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martes, 10 de enero de 2017

El bebé más hermoso del mundo


No todas las mamás aman a sus hijos; creo que la mayoría, sí; pero es importante observar que no es un fenómeno universal.

Sobre ese amor, las mamás solemos coincidir en que nos transforma, en que nos atraviesa el cuerpo... Coincidimos más o menos según nuestras cosmovisiones y nuestras filias; pero es un amor que se vive y se expresa de muchas maneras; no todas las mamás son dulces, por ejemplo. Además, aunque un bebé suele sacar lo más tierno de las personas y más de la mamá: como con otros amores, no estamos todo el tiempo en el idilio del enamoramiento. Para empezar, porque el mundo estorba: la mayoría tenemos, por decir lo menos, necesidad de trabajar y de lavar platos; además, ahí están los problemas, las incomodidades, etc. Tal vez, que no sean realmente de todo el tiempo es parte de lo que hace maravillosos a esos momentos en que nos conmueve con especial emoción ver la carita de nuestros niños, tocar sus manitas, sentir su respiración.

Pensé esto a partir de que hoy vi al bebé más hermoso del mundo. Ya se sabe que casi cada mamá recibe a uno.

Estábamos en el camión, B y yo, regresando a la casa, luego de una consulta de rutina con la pediatra. En una parada, se subió una mujer joven con un bebé: un bebé pequeñito que la tenía en las nubes. Lo veía, le hablaba, trataba de ponerlo cómodo, en una especie de burbuja de amor en medio del hacinamiento y la suciedad. La canción de cuna de Brahms no es más dulce que lo que tenían esos dos. Detuve a B cuando intentó tocarlo; veíamos solo su cabecita con algo de cabello, cubierta con un gorro con orejas de oso. Y eso dijo mi niña: "orejas", "oso", "ojos", "bebé". No podíamos verle la cara, pero cuando B se topa con una persona, declara con cierta emoción que ahí hay unos "ojos". "Seguro tiene unos ojos lindos", le dije. Y estuve segura porque al rato, una niña mayor de pie junto a la mama y el bebé, soltó un "qué bonito" que le salió del alma. La mamá agradeció con la modestia educada de quien sabe que lleva en brazos al bebé más hermoso del mundo. Unas cuadras después se levantaron y vi la carita. Vi lo que llaman malformación por labio leporino; una muy pronunciada.

¿Cuándo dejamos de ver la belleza real?

Silvia Parque

martes, 20 de diciembre de 2016

B no es Emily

Hoy, B tiró dos veces el árbol de Navidad. Afortunadamente para ambas, yo había leído por la mañana:  "¿Por qué sigue haciéndolo si le he dicho que no?". Las recomendaciones de la autora, funcionan. El árbol permaneció en paz el resto del día.

Justo ayer le comentaba al papá de B que estuve recordando un experimento de mi documental favorito sobre desarrollo emocional [AQUÍ]. Vi la serie completa ("Universo del bebé" / "The baby human") varias veces cuando estaba embarazada.

Conocemos a Jack y a Emily, ambos de nueve meses, con unos tres experimentos previos. Queda claro que Jack tiene un temperamento, digamos, "intenso", y Emily uno "sosegado". Luego, viene "La planta prohibida": la criatura está con su mamá, tienen un librito y una revista, respectivamente; luego se introduce una planta que la mamá no debe dejar que el bebé toque.

A Jack "le resulta imposible controlarse", dice el narrador. Podemos ver al niño una y otra vez tratar de alcanzar la planta, mientras su mamá lo quita, le habla, le muestra el libro, y acaba por cargarle para alejarlo.

En cambio, cuando entra la planta, Emily alarga el bracito; su mamá le detiene el brazo con suavidad, diciendo "no" y eso es todo. ¡Eso es todo! La niña no vuelve a intentarlo; se dedica al librito.

Obviamente, B no es como Emily.

Silvia Parque

miércoles, 6 de julio de 2016

El amor de la bebé

A partir de mediodía, empecé a sentirme abrumada. Nada particular. Me fastidió batallar con cosas de la casa y tener en mente que hay que pagar esto y lo otro. En reacción, mi niña, que siempre percibe todo, se puso especialmente demandante. Yo no estuve amable ni paciente.

Ahora mismo, ella duerme la siesta. La he tenido en brazos un rato después de la teta, y ha sido como un bálsamo para el estrés. No me siento totalmente relajada, pero ya no estoy abrumada.

Cuando despierte, va a sonreírme como si hubiéramos tenido la mejor mañana de nuestras vidas, y yo voy a disculparme, pero ella habrá pasado por alto mis fallas y faltas. Es el mejor amor. Hay quien pensará que los bebés son interesados: que despliegan su encanto nada más para que te vincules con ellos y les cuides. Yo no lo creo; yo creo que aman de un modo maravilloso.

Silvia Parque

viernes, 26 de febrero de 2016

Entre más juntitas, mejor

A continuación transcribo fragmentos de una publicación de la página de Facebook "Duérmete Hannibal" (Yo lo leí en la página de Mamá Natural):
Es curioso cómo socialmente el vínculo madre-hijo a veces parece asustar. Hay un miedo a criar "seres dependientes" producto de la intensidad de ese vínculo; tan grande y enquistado está ese miedo que luchamos para evitar caer en semejante problema. El mundo necesita que los niños se vuelvan independientes de manera urgente. Al menos, independientes de sus madres, porque esa es la dependencia que preocupa. 
¿Qué madre no escuchó a los 4, 5, 6 meses de su bebé, el consejo de salir más, de volver a trabajar (si es que aún no lo ha hecho), de hacer alguna actividad que la separe algunas horas de su hijo porque "a los dos les va a hacer bien"? ¿De dónde sale esta creencia? ¿Cómo a un bebé, cuya vida depende de su madre le va a venir bien separarse de ella a esas edades? Porque la naturaleza indica que las hembras amamantemos a nuestras crías y aunque le demos el biberón, nuestras crías no lo saben y su instinto de supervivencia les indica que mamá es la responsable de mantenerlos con vida.  
¿Y por qué creemos que a la mujer le hará bien también dejar a su bebé? La dependencia es en realidad una co-dependencia, porque la madre -especialmente una madre puérpera- necesita estar con su cría tanto como su cría necesita estar con ella. Ambos se necesitan porque están fusionados emocionalmente y es fusión durará un par de años, disminuyendo su intensidad paulatinamente, mal que le pese al resto del mundo. Lo que la madre necesita es, en realidad, compañía, tribu, red, pero no separarse de su hijo. No estamos diseñados para criar en soledad, pero ese es tema para otro post. 
Volviendo al punto, nos empeñamos en buscar alguna forma de separación. Para que la madre se despeje, para que no pierda "su identidad", para que tenga su espacio, para que no deje de ser mujer además de madre, y claro, para que vuelva a ser parte de la rueda productiva... y el bebé también debe empezar a separarse porque necesita socalizar (¿?) y forjar otros vínculos...
La publicación sigue y yo sigo de acuerdo con cada uno de sus párrafos, pero dejo ahí la transcripción.

A mí sí me sugirieron, varias veces, "separarme un poco". También me promocionaron lo bueno que sería que mi niña "socializara". Afortunadamente, siempre me ha quedado claro que entre más juntitas, mejor, y que son los demás los que necesitan que el bebé socialice: las criaturas, para nada.

B se hace capaz de un montón de cosas cada día, lo que me hace más y más entrañables esos -numerosos- momentos en los que no quiere que la deje. Necesito dejarla, sin embargo, para cocinar, orinar, lo que sea, y cuando se conforma pronto de quedarse en su tapete, y no solo se conforma sino que se interesa en lo suyo y se queda a gusto, siento una orgullosa satisfacción que al mismo tiempo es una dulce melancolía, porque he dejado de ser todo su mundo.

Así que, ¿de verdad es tan terrible que por unos cuantos meses en una vida de décadas, mamá y bebé sean uno mismo? ¡Se pasa volando! Si lo que se quiere es que la persona crecida sea autónoma, de lo mejor que puede hacerse es nutrirla con todo lo que le haga falta en esa etapa que estructura su forma de estar en el mundo.

Si la mamá es quien necesita "aire", por lo que sea, pues ya es otra cosa, cada cual es como es. A mí me vino tan bien la borrachera de nuestro vínculo, que me dejé ir completa. Curiosamente, nunca me he sentido más plena como mujer (como mujer, aparte de madre).

Silvia Parque

sábado, 20 de febrero de 2016

De la infección en la garganta a la gripe

B se recuperó de la infección en la garganta, y pescó una gripe.

Matt comentó una vez que se daba cuenta, de que a ella como a mí, le cambió la "percepción" del tiempo de frío, con sus hijos. Es una lata surfear entre la temperatura de adentro / afuera de un cuarto, adentro / afuera de la casa, sol - sombra en el camino, y las cuatro estaciones del año que se suceden a lo largo de madrugada - mañana - mediodía - tarde - noche. Hay quienes suponen que habría que abrigar a los niños, por default, desde que termina el verano y hasta que vuelva a empezar, pero también les hace daño acalorarse demasiado. Además, todo puede estar perfecto en cuanto al clima, la ropa y demás, y si llega un bicho oportunista y agarra a la criatura descuidada: zaz.

Tres días, espero que dure esto. Ya llevamos uno.

Silvia Parque

miércoles, 23 de diciembre de 2015

De la cama a la cuna: segunda temporada de colecho

Al amanecer del día de hoy, quedó formalmente declarado el fin del colecho en nuestra familia... como lo hemos vivido. Pasamos a la segunda temporada.

Hace tres noches, acosté a B en su cuna por una razón práctica que no recuerdo, pero que probablemente era que la cama estaba sin tender y llena de cosas, y que también probablemente fue afectada por la idea de su padre, de que a ella le convendría tener "su espacio" -como si una bebé de ocho meses pudiera querer más espacio para dormir que el de mamá... [ahora noto una posible proyección en la declaración del papá... y ahora noto la proyección en la mía...]-

El caso es que hace tres noches, en su cuna verde junto a la cama, la niña durmió profundamente, desde que la acosté hasta que hubo que despertarla para darle medicina, en la madrugada, y se volvió a quedar dormida hasta la mañana. Que así dormía más a gusto, dijo el papá. Que así dormía toda la noche, añadió. Que podía ser que en la cama le diéramos codazos o cualquier cosa que hiciera que despertara varias veces, declaró con rotunda seguridad. Yo sé que los bebés despiertan varias veces porque son bebés, aunque haya bebés que duermen toda la noche; pero hay que tener la mente abierta...

¿Y si no la oigo? 
¿Y si tiene hambre y no me doy cuenta?
¿Y si...?

Pero también yo dormí con una comodidad que nunca extrañé, pero que me vino muy bien.

La noche siguiente ya no fue tan impresionante, y B hizo sus tomas nocturnas de costumbre, así que me tranquilicé: sí la oigo, sigue pidiendo teta si quiere, y puedo llegar a ella y tomarla en brazos de inmediato. *En este punto hay que mencionar que la cuna está más o menos a medio metro de la cama.*

Para la tercera noche, el papá mencionó unas tres veces que la extrañaba; pero la verdad... yo no. Sí siento algo en el estómago cuando pienso en llegar a perderme la sonrisa de cuando despierta, pero al menos en estos tres días, he estado frente a ella justo a tiempo para disfrutarla. Y recuperar la parte que ocupaba en la cama, que ya era más que la tercera parte, se ha sentido muy bien. Es evidente que no duerme mejor en la cuna. Pero tampoco peor, y no parece a disgusto, ni asustada, ni nada por el estilo. Esta última noche, como se acostó temprano, al despertarla de madrugada para darle su medicina, ya no se quería dormir, así que la acosté en la cama; estuvo ahí buen rato, medio dejando que durmiéramos, y cuando volví a darle teta y se quedó dormida, la devolví a la cuna. Creo que los tres lo disfrutamos, así que sera así: visitas a la cama cuando se ofrezca. A nuestro ritmo.

Silvia Parque

lunes, 23 de noviembre de 2015

Muy propia

Hoy mi B estuvo especialmente demandante. A veces, cuando lloriquea por algo que nos parece "nada" o "cualquier cosa", le decimos algo como "qué bárbara, B, hasta pareces una bebé de X meses". Y así se portó hoy, como toda una bebé.

Silvia Parque

lunes, 9 de noviembre de 2015

La pérdida de la capacidad de autorregulación

Yo creo que nacemos como animalitos con cuerpos que todo lo saben: salimos del ambiente acuático y respiramos, nos ponen un pezón cerca y succionamos, incluso se ha documentado que un recién nacido es capaz de reptar hasta encontrar la teta de su mamá. Así las cosas, la alimentación a libre demanda se basa en la idea de que el bebé sabe cuándo y cuánto necesita comer. Yo he alimentado a B con ese principio, y así manejamos también el sueño. No hay "hora de dormir", aunque más o menos a las 10:00, hacemos ambiente de noche: apagamos la mayor parte de las luces, bajamos el volumen, y ya no jugamos escandalosamente. Hasta hace un mes o poco más, eso era todo; ella dormía cuando le daba sueño, casi siempre después de alguna de sus múltiples peticiones de comida: no la "poníamos a dormir". Yo recordaba que a mi sobrina -un año mayor que mi niña- había que dormirla, pero pensaba que eran efectos de la diferencia en la crianza. Ahora, sin embargo, B se pone latosilla por la noche, y he concluido que es porque tiene sueño; quiere comer, pero no, pero sí, ahora no, ahora sí; queja, un poco de lloriqueo, y finalmente se prende a la teta para quedarse dormida. Entre los "no-sí-queja-etc.", le calma que la carguemos con arrullo, en un acompañamiento que se ha convertido básicamente en una "inducción al sueño"... le ayudo a dormir, pues; parece que ya no gestiona sola su sueño. ¿También dejará de autogestionar sus cantidades de comida, ahora que no solo toma leche? Como se ha sentido mal por esto o por lo otro en este mes de conocer comidas, el que coma mucho de lo que le gusta ha pasado a ser sospechoso...

Silvia Parque

lunes, 5 de octubre de 2015

Artículos para bebés

Hay artículos para bebés cuya existencia no entendí o fui capaz de apreciar cabalmente, hasta que llegó B a casa; como la variedad de trapitos para los líquidos residuales que salen de su cuerpo: muy útiles, nunca demasiados. Hay objetos costosos para papás aprensivos o cuidadosos, o en todo caso, con dinero para comprarlas y espacio para guardarlas; como el termómetro para el agua de la bañera: a mí me habría ahorrado discusiones con mi abuela, que sufría porque según ella, yo metía a la niña en agua fría; pero mi mano tentando hace el trabajo. Otras cosas sí son un robo que toma ventaja de la merma cognitiva que pueden generar los bebés: como el agua para bebés. ¿Qué tendrá de diferente el hidrógeno o el oxígeno del agua para bebés? Según lo que leí en el empaque de la que me detuve a examinar, su chiste es que es libre de sodio; pero al revisar su composición sí aparece sodio, y al compararla, tenía más sodio que una de las marcas en su presentación común y corriente. No había visto fraude de tal magnitud desde que comparé palomitas de microondas light con palomitas de microondas regulares.

Silvia Parque

viernes, 2 de octubre de 2015

De B y la manipulación

Creo que son unas tres personas las que me han dicho, lo que muchas más de tres personas han de pensar: que mi bebé ya me ha agarrado el punto, que ya me ha tomado la medida, que me manipula, pues. Yo no discuto, pero por supuesto, me dejo "manipular".

AQUÍ la razón científica por la cual es imposible que los bebés muy pequeñitos manipulen; son incapaces de saber que si hacen X, sucederá Y.

Claro que bien pronto empiezan a convertirse en personitas capaces de jalar del cordón que hará que el objeto musical suene, esperando el sonido, es decir: bien pronto sabrán que si hacen X, sucederá Y. Entonces sabrán también que si lloran, pasará aquello que haya estado pasando cuando lloran. En el caso de mi hija, sabrá que si llora, mamá o papá irán a hacer que se sienta mejor, o al menos a intentarlo. Exactamente lo que quiero que sepa.

Si la manipulación es que ella hace que yo haga algo que ella quiere, me parece muy bien que me manipule, porque o quiere comer, o quiere que la cargue, o quiere atención, o las tres cosas al mismo tiempo. Por cierto, empieza a pedirlo con gestos y ruiditos, pero a veces no lo obtiene y pasa a medidas extremas, es decir: funciona como cualquier persona no apocada ni amedrentada: va por lo suyo (en este caso, la comida, los brazos y la madre). El problema, a ojos de algunos adultos, es que a veces no se puede tener lo que una quiere, y los padres deberían dejarlo bien claro desde el principio. Para mí, esa realidad ineludible de que no siempre se obtiene lo deseado, es de las principales razones por las que trato de que ahora, que le toca aprender de qué va la vida, tenga todo lo que tan legítimamente quiere (repito: comida, brazos, madre... a veces, padre). La vida en mucho se trata de ir por lo que legítimamente nos corresponde, y si somos decentes, de ir por ello con modos legítimos. ¿Cuál será el modo legítimo para el crío incapaz de pronunciar una palabra?

Hay muchos adultos que no quieren dar a sus bebés eso que sus bebés quieren. Ahí está mi vecina diciéndome que no le dé de comer en la noche para que se acostumbre a dormir de un tirón hasta la mañana, es decir: que la deje llorar de hambre hasta que se rinda y entienda que ha de hacerse lo que yo quiero y no lo que ella quiere, ¡que es alimentarse! ¿Quién sería la infantil en ese caso, me pregunto? Pero bueno: cada adulto con sus necesidades. Están los que no quieren cargar o no quieren dar atención... o no tanta atención como pide el bebé. No está bien ni mal, somos diferentes y ni queremos lo mismo, ni damos amor de la misma manera. El caso es que yo sí quiero darle a mi niña esas tres cosas que me pide... casi siempre. A veces, por ejemplo, ella quiere atención y yo quiero comer; entonces, tenemos drama; aunque como apresurada y frente a ella, hablándole, no le es suficiente y llora; a veces, a la mitad de la comida, su queja me hace saber que también quiere comer, pero aun así termino mi plato antes de darle, porque aprendí que: o me hacía mis ratos para la comida, o esos ratos iban a ir extinguiéndose hasta que acabáramos mal. Acepto la situación, me apena que la pase mal, la acompaño en su malestar, y en cuanto termino, la tomo en brazos y la consuelo. Tenemos el mismo pequeño drama cuando se acabó su ratito de entretenerse sola, antes de que yo termine alguna tarea doméstica que juzgué impostergable. Y también del mismo modo: le hablo mientras la pasa mal, me acerco a tocarla, me apuro, y en cuanto termino, la cargo y la consuelo. Si parece muy alterada mientras estoy en lo mío, interrumpo y hago un "intermedio" para el consuelo. ¿Que así no va a aprender a "dejarme hacer"? Yo creo que va a aprender que sí me llegan los mensajes y que me importan.

¿Que hay cosas que querrá y yo deberé negarle? Pues sí; pero mientras lo que pida sea comida, brazos y mamá...

Silvia Parque

martes, 22 de septiembre de 2015

Olvidar al bebé en el coche: yo voto por la misericordia

Hoy he visto en una de las páginas que sigo en Facebook (Amo ser mamá y mi vida caóticamente hermosa), una imagen de un bebé en un asiento para bebé en un coche, con el siguiente mensaje: "Si necesita que se te recuerde que el está en el coche, tú no deberías ser un padre!" El error de redacción, el acento y el signo que faltan, es cosa suya. En cuanto al contenido del mensaje, yo voto por la misericordia. Cierto que olvidar a un bebé no es cosa menor: olvidarle en el coche es terrible; a la gran mayoría de los papás no les va a pasar, porque de inmediato echarían en falta lo olvidado, ¡si no es un paquete de carne! Pero pasa. Le pasa a personas que no son monstruos.

Ante las noticias de padres que dejaron a sus bebés en el auto, deberíamos distinguir entre la negligencia criminal y el simple descuido, por la intención, el contexto y la circunstancia, y no por la gravedad del efecto. Recuerdo que hace años, se supo de una pareja que dejó a su bebé en el coche, en el estacionamiento de un cine, para ver la película. El año pasado circuló la nota de una pareja en España, que también dejó a su bebé en el coche, pero en el estacionamiento de un casino, supuestamente para ir al baño, pero en realidad para ir a jugar. Aunque no se puede juzgar con la información de unas cuantas notas de un par de sitios de noticias, yo dudo seriamente que haya que dejar a esos papás, llevarse a los niños rescatados, sin siquiera mediar intervención educativa. En cambio, hay historias mucho más increíbles que poniendo atención son totalmente verosímiles, y que pueden llevar a que un niño pequeño se quede encerrado en un coche, por horas, sin que los papás tuvieran en mente algo como "que se aguante y espere: un poco de deshidratación no le hace mal a nadie".

Hace unos meses, cuando machuqué el dedo de B, recibí comentarios empáticos y solidarios, y otras mujeres me compartieron sus experiencias del tipo: "se cayó de la cama", "se volteó la carreola", "lo arañé jugando". Esas cosas pasan, y sin embargo, parece que hay una "magnitud del evento" en la que ya no se dispensa el descuido, pero en esencia es lo mismo: un error. Ahora: en el caso del mensaje de la página, parece que alude a un tip que ha circulado, para no olvidar que llevas al niño en el coche, es decir: para no cometer el error. Esos que a su criterio no deberían ser padres, están tratando de no cometer el error. Yo voto por la misericordia.

Silvia Parque

lunes, 14 de septiembre de 2015

Se aprende de los bebés

Se aprende mucho con los bebés. Yo he aprendido, por ejemplo, el significado de "ahora", he confirmado lo importante que es hacer planes y lo imprescindible que es saber lidiar con la imposibilidad de seguir el plan.

Se aprende también de los bebés. A vivir, básicamente. B se aferró a su teta con más perseverancia de la que jamás he tenido para ninguna cosa, cuando no sabíamos que se le dificultaba mamar, y ella seguía y seguía, despacito, con todas sus fuerzas insuficientes, durmiendo por el cansancio de tanto trabajo y despertando a seguir otra vez. La admiro por eso. También admiro cómo sonríe cuando los cólicos le dan un respiro. Cuando le duele, se le transforma la carita, grita, y la cosa puede ponerse fea; pero apenas se le pasa, sonríe; a veces apenas esboza una sonrisa y llega otro aire a molestarle, pero ella vuelve a la sonrisa en cuanto puede. Así quiero ser.

Silvia Parque

viernes, 21 de agosto de 2015

Decisiones muy difíciles con un bebé

Una vez, B tuvo una pestaña en el ojo. Me pregunté si debía quitársela hasta que dejó de verse.

Luego, está la cuestión de sacarle el aire o no, cuando después de comer se queda dormida; se supone que hay que hacerlo; ya no lo hago, pero me lo pregunté mucho antes de decidir...

Y, ¿qué tan tapada? No me puedo guiar por mi propia sensación térmica, ya que soy atípica en esas cosas; me gusta estar tapada sobre todo por sentir la presión de la cobija sobre mí. Eso todavía me lo pregunto cada vez.

Silvia Parque

miércoles, 29 de julio de 2015

Cuando el triste o adolorido, no es un bebé

A veces, B se queja o lloriquea cuando está dormida; a veces hace un gesto de dolor. No me refiero a los sonidos que pueden ser normales en el sueño, como pujiditos, sino a claros indicadores de incomodidad. Usualmente me acerco y le pongo la mano encima. Si continúa quejándose o lloriqueando, la tomo en brazos. Cuando ha sido un día o una tarde en la que ha estado inquieta, me detengo a pensar si tocarla o no, si alzarla o no, es decir, si apostar a la posibilidad de que solita se aquiete, en lugar de arriesgarme a despertarla. Siempre corro el riesgo.

Si me conmueve cuando pone cara de incómoda o molesta, mucho más cuando pone carita triste o de dolor. Aunque las personas reaccionemos diferente, y haya quien considere que es mejor no hacer mucho caso al llanto del bebé, o hacerle caso pero no tomarlo en brazos, etc., creo que las personas sanas que recibimos el mensaje "bebé mal", nos conmovemos, deseamos que el bebé esté bien, y en la medida de nuestras posibilidades, haremos algo al respecto. En general, los bebés despiertan lo mejor de las personas.

¿Cuándo deja de importarnos el malestar del otro? Los niños también provocan buena voluntad, pero menos que los bebés. Supongo que hay una premisa cultural por la cual, quien tiene o debería tener recursos para atenderse a sí mismo, ya no es un adecuado depositario de las atenciones de los demás.

Me queda claro que  no podemos ir por ahí atendiendo a todo el grandulón que eventualmente lo requiera; pero creo que ni siquiera nos conmueve, sentimentalmente hablando; creo que dejamos de notar los gestos de malestar, si no representan una amenaza para nosotros.

Silvia Parque

martes, 7 de julio de 2015

Miscelánea volviendo

Tengo muchas cosas que escribir. Por ejemplo:

- Ha llegado de nuevo la temporada de moscas. Y no queremos moscas donde hay bebés. Ni moscas, ni arañitas, ni todos los otros especímenes que compartían nuestra casa; las políticas han cambiado.
- Tía Rosa consigue el sabor a chabacano, mezclando el sabor de otras frutas; no recuerdo cuáles y tiré el empaque de mis galletitas, así que tal vez no vuelva a saberlo hasta que alguien en un video de Youtube haga "sabor chabacano".
- El Centro de Salud que me corresponde no tenía la vacuna de refuerzo contra la hepatitis B cuando mi B fue llevada a pincharse. Todo un tema el del "movimiento antivacunas"; por aquí todavía no es moda y espero no llegue a serlo. Pero sí leí y pensé, antes de  llevar a la niña a vacunar; no fue algo que diera por sentado.
- Si yo tuviera una empleada doméstica, la bendeciría a ella, a su casa y a diez generaciones de su familia. Va subiendo en la jerarquía de prioridades, en la lista de "cuando se pueda".

Pretendía volver a la normalidad bloguera a partir de ayer, pero irá siendo en la semana.

Silvia Parque

viernes, 29 de mayo de 2015

jueves, 28 de mayo de 2015

El cambiador

Por ahí, en internet, hay listas varias sobre lo que hay que comprar -o no hay que comprar- cuando se va a recibir a un bebé. Yo doy fe de que una de las cosas más útiles que tengo, y de uso más que frecuente, es un objeto nada llamativo, modesto como él solo:
el cambiador. 
Una especie de superficie de tela plástica, para cambiar a la bebé sobre ella. Gran cosa.

Silvia Parque

lunes, 25 de mayo de 2015

La hora de dormir: nuestro colecho (rodó1, rodó2)

Tengo la idea de que el colecho sería "lo natural", si algo pudiera ser "natural" en la crianza humana. Dormir con la cría en sus primeros días, me parece cuasibiológico porque el cuerpo de la madre segrega sustancias que la vuelven loca por el bebé, al grado de que muchas no querriamos dejarlo ni un momento. Luego, la madre va volviendo en sí; pero por cuestión de supervivencia, la cría querrá estar cerca de ella. Entre estas creencias y cierta ensoñación de familia, yo quería que mi bebé durmiera con papá y mamá. Pero como he contado AQUÍ, al descubrirla una noche, con la cara pegada a mi cuerpo, me asusté pensando que podría asfixiarse. Así que llegó la cuna, cortesía de una prima mía.

B se iría acostumbrando a lo que necesitáramos acostumbrarla, pero a su ritmo, así fuera un ritmo que nos pareciera muy lento, desde nuestra perspectiva soñolienta. Y efectivamente: pintaba para ser un ritmo muy lento... Aunque pareciera dormida, en cuanto la dejábamos en la cuna, despertaba llorando.

Ya habíamos tenido varias largas noches con mucho llanto de bebé, cuando tomé conciencia de algo que no era realmente nuevo. Una noche desperté, y vi que habíamos estado durmiendo ricamente, las dos, no sabía yo por cuánto tiempo: ella sobre mí. Se queda profundamente dormida sobre mi pecho, después de comer. Creo que siempre que come bien-bien. Y es delicioso sentir su calor y su respiración... Fue maravilloso hasta que me di cuenta de que, dormida, dejo caer un brazo que hace de soporte para ella... y el observador elucubró: ¿y si se mueve y cae? ¿y si cae de la cama? Afortunadamente, más vale una vez colorada que cien descoloridas: pasé la peor de las noches, intentando no dormir, con ella comiendo y durmiendo como si nada; al día siguiente decidí que no volvería a pasar por lo mismo: disfrutaría su cuerpito sobre el mío, sin preocuparme. Tal vez por cansancio, el encargado de seguridad de la familia no opuso resistencia.

Entonces, una noche de éstas, volvió a rodar. Abrí los ojos y estábamos en una posición diferente a la que teníamos en el último de mis recuerdos. Yo la sostenía bien, pero no podía saber si ella había rodado hacia la izquierda, o yo la había acomodado así. ¿Y si hubiera rodado para la derecha, y se cae de la cama...? Porque yo duermo del lado derecho...

Resolví que esperaría una media hora cada vez que la niña se durmiera, para llevarla a la cuna; en ese tiempo, esperaría que entrara en sueño profundo... Pero sería volver a empezar: volver a tenerla dormidita sin dejarme dormir a mí... Recapitulé: esto es para no aplastarla/asfixiarla y para que no se caiga... Miré la cama y me pregunté por qué me coloco yo a un lado en los momentos en que no hay alguien del otro lado, ¿por qué no me coloco yo en medio, para que en caso de caer/rodar la niña, haya colchón tanto hacia la izquierda como hacia la derecha? El papá casi siempre llega tarde a dormir; ella podría quedarse en la cama hasta que él llegara... Pensé: "vamos a armar una estrategia completa".

Lo primero sería lo más biológico o material, aunque es lo que menos creo que afecte: no más exceso de chocolate para mamá, por si acaso. Luego, habría que hacer mayor diferencia entre el día y la noche: alargarle un poquito sus ratos de estar despierta, darle un poquito más de actividad. Pero el centro de la estrategia sería un cambio de enfoque: si de cualquier manera va a despertar a comer, y varias veces; mejor pasarla lo mejor posible, asumiendo eso. En el primer turno, podemos ocuparnos: una película, leer, seguir trabajando. En el segundo, puedo dejarla sobre mí. Y en el tercero, para el rato en la cuna... a grandes males, pequeños remedios: yo no quería que nada hiciera competencia a mis tetas, y me gustó mucho ser un chupón humano, pero necesitamos procurarnos descanso; llegó un chupón con una rana. La idea es usarlo solo por la noche: a ver...

Compramos el chupón ayer, y estaba dispuesta a estrenarlo; pero a la hora en que la llevé a la cuna, y lloró, ya había amanecido; además, estaba llorando por hambre.

Silvia Parque

miércoles, 13 de mayo de 2015

Consejos

Un bebé es una especie de imán para los consejos. Hoy me he cortado el cabello, y la estilista me ha aconsejado ir dejando de darle de comer a la bebé por la noche, para que se acostumbre a que la noche es para dormir. A mí casi me suena a sacarla a dormir al patio. Mi niña pasa en brazos todo el tiempo que es humanamente posible, y tenemos la clara intención de hacer de ella una consentida. Ya he oído a las personas que piensan que es mejor que no se acostumbre a los brazos, que es mejor que no le haga mucho caso por la noche, y eso me parece sensato; no lo tomo, pero me parece bien: bueno para otros niños que no son mis hijos. ¿Pero dejarla pasar hambre? Una de mis tías me ha dicho que a sus hijos no los dejaba quedarse chupeteando la teta. Lo entiendo perfecto; yo amo que se quede chupeteando después de comer, que suelte la teta hasta que ella quiera y quedarnos juntitas, ella dormida de satisfacción. Si por falta de gusto o por lo que sea, la mamá retira al bebé apenas ha comido, pues bueno: ya ha comido. ¿Pero dejarle con hambre? ¿Para que nos deje dormir? Nunca.

Así, ayer vi a mi casero y me dijo que es mejor no cargarla mucho -lo que escucho y descarto- y que podríamos salir al parque cuando el clima está agradable, que no estuviera yo muy encerrada. Y caí en la cuenta de que he estado encerrada, no en la casa, sino en la recámara. Tiendo tanto al sedentarismo, que la cuarentena me queda a la medida. No se supone que ande de arriba para abajo, pero un poco de "afuera" es necesario para la salud mental. Hasta hoy por la mañana, había salido tres veces: una vez con mi doctora,  y dos veces con el médico de la niña; la última de esas veces, aproveché para ir al supermercado; salió muy bien porque usé uno de los carritos para discapacitados. Teniendo en mente el consejo de mi casero, y aprovechando los últimos días de mi abuela apoyándome, decidí ir hoy al dentista y a hacer unas compras. Cuando me cansé, nos detuvimos a recuperarnos en un café, lo que redondeó el paseo. Por si fuera poco, al regresar a la casa, me animé a dejar a la niña por primera vez, para ir a cortarme el cabello (tengo la estética enseguida). Al final, es bueno que la gente diga lo que considera atinado; mientras sea con respetito... por ejemplo, la estilista también me aconsejó usar perlas de éter antes de fajarme, para "sacar el aire" del vientre, y en eso sí le haré caso.

Silvia Parque

lunes, 4 de mayo de 2015

Colecho, crianza en brazos, lactancia materna.- el encuentro con la realidad

Que conste que sigo pensando que lo bueno que se dice del colecho es como se dice y no creo que sea significativamente peligroso; pero como todo, no es para todos y no resultó para nosotros.

A B se le preparó un lugar en la parte central-superior de la cama, sobre una de sus sabanitas. Y no quedó mucho espacio para dos cuerpos adultos. Pensé que esa incomodidad pasaría cuando libráramos la etapa "recién nacida", así que no le di importancia; de cualquier manera no esperábamos dormir muy cómodos por un tiempo... Lo crucial fueron dos sustos que me llevé una noche:
* Primero, despertar y no verla, para descubrir que estaba junto a mí - pegada a mí, con su cara entre el colchón y mi cuerpo; no sé si rodó o yo la habré jalado.
* Luego, descubrir que la había tapado como si estuviera al revés, es decir, le cubrí completamente la cabeza creyendo que eran los pies. Creo que es menos probable que yo permanezca dormida si me levanto de la cama y doy un par de pasos antes de verla.

Ya espero un bambineto que están por heredarle.

Con la crianza en brazos me va mejor, aunque tampoco es como lo imaginé. Amo cargarla y podría pasarme el día echada con ella, solo que:
1. Lo único que parece gustarle más que estar en brazos es estar en los brazos de una persona que esté caminando; recuperándome de la cesárea, esa persona no puedo ser yo: creí que sí hace unos días y mi cuerpo replicó ostensiblemente. Sí puedo caminar, pero no es lo mismo dirigirme de un punto a otro, que ir y venir, una y otra y otra y otra vez. 
2. Mi "baja por maternidad" no puede ser muy extensa: necesito regresar al escritorio y al teclado. Probé tenerla en brazos y escribir solo con una mano, pero no es operativo. Planeo trabajar con ella encima en un fular, pero cuando sea un poco mayor; ahora me da la impresión de que se perdería "ahí" -es tan pequeñita-. Entretanto, aprovecharé la ayuda de mi abuela...

Lo que sí es como en mis mejores sueños es lo de amamantar. Eso da para otra entrada...

Silvia Parque