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lunes, 11 de julio de 2022

Mi trabajo

¡Hace más de un mes que publiqué la entrada anterior a esta! 

Estuve muy ocupada por el fin de curso: evaluaciones, calificaciones, revisión de proyectos... Y ahora, de vacaciones, ni hija no da tregua. En las noches suelo terminar muy cansada, así que cuando no trabajo en los textos que corrijo, me quedo dormida antes de conseguir llegar acá. Tengo ganas de escribir sobre varias cosas que no me resulta fácil abordar, así que decidí hablarles de algo que no tengo que pensar.

Como saben, el pasado octubre volví a dar clases. En ese curso, el año pasado, llegué al semestre iniciado, a enterarme casi de un día para otro de los contenidos que iba a manejar, así que fue pesado; sin embargo, amé regresar a las aulas: amo mi trabajo. De eso quiero hablar.

Para empezar, está el privilegio del empleo. No tengo una "plaza" o "base", de modo que este mes de vacaciones hago malabares porque no me pagan; pero agradezco que, en un país con mucha informalidad, yo firmo un contrato y accedo a la seguridad social, lo cual nos da servicio médico -a mí y a la cría- y me permite plantearme acceder a un crédito para comprar un terreno o una casa. En cuanto al día a día: me tratan amablemente, tengo libertad de cátedra y puedo beber café gratis :D La paso de lo mejor. Los cursos son una gozada: dan gusto nivel chocolate. Y mis estudiantes son respetuosos, agradecidos y con ganas de aprender; no son pocos los que están haciendo un gran esfuerzo para sacar una carrera adelante mientras trabajan. 

Estoy muy agradecida.

Silvia Parque

viernes, 22 de marzo de 2019

En esto ando

Nunca creí unirme a los blogueros que escriben "tengo prácticamente abandonado mi blog", pero comparada conmigo misma: tengo prácticamente abandonado mi blog. Al principio, lo lamenté; sobre todo, me dio pena no estar extrañándolo... Pero noté que es cuestión de pasar a otro ciclo también por acá. Todo se mueve.


Siempre se ha movido.

En el gadget "Entradas anteriores" se aprecia que fui publicando menos entradas con el tiempo. Esto tiene varias razones. En 2012, cuando inicié con el blog, no tenía Twitter y usaba las entradas para publicar alguna idea, aunque fuera una frase nada más; de hecho, la mayoría de las entradas eran muy breves, quizá hasta 2016.

En ese tiempo, mi blog "De palabras y cosas así" se llamaba diferente y era casi un blog de culto para el papá de B; cuando le di un giro a aquel blog, empecé a publicar allá todos mis textos de narración-ficción o los comentarios respecto a algo que estuviera leyendo. Así, este de acá redujo el tipo de contenido que comprende. Claramente es un blog personal, con algo de reflexión, algo de opinión, algo de expresión, mucho de mi maternaje y mis procesos de desarrollo. (Necesito aprender cómo guardar en algún otro lado las entradas porque son una especie de archivo de mi vida).

Pero yendo al punto: ahora estoy muy ocupada: más ocupada que nunca, no porque tenga más actividades que en otras temporadas, sino porque tengo la mente y el ánimo enfocados (ocupados) en el negocio, como no me pasaba desde que era una adolescente que escribía y escribía. Hace más o menos seis meses, adquirí una membresía de Oriflame, pensando en vender algo para ganar "un extra" y resultó tan bien, que ahora me dedico a esto. Jamás habría imaginado que lo iba a disfrutar tanto, que iba a sentir: "de aquí soy"; pero la vida no deja de sorprenderme. Y en eso ando.

Ya había pensado que le quitaría algo de tiempo al blog para dárselo a mis proyectos de escritura; pero los he vuelto a pausar. Ahora necesito organizarme con el negocio, porque si bien tengo como medio año en la compañía, mi decisión de dedicarme de lleno a esto es más reciente.

Para apalancarme, a lo que sí dedicaré más tiempo es a los artículos en No creas nada, porque tras meses de un movimiento muy pero muy lento en las visitas/ingresos generados, de pronto los dos artículos en los que describo productos de Oriflame le dieron vida a mi panel de ingresos. De todas forma me falta un tramo para llegar a la cantidad de visitas/ingresos que me permita efectivamente cobrar; pero el cambio a favor fue brusco y pienso aprovechar que eso funciona.

Estos son mis dos éxitos:

También pueden pasar a leer:

Así que andaré menos por aquí. Con aviso y explicación no siento que abandono ;)

Silvia Parque

sábado, 15 de septiembre de 2018

Otra oportunidad

Este mes de cumpleaños, la celebración no está siendo festiva al modo tradicional. He estado pensando.

Pienso y pienso.

Pensé un poquito en el pasado y me permití un ratito de la fantasía de haber hecho algo diferente, pero el gusto no me duró: no puedo dejar de tener conciencia de que B no estaría aquí si cualquier cosa hubiera sido de otro modo. Traté con cambiar "algo" después de la fecha en que nació, pero se me ocurrió que si cualquier cosa no hubiera sido como fue, tal vez eso habría cambiado su crianza y ella no sería exactamente la niña que es ahora.

Luego pensé en el futuro. Un poquito de mi fantasía favorita: la casa de mis sueños. La he remodelado. Tenía años soñando con la misma casa. Ahora es otra.

Y pensé en cómo pasar de donde estoy a donde necesito estar, pero las respuestas en realidad las conozco, así que no me entretuve mucho.

Pienso en la persona que soy y mi relación con mi alrededor.

He dejado de decirle a B que recoja sus juguetes. No los recoge porque no he sido suficientemente consistente creándole el hábito y porque yo misma no soy ordenada, así que en vez de insistir, me detengo y observo cómo funcionamos.

Pierdo mucho tiempo. Fue ocurriendo en la medida en que tenía menos trabajo y seguramente no ayuda a que tenga más trabajo (no es que quiera trabajar más, pero me urgen más ingresos). Pierdo energía en Facebook y Twitter, así que le pongo nuevas reglas a mi paso por ahí.

Pienso en los blogs como parte de pensar en mí. Más de lo que quisiera admitir, escribo y publico aquí porque es muchísimo más fácil que ocuparme de los proyectos de escritura que me dedico a abandonar y recuperar. Y eso me lleva a considerar por primera vez en la vida: ¿realmente quiero escribir? ¿No lo habría hecho ya, si tanto quisiera hacerlo? El papá de B me dice que Proust no había escrito ni una línea de En busca del tiempo perdido cuando tenía mi edad. Le digo que seguramente podía mantenerse a sí mismo y me responde que era un noble, así que la cuestión no aplica. Yo pienso en que a mi edad, mi mamá ya había pagado mi carrera en una escuela particular. Cada cual su camino, pero...

Recuerdo los días y noches escribiendo en la adolescencia, apasionada con lo que estaba haciendo. Solo he vuelto a sentir esa pasión cuando me metí en el proyecto laboral de mi vida, que avanza a paso lentísimo: tan lento que no tiene para cuándo concretarse. Porque siempre pasa "algo". Siempre. Una complicación. Un problema. Un "algo". Una cuestión de salud, de dinero, de la casa, en relación con la niña, conmigo, "algo" pequeño, mediano, grande que me interrumpe y cuando quiero continuar en lo que estaba, no puedo: me paralizo; mejor escribo una entrada, leo algo, comento algo, me sigo "preparando" (es un trampa seguir preparándose).

Voy a darme otra oportunidad.

Silvia Parque

jueves, 3 de mayo de 2018

Saliendo de la zona de confort

Cuando estaba en primero y segundo de primaria, no entendía el sentido de los cuestionarios "sobre la lectura" en los exámenes de Español: venía un texto y luego preguntas sobre ese texto, que permanecía ahí, accesible para que una viera y copiara las respuestas. Yo ya leía a los tres años, así que estaba "sobrada" para lo que se me examinaba. Habría sido un verdadero desafío que me hicieran socializar con mis compañeros, pero a los adultos a mi alrededor no parecía importarles que yo tuviera miedo de atravesar el patio de la escuela. Esto puede ilustrar mi vida académica. Reprobé precálculo en el bachilleres, pero porque me pasé ese semestre "echando novio" y porque no le iba a arruinar al profesor su profecía de que toda la sarta de maleducados que no le hacíamos caso, reprobaríamos.

No se me pedía nada más que "ir bien en la escuela" -ni mantener limpia mi recámara-, así que crecí instalada en una zona de confort. Con bastante "problemática interna"; pero en general, en gran medida, en una zona de confort. Hasta que cambié de ciudad y empecé la Maestría.

Mis "antecedentes": habilidades, lecturas, "background" por decirlo de algún modo,  no eran los de la universidad a la que llegué. En la entrevista del proceso de selección, la Maestra que sería mi asesora me preguntó por mi filiación teórica; no recuerdo cuál expresión usó, pero tuvo la amabilidad de irme traduciendo la pregunta... que qué autores había leído... y pues... yo no tenía idea. Era otro mundo. Y mientras eso pasaba con mi formación académica, yo vivía sola por primera vez. Por primera vez tuve necesidad económica de trabajar. Cuando el que era mi marido llegó a la ciudad, un semestre después de mí, volver a la vida de pareja fue otro movimiento de tapete. Luego vendrían muchos problemas, pero creo que en parte se convirtieron en problemas por no salir de las zonas de confort en las que me movía, para enfrentar los cambios. 

Mis mayores cambios han sido "protegidos", manteniéndome en esa zona. Por ejemplo, cuando dejé de dar clases para trabajar en lo administrativo de una universidad, empecé a hacer cosas que nunca había hecho; pero en cuanto se me pedía que me saliera de lo inicialmente pactado, yo respingaba. Y ha sido bueno tener claro qué quiero y no aceptar lo que no quiero. Eso podría verse como renunciar a "comodidades" (trabajo seguro, prestaciones) en un movimiento hacia la realización. Y sí. Pero no debía instalarme en otra comodidad: en la de "hago lo que me gusta y ya". Lo sabía y no quería que fuera así; pero para que no fuera así, debía "forzarme", por ejemplo, a hacer funcionar una actividad como negocio -rentable-. Y no lo conseguí. No lo hice. Eso no me causa problemas existenciales. Me causa problemas materiales, prácticos (del tipo "ya no se puede poner más cinta aislante en el cable del cargador de la laptop: hay que comprar otro"). 

Bueno: pues me ocupo. Estoy "construyendo" un proyecto que es lo más atrevido que he hecho en mi vida. Algo que me saca por completo de mi zona de confort por todos lados: es trabajar en equipo, incidir en la realidad concreta, gestionar... Me parece muy difícil. Está en fase inicial, por lo que todavía no puedo compartirlo, pero me causa tanto miedo acobardarme, no atreverme, que lo escribo y lo publico para que eso me comprometa. Para volver a esta entrada dentro de seis meses y ver cuánto hemos avanzado.

Silvia Parque

martes, 19 de diciembre de 2017

Del año más loco al mejor año

Estoy al tope de mí: no agobiada; llena, plena. Eso podría ser extrañísimo considerando los últimos doce meses, pero tal vez no, porque al fin me estuve preparando para esto. Es que realmente es el año más loco de mi vida.

Empiezo a hacer. Preparo mi mejor año. Para eso ha sido fundamental mi participación en Psicogrupo.
AQUÍ mi último artículo publicado: "Estrés: cuerpo y mente".

Los proyectos en los que tengo una apuesta vital siguen pausados, pero eso termina hoy: no espero a que sea enero ni a que haya mejores condiciones. No tengo tiempo para perder.

Una niña en casa es una medida del tiempo implacable. No hay otra oportunidad de que tenga la edad que tiene cada vez. Y yo me hago vieja. No es que me sienta vieja sino que tomo conciencia de cómo entro a la "mediana edad": eso sí me parece increíble; también me parece bien.

Silvia Parque

lunes, 6 de noviembre de 2017

Decisiones a partir del sentido

Fui a vivir a Querétaro para cursar la Maestría. Se suponía que no trabajaría. Pasé un primer mes maravilloso, dedicándome a conocer el centro de la ciudad y a leer, pensar, escribir. No duró mucho ese estado ideal; se fue haciendo evidente que necesitaría trabajar y aunque resistí lo que pude, terminé buscando empleo. Fue el peor empleo de mi vida. A lo mejor porque por primera vez me planteaba trabajar por necesidad: eso no se hizo para mí -de verdad, eso siempre ha terminado mal-. Ahora, además, puedo asociar ese empleo con personas cuya presencia en mi vida terminó siendo nefasta. El caso es que me fui, conseguí algo que tenía mucho más que ver conmigo y posteriormente, no mucho después, conseguí lo que quería y viví satisfecha.

Pero quiero hablar de un momento importante en ese primer empleo queretano:

El momento más importante, sin duda, fue el de mi renuncia. Aprendí algo significativo: hay relaciones en las que no solamente no vas a estar de acuerdo con la otra persona, sino que va a haber enfrentamiento y el modo digno de actuar puede implicar que el otro se quede a disgusto. Antes de eso, yo trataba de dejar las relaciones en buenos términos.Ya no necesariamente: aprendí que a veces lo justo es quedar en malos términos. Pero no es de ese momento final (importante) del que quiero hablar, sino de otro. Por el tiempo de camino entre mi casa y el lugar de trabajo, por mi modo de implicarme y por la naturaleza misma del trabajo, terminaba agotada y empecé a dejar inconclusas las lecturas de la Maestría. Era frustrante. Entonces pensé: si trabajo para mantenerme de modo que pueda hacer esto que quiero y el trabajo no me va a permitir hacer esto que quiero, no tiene sentido. Anuncié mi renuncia -al trabajo-, pero me hicieron una propuesta que me convino: iría menos días, durante menos horas y tendría menos obligaciones. Obviamente, ganaría menos dinero. Pero podría leer lo que necesitaba y todo tendría sentido.

Y sí: todo tuvo sentido. Fue difícil reducir los ingresos, pero de no haberlo hecho, tal vez no habría buscado algo mejor que me llevó después a encontrar algo perfecto para mí. 

Silvia Parque

domingo, 30 de julio de 2017

El esfuerzo justo o no golpear paredes con la cabeza

He compartido anteriormente que soy partidaria del mínimo esfuerzo.

Pues cada vez más.

Me esfuerzo por lo que, dados mis valores y necesidades, vale la pena; pero lo hago como vía para conseguir aquello que valoro o necesito: no encuentro mérito en el esfuerzo por el esfuerzo mismo. Veo a "los trabajadores" y me parece que se emocionan con el sellito de "sí trabaja" de la maestra de kinder. Sé que no es nada más eso. Entiendo su satisfacción (autocontrol, persistencia), pero no me atrae.

No me hace sentir mejor trabajar más que menos; absolutamente al contrario. Si puedo esforzarme menos y lograr lo mismo que estaba logrando, qué bien; me parece que el objetivo inteligente sería esforzarme menos y lograr más: esa es mi vía. Me asombra el convencimiento de algunas personas, de que hay que trabajar mucho para que te vaya bien, cuando el mundo está lleno de ejemplos de que no precisamente...

A ver...

En mi casa se oye a menudo: "Esfuérzate y sé valiente, dice el Señor". Se lo digo a B cada vez que lloriquea porque no puede algo. Yo trabajo lo que haga falta con cada párrafo de un ensayo, hasta que queda como me parece adecuado. Así que tal vez lo que debería decir, en lugar de que soy partidaria del mínimo esfuerzo, es que soy partidaria del esfuerzo justo. Justo lo que se necesita y para lo que es justo emplearlo.

Creo que la vida funciona de modo que nos toca esforzarnos en algo. ¡Pero no en todo! Y en lo que nos toque esforzarnos, no es cosa de dar golpes con la cabeza a una pared (se me quedó grabada esa imagen de un texto que leí hace varios años).

Pienso en mi prima que es atleta: se levanta temprano, entrena, cuida su alimentación, etc. Ahí hay esfuerzo necesario. Pero desde mi poco conocimiento del tema, creo que si no tuviera un buen entrenador, terminaría por lesionarse. Si no hubiera ido en busca del medio y las personas adecuadas, no estaría en competencias importantes. ¡No hay que golpear paredes con la cabeza!

Silvia Parque

jueves, 20 de abril de 2017

El café con chocolate está bien

Escribo un artículo. La niña duerme a un par de metros de mí. Hace calor.

Debía entregar hoy el texto, pero fui con la dermatóloga y me recibió más de una hora tarde, lo que movió mis planes. Estará mañana.

Pude y debí organizarme mejor; pero en esta ocasión, me convino revivir la sensación de ansiedad rica de estar a "última hora" porque me ha recordado que de aquí soy. Me dedicaré a esto. Le llamaré trabajo porque estoy cansada mientras lo hago y porque de día me cuesta lidiar con B mientras tecleo; pero lo viviré con tanto gusto que, aunque ya no lo haría gratis, sabré que es la clase de cosas que eventualmente haría por amor al arte.

Así que escribo el artículo, veo mi Timeline de Twitter, vengo para acá; la niña duerme y el café con chocolate está bien.

Silvia Parque

jueves, 22 de diciembre de 2016

Sentir la pasión y hacer

Ayer volví  a publicar un relatito en PARA ANTES DE DORMIR. No publicaba uno desde agosto.

He pasado años dejando que ideas y palabras ronden por mi mente hasta que el posible texto desaparece, entre las cosas que hay que hacer, el entretenimiento y el cansancio. Pero últimamente, escribo; aparte del blog, quiero decir.

Me siento bien escribiendo. Es lo que nací para hacer. Volver a la práctica hizo que ayer me resultara natural levantarme por la madrugada a escribir el relatito, así que aunque estoy enfocada en textos que no son para los blogs, tal vez los blogs se vean beneficiados con mi aplicación.

Escribía mucho cuando era adolescente. Ahora he vuelto a sentir la pasión de aquella época. Eso me ha traído algo de mí misma.

Aquí: "Narices"

Silvia Parque

lunes, 2 de mayo de 2016

El esfuerzo, depende para qué

He escrito antes sobre el esfuerzo. He pensado en el tema. Me asombra cómo las personas se esfuerzan mucho por cosas que para mí no valen la pena. Sí entiendo que el otro puede tener sus ilusiones y hasta puede haber empeñado su amor propio, por ejemplo, en una carrera o en logros materiales, y que entonces esforzarse por obtenerlos o mantenerlos tiene mucho sentido. Para mí, no. Yo valoro sobremanera estar a gusto y no me esforzaría por casi nada de lo que usualmente vende como valioso el "mercado social": grados académicos, conocimientos, propiedades, reconocimiento, estatus económico, popularidad... Para mí, valiosa es la posibilidad y capacidad de saborear un buen café, en paz.

También creo que nacimos para algo: que nuestra vocación late con nuestro corazón, y que si escuchamos bien sus latidos, nos dan el mensaje de lo que deberíamos estar haciendo. Esa actividad puede requerir dedicación, y esa dedicación implica momentos de esfuerzo; pero no un esfuerzo de desgaste. Imagino que estar luchando por hacer bien algo para lo que no tenemos vocación es como arrastrar una enorme roca cuesta arriba. En cambio, el esfuerzo de trabajar en aquello para lo que nacimos, se parecería más a esa sensación de que puedes un poco más, cuando en una fiesta, de madrugada, aunque ya hasta te duelen los pies, suena una canción que tienes que bailar y te levantas con gusto, explotando lo que le queda de fuerza a tu cuerpo. No me gusta la idea de luchar.

A veces, sin embargo, se presentan batallas, sobre todo batallas interiores. Ahí vale la pena, y mucho, el esfuerzo. Desafortunadamente, las batallas interiores a menudo se levantan en un campo donde hay otras personas, y les implican. Eso tiende una trampa: luchar contra otros suele ser ocioso; suele acabar mal, sea que se gane o se pierda. Pero si acaba mal luchar, cuando el otro es oponente, puede acabar mucho peor luchar por una relación: poner esfuerzo en que la relación inicie, permanezca, no termine, vuelva a empezar. Pienso en diferentes relaciones afectivas (padres e hijos, hermanos, amigos...) y creo que cuando se pone esfuerzo en la relación, las cosas van mal y tal vez hace falta más espacio entre las personas (sí: hay mamás, papás, hijos, hermanos, amigos, de los que es mejor alejarse, a veces por una temporada, a veces para siempre). Pero por supuesto, aplica mucho más para una relación de pareja. No es lo mismo esforzarse en controlar un defecto, esforzarse en mejorar la comunicación, que esforzarse en que la relación exista (inicie, continúe, vuelva a empezar...): ese esforzarse es forzar.

Dicen que "a fuerzas, ni los zapatos entran"; pero un calzador es capaz de meter un pie a un zapato donde no habría entrado naturalmente, y qué tortura puede ser.

Silvia Parque

viernes, 8 de abril de 2016

Lo que me funciona

Como decía POR ACÁ, salí de viaje.

A mí el cambio de alrededores me sirve mucho para pensar. Además, volver al rancho grande del que salí, me sirve especialmente para pensar en mí.

Ahora, sin embargo, con B, lo de pensar se complica. Atenderle no me deja mucho espacio mental para otra cosa y mientras duerme estoy muy cansada. Ya daba casi por perdido el viaje, en ese sentido, cuando tuve una breve conversación con una amiga. Fue apenas un rato, en medio de algo de alboroto y compartiendo la mesa con su pequeña adolescente, así que no nos metimos en profundidades íntimas; pero alcanzó a hacerme una pregunta y a decirme algo que estuvo haciendo eco hasta producir una vuelta de tuerca:

"¿Qué te pasó?", me dijo. "Me achicopalé", respondí. Esto, lo otro, lo de más allá y sugirió: "Haz lo que te funciona".

Algo en mí tomó esas palabras como una orden de mi alma.

Un par de días después, pasando la noche en una habitación de hotel, tuve una conversación con Dios, como hacía tiempo no la teníamos. De todo el proceso, resultó una decisión:

Pueden ir todos muy lejos. 

No estoy enviando a nadie a ningún lado. Pero pueden ir: cualesquiera.

¡Y zaz! Se siente muy bien. Una descarga.

No encontré mi identificación en uno de los tantos "retenes" del aeropuerto, por lo que tuve que salir de la fila y encaminarme al último lugar donde la había mostrado, esperando que la tuvieran ahí. Afortunadamente, volví a buscar antes de caminar mucho y gracias a Dios, la encontré. Seguí mi camino, dándome cuenta de que no sentía culpa, vergüenza, ni nada por tener dificultades para hacer trámites sencillos y estresarme. Me pareció bien. Me parecí bien.

Así he seguido hasta el momento. No sé si dure mucho, ¡pero tampoco importa! Cuando haga falta, algo volverá a recordarme que tengo permiso de ser yo, exactamente como soy.

Silvia Parque

martes, 2 de febrero de 2016

No todo es para todos

Cuando estaba en el bachilleres, recibimos la visita de un par de policías que fueron a invitarnos a ingresar a la Academia para convertirnos en uno o una más de ellos. Era una mujer que habló un poco, y un hombre que habló con verdadera energía. Lo más relevante de su discurso fue una parte en la que mencionó -con sus palabras- que era genial entrar al barrio y que los demás le vieran a uno uniformado y con la pistola; quiso decir: "siendo alguien", "alguien con poder", "alguien con autoridad". Lo decía de un modo alegre y simple, nada que ver con poses de El padrino; más bien podría haber emulado a Cantinflas. Se trataba de una persona sencilla que había resuelto su vida con el salario que podía tener en un trabajo que implicaba riesgo y desgaste físico. No era una opción conveniente para mi grupo de compañeros; sé que no, al menos para los compañeros con los que yo me relacionaba. Pero había sido bueno para él.

A veces te ofrecen algo que no te conviene; algo que es bueno para otros, pero no para ti. Siempre me ha llamado la atención como no todo es para todos.

Silvia Parque

viernes, 27 de noviembre de 2015

La cereza de la semana


Esta semana fue como una semana inglesa de diez días. Se juntaron dificultades domésticas, inconvenientes varios y emociones económicas. Pero como si todo eso hubiera fermentado un pastel: hubo una conclusión maravillosa. No me gustan las cerezas, pero me gusta la figura de la cereza en el pastel.

El jueves fui a una entrevista para un trabajo. Decidirlo tuvo lo suyo de conflictuante porque mi ideal es trabajar solo desde aquí (en la corrección de estilo); pero he movido con lentitud el negocio y hay que hacer lo que hay que hacer. El caso es que entre preparar papeles que me pidieron, estar lista y la dinámica de dejar a la niña con otra persona, quedé muy cansada. Pero aquí empezó lo bueno...

Supe que no tengo el perfil que busca la escuela que me entrevistó y en el camino de regreso a mi casa o más bien, en camino a la casa donde estaba B, esa idea me llevó a enfocar el perfil que yo busco. Porque siempre he sido bendecida con oportunidades que cubren el perfil que yo defino. Ahora, si voy a trabajar fuera de casa, quiero que sea en un lugar cercano y accesible, con un horario cómodo y a cambio de una remuneración más que justa, en un ambiente de animación intelectual. Dios siempre me ha privilegiado en estos asuntos y vuelvo a colocarme en mi lugar. En otras palabras: desperté.

Pensé, también, en hacerme publicidad pegando cartelitos aquí y allá, en diversificar el servicio y otras cosas.

Entretanto, la niña pasaba un muy mal rato. Al menos fue confortada con empatía y paciencia. Alguien me dijo que seguramente tenía yo más angustia que la ansiedad que tuviera ella. Respondí, dándome cuenta al decirlo: que no. Sufrí bastante al decidir que la cuidara otra persona -de toda mi confianza-; pero una vez puesto en marcha en plan, no sufrí, ni me preocupé. Lo que sí fue penoso fue el momento de oír sus gritos desesperados, a muchas casas de distancia, cuando iba a recogerla, pero no fue un pesar agobiante, aplastador. Ya con ella, camino a nuestra casa, supe que nos adaptaremos como familia a lo que vaya a pasar.

Quien me dijo que "seguramente tenía yo más angustia..." fue una de mis dos visitantes de hoy. Esa fue la cereza del pastel.

Estaba yo en este viernes cansado, con la casa hecha un desastre nivel manchas de comida en el piso, cuando recibo una llamada de una amiga que no veía hace meses. Me pregunta si estoy en casa. Le digo que estaré encantada de verla, escondo el tiradero en la recámara y me sorprendo con que llega primero otra amiga, que no veía hace más tiempo todavía. Se habían puesto de acuerdo, pero para ilustrar el tipo de persona y de visita, mencionaré que su acuerdo pasó por considerar traer café preparado, para no ponerme a calentar agua. De esas personas que una se pregunta qué hice yo para merecer esto y no queda más que agradecer a Dios.

Pasé un momento delicioso. Y terminé de despertar. Me dejaron verme en su mirada, que entre otras cosas cubrió de valor mi tiempo dedicado a la crianza. Una de ellas se ofreció a pegar cartelitos en X lugares para ahorrarme ese ir y venir. De ese tamaño. Así ha sido, así es y así va a ser mi vida. No por mi mérito sino por el favor de Dios. Cada vez que entro en la lógica de los demás, lo olvido y pierdo mi sendero. Así que como decía: vuelvo a colocarme en mi lugar.

Es una etapa diferente. Toca hacer lo que me toca con toda la mano. Me mueve la dependencia de B. Es como si durante años hubiera fluctuado entre dejarme llevar por la corriente en una zona de confort y luchar contra corriente usando las uñas para atravesar una pared, con etapas en medio durante las cuales hago lo que me corresponde bajo la gracia y me va bien. Voy a instalarme ahí: en eso de hacer lo que me toca bajo la gracia.

Silvia Parque

lunes, 16 de noviembre de 2015

Viajar, pintar, tener sexo, amar, conocer, vender, socializar...

Creo que la pasión a la que te entregas al iniciar la juventud, después de la adolescencia, ya no la puedes dejar; tal vez la puedas transformar en otra cosa o mantener bajo resguardo, pero te habita para siempre. Por eso es vital la decisión de qué hacer luego del bachillerato (preparatoria, instituto...). No se trata de en qué vas a trabajar, ni de qué beneficios prácticos te traerá esto o lo otro, sino de cómo se marcará tu vida. Pero parte de lo mágico es que no lo sabes, aunque lo supieras.

Silvia Parque

martes, 7 de abril de 2015

Mujer de mediana edad busca empleo

Alguna vez hice entrevistas de selección de personal, y llegó a ocurrir que los candidatos fueran personas en un rango de edad del que se dice que ha perdido posibilidades en el mercado de trabajo; algunas eran mujeres de mediana edad, que buscaban empleo luego de un tiempo de no trabajar fuera de casa.

Entiendo que en muchas organizaciones puede primar la consigna de contratar personas con una edad entre X años y Y años, y que todos los que no entren en tal rango quedan "fuera de la jugada". Pero habrá organizaciones en las que no sea asi. Desde mi experiencia del lado de quien entrevista, puedo decir que si se trata de una mujer "no tan joven", que busca empleo, sobre todo después de varios años de "estar en casa", le convendría saber lo siguiente:

- El entrevistador esperará que la persona se vea como una profesional en su ramo. Asi como hay jóvenes muy jóvenes que buscan trabajo con jeans desgarrados, algunas mujeres maduras van a su entrevista, vestidas más como anfitrionas de un baby shower, que como licenciadas-en, técnicas-en, etc.

- Entre alguien que aprende muy rápido, y alguien que ya es capaz, es de esperarse que el empleador prefiera a quien ya es capaz. La actualización es vital. La persona debe, al menos, saber de qué se está hablando, y ofrecer alternativas si no cuenta con las competencias que se le piden.

- La actitud de quien llega, debe ser compatible con el ambiente que ya hay en el lugar de trabajo. Esto regresa al punto número 1: El empleador necesita a una secretaria, a una profesora, etc., no a una "mamá" -y mucho menos a una "suegra"-. Esto tiene que ver con los gestos, con el vocabulario y con las opiniones expresadas; pero difícilmente alguien podrá controlar sus gestos, vocabularios u opiniones, para parecer compatible con el ambiente. Lo mejor es que la persona realmente sea adaptativa, y que pueda estar relajada; se nota cuando es así.

Silvia Parque

jueves, 26 de marzo de 2015

Si nos quedamos con lo bueno que no queremos, se hace basura

No es raro que las personas se den cuenta de lo conveniente que resulta deshacernos de los mensajes negativos que recibimos. Si con suerte, con apoyo, con atención, conseguimos deshacernos de la basura que hemos guardado, usualmente no admitiremos basura nueva: filtramos lo que otros dicen de nosotros, o las reacciones de otros hacia nosotros, de modo que vamos dejando fuera "lo malo".

Pero no solo "lo malo" es basura. Se hace basura todo lo guardado que no nos sirve. Eso incluye mensajes de todo tipo: miradas, sugerencias, comentarios, que se hacen con buenas intenciones y hasta con cariño, y que pueden estar llenos de razón.

Supongamos que yo preparo pizza de cierta manera, con mi receta uniquísima: una pizza que me satisface totalmente. Supongamos que al saber que le dedico tiempo y energía a mis pizzas, un buen amigo me comparte el secreto de la salsa de los más renombrados cocineros italianos. Sin duda, agradeceré saberlo; pero si mi propia salsa es esencial para mi receta uniquísima, con la que estoy tan satisfecha, no voy a utilizar el maravilloso secreto revelado. Tal vez pueda aprovechar algo de lo que me han dicho para mejorar mi salsa; pero si hago su salsa, voy a perderme de la mía, y adiós mi pizza.

¡Bueno! Con la pizza no importa porque puedo preparar mi receta un día, y otra receta al siguiente día. Pero si se trata de cómo vivir, hay que arriesgarnos por nuestra vocación, por nuestros principios, y cuando lleguen otras visiones de la vida, tan buenas como la nuestra, hay que recordar por qué y para qué nuestras elecciones, y hay que dejar fuera lo que no nos sirve, por bueno que pueda ser para otros. Esto no significa dejar de escuchar o de considerar las ideas que se nos proponen; pero no a todo le vamos a decir "sí": ni siquiera a todo lo útil o valioso.

Esto puede ponerse muy difícil para los adolescentes, cuando les llega el momento de hacer elecciones vocacionales. Imaginemos que después de pensar y pensar, el chico o la chica, decide que su pasión está, por ejemplo, en el Derecho: que eso es lo suyo. Pero llega el Tío Práctico y le dice que revise cuántos egresados de Derecho hay en el país, que haga un sondeo para ver a qué se están dedicando estos egresados, que... bla, bla. No digo que no haya que tenerlo en cuenta. Advierto que después del Tío Práctico, puede llegar la Tía Placer, el primo Lógica, la vecina Optimista con el amigo Pesimista, y toda una gama de conocidos, cada cual con una postura diferente. Por más que el joven o la joven, trate de tomar en cuenta todos los criterios, en su propio criterio no va a caber todo.

Esto de "dejar ir" opciones, está presente todo el tiempo. Algunas personas suponen que siempre eligen lo "realmente bueno"; pero la verdad es que dejamos muchas buenas opciones, porque no corresponden a nuestra visión del mundo, de las personas, de las cosas; porque no tenemos tiempo para vivir más que la vida que estamos viviendo. Si lo asumimos, no hay necesidad de desgastarnos tratando de integrar a nuestra forma de ser o de hacer, cada buena idea que se nos ofrece.

Silvia Parque

miércoles, 27 de agosto de 2014

Hacer que el otro pueda

Hacer que una persona "pueda", es apasionante.

Yo amé la docencia por la satisfacción que me producen dos cosas: estar permanentemente aprendiendo, y ampliar las posibilidades de otros. Mi vocación va por esa vía; pero reconozca el "ampliar posibilidades", en el terapeuta siendo instrumento para que una persona camine, o en el médico siendo instrumento para que una persona oiga.

Cuando el papá o la mamá consiguen que su niño ate las cuerdas de los zapatos, o que ande en bicicleta, seguramente también sienten una satisfacción de ese tipo, aunque más profunda y gozosa, con un orgullo mucho mayor.

Silvia Parque

jueves, 10 de julio de 2014

Lo grande

Creo que es humano impresionarnos con lo grande. Vemos un rascacielos o el Gran Cañón, y abrimos la boca. Hay quien pierde la capacidad de asombro, pero lo que sí no pierde una persona cuerda, es el sentido de proporción, y por este sentido de proporción, la gente suele desasociarse de "lo grande".

A mí me gustan las cosas pequeñas. Literal y figuradamente. En mi casa hay miniaturas; si volteo a la izquierda hay un perrito de alambre que medirá unos dos centímetros y medio de la cabeza a la cola. Escribo breve. Prefiero una vida sencilla -desde mi entendimiento de "sencillez", que incluye pasarla muy bien-.

Pero también me gusta lo grande donde corresponde. Si volteo a la izquierda también tengo una vista genial del cielo -nublado-, porque tengo una ventana muy grande -y una pared de la sala es un ventanal-. [¿Qué más grande que el cielo?] Ahora estoy muy bien en mi casa; de hecho, es justo el tamaño del que puedo ocuparme; pero sé que estará mejor algo de mayor tamaño, después; quiero una casa "grande".

Como se sabe, juzgamos las dimensiones a partir de nuestros parámetros personales/culturales. Acotado esto, observo que de lo que nos parece "grande", solemos retraernos. Supongo que a lo pequeño, lo consideramos manejable, y que lo grande nos parece hecho para gente de mayor tamaño.

Sin embargo, todos los que hicieron algo grande, no eran más que personas. Y cualquier camino se empieza con el primer paso. Vale con las tonterías, como juntar una colección de un millón de tapitas de pasta dental, como con los asuntos de la mayor trascendencia. Un día: la persona se ocupa de hacer lo que ha decidido hacer, y si consigue dedicarse a ello, saldrá algo de "buen tamaño"; si quiere que ese "buen tamaño" sea "grande", solamente tiene que analizar en qué hace falta aumentar la inversión: ¿tiempo?, ¿energía?, y por supuesto: hacer la inversión.

No soy una adoradora de lo grande. No creo que todos tengamos que hacer grandes cosas. Creo que tenemos llamados -vocaciones- diferentes, y que es tan digno hacer algo pequeño o mediano, como algo gigantesco... siempre y cuando estemos haciendo lo que sabemos que nos corresponde. Además, el juicio sobre el tamaño de nuestra obra, va a variar según quien juzgue, así que lo que importa es lo que a nosotros nos queda claro (es importante que nos quede claro a qué estamos jugando).

Así que, no tenemos necesariamente que hacer algo llamado por los demás o por nosotros mismos "grande". Pero es una opción. Es completamente posible.

Silvia Parque

miércoles, 18 de junio de 2014

Hay que saber quién es una

La conciencia de sí permite a la persona ocupar su lugar. Algunos pubertos que crecen rápido, tienen un breve periodo de torpeza motriz, en lo que adquieren conciencia de su nuevo cuerpo: más alto, con extremidades más largas. La torpeza se desvanece a medida que adquieren conocimiento sobre este nuevo "yo corporal"; entonces vuelven a moverse con soltura, apropiándose del espacio que les hace falta: que les corresponde. Esta apropiación suele ser el principio de una ocupación adulta del mundo. Antes, los otros nos indicaron el lugar que nos correspondía.

Nacemos a la herencia cultural de nuestra comunidad y de nuestra familia, que determina, de inicio, si dormiremos en la cama junto a mamá, en la cuna junto a la cama de papá y mamá, o en la cuna en la habitación de junto -hubo un tiempo en algunos lugares europeos, en que los bebés de familias pudientes dormían -puesto que vivían- en casa de una nodriza- Así se nos va indicando el lugar que nos toca, durante años. Variantes de "siéntate aquí" o "no te vayas a salir", nos mantienen a raya. Vamos asimilando y asumiendo cuál es nuestro sitio en el mundo, con cada experiencia social -en el aeropuerto, los niños en la fila de abordaje VIP, aprenden que ellos van adelante-. Este aprendizaje incluye una advertencia sobre el lugar que va a correspondernos en el futuro.

Como lo humano es complejo, recibimos mensajes dictaminadores que nos convienen, junto a otros tanto que no nos convienen. Esta carga a veces conduce a un lugar gris -o de plano, a uno cutre-. Pero si un día hacemos una pausa, podemos notar que hemos crecido, que cabemos o no cabemos en el lugar donde estamos, y que podemos ir a donde quepamos mejor: ese lugar que nos corresponde. Nadie más que una misma sabe cuál es. Para la persona cristiana es un espacio digno de una hija o hijo de Dios.

Silvia Parque

jueves, 29 de mayo de 2014

Como si me hubieran salido alas

Mi estimada compañera, vecina de oficina, buena amiga, me ha dedicado una foto del Gran Gatsby, brindado a la salud de mi libertad.

Hoy le he dicho a la jefa de Departamento, que en un mes dejo de trabajar en la universidad.

Me sentí enorme. Como si me hubieran salido alas de pronto y aleteara.

El plan original era renunciar al final del cuatrimestre, en agosto -los planes de estudio son cuatrimestrales-. Pero la situación laboral dejó de serme conveniente y al mismo tiempo, me jala el llamado a estar en mi casa y ocuparme de mis proyectos. Tengo, una tras otra, señales de ahora es cuando.

Así que ya vuelo.

Silvia Parque