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martes, 1 de febrero de 2022

La leche y mi década de los cuarenta

Debo ir aceptando que la leche me cae pesada... Sé que no le hace falta a mi cuerpo: la cosa es que me gusta mucho. Muy rara vez me sirvo un vasito de leche; pero amo usarla para preparar licuados, para el chocolate caliente, para el cereal, y no me gusta ni la leche de almendras ni ninguna de esas otras que no son leche de vaca... Aunque hace años no tomo leche de vaca tal cual, sino lo que se vende como "producto lácteo": de 50% a 75% de leche de vaca + grasa vegetal: es mucho más barato que la leche-leche. Supongo que la siguiente opción es la leche deslactosada.

Silvia Parque

sábado, 25 de mayo de 2019

Todo mejor

La niña está mejor. Ha vuelto a ser la niña feliz que disfruta su mundo y ríe de sus cosas. Se comunica y, sobre todo, se expresa. Mi agobio, que era su gran malestar, ya no está, gracias a Dios y al trabajo de personas profesionales. No cabe duda: hay que acudir, siempre que sea posible, con los profesionales en el área donde una está requiriendo apoyo.

Me preocupa que no veo la misma rápida recuperación en cuanto a algunos procesos cognitivos; pero lo primero era que ella se sintiera mejor, que volviera a comer con normalidad; lo demás, lo iremos viendo -nos vamos ocupando-.

Yo estoy mejor, también. Hace dos semanas que el papá de B no vive con nosotras y ha sido como una especie de destape energético para mí. Ya necesitaba mi espacio. Y su ausencia me ha hecho notar aspectos y cuestiones de nuestra relación, de su comportamiento y del mío, que me han... sorprendido, por decir lo menos -que me hacen pensar-. Aprendo.

Este asunto del espacio de la casa me llevó a que B tuviera su propia habitación. Como señal de que era el momento, su  maestra dejó de tarea que pusiéramos una tarjeta con su nombre en la puerta de su recámara; por supuesto, si la niña no tenía recámara, podíamos poner su nombre en algún otro lado, pero para mí fue el banderazo para el reacomodo. Me satisface cómo quedó. Me costó varias noches dormir en la que ahora es mi habitación, pero lo logré y creo que estamos más a gusto las dos.

Mientras esto pasaba, una amiga tuvo el tino de hacerme saber que estamos -tiene mi edad- acercándonos a la menopausia. Pensé que era un sinsentido. Nada qué ver. Darme cuenta de su razón me dejó  impactada. Yo estaba feliz acercándome a los cuarenta, planeando que ese año me festejaré el año entero... Pero no contaba con la menopausia: con que mi cuerpo dejara de funcionar como lo he conocido y con dejar de ser fértil -yo que he amado mi menstruación-.

Tuve un par de días medio de luto.

Entonces, un muchachito me invitó a salir -un veinteañero-. Después de explicarle que podría ser su mamá, accedí a darle el gusto, advirtiéndole que sería una vez, nada más -una ida al cine-. No pude con sus mensajes de WA, sin embargo -decentes; si no, no habría habido más de uno-. Me despedí, bloqueé su número y agradecí a la vida recordarme que cosas inesperadas suceden.

He vuelto a mis consuetudinariamente abandonados proyectos de escritura.

Mi experiencia en el multinivel está llena de oportunidades para pensar sobre los temas que más me interesan -especialmente sobre quién soy-.

Así que todo mejor :)

Silvia Parque

miércoles, 2 de enero de 2019

2018-2019

La palabra que describe mi año 2018 es: demolición.- En un sentido neutral.

Fue un año de ver arrasada mi forma de estar en el mundo, de asimilar cómo terminó lo último que quedara en mí de inocencia.

Está claro que hace mucho soy una mujer adulta: me hice cargo de un matrimonio -como pude-, de una carrera profesional -como quise-, de un divorcio que dolió más que las contracciones al parir... Me hago cargo de mi hija -lo único que me da orgullo-. Pero un día, di un paso más que me llevó a otra etapa. No sé bien cómo explicar: no es la edad, aunque difícilmente podría pasar a los veinte años. Es estar en el "cuando sea mayor" de cuando eras niña, en la otra página de la historia de amor y en la estación siguiente en el camino al logro.

Y qué bonito es haber terminado con el "deber ser" que ya ni te crees, dejar de tener compromisos con las expectativas de otros y cambiar las expectativas propias por otra cosa, más relajada y más bien tipo el gusto de afirmarse una misma. Al principio pensaba que era una pena no estar en esto con el glorioso cuerpo de mis veinte años; pero el 2018 me adentró en la posibilidad de encontrar lo glorioso en mi cuerpo de 38 añotes, con sus tetas caídas y sus diez kilos de más.

Me gusta cómo se ven las cosas desde aquí...

Empiezo un año de construcción en todos los sentidos: personal, profesional, familiar. No hago propósitos de la manera convencional, como metas por alcanzar, pero sí tengo claro qué es lo que quiero y qué necesito hacer para moverme hacia ello, así que mi propósito es hacerlo. Son como propósitos al revés: no me fijo en la meta, sino en los pasos.

Mi propósito es dar pasos. Me hice un horario-base, pero a diferencia de otros años, tengo un plan para los momentos en que no pueda seguirlo. Conozco bien mis puntos flacos, lo que me ha detenido otras veces; no pretendo "luchar", "ser más fuerte que", "dominar mis defectos", "superar la adversidad": simplemente estoy lista para navegar a través de lo que venga. No sé si estoy lista realmente para ser quien soy aunque me estén viendo, pero vamos a ver... Quiero estar lista para tomar lo que quiero.

Silvia Parque

sábado, 29 de septiembre de 2018

Feliz cumpleaños a mí

Desde enero estuve pensando en que este año cumpliría 38. Me sonaba increíblemente cercano a "40", que a su vez sonaba a demasiada edad en una vida increíblemente lejos de la que pensé que tendría.

Llegó septiembre y pensé más a fondo, básicamente: "¿y ahora qué?"

Entonces, hoy, he visto Nannete. Sigo procesando los "veintes" que me cayeron. No había exageración en los comentarios que leí sobre este "acto".

Si doblé la apuesta -por mí- el año pasado, ahora la quintiplico.

Estoy en el mejor momento de mi vida.

Silvia Parque

martes, 17 de abril de 2018

Los años no pasan en balde

Suelo verme cansada y despeinada.
Los años no pasan en balde, dicen. Terminó el crecimiento: pasó el mejor momento del cuerpo, que es a los veintitantos. Terminó también la preparación para la vida: ese aprendizaje de las primeras dos décadas en las que planeamos hacer, deseamos ser.

No me siento "vieja" ni mal; al contrario: llevo un rato sintiendo que estoy en mi mejor momento. ¡Sería genial estar en mi mejor momento con el cuerpo que tenía a los 20! Pero ese no vuelve ni bajando los 10 kilos que me sobran, ni recolocando las tetas donde estaban; se fuee. Sin embargo, he tenido el gusto de reencontrame conmigo y me gusta (me gusto).

Otra cosa que se fue es la forma joven de vivir el amor. Cuando tenga una pareja no será como aquella realidad fantástica en la que dos fuimos uno y fuimos todo; la inocencia no se repite.

Hace años pensaba que algunas cosas resultaron bien y las más importantes resultaron mal; pero ahora pienso en otros términos; además, lo que era "lo más importante" se resitúa y deja de tener valor para definirme.

Me arrepiento de poco. Sigo teniendo unos miedos que a veces le abren la puerta a la ansiedad y me tumban. Pero estoy bien. Treinta y siete y contando...

Silvia Parque

miércoles, 28 de marzo de 2018

Niños sin filtro que calculan la edad

B ha aprendido que solo le compraré un dulce si es domingo o un día que equivalga a domingo, así que esta tarde, en la tienda, directamente le dijo a otra persona que quería un mazapán. Lo obtuvo. Era una señorita amable a la que B llamó "señora". Luego llamó "señor" a un joven como de quince años, a quien le comentó que tenía un mazapán y que no le gustaba no sé si la playera o un collar que él llevaba puesto. El muchacho preguntó si yo era su abuelita.

Silvia Parque

lunes, 19 de febrero de 2018

Mujeres de treinta y tantos

Creo que hay un subconjunto entre las mujeres de mi edad -en el que me encuentro, junto con algunas amigas- que está soltera luego de una relación amorosa importante y estable, digamos "definitoria" y que se creía "definitiva". Algunas quisiéramos tener pareja, otras no están "queriéndolo"; pero las que conozco coinciden conmigo en haber pasado ese "asunto" a un segundo plano; no porque "el tema" pierda importancia sino porque otras cosas ocupan el primer plano.

Es la edad o más bien, la etapa vital. Estamos ocupadas y a veces preocupadas. Las que tenemos hijos gastamos con ellos gran parte de nuestro tiempo y energía. Entre más reciente sea la ruptura, más duele, pero estamos conscientes de que el desamor, la decepción, la frustración, todo el kit puede ser jodido pero no mata. Preferimos estar bien que otros arreglos. No pagamos sobreprecios en el mercado de las relaciones. 

Me ha llamado la atención hablar con mujeres diferentes entre sí, con historias de amor y de separación diversas, que coinciden en estas cosas.

Silvia Parque

martes, 19 de diciembre de 2017

Del año más loco al mejor año

Estoy al tope de mí: no agobiada; llena, plena. Eso podría ser extrañísimo considerando los últimos doce meses, pero tal vez no, porque al fin me estuve preparando para esto. Es que realmente es el año más loco de mi vida.

Empiezo a hacer. Preparo mi mejor año. Para eso ha sido fundamental mi participación en Psicogrupo.
AQUÍ mi último artículo publicado: "Estrés: cuerpo y mente".

Los proyectos en los que tengo una apuesta vital siguen pausados, pero eso termina hoy: no espero a que sea enero ni a que haya mejores condiciones. No tengo tiempo para perder.

Una niña en casa es una medida del tiempo implacable. No hay otra oportunidad de que tenga la edad que tiene cada vez. Y yo me hago vieja. No es que me sienta vieja sino que tomo conciencia de cómo entro a la "mediana edad": eso sí me parece increíble; también me parece bien.

Silvia Parque

sábado, 9 de septiembre de 2017

Dramáticamente cerca de los cuarenta

Empecé a celebrar mi cumpleaños el primero de septiembre. Por sugerencia de un amigo, lo extenderé hasta el último de octubre. Serán 37 años.

Lo que más me ubica en "mi edad" es ver a personas más jóvenes trabajando; la generación que sigue a la mía ya no está "recién empezando", ya no "acaba de salir de la escuela".

Yo me siento vieja en función de cuánto siento desperdiciada la vida o el tiempo y sentí mucho desperdicio cuando hubo que pagar la apuesta vital que perdí; pero recordé que me gusta jugar, que el juego en sí mismo valió y vale la pena.

Silvia Parque

domingo, 30 de abril de 2017

Lo de ser niños

A unos se les da mejor que a otros lo de ser niños. A mí no se me dio bien. No me gustaba ser niña ni me gustaban los otros niños; claro que muchas cosas me gustaban: mi cama de oro, por ejemplo; pero, en general, no estaba a gusto, digamos... "existiendo".

Quería crecer.

Fui feliz de hacerme mayor.

Pienso en esto cada vez que, a propósito del día del niño, aparecen frases como "¿Y para qué queríamos crecer?" Porque a mí me queda claro: para ser libre, para tener mi espacio, para entender. Era como si me quedara chica; quiero decir, como si mi yo-niña le quedara ajustada a mi "ser-yo"

Y crecer funcionó. Me gustó ser adolescente, me gustó ser joven, me gusta ser adulta. Me encantaría no tener que preocuparme y vivir jugando, pero eso se traduce en ser rica, no en ser niña.

Silvia Parque

jueves, 1 de septiembre de 2016

Cuando éramos "chiquitos"

Vi una película de 1986 en la que un actor famoso -como puede suponerse- tiene 30 años menos que ahora. Me resulta simpático verlo "tan chiquito".

Qué diferentes nos vemos con una tercera parte más de vida encima. ¿Tendría alguna idea de lo que iba pasar en su carrera? ¿De quiénes iban a ser sus parejas?

Esta soy yo hace como 16 años:


Entré a la edad adulta con harto gusto -dándome gusto-. Si me hubieran predicho el futuro, no lo habría creído.

Silvia Parque

domingo, 17 de julio de 2016

¿Cuántos años tienes?

Dicen que la edad se lleva en el corazón. Pero se lleva en todo: en las rodillas, por ejemplo.

Últimamente me he estado fijando en los muchachos -y muchachas, lo digo por la edad-. Tengo a mi alrededor unos cuantos que viven en la tontería. No lo digo peyorativamente; creo que es propio de ciertas etapas o momentos, tender a la simpleza e ir a lo bobo; no creo que haya peligro de que eso sorba el cerebro, a menos que se le deje avanzar. Así que contemplo a algunos chiquitos cuyas fases de tontería me hacen sentir muy mayor. Porque una no deja de hacer cosas tontas, pero de otro tipo al que le quedan más otros adjetivos.

Luego están los jóvenes: adolescentes tardíos, adultos incipientes y completos adultos sin arrugas; ese conjunto que tiene al mismo tiempo: experiencia y toda la vida por delante. No me había tocado sentirme también lejos de ellos. Pero ya.

Silvia Parque

martes, 24 de mayo de 2016

La edad y la tontería

No creo que hacer tonterías sea cosa de jóvenes. A cada rato se sabe de gente de todas las edades, haciendo cosas tontas; no necesariamente porque sean personas tontas: simplemente, ocurre. 

Si somos honestas, sabemos que lo de la edad adulta tiene mucho de mito. Los adultos no sabían mucho más, ni tenían las cosas bajo control; la gracia es que algunos desarrollaron criterio: muchos, no.

Silvia Parque

viernes, 13 de mayo de 2016

Tomar una pose

Las fotografías revelan mucho de nuestras personas. No es tontería que haya quien se niegue a ser fotografiado.

Yo me fijé que los bebés no posan, y que hay algo que pasa más o menos a la edad en que los bebés mayores empiezan a posar para la cámara: es el primer momento en que se hace posible tomar una "pose" para la vida: algunos empiezan desde ahí, otros más tarde, los afortunados hasta el final de la juventud; pero conozco muy pocos adultos sin esta "interpretación de personaje". Tiene que ver un poco con quién creemos que somos, y un mucho con quién querríamos ser.

Silvia Parque

martes, 1 de marzo de 2016

Una muchachita

Según yo, tiene expresión infantil. Para mí es una niña. Cumplió 15 años en diciembre y está en tercero de secundaria. Con el uniforme de la escuela se ve un poquito degarbada y queda claro que no es más que una muchachita. Pero el otro día apareció con el cabello lacio, muy guapa, y no la reconocí a primera vista, de lo mayor que se veía... no es que pareciera de más de quince años, pero parecía una mujer; eso tiene esa edad...

"Que no te vaya a ver yo dando esos espectáculos", le dice su mamá cuando se encuentran novios besándose en la calle o en los parques.

"Ya andas muy greñuda", le dijo su papá el otro día, creo que en reacción a su inconsciente registrando que la melena de su hija, la hace sexualmente atractiva.

A veces me toca oír que no hizo esto o lo otro que debía hacer. También me entero de que tiene solo nueves y dieces. Hoy se echó en el piso a tomar una siesta, todavía uniformada.

Tiene ilusiones y decepciones. Guarda secretos que su mamá cree conocer, todavía. No consigue manejar el rizador de pestañas. Carga a mi hija y la consecuenta. Ojalá sea muy feliz.

Silvia Parque


martes, 2 de febrero de 2016

De una vez

Algunos viejos se vuelven desfachatados, no porque ya estén chocheando, sino porque han perdido el interés en guardar formas, la vergüenza por no guardarlas, y el miedo a lo que podría pasar por no haberlas guardado. Yo creo que cuando el tiempo que tienes por delante es mucho menos que el tiempo que ya has vivido, mandas al diablo el "qué dirán".

Podemos ahorrarnos unas décadas, y empezar desde la mediana edad.

Silvia Parque

jueves, 26 de noviembre de 2015

Sabes que los mayores tienen una vida, cuando te haces mayor

Un viejo es alguien 15 años mayor.

Creo que aunque sepamos que cada cual es protagonista de su vida, de algún modo suponemos que la vida se trata de los que están viviendo lo que se vive en la juventud. Hasta que ya no estamos en "la juventud". Porque ya se sabe que la jovialidad no está en la edad, pero hay un momento en el que dejas de calificar para programas dirigidos "a jóvenes": ese momento en el que empiezas a contratar los servicios de personas que apenas nacían cuando tú estrenabas el primer empleo... Entonces, cuando vives con canas y sigues teniendo conflictos, pasiones, saltos mortales y demás, te das cuenta de la vida llena de "asuntos" que tienen las personas con quince, veinte o cuarenta años más que tú. Al menos, eso me ha pasado últimamente. Noto cuánto no los había visto.

Silvia Parque


domingo, 8 de febrero de 2015

Belleza de los muchachos, belleza de las parejas


A mí los muchachos, ellos y ellas, me parecen bonitos. Parezcan modelos de revista o tengan acné, creo que se ven lindos. Les noto un encanto que contrarresta casi lo que sea que les juegue "en contra" de verse bien.

Con los años perdemos el "toque" de la belleza de los muchachos y, usualmente, después de los treinta y cinco van pasando cosas como la aparición de arrugas o de manchitas, los hombres pierden algo de cabello... Y ya no hay ese encanto que contrarreste lo que sea que nos juegue "en contra" -otras cosas hay, que suman un atractivo diferente-.

El caso es que pensaba que, a pesar de lo bonitos que son los muchachos -ellos y ellas-, con sus miradas inocentes o sus sonrisas ensayadas, para mí las parejas más bonitas son las de personas adultas. Estoy hablando de "bonito" por fuera: de la imagen. Creo que al emparejarnos tenemos la gracia de encontrar algo bello en el otro y eso nos da otro encanto. Hay más de eso en tanto menos evidente sea la belleza de la persona querida, en tanto esa persona tiene menos de ese "toque" de la belleza de los muchachos...

Silvia Parque

martes, 27 de enero de 2015

Porque soy tal persona

Quién eres determina en gran medida cómo te portas.

Me recuerdo al salir de clases en la secundaria. Nos sentábamos en la banqueta de enfrente de la escuela, con tal desparpajo que más bien habría que decir que nos echábamos. Ahora no haría eso. No querría ensuciar mi ropa, ni que mi piel tuviera contacto con la banqueta; me parecería incómodo físicamente, pero sobre todo, me daría pena. Digo "ahora" como adulta, no porque esté embarazada. Así que creo que en el fondo, no lo haría porque soy una mujer de 34 años, en tal y tal condición. Lo hacía porque era una jovencita de trece, en tales circunstancias. 

Con cada compromiso identitario, una va dejando de permitirse cosas y va asumiendo nuevas facultades. 

Silvia Parque

miércoles, 31 de diciembre de 2014

Hacerme lo que estoy llamada a ser

Cuando era niña, el futuro de mi imaginación era una nube de intensidad. Supongo que en la pubertad empecé a tener verdaderas aspiraciones y me veía siendo una "gran" algo.

Creo que en la adolescencia me ocupé tan fielmente de estar siendo, que no me veía en el futuro; pero sí que daba por sentado esa "grandeza" que tenía vista: me iría muy bien en esto y aquello.

El futuro me encontró haciendo realidad esa imaginación de cuando era niña, en un goce intenso y maravilloso. Cuando hubo que enfrentar las demandas de una realidad que se resiste al puro goce, fui valorando y queriendo cosas diferentes. Ya no quería ser una "gran" nada y quería que me fuera bien en cosas que no había contemplado.

Hace poco pensaba en lo terrible que sería ser realmente "grande", como Abraham o como María. Pero no me hace falta detenerme a pensar para tener siempre en cuenta lo incómodo que puede ser vivir en un candelero o peor aún, lo mortificante de tomar decisiones que atraviesan las vidas de otros, a veces literalmente. A mí, estar a cargo de dos tortugas me provee suficiente emoción y ahora, la aventura de tener una hija -por la que doy gracias a Dios-, me parece del tamaño del mundo.

Fue bueno para mi camino, renunciar a las expectativas de otros sobre mí y liberarme de la medida convencional del éxito; pero algo falta y no soporto hacerme tonta; soy floja, egocéntrica, muchas cosas, pero no soy alguien que pueda hacerse tonta, así que no puedo darle la vuelta al par de tareas que tengo pendientes... de hecho puedo dejarlas pendientes por la eternidad, lo que no puedo es darle la vuelta a que están ahí: pendientes. Veamos este 2015.

Silvia Parque