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viernes, 22 de abril de 2022

No dejo de pensar en el caso de Debanhi Escobar

Quería escribir sobre lo bueno que es tener la terapia de mi hija y cómo nos da luz su terapeuta; pero no dejo de pensar en el caso de Debanhi Escobar.

En mis redes aparecen opiniones y busco en las noticias si algo más se supo -y se dijo- mientras yo lavaba calcetines o preparaba la comida... 

En trece días buscando a esta joven aparecen cinco cadáveres de mujeres (de los cuales, cuatro son de menores de edad); el sexto "aparece" ayer por la noche en un sitio donde ya habían buscado; el papá de Debanhi la reconoce. Esto es: En trece días aparecen seis cadáveres. Seis mujeres muertas. Así nomás: pasábamos por aquí y aparecieron estos cuerpos de mujeres a las que no habíamos buscado bien. [Nota: Ya dijeron que fue una noticia falsa.]

Unos casos se hacen mediáticos, otros no: son tratados como si no importaran. Entre las variables que influyen para que ocurra de una u otra manera está la situación socioeconómica de la víctima.  

En el caso de Debanhi, de pronto su cuerpo está en un lugar donde ya habían buscado...

Hace años conocí la expresión "incompetencia criminal", pero no tengo suficiente preparación para ahondar en eso.

Voy a hablar respecto a lo que si tengo suficiencia para tratar, aunque no sea sino una opinión en un blog personal. 

Me preocupa lo que veo en mis redes -que por supuesto, no es representativo de "las redes"-: mensajes del tipo de "papás, mamás, cuiden a sus hijas", "hijas, déjense cuidar", "no es cosa de hombres contra mujeres sino de gente mala contra gente buena", "también está desaparecida Fulanita, que no se fue de fiesta", "no hay amigas".

Claro que hay que cuidar a las hijas, a los hijos; pero ¿eso debería estar en el centro en una situación de violencia desbordada? Los cuidados para evitar que ocurran estas cosas, enfocando la responsabilidad de los cuidadores, se dirigen básicamente a limitar la libertad de las personas en riesgo. Este mismo mes, en Querétaro, una niña de seis años fue asesinada cuando salió a la papelería; las noticias detallaron que la mamá no fue con la niña porque loquesea. El punto debería ser que un tipo abusó sexualmente de una niña y la mató.  Lo que es criminal no es que haya salido sola. 

Debería haber un escándalo por la grotesca impunidad que se desprende de las cifras sobre mujeres agredidas, desaparecidas, muertas. 

Y no es cuestión de "hombres contra mujeres", pero sí es una situación donde las categorías "hombre" y "mujer" importan. 

¡Gran descubrimiento, que hay mujeres malas! 

Hay mujeres malas, mujeres violentas, mujeres asesinas, etc.; pero los crímenes con tinte sexual que acaban en la muerte de una mujer son cometidos, en su mayoría, por hombres. Hay otras violencias, otros crímenes; hablando de los crímenes con tinte sexual que acaban en la muerte de una niña o mujer, los victimarios son, en su mayoría, hombres. ¿Que puede haber mujeres coludidas? Sí; eso no niega lo anterior. Y ver con claridad lo que ocurre es importante. Los hombres saben que pueden violar y matar con poco riesgo de sufrir consecuencias por ello. Los hombres decentes que nunca lo harían también podrían hacerlo prácticamente sin consecuencias. Deberían estar indignados de tener esa "prerrogativa".

Pero las razones que indignan a la gente son otras... Personas de buena fe publican o replican mensajes donde implícitamente se categoriza a las víctimas: que la otra no fue a una fiesta, que había ido a trabajar, como si por haber ido a trabajar "mereciera menos" ser violentada, como si fuera cuestión de "merecer". Expresiones como las que refiero al pedir atención y justicia para determinada persona, revictimizan a otras y adjudican  a quienes cumplen con ciertas características, una especie de mérito para no ser violentadas.

Y por otra parte, en el tema de "hombres" y "mujeres", está el asunto de las "amigas", tan doloroso...

En el caso de Debanhi: se fueron juntas a una fiesta y no salieron juntas de la fiesta: le enviaron un taxi -o equivalente- a la que se quedó -o a la que dejaron-. 

Y eso no se hace.

Es complicado hablar de lo que hicieron o dejaron de hacer en un país donde todavía hay inclinación por responsabilizar a cualquiera antes de señalar y vilipendiar al agresor y a quienes deberían hacer justicia, así que no voy a hablar de ellas o de sus actos, sino de las amistades en general.

He leído varios comentarios alrededor de la idea de que no existen las amigas. Y sí existen. Hay gente que no tiene amigas, hay amigas que son malas personas y también hay quienes se hacen pasar por amigas y no lo son; pero eso no significa que no haya amigas. Las hay que se levantan en la noche para ir a buscarnos a una fiesta donde hicimos cosas que no debíamos y acabamos mal -gracias toda la vida, Alejandra-. Las hay que cometen errores. Y hasta quienes sí eran amigas y traicionan, dejando de serlo. Pero decir que no hay amigas, que no hay que confiar en nadie... En todo caso, creo que hay que educar para desarrollar el criterio. 

¿En quién se puede confiar?

Leo comentarios advirtiendo que solo se puede confiar en la familia, pero apenas una revisadita a los datos sobre abuso físico y sexual nos dejan ver que "la familia" no es lo que se romantiza que es. Ni todos los padres y las madres aman y cuidan a sus crías, ni todos los padres y las madres que aman cuidan efectivamente. Y no son una rarísima excepción quienes no aman y no cuidan. Pero dado que en las autoridades no se puede confiar, habrá que apelar a las personas decentes y así como está configurada nuestra sociedad, en nuestra cultura, parece que toca hablar a los papás y a las mamás...

Ojalá las medidas ¿ciudadanas? de seguridad que van enriqueciendo la conversación pública no desvíen la atención del hecho de que hay un Estado que no garantiza nuestro derecho a una vida libre de violencia. Una niña debería poder ir sola a la papelería y las mujeres deberíamos poder ir solas a donde sea.

Silvia Parque

sábado, 10 de octubre de 2020

Los amigos del asesino


Guernica, de Picasso. Fotografía de Papamanila en Wikimedia Commons.

Un hombre mata a una mujer con la que tuvo una relación sexoafectiva y tira su cuerpo. Tristemente, nada fuera de lo común en este lado del mundo. Pero esta vez la investigación evidencia y los medios comparten cómo reaccionaron sus amigos: vieron una bolsa negra de basura, supieron que ahí estaba el cuerpo y formaron un grupo de WA en el que compartían memes burlándose del caso. Ya sabemos que estos pactos patriarcales sostienen la violencia feminicida, pero leer el relato es horrible. Esperé días antes de escribir esta entrada porque no quería solo vomitar mis impresiones. No es que vaya a decir nada esclarecedor ni mucho menos, pero no quería escribir desde el impacto inicial.

Siempre ha habido asesinatos y de cuando en cuando, asesinatos con características de espanto, pero creo que además del crecimiento de la misoginia asesina, ahora hay reacciones y respuestas hacia los crímenes que dan cuenta de una escandalosa desvalorización de la vida, de una preocupante falta de responsabilidad respecto al cuidado de los demás -aunque lo de "¿Acaso soy el guarda de mi hermano?" sea tan antiguo-.

A este asesino, un amigo le dijo que no lo iban a ayudar con sus "mamadas". Creo que de haber sido ficción, la frase  habría dado profundidad al personaje y habría definido el tono de la situación.

Si un amigo te busca para que le ayudes a recoger su casa porque tuvo una fiesta muy loca, cabe que digas que no lo vas a ayudar con sus mamadas. Pero si te busca porque ha matado a una mujer y tiene su cuerpo en la cajuela del coche, no actúas como si te estuviera mostrando que tumbó el guardafango y aunque tal vez no inmediatamente, le denuncias (no es que tuvieran miedo de represalias).

Las notas también mencionan que una amiga del asesino lo acompaña a llevar el auto a lavar; por lo que se sabe, ella se entera, al menos, de que "algo malo" ha pasado. Tampoco lo denuncia. 

No es nada nuevo que los alcances de la búsqueda de aprobación masculina son palabras mayores; pero no deja de entristecer que una mujer actúe como esta "comprensiva" amiga. Recordé la noticia reciente de un feminicida que cumplió una pequeña parte de su condena en prisión y fue dejado libre -tampoco algo inusual-. El tipo ya tenía pareja... Las personas podemos rehacer nuestras vidas, por supuesto; pero matar a tu esposa y dejar su cuerpo tirado, como hizo este hombre, no es "cometer un error" como quien trató de pasarse de listo con Hacienda.

Ojalá podamos crear espacios, nichos, en donde estas cosas se conozcan como el horror que son. Formar a niñas y niños en estos espacios para que recuperemos lo que se ha roto y perdido.

Silvia Parque

lunes, 17 de febrero de 2020

Hablemos

Mi tiempo y energía apenas me alcanzan, así que me viene muy bien haberme alejado de discusiones estériles en redes sociales y reservarme muchas de mis opiniones; así, además, no doy material a posturas que considero destructivas y que fácilmente pueden descontextualizar lo que escriba para apoyarse: ya sé que mis palabras no tienen gran repercusión, pero me importa hacerme cargo de lo que ocasionen a donde lleguen, en la medida de lo posible... 

Bueno: pues así hemos pasado de la mitad de febrero sin que yo diga casi nada sobre la violencia que vivimos en este país, donde se siguen sumando casos de niñas y mujeres desaparecidas, torturadas y asesinadas. El Estado sigue siendo tan ineficaz como ha sido desde que nos hicimos famosos por las "muertas de Juárez"; ahora es peor porque se sabe más de lo que debería hacerse y no se hace o se hace tan mal que no es exageración considerarle un Estado criminal.

Al menos en este lado del mundo, todas somos damnificadas por una cultura machista que agarra nuevos bríos de las emanaciones de un tejido social descompuesto; urge que se comprenda que todas estamos en riesgo y, sin embargo, nuestro "nivel" de riesgo es diferente: es peor para aquellas que son consideradas de poco o ningún valor: las pobres, las indígenas, las obreras...

Vivimos entre inmundicia, como cuando ya no percibimos el olor a encerrado de una habitación en la que hemos estado toda la tarde, hasta que un día, el horror nos da otro golpe y, gracias a Dios, las que luchan gritan y rayan paredes. Hoy hay una comunidad enojada por el asesinato de una niña de siete años que fue encontrada desnuda y torturada. Hace días, la noticia era el modo en que un tipo asesinó y trató el cuerpo de quien fuera su pareja, y el modo en que se expuso la imagen de su cuerpo, como si hubiera sido ropa vieja tirada. De cuando en cuando pasa algo así, especialmente cruel, especialmente indignante, y algunas nos ponemos tristes y nos enojamos, mientras otros tantos hacen bromas, exponen su conocimiento sobre formas de matar y deshacerse de las evidencias, culpan a la víctima y le quitan importancia a la tragedia. Da asco.

Tomemos posición. Hablemos. Nuestras acciones posibles en nuestros espacios cotidianos a favor del ejercicio de nuestros derechos, en contra de todo tipo de discriminación y violencia de género, pueden hacer red, nos fortalecen y nos protegen. Y demos gracias porque hay mujeres capaces de convertir su furia en protesta organizada.

Silvia Parque

viernes, 1 de marzo de 2019

Yo no me maté, pero ella sí

En días pasados llamó la atención el caso de una joven que se mató en Coahuila, luego de que publicaran en Internet, sin su permiso, fotos suyas que en las notas que he leído se describen como"eróticas" e "íntimas". Aunque según DICE AQUÍ, siguió con su vida normal tras la filtración de las fotos, entró en depresión por razones que no son claras y se desconoce qué ocasionó el suicidio, no creo ser la única que concluye que la violencia de la que fue objeto está relacionada con su muerte.

Hace muchos años, me tomé unas chulísimas fotos sin ropa, que acabaron en una página de Internet cuyo propósito era hacer escarnio. Y me quise morir, literalmente.

Mi mamá por primera vez en la vida no me apoyó, más bien al contrario. Años después, mi analista me dijo, "¿y qué esperaba, que la felicitara?" No contesté... Ahora sé que esperaba apoyo y contención porque fui objeto de violencia. Ahora me queda clarísimo que quien está mal es quien  se apropia de imágenes que no son suyas, quien las comparte o difunde sin permiso para ello o bien, quien señala, acosa o denigra a una persona a partir de que su imagen, la que sea, esté donde esté. Aunque en aquel entonces lo sabía, no lo tenía tan asumido como ahora.

Las mujeres somos libres de tomarnos las fotos que nos dé la gana, compartirlas con quien nos dé la gana, sextear o lo que decidamos hacer. A cambio, debemos recibir respeto. Lo mismito que debemos recibir cuando andamos por la calle en minifalda, cuando cocinamos, cuando nos embriagamos, cuando dibujamos o cuando bailamos cha cha cha. (Y si dejas tu coche con el vidrio abajo y las llaves puestas, el que se lo roba es un ratero; tal vez fuiste imprudente, pero el único señalado debería ser el ratero).

Cuando digo que me quise morir, refiero un episodio singularmente crítico. Después viviría temporadas muy difíciles -por otras razones- en las que iba a desear estar muerta, pero casi metafóricamente: era querer dejar de sentirme mal, querer estar en paz por fin: no iba a matarme. En cambio, cuando tuve esos minutos de fama consideré fríamente cómo matarme: un cálculo, digamos, racional, serio. El papá de B, que entonces era mi esposo, se ocupó de que no me quedara sola ni un momento. .

La ideación suicida pasó relativamente rápido, pero tardé años en dejar de sentir angustia en relación con el asunto. Cuando pienso en esta joven que se acaba de matar, se me estremece el corazón de suponer que tal vez no tuvo, como yo, un compañero al pie del cañón, una amiga dispuesta a quedarse a cuidarme, un amigo y otro explicándome que la cosa pasaría y se perdería en el mar de imágenes del Internet.

Quisiera poder compartir a esa mujer de 19 años, una de las enseñanzas que me dio la más superficial cultura pop: "Tu peor humillación no es más que una diversión momentánea para otra persona". Los que te señalan no valen la pena. Tu vida vale esta pena. Pero nadie le puede decir nada porque está muerta.

Me choca que esto se use para aleccionar a las mujeres en relación con limitarse. Claro que conviene pensar dos o tres -o veinte- veces sobre el riesgo que conlleva cada cosa que hacemos y de hecho creo que conviene abstenernos de lo que implica riesgos que no estamos preparadas para sobrellevar. Claro que hay que cuidarnos mejor. Pero son los que se apropian de lo que no es suyo y los que dañan quienes deben parar.

Silvia Parque

domingo, 29 de abril de 2018

Abuso, acoso y agresión sexual: "no todos los hombres" y "los hombres también sufren"

Creo que se ha logrado una visibilización del acoso sexual a las mujeres con campañas como #MeToo, que da gusto. He querido escribir sobre eso, más bien en respuesta a comentarios machistas que he leído, pero no lo he conseguido, tanto porque no he tenido tiempo de ordenar mis ideas como el tema se merece, como porque no quería escribirlo en el momento en que estuviera en el candelero un caso con repercusión mediática, ¡y prácticamente no ha dejado de haberlos! Así que a propósito del movimiento amparado en #Cuéntalo, voy a apuntar solamente dos cuestiones fundamentales, esperando que sirva de introducción para más adelante -en otra entrada-, compartir algo sobre mi experiencia personal.

Se trata de: "no todos los hombres" y "los hombres también sufren".

Hay quien parece sorprendido de que tantas mujeres hablen sobre experiencias de acoso, abuso o agresión sexual; sin embargo, para las mujeres no es sorprendente. Apenas hablas con una mujer, en confianza, resulta que ella también. Sería genial que los hombres preguntaran a las mujeres de su familia, a las amigas cercanas, cuál es su experiencia en esta cuestión y que las escucharan sin decir pío, que nada más escucharan. Yo creo que todas las que tengan capacidad de memoria van a contar que al menos "alguna vez", "algo pasó".

De verdad da para decir que "todas" hemos sufrido acoso, abuso o agresión sexual; pero vamos a hablar de "prácticamente todas".

Prácticamente todas las mujeres han sido alguna vez objeto de trato cuando menos inapropiado, sexualmente; eso es "cuando menos"; el abuso, el acoso y la agresión sexual tienen una dimensión epidémica, sobre todo porque muchos de los comportamientos que son abuso, acoso o agresión son normalizados o justificados. Justo estamos en un momento histórico para darle la vuelta a eso.

Los momentos históricos en los que las cosas cambian, no son cómodos. No tienen por qué ser giros gráciles; más bien, no lo son. En el caso de este cambio, hay enojo, hay posiciones radicales y extremas y tienen su razón de ser y su función.

Vamos a ver:

Va pasando una muchacha por la acera y desde la otra acera, un muchacho le grita: "¡guapa!" Ambos siguen caminando y se acabó. Para algunas, él está invadiendo su espacio, de hecho ella se ha visto obligada a escuchar; él la ha juzgado por su aspecto como si tuviera derecho a hacerlo; dado que vivimos en un mundo donde pasa lo que pasa, su comportamiento resulta amenazante. Está mal, vaya. ¿Es una exageración? ¿Es llevar las cosas al absurdo? Ojalá las personas, sobre todo los hombres, se preguntaran con buena voluntad: ¿Por qué algunas pensarán así? ¿Por qué les molestará que un muchacho le grite "¡guapa!" a una muchacha? ¿Cómo es que una muchacha puede sentirse amenazada por recibir un halago? Preguntárselo realmente, con honestidad. Y luego caer en la cuenta de que muchas veces lo que se dice por la calle no es "guapa", ni termina en "siguen caminando y se acabó".

Que prácticamente todas las mujeres hayan pasado por una "mala experiencia" de este tipo -por decir lo menos-, no quiere decir que todos los hombres sean abusadores, acosadores o agresores sexuales. Pero, resulta que en la abrumadora mayoría de los casos, son abusadores, acosadores o agresores, es decir, hombres. Y los que no lo han hecho, suponiendo que nunca, nunca, nunca, ni en la escuela, hicieron nada del tipo, son parte de un colectivo que tiene la prerrogativa social para hacerlo sin sufrir consecuencias negativas, a veces, siendo celebrados por ello. ¿Y es culpa de Juan, Pedro o Luis tener la prerrogativa de abusar, acosar o agredir sexualmente, impunemente? Pues no. A lo mejor son bien decentes y les choca que Pablo, Sergio o Andrés sí hagan uso de su prerrogativa. Pero la tienen. Por eso se señala a "los hombres". Les toca, si de verdad son decentes, señalar lo que está mal y ver cómo destruimos estas prerrogativas de mierda.

Algunos de estos hombres decentes parecen con gran necesidad de mostrar cómo también sufren: por ser señalados y por ser víctimas. Y su denuncia suele ser hecha a un lado, en medio de la efervescencia de la denuncia colectiva de las mujeres. Se cree que se hace a un lado por obnubilación o por odio; pero la verdad es que, más que nada, se le hace a un lado por inoportuna. Si estamos aquí marchando por el derecho de una comunidad indígena a conservar sus tierras, ¿cómo quedarían los microempresarios pidiendo atención porque ellos son sangrados por el impuesto sobre la renta? ¡No va! Aunque todos sean damnificados del capitalismo.

Pero bueno: los hombres sufren, sí. Ha sido minimizada la violencia contra los hombres en la pareja y la colusión social a favor de las mujeres cuando ellas se "apropian" de los hijos. Hay mucho que estudiar, analizar y considerar sobre todo esto. Pero, enfocando el tema del que estamos hablando: la mayoría de los hombres no teme caminar solo por una calle oscura o en todo caso, no temen ser violados. La mayoría de los hombres no tiene una de estas "malas experiencias" en su historia. No obstante, lo sustancial no es que "la mayoría de las mujeres" sí vivamos ese miedo con frecuencia o sí tengamos que lidiar con estas experiencias a veces desde niñas; no es cuestión de cantidad, pues: lo sustancial es cómo la violencia (acoso, abuso, agresión) es parte del sistema social, llega a ser parte de la socialización. Por eso lo trágico-aberrante no es que cinco hombres violen a una mujer, sino el hecho de que se siga creyendo que "ella se lo buscó", los argumentos por los cuales se justifica no condenarlos por violación.

Silvia Parque

viernes, 27 de abril de 2018

Estos días he estado pensando

He pasado días pensando en la clase de cosas odiosas que pasan en el mundo. Me he quedado apabullada. Hay muchas gotas derramando el vaso. Nombrarlas es dejar de nombrar otras, pero voy a mencionar las dos que me han provocado reacciones físicas: tres estudiantes asesinados cuyos cuerpos fueron disueltos en ácido, en Jalisco, y la sentencia en España a los violadores conocidos como "La manada". Lo escribo y me vienen a la mente las mujeres embarazadas a las que mataron para robarse a sus bebés y luego pienso en la "escort" asesinada que alcanzó a denunciar su situación en un video donde aparece golpeada. Y otras y otras y otras cosas.

También hay amor en el mundo. También habemos gente criando a nuestros hijos lo mejor que podemos. El pan y el café conservan sus aromas.

Pero pasa lo que pasa y me pregunto dónde estoy en ese mundo del que muchos años logré abstraerme y del que ahora no puedo huir porque soy mamá. ¿Qué puedo hacer? ¿Qué voy a hacer? ¿Cómo hacer de "la vida" algo inteligible? ¿Cómo pongo mi relación con Dios primero, ante mis reacciones?

Las campañas políticas sacan los trapos sucios de todos los partidos y los candidatos. Acá un singobierno tiene a decenas de profesores literalmente sin cobrar su salario durante meses, se han puesto en paro como gremio y hay gente molesta con ellos, con los que resisten y protestan.

Comúnmente me siento en una isla, pudiendo comunicarme solo a través de lo virtual, con personas que están lejos físicamente. (Me conforta el calor de mi hija dormida, el abrazo de mi amiga cuando la veo).

Así pasan cosas terribles, tan una tras otra que no vale la pena estar pendiente. Pero pues me entero y ayer, cuando leí sobre la sentencia a "La manada", algo me pasó; algo se rompió y un grito gutural, de coraje, salió de mí. Un grito de una rabia a la que agradezco no ser tristeza. La niña debió espantarse. Yo estaba en mi estudio, ella estaba con su papá en el "área de jugar" y desde afuera, él preguntó qué me pasaba, si estaba bien. Dije que estaba bien, que se quedara con la niña, que luego le explicaba. Creo que él preguntó de nuevo y le pedí que esperara, que se quedara con la niña.

Evito lo que puedo hablar de él, mencionarlo siquiera; ya lo evitaba cuando éramos pareja, en parte por respetarlo y en parte por ahorrarme problemas, pero necesito decir esto, que al fin de lo que hablo es del impacto que tuvo en mí.

La niña debió preguntar de nuevo por qué gritó mamá y él respondió: "Para llamar la atención".

Todo mi coraje tuvo sentido.

De pronto tuve un entendimiento brutal, más allá de las palabras, de lo que fueron años de ser considerada "loca" y de cómo actúa el sistema patriarcal a través de las personas decentes y cercanas. Salí del estudio. Dije lo que tenía que decir. Se me asentaron los últimos años y tuve las respuestas que necesitaba.

Lo terrible es incomprensible. Este mundo no está en manos de Dios -habemos gente de su mano, Él toma el control de lo que ponemos en sus manos-. Me hago cargo de lo que es ser mujer, en mi vida, en este sistema de cosas.

Un niño "malcriado" asustó a mi niña, un día. Es una larga historia, pero el caso es que la impresionó mucho, la pasó mal un tiempo y han hecho falta meses para que nos cuente, poco a poco, qué fue lo que pasó. Cada vez que lo hablamos, intentamos hacerla sentir segura y ella ha ido procesándolo. Pues ayer, tres veces durante el día, le hablé de eso. Le volví a decir cosas importantes como que siempre le voy a creer. Una de esas veces, cuando dijo "yo nada más moví mis pies", cosa que ha repetido mucho, entendí por fin -no puedo asegurarlo, pero eso creo- que ella pataleó tratando de defenderse. Y nos pusimos a patalear las dos, "fuerte, fuerte".

Silvia Parque

sábado, 16 de septiembre de 2017

Que sobreviva México

Hoy a esta hora, hay gente celebrando el aniversario del inicio de la Guerra de Independencia. Yo vestí a B de verde, blanco y rojo para el festejo en su escuelita. Eso me representa el día: el gusto de ver "disfrazados" a los críos de mi familia. Ya he contado que no se me da el sentimiento nacionalista. Y la verdad, soy de las personas que piensan que no estamos para celebraciones patrióticas.

Aquí matan gente como si nada. Matan mujeres básicamente por ser mujeres y figuras de la talla del rector de una universidad son capaces de decir que es porque nos pasamos de libres. Ya se sabe que hay que ser libres nada más hasta donde no vaya a una a provocar que un hombre tenga ganas de violar o matar, porque el pobre hombre se verá obligado a hacer lo correspondiente.

Leí un escrito que me gustó, de una persona con buena actitud: decía que sí había cosas que celebrar, porque tras la independencia mejoraron las condiciones de vida para las personas no españolas ni criollas. Pues sí. Eso pasó. Y sin duda hay que recordar eventos históricos que fueron importantes para procesos a su vez importantes. Pero me sonó a estar agradecida porque mi marido nunca me ha quebrado un brazo ni me ha dejado un ojo morado. Aquí sigue habiendo esclavitud, tal cual, condiciones de vida precarias para muchos y una patética naturalización de la explotación.

Que los fiesteros se reúnan y festejen porque es bueno pasarla bien. Si hay comida típica o las personas se pintan los colores de la bandera en las mejillas: qué bueno. Mis respetos para quienes se sienten arraigados a esta tierra y verdaderamente quieren al país. Creo que su grito de "¡Viva México!" es una valiosa expresión del esfuerzo de su trabajo y de la esperanza de que la situación mejore. A mí la frase se me antoja plegaria: que sobreviva México a los criminales y a los corruptos, que se levante de la miseria moral. Que haya con qué pasar de la sobrevivencia a una vida plena.

Silvia Parque

martes, 16 de mayo de 2017

Aquí matan

Me dije, cuando decidí regresar al Rancho Grande del que salí, que no escribiría sobre la situación de violencia que mata personas en este lugar. No escribir es un modo de controlar la energía que deposito en el asunto y representa un "solo paso por aquí y mientras estoy, vivo en el abrazo a mi hija más que en cualquier otro lado". Así que solo voy a decir algo que seguramente he dicho antes.

Lo voy a desglosar para que sea lo más claro posible:

1. Cuando una persona es asesinada, el asesino es culpable de asesinato.
2. Cuando una persona es asesinada, la víctima es culpable de nada.
2. De nuevo: la víctima es culpable de nada. Mientras vivía, quizá hiciera cosas de las que es culpable, cosas que casi nunca son de la incumbencia de la mayoría de quienes se enteran de su muerte; en tanto víctima de asesinato, lo que le toca de culpa es nada.
3. Una mujer es una persona.
4. Las personas (de nuevo: las mujeres son personas) tienen derecho a vivir.
5. Vivir incluye transitar libremente por las calles, desplazarse de una ciudad a otra (por carretera, sola, en el vehículo que le convenga o como sea), etc.

Ojalá un día, al menos las personas que nunca han matado -mucho menos asesinado-, esas personas que no se atreverían a hacerlo, comprendan esto tan cabalmente que dejen de culpabilizar a las víctimas, que dejen de hacer de un crimen y del sufrimiento de una familia, motivo de chisme para el morbo, y que sientan empatía con cada protesta contra la impunidad.

Silvia Parque

miércoles, 19 de octubre de 2016

Ni una menos

Hoy hubo MARCHAS en varios países para exigir que pare la violencia que mata mujeres por el hecho de ser mujeres, por ser mujeres en esta sociedad patriarcal.

Las mujeres hemos sido objeto de violencia en función de nuestra posición subordinada, desde que el mundo se organizó como lo conocemos; pero no siempre se les ha matado como ocurre ahora, como si fueran desechables, con la saña de actos deshumanizados. [Ha sido difícil decidir usar primera o tercera persona.]

Ya lo he dicho, pero es buen momento para repetir que vi cómo el lugar de donde vengo fue llenándose de carteles de "se busca" y los periódicos fueron llenándose de notas sobre cuerpos de mujeres encontrados por ahí. Por ese tiempo, lo que más me impresionó fue oír a mi abuela decir que no pasaba nada, cuando alguien mencionó algo sobre la violencia. Acababan de matar a una muchachita de la colonia. Su casa no estaría sino a unos quince minutos de la nuestra. Pero todos eran casos aislados, o la víctima se lo había buscado, o no habían ocurrido aunque los deudos supieran que sí: que les faltaba una hija o una mamá o una hermana.

Que esto se detenga.

Silvia Parque

lunes, 28 de mayo de 2012

Gracias por traer la primavera

Estos son días de "voces de jóvenes, voces de universitarios" (tomando la frase de Carmen Aristegui).

Hoy se escucharon a una sola voz, en el Comunicado de Tlatelolco (AQUÍ ESTÁ). El texto es hermoso. Vibrante. Cuando llegó a "No olvidamos ni olvidaremos a los hijos, hermanos y amigos que México ha perdido", lloré por mis muertos.

TODOS SOMOS SETENTA MIL MUERTOS.
TODOS SOMOS LOS ACTOS IMPUNES DEL PAÍS.

Silvia Parque