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viernes, 11 de febrero de 2022

Surgen los medios

 Hoy tuve oportunidad de hablar con una maravillosa mujer que se dio la oportunidad de hacer cambios importantes en su vida; unos cambios que le permiten estar bien, pero que implicaron quedarse sin los medios económicos y materiales que conocía para sostenerse. Se atrevió y medios nuevos surgieron. Sé que no todas las historias son así, pero yo soy creyente: creo que si nos ponemos en manos de Dios y nos encaminamos por donde nos corresponde, Él acomodará todas las cosas.

Silvia Parque

martes, 25 de enero de 2022

Buen día

Hoy ha sido un buen día. Estoy cansada desde la mañana porque me levanté de madrugada a preparar clases y tuve tanto frío en algunos momentos, que anduve con chamarra para la nieve dentro de la casa. Pero, ¡qué clases tengo que preparar! Son una gozada. Y gracias a Dios hay una chamarra para la nieve en mi ropero -ahora mismo, está sobre el sillón-.

Mi trabajo es un privilegio. Los cursos son exactamente lo que me interesa abordar, de modo que me pagan por estudiar lo que me gusta y compartirlo. Y la universidad es un sueño porque al dedicarse a formar "en educación", todo el mundo está en sintonía en cuanto a la importancia de lo pedagógico, las relaciones humanas, el desarrollo socioafectvo, etc. Tiene su complicación dar clases a distancia; prefiero estar en el salón y ver rostros -solo veo la letra inicial de los nombres en el recuadro que ocupan en la pantalla-, pero ya que esta es la situación, pues ahorro el tiempo y dinero del traslado. Además, cuando salgo de la recámara donde me encierro -por ejemplo, para hacerme un café-, veo a mi niña.

Ella brilla. Por la mañana, amanece con una sonrisota y me busca para que la apapache. El semestre pasado, cuando empecé a dar clases, debí perderme esos momentos de lunes a sábado; gozo tenerlos estos días, de aquí a que volvamos a lo presencial. Estoy disfrutándola mucho, mucho. Hoy ha coloreado el dibujo de un objeto, en la caja de ese objeto y me emociona que consigue hacerlo respetando los límites de la imagen: es la gran cosa, para esta familia; como todas sus palabritas: su "buenos días", su "te amo". 

Todavía estoy enamorada de ella. Supongo que un día, deja una de embeberse contemplando a la criatura. Yo sigo viendo su carita y pensando: "qué perfecta". Sigo enterneciéndome con sus bostezos, sus estornudos, su todo, como cuando tenía dos meses. Trato de no quedarme mirándola al comer, por ejemplo, porque debe ser raro que tu mamá te esté viendo masticar y tragar; pero me gusta tanto... Afortunadamente, muchas veces como cuando está comiendo y ahí sí: "cuando como no conozco". 

Hasta eso fue más que bueno hoy. Hace varios viernes que pido comida a un lugar donde cocinan bien sabroso. Como no había podido ir al mandado, decidí que hoy martes habría comida de viernes y QUÉ DELICIA: lo mío fue un platillo de enchiladas verdes con pollo, acompañado de arroz, frijoles y ensalada. Yo lo pediría todos los días con harto gusto. ¡Y la cena me quedó especialmente buena! Tortas de salchichas, que aquí se llaman winnies -las salchichas-.

Ahora, escribo esto bebiendo chocolate caliente con café, en una taza preciosa que me regalaron mi hermanita y su novio. El peso de la taza, la sensación del material cuando pongo la boca en el borde, son la gran cosa. Como dice Louise Hay: "Todo está bien en mi mundo".

Silvia Parque

domingo, 15 de julio de 2018

La bisabuela

Ayer nos quedamos a dormir en casa de mi abuela. Entre ayer y hoy, ella le hizo caballito a mi niña, le enseñó a aventarse en la cama como si en la cama hubiera agua, la invitó a nadar en el agua imaginaria, le mostró cómo jugar al tren, le siguió la corriente con su espectáculo de no quererse bañar y bailó con ella. Así ha ido siendo las últimas veces que la hemos visto; la veo disfrutar cada vez más el momento y hoy estoy encantada porque la recordé haciéndome feliz

Mis recuerdos de cuando era niña son complicados. Pero hoy ocurrió algo que operó como un switch para iluminar mi historia. Mi hija siempre quiere verse en un espejo grande que es parte de un mueble en el que hay fotos en portarretratos. Tengo que decirle varias -muchas- veces que los deje en paz, que deben quedarse ahí, que se quiebran -ya tenemos experiencia en eso-; pero hoy mi abuela los quitó para que la niña acabara de apropiarse del espacio. Esa fue la abuela con la que crecí: una mujer dándonos prioridad: haciéndonos felices.  

Podría dejar este post en presumir que mi hija tiene una bisabuela de ensueño o podría ahondar en la inesperada visión de mí misma -de ella conmigo- que tuve al verlas; pero quiero enfocar algo crucial: 

Hace no mucho fue por primera vez con un geriatra. El médico la comprendió y le dio un tratamiento que le devolvió la calidad de vida. Doy gracias a Dios por él y por su trabajo. Hay que buscar hasta encontrar la atención médica adecuada para estar lo mejor que se pueda.

Silvia Parque

miércoles, 6 de junio de 2018

Enferma y recuperada

El domingo por la tarde me puse mala, creo que me intoxiqué. Fui de mal en peor hasta el lunes por la mañana, cuando me estacioné en "mal" y a partir de entonces fui mejorando poco a poco hasta recuperarme ayer por la noche. Hoy amanecí como nueva, pero no porque me sienta bien, que sí me siento bien, sino porque la enfermedad fue purgativa del alma

Tenía mucho tiempo despertando sin ganas de levantarme, no porque no me gustara la perspectiva del día, sino porque me gustaba mucho más la perspectiva de la cama: por sueño, pues. Pero luego de dos días sin poder atender a mi niña -y dos días de descansar, lo cual cuenta bastante-, hoy me levanté con mucho gusto de poder hacerlo. "Ya levántate para que hagas comida", me decía la criatura -no estuvo sin comer, tampoco-. Además, hoy desperté tranquila. Hay algunos eventos o incidentes que me dejan medio noqueada a gusto, no precisamente aletargada sino como reprogramada para funcionar a menos revoluciones por minuto; hoy sé que la intoxicación es uno de ellos. Se siente bien. 

La enfermedad, por otra parte, es una oportunidad para apreciar a las personas que están ahí mostrando interés, dando aliento y apoyando. Un simple, "¿te sientes mejor?" hace que lo malo no sea tan malo. Y nada como cuando alguien hace un esfuerzo para facilitarle la vida a una, como en esa canción que dice: "mi trabajo que a otros descanse". 

Y pues, decidí volver a estar contenta con el tipo de contento que sonríe. Yo soy muy de sonreír y hacer tonterías sola, sola con mi niña; desde que volví a compartir la casa con el papá de ella, perdí terreno de sonrisa; pero lo voy recuperando.

Silvia Parque

martes, 17 de abril de 2018

Los años no pasan en balde

Suelo verme cansada y despeinada.
Los años no pasan en balde, dicen. Terminó el crecimiento: pasó el mejor momento del cuerpo, que es a los veintitantos. Terminó también la preparación para la vida: ese aprendizaje de las primeras dos décadas en las que planeamos hacer, deseamos ser.

No me siento "vieja" ni mal; al contrario: llevo un rato sintiendo que estoy en mi mejor momento. ¡Sería genial estar en mi mejor momento con el cuerpo que tenía a los 20! Pero ese no vuelve ni bajando los 10 kilos que me sobran, ni recolocando las tetas donde estaban; se fuee. Sin embargo, he tenido el gusto de reencontrame conmigo y me gusta (me gusto).

Otra cosa que se fue es la forma joven de vivir el amor. Cuando tenga una pareja no será como aquella realidad fantástica en la que dos fuimos uno y fuimos todo; la inocencia no se repite.

Hace años pensaba que algunas cosas resultaron bien y las más importantes resultaron mal; pero ahora pienso en otros términos; además, lo que era "lo más importante" se resitúa y deja de tener valor para definirme.

Me arrepiento de poco. Sigo teniendo unos miedos que a veces le abren la puerta a la ansiedad y me tumban. Pero estoy bien. Treinta y siete y contando...

Silvia Parque

miércoles, 4 de abril de 2018

Música

El casi recién llegado.
Hace unas semanas llegó a mi casa un reproductor de música: un Sony viejito. Le funciona el radio y se puede conectar al teléfono o a la lap -no sirve lo demás-. Llegó con un juego de bocinas, no sé qué tan buenas, pero estupendas para mí: mucho mejores que las que estaban en funciones.

Y he redescubierto la música.

Las melodías son otra cosa. Algunas son increíblemente superiores a lo que oía de ellas. Otras, al contrario.

Y me gusta -también me gusta bailar-.

A pesar de que conozco las generalidades sobre el efecto de la música en el estado de ánimo, nunca le he dado el lugar que merece. He creído que no soy musical. Sin embargo, el día que llegó la música con el reproductor y las bocinas, mi cuerpo lo apreció; mi mente lo apreció; realmente me hizo bien.

Silvia Parque

viernes, 30 de marzo de 2018

Pasear

Cuando mi nivel de ansiedad me llevó a la locura, el neurólogo dijo que me habría ahorrado pasar por eso si la cantidad de dinero que estaba gastando en sus honorarios, la hubiera gastado en irme un fin de semana a algún lado, a descansar.

El domingo pasado, después de la Iglesia, B y yo fuimos a pasear a la ciudad. ¡Qué razón tenía el médico!


Silvia Parque

miércoles, 1 de noviembre de 2017

El teléfono y mi relación conmigo misma

Cada vez más seguido, quienes hablan conmigo por teléfono me dicen que no me oyen: me oyen mal o de plano no oyen. A veces me muevo de lugar y la cosa mejora, a veces he tenido que colgar porque no tiene caso seguir con el intento de conversación. Para mí que entiendo las relaciones con las cosas como reflejo de mi "condición personal", esto es de analizarse.

Hace rato estaba hablando y se cortó la llamada. La persona me advirtió que su batería estaba por agotarse: lo más probable es que haya sido eso. Como pasa lo que pasa con mi teléfono, me queda la duda (sería el suyo, sería el mío). En cualquier caso, me lo he tomado como algo personal: no de parte de mi interlocutor, para nada, sino de parte de los teléfonos: de los aparatos, las compañías, las vibras de comunicación o el demonio. Tengo semanas sintiéndome abrumadoramente sola. Si me preguntan cómo estoy, respondo que bien y no es mentira. Nada más, por las noches -y a veces es de noche en cualquier momento- me pesa el vacío. Entonces tengo esta llamada, un gesto me hace sentir compañía y se corta: ahí se corta.

Pues que sepa el bloque opositor que me quedo con lo que me conviene. 

Silvia Parque

viernes, 13 de octubre de 2017

¿Por qué seguir viviendo?

Pasan muchas cosas horribles a mi alrededor, cercano y lejano. Matan a la gente, les quitan las posibilidades; ya se sabe. Las noticias son como para enfermar. En relación con esto, hace unos meses concluí algo que tal vez es una verdad de perogrullo, pero fue importante para mí.

Me parecía terrible seguir viviendo, estar bien, ser feliz, frente a tanta miseria, imposibilidad y crimen. Nunca me planteé no seguir viviendo; pero me parecía impresionantemente injusto andar por ahí tan fresca cuando a unos kilómetros la vida se le había venido abajo a una familia, otros tantos sufrían y demás. Incluso cuando alguna persona moría por causas naturales en condiciones digamos aceptables, me parecía más que triste volver a la vida normal, con lo que tiene de risa y gusto. Sigue pareciéndome que lo terrible de la muerte es eso: que el mundo sigue girando. Lo había leído por ahí: lo malo no es morir sino que los demás sigan vivos.

Así que, como digo, me parecía injusto que después de indignarme y lamentar la desaparición forzada o la muerte de alguien, yo pudiera estar tan campante. Concluí que sí, es injusto, pero estaba viéndolo del lado equivocado: lo injusto es que ellos no puedan estar tan campantes. Independientemente de cómo me corresponda contribuir a que este sea un mundo más habitable, encontré que estar bien tiene sentido porque es justo eso lo que querría para esas personas, para lo que se desea que vuelvan a casa, que vivan. Ahí encontré el sentido.

Es como descubrir el agua tibia, pero para mí fue una revelación que cambió el modo en que proceso lo que pasa.

Silvia Parque

miércoles, 16 de agosto de 2017

En interiores

Es común que en las inducciones a la relajación te pidan que te visualices en un lugar tranquilo; los que saben te piden que elijas el lugar donde te sientas mejor; los que no, te indican que te sitúes en tal o cual sitio, usualmente, playa o bosque. Y no son buenos para mí.

Para mí, la mejor relajación se obtiene acostada, y acostarme en la playa implica arena metiéndose donde no la llamo y grazanidos interrumpiendo el silencio; con el bosque pienso en bichitos y me siento vulnerable, como por efecto de la imagen de Blanca Nieves huyendo, supongo. Mi idea de estar a gusto es urbana. Yo siempre recuerdo una comodísima cama de hotel con sábanas blancas impecables.

Silvia Parque

lunes, 17 de julio de 2017

Notas sobre estos días

El Internet va y viene.

Me reuní con la directora de una estancia infantil y con el favor de Dios, el lunes inscribiré a B.

Disfruto mis ocupaciones. ¡Y disfruto que me paguen!

Tengo una ilusión y muchos pendientes. No me apuro.

Soy feliz, otra vez.

Silvia Parque

miércoles, 4 de enero de 2017

Separarte sin drama

Cuando cierro el correo de Hotmail -para mí, sigue siendo Hotmail-, se abre la página de MSN con su propuesta de frivolidades entretenedoras. A veces leo algún artículo. Así llegué a "10 pasos para separarte sin dolor", suponiendo que encontraría vaguedades de las que se escriben para llenar espacios. No hay forma de separarte sin dolor de una pareja, si esa pareja tuvo importancia. Pero el articulito es bueno en la medida de lo que es (lo que se leería en una sala de espera). La idea central, que Katherine Woodward desarrolla en un libro, me parece valiosa. El título debería decir: "...para separarte sin drama".

Creo en eso de que "el dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional". Lo digo como persona que ha sido muy -MUY- dramática y que ha elegido experimentar diferente lo que va pasando. También creo que es bueno que haya profesionales apoyando a las personas en el espinoso proceso de terminar una relación de pareja; porque puede ser terrible dar tumbos en la mar de emociones, sentimientos, necesidades y monstruos devoradores que aparecen cuando se rompe algo que fue una relación amorosa. Y puede ser patético vivir en el limbo del "yo querría algo diferente / no quiero esto que hay" por miedo a atravesar el camino -ojalá fuera dar el salto- hacia el final.

Me gusta que se exponga la separación como algo en lo que se trabaja, algo en lo que ambas partes colaboran. Cuando hay hijos es imprescindible que las personas se porten con decencia y que en la medida de lo posible tengan consideración de esa persona que es el papá o la mamá de esos hijos. Y me encanta que sobre el caso de los famosos que se usa como ejemplo, se diga que "han logrado una transición a seguir siendo una familia llena de amor". Es lo que nosotros estamos construyendo como familia. Parece una locura cuando se le mira con los ojos de la cultura en la que estamos, pero es posible.

Silvia Parque

lunes, 2 de enero de 2017

Buen 2017, qué gusto recibirte

Con este año me siento como niña con juguete nuevo; con uno de esos juguetes deseados que maravillan. 

Tengo la sensación de que todo está bien. De que este es mi año: enterito. Ahora, además, tengo experiencia en seguir estando bien cuando pierdo el entusiasmo. 

Sobre el entusiasmo, agradezco a mi niña: debe haberme contagiado algo del suyo. Es un gusto verla, por ejemplo, amar sus objetos. Es un gusto verla, vivir con ella.

Es un gusto vivir.

Silvia Parque

sábado, 8 de octubre de 2016

La película de la noche

Termino el día muy cansada. Ya empiezo el día cansada, así que no es de extrañar. Pero me hace falta despejarme, así que muchas veces, aunque ya es tarde, veo una película. Me decía que no era bueno, que debía ir a dormir para descansar más; sentía que me portaba mal; pero dejé de decirme eso y entendí que al contrario: que es verdaderamente importante para mi bienestar.

Silvia Parque

lunes, 23 de mayo de 2016

Suficientemente bien

He tenido unas semanas maravillosas y el fin de semana fue increíble... increíble de bueno, así que no me esperaba amanecer con el ánimo decaído... será que tuve un sueño chocante. El caso es que hoy amanecí de "mírame y no me toques" y para antes del mediodía, ya había hecho un drama.

Creo que cuando una decide estar mejor que biencuando se dan lo primeros pasos por caminos nuevos, la inercia de lo peor de una misma tramará un boicot. Al cabo de años de observarlo, la trama se vuelve evidente y es menos difícil deshacerla: "menos difícil" y hasta fácil, pero no menos pesado.

Por la tarde, B y yo la pasamos de lo mejor jugando con sus seis rebanadas de pastel y el plato amarillo en el que se acomodan. ¡Nos reímos mucho! Nada más verla ya me da contento. Pero antes de eso, antes de volver a sentirme alegre, me sabía abrazada por la presencia de Dios y de algún modo, sintiéndome mal, todo estaba suficientemente bien. Pensé que eso es la felicidad.

Silvia Parque

jueves, 10 de marzo de 2016

Conservar la armonía y vivir en paz mental, durante la crianza

Filipenses 4:13

Me sentí aliviada cuando dejé de tratar de ajustar la manera de vivir que me viene bien ahora, a la manera de vivir que tenía. Esto implica cosas simples como no esforzarme en coincidir con amigos para ir a tomar café: mi horario de mamá y mi estilo de crianza difícilmente van a ser compatibles con el modo de vida de personas solteras sin hijos. También implica cosas mucho más complejas, como reestructurar la dinámica familiar. En general, se trata de aceptar que no importa lo bueno que haya sido algo, ahora las cosas son diferentes. Cambio lo que me conviene cambiar, y si algún cambio me parece penoso, lo hago poco a poco, sin recriminarme por lo que tarde en hacerlo -o por no conseguirlo-.

El "sin recriminarme" es fundamental. Cada día, me absuelvo por los fallos y las faltas. Empecé haciéndolo varias veces al día, y al cabo de un par de semanas, dejé de sentir la necesidad de hacerlo a menudo, porque dejé de definir múltiples incidentes como "fallo" o "falta"; las inconsistencias empezaron a volverse parte de un vaivén que no me genera malestar. Dejé de pretender ser una mamá perfecta; porque según yo, no pretendía serlo; pero la culpa por lo "mal hecho" revelaba que en el fondo había algo -o mucho- de eso.

Estoy de mi lado y pongo un límite tajante a lo que pueda perturbarme; lo pongo como puedo, aunque no sea de la mejor manera. Incluso relaciones con personas a las que amo, son recolocadas. Me explico con un ejemplo: hay una mujer con la que conversaba mucho; entre nosotras no hay sino buena voluntad; sin embargo, sus comentarios solían ser descalificativos: en broma, con ligereza; no ha hecho sino cosas buenas por mí, pero esos comentarios me hacían sentir mal. De aquí a que mi evolución interior haga que de verdad no me afecten esos comentarios, reduzco la cantidad de nuestras conversaciones, y las mantengo en áreas seguras. Estoy de mi lado en mi vulnerabilidad y en mi limitación, y me rodeo de personas y cosas que me acogen y apoyan, y no solo me dan amor, sino que me lo dan del modo en que lo necesito.

Así que tengo una nueva relación con mis límites. Estoy convencida de que pueden moverse para que yo me expanda, pero los reconozco y no me peleo con ellos: al contrario: los aprecio porque me dicen cosas de mí, y sé que me han servido.

Tengo clara conciencia de la velocidad con que B crece; sé que al ratito demandará mucho menos mi presencia, así que disfruto y me entrego a nuestros momentos. Me doy gusto con ella, conmigo, con nuestra relación y con su relación con su papá. Esta actitud es muy útil ante líquidos derramados, sábanas ensuciadas, planes abortados, etcétera, etc. Sonreír y reír con mi hija arregla muchas cosas... Para cuando amenaza el agobio, tengo en mente el mensaje de Miriam Tirado, "Respira", y sigo su consejo: respiro, observo, no pienso, enfoco las manitas o los pies de B, y comprendo que no tiene más recursos que los que utiliza, estridentes y rudos, y que está necesitando amor; sobre todo, recuerdo que la amo.

También me doy gusto con lo que no tiene que ver con ella. Tengo menos tiempo para mí, y sin embargo, hago lo que se me antoja más que antes. Me rodeo de lo que me hace bien.

Así he conseguido días alegres en los que cada cosa armoniza con la otra; B reacciona a mi estar en calma, la pasa bien, se deja hacer y se divierte.

Así también sorteo momentos malos. Porque hay veces que me aferro a que las cosas sean de un modo en que no son, y me frustro y molesto a mi hija. Entonces me siento culpable, y ocupada en mi culpa, le pongo menos atención efectiva, lo que hace crecer tanto su molestia como la culpa. Me puedo sentir mal, o directamente una mierda. Me veo hecha un desastre, veo la casa hecha un desastre y a mi niña completando la escena toda chorreada y haciendo algo que debo impedir que haga, o llorando porque acabo de impedir que haga algo que estaba haciendo porque no fui previsora. Siento cómo me arrastra una cadena de hora de teta al despertar - hora de almorzar - teta de mañana - hora de comer - teta de tarde - un poco más de teta - hora de cenar - teta hasta que caiga de sueño que bien puede ser dos horas después de empezar con la teta de dormir... He llegado a gritar. No a ella, pero con ella por ahí, que escucha. Muy pocas veces, pero lo he hecho, y ni siquiera me desahoga: me da vergüenza e inquieta a mi niña. Pero así es la cosa... Me dijo alguien que las mamás más armónicas y en paz que conoce, no están criando a sus hijos. Me queda claro que hay muuuchas mamás que no conoce, pero me quedo con esa idea, de aquí a que me siga siendo útil (mal de muchas, buen consuelo).

Hasta aquí he llegado: un mal momento no me arruina toda la mañana o toda la tarde, y una mañana o tarde complicada no echan a perder todo el día. Pero incluso cuando sí arrastro la miseria o la aprehensión, trasluce una especie de "estar bien" de fondo, que es bueno.

Silvia Parque

domingo, 6 de marzo de 2016

Té verde

Como en este momento no puedo tener mis polvos mágicos para hacer té de la felicidad, he comprado té verde.

Es la consigna de la temporada: si no se puede una cosa, voy a lo que se pueda. No se trata de conformarse perdiendo la esperanza, sino de que el bienestar no dependa de lo que hay o deja de haber.

Silvia Parque

viernes, 26 de febrero de 2016

La razón propia

Cuando era chiquita, fui sobreprotegida hasta lo patológico. Pero crecí, y gocé de toda la libertad que podía tener una niña o una jovencita para tomar decisiones. Mi mamá me dejaba hacer, así que yo pedía permisos casi como formalismo... casi. Un par de veces la respuesta fue "no". 

Una de esas veces, le di un buen argumento sobre por qué "sí", y ella reconoció -o al menos eso dijo- que lo que yo decía estaba bien planteado: no podía oponerse; no obstante, ella de verdad creía que "no" y "por eso" no podía dejarme. La sentí realmente sincera, y entendi: era su trabajo. Yo podía tener la razón, pero ella no podía ir contra su propia razón.

Ya había contado esto antes; el punto es que hoy he visto la anécdota desde el lado de mi mamá. (Nada que ver con mi niña, que aunque esté convencida de que debería dejarla comer papel o azotarse contra la silla, todavía no argumenta.)

Me enfrento a una decisión de esas en las que por un lado o por el otro, habrá pérdida y daños colaterales, y armaba un discurso mental que empezaba con: "yo no quiero hacer esto, pero..." Entonces, recordé ese día del permiso con mi mamá. 

Hay una especie de conciencia que cuando nos aquietamos, nos hace saber qué está bien y qué está mal para nosotros. No me refiero a cuestiones morales, sino a qué "nos viene bien" y qué "nos viene mal". Sabiendo qué le ayuda a nuestro bienestar, y qué nos provoca malestar, la misma especie de conciencia nos va decir que deberíamos hacer algo por procurar lo que nos hace estar bien, y evitar lo que nos hace estar mal. Ahí es donde la puerca torció el rabo...

Estando en eso, vino a cuento el episodio del permiso que mi mamá negó. Supe que tengo la necesidad vital de hacer lo que mi alma está diciendo que necesita. Como no quiero algunas de las consecuencias que eso traerá, me pongo a considerar un montón de posibilidades, vuelvo a desmenuzar los pros y los contras, cambio el enfoque para minimizar la necesidad que siento; sobre todo, pienso en cómo si yo fuera diferente, podría decidir diferente. Pero de pronto, hoy, mientras me hacía el discurso mental en la cabeza, me di cuenta de que no puedo ir en contra de mi propia razón. Bueno... sí he podido, y siempre acaba mal; es, por decirlo así, "antinatural".

Silvia Parque

lunes, 11 de enero de 2016

Flores silvestres del tipo de la manzanilla

Mi casa huele a guayaba. Mi hija duerme.

En cierto sentido, traigo cuatrapeadas la mayor parte de las pocas cosas muy importantes. Pero siento como si nacieran brotes de pequeñas flores blancas. Como si nacieran del ambiente, de la tensión convertida en ganas de vivir.

Silvia Parque

viernes, 1 de enero de 2016

Fíjate nada más, mí misma

He pasado este primer día del año estando a gusto. No me puse a "reflexionar con detenimiento", pero como toda esta temporada, hay cosas que se me revelan y me digo a mí misma: "fijate nada más, mí-misma". Comí rico, hice alguna cosa de provecho, envié un par de felicitaciones. Me preparo para convertir un doble mortal hacia adelante, en un paseo con buena vista.

Silvia Parque