo haría, aunque tuve que reflexionar sobre el momento para hacerlo; una vez decidido el momento, estuve segura también de eso. Sé que me va a ir bien, como sé cuál es mi fecha de nacimiento, porque ese no es mi "tema". Tengo una teoría sobre la vida-temática, que no recuerdo si he expuesto por acá*...

Creo que la vida de cada cual se trata de "algo" y con eso de lo que no se trata, no hay problema; así como en las películas. Si la película de aventuras se centra en lo difícil que es ocultar la identidad, no hay problemas de salud aunque los protagonistas atraviesen el desierto y la montaña; no los habrá porque no son parte de la trama... creo que parece que estoy diciendo una verdad de perogrullo, pero el paralelismo con la vida no es necesariamente evidente, y sostengo que está ahí: nuestra vida se centra en una o varias complicaciones, y lo demás lo tenemos despejado; en cuanto una reconoce de qué se trata, puede aprovechar todo lo que está despejado. Es una maravilla.

* Sí: empecé a hablar de esto aquí: Cambiando el tema del año.

Silvia Parque

domingo, 20 de octubre de 2013

Salir

Como disfruto mucho lo que hago frente a la laptop, como duermo extra los días que no trabajo, como hay fines de semana en que es necesario dedicarle un buen rato a eso de barrer, lavar y asociados... como a veces consentirme va en plan yo-conmigo-misma-y-nada-más... soy capaz de transitar del viernes por la tarde al lunes por la mañana, sin haber salido más que al patio de la casa.

Pero no es bueno. Así que salgo, camino, veo cosas y a personas, y vaya que si resulta bien sentir el aire en la cara, hablar en vivo, la calma del paseo, la novedad del afuera

Silvia Parque

domingo, 4 de agosto de 2013

Fresas cubiertas de chocolate

Alguna imaginería sobre el mercado abunda en recreo de colores folclóricos y olores naturales, yo creo que intelectualizando o anclada a la mitad del siglo XX. En los mercados que he conocido en Querétaro, y el que tengo más cerca no es la excepción, encuentro suciedad y miseria; no nada más eso, pero eso es suficiente para ahuyentarme. Me gustan más sus frutas y verduras que las del supermercado, y en eso -casi nada más en eso-, sus precios son mucho mejores; usualmente mis frutas y verduras vienen de ahí; pero usualmente yo no voy por ellas. Excepto que tenga antojo de domingo. El domingo hay un locatario en el último pasillo antes del estacionamiento, que varía su oferta para incluir, entre otras cosas: espadas de fresas cubiertas de chocolate.

Silvia Parque

domingo, 14 de julio de 2013

Las calles del centro de Querétaro

Camino las calles del centro de Querétaro varias veces a la semana, y cada vez las disfruto. Pero no es lo mismo caminar para llegar a algún sitio, que pasear. Al pasear, despacio, con sonrisa de paseo, se aprecian mejor los colores de las hojas de los árboles o la dignidad de la parte alta de los edificios; regocijan la vista.

Me gustan los andadores, especialmente cuando no tienen gente -por ejemplo, en la madrugada-; pero me siento de fiesta cuando son vacaciones y están llenos de turistas tomando fotos. Por la tarde-noche, algunos lugares empiezan a bullir, y una se alegra.


Silvia Parque

viernes, 21 de junio de 2013

Orden completa

El precio de una orden de enchiladas queretanas en Cenaduría Blas, es de $45. El precio de media orden es de $40. No conviene pedir media orden.

Como las varias enchiladas de mi orden-completa. No recuerdo cuántas fueron, pero la penúltima no era necesaria y la última era demasiado.

Si hay próxima vez, gastaré en no comer tanto.

Silvia Parque

viernes, 29 de marzo de 2013

Semana Santa en el Barrio de La Santa Cruz

Rezan el rosario afuera de mi casa; se va acercando el sonido y la calle va a llenarse de gente. Entonces voy a cerrar  la ventana. [Una casa en el centro de la ciudad tiene algo de atracción turística, que da una especie de permiso social a la gente para asomarse con indiscreción y dejar basura en la cornisa].

Oigo la lectura de un Misterio. En eso es fácil no poner atención y concentrarme en lo que estoy haciendo. Pero luego cantan, y las letras siempre me ponen a pensar, y muchas veces me emocionan. Ahora el Padre Nuestro... a ese no me puedo sustraer... Hora de cerrar la ventana.

Silvia Parque

Para el viacrucis

Ayer mi vecina aprovechó que había luz y ruido en mi casa a la una de la mañana para pedir por favor a mi esposo, que le ayudara a colgar adornos en la ventana. Así se prepara la calle para el viacrucis de hoy.

Recordando la hora de las anteriores peticiones de ayuda -anuales-, empiezo a pensar que no se trata de que ella deje las cosas para el último momento: tal vez es parte de la tradición: barrer las banquetas y adornar, bien entrada la noche.

Silvia Parque

viernes, 8 de febrero de 2013

Si me permiten señalar que buena parte del tiempo no soy una "señora fodonga"...

Vivo en el centro de la ciudad. La calle de mi casa topa con una calle importante en donde hay cafés, restaurantes, bares, antros y teatros, así que ya sabía a lo que me exponía, mucho más en viernes; pero el reloj marcaba cerca de la medianoche y yo estaba muy a gustito. De cualquier modo me quité las pantuflas y me puse los zapatos. Pensé que la pijama no se notaba tanto debajo de la chamarra, y que el despeinado no se notaba tanto con la oscuridad. Pero en la tienda hay suficiente luz, y unos diez jóvenes arreglados para gustarse entre sí.

Silvia Parque

sábado, 17 de noviembre de 2012

Querétaro... la leyenda

Estoy impresionada con "Querétaro... la leyenda", obra de Luis Rabell que se presenta en el Corral de Comedias... y en los callejones de alrededor.

Los diálogos de los personajes son fascinantes. Los personajes a la manera de Rabell, son fascinantes. Las imágenes logradas...

Si ya tiene lo suyo nada más estar en el Corral, no se diga con la puesta de "Querétaro..."

Silvia Parque

sábado, 13 de octubre de 2012

Ja-Ja Jamlet

Querétaro está lleno de teatro. En el centro siempre hay algo bueno que ver.

Yo me he reído mucho con Ja-Ja Jamlet, hoy. Mientras esperaba la función, disfruté el espectáculo del joven de espalda ancha encargado de la taquilla (y de las luces): movió su mesita-taquilla a donde fue juntándose la gente, se arrodilló a vender, apuntar, guardar, se levantó y cargó su mesita-taquilla un metro más lejos, para volver a arrodillarse -espalda muy derecha- y vender, apuntar, guardar: una mezcla de rutina de gimnasio y ritual con mesa de té.

Me dejaron pasar con mi capuccino, y el boleto me hace acreedora a un descuento en cualquiera de las otras dos obras que tiene montada la compañía; ¿qué más se puede pedir?

Silvia Parque

martes, 9 de octubre de 2012

Dando la vuelta

Hoy me ha causado gracia la expresión "ir a dar una vuelta", para indicar "salir de paseo".

Un amigo y yo dimos unas siete vueltas a la zona del centro en la que estábamos, porque no había un espacio libre de estacionamiento. Para cuando decidimos salir del área del centro, ya había pasado un buen rato.

Tomamos café en cualquier sitio. Luego me llevó a mi casa, por uno de los caminos más largos que alguien pudiera imaginar.

Seguro pasamos más tiempo "dando la vuelta", que en el lugar al que llegamos.

Silvia Parque 

viernes, 28 de septiembre de 2012

Rib 90

He comido algo literalmente único: uno de esos platos exclusivos del lugar, la "especialidad de la casa".

Quise entrar ahí desde que estaban por inaugurar el sitio y ha sido una experiencia no solamente deliciosa, sino memorable, por el buen trato de los anfitriones.

Se llama "San Miguelito"; está en La Casona de los cinco patios, un lugar obligados en el guión turístico del centro de Querétaro.

Silvia Parque

viernes, 31 de agosto de 2012

Tomando-té

La temporada de té parecía haber terminado sin gran éxito, pero toma bríos esta semana, y hace unas horas se instaura en definitiva. Para elegir, olí el misterioso contenido de un recipiente de vidrio.

Mientras bebo, la plática se expande.

El té tiene esa gracia: puede dejar que la plática protagonice; también es especial cuando una está sola con él: como que la deja a una estar... creo que es cosa de la densidad, de su ligereza.

Tomando-té se encuentra en Independencia 128, en el Centro Histórico de Querétaro.

Silvia Parque


lunes, 6 de agosto de 2012

A un costado del camino

Cada mañana, de lunes a viernes, camino hasta el lugar donde abordo el autobus escolar. Casi al final del trayecto, paso por un costado de La Alameda: un espacio verde que todavía se considera en el centro de la ciudad.

A veces, exponen fotografías en las rejas que circundan La Alameda. Esta vez, las reproducciones enormes son de animales: "Biodiversidad mexicana". Apresuro el paso, muy cerca de las fotos; veo aparecer y desaparecer los paisajes; me emociono con la hermosa tortuga marina.

En la esquina, pongo atención al semáforo y cruzo la calle. Me gusta hacerlo cada día.

Silvia Parque

martes, 17 de julio de 2012

Café en María y su bici

Anoche cené en María y su bici, un restaurante de comida oaxaqueña al que me hacía ilusión volver. Pedimos una tlayuda para compartir entre dos; mi acompañante pidió un jugo de naranja, y yo un café de olla. Extrañamente, el café me supo picante. Pregunté al mesero si me había servido un café "común y corriente", y dijo que sí; preguntó qué pasaba, le expliqué, y retiró mi jarrito. No hice un reclamo; hice una pregunta. Él se portó con la amabilidad que correspondía.

Casualmente, estábamos en una mesita para dos, junto a la cocina, así que pude ver y escuchar tratar el asunto de mi café, a quien según entendí, es la dueña del lugar: la señora María. Parecía molesta al asegurar que el café no picaba, y al preguntar: "¿qué quiere, que se lo cambien?" Tal vez son sus gestos y tono de voz normales; mi acompañante los interpretó peor que yo, porque su reacción fue un "nos vamos en este momento", que cedió ante mi silencio. El mesero me llevó otro café, tan bueno como el que recordaba habar tomado alguna otra vez en el lugar.

Silvia Parque