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viernes, 13 de septiembre de 2019

"Niña"

Hace unos días, calculé que hace más de un año, B no me llama "mamá". Puede que hace mucho más de un año porque siempre fue muy raro que dijera "mamá". Como sí canta, hoy canté usando la palabrita para oírla repetirla, aunque no me estuviera hablando.

Ahora que volvió a la escuela, me impactó oír a las niñas y los niños de su salón. No es que yo no tuviera conciencia clara de la situación, pero oírles me hizo querer más oírla a ella.

Y esto no se puede apurar. Así que me puse algunos puntos sobre las íes.

He estado queriendo a mi niña "de regreso": a la que yo tenía; como si la que tengo no fuera quien es

Pero nuestra vida no es un proyecto. Me detuve.

Ayer la pasamos bien. 

En la tarde, ella andaba vestida de Mowgli y le pregunté si era una niña o una salvaje. Fue a subírseme encima y le pregunté si era una niña o una calabaza. Lo pregunto desde que era bebé. "¿Eres una niña o una calabaza?" "¿Una calabaza naranja o una verde?" Por lo de "¿qué te pasa, calabaza?" Es algo festivo. 

Y respondió: "niña".

Silvia Parque

jueves, 15 de noviembre de 2018

Los propósitos en la educación

Escribí "Preparar a niñas y niños" y Ojo humano, del blog Palabra breve, comentó que le gustaría que ampliara la reflexión. Así que seguí pensando...

Dicen que todos queremos lo mismo para nuestros hijos, pero no es cierto. No puede ser cierto porque no tenemos la misma escala de valores, a veces ni siquiera tenemos los mismos valores figurando en una escala.

Evidentemente, la mayor parte de las personas queremos lo que consideramos "bueno" para nuestras criaturas. Así tenemos el famoso inicio de Mateo 7:11: "Pues si ustedes, siendo malos, saben dar buenas dádivas a sus hijos..." Pero lo bueno se explica y se expresa de diferentes maneras. Nuestros valores van a hacer que nos dirijamos fundamentalmente a la consecución de "algo", de modo que "lo otro" tal vez esté presente, pero no dirigirá las intenciones.

No todos los caminos son iguales ni llegan al mismo sitio.

Si una mamá tiene como propósito de la educación de su hija hacerla una persona feliz, no quiere decir que no quiera que sea una persona honesta, capaz o libre; sin embargo, que el propósito sea la felicidad sí significa que todas las otras cosas que quiere, se configuran alrededor de la felicidad, están permeadas por ese propósito o se subordinan al mismo. Sus decisiones, discurso y actos no serán los mismos si su propósito es que su hija sea una persona plenamente consciente de sí misma o autónoma o materialmente exitosa. Por supuesto, no es tan simple; un propósito puede ser una especie de perfil configurado por una serie de valores relacionados entre sí. Pero nunca "cabe todo": no queremos lo mismo para nuestros hijos.

En el mismo sentido, cada modelo educativo tiene su propósito. Todos pueden pretender "cosas buenas"; pero entenderán de diferente manera qué es "lo bueno" y cómo se vive. Los lemas de las instituciones de nivel superior pueden dar una idea de esto. No es lo mismo "Espíritu emprendedor con sentido humano" que "Educo en la verdad y en el honor" o "Luchar para lograr, lograr para dar".

Según yo, en general, el sistema cultural hace que en la mayor parte de los casos, las experiencias en cualquier modelo se ajusten a los supuestos culturales dominantes en relación con "género", "vida", "sociedad", "educación", etc. Por eso hay, por ejemplo, muchas menos escuelas que verdaderamente siguen el método Montessori, en comparación con las que llevan "Montessori" en el nombre -y faltaría ver qué tanto las familias realmente viven la educación Montessori-.

Considerando lo anterior, para mí está claro que la educación formal en México, tanto como la educación informal -que parte de la socialización-, en general se encamina a hacer que niñas y niños sean obedientes y por tanto sumisos, lo que termina en mujeres y hombres acríticos, alienados. En tanto personas sometidas, niñas y niños aprenden a acomodarse en un sistema jerárquico que les adiestra para participar en relaciones verticales donde la violencia es el recurso usual para sobrevivir, a veces literalmente; se les enseña a manipular, a engañar, a aparentar, a complacer. Está gacho.

Nótese que el propósito suele sonar bien: un niño educado es un niño obediente; por tanto, gusta: es aprobado.

Esta es una de las cuestiones sobre la que más hemos necesitado hablar, el papá de B y yo. Él quería que B obedeciera. Yo quiero que "haga caso". Parece lo mismo, pero es completamente diferente. Las personas pueden usar las frases como si fueran intercambiables, pero el concepto de obedecer, como lo conocemos, implica someterse; otra cosa es dar su lugar al otro, prestándole atención para valorar lo que nos está diciendo y actuar como corresponde.

Hay mucha tela de dónde cortar con este tema...

Silvia Parque

jueves, 8 de noviembre de 2018

Preparar a niñas y niños


Existe la idea de preparar a niñas y niños para competir e incluso para pelear o aceptar ser sometidos, bajo la premisa de que así es el mundo "real".

Suponiendo que el mundo siga siendo tan violento o injusto como es o que empeore -lo cual es probable-, no tenemos por qué elegir adaptarnos a la injusticia o a la violencia. Podemos resistir. Podemos crear recursos para sostener hábitats de "otra cosa", de mundos preferibles. Podemos preparar a niñas y niños para eso.

Silvia Parque

miércoles, 31 de octubre de 2018

Ver con buenos ojos


El sábado, B y yo estábamos en una sala de espera. Pasamos más de una hora ahí, compartiendo el espacio con otras personas, entre las cuales había una mamá con un bebé grande -o niño muy pequeño-.

En cierto momento, dicho bebé grande "le pegó a B" con una muñeca que le prestamos.

Creo que si mi interpretación del hecho fuera de algo que hizo mi hija, es fácil que alguien piense que así lo veo porque es mi hija. Así que, aunque obviamente no me dio gusto que el detalle ocurriera, sí me da gusto poder compartir esto que he pensado antes, con un ejemplo donde no es mi niña quien hizo lo inapropiado.

Estas son mis consideraciones:

1. El niño estaba disfrutando moverse, tener poder sobre el objeto y entrar en contacto con la niña, a quien siguió acercándose después del incidente. No pegó como lo hace una persona mayor.

2. El niño sabía lo que estaba haciendo en un sentido: sabía que al mover su brazo con la muñeca en la mano en esa dirección, el objeto impactaría en la niña y muy probablemente, según mis cálculos, sabía que eso la haría quejarse, llorar o algo por el estilo. Seguro ya le habían dicho que "no se hace". Así que fue agresivo: no solo fue brusco, pero agresivo no es igual que violento: no fue violento. Estaba ensayando (la vida).

3. Hace falta un largo trayecto para que el "no se hace" que repetimos mamás y papás se introyecte, se comprenda y sea parte de su ética.

4. Decir: "Fulanito le pegó a Menganito" muchas veces no es ilustrativo de lo que pasa con niños pequeños. Si no hay una forma mejor de expresarlo, podemos tratar de hacer notar el contexto para transmitir algo del  significado y sentido del acto.Comprender hace ver con buenos ojos a niñas y niños, aun cuando hacen algo inadmisible.

Silvia Parque

lunes, 3 de septiembre de 2018

Amistad con persona adulta fuera de la familia

Me parece especialmente valiosa la relación de amistad que una niña, niño o adolescente tiene con una persona adulta fuera de la familia.

Crecemos pensando que el mundo es lo que en nuestra casa nos dicen y lo que en nuestra casa vemos, apenas extendiendo está visión a las casas de los primos o los abuelos. En otros espacios como la escuela y la Iglesia aprendemos otras cosas; ahí nos relacionamos con adultos que no son de la familia, sin embargo, casi siempre son personas en una posición de autoridad con las cuales no hay un tú a tú.

Un caso especial es el de las tías y los tíos. Es una relación que puede ser preciosa. Sin embargo, casi siempre tíos y tías participan de la cultura familiar, lo cual no ocurre con la persona adulta "de fuera".

El adulto que no es de la familia tiene una relativa lejanía en cuanto a responsabilidad y afecto para con la niña, niño o adolescente, que le da un toque especial a la relación; por ejemplo, tiene posibilidad de hablar sin el cuidado que tenemos para con los chicos en casa y puede aportar perspectiva para "juzgar" la dinámica familiar.

Por supuesto, la persona adulta siempre será la responsable de que la interacción sea apropiada y tendría que hacerse cargo en caso de notar o saber algo que pone a la criatura en riesgo -por eso digo que la lejanía en cuanto a responsabilidad es relativa-. No todo el mundo está dispuesto a eso.

Por su parte, los papás o tutores son enteramente responsables de la cercanía que pueda tener con alguien, la hija o hijo a su cargo. Está claro que no todas las personas son confiables y que, hasta con las personas confiables hay que tener reservas, digamos una "política sobre las relaciones" en la que estén bien claras cosas como que una niña de diez años no va a ir a platicar a la recámara de su amigo, el vecino de veinticinco.

Silvia Parque

martes, 24 de julio de 2018

Acoso escolar

Estoy escribiendo un artículo sobre acoso escolar y lo que encuentro es terrible. Con eso en mente, solo pasé a declarar que:

Como sociedad, no estamos a favor de las generaciones jóvenes. Nos parecerán tiernos los bebés, pero no mucho más. No cuidamos a niñas, niños y adolescentes como lo necesitan. Como sociedad, no los amamos.

Silvia Parque

jueves, 28 de junio de 2018

Gracias por tolerar que una niña se porte como niña

Hoy, B y yo hemos ido a una estética para que le cortaran el cabello.

Debíamos esperar a que llegara la estilista a abrirnos. Cuando llegó, B se coló entre la mujer y la puerta para entrar primero. Yo le dije "espera", pero en la segunda sílaba, ella ya había entrado. Exploró el espacio, recorriéndolo no solo con la mirada; se dispuso a entrar en otra habitación, pero la detuve y le dije que esa no era un área para clientes. Habló y habló y habló, a mí y a la estilista, incluyendo preguntas repetidas. Se movió, intentó quedarse quieta, se movió, logró quedarse quieta y se movió, mientras la mujer hacía lo suyo. En algún momento, sus pies estaban en el cuerpo de la estilista; los retiré y le advertí que cuidara dónde los ponía. En otro momento gritó, emocionada por algo; le dije que ahí no se gritaba y su siguiente frase la dijo muy bajito. De pronto, metió la mano a donde se movían las tijeras. Solté un "no" enfático y luego de que expliqué por qué no debía hacer eso, la estilista me hizo segunda, contándole que ella misma se había cortado y mostrándole el papelito con el que se limpió la sangre. Creo que fue luego de eso que le ofreció un dulce, al que siguieron otros cuatro. Al final, B tomó la brocha para sacudir cabellos de la mano de la mujer; le dije que eso no se hacía, pero la verdad es que no se la quité porque de algún modo ambas adultas estábamos satisfechas con que la misión terminara por fin.

La mujer no dejó de ser amable ni cuando B la tocó en el estómago y preguntó "¿esta es tu panza?" y realmente trató de entender algo que B debió repetir unas tres veces para que yo tradujera. Le agradecí por su paciencia y le agradezco aquí de nuevo.

Los niños deben aprender que a veces toca pasar después de otras personas, que no pueden atravesarse como si no hubiera alguien más en el camino, que hay límites en los lugares, que el cuerpo de las otras personas es un límite de lo más importante, que se debe modular el volumen, que hay que estar quietos en muchas situaciones, que hay un montón de reglas para relacionarnos con los demás y con los objetos de los demás. Pero si se respetan sus procesos, no lo van a aprender "a la primera"; les lleva tiempo. Las buenas personas pueden lidiar media hora con eso. Habrá quien disfrute oír a una pequeña conversadora de tres años y quienes no; pero las buenas personas pueden valorar y respetar que la criatura está conociendo la vida y el mundo.

No se trata de gustar de los niños; se trata de entender que ocupan un lugar en el mundo y que tienen derecho a los espacios públicos, así como son: inquietos, ruidosos, sin filtro.

Ayer fuimos a una librería por segunda vez. La primera vez, hará más de un año, fuimos por un asunto mío y la tuve en brazos casi todo el tiempo. Ahora íbamos con ella como protagonista, para que eligiera un libro. Fue una experiencia muy agradable; pero la forma en que se desarrolló no la habría imaginado antes de embarazarme... Bajé al piso todos los libros que le llamaron la atención y ahí los fuimos viendo. Imposible que ella los viera o tocara en el mueble alto donde estaban. (No los maltratamos y por supuesto, puse en su lugar los que no llevamos).

Aprecio mucho que el personal y las demás personas, la dejaran disfrutar y no me hicieran sentir incómoda. Porque no solo es que yo bajara los libros al piso. Ella entró corriendo, atraída por la extensión del pasillo -¡una pista!-. Pronto descubrió que lo mejor de una librería es que tenga una rampa junto a una escalera; hay que conocerla bien primero, pero luego se puede subir y bajar, subir y bajar, rápido o lento. Más tarde, encontraría lo segundo mejor, que es un tapete de plástico en la puerta -afuera- donde se puede bailar y dar vueltas; un tapete que, como todos los del tipo, ha de ser palpado... Pero decía que entró corriendo... Claro que le dije que ahí no se corre y la cargué para evitar contratiempos. Pero se escabulló varias veces para subir y bajar la maravillosa rampa. Y aunque no volvió a gritar cuando le dije que ahí no se grita, nuestro volumen enteró a todo el mundo del proceso de selección del libro elegido. Es el modo en que puede portarse una niña inquieta de tres años. Además: es el modo en que puede aprender cómo portarse. Poco a poco.

Silvia Parque 


martes, 29 de mayo de 2018

El lenguaje y las preguntas, a los tres años

Muchos compartimos el gusto por el lenguaje infantil con sus variaciones deliciosas. Yo amo el modo en que los niñitos van manejando los verbos. En la colección de frases de B, tengo: "Mami, ¿jugas conmigo?", "¿Este me lo pongas?" "No quiero sonríar". Parece, sin embargo, que no nos queda mucho de eso; el cumpleaños número tres aceleró todo. Cuando empezaba a preocuparme su no querer dejar de ser bebé, decidió que es "muy mayor" -para lo que le conviene-.

Ya habla más como lo hace una "niña crecida". De lo que todavía hay mucho es de sustituciones de palabras nuevas por palabras que conoce y se escuchan parecido. Quisiera ir detrás de ella con una grabadora lista para registrar sus ocurrencias, pero no se puede y al rato se me olvida lo que dijo.

Ahora que es "tan mayor", en la medida que se aleja de ese lenguaje infantil entra en el mundo del ¿qué?, ¿cómo?, ¿por qué?, ¿y qué pasa si...? 

Algunas preguntas me han puesto un poco en complicación:

- ¿Por qué están tristes los enanos?
- Porque creen que Blanca Nieves se murió.
- ¿Por qué están tristes porque creen que se murió?
- Porque ya no van a poder jugar con ella, ni hablar con ella, ni nada. Cuando la gente se muere se va al cielo y está bien, pero nos ponemos tristes porque los vamos a extrañar.

Que quede claro que morir es natural, que el muerto ya no siente nada, que lo que sigue a morir es bueno pero morir no es algo deseable, que se muestre la empatía con los deudos... Creo que algunas mamás tienen menos conciencia de las implicaciones de sus respuestas y la pasan mejor; pero esta mamá ha pasado buena parte de su vida repensando.

La pregunta estrella de la temporada vino por accidente, hace unas semanas, cuando tuvimos que entrar al baño mientras su papá se bañaba y la señorita jaló la cortina de la regadera.

- ¿Qué tiene mi papá ahí?
- ¿Ahí? ¿De qué? - Intento escapar porque ya tenemos un asunto con sus propios genitales. Creo que menciono los brazos y las piernas, o el shampoo y el jabón; no sé qué, pero menciono algo.
- Aquí. - Claramente señala su pubis.
- Un pene.
- Cuando crezca, yo voy a tener un pene.

Toda mi educación sexual como psicóloga, toda mi formación en teoría de género, todo mi conocimiento sobre diversidad pasa como un flash por mi mente en lo que respondo:

- No, tú no vas a tener un pene. Vas a tener tetas, como mamá. 
- ...
- ¿Te gustan?
- Sí.
- ¿Por qué papá tiene un pene?
- Porque es hombre. Tú eres niña, vas a ser una mujer, como mamá. Los hombres tienen pene y las mujeres tenemos tetas.

O sea: invisibilización del clítoris -que es lo que correspondía nombrar-, ni mención de los testículos...

Ya habíamos pasado por el nombre de los genitales masculinos cuando veíamos cómo cambiaban el pañal de un primo bebé; pero respecto al cuerpo de un hombre adulto, la cosa cambia. Cambia para mí, por supuesto; para ella todo es igual de natural; con el mismo interés descubrió mis lunares, hace poco.

Y yo que me sentía, digamos, "evolucionada" al respecto...

Tomamos la opción de la explicación binaria de género, esperando que la educación que le damos le permita encontrar normal que hay hombres con vagina, mujeres con pene y un etcétera maravilloso en la diversidad humana.

Me cuestiono todo, pues. Igual lo disfruto. Nuestras respuestas le dan lo que apreciamos.

Ya preguntó también "¿Cómo nací?"

Silvia Parque

miércoles, 28 de marzo de 2018

Niños sin filtro que calculan la edad

B ha aprendido que solo le compraré un dulce si es domingo o un día que equivalga a domingo, así que esta tarde, en la tienda, directamente le dijo a otra persona que quería un mazapán. Lo obtuvo. Era una señorita amable a la que B llamó "señora". Luego llamó "señor" a un joven como de quince años, a quien le comentó que tenía un mazapán y que no le gustaba no sé si la playera o un collar que él llevaba puesto. El muchacho preguntó si yo era su abuelita.

Silvia Parque

jueves, 15 de marzo de 2018

Nuestras inteligencias

El año pasado, Macondo publicó "Inteligentes, listos, guapos y del montón". Pensé en escribir lo que pienso al respecto; mis ritmos son tales, que pasaron seis meses, pero aquí está:

Salvo excepciones que confirman la regla, los niños parecen destacadamente inteligentes porque lo son y lo son "destacadamente" en primer lugar respecto a los mayores. Trabajé con niños varios años, observo a los niños siempre que puedo y me queda claro que son increíblemente inteligentes y que la familia, la escuela, la tele y demás, con los años, van atrofiando el pensamiento y la creatividad.

El problema lógico de que no pueden ser "muy" inteligentes todos los miembros del grupo "niños" se arregla considerando que cada cual tiene una inteligencia singular: una destacada inteligencia particular, suya. Los niños pequeños tienen la maravillosa capacidad de ser quienes son y cuando una persona es quien es piensa solo como ella, crea solo como ella. Así son las criaturas hasta que el mundo los convierte en "gente estándar".

Ahora bien: he dicho que la inteligencia y la singularidad van en decadencia conforme se cumplen años. Entre los adultos, la mediocridad es la regla; lo digo en un sentido no peyorativo. Son estos adultos los que valoran y comparan las inteligencias de los niños, así que suelen hacerlo de formas medio tontas. Y ahí tenemos a los abuelos, madres, etc., empeñados en que sus nietos, hijas, etc. son algo que no son, destacan de forma que no destacan, etc.

Luego: para quinto o sexto de primaria, los niños ya han sido saqueados por el sistema cultural y el sistema educativo. Es en este "punto" donde puedo estar de acuerdo con Macondo. Hablando de inteligencia como la capacidad para emplear recursos disponibles, resolver problemas -entre los cuales está el aprobar los cursos- y entender el mundo, en esta etapa de la vida, efectivamente hay unos más inteligentes que otros: pocos muy inteligentes, pocos muy poco inteligentes y muchos medianamente inteligentes. Me resulta odioso que esto sea medida del valor de las personas y la reacción defensiva que eso provoca: el cuento de que todos son muy inteligentes. La gran mayoría y todos los que van a clase tendrán suficiente inteligencia como para funcionar y tener buenas ideas. Eso es suficientemente bueno y suficiente para la vida.

Yo voto por la suficiencia. Pero la sociedad da tal importancia al "ser inteligente" que casi nadie va a aceptar con ligereza y satisfacción: "mi hijo es medianamente inteligente". No gusta, de hecho creo que disgusta lo que Macondo llama "el bendito montón". Se confunde lo mediano y suficiente con lo poco y pobre; además, no se dimensiona para todo lo que alcanza "lo mediano y suficiente".

Quiero decir que si vamos a comparar inteligencias, lo que puede ser otra versión de comparar el tamaño del pene, necesariamente hay solo unos cuantos destacados. Aquí hay mucha tela de dónde cortar: ¿por qué tantos papás necesitan que sus hijos sean "lo más"? La respuesta inmediata podría ser: para dejar de sentirse, ellos, menos. Pero a lo que voy es: la comparación es innecesaria.

Lo innecesario de la comparación me remite al fenómeno de las maravillosas inteligencias de los niños pequeños. Los primeros años de vida son los años en los que más y mejor aprendemos: cosas del desarrollo cerebral -y de lo mucho que necesitamos aprender en ese momento-. Pero lo que queda cuando esta capacidad decrece podría seguir siendo sorprendente si supiéramos apreciarlo. A ver si me explico...

Hay un embrutecimiento general de las masas; pero también hay capacidades valiosas, específicamente inteligencias valiosas en las personas comunes: la inteligencia de cada cual. A lo mejor es que no hemos visto bien y si vemos, seremos capaces de observar todas nuestras inteligencias brillantes y prolíficas.

Silvia Parque

viernes, 23 de febrero de 2018

Sin hablar

Quisiera escribir de algunos temas que me interesan, pero esto que me pasa es ostentoso y se lleva el protagonismo del día:

No puedo hablar.

Imagen de la escultura de La sirenita, que Marcela Escandell puso AQUÍ.

Es toda una experiencia.

Creo que yo era realmente saludable, hasta que el último semestre de la carrera, entré a trabajar a un jardín de niños.

Los niños son un foco de infección.

Lo confirmé porque años después, volví a trabajar en un kinder. Entre los bichos propagados por las criaturas y el hecho de que mi trabajo consistiera en gran medida en hablar mucho, las laringitis se volvieron recurrentes y alguna vez llegué a quedar casi afónica.

Pero hoy sí que no hablo. Es raro porque no me duele la garganta: más bien no tengo aire.

¿He contado que yo no me contagio? No me cuido de la gente enferma porque no me contagio. De verdad, mi cuerpo no toma los bichos de otros. Excepto los de mi hija.

Para más detalles: en realidad si es necesario, sí puedo hablar, pero me cansa muchísimo. Me voy sintiendo mejor, hablo y para abajo; ahí sí me raspa la garganta, pero sobre todo, se me endurece el pecho y se me embota la cabeza. Vuelvo al silencio y mejoro.

Me gusta. Me gusta la alteración de conciencia y la sensación de aislamiento. No puedo detenerme a "disfrutarlo" porque es de lo más difícil hacer de mamá sin poder hablar. Pero es toda una experiencia.

Silvia Parque

miércoles, 20 de diciembre de 2017

Los niños tienen derecho a ser dependientes

ESTA noticia me impactó en septiembre. Al parecer, cuatro niños continuaron haciendo su vida, estando los cadáveres de su mamá y de la pareja de ella en una de las recámaras de la casa. Realmente no creo que el de doce años ignorara que estaban muertos; especulo que trató de ocultarlo por miedo, pero quién sabe. Lo escalofriante es que vivieran tan solos, tan a su suerte.

Es un derecho de los niños ser dependientes.

Por supuesto que es genial verlos hacerse capaces. Pero también lo es verlos asumir que recibirán asistencia y apoyo: lo necesitan; tanto la asistencia y el apoyo como la seguridad de que los tendrán. Una niña cuidada espera ser cuidada; sabe que eso es lo que corresponde y se sentirá insegura sola

Estar a cargo es pesado, implica asumir responsabilidades que no deberían ser de los niños. A los niños les toca jugar y aprender con la despreocupación de quien tiene quien le despeje el terreno, le tome de la mano, le amortigüe las caídas, le levante y le cargue de ser necesario.

Yo amo tanto ver a mi hija arreglándoselas, que algunas de sus travesuras me satisfacen porque manifiestan su capacidad. Sin embargo, las mamás y los papás también somos esas personas que hacemos cosas por ellos, no solamente cuando todavía no pueden hacerlas, sino también cuando lo piden para obtener afecto, contacto, presencia.

Silvia Parque

domingo, 15 de octubre de 2017

Toño

He tenido unos días muy pesados, con algunas dificultades de esas que no son un problema grave pero que en montón hacen que una quiera vacaciones urgentes. Sobre todo, he estado cansada. Mi cuerpo se puso en huelga y no me dejó trabajar varias noches: me quedé dormida junto a B.

En medio de todo, pasan cosas buenas y tengo buenos momentos: buenos muy buenos. Así pasó que ayer fui al cajero con B en la carriola y Toño nos abrió la puerta. Toño es un niño al que no conozco, excepto por nuestro encuentro de ayer. Su mamá lo nombró cuando yo empezaba a decir "¿De verdad estás intentando hacer eso?" y ella notó que él no estaba en su radio próximo. La puerta es pesada: tuvo que apalancar con todo su cuerpo para abrirla. La criatura tendrá cinco o seis años; su gran sonrisa de satisfacción se puso todavía más linda cuando le agradecí y le dije lo amable que era.

Silvia Parque

viernes, 9 de junio de 2017

Cuando se va la pelota

La casa de mi abuela está frente a una escuela primaria. Tres veces me ha tocado salir en el momento en que a los niños se les va una pelota a la calle; hoy le tocó a mi abuela, quien seguro habrá pasado por la experiencia antes.

Es una escena que me gusta. Los niños gritan fuerte, alborotados. Cuando consiguen atención, uno pide la pelota "por favor"; cuando la reciben, varios dicen "gracias". He oído hablar mal de "estas generaciones"; de hecho, he encontrado muchos niños sin modales ni consideración, a la edad en que cabría esperar que los tuvieran; pero estos niños piden de buen modo.

Su juego depende de que alguien les haga el favor. Hay que ser miserable para no querer hacerlo, pero imagino muchas circunstancias por las que el transeúnte no pueda detenerse. Una vez que me lo pidieron, iba con B, sin carriola, y no fue sencillo. Lo logré, pero si no hubiera podido, alguien más lo habría hecho. Sé que es así; no obstante, me asombra el espíritu que hay que tener para jugar cada día, sabiendo que la pelota puede irse, confiando en que habrá alguien que la regrese.

Silvia Parque

viernes, 12 de mayo de 2017

¿Por qué pagar si nada más es trabajo?

Estaba leyendo ESTO en Facebook y recordé la siguiente cita, de un trabajo de Evelyn Diez-Martínez*:
Los niños a partir de los 3 o 4 años saben que los adultos trabajan para obtener dinero, pero sus ideas no siempre son iguales a las de los adultos (por ejemplo, una maestra, un médico, un payaso o un músico pueden trabajar sin que les paguen, puesto que los sujetos creen que este trabajo está basado en relaciones personales y no institucionales).
Cuando lo leí pensé que muchos, muchos, muchos adultos piensan como niños de 3 o 4 años. Además de no comprender que son trabajos también aquellos en los que se trata fundamentalmente de diseñar, proyectar, crear algo abstracto, etc., el egocentrismo es mayúsculo. Recuerdo un artículo en el que una correctora de estilo explicaba algo que debería ser obvio: las razones por las que no iba a dar una leída a tu texto y opinar algo sobre él "como favor". No recuerdo quién era... En alguna parte decía algo sobre la creencia del otro, de que apreciarás que te comparta su tesoro, tanto como para sentirte suficientemente recompensada por el hecho de que te haya tenido en cuenta. Yo he detenido alguna llamada telefónica que rondaba los cuarenta minutos porque me disponía a cenar. Mi interlocutor estaba emocionado hablándome de sus dificultades con su tesis. ¿Sería posible que yo prefiriera cenar con mi marido**?

* La alfabetización socioeconómica y financiera y la educación para el consumo sostenible en México: algunas reflexiones desde la psicología y la educación. Publicada en el 2009, en CPU-e, Revista de Investigación Educativa, 8.
** Había un marido.

Silvia Parque

martes, 2 de mayo de 2017

Regalar ropa a una niña

B es feliz con ropa nueva o zapatos nuevos. Le gusta ver las prendas, elegir y obtener una... dos, tres o las que sean. Le emociona. Le gusta ir de compras. Herencia de su padre.

Yo pensaba que era "mal plan" regalar ropa a una niña pequeña (mal plan con la niña; queda claro que es un buen regalo y que a los papás puede encantarles); pero veo que mi hija no es la única a la que verdaderamente le gusta recibir ropa o calzado. No sé si será cosa de esta generación. No sé si pasa igual con los niños -hombres-.

Silvia Parque

domingo, 30 de abril de 2017

Lo de ser niños

A unos se les da mejor que a otros lo de ser niños. A mí no se me dio bien. No me gustaba ser niña ni me gustaban los otros niños; claro que muchas cosas me gustaban: mi cama de oro, por ejemplo; pero, en general, no estaba a gusto, digamos... "existiendo".

Quería crecer.

Fui feliz de hacerme mayor.

Pienso en esto cada vez que, a propósito del día del niño, aparecen frases como "¿Y para qué queríamos crecer?" Porque a mí me queda claro: para ser libre, para tener mi espacio, para entender. Era como si me quedara chica; quiero decir, como si mi yo-niña le quedara ajustada a mi "ser-yo"

Y crecer funcionó. Me gustó ser adolescente, me gustó ser joven, me gusta ser adulta. Me encantaría no tener que preocuparme y vivir jugando, pero eso se traduce en ser rica, no en ser niña.

Silvia Parque

viernes, 10 de marzo de 2017

B en medio del día complicado

Tuve un día complicado y me molesta cómo B paga los platos rotos. Hice lo que pude por compensar las "afectaciones", pero no fuimos a la Ludoteca, no salimos ni un momentito al jardín, tuvo que estar demasiado tiempo en el "Club de amigos" y hasta terminó usando unos pantalones que le quedan grandes y se le caen. A pesar de lo cansada que me encontraba apenas a la mitad del día, su encanto fue un aliciente. Tiene una actitud que hace de lo más agradable compartir con ella la vida.

Deberíamos tener muy en cuenta la posición tan vulnerable en la que están los niños, sobre todo cuando parece que "se ponen difíciles". Nosotros nos hemos metido en nuestros líos, pero ellos sin deberla ni temerla han resultado ahi en medio.

Silvia Parque

jueves, 19 de enero de 2017

Las frecuentes curas de humildad en mi casa

B y yo tuvimos un día de lo más armónico: ella de un humor estupendo y yo especialmente atinada con mi intervención en materia de "gestión de emociones". Nos acompañamos, nos divertimos, hicimos lo que debíamos. Uno de esos días en los que me siento orgullosa de mi increíble trabajo como mamá. Hasta la tarde. La verdad es que sí tengo idea de qué par de cosas le movieron el tapete. El caso es que "se descompuso". Hubo un par de horas de lo que su papá llama todo-lo-que-quiero-es-todo-lo-que-quiero con lloriqueos aturdidores. Acabamos cenando con un video de fondo. Normalmente no ponemos ni música mientras comemos, para ponerle atención a la comida y sobre todo, para ponernos atención entre nosotras. Pero yo necesitaba un descanso mental, y para eso casi nada mejor que una receta de cocina.

Con estas cosas siempre recuerdo un comentario de Macondo:
"Cuando tu madre crea que tiene controlada alguna faceta de tu educación, lo mejor es darle una buena cura de humildad" ha escrito B en su blog. 
Lo recuerdo siempre porque pasa siempre. Sieeeempreeee. Con tooodoooo. Podemos tener un almuerzo y una comida como para que me entrevisten por tener una hija que da gracias a Dios, come de todo de buena gana, usa la cuchara, devuelve al plato el pedacito que se salió y limpia lo poquito que se derramó. Para luego tener una cena que se trata de jugar con el plato, llenarse el cabello de comida, asegurar que nada de esa comida entre a su boca, subir los pies a la mesa y ver qué tanto desorden puede causar. Así es la cosa.

Silvia Parque

lunes, 16 de enero de 2017

Los niños queridos

Fui al cine. Fiesta total. Salgo poco y al cine ya tenía más o menos un año sin ir. Debía ver esta película y no duraría mucho más en cartelera, así que fui. Lo disfruté muchísimo a pesar de que un papá y su hija hablaron durante toda la función. Eso me hizo pensar lo siguiente:

Primero.- ¡En el cine hay que estar callados! Esa niña tendría unos diez años, tal vez más; si no era capaz de permanecer en silencio, al menos podrían haber susurrado. ¡Pero no! Hablaban como en la sala de su casa. Estuve a punto de pedirles que dejaran de hacerlo, pero me contuve.

Segundo.- No les dije nada, en principio, por no mortificarme: para no exponerme a que me contestaran de modo majadero. Pero luego, les dejé en paz porque los vi queriéndose y no quise moverle nada a eso. ¡Él se notaba tan satisfecho de estar a su lado! Ella se veía consentidota, descalza y con los pies sobre el asiento. Pensé en mi B con su papá.

El amor unge a los niños. Les deja protegidos porque les coloca en una posición de valor. No "te metes" con el hijo amado de alguien.

Silvia Parque