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miércoles, 11 de noviembre de 2020

El amor no es el ingrediente secreto


Violeta Isfel cuenta que pide a sus empleados que, si están tristes o enojados, platiquen con ella antes de empezar a hacer hamburguesas porque la vibra pasa a la comida. Para mí tiene todo el sentido del mundo porque soy de pensamiento mágico -y sé que si hay una embarazada en la cocina, no salen los tamales-. Pero la dulce estampa de que la clave para que un platillo sea delicioso es el amor que se le pone esconde el egoísmo de las abuelas: un egoísmo justificado, pues los conocimientos para conjurar la delicia eran, para muchas, su recurso de poder.

Yo vivo cansada desde el 2015 y soy parte de una red de mercadeo. Las redes de mercadeo son una fuente constante de mensajes de motivación. A mí me gusta. No atiendo los "tú puedes" indiscriminados y me quedo con lo que me viene bien.   

Entre lo que no me funciona en el universo de la motivación rosa, está el tener un motivo importante para despertar y empezar a trabajar. Para mí, el motivo importante no es efectivo. Me motivan las tonterías porque son lo que activa circuitos neuronales de recompensa. La tontería más motivante para mí es el chisme. 

Hoy, por ejemplo, me propuse madrugar. Necesito ocuparme de un trabajo con el que estoy comprometida y que disfruto mucho hacer. Tengo necesidad de recibir el pago que corresponderá a ese trabajo: una necesidad cercana a lo apremiante, así que no puedo no tenerla en cuenta. Tengo una responsabilidad con mi hija de cubrir sus necesidades y, nada más para empezar, es bien tragona. Además, como dije, disfruto mucho mi trabajo: me da una especie de vitalidad, una sensación de plenitud. Y, como mencioné, estoy comprometida: me importa la persona a quien enviaré corregido, el texto que me ha confiado; me importa el texto mismo. 

¿Pero son mi hija, mi vocación o mis clientas, capaces de hacerme despertar?

No lo son.  

Despierto por los trucos. Me pongo una alarma cuyo sonido necesite apagar, pero que no me irrite. La efectividad subió cuando le puse una etiqueta, es decir, cuando hice que apareciera un mensaje con la alarma. Aún así, a veces la ignoro o no la oigo. Hoy desperté porque una amiga del alma me llamó para ver si había conseguido madrugar. El servicio humano de despertador me funciona mucho mejor que el de cualquier máquina: genera una especie de sensación de "no voy a malgastar tu llamada".

No obstante, al colgar con mi amiga, pude haberme quedado dormida en un parpadeo. Para evitarlo, voy a Facebook, Twitter o Instagram. Las redes están diseñadas para hacer que sigas ahí: ahí-despierta. Una inversión de 20 minutos hace que no duerma 120 minutos más. En ese punto, sí me sirve el hecho de que mi trabajo me gusta y estoy comprometida con él: no me pierdo en la red social; una vez despierta, puedo dejarla. "Una vez despierta" quiere decir: en cuanto me tope con algo que haga a mi corazón bombear sangre más rápido. Hoy, por ejemplo, fue que estando en Facebook, algo me hizo recordar que Rupert Grint se unió a Instagram. Fui a Instagram a seguirlo y a ver a quiénes sigue él. ¡Y listo! Me hice café y vine a la computadora.

Rupert Grint me hace salir de la cama. Mi hija amada, no... de hecho, fue a acostarse conmigo -ella, evidentemente- cuando ya había amanecido, así que su cuerpito generando calor más bien me invita a quedarme ahí, sintiéndola respirar.

Mientras preparo mi café, doy gracias a Dios. Siempre doy gracias a Dios por la mañana y le platico, a veces un par de frases, a veces bastante más.Pero si pretendo amanecer y orar, me quedo dormida. Es leer a Tom Felton comentando a Rupert Grint lo que me hace permanecer despierta, no mi necesidad de comunicación con Dios. 

No acuso de fraude a las invitaciones a trabajar por tus sueños, teniendo en mente lo que verdaderamente importa, ni a tener un tiempo de recogimiento por la mañana. Así como Homero Simpson puso fotos de Maggie en su lugar de trabajo con la frase "hazlo por ella", yo tuve mucho tiempo la foto de mi niña donde pudiera verla al teclear. Solo hago ajustes para funcionar y creo que es importante decirlo porque muchas personas pueden estar "poniéndose tache" porque no les funciona lo que creen que a toooodos les funciona para levantarse, organizarse, terminar lo que inician u otras de esas cosas que nos favorecen. Y lo que pasa es nada más que no han visto cuáles truquitos les harán poder. 

Habrá quienes lleguen a sentirse hasta "malas personas" porque no les "motivan" sus hijos o la misión que Dios les ha encomendado o cosas así de importantes; pero es que hay diversidad en los motivos. Las causas materiales -diría Aristóteles- son las que producen efecto directo sobre la realidad material. Por eso las operaciones concretas (los trucos) son un mejor ingrediente secreto que el amor para muchas de nosotras. Mi hija es uno de mis "para qué": lo que le da sentido a mis esfuerzos; pero como "por qué directo", el condicionamiento para orinar en el baño y no en la cama es más una respuesta a por qué despierto algunos días.  

Silvia Parque

domingo, 12 de agosto de 2018

Mensaje de las emociones y los sentimientos

Los sentimientos y las emociones tienen mucho que decirnos. Tal vez los que catalogamos como "negativos" son los que nos dicen cosas más interesantes. Y creo que, cuando no podemos distinguir de qué sentimientos se trata, nos dicen justo lo que necesitamos saber.

Hoy le decía a una amiga que hice tal cosa y me sentí "rara". Entonces recordé que me sentí así de "rara" en otra ocasión en el día. Pude ver lo que hubo de común en esos dos momentos y entendí qué me pasa. Puedo moverme de esa posición porque no me conviene; pero aunque no pudiera moverme de ahí ahora mismo, es importante distinguir qué pasa.

Silvia Parque

martes, 14 de junio de 2016

Se vale elegirse a una misma

Es común que las personas se vuelvan incómodas para sus cercanos cuando van a terapia psicológica, si trabajan con cambios de conciencia profundos. Un portador de malestar suele llevar consigo, por ejemplo, mandatos familiares, y aunque su familia entera haya clamado que buscara ayuda, cuando la persona empieza a moverse de la posición que ha tenido, su movimiento incomoda porque es muy probable que rechace esos mandatos usualmente implícitos y a veces negados con los que ha vivido: mandatos que la familia querrá conservar. Es más o menos conocido que cuando las personas se recuperan del alcoholismo, y quieren asumir una nueva posición en la familia: molestan -por decir lo menos-.

Entonces, la persona enfrenta una decisión trascendental: satisface la necesidad de los que están alrededor, o la propia. Al menos en un primer momento, la experiencia se vive así; de algún modo es una emulación de lo que sucede en crisis vitales normales, como la de la adolescencia, cuando toca decidir si "satisfago las expectativas de mis padres o las mías". Aunque mis expectativas y las de ellos (las mías y las de los otros) sean materialmente equivalentes, la decisión de optar por las propias es fundamental para la constitución de la identidad adulta. Elegir mi supervivencia física, psíquica, emocional, va a seguir siendo indispensable toda la vida, para la salud mental y el bienestar.

Por eso, cuando por ejemplo, un hombre casado que está siendo infiel es descubierto y termina su romance anteponiendo a su deseo, la culpa, la responsabilidad o similares, es probable que se quede con una herida que le va a pesar toda la vida -o hasta que encuentre el modo de afirmarse a sí mismo-. No estoy diciendo que haya que dar rienda suelta a los deseos; estoy diciendo que cuando hay que cambiar una dirección por la que estamos caminando, si la decisión no es en primer lugar "para mí", me va a hacer mal. Es común -sobre todo entre mujeres- que se postergue o se deje de lado la satisfacción de una necesidad, en favor de personas que necesitan cuidado, como un hijo pequeño, un padre anciano o un enfermo; si es con la conciencia de que lo hago realizándome en el amor -dejándome existir con ese amor-, no habrá un pesar de sacrificio; si es porque el otro me oprime con su necesidad, puedo sentirme anulada y enfermar (cursar con depresión, por ejemplo).

Se vale elegirse a una misma. Si se practica con frecuencia, molestará tanto a quien quiere que le elija por encima de mí -sobre todo si supone que tiene derecho a ello-, como a quien no se está eligiendo, y percibe mi propia consecución como amenazante -amenazante para su idea de que no tiene opción, por ejemplo-. Es común que los hombres pretendan lo primero, y que a las mujeres les ocurra lo segundo.

Silvia Parque

martes, 17 de mayo de 2016

Joy

Estos años he visto muchas buenas películas; buenas por una u otra cosa; tantas, que no intentaría estar comentando sobre ellas. Pero tengo que hablar de "Joy".

Me dijeron que era buena, a pesar de ser "comercial", como si eso la menospreciara, como si la peli tuviera que disculparse por ser accesible para un gran público. La verdad es que la lid, en los primeros minutos, no me produjo una gran impresión; pero en cuanto se presentó a Joy como adulta, rodeada de una familia de atorrantes, me enganchó.

Esta mujer despertó un día, y quiso recuperar a la persona que sabía que era: a la persona que nació para ser. Como se adivina, lo consiguió. Vale la pena ver qué hizo.

Vale la pena preguntarnos cómo hemos sido definidas por los demás; algunas definiciones hay que mandarlas al diablo, a otras hay que usarlas como materia prima para autodefinirnos.

Silvia Parque

viernes, 26 de febrero de 2016

La razón propia

Cuando era chiquita, fui sobreprotegida hasta lo patológico. Pero crecí, y gocé de toda la libertad que podía tener una niña o una jovencita para tomar decisiones. Mi mamá me dejaba hacer, así que yo pedía permisos casi como formalismo... casi. Un par de veces la respuesta fue "no". 

Una de esas veces, le di un buen argumento sobre por qué "sí", y ella reconoció -o al menos eso dijo- que lo que yo decía estaba bien planteado: no podía oponerse; no obstante, ella de verdad creía que "no" y "por eso" no podía dejarme. La sentí realmente sincera, y entendi: era su trabajo. Yo podía tener la razón, pero ella no podía ir contra su propia razón.

Ya había contado esto antes; el punto es que hoy he visto la anécdota desde el lado de mi mamá. (Nada que ver con mi niña, que aunque esté convencida de que debería dejarla comer papel o azotarse contra la silla, todavía no argumenta.)

Me enfrento a una decisión de esas en las que por un lado o por el otro, habrá pérdida y daños colaterales, y armaba un discurso mental que empezaba con: "yo no quiero hacer esto, pero..." Entonces, recordé ese día del permiso con mi mamá. 

Hay una especie de conciencia que cuando nos aquietamos, nos hace saber qué está bien y qué está mal para nosotros. No me refiero a cuestiones morales, sino a qué "nos viene bien" y qué "nos viene mal". Sabiendo qué le ayuda a nuestro bienestar, y qué nos provoca malestar, la misma especie de conciencia nos va decir que deberíamos hacer algo por procurar lo que nos hace estar bien, y evitar lo que nos hace estar mal. Ahí es donde la puerca torció el rabo...

Estando en eso, vino a cuento el episodio del permiso que mi mamá negó. Supe que tengo la necesidad vital de hacer lo que mi alma está diciendo que necesita. Como no quiero algunas de las consecuencias que eso traerá, me pongo a considerar un montón de posibilidades, vuelvo a desmenuzar los pros y los contras, cambio el enfoque para minimizar la necesidad que siento; sobre todo, pienso en cómo si yo fuera diferente, podría decidir diferente. Pero de pronto, hoy, mientras me hacía el discurso mental en la cabeza, me di cuenta de que no puedo ir en contra de mi propia razón. Bueno... sí he podido, y siempre acaba mal; es, por decirlo así, "antinatural".

Silvia Parque

jueves, 19 de noviembre de 2015

No, gracias

Un día, alguien me ofreció un abrazó y no lo acepté; es algo para recordar porque ni me ofrecen muchísimos abrazos, ni recuerdo haber rechazado algún otro. Esa misma persona me contó cosas, digamos, que no se le cuentan a todo el mundo, y ofreció contarme más, pero le dije que no quería escuchar. Lo tengo en mente por algo que no tiene nada que ver, pero que lleva a lo mismo: no tenemos que aceptar todo, aunque sea bueno, aunque se ofrezca de buena voluntad.

Silvia Parque

viernes, 18 de septiembre de 2015

Roturas

"Tanto va el cántaro al agua, que al final se rompe".

No es que siga los pasos de Susana, que tiene en SU BLOG una serie de dichos con su comentario-explicación. Nada más tengo este refrán en mente porque he sentido a flor de piel la parte de "ni cuerpo que lo resista", de aquello que empieza "no hay mal que dure cien años". Ahora mismo pienso, también, que "el valiente vive hasta que el cobarde quiere".

Donde las cosas están acomodadas de manera que tú estás lastimándote, probablemente estás fuera de lugar. Puede que los intentos de acomodarte sean lo que te lastima, y en ese caso, no es el acomodo instalado lo que te lastima, no es quien acomodó las cosas quien te lastima: eres tú misma y es tu afán, la causa de la lastimadura, y si sigues, una vez y otra vez, algo se puede romper.

Silvia Parque

martes, 1 de septiembre de 2015

Resbalé al agua

Cuando era niña era muy nerviosa, muy miedosa, nada activa físicamente. Varios veranos, me tocó ir a clases de natación; primero me enviaron de mi casa y luego fueron parte de la educación física de la escuela. Una de esas veces, había que entrar -o caer- a la alberca desde un resbaladero. Me daba poco menos que pánico, pero pensé que podría, dado que otros estaban pudiendo. Los pasos que di hasta el resbaladero, el tiempo que esperé a que los de adelante en la fila subieran la escalera y resbalaran, fue crucial: todos los años siguientes he recordado la imagen, mi resolución de no pensar mientras me acercaba a lo que me daba miedo, y cómo se sentía eso. Ha sido muy útil.

Silvia Parque

miércoles, 1 de julio de 2015

Preparar la derrota

2 Corintios 5:7

Hace años leí o escuché con vehemencia, una buena cantidad de libros o audiolibros de superación personal, varios de metafísica. En oposición a la experiencia o el juicio de muchos, a mí verdaderamente me sirvieron -tal vez porque no pretendía que la lectura fuese varita mágica-.

En uno de los libros que oí, no sé si de Louise L. Hay o de otra mujer, la autora contaba que había estado trabajando a favor de un hombre con problemas económicos, pero que descubrió que el hombre, al mismo tiempo, había estado imaginando cómo encararía a sus acreedores cuando lo increparan por no saldar sus deudas. Recuerdo casi cada una de las ilustraciones de esos textos, y ésta me vino a la mente, ayer.

A menudo se señala lo importante que es creer que conseguiremos lo que estamos buscando, pero debería hablarse más de las formas en que anticipamos no conseguirlo. Se confunde con capacidad de adaptación, cuando las personas elaboran "planes B" antes de tiempo. Otros simplemente nos deslizamos por el camino del drama, como en un tobogán hacia lo malo que puede pasar. A mí me pasa esto último. En el tiempo en que me valí de todos esos recursos de autoayuda -aunque más gracias a otros recursos también empleados-, aprendí a dirigir mi pensamiento: no podía evitar la primera impresión negativa, pero sí podía sustituirla con pensamiento positivo en vez de reforzarla con pensamiento negativo.

No obstante, todavía vivo esos deslizamientos automáticos que me perjudican; creo que solamente me pasa con lo que más me importa, lo cual tiene lo suyo de simpático. Así, encontré ayer que he venido anticipando no obtener, y es como preparar la derrota.

Ya no. No es compatible con la fe en Dios. No puedo evitar sensaciones y sentimientos que traen consigo ideas e imaginaciones que no quiero tener; pero puedo espabilar y reenfocar.

Silvia Parque

lunes, 6 de abril de 2015

Cambio acompañado

Hay momentos críticos, cuando la persona está creciendo y curando las heridas de su historia personal, en los que es necesario hacer catarsis, expresar enojo, ajustar cuentas. Aunque parezca raro, las personas pueden ponerse más difíciles que nunca, justo a punto de estar mejor que nunca.

Sin embargo, el mundo no se detiene a esperar. Y los que aman a la persona en crisis, pueden tener paciencia y apoyar, pero esto tiene sus "asegunes". Por ejemplo, los hijos que no son adultos, no tienen por qué tener los recursos personales para anteponer la necesidad de papá o de mamá, a la suya. Y las personas mayores, que hicieron lo que pudieron como mamás o como papás, tampoco tienen por qué tener los recursos personales para comprender qué le pasa a ese hijo o hija al que nunca le faltó comida ni se le sacó sangre, y que hoy reniega de lo que hubo y de lo que no hubo. Fuera de la familia, parece que la cosa es más simple, pero no necesariamente; estar suspicaz o a la defensiva en el trabajo, a la larga no paga bien. 

Por eso hay que buscar un contexto seguro para el cambio: uno en el que se pueda derramar amargura, acidez o lo que haga falta, si hace falta; un guía o compañero de viaje, que nos pueda hacer ver que la mayoría de las cuentas por ajustar, cada persona ha de ajustarlas consigo misma, alguien que pueda dar herramientas para no ir disparando a todo el mundo cuando traemos la revolución por dentro.

Silvia Parque

jueves, 26 de marzo de 2015

Si nos quedamos con lo bueno que no queremos, se hace basura

No es raro que las personas se den cuenta de lo conveniente que resulta deshacernos de los mensajes negativos que recibimos. Si con suerte, con apoyo, con atención, conseguimos deshacernos de la basura que hemos guardado, usualmente no admitiremos basura nueva: filtramos lo que otros dicen de nosotros, o las reacciones de otros hacia nosotros, de modo que vamos dejando fuera "lo malo".

Pero no solo "lo malo" es basura. Se hace basura todo lo guardado que no nos sirve. Eso incluye mensajes de todo tipo: miradas, sugerencias, comentarios, que se hacen con buenas intenciones y hasta con cariño, y que pueden estar llenos de razón.

Supongamos que yo preparo pizza de cierta manera, con mi receta uniquísima: una pizza que me satisface totalmente. Supongamos que al saber que le dedico tiempo y energía a mis pizzas, un buen amigo me comparte el secreto de la salsa de los más renombrados cocineros italianos. Sin duda, agradeceré saberlo; pero si mi propia salsa es esencial para mi receta uniquísima, con la que estoy tan satisfecha, no voy a utilizar el maravilloso secreto revelado. Tal vez pueda aprovechar algo de lo que me han dicho para mejorar mi salsa; pero si hago su salsa, voy a perderme de la mía, y adiós mi pizza.

¡Bueno! Con la pizza no importa porque puedo preparar mi receta un día, y otra receta al siguiente día. Pero si se trata de cómo vivir, hay que arriesgarnos por nuestra vocación, por nuestros principios, y cuando lleguen otras visiones de la vida, tan buenas como la nuestra, hay que recordar por qué y para qué nuestras elecciones, y hay que dejar fuera lo que no nos sirve, por bueno que pueda ser para otros. Esto no significa dejar de escuchar o de considerar las ideas que se nos proponen; pero no a todo le vamos a decir "sí": ni siquiera a todo lo útil o valioso.

Esto puede ponerse muy difícil para los adolescentes, cuando les llega el momento de hacer elecciones vocacionales. Imaginemos que después de pensar y pensar, el chico o la chica, decide que su pasión está, por ejemplo, en el Derecho: que eso es lo suyo. Pero llega el Tío Práctico y le dice que revise cuántos egresados de Derecho hay en el país, que haga un sondeo para ver a qué se están dedicando estos egresados, que... bla, bla. No digo que no haya que tenerlo en cuenta. Advierto que después del Tío Práctico, puede llegar la Tía Placer, el primo Lógica, la vecina Optimista con el amigo Pesimista, y toda una gama de conocidos, cada cual con una postura diferente. Por más que el joven o la joven, trate de tomar en cuenta todos los criterios, en su propio criterio no va a caber todo.

Esto de "dejar ir" opciones, está presente todo el tiempo. Algunas personas suponen que siempre eligen lo "realmente bueno"; pero la verdad es que dejamos muchas buenas opciones, porque no corresponden a nuestra visión del mundo, de las personas, de las cosas; porque no tenemos tiempo para vivir más que la vida que estamos viviendo. Si lo asumimos, no hay necesidad de desgastarnos tratando de integrar a nuestra forma de ser o de hacer, cada buena idea que se nos ofrece.

Silvia Parque

sábado, 21 de marzo de 2015

Llegó la primavera

Es el tercer mes del año, y conforme a mi teoría de que hay una tendencia a empezar las cosas en el tercer momento (tercer día, tercera semana, tercer mes, tercer año...), es un buen día para sacudir los propósitos de año nuevo, y para poner en acción y apretar el acelerador de los proyectos.

La mejor limpieza de primavera es la que se hace en la mente y en el afecto. Quitadas las telarañas y el polvo, hasta se respira mejor.

Silvia Parque

viernes, 27 de febrero de 2015

La sonrisa amplia versión cuasi-permanente

Una tarde, a los quince años, fui a comprar pantalones de mezclilla. Estaba muy contenta porque podía comprar lo que yo quisiera: me habían dado dinero como parte de mi regalo de cumpleaños, y apenas empezaba a gastarlo. Siempre me tardo mucho en elegir, porque veo cada cosa; esa vez no fue la excepción, así que estuve un rato en la tienda. Me medí los pantalones; me sentí muy bien con lo que escogí, los pagué, y antes de irme, la empleada me detuvo. Me dijo que nunca había visto a alguien tan contenta, que yo no había dejado de sonreír desde que entré en la tienda. Aunque estaba de fiesta-de compras, en realidad, así era por ese tiempo: boba y feliz. No lo mostraba en la escuela, ni en mi casa; siempre me sentí libre de ser como yo era, solo fuera del círculo de la gente que me había visto crecer.

Con los años, algo en mi radar social me dijo que las sonrisas amplias son medio tontas, y las fui guardando cada vez más. Después, me puse la vida complicada. Creo que me sentí avergonzada de mi bobería, y creo que mi felicidad estaba unida a ella, así que cuando reprimí la bobería, perdí felicidad. Me dejé influir por la forma en que vivían otras personas, y empecé a darle cabida a las premisas de otros sobre lo que yo debería ser, hacer o lograr. Mi entrada a la edad adulta estuvo marcada por mi adquisición del cuento supercompartido de que la vida es dura, aunque resultara ajeno a mi cosmovisión y a mi experiencia. Ser boba siempre había sido bueno para mí, pero dejar de serlo fue parte del proceso de crecer, y tuvo su utilidad. Sin embargo, cuando me reconocí "crecida", hace no mucho, decidí recuperarme: ahora soy boba, otra vez, y tan feliz como a los quince (en modalidad treinta y cuatro años).

Ha vuelto a parecerme que es toda una fiesta tener una hamburguesa para cenar. He vuelto a pensar que es genial si está soleado, si está nublado, si llueve o si hace aire. Vuelvo a ver lo bueno en todo y a estar segura de que a mí siempre me toca lo bueno.

Ya que estamos en eso, pensé hace rato, podría recuperar la sonrisa amplia versión cuasi-permanente. Podría ser que esta vez no la escondiera de nadie.

Silvia Parque

lunes, 9 de febrero de 2015

El día no empieza hasta que empieza

Hoy amanecí con un par de pendientes de dinero, de los que hacen a la gente preocuparse; yo no me preocupo como la gente, pero ahí se va un tanto de energía, en mantener el estrés bajo control. 

Pretendí tomar un vaso de agua, y no había agua desinfectada. Entonces fui por el mal camino, pensando en lo mal que está que la última persona que toma agua, no ponga más agua a desinfectar. Ahí se derrama un tanto de energía, en molestia, y cuando se derrama energía en mi casa, suele suceder que habrá otro derrame. 

Así que pongo agua en el garrafón, abro el gotero de la plata coloidal para desinfectar, lo llevo hasta la abertura del garrafón, le doy vuelta y aprieto para que salgan tres gotitas, y lo que sale es un chorro de líquido café oscuro amarillento, que cae en el agua, en el mueble de la cocina y en el piso. De inmediato hay otro escape de energía y una muy sentida expresión de pena por mí misma.

Pero el día no empieza hasta que hago oración, así que voy a lo mío. Hablo con Dios y todo se aquieta. Quedo en paz y las cosas se ven desde otra perspectiva -una buena-. 

Silvia Parque

miércoles, 4 de febrero de 2015

Perdón inmediato

Me perdono más rápido que nunca. Creo que lo he conseguido porque entendí que no es necesario que me castigue con culpa.

Algunas personas se castigan con culpa para asegurarse de que les seguirá importando "hacer bien". Pero perdonarse a una misma rápido, permite mayor lucidez para tomar responsabilidad sobre lo hecho, aprender de la situación, y tratar de que no se repita.

Silvia Parque

lunes, 2 de febrero de 2015

Estando en necesidad de amor

Está en las postales alentadoras que pululan en Facebook. Está en los libros de autoayuda. Está en los manuales, instructivos y decálogos para tener buenas relaciones amorosas o sobrevivir a las rupturas. Es difícil no estar de acuerdo: antes de amar a alguien, y para que resulte bien la experiencia de ser amada, hay que amarse a una misma.

La mala jugada está en que justo cuando no nos amamos, o cuando nos amamos menos, es cuando estamos necesitadas del amor de alguien más. La persona satisfecha consigo misma, plena de autoestima, podrá tener la ilusión de una pareja, pero no le anda rogando a nadie que la quiera. No obstante, cuando una no se quiere a sí misma -o no se quiere lo suficiente-, urge ser querida. ¿De qué vale que te digan "quiérete, valórate", si no tienes cariño para darte?

El amor, en sus múltiples variantes, es algo que nos pasamos unos a otros. Somos surtidos de una buena dotación durante la crianza, y vamos compartiéndolo con la exhalación; lo liberamos en el aire y llenamos con él algunos ambientes. El caso es que si por alguna razón no lo tenemos en un momento determinado, está muy canijo inventarlo. Algo en la intuición nos hacer querer que venga de algún lado. Entre más encaprichadas estamos con alguien, más suponemos que tiene que venir de ese lado, es decir, de esa persona que queremos que nos quiera. Aunque hay quien quiere que le quiera quien sea...

Yo pienso que andando con carencias de amor, es un mal momento para lo de "quiérete, valórate"; no porque no sea lo mejor que puede pasar, sino porque es realmente muy difícil. Creo que hay que buscar fuentes de abastecimiento de amor, fuera de una misma, y que es muy importante que no se trate de una persona determinada. Para mí, Dios es la solución perfecta: amor incondicional, infinito, con "A" mayúscula. Otros pueden rastrear en su origen: incluso la peor de las madres fue capaz de sostener con su cuerpo un embarazo y eso, si no habla del amor de ella, habla del amor del universo por sus criaturas.

Silvia Parque

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Tu propia historia

Vas a encontrar historias de personas que supieron bien temprano qué querían y trabajaron incansablemente hasta obtenerlo, en un camino de logro a logro.

También hay historias de gente que no hizo algo relevante hasta que tomó una decisión que cambió su vida. Y otras historias de gente que incluso fue de fracaso en fracaso, hasta que algo funcionó.

Vas a encontrar historias de personas que vivieron decentemente, formaron una familia a la que sacaron adelante y pueden considerarse satisfechas; historias de personas que cambiaron el mundo; historias de personas con experiencias increíbles; toda clase de historias; con dolor, con drama, con enfermedad y otras que parecen -de lejos- libres de cualquier pena.

Si te inspiran, úsalas. Toma lo que te sirva, pero no sigas un modelo si ya llegaste a la edad adulta.

Silvia Parque

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Puedes moverte

Tienes la opción de no jugar.

No estás encadenado a una buena o una mala calificación: tienes la opción de no aceptar calificación.

No es necesario que te esfuerces por saber si te dicen la verdad o te están mintiendo; no es necesario que te gastes en explicar o justificar; puedes salir de la interacción, y eso puede ser una conversación o una relación.

Puedes irte; ni siquiera es necesario caminar.

Solo hay que cambiar de posición, y para eso no hace falta pedir permiso, conseguir aprobación, contar con apoyo, haber ganado o conseguir algo. Es cuestión de definirte bajo tus términos, de cambiar los criterios con los que vas a entender la realidad.

Silvia Parque

sábado, 15 de noviembre de 2014

Poder sobre la identidad

Hace mucho, mucho tiempo, en una vida lejana, yo estaba totalmente segura de algunas cosas básicas para mi "posicionamiento" en el mundo. Creo que es bueno haber movido las seguridades... y de cualquier forma, era algo inevitable. A veces una pisa en falso, a veces la vida nos sorprende, a veces, simplemente, una cambia, y entonces lo que una sabía sobre sí misma, no puede conservarse idéntico. Es claro que la identidad, si corresponde en algo al ser, no puede ser acabada y rígida. Pero tal como hay convenios sociales para conceptualizar algo de una manera, a fin de tratar con dicho objeto y poder refernirnos a ello, así hay modos de re-conocerse a una misma y reconocer una identidad. Leo en una entrevista a Juan Villoro -sobre otras cosas (nada que ver este tema)-: "Una tía de Jorge Ibargüengoitia dijo más o menos [:] la vida quiso que fuera desgraciada, pero no me dio la gana". Una tiene el poder de concluir sobre una misma.

Silvia Parque

viernes, 7 de noviembre de 2014

Muchas preguntas sobre cosas importantes, en la vida personal

Creo que en la vida personal, cuando tienes muchas preguntas sobre muchas cosas importantes, no es el momento de buscar respuestas. Es agotador haber llegado a una buena pregunta; si han sido muchas puede ser extenuante; hará falta descansar. El descanso abrirá espacio para que vayan surgiendo respuestas -sin buscarlas-, pues las preguntas contienen, al menos, la dirección de éstas (como en la investigación científica: un buen planteamiento de problema es el 70% de un proyecto de investigación, y "marca" el curso de la investigación, de ahí que sea gran parte de la investigación en sí misma).

Muchas preguntas sobre cosas importantes, personales, son la expresión de una crisis. De ser posible, hay que tomarlas con calma, dejarlas estar por ahí, rondando, contemplar cómo van haciéndose específicas, cómo van estando más presentes, hasta que se convierten en respuestas, y se da un cambio.

Silvia Parque