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domingo, 16 de agosto de 2020

Ir al doctor

Dr House, Calle Arte, Hugh Laurie, Hong Kong
Comprendo al Dr. House.
Mañana voy al médico y me hace gran ilusión. Cero que a la mayoría de las personas no les gusta mucho que las revisen, pero yo pongo a la consulta médica -en cuanto a "gusto"- en la misma categoría de experiencias que el corte de cabello: alguien prestándome atención y tocándome.

Tengo mucho tiempo con dolor en una costilla -parece que en una costilla-. Me sorprendió notar que prácticamente vivo con dolor: notar cuántas veces interrumpo mi actividad porque el dolor me hace detenerme o porque quedo fastidiada después de los ratos de dolor intenso.

Al principio, creí que me dolía una teta, sobre todo porque más o menos coincidió con el destete de B, hace como tres años. Continuó, aumentó, fui a hacerme una mastografía; pero luego descubrí que más bien se ubicaba al costado, más bien atrás, más bien no en mi teta. Mi madrina -que es doctora- me dijo que probablemente sería condritis [ESTO dice Wikipedia] y que podía tomar analgésicos, pero se sorprendió cuando tiempo después le dije que me seguía doliendo -y seguía tomando analgésicos-.

Durante buen tiempo, la astaxantina (un antioxidante) me quitó el dolor o al menos supongo que me lo quitó porque la tomaba y no me dolía; pero dejó de ser suficiente y en esta semana, súbitamente, el dolor fue tan intenso que sentí náusea y creí que iba a desmayarme. En los últimos días siento una especie de "liga" que me oprime no solo donde "siempre" ha dolido, sino de ahí al otro extremo de mi torso.

Había planeado ir a averiguar qué pasa con este asunto cuando terminara la contingencia sanitaria, pero entre el episodio de dolor intenso esta semana y que no se sabe cuándo todo volverá a la normalidad -o cuando acabará de instalarse una "nueva normalidad"-, pues voy mañana. Tengo una amiga doctora que me dice que no parece grave, así que espero no haga falta hacer estudios ni nada porque eso me haría necesitar ir a la clínica de atención pública y eso es un lío en mi dinámica.

Como estoy tratando de salir de casa solo a lo necesario, cada "ida" a algún lado es paseo. B se quedará con su papá, así que caminaré lentamente y quizá compre un agua fresca...

Silvia Parque

jueves, 28 de marzo de 2019

No son dos pies izquierdos

Este año conseguí hacer del ejercicio una rutina y, además, una rutina que me gusta.

La verdad es que hago poco, pero a mí me viene bien y me siento satisfecha por haberme acostumbrado al punto de extrañarlo si no lo hago... Porque estoy muy lejos de ser estricta: a veces pasa algo y no lo hago; el gran logro de que se haya vuelto rutina está precisamente en que al día siguiente de no hacerlo o a dos días de no hacerlo, lo hago. Durante años, podía tener dos o cuatro semanas en el ajo y luego me resfriaba u ocurría algún imprevisto y ahí se acababa todo: no "regresaba".

Ayer busqué algunos ejercicios que hoy estrené y recordé porqué crecí creyéndome negada para mover el cuerpo (una de las razones). Me cuesta muchísimo seguir a quien me pone la muestra. No son dos pies izquierdos, sino alguna discapacidad perceptiva.

Silvia Parque

miércoles, 7 de noviembre de 2018

Dolor: castigo

Unos meses después de casarme, dejé de tener dolor de cabeza y me enteré de que había vivido con dolor de cabeza. No me había dado cuenta porque era un dolor permanente. 

No mucho después, sentí por primera vez un dolor de brazos que a partir de entonces se presentaría de cuando en cuando, a veces en las manos, a veces subiendo del hombro al cuello, a veces por toda esa ruta hasta la cabeza. Una mañana, cuando desperté con dolor y ya no tenía esposo que me asistiera, de plano no pude ir a trabajar: no podía moverme; vestirme fue una odisea. Ese día me tomaron una serie de fotos de interior y supe que tengo un nervio oprimido porque mi columna no está alineada con mi cabeza. El nervio siempre ha estado oprimido; en determinadas circunstancias, duele.

Meses después, descubrí que tengo el pie cavo; usé por primera vez plantillas especiales en los zapatos y la experiencia total de mi cuerpo fue otra. Caminar teniendo demasiado arco en el pie es como andar "de uñas" -pisar con el talón y las puntas de los dedos-, lo cual provoca un malestar que en realidad es una especie de dolor. Hace años que no tengo las plantillas. En parte por eso, en parte porque no estoy acostumbrada a caminar mucho y estos días tuve que ir de aquí para allá, tengo un penoso dolor de pies.

La novedad  es un molesto dolor que ubiqué en una teta: creí que todavía tenía leche y que estaba congestionada; pero una noche me di cuenta de que el dolor no estaba en la teta, de que usualmente se extendía hacia lugares que claramente no eran la teta. Al parecer es inflamación de algo que cubre las costillas.

¿Qué necesidad hay de más dolor?

¿Ninguna?

Pues mi maña de rascarme la cabeza hasta levantar la costrita que se formó por haberme lastimado por rascarme la cabeza, llegó demasiado lejos últimamente y he tenido dolores de cabeza para regalar -en realidad, es algo así como dolor de cuero cabelludo, supongo-.

Creo en interpretaciones no científicas de los hechos, sobre todo de la experiencia humana, así que la respuesta a la pregunta es: castigo. A veces, muchas veces -tal vez la mayoría de las veces- lo consciente no se impone.

Silvia Parque

domingo, 25 de marzo de 2018

Mi cuerpo y las costumbres

Mi cuerpo se está acostumbrando a trabajar de noche. No se acostumbra a los álamos, sin embargo. Al parecer, tampoco se acostumbra a no amamantar y eso que hace muchos meses terminamos con eso. Yo trato de tomar en cuenta su costumbre y su falta de costumbre, pero a él no le importan las mías: ya no soporta los alimentos muy grasosos ni más de una taza de café cuando es del instantáneo común. Al final, se hará lo que él demande.

Silvia Parque

martes, 27 de febrero de 2018

Pido paz

El amable lector recordará que dije que ya no habría más entradas sobre yo-enferma. Pero, ¿qué le voy a hacer? Estoy mala-mala.

Descuido a la niña y lo resiente. Hoy ha ido a la estancia de plano sin peinar. Al rato llamaron, que tenía diarrea. Ha estado bien toda la tarde, así que  no creo que esté enferma; debe haber sido algo que le cayó mal... como la masa moldeable que comió el fin de semana.

Terrible, el fin de semana. En realidad, el sábado, porque el domingo creí que ya estaba del otro lado. Lavé ropa, pero debí aprovechar que me sentía bien para limpiar porque ahora sí que no puedo y el piso es un asco. ¿Así como no se va a poner mala B?

En cuanto al trabajo, voy sacando lo que urge mientras lo demás se acumula. Ya me veo, los próximos días, desvelándome...

Ya pido paz.

Silvia Parque

viernes, 23 de febrero de 2018

Sin hablar

Quisiera escribir de algunos temas que me interesan, pero esto que me pasa es ostentoso y se lleva el protagonismo del día:

No puedo hablar.

Imagen de la escultura de La sirenita, que Marcela Escandell puso AQUÍ.

Es toda una experiencia.

Creo que yo era realmente saludable, hasta que el último semestre de la carrera, entré a trabajar a un jardín de niños.

Los niños son un foco de infección.

Lo confirmé porque años después, volví a trabajar en un kinder. Entre los bichos propagados por las criaturas y el hecho de que mi trabajo consistiera en gran medida en hablar mucho, las laringitis se volvieron recurrentes y alguna vez llegué a quedar casi afónica.

Pero hoy sí que no hablo. Es raro porque no me duele la garganta: más bien no tengo aire.

¿He contado que yo no me contagio? No me cuido de la gente enferma porque no me contagio. De verdad, mi cuerpo no toma los bichos de otros. Excepto los de mi hija.

Para más detalles: en realidad si es necesario, sí puedo hablar, pero me cansa muchísimo. Me voy sintiendo mejor, hablo y para abajo; ahí sí me raspa la garganta, pero sobre todo, se me endurece el pecho y se me embota la cabeza. Vuelvo al silencio y mejoro.

Me gusta. Me gusta la alteración de conciencia y la sensación de aislamiento. No puedo detenerme a "disfrutarlo" porque es de lo más difícil hacer de mamá sin poder hablar. Pero es toda una experiencia.

Silvia Parque

miércoles, 21 de febrero de 2018

El bicho

Así podría verse.
.
El bicho me tiene molida. Hace unas horas redobló el ataque.

Entre su efecto y el trabajo, la casa es un caos.

Me hacen falta unas veinte horas seguidas de sueño, pero eso sí que es un sueño en mis circunstancias.

Silvia Parque

jueves, 28 de diciembre de 2017

Lo peor del resfrío

Lo peor del resfrío es que no estás muriendo. No pasa nada, en realidad. Podría complicarse y ponerse de cuidado, pero un resfrío como la mayoría, como este con el que ando, solo jode "gachamente". Esa es la expresión: "gacho", como las orejas gachas de los animales alicaídos.

Los resfríos están hechos para que una descanse, tome algo calientito y sea apapachada; pero cuando eso no se puede, no te dan pretexto para incapacitarte: el cuerpo sigue, como si pudiera trabajar y pensar, y más o menos puede, pero gachamente. Patético.

Silvia Parque

jueves, 13 de julio de 2017

Un día a la vez


Este es el tercer día que muevo mi cuerpo por la mañana: estirar, doblar y poco más casi nada unos minutos. Dado mi nivel de sedentarismo, eso equivale a hacer ejercicio. No diré que estoy adolorida como si hubiera ido al gimnasio, pero sí que ayer y hoy estuve sintiendo la existencia de mis músculos.

Busqué "Yoga para principantes" en Youtube y encontré ideas que voy a incorporar a la rutina; pero no en plan-yoga, porque a esa hora, sola: me duermo.

Luego buscaré algo que pueda hacer con B, por la tarde. Ir y venir con ella en su actividad física, dice mi cuerpo que no cuenta. Es injusto, pero es como es.

Silvia Parque

domingo, 16 de abril de 2017

Cuerpo de mi vida


Me resfrié al mismo tiempo que empecé a sentir dolor en las manos, los brazos y los hombros. He estado tomando antigripal y analgésico para eso; pero hoy los dejé para tomar antihistamínico porque tuve una reacción alérgica a quién sabe qué.

Cuerpo de mi vida, querido mío:
Me ha quedado claro que no estamos a gusto; pero calma; estamos bien. Mira a la niña: ha pasado un día de lo mejor. A veces hay que hacer lo que hay que hacer. Confía en mí.

Silvia Parque

martes, 24 de enero de 2017

Cuerpo pesado

Necesito moverme. Siempre he sido sedentaria, pero creo que ahora más; mi trabajo me coloca frente a la laptop, teléfono en mano, así que paso mucho tiempo sentada. Y perseguir a mi hija no funciona como ejercicio. Para empezar, ahora que domina la marcha, en realidad lo de "perseguirla" es más bien un decir; ya no necesita que yo esté literalmente detrás de ella todo el tiempo.

La sensación de pesadez me está molestando. Ayer hice ejercicios simples de estiramiento y me di cuenta de la magnitud del problema.

Beber agua, ayuda. Hoy empecé a beber agua con gotas de limón al despertar y parece que también ayuda. También he estado haciendo conciencia de lo que como y de lo que me pide el cuerpo. Le doy más pan y más lácteos de los que puede digerir con facilidad. Las dietas restrictivas no son para mí, pero hacerme caso, sí. Por ejemplo, tengo unos cuatro días con antojo de jícama con limón y chile en polvo. No he comprado la jícama porque no he encontrado el chile que quiero en las tiendas de alrededor; pero bastaría ir unas cuadras más allá para encontrarlo. Ya será hoy por la tarde.

Silvia Parque

domingo, 8 de enero de 2017

Un lugar

Un asunto clave de la identidad es el lugar que asumes como hogar, el espacio al que perteneces.

Yo no recuerdo si pertenecí al lugar en que nací y crecí; tan ajena me siento ahora, que no podría recordarlo.

No podría pertenecer a este otro lugar, en donde vivo hace años -aquí nació mi hija, así que es un lugar donde nacen buenas personas-.

Al país, no puedo ni concebirlo como un lugar: difieren tanto el norte, el centro, el sur...

Pertenecía a mi casa, al lugar donde había paredes llenas de cuadros, muchos libros y una recámara para el sexo. Eso cambió: tengo esta mi casa que es un hogar, pero tampoco pertenezco aquí.

La madrugada del sábado tuve un terrible dolor en la rodilla izquierda: espantoso, de sentir que iba a vomitar y a desmayarme. Me hizo pensar que tal vez mi cuerpo es el lugar al que pertenezco.

Silvia Parque

sábado, 27 de agosto de 2016

No me gusta hacer ejercicio

No me gusta hacer ejercicio. Lo he dicho en múltiples ocasiones. Pero tampoco me gusta sentir el cuerpo pesado ni perder flexibilidad. Así que sería bueno que hiciera ejercicio: me lo digo cada tres o cuatro días; me digo que sería bueno para B verme mover el cuerpo y que sería divertido si me imita y nos movemos juntas. Pero no hago más que volvérmelo a decir tres o cuatro días después.

Llegué a disfrutar el gimnasio cuando iba a algo que llaman "hacer circuitos": solo unos minutitos en cada aparato: ideal para mí. Era el ambiente menos "típico" de gimnasio al que he ido. Me chocan los ambientes de gimnasio.

También disfruté mucho una temporada de calistenia en casa de una vecina con dotes de liderazgo. Movimientos de esos que pueden hacer hasta los viejitos, pero que sirven cuando se hacen a conciencia.

No tengo cabeza ahora para pensar en los kilos y los centímetros que me sobran; no me importan lo suficiente. Pero sí quisiera sentirme ligera y recuperar tono muscular. Así que me propongo -otra vez- empezar a moverme. Vamos a ver.

Silvia Parque

viernes, 17 de junio de 2016

Resfrío

Lo clásico: cuerpo cortado, ojos irritados, nariz congestionada, estornudos de cuando en cuando. Yo creí que me estaba poniendo circunspecta por pensar en las cosas serias de la vida, pero no: era el efecto del bichito al que le estaba dando alojamiento. Me temo que B no va a darme días libres por incapacidad.

Silvia Parque

viernes, 19 de febrero de 2016

La vuelta a la normalidad

Vuelvo al blog con la vuelta a la normalidad. Entre la niña enferma y quedarme sin internet, los días anteriores fueron muy interesantes. Tan movido ha estado todo, que ayer no me di cuenta de que era día 18, y no celebramos los 10 meses de B: ya será hoy, y espero que el principal motivo de celebración siga siendo su salud: tiene un par de días que ha tosido un poquitito, y me perturba la posibilidad de que sea el retorno del bicho. Al principio fue gracioso, porque imita la tos de su padre, pero hoy en la madrugada ya no fue imitación. Ojalá pudiera fumigar la casa, como el padre se fumiga la garganta con salbutamol. En el supermercado y en la calle, he oído a la gente hablando de sus infecciones en la garganta o de las de sus parientes/conocidos. Yo me puse mala junto con la niña, pero a mí se me quita solo; usualmente hago gárgaras con yodo y nada más, pero esta vez ni tiempo me dio, y mis defensas hicieron todo el trabajo.  Espero que cuando B crezca, su cuerpo también funcione más o menos así. Por lo pronto, si dentro de muchos -muchos- meses se vuelve a necesitar darle medicina, pediré que si se puede, sea inyectada: más rápido el efecto, más rápido el trance penoso, y sin la preocupación de que esté devolviendo lo que ha comido.

Así contado, pareciera que no paso por los momentos muy bonitos que estoy pasando. B me maravilla en su relación con el mundo. Ayer ha puesto la cereza en el pastel, gateando. Ya tenía semanas desplazándose a voluntad, pero reptando. Ayer extendí su "campo" colocando una colcha en el suelo, y lo estrenó saliendo de ahí hacia las bolsas de la ropa sucia. Yo estaba sentada, justo acomodando la ropa, y lo vi: brazo pierna, brazo pierna; nada más; pero sé que es el comienzo.

Silvia Parque

viernes, 15 de enero de 2016

Urge portarme bien

Apareció por mi casa un puesto de tacos de carne al vapor, que es la gran cosa: deliciosos y sin grasa, como de casa pero sin que les falte lo sabroso de la calle. Creo que me haré asidua porque ya no puedo con otras cosas: antier cené una pizza individual menos una rebanada, y un par de horas después me sentía desagradablemente rebosante. Menos mal, porque de otra manera me costaría demasiado "portarme bien", y está urgiendo.

Silvia Parque

jueves, 14 de enero de 2016

Mi cuerpo tan suyo

Suyo de ella, suyo de él mismo.

Ayer tenía a la niña en brazos cuando me atacó un calambre en la pierna. Más de una vez se me habían dormido los pies mientras la cargaba, pero esto fue peor. A veces, estornudo justo cuando empieza a quedarse dormida. También llega a pasar que ella está come y come, y no puedo aguantar más las ganas de ir al baño, así que tengo que despegarla de mi pecho, lo que vive con profundo desagrado. Muchas noches me duele la espalda o el cuello por la forma en que la cargo.

Antier o antesdeantier me sorprendí diciéndole: "Tú te llamas B. Yo me llamo mamá de B". Fue un poco la dimensión desconocida de la identidad. Sé que nuestro romance irá templándose a medida que ella crece y dejo de ser indispensable, así que me dejo llevar con gusto y sin miedo, disfrutando que su papá diga "eso es mamitis". Mi cuerpo, entretanto, va por la libre con sus cosas, desconociendo la primacía y omnipresencia de mi niña, pretendiendo que le atienda, el inocente.

Silvia Parque

domingo, 3 de enero de 2016

Mover o no mover

He ido a pasear al centro de la ciudad. La he pasado de lo mejor. Éramos dos mujeres, cada cual con su cría, por lo que la plática pudo incluir cualquier cantidad de datos intrascendentes sobre lo que las bebés hacen, lo cual disfruto muchísimo. Pero llegué a casa con los pies molidos y una pierna acalambrada. Yo no quería, pero me temo que en serio necesito hacer ejercicio. Cada enero que me lo propongo, termino abandonando el propósito al cabo de semanas; con ese antecedente y habiendo otras cosas que me importan más, ni pensé en pensar en moverme... pero sería muy conveniente.

Silvia Parque

lunes, 9 de noviembre de 2015

La pérdida de la capacidad de autorregulación

Yo creo que nacemos como animalitos con cuerpos que todo lo saben: salimos del ambiente acuático y respiramos, nos ponen un pezón cerca y succionamos, incluso se ha documentado que un recién nacido es capaz de reptar hasta encontrar la teta de su mamá. Así las cosas, la alimentación a libre demanda se basa en la idea de que el bebé sabe cuándo y cuánto necesita comer. Yo he alimentado a B con ese principio, y así manejamos también el sueño. No hay "hora de dormir", aunque más o menos a las 10:00, hacemos ambiente de noche: apagamos la mayor parte de las luces, bajamos el volumen, y ya no jugamos escandalosamente. Hasta hace un mes o poco más, eso era todo; ella dormía cuando le daba sueño, casi siempre después de alguna de sus múltiples peticiones de comida: no la "poníamos a dormir". Yo recordaba que a mi sobrina -un año mayor que mi niña- había que dormirla, pero pensaba que eran efectos de la diferencia en la crianza. Ahora, sin embargo, B se pone latosilla por la noche, y he concluido que es porque tiene sueño; quiere comer, pero no, pero sí, ahora no, ahora sí; queja, un poco de lloriqueo, y finalmente se prende a la teta para quedarse dormida. Entre los "no-sí-queja-etc.", le calma que la carguemos con arrullo, en un acompañamiento que se ha convertido básicamente en una "inducción al sueño"... le ayudo a dormir, pues; parece que ya no gestiona sola su sueño. ¿También dejará de autogestionar sus cantidades de comida, ahora que no solo toma leche? Como se ha sentido mal por esto o por lo otro en este mes de conocer comidas, el que coma mucho de lo que le gusta ha pasado a ser sospechoso...

Silvia Parque

miércoles, 9 de septiembre de 2015

Algo habrá que hacer con esta panza postparto

Tener un bebé implica un montón de cosas trascendentales. Hay otra vida de la que una es responsable; ahí está también un amor nuevo e increíble, se reconfigura la familia y cambian las relaciones con las personas... Para la mujer, que es quien ha puesto el cuerpo, está también lo que le pasa al cuerpo; algo de mucha menor importancia comparado con lo demás, pero algo que está ahí todos los días y con lo que hay que lidiar. Yo, al principio, estaba tan llena de la experiencia de estrenar maternidad y luego tan cansada, que no le puse atención a eso. Ayudó que no tengo espejos grandes en casa...

Pero ahora, me fijo. Sigo sin tiempo o energía para la cuestión, pero me fijo: cómo no. Y se acerca el día en que tendré que hacer algo al respecto. Dieta, supongo; ejercicio, seguramente. No una dieta restrictiva: no: eso no es lo mío; una dieta balanceada, con mis gustos, como cuando empecé a amamantar, pero sin algunos excesos que me permití (no por otra cosa sino porque soy muy de permitirme excesos). Tal vez ese día llegue la semana que viene... Todavía no me preocupa; asumo que cambié de talla, y estoy bien con eso; sé que en cuanto me aplique, se irán los kilos que tengan que irse.También estoy bien con la caída de mis tetas; hasta me gusta, la verdad: siguen siendo bonitas de diferente manera. Con lo que auguro que puedo no estar bien, es con la panza. Y es que los kilitos repartidos y la panza, son cosas distintas; además, yo conozco la panza que se me hace cuando ha habido muchos tacos de carnitas, y ésta no es de ésas. Me consuelo de no haber seguido usando la faja que todo el mundo decía que debía usar, con el dicho de Matt de que en España, los médicos ya no recomiendan a las mujeres que se fajen. Pero algo habrá que hacer.

Silvia Parque