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jueves, 27 de enero de 2022

Tengo frío

Hay quien dice que Chihuahua no ha vuelto a tener los fríos de cuando yo era niña, pero mis años en Querétaro me movieron el termostato con el que nací y yo ahorita tengo mucho frío, casi el frío que duele. 

Hemos estado bajo cero las últimas madrugadas; pero mi hija, tan campante; nada friolenta, esa criatura; hay que estar pendiente de que no se quite los calcetines y tremendo disgusto se llevó hoy porque decreté que solo se puede jugar con agua en primavera y verano.

Ojalá todo el mundo tuviera donde resguardarse, con qué abrigarse.

Silvia Parque

lunes, 15 de octubre de 2018

Abrigar a las criaturas: mitos y neurosis

Esta mañana, el papá de B tocó a la puerta con insistencia poco habitual. Lo habían regresado de la escuela para que le llevara a la niña una chamarra. Le llevó un suéter. Resulta que maestras y madres a mi alrededor creen que esta mañana hacía mucho frío. Y estaba fresco, pero ¿mucho frío? ¡Estamos en Chihuahua! ¿Que va a ser de las criaturas en invierno si con una mañana fresca de otoño hay que ponerles chamarra?

La verdad es que estuvo bien que le llevara el suéter porque, al contrario de lo que pasa normalmente, hoy no se fue poniendo templadito. Un frente frío asociado con la tormenta Tara provocó un viento fresco todo el día y, como se pronosticó, ahora que es de noche está bajando la temperatura. De cualquier modo, aunque no le hubieran atinado a su apreciación sobre la necesidad de abrigo, valoro que cuiden a mi niña.

Exageración o no en este caso, creo que hay una mitología sobre el frío y las criaturas, construida alrededor de la neurosis materna.

Desde septiembre, me he topado en el camino al kinder a mamás con camiseta de manga corta llevando de la mano a niños o niñas con suéter e incluso chamarras gruesas con gorro. Al menos hoy, también ellas sentían el frío del que protegían a sus descendientes. Al parecer hay una creencia arraigada de que niñas y niños sienten más frío que las personas adultas. Yo leí por ahí que es al revés, que su organismo funciona de tal modo que sienten menos el frío. Pero supongamos que lo sienten igual que nosotros. ¡Y que a los que ya hablan, podemos preguntarles!

Hay una tradición típica mexicana que consiste en ignorar lo que hijas e hijos tengan que decir sobre su percepción de la temperatura y obligarles a abrigarse. A mí con B más bien me ha pasado que quiera seguir poniéndose ropa invernal cuando ya no corresponde. Normalmente, la dejo. Sin embargo, aquí el clima es realmente extremoso: así como en invierno se congelan las tuberías, en verano las personas pueden sufrir insolación, de modo que me he visto en la penosa necesidad de quitarle o ponerle una prenda contra su voluntad porque juzgo que debo hacerlo; pocas veces, de verdad; pero sí: he sido una de esas mamás.

Quiero pensar que en la base de mi comportamiento está la responsabilidad en relación con el cuidado y no la preocupación ansiosa que veo tanto. Y es que algo ha hecho creer a varias generaciones que el frío es malísimo para la salud de las criaturas. Parece que venía en algún Manual de la Madre que escribió alguien nacido en el Trópico. Y es verdad que es una lata tener a los pequeñitos acatarrados; además, con los bebés da miedo que se enfermen... pero se exagera. Los bebés son justamente los más perjudicados porque a veces ni quejarse pueden. He visto chiquitos envueltos en cobijas gruesas en pleno verano. ¿Qué pediatra recomienda mantener a los bebés calientes? Los consejos que yo recibí de profesionales fueron en un mismo sentido: que ni muy tapada ni muy descubierta.

Claro que cuando se tiene al primer bebé, una tiene que decidir cuánto es tapar o descubrir "mucho". Y sobrarán opiniones en todas direcciones. Siempre recordaré la visita de una amiga que se asombró al ser parte de la siguiente escena.- Ella llegó y me dijo que pobre niña, que la destapara; se quedó en la recámara y le tocó ver a mi abuela entrar y decir que pobre niña, que la tapara; luego vio llegar a otra amiga que también dijo que pobre niña, que la destapara. En un ratito. [Lo de "pobre niña" puede que no sea exacto, pero seguro emplearon expresiones equivalentes.] Los primeros meses de un bebé mexicano son para la madre una sucesión de "tápalo", "destápalo", en la que predomina el "tápalo". No importa la estación del nacimiento.

De este modo llegamos a que hoy, en una ciudad de otro Estado, mi hermana puso suéter a mi sobrina, aunque estaban a 25°, para evitar que la devolvieran de la escuela.

Silvia Parque

martes, 12 de diciembre de 2017

Cultura del frío en Chihuahua

Chihuahua es un estado de clima extremoso: hace mucho frío en invierno y mucho calor en verano. Apenas ahora para escribir esto me pregunté si estaba bien empleado el término: parece que sí.

"La Ciudad de Chihuahua bajo la nieve", en Wikipedia
Hablando del frío, es costumbre hacer algunas cosas que no hacen falta en otros lugares, como encontrar el modo de que las tuberías no se congelen, por ejemplo, envolviéndolas con trapos. Algún año, en mi casa, cuando era niña, también se colocaron hules en las ventanas para aislar. En mis recuerdos hay muchos de estos "recursos" en relación con el frío: el olor de la infusión de canela, oír "tápate la boca" al salir, las chamarras de pluma de ganso comunes en los años ochenta: mi abuelo llevaba una de esas toda la temporada, fuera y dentro de la casa. Tuvimos un calentón de petróleo; supongo que ya no se usan.

Creo que todavía suspenden clases cuando está helando. La mayoría de las escuelas públicas no están acondicionadas para que los niños y los profesores permanezcan ahí sin congelarse o al menos sin que se les congelen los pensamientos. No es raro que ya acercándose las vacaciones de navidad, el horario escolar se reduzca para que el turno matutino inicie más tarde y el vespertino termine más temprano.

Las personas tienen sus teorías sobre los "efectos térmicos": dormir siempre bajo las sábanas y no entre cobijas;  llevar varias capas de ropa aunque sean delgadas, en vez de una sola prenda aunque sea gruesa. Se ponen de moda unos materiales u otros: sábanas de franela, cobijas de lana... Aunque muchos recordamos que antes no había nada mejor que las cobijas "San Marcos" con su dibujo de león. Hay quienes mantienen su casa cerrada: "ciérrale, ciérrale, que se mete el frío". Hay quienes abrimos la casa por la mañana para que salga el frío. Tener coche -aquí es "carro"- implica usar anticongelante, aprender a quitar el hielo mañanero del parabrisas y estar pendientes si hay hielo en las calles.

No faltan las colectas de cobijas y las campañas de "abríguese bien". La mayoría, sobrevivimos. También hay muertos: por intoxicación de monóxido de carbono y por frío, es decir: por desamparo.

Silvia Parque

jueves, 7 de diciembre de 2017

Mucho frío

Hoy ha hecho tanto frío que B aceptó abrigarse. Una tía nos ha traído más cobijas. Tenemos calentón, pero no lo he prendido porque creo que conseguimos mantenernos bien así y prefiero esperar a usarlo cuando sea imprescindible: puede llegar a ponerse helado.

El frío duele. Y mata.

He visto a B tiritar de frío en breves momentos, en el baño o saliendo del baño; habrán sido segundos o minutos, pero por supuesto: me encargo; la cubro, froto mis manos sobre su cuerpo, la abrazo. No quiero que mi hija se enfríe un momentito. Así que pienso en la gente que tiene a sus hijos pasando frío y se me encoge el corazón.

Ahora mismo me duelen los dedos de las manos, ayer me dolieron los dedos de los pies. Se pasa con que los mueva. A los pies los puedo cubrir con doble calcetín. Podría cortar los extremos de unos guantes para usarlos dentro de la casa. Al rato me meto bajo las cobijas y ya está. Pero si a mí me duele, ¿cómo estará la gente con casas en mal estado, la gente que está en la calle?

Silvia Parque