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miércoles, 20 de junio de 2018

¿Cambio yo para que cambie el país?

Me chocan esos discursos del tipo "el cambio está en uno mismo" que toman una ruta más o menos así: "sé honesto tú, barre el frente de tu casa y no compres piratería: así tendremos un mejor país". Esta visión psicologiza problemas sociales y reponsabiliza al "ciudadano de a pie" de la violencia estructural de sistemas aplastantes donde sí hay tomadores de decisiones y coludidos responsables en gran medida de la miseria y la impunidad criminal.

No: "ser honesta yo" y ya no va a cambiar las condiciones, por ejemplo, de los centros de salud. Como illustración: cuando vivía en Querétaro, en el centro de salud que me correspondía se daban diariamente tres citas para el dentista: tres; había que formarse alrededor de las seis de la mañana para ser uno de los tres que las "ganaban". Fui varias semanas a pláticas para embarazadas en un salón con el mobiliario en tales condiciones, que una vez se cayó una mujer de una silla inútil. No: "poner el ejemplo" devolviendo el cambio en la tienda, no va a hacer que se detengan los desfalcos criminales a nuestras instituciones. Y no es que me moleste que alguien crea que ese es "el camino"; me molesta la superioridad moral clasista. Porque si sabes cómo es la vida de alguien que hace trabajo físico para ganar el salario mínimo, no le vas a pedir que deje de comprar el CD pirata de la música que le da la gana escuchar.

En serio no es que me choque la visión progre del buen ciudadano; me chocan la arrogancia y la hipocresía. Y eso que con la hipocresía normalmente no tengo problema; pero en estas cuestiones clasistas sí. Porque al parecer, varios de esos buenos ciudadanos que promueven que "el cambio" empiece en una misma, tienen quién les barra el frente de su casa: empleadas no inscritas en el Seguro Social. ¿Qué tal si empezamos por ahí?

No es personal. Veo y leo mensajes de este tipo, de parte de contactos que son amistades y familiares: buenas personas a las que aprecio: personas con buenas intenciones. Pero, pues... Digamos que prestar un poquito más atención de la indispensable, a eso de barrer el frente de la casa, en un país con un montón de muertos en fosas clandestinas, está cuando menos fuera de lugar. Otras cosas hay que barrer.

Pero bueno... Personalmente trato de ser honesta y hacer lo correcto: es lo que quiero enseñar a mi hija; solo no confundamos la gimnasia con la magnesia.

También creo que cada cual, desde donde está, abona a lo bueno o a lo malo. Claro que si todos tiramos basura en la vía pública, tendremos la ciudad echa un asco y probablemente se inunden las calles cuando llueva. Sí importa lo que decimos y lo que hacemos. Por cierto: entre esas cosas que decimos y hacemos figura señalar, criticar y protestar. Porque ese discurso de "el cambio está en uno mismo" suele tener una parte explícita o implícita de: "en lugar de estar quejándote...", "en lugar de estar pidiendo a los gobernantes que..." ¡Hay que reivindicar la queja! Hay que educar para la queja formal y para convertir la queja en exigencia. Y no: no es obligatorio proponer soluciones. Yo no tengo por qué saber cómo resolver el problema de tráfico de una ciudad, para exigir a quien sea el responsable que lo resuelva.

Me regreso. Decía yo, que sí considero importante que cada cual actúe correctamente, en donde está, con lo que le toca...

AQUÍ la nota sobre un chef que al ser felicitado por Peña Nieto, le responde: "Los niños! Eso si que es importante".

AQUÍ la nota sobre la negativa a obedecer de un empleado de uno de los albergues a los que llevan a niños migrantes separados de sus padres.

AQUÍ el manifiesto de #eldíadespués.

Cambiemos el país -y el mundo- desde un cambio en cada cual; pero con visión y conciencia social.

Silvia Parque

viernes, 27 de abril de 2018

Estos días he estado pensando

He pasado días pensando en la clase de cosas odiosas que pasan en el mundo. Me he quedado apabullada. Hay muchas gotas derramando el vaso. Nombrarlas es dejar de nombrar otras, pero voy a mencionar las dos que me han provocado reacciones físicas: tres estudiantes asesinados cuyos cuerpos fueron disueltos en ácido, en Jalisco, y la sentencia en España a los violadores conocidos como "La manada". Lo escribo y me vienen a la mente las mujeres embarazadas a las que mataron para robarse a sus bebés y luego pienso en la "escort" asesinada que alcanzó a denunciar su situación en un video donde aparece golpeada. Y otras y otras y otras cosas.

También hay amor en el mundo. También habemos gente criando a nuestros hijos lo mejor que podemos. El pan y el café conservan sus aromas.

Pero pasa lo que pasa y me pregunto dónde estoy en ese mundo del que muchos años logré abstraerme y del que ahora no puedo huir porque soy mamá. ¿Qué puedo hacer? ¿Qué voy a hacer? ¿Cómo hacer de "la vida" algo inteligible? ¿Cómo pongo mi relación con Dios primero, ante mis reacciones?

Las campañas políticas sacan los trapos sucios de todos los partidos y los candidatos. Acá un singobierno tiene a decenas de profesores literalmente sin cobrar su salario durante meses, se han puesto en paro como gremio y hay gente molesta con ellos, con los que resisten y protestan.

Comúnmente me siento en una isla, pudiendo comunicarme solo a través de lo virtual, con personas que están lejos físicamente. (Me conforta el calor de mi hija dormida, el abrazo de mi amiga cuando la veo).

Así pasan cosas terribles, tan una tras otra que no vale la pena estar pendiente. Pero pues me entero y ayer, cuando leí sobre la sentencia a "La manada", algo me pasó; algo se rompió y un grito gutural, de coraje, salió de mí. Un grito de una rabia a la que agradezco no ser tristeza. La niña debió espantarse. Yo estaba en mi estudio, ella estaba con su papá en el "área de jugar" y desde afuera, él preguntó qué me pasaba, si estaba bien. Dije que estaba bien, que se quedara con la niña, que luego le explicaba. Creo que él preguntó de nuevo y le pedí que esperara, que se quedara con la niña.

Evito lo que puedo hablar de él, mencionarlo siquiera; ya lo evitaba cuando éramos pareja, en parte por respetarlo y en parte por ahorrarme problemas, pero necesito decir esto, que al fin de lo que hablo es del impacto que tuvo en mí.

La niña debió preguntar de nuevo por qué gritó mamá y él respondió: "Para llamar la atención".

Todo mi coraje tuvo sentido.

De pronto tuve un entendimiento brutal, más allá de las palabras, de lo que fueron años de ser considerada "loca" y de cómo actúa el sistema patriarcal a través de las personas decentes y cercanas. Salí del estudio. Dije lo que tenía que decir. Se me asentaron los últimos años y tuve las respuestas que necesitaba.

Lo terrible es incomprensible. Este mundo no está en manos de Dios -habemos gente de su mano, Él toma el control de lo que ponemos en sus manos-. Me hago cargo de lo que es ser mujer, en mi vida, en este sistema de cosas.

Un niño "malcriado" asustó a mi niña, un día. Es una larga historia, pero el caso es que la impresionó mucho, la pasó mal un tiempo y han hecho falta meses para que nos cuente, poco a poco, qué fue lo que pasó. Cada vez que lo hablamos, intentamos hacerla sentir segura y ella ha ido procesándolo. Pues ayer, tres veces durante el día, le hablé de eso. Le volví a decir cosas importantes como que siempre le voy a creer. Una de esas veces, cuando dijo "yo nada más moví mis pies", cosa que ha repetido mucho, entendí por fin -no puedo asegurarlo, pero eso creo- que ella pataleó tratando de defenderse. Y nos pusimos a patalear las dos, "fuerte, fuerte".

Silvia Parque

lunes, 18 de septiembre de 2017

"Eso que piden para ellas..."

Leí esta publicación de Alfonso Dosamantes ["esta" que está AQUÍ] y al pretender comentarla, me extendí tanto que mejor traje el comentario para acá:

Le di una leída y edité para hacer énfasis con otro color; pero hay que tomar en cuenta que es una respuesta a un texto, ¿va?

Te cito: "[...] que se cuide, se respete, se honre, se le procure bienestar, se le trate con decoro a la fragilidad femenina muy a pesar de la tan mentada igualdad de género y de lo que muchos (¿o debo decir muchas?) pelean para no recibir ese trato preferencial a riesgo de que termine por “rayar” en el acoso del cual están huyendo". 

Esto suena a que pelear por no ser tratada como "frágil", lo cual es considerado por ti como recibir un trato preferencial, pone a la mujer en riesgo de ser acosada. Tal vez entiendo mal: a eso me suena. Y no es la pelea por no ser tratada como "frágil" lo que pone en riesgo de acoso a la mujer: es el no entender que si no acepto un trato de "frágil", eso no autoriza a nadie a no tratarme como "respetable". 

El tema de la supuesta "fragilidad" es muy interesante. Algunas cosas que pienso:

1. El cuerpo de la mujer la coloca en dos situaciones vulnerables: el embarazo y el puerperio. Yo no diría que es "frágil", de hecho es muy resistente; pero su cuerpo en esos momentos le dificulta defenderse o valerse por completo por sí misma. Hay mujeres que se defienden y se las arreglan para sobrevivir prácticamente solas en esas etapas, pero en general, el cuerpo te pone límites cuando estás gestando o acabas de parir.  

2. Hay muchos mitos acerca de que la mujer es más pequeña y menos fuerte que el hombre. No cuestionamos cuántas mujeres son más grandes y fuertes que muchos hombres y, sin embargo no saben pelear. Tampoco cuestionamos cómo los hombres suelen apropiarse del espacio, aunque estén chaparros y flacos. Esto de que la mujer sea físicamente más vulnerable es una cuestión de educación porque no nos educan para conocer y aprovechar nuestra fuerza ni para desarrollar habilidades físicas -fuera de las "graciosas"-. El hecho de que estemos en un siglo con tanta tecnología lo hace más evidente: hacer frente físicamente a alguien no tiene tanto que ver con quién es más fuerte, sino con quién sabe pelear y defenderse, con quién es capaz de emplear un arma -y me refiero a pensar en un objeto como un arma y usarlo, no a andar armados con navaja o pistola-. 

3. Por lo que sea: algo de biología y mucho de educación: las mujeres tendemos a ser más "sentimentales" que los hombres. Eso podría aprovecharse como un valioso recurso. Si nos coloca en una posición de vulnerabilidad, como frágiles, es porque en este sistema social no se valora al sentimiento como a la razón y porque los mitos del amor romántico nos joden -es la palabra que me parece más atinada-.

Reproducir el estereotipo de que la mujer es frágil y animar a cuidarla por eso, la pone en riesgo de otra cosa que mencionas: 

"ES NECESARIO TOMAR TODAS LAS ACCIONES PREVENTIVAS (muchas ya señaladas en el vídeo) para reducir los riesgos. Les guste o no, lo acepten o no. No sé trata de privarlas de la libertad sino de preservar sus vidas y asegurar el entorno que les rodea…"

La mujer crece y se hace mayor de edad. En ese momento, la mujer toma sus decisiones. Y ahí empieza a contar y mucho, si le gusta o no, si acepta algo o no. ¿Así que si no lo acepta, ni modo? ¿Que se ajuste porque es por su bien? Por más que haya buena voluntad en querer preservar la vida de las mujeres, hay machismo en suponer que se le puede decir "te guste o no, aceptes o no, esto se hace". Yo se lo digo a mi hija a menudo porque tiene dos años. No se lo dices a una mujer adulta. ¡Ni de chiste a "las mujeres"! Esta claro que hablas de ellas, ya que dices "no se trata de privar-las de su libertad". Lo que sí debe ser "les guste o no, lo acepten o no" es que los hombres respeten a cualquiera: a las que van caminando solas de noche, a las que se han puesto borrachas, etc.

Silvia Parque

sábado, 16 de septiembre de 2017

Que sobreviva México

Hoy a esta hora, hay gente celebrando el aniversario del inicio de la Guerra de Independencia. Yo vestí a B de verde, blanco y rojo para el festejo en su escuelita. Eso me representa el día: el gusto de ver "disfrazados" a los críos de mi familia. Ya he contado que no se me da el sentimiento nacionalista. Y la verdad, soy de las personas que piensan que no estamos para celebraciones patrióticas.

Aquí matan gente como si nada. Matan mujeres básicamente por ser mujeres y figuras de la talla del rector de una universidad son capaces de decir que es porque nos pasamos de libres. Ya se sabe que hay que ser libres nada más hasta donde no vaya a una a provocar que un hombre tenga ganas de violar o matar, porque el pobre hombre se verá obligado a hacer lo correspondiente.

Leí un escrito que me gustó, de una persona con buena actitud: decía que sí había cosas que celebrar, porque tras la independencia mejoraron las condiciones de vida para las personas no españolas ni criollas. Pues sí. Eso pasó. Y sin duda hay que recordar eventos históricos que fueron importantes para procesos a su vez importantes. Pero me sonó a estar agradecida porque mi marido nunca me ha quebrado un brazo ni me ha dejado un ojo morado. Aquí sigue habiendo esclavitud, tal cual, condiciones de vida precarias para muchos y una patética naturalización de la explotación.

Que los fiesteros se reúnan y festejen porque es bueno pasarla bien. Si hay comida típica o las personas se pintan los colores de la bandera en las mejillas: qué bueno. Mis respetos para quienes se sienten arraigados a esta tierra y verdaderamente quieren al país. Creo que su grito de "¡Viva México!" es una valiosa expresión del esfuerzo de su trabajo y de la esperanza de que la situación mejore. A mí la frase se me antoja plegaria: que sobreviva México a los criminales y a los corruptos, que se levante de la miseria moral. Que haya con qué pasar de la sobrevivencia a una vida plena.

Silvia Parque

martes, 16 de mayo de 2017

Aquí matan

Me dije, cuando decidí regresar al Rancho Grande del que salí, que no escribiría sobre la situación de violencia que mata personas en este lugar. No escribir es un modo de controlar la energía que deposito en el asunto y representa un "solo paso por aquí y mientras estoy, vivo en el abrazo a mi hija más que en cualquier otro lado". Así que solo voy a decir algo que seguramente he dicho antes.

Lo voy a desglosar para que sea lo más claro posible:

1. Cuando una persona es asesinada, el asesino es culpable de asesinato.
2. Cuando una persona es asesinada, la víctima es culpable de nada.
2. De nuevo: la víctima es culpable de nada. Mientras vivía, quizá hiciera cosas de las que es culpable, cosas que casi nunca son de la incumbencia de la mayoría de quienes se enteran de su muerte; en tanto víctima de asesinato, lo que le toca de culpa es nada.
3. Una mujer es una persona.
4. Las personas (de nuevo: las mujeres son personas) tienen derecho a vivir.
5. Vivir incluye transitar libremente por las calles, desplazarse de una ciudad a otra (por carretera, sola, en el vehículo que le convenga o como sea), etc.

Ojalá un día, al menos las personas que nunca han matado -mucho menos asesinado-, esas personas que no se atreverían a hacerlo, comprendan esto tan cabalmente que dejen de culpabilizar a las víctimas, que dejen de hacer de un crimen y del sufrimiento de una familia, motivo de chisme para el morbo, y que sientan empatía con cada protesta contra la impunidad.

Silvia Parque

jueves, 15 de septiembre de 2016

Qué malo ser Peña Nieto

Nunca sentí algo muy especial que digamos los días 15 o 16 de septiembre.  Es hasta hace pocos años que estos días, como el 20 de noviembre, inflaman mi sensación de indignación por la situación del país.

Hoy, miles se quedaron sin poder gritar al Presidente "¡Fuera!", porque no se les permitió acceder a un Zócalo "rellenado" con acarreados.


Sin embargo, incluso así... 


Los presidentes envejecen durante su sexenio, más de lo que las personas comúnmente envejecen en seis años; pero el caso de Peña es singular: no se ve más viejo, sino demacrado. Hoy además se veía tenso, inseguro. Qué malo ser él.

Silvia Parque

domingo, 19 de junio de 2016

El día del padre en un país con guerra


En México es "día del padre" y, tal como ayer, tal como hace años, estamos en guerra.

Son días de ánimo encendido, entre el futbol, el matrimonio igualitario y la marihuana... Entre tanto, la gente que no importa es eliminada.

He creído y sigo creyendo, que pensar hace diferencias, y que las palabras crean. Me aferro a eso mientras le hablo a mi hija dormida.

Silvia Parque

jueves, 28 de abril de 2016

Miedo

Vine a vivir a un lugar seguro, porque en el rancho donde vivía mataban gente como quien dice "tiraban la basura fuera del bote". Ahora también aquí es peligroso. La diferencia es que allá, en realidad, nunca tuve miedo. Rechacé lo que estaba pasando, me molesté, me indigné, me di cuenta del peligro; resolví que era mejor no estar ahi; que no quería estar ahí. Las cosas acá están lejos del nivel al que llegaron allá, pero será que tengo otra edad, será que ya sé lo que es perder a seres queridos por actos de violencia, será que tengo una hija... ahora he sentido miedo.

Silvia Parque

lunes, 22 de febrero de 2016

"Son varias las enseñanzas que nos deja el caso"

Ayer estaba muy enojada después de leer ESTA nota.

Era la gota que derramaba el vaso.

Ya había llorado por la muerte de esta muchacha, y ahora leía que "no era una niña de 10 años, fácil de engañar". Es para preguntarnos qué opinión le merecen al autor, las niñas de once años secuestradas. Porque ya no tienen 10 años, si han cumplido once... y ya se sabe que ahora son la mar de listas, y que a los doce hasta se maquillan, y como escriben algunos en los comentarios "hay papás que no saben dónde están sus hijos". ¿Y luego por qué pasa lo que pasa, verdad?

No pude más que hacer catarsis, ayer. Ahora que mi enojo se va pareciendo más al rechazo simple y menos a la ira, puedo escribir esta entrada.

Para empezar, copio tres comentarios que me parece que valen la pena. He corregido alguna falta de ortografía, pero dejo su redacción tal cual.

De Tere Monero, a un comentario donde se felicita al autor por su "buena investigación":
Esto no es una investigación: no tiene ni una sola fuente, ni una metodología, no se pueden rastrear los datos, no tiene confirmación, nada. Qué lástima que los medios revictimicen a las víctimas y en lugar de cuestionar las versiones oficiales, las defiendan y argumenten a favor de ellas señalando que fue culpa de los papás por no cuidar a su hija. Es una verdadera lástima que Brenda Ariel trivialice un hecho tan lamentable como el feminicidio de Yosheline, convirtiéndolo en un recetario de consejos para los padres de familia basado en la versión oficial de la Procuraduría General de Justicia. ¿Una lección que aprendimos?: la Procuración de Justicia en Querétaro es un chiste muy mal contado. Lecciones que aprendimos de tu columna: Brenda, ellos se van pero tú te quedas: si quieres ser una reportera que se respete tienes que cuidar tu prestigio, y el prestigio de un reportero se basa en su rigor para hacer su trabajo; dos: tu deber es siempre, siempre, siempre cuestionar a la autoridad, siempre; te lo enseñan en el primer semestre de la carrera. Necesitas ser sensible con las víctimas, ¿les vas a enseñar lecciones a los padres de familia?, ¿le vas a decir a la madre de Yosheline que la culpa la tuvo su hija porque se subió a un carro? o le vas a preguntar a la autoridad, a la PGJQ por qué no investigó las pistas que tenía desde el principio, por qué ahuyentó al agresor, por qué no ha tipificado el feminicidio, por qué insiste en señalar que las desapariciones y asesinatos de mujeres son casos aislados a pesar de que vemos uno nuevo cada semana, por qué revictimiza a los familiares. Qué está pasando en Querétaro.
De Yolanda Borrego:
[...] cae en el mismo juego de muchos de criminalizar a la víctima y a sus padres y eximir la gran responsabilidad del gobierno quien tiene el deber constitucional de garantizar seguridad a los ciudadanos, lo maneja como hecho aislado y sabemos que es una epidemia de desaparecidos y muertos donde ha quedado claro no sólo la incompetencia del gobierno sino su falta de voluntad y en muchísimos casos su complicidad
 De Pánfilo Natera García:
Que lástima que este medio proteja a los agresores, ahora resulta que la protección y seguridad recae en los ciudadanos y no en el gobierno, con estas opiniones que da este medio de comunicación la víctima se convierte en presunta responsable que lástima.
Luego...

Las palabras crean realidad.

Las palabras están metidas en las ideas y las ideas crean realidad.

Lo que decimos, y mucho más lo que publicamos, con su quién, cómo, dónde y cuándo, tienen consecuencias.

Dicho esto, me atrevo a señalar que en parte, por "enseñanzas" como estas, hay más y más mujeres muertas.

No creo que el autor o quien publica la nota tenga una alianza macabra con el poder. Supongo que su colusión es simplemente eso para lo que le alcanza el criterio. Lo supongo porque a mi alrededor hay sobre todo pensamiento que sale de la misma fuente que el suyo. Es la fuente del pensamiento de los machos del lugar de tacos de la esquina, que hablan mal de una mujer con la que quieren acostarse. Es la fuente del pensamiento de la mujer macho de la lavandería -no de mi lavandería-, que ventila en la tienda casi literalmente, los trapitos sucios que encuentra en las bolsas de ropa que lava. Es la fuente del pensamiento por el que buenos amigos y familia, admiran el pisotón que da el más fuerte, el que puede darlo.

¿Que sigue, después de las enseñanzas que le dejó a Luis Gabriel Osejo, el "caso de Yosheline"? ¿Carteles recomendando a las mujeres no salir solas?

A mí el caso no me deja "enseñanzas" nuevas, pero voy a usar la misma frase de la columna:

"Son varias las enseñanzas que nos deja el caso":

Primero, hay que decir que el Estado es completamente responsable de garantizar seguridad y justicia a los ciudadanos. Que en el país, y en el estado de Querétaro, el Estado ha fallado ominosamente en esta responsabilidad, y ha fallado tan sistemáticamente que puede considerarse victimario.

Primero, aleccionadores y defensores de las buenas costumbres: hay que repetir que no es seguro ser mujer en este país, y que en Querétaro hace rato que se perdió la paz. No se está en paz donde hay personas clamando por sus seres queridos.

Si la segunda "enseñanza" va a tener que ver con los educadores, entonces hay que decir a las familias de las personas desaparecidas y muertas: estamos con ustedes. Ni por un segundo piensen que hicieron mal su trabajo como papás, como mamás, como tíos, tías o profesores, porque a alguien se le ocurre que debieron haber repetido una vez más la letanía sobre "cuidarse bien". ¿Debieron hacer que su hijo les llamara cada hora, para constatar que estaba a salvo? Lo que todos debimos hacer es repudiar la violencia que creció y creció hasta que no dejó a nadie sin una historia triste cercana; pero ni siquiera eso nos da la culpa del criminal y la responsabilidad de la autoridad.

Sí, hay que educar de manera diferente. En lugares como Querétaro, parece que hay que empezar con los básicos para los años cincuenta: el hombre y la mujer son igual de valiosos; nada justifica que te ponga una mano encima... No se trata de inventar artilugios para que una mujer descubra si le han puesto algo en la bebida: se trata de educar a los hombres para que se escandalicen de la idea de forzar un acto de cualquier tipo.

Para que la tercera "enseñanza" sea sobre la comunicación: que sea sobre la comunicación de las cifras reales sobre desaparecidos y muertos en la ciudad y en el estado; que sea sobre dar a conocer los protocolos que siguen las diferentes instancias para buscar a una persona, y sobre las torpezas y "equívocos" en las investigaciones. Fomentemos la participación de la sociedad para que todos tengamos conciencia de cuántos casos hay de desapariciones en los que fue la familia la que movió cielo, mar y tierra, y no las instancias destinadas para tal fin.

La cuarta "enseñanza", sobre las autoridades, que sea sobre el trato que deberíamos darles.

Yo creo que hay que respetar a quien tiene autoridad: desde el señor policía hasta el señor presidente de la república; su investidura debe importar algo para que conservemos alguna vía que permita el estado de derecho.

Pero hay que dejar de aplaudir. Hay que escuchar a quienes cuestionan.

No es verdad que es más fácil criticar que hacer. Hacer a lo bruto es muy peligroso. El sustento del hacer es importante y hay que revisarlo, exponerlo y dudar de él.

Tratémosles como a servidores públicos: es lo que son.

Silvia Parque

miércoles, 10 de febrero de 2016

Los quejumbrosos

No me gusta ver las noticias. No ayuda en nada al mundo que llene mi mente de imágenes de lo pútrido.

No sigo el hilo de qué está pasando con esta y la otra situación terrible de aquí y de allá porque hay muchas más que "esta y la otra" y muchos más lugares que "aquí y allá".

Soy anodina, la verdad. Lo mío es mi taza de café: hablar de cómo disfruto el buen café y el mal café, y preguntarme por qué ya no lo quiero si no es con crema o leche.

Yo las batallas de los que luchan, las respeto y algunas las honro; pero no quiero estar en medio. En parte porque no puedo comprar casi ningún discurso completo.

Pero esta realidad grita. El dolor de padres y madres está haciendo que los restos de sus hijos bramen desde una oscuridad a la que no pertenecen. Tengo, al menos, que decirlo aquí. Tengo que decir, sin el preámbulo políticamente correcto en el que mencione todo lo bueno que hay en México, que este país apesta. Me molesta porque no es mi modo de tratar las cosas, porque yo creo que una realidad se puede ver desde muchos puntos de vista y mejor verla desde el punto de vista que pueda traer luz. Pero algo tan lleno de esta muerte vil hasta lo absurdo, apesta.

Así que: gracias, quejumbrosos. Gracias a todos los que traen algo en la sangre que hace que estén quejándose continuamente de cada cosa que pasa: son cosas para quejarse. Las y los desaparecidos, las y los torturados, las y los asesinados, merecen que la queja no se detenga.

Silvia Parque

martes, 9 de febrero de 2016

Qué capacidad tiene este país para hacer huérfanos


Acabo de ver el cuerpo de otra mujer asesinada -que no es lo mismo que "muerta"-. Apareció entre lo que estaba mirando. Yo no busco esas imágenes y hago lo posible por evitarlas. Pero ya he visto, y es diferente a nada más saber. Se queda en el pecho. Ahoga. Al menos, a mí me pasa.

Su tortura es una ostentación de poder que amenaza, es evidencia del giro que dio la violencia social hacia la deshumanización, y de la intención no solamente de matar sino de aniquilar, de borrar. El que fuera una periodista -otra periodista- es relevante porque es como dejar sin boca un "cuerpo social". Entiendo esas cosas; las pienso un poco...

Pero con lo que me quedo y lloro, es con la imagen que me hago de sus hijos, con el llanto que imagino de su bebé, que tal vez quiera leche, que seguro necesita la leche de su mamá, aunque no le diera teta: no se trata de eso.

"Anabel flores (sic.) no fue encontrada muerta, 
fue encontrada asesinada, torturada con violencia". 
alephant, @alefgea

Silvia Parque

jueves, 14 de enero de 2016

Faltan tantas y tantos

Hoy, para variar, oí un noticiero; uno de los que cuelgan sus programas en Youtube. Lo oí mientras hacía cosas, a mediodía; solo me detuve a ver la pantalla cuando el presentador habló con un padre que busca a su hijo. Levantaron al muchacho junto con otros, en Veracruz, creo que el lunes. No lo detuvieron: lo levantaron y no saben de él ni de los demás que corrieron con esa suerte. Ahí, allá, más allá, es el pan de cada día en este país. Sin excepción, todos los días veo retratos de muchachas, niños o niñas desaparecidas, y si me entero de algo sobre cada caso es casi seguro que la historia incluya al menos ineficiencia por parte de las autoridades.

Fuera de los grupos activistas parece que esta locura no hace ruido hasta que hay un caso protagonizado por alguien cercano, sea porque es pariente o conocido o porque comparte filiaciones. Las "personas bien" mueven a la compasión y la implicación. La gente casi se apena por haber lamentado la desaparición forzada de los normalistas de Ayotzinapa cuando se enteró de que efectivamente habían "tomado" camiones y que no era raro que lo hubieran hecho; entonces andaban "metidos en algo" = se lo merecían. Como las mujeres que salen de noche y muestran cuerpo, han de merecer que les pase lo que "andan buscando". No puede cambiar algo hasta que se piense de otra manera.

Yo sé que hace falta educación en derechos humanos; que esto enraiza en el clasismo, en el sexismo, en la miseria -que no es falta de dinero-; que hay indefensión aprendida condicionando las respuestas de las comunidades y etcétera. Pero no deja de impresionarme cómo se pierde de vista rápido y con facilidad, que está faltando el hijo o la hija de alguien: su hijo - su hija. No hace falta ser mamá o papá para entender la conmoción que es tener a un hijo en quién sabe dónde, pasando por quién sabe qué; pero siendo mamás o papás, ¿cómo no sentir empatía? Cómo no percibir que un dolor así desgarra y que tanta desgarradura va a romper algo fuera las personas y las familias, algo que nos atañe a todos.

Silvia Parque

viernes, 13 de noviembre de 2015

¿A dónde te llevo?

Hoy, explorando el TT #PrayForParis, encontré un tuit que menciona a París junto al Líbano y Bagdad, donde otras decenas de personas acaban de morir a manos de otras personas (el tuit también menciona el terremoto en Japón, pero eso es diferente). Antes que otra cosa, lo primero que pasó por mi cabeza fue: "¿A dónde te llevo?" No es que tuviera pensado ir a París, al Líbano o a Bagdad; no es que tema que algo pase afuera de mi casa, tampoco; pero tuve la impresión de que el mundo entero era un peligro y yo no podría ser el mundo para B, cuando tuviera que dejar de tenerla en brazos.  La impresión se pasó, pero con la cabeza fría: sí andamos por mal camino, como humanidad. A los tuits de conmoción por los atentados en París, les siguen, como siempre -y qué bueno-, los que recuerdan que todos los días se dan eventos igual de terribles en otros lugares: lugares que no importan.

Hace días, a propósito de que escribí sobre mi deseo de que B no crezca en México, Matt comentó que le hubiera gustado que explicara por qué. Es porque México no es un buen país para vivir, y menos para una mujer. No me gusta verbalizarlo y menos dejar registro de que lo he verbalizado, por lo siguiente:

1. Así, sin contexto, es desagradecido, viniendo de alguien que ha sido privilegiada en todos los sentidos.
2. Parece desatender el hecho de que Dios está en todas partes. *repetir el punto 1*
3. No hay comparación entre la mayor parte de México, y algunos lugares en guerra o paupérrimos; incluso, nuestro remedo de democracia y de libertad de expresión es mejor que lo que se vive en varios lugares.

Sería mejor  decir que "México no es un buen país para que viva mi familia, aunque es un maravilloso lugar para millones de personas: otras". Yo no quiero estar en un lugar donde el gobierno le dice a los ciudadanos que "ya chole con sus quejas". Aquí el desgobierno, el valemadrismo y la corrupción se viven en la médula de las instituciones. Dejan mucho que desear el sistema educativo y el sistema sanitario. En cuanto a cultura... me entiendo mejor con personas de otros países, o con mexicanos que no son como la mayoría. Eso último queda muy mal, pero así es. En el norte, la gente es franca y leal, pero también de mecha muy corta, y progre enceguecida; en el centro perviven discriminaciones del siglo XIX y miseria que supura envidias.  En donde se viven o se han vivido olas de violencia, la descomposición social es de dar miedo.

Vivo en uno de los estados más seguros del país, y hace poco me dijeron "se están llevando muchachas de acá arriba", como quien dice "han estado robando tapones de coches en la otra calle". No hay día que no aparezca en Facebook o Twitter, que otra mujer se ha "perdido". Mi niña está segura, pero no quiero que crezca con eso alrededor. Allá lejos son terroristas, acá son los militares, o quien pueda imponerse.

Silvia Parque 

jueves, 3 de septiembre de 2015

Por aquí y por allá

Hace unos años, el mundo se puso más loco de lo que estaba, "loco" de "enfermo", de "feamente enfermo". Y a mí me gusta el mundo: no solo el sol y las montañas, sino el mundo todo, con su gente; yo soy de fijarme en los aparadores llenos de color y en los edificios impresionantes; pero es imposible no ver cómo el horror se abre paso. Mi primer encuentro directo con eso, fue al ver el cuerpo muerto del conductor junto a mi camioneta, en un semáforo, cuando mi vida era otra, allá en el rancho de donde vengo. No habría imaginado qué tanto más podía descomponerse la humanidad. Parece una novela de fantasía distópica. Tampoco creo que sea el peor momento de la Historia; pero qué triste verlo.

Silvia Parque

sábado, 11 de abril de 2015

Para un lado y para el otro

En México, hay historias recientes y terribles de tortura, cuasiesclavitud, desaparición forzada y muerte; ni hablar de la corrupción y la inequidad: tierra fértil para el horror.

Es el mismo México en el que sigue habiendo gente trabajadora, muestras de talento, y esfuerzos notables por dar apoyo a quien lo necesita.

No conviene dejar de ver para un lado, ni para el otro. Sin embargo, hay que tener conciencia del lugar social que ocupamos, antes de invitar a "ver lo bueno", para que la invitación no sea cínica ni desconsiderada; para que no sea una ola que calla la queja legítima.

Silvia Parque

sábado, 28 de marzo de 2015

La niña siria que se rinde

Matt decía que en su barrio asaltan y yo creí que tenían plaga de carteristas.

La experiencia siempre se cuela en la percepción y la asignación de significados.

Cuando vine a vivir a Querétaro, pasé meses creyendo que los "cuetes" (cohetes) en honor al santo de la ocasión, eran balazos.

Pero yo crecí en un lugar seguro: un mundo seguro, un hogar seguro. Sé que las cosas no tienen que ser como no deben ser.

ESTA niña, que cree que una cámara fotográfica la está amenazando, quién sabe qué pueda entender o creer sobre las posibilidades de estar bien, en medio de lo que le toca vivir.

Silvia Parque

miércoles, 25 de febrero de 2015

Un maestro muerto, las opiniones de hace quince años y lo que compartimos

Como sabe el mundo, en México mucha gente desaparece y muere sin que el Estado haga lo que le corresponde y a veces, por obra del Estado. Todavía hay consternación internacional por la desaparición de los estudiantes de Ayotzinapa y unas cuantas voces nacionales que no se cansan de decir "nos faltan"; pero el gobierno mexicano sigue con sus planes de negocios y hace campañas publicitarias para acallar el enojo, sin rendir cuentas -en serio- por lo que pasó. Al rato habrá elecciones y probablemente, todo lo malo que pasa será arsenal para que los políticos hablen mal unos de otros; entre la habladuría, se disolverán los argumentos relevantes y los llamados de las víctimas.

Como muchas personas, yo me mantengo en mi lugar seguro, me ocupo del sustento para mi casa; me centro en las necesidades de mi familia y apenas dedico una oración, no todos los días, a la gente que ha sido y es sistemáticamente aplastada. No me detengo en las noticias sangrientas, ni en la incompetencia que también sangra a la gente, primero porque no me conviene y después porque no resolvería nada con eso; no alimento mi indignación -que no deja de existir y crece-, ni busco conocer cada detalle -no los necesito para saber qué ocurre-.

Las cosas están peor que hace diez años, pero cuando leo una revista de hace diez años, veo que no me pierdo de nada con no estar "completamente al tanto". Del mismo modo, no veo noticieros ni leo los periódicos; pero cuando me acerco a la relación de una noticia, me doy cuenta de que no me perdí de nada porque basta con tener en mente que sigue pasando lo que estaba pasando hace una semana, hace un mes, diez meses. Algunas cosas me apenan más que otras, en parte por mis filiaciones, en parte por lo que tenga de cultura sensiblera. Eso me incomoda porque me choca la idea de ser llevada y traída por la explotación mediática de lo visceral. Hoy por la mañana hubo una noticia de ese tipo, que me lleva a escribir esta entrada.

Desalojan a un grupo de maestros que bloqueaba un boulevar, exigiendo el pago por su trabajo; un maestro jubilado muere a causa de los golpes recibidos. Salta a la vista lo terrible y sin embargo, no es sencillo. La noticia hace que me haga eco una columna de opinión escrita en una revista Nexos de hace casi quince años. Tengo revistas viejas con las que me entretengo y ayer leía "Contra la capitulación del Estado", de Carlos Castillo Peraza: una exposición sobre lo mal que está no hacer cumplir la ley, cuando por ejemplo, un grupo de estudiantes rompe vidrios por protestar. Sí que afecta a los demás que unos inconformes se planten en algún lado y no dejen que siga el curso normal de lo cotidiano; los inconformes-protestantes-bloqueadores son minoría, recuerda una y otra vez el texto, y las minorías no tendrían por qué dictar lo que ha de hacerse, menos por la fuerza.

Para mí es claro que hay cosas que no se consiguen por la vía de la petición con dos copias a una oficina. No sirve de mucho pedir al poderoso que "por favor" deje de abusar de su poder. Pero entiendo que no es sencillo tomar resoluciones frente a los problemas. También entiendo la dificultad de asumir responsabilidades frente a las resoluciones tomadas, aunque no hay pretexto para no hacerlo. Pensaba en el maestro muerto, en el guardián del orden que golpea, en las autoridades que se deslindan de lo que no les convenga, en el periodista que sentencia desde su computadora; pensaba que existimos, todos ellos y yo, sobre la misma tierra que oculta tal cantidad de huesos desconocidos, que no podemos dedicarle demasiada atención a cada uno de ellos y sin embargo, cada cuerpo tuvo una vez un rostro, como el de este señor. Pensaba que compartimos -el maestro, antes de morir- las mismas ganas de cenar bien, de estar con los nuestros en paz.

Silvia Parque

miércoles, 28 de enero de 2015

La conferencia del Procurador

Me ha costado ver completa la última conferencia de prensa que dio el Procurador General de la República. Ayer lo intenté tres veces, y no llegué sino al minuto cuatro. Hoy, hasta la laptop se  resistía y se apagó en el minuto cuarenta, más o menos. El quinto intento fue el bueno y lo logré.

Como tantas otras personas, no le creo ni al señor Procurador, ni a la institución Procuraduría General de la República. Le creo a los sobrevivientes, a los padres, a los defensores de derechos humanos, a los expertos independientes. No dejo de creer o creo porque sean unos o sean otros, sino por lo que están diciendo.

Me pregunto cómo funcionaría la justicia si las personas supieran qué es el respaldo científico, si estuviéramos acostumbrados a analizar un argumento. A veces suena a repetición vacía eso de que a los poderosos no les conviene que la gente aprenda a pensar; pero parece que efectivamente, no les conviene.

Silvia Parque

viernes, 12 de diciembre de 2014

#YaMeCansé3

Si bien, se puede concluir que los hashtags YaMeCanse y YaMeCanse2, desaparecieron de forma poco natural de los TT en Twitter, también es posible pensar que la gente realmente se cansará del asunto de los estudiantes de Ayotzinapa, que ha traído atención sobre el resto de las atrocidades en México. Los fenómenos de este tipo crecen o decaen; no se quedan "como están" por mucho tiempo. ¿Y la gente va a seguir saliendo a marchar cuando el frío aumente? Fuera de los familiares de las víctimas, ¿la gente cambiará las fiestas de navidad y año nuevo, por la protesta? Me parece poco probable. A pesar de que el ejercicio fallido -y en algunos casos cínico- de la autoridad, alimenta la indignación popular, no pierdo de vista que "la gente" no son mis contactos en Twitter. O que hoy, #YaMeCanse3 es TT junto a la muerte del perro de Justin Bieber.

Para que se muevan los cimientos de la violencia y la corrupción en este país, se necesita más interés que el de los que siempre -o usualmente- se involucran en "causas sociales". Hace falta interesar a las señoras que ven telenovelas y a los señores que no conocen la definición de "Estado". Creo que hubo un asomo de eso, pero al nivel de la emoción, con empatía por el dolor, y si los sentimientos no duran, las emociones menos. Difícilmente habrá algo más, cuando se ve a menudo, que los "comprometidos" señalan a "los otros" con vituperio. Ahí tenemos la relación de México con Chespirito, evidenciada en la reacción ante la muerte del comediante; para mí que expone nuestras peores pobrezas; pero creo que es diferente analizar por qué y cómo ocurre eso, que tildar de estúpida a la gente que lo hizo famoso. (Yo no podría, para empezar, porque mi familia forma parte de esas personas.)

Este país seguro que cambia, cuando los que recibieron su despensa o su bono por votar por Peña Nieto, se unan a la demanda y la creación de un cambio; ¿pero cómo van a unirse, si quienes proponen el cambio les insultan?

Ojalá esté equivocada, y la gente no se canse, y las buenas ideas se vean concretadas en acciones efectivas a favor de todos.

Silvia Parque

jueves, 27 de noviembre de 2014

La gente empieza a contar personas

Ahora importa que al parecer, en julio secuestraron a 31 estudiantes de secundaria en Cocula, Guerrero; en otras palabras: a 31 jovencitos que deben tener menos de dieciséis años. (AQUÍ una nota) Qué bueno que importe; que se diga "¿otros treinta y uno?", como visualizándolos... pero son muchos más.

Durante años, miles han muerto o desaparecido sin la movilización que tendría lugar viviendo en un Estado de Derecho. Qué bueno que eso cambie. Creo que la gente abre el corazón y empieza a tener en cuenta que estamos hablando de personas: cada cual con su nombre. Ese cambio en la forma de percibir me parece fundamental. Cuando cada mujer que es madre en México, se identifique con las madres de esos muertos y desaparecidos, el ánimo entero del país va a cambiar; porque puedes perder el modo de ganarte la vida, pueden humillarte hasta que no encuentres dónde quedó tu dignidad: pero cuidado con quitarle a una mujer su hijo. Si no se muere de pena, no va a ser la misma, y si encuentra cómo dar pasos... y si encuentra quién la acompañe...

Hoy, a diferencia de hace un año, no hace falta ser un revoltoso para notar que pasa lo que pasa, y pronunciarse en contra. Podemos diferir sobre las causas y los modos adecuados de proceder, pero creo que se ha generado un mínimo de empatía que une a la gente en el querer seguridad y justicia -unos más seguridad que justicia-. Sigue empezar a pensar, porque no basta el momento de lamentación ni la catarsis colectiva.

Silvia Parque