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martes, 10 de mayo de 2022

"Formas infalibles de mantenerse pobre", dice Vázquez

Soy psicóloga social: ni de chiste me subo al tren del mito del hombre que se hace a sí mismo; nunca dejo de ver las condicionantes a partir de lo histórico, cultural, social, etc. Eso no me impide creer en la libertad posible y el alcance de la actividad que parte de nuestra voluntad, capacidad, etc.

Esto como contexto del modo en que leo, cuando me doy tiempo, los correos que me llegan de Jessica Vázquez, que habla y forma en relación con el dinero. Me gusta su estilo. Me gusta cómo piensa. Me es útil lo que comparte.

Hoy leí un correo en el que puso como asunto: "28 formas para ser pobre". Comparte una lista, que tradujo de un señor Hormozi, que a su vez se basa en un Charlie Munger. A mí no me interesa como para ir a las fuentes. Incluye cosas como gastar más de lo que se gana, que no por ser evidentes deja de ser necesario que se mencionen y se pongan sobre la mesa. Yo me he quedado con: "Evita trabajar en lo que importa más". Esa fue mi pedrada.

Silvia Parque

miércoles, 26 de junio de 2019

Fluir entre el silencio y las palabras


En la primera cita con la terapeuta de B, le dije que mi prioridad era que la niña se sintiera bien; eso era lo que ocupaba mi mente porque me parecía terrible su malestar. Gracias a Dios su mejoría fue muy rápida. No olvido de dónde salió: de estar días sin jugar hasta llegar un día en el que prácticamente no hizo nada. Estoy agradecida por eso, pero ahora me está urgiendo que hable.

A mi pregunta de si es normal que en una cosa haya evolucionado tan bien y en otra tan lento -según yo-, la respuesta ha sido "Todo a su tiempo". Y lo entiendo. Pero vienen a mi mente frases que decía, ocurrencias que tenía... y me frustra la enorme diferencia con lo que pasa ahora.

Cada noche, me encuentro un tanto o un mucho "insuficiente" y me propongo hacerlo "mejor". Como eso no ha funcionado, ya no me voy a proponer "mejorar". Igual que con el resto de mis ocupaciones, voy a procurar hacer lo que corresponde y a fluir con gracia

Silvia Parque 

martes, 16 de abril de 2019

Hazlo mal y deja cosas sin hacer

Este blog tiene entre sus etiquetas destacadas la de "hacer las cosas". Es así porque fue el tema de mi vida durante años. Fui la reina de la procrastinación durante la eternidad que tardé en terminar mi tesis de maestría (por eso "hacer la tesis" es otra etiqueta).

Hoy, he llegado a donde necesitaba.


Hago.
Me dedico a lo que me conviene.
Me ocupo de lo que corresponde.

La clave de este logro no es un secreto, pero tal vez le sirva a alguien si lo pongo aquí, centrado y en negritas:

Lo hago mal y dejo cosas sin hacer.

Mi tratamiento empezó viendo videos de recetas de Youtube. Vi cientos de videos durante un par de años y me fijaba en las enormes "áreas de oportunidad" de los youtubers. ¿Cómo podían tener éxito -mediano o grande- con tantos errores, fallas, faltas?

Comprendí que tenían éxito por X o Y; pero fundamentalmente porque habían hecho el video y lo habían publicado, con su buena, regular o mala calidad.

Luego está la complicación de tener muchas cosas por hacer. Mi punto crítico en esta cuestión llegó cuando recibí la sugerencia profesional de jugar más con mi hija, prestándole completa atención, todos los días. Me pareció estupendo y objetivamente imposible, al menos objetivamente imposible si también hacía todo lo demás que necesitaba hacer.

Darte cuenta de que no puedes hacer nada para que te alcance el tiempo puede ser apabullante, pero también liberador. Yo opté por deshacerme de todo lo estresante de lo que pudiera deshacerme y privilegiar las prioridades. Pronto fue evidente que ni así iba a conseguir hacer siempre todo lo que era necesario (como jugar con mi hija, prestándole completa atención) y entonces la liberación fue total.

Hago lo que puedo y eso está a mil años luz de no hacer.

Silvia Parque

lunes, 30 de enero de 2017

Confiar en mí, al extremo

Si volviera a empezar con B, llevaría eso de confiar en mí al extremo. Aunque he seguido mi criterio y he ocupado por entero el puesto de mamá, si mi niña volviera a nacer no dejaría que en ningún momento, por ningún motivo, se hiciera con ella lo que otra persona opina que conviene, si no es lo que yo estoy segura de que quiero (hablo en singular, pero obviamente, su papá no está en el grupo de "otras personas".)  En nuestro caso fueron contadas ocasiones, y en pequeñas cosas que tal vez sean "de poca monta"... excepto cuando llegó al mundo... Yo estaba muy drogada y evidentemente no me puse bien de acuerdo con su papá; lo que más me molesta es que luego de un increíble agarre a la teta, en esos dos días haya tenido que pasar por un montón de biberones, leche devuelta y lavados de estómago.

Así se piensan esas cosas, pero si una volviera a estar con la vulnerabilidad del puerperio y estrenando responsabilidad, seguramente la experiencia se repetiría, aunque una voz del futuro susurrara: "haz que se haga lo que tú quieres".


Silvia Parque

jueves, 2 de junio de 2016

Cómo hago para que mi bebé coma mejor

Estoy convencida de que los niños pueden regular su alimentación: tú les pones a su alcance alimentos nutritivos, ellos comen lo que necesiten. Como a Carlos González, me causa gracia que las mamás digan "no comió nada", cuando el niño ha masticado y ha tragado tres bocados de lo que estaban dándole: tres bocados no son "nada". El punto clave es que el niño en cuestión tenga energía y se desarrolle como es esperado; si es así, los tres bocados eran suficientes.

Yo, despreocupada con la comida como solo otras dos madres que conozco, llevo desde que iniciamos con la alimentación complementaria, dejando que B tome decisiones sobre qué y cuánto comer. Obviamente, las decisiones sobre "qué comer" caen dentro del menú muy pensado que le ofrezco. Hasta ahora, todo iba bien, pero antier, la báscula y la cinta métrica opinaron que sería conveniente hacer cambios. Básicamente: que tiene que comer más. La doctora recetó un complemento que abre el apetito, un multivitamínico famoso, y dio un par de indicaciones: insistir para que no se quede sin comer nada en una comida, quitarle el biberón de medianoche (para favorecer el hambre en el almuerzo), no dejar de darle la fórmula que ya conocemos, y ofrecerle colación entre comidas. 

También hacemos lo siguiente, y está funcionando. Apenas van dos días, pero el cambio es notorio:

- Hablamos del tema delante de ella, y con ella.- No sé cómo funciona. No sé si es el alma, el inconsciente, el vínculo; pero aunque no me haga caso cuando le digo que no entre a la cocina, cuando hablamos de ella frente a ella, o cuando hablamos con ella de cosas importantes, percibe o absorbe -no sé- el mensaje, y actúa en consecuencia. .

- Redistribuimos la variedad de alimentos.- El problema está en la mañana. Muchos días no quiere almorzar, pero come y cena bien -a veces "muy bien"-. Así que el almuerzo tendrá eso a lo que nunca se niega. Será la hora del pan, de las tortilla y de la fruta favorita; será el momento para el "azúcar" del día. 

- La acompañamos.- Come mejor cuando me siento a comer con ella, y de hecho come mucho mejor cuando le toca que estamos a la mesa "papá-mamá-hija". A menos que sea algo que le guste mucho, si la dejo comiendo "sola", mientras yo hago otra cosa, aunque esté a medio metro de ella, se distrae y come menos. 

- Le damos comida de señora.- Resulta que mi hija gusta de los platillos típicos que cocinan las señoras: ella quiere consomé de pollo con verduras, arroz y frijoles, y yo la mayor parte de los días no cocino: solo "preparo" comida. Es raro que "guise", casi nunca tenemos una comida con tres tiempos. ¡Pero habrá que hacerlo!

- Nos ordenamos (1).- Nunca vamos a ser una familia de estructuras rígidas; pero la verdad es que a B le benefician las rutinas: rutinas flexibles, que le permiten a su cuerpo "esperar algo" y "estar listo para eso". Por ejemplo, varios días se quedó dormida y se perdió la cena; no pasa nada porque ocurra una vez o dos, pero los incidentes son varios. Y de alguna forma, todo está conectado: si duerme bien, si ha hecho ejercicio, si está de buen humor: come mejor.

- Nos ordenamos (2).- Hemos jugado mucho a la hora de comer -y con la comida-, tanto, que se desvirtuó el momento. Necesitamos que se concentre en que va a comer, que eso sea agradable en sí mismo, y que el juego sea antes y después. [Aquí recuerdo a Susana, diciendo por qué no le gusta que los niños jueguen con la comida.]

Silvia Parque

lunes, 7 de diciembre de 2015

Cómo seguir dando pecho entre mordidas, pellizcos y jalones

Como la mayor parte de los bebés al pecho -según he leído-, B comenzó a morderme antes de tener dientes. Como escribí en su momento [AQUÍ y ACÁ], opté por un "no" firme, seguido de retirar mi teta cada vez que lo hacía.

Íbamos bien, creo, y entonces llegaron sus pequeños y afilados dientes... Creí que me mordía con ellos, porque vaya que si son poderosos -le sacaron sangre al dedo de su padre-, pero no: me pellizca, y duele muchísimo. Cundo empezó a tocarme con sus deditos, en vez de solo estar quieta, me pareció lindo; pero ahora intenta manipular la teta de un modo que resulta en pellizco. Con los dientes, la gracias es que si se desprende rápido, me raspa-como-rasgando con ellos. Así que estamos en periodo de condicionamiento. Pero tengo que retirar mi teta muchas veces, y me da pena. Además, no sé si realmente está entendiendo por qué la he guardado; si no lo entendiera, nada más pensará que la ha perdido, así como así... Y luego, ¿cuánto tiempo después la devuelvo? ¿Unos segundos, unos minutos o hasta la siguiente toma? ¿La dejo con hambre? Porque normalmente le doy biberón después de la teta, pero si le doy biberón habiéndosela quitado sin que ella terminara, ¿no dejará de querer mi teta? Mi teta que tantas ganas tiene de darle leche...

Silvia Parque

jueves, 5 de noviembre de 2015

Mientras duerme la bebé

B duerme unas dos veces al día; a veces solo una vez. No cuento las siestas ligeras de unos cuantos minutos que suele disfrutar después de comer. Es un excelente momento para todo lo que no puedo hacer con ella demandando atención. Ya había escrito sobre esto porque es todo un caso: ¿cómo elegir qué hacer en ese momento? ¿Lo que debo, lo que quiero, lo más necesario?

He descubierto que es mejor hacer lo que quiero que esté mezclado con lo necesario. Lo que debo, de cualquier modo lo haré, y si se trata de trabajo es mucho más productivo dejarlo para la noche, cuando ya puedo disponer de horas. No obstante, lo que más suelo querer y necesitar, es comer y bañarme: sobre comer aplica lo mismo que sobre las tareas de trabajo: eso de todas formas lo voy a hacer, aunque B llore... excepto si está malita, como ayer, pero que esté malita es una excepción; sobre bañarme, ni hablar: no quiero que despierte, me llame, y yo no pueda llegar rápido con ella, o peor, no oirla llamarme. Así que el querer necesario ganador es recoger y limpiar. Pero hoy estoy agotada, y me quedo aquí otro ratito, con helado de galleta.

Silvia Parque 

sábado, 17 de octubre de 2015

Resolviendo la mordida de teta

B empezó a "morderme" en serio hace un par de días; la teta, se entiende. Muerde y jala, con lo que la cosa se pone intensa. Hoy su papá me dijo que le hablara seria y firme y me reconocí incómoda al respecto; trabajaré con esa incomodidad.

No tengo problema con decir "no" cuando intenta jalarme el cabello o tomar mis lentes; ahí, natural y ordinariamente hablo con firmeza, sin pensarlo... y no hay menos dulzura en la instrucción que en cualquier otra cosa que diga antes o después. Pero esto de la mordida es diferente... será porque me duele más que un jalón de cabello o porque estar tenida de un pezón, me hace sentir vulnerable. Y claro, porque aquellos primeros "no" los he dicho mientras le quito el cabello de la mano o aparto su mano de mis lentes, así que en realidad, el peso de "hacer que ella haga" no recae en la palabra. En el caso de la mordida, por el contrario, al no poder evitar el acto, me sale un "no-no" angustiado y suplicante y si trato de que no salga así, sale un "no" grave y cortante, que no me gusta y me da miedo (de que ella sienta que le hablo feo). El papá lo ha resuelto con un truco buenísimo: igual que jalándole un poco la oreja, hacía que abriera más la boca cuando necesitábamos que se acomodara mejor en la teta, encontró un punto que apretando un poco con el dedo, relaja su mandíbula y hace que me suelte. Es la parte de en medio-abajo del cachete, a la altura de los labios. Apretando ahí -es apenas un toque-, puedo decir un "no" normal.

Silvia Parque

viernes, 7 de agosto de 2015

Cómo matar una mosca en mi casa

Ha empezado la temporada de moscas 2015.

Los pañalitos sucios en las bolsas de basura del patio, no ayudan (aunque el camión de la basura pasa todas las noches, excepto las del domingo, a veces las bolsas se quedan con nosotros un par de días). Pero como se dice por ahí: no es lo que hay, sino lo que haces con lo que hay.

Lo que debería hacerse primero es acordar una política doméstica en relación con los dípteros. Lo de acordar se debe a que no todo el mundo aprecia las dictaduras, a pesar de lo eficaces que pueden ser.

Si yo fuera la dictadora de mis sueños, prohibiría terminantemente matar moscas con algo más que el matamoscas. Me parece primitivo y desagradable. Puede que sea necesario en alguna urgencia, pero debería ser muy raro y dar pena. Aún en esos casos, salvo los zapatos, no debería usarse nada que no pueda tirarse a la basura.

Una vez muerta la mosca, hay también que tirarla a la basura. No se desintegran. Habría que limpiar de inmediato el lugar del deceso, pero no pido tanto: es suficiente con que el cuerpo termine donde debe ser.

Luego estarían los estatutos para el manejo del matamoscas.

Un matamoscas debería estar suficientemente lejos de la vida civilizada y suficientemente a la mano para cuando se le requiere. Y nunca de los nuncas debería blandirse. ¡No es un abanico! Hay tal esparcimiento de microbios, moviendo el arma de un lado para otro, que casi mejor dejar a la mosca en paz.

Silvia Parque

miércoles, 13 de mayo de 2015

El dentista ha sentenciado

El dentista ha sentenciado que debe quitar un pedazo de muela, y restaurar otras cuatro piezas. La extracción no puede esperar mucho porque estoy sintiendo dolor cada día. Esto va a costar un dinerito y va a ser por lo menos incómodo.

Así que, estimado lector, me permito aconsejarle:

Si usted sabe que tiene que atender sus muelas: no lo deje para mañana, hágalo ahora, después será más caro, en más de un sentido. Y si usted es flojo y/o displicente: no caiga en la tentación: no vaya a la cama sin haberse lavado los dientes.

Silvia Parque

viernes, 3 de abril de 2015

Cómo no dejar para después

Soy una experta en dejar las cosas para después, sea para más tarde, para mañana, o para un "luego" indeterminado que a menudo se pierde en el calendario. Ha sido un área en la que trabajo conmigo misma, y he podido distinguir disposiciones que me sirven:

1. Me propongo hacer "algo" en el día: solo una cosa. Puedo querer hacer varias cosas; de hecho puede ser necesario que haga varias cosas; pero me fijo la meta de hacer solamente "algo", y no más, porque con eso puedo. Parece muy poco, pero es mejor que nada. Sirve por dos cuestiones: protege mi sensación de competencia, y con ello, mi autoestima; pero sobre todo: al conseguir hacer "algo" -solo eso- durante varios días, hacer "ese algo" se convierte en un hábito, deja de ser necesario que me lo proponga, y puedo pasar a ocuparme de hacer otra cosa.

2. Comparto lo que voy a hacer y/o lo que quiero obtener. Es algo a lo que jamás me habría arriesgado antes, porque al no decirle a nadie qué quieres hacer u obtener, no tienes que pasar por la vergüenza, no solo de no haberlo obtenido, sino de no haberlo intentado. Decirle a un par de personas de confianza, que tengo intención de hacer esto o lo otro, me hace escucharme a mí misma y le da concreción a lo que podría quedarse como fantasía. Tienen que ser personas de confianza, apoyadoras; si no, sería contraproducente.

3. Sostengo una rutina ceñida a un horario que puede ser muy flexible, excepto con los puntos críticos del día. Por ejemplo, si me levanto tarde, es muy probable que el día no sea productivo. Si estoy cansada, me doy permiso de tomar una siesta; pero necesito levantarme a la misma hora de lunes a viernes, porque si no, me instalo en la vacación. Supongo que cada cual tendrá sus horas críticas, que es peligroso mover.

Hasta ahora, mis avances son lentos, pero seguros, y he aprendido que es mejor así, que tomar mucho ánimo y ser superefectiva dos días o dos meses, para luego volver a la postergación.

Silvia Parque

viernes, 16 de enero de 2015

Sobre cómo funciona

Hay que aprender cómo funcionan las cosas. Si una quiere que le vaya bien, más vale actuar de modo congruente a la lógica de eso en lo que una quiere intervenir, o en lo que una está metida.

A menudo sucedía algo como lo siguiente con los estudiantes:

Encargas un trabajo que vas a calificar con dos criterios: A y B, y ellos hacen un magnífico trabajo según los criterios X y Z. No han atendido a los criterios que les diste. Por pura suerte, el trabajo no está tan mal en cuanto a A, pero es pésimo en cuanto a B. Tendrán una mala calificación y usualmente dirán algo como: "¡Pero me esforcé mucho en X!" "¡Mire la calidad de Z!" Nada más que no se trataba ni de X, ni de Z, sino de A y B.

Así en la vida. En los negocios, en el quehacer de la casa, con los hijos, en todo. Es especialmente sorprendente cuando se inicia una relación personal con Dios, porque hay que aprender que su "lógica" no es la del mundo.

Silvia Parque

martes, 13 de enero de 2015

No jugar con la comida

Hay una cuestión peliaguda cuando te dedicas a tu actividad preferida: no puedes tratar las tareas de trabajo o de negocio, como a tus gustos.

Imagino a un restaurador de coches antiguos a quien le llegan con un bello Mustang Cobra. Le piden que repare algo en la carrocería, y luego de hacerlo, se ve atraído por el interior: le falta esto y lo otro... pero los dueños no pueden pagar más arreglos: tal vez después. ¿Debería darse el gusto de trabajar gratis? Una vez, puede ser; pero si lo hace continuamente, no va a convenirle.

Quienes trabajan con comida, muchas veces tienen que sacrificar la amada receta de la abuela, para que el producto o el servicio sea rentable. Quiero decir: que cocinando para los de casa está bien usar los veinte ingredientes secretos, pero para obtener ganancia, a veces es mejor usar dieciocho, y sustituir uno muy especial por algo un poco más económico.

Hay que tener claro no solo por qué hacemos las cosas, sino también para qué. Muchos aficionados ven como algo mediocre que un equipo de futbol no dé lo mejor de sí en un partido determinado, pero eso puede ser la estrategia adecuada en un torneo. Entregarse por completo es un lujo para el juego: para los niños echando una cascarita en el callejón, para los amigos que se juntan los viernes a sacar el estrés con el balón.

Silvia Parque

sábado, 3 de enero de 2015

No haga esto con el arroz

He preparado un arroz espantoso.

Como suelo agregar un poco más de agua varias veces, en el proceso de cocimiento, y como el arroz perimetral del sartén suele quedar menos cocido que el del centro, decidí usar mucha más agua y dejar que se cociera mucho más tiempo.

No lo hagan.

Silvia Parque

viernes, 12 de diciembre de 2014

Dejar las cosas en paz

Estoy probando las bondades de dejar de golpear paredes con la cabeza. Creo que las personas aprehensivas sentimos una especie de compromiso personal con insistir en hacer lo que creemos que deberíamos hacer, incluso cuando es evidente que lo que hacemos no solo no sirve, sino que nos desgasta y llega a empeorar las situaciones.

Como creyente, vivo un punto de prueba al "poner en las manos de Dios", cuando llega el momento de sacar mis manos de la masa. Pero es que hay verdad en la famosa "Oración de la serenidad": hay cosas que no está en nuestras manos cambiar. Habría que agregar que además de sabiduría para reconocer cuando es así, hace falta humildad para aceptar que así es.

Silvia Parque

martes, 7 de octubre de 2014

El sifón

Para los que no lo saben, un sifón es una especie de aspirador; es común usarlo para limpiar peceras (para aspirar el agua sucia). En mi aprendizaje con este artefacto, he concluido que: lo que no queremos lograr es lo que ocurre cuando introduces el tubo del sifón completamente vertical, de modo que hay vacío dentro de él, y no pasa nada (no aspira). Entendiendo que de ese modo ocurre lo que no queremos, es posible invertir mentalmente la operación, para saber de qué modo ocurre lo que sí queremos. Es posible; pero no he podido.

Silvia Parque

domingo, 21 de septiembre de 2014

Estableciendo el "precio" de un servicio profesional

Mis habilidades como negociadora no han sido precisamente destacadas, pero sí he ido adoptando principios que van funcionando. El más importante es siempre cobrar "bien".

Para saber cuánto cobrar, hay que tomar en cuenta tres cuestiones. Creo que las dos primeras son de aceptación general entre quienes saben de estas cosas; pero para mí, la tercera es la más importante.

a) El valor del servicio, que constituye la "ganancia" del "cliente"; es decir, cuánto ganará o cuánto se beneficiará esa persona por lo que va a recibir; qué cosa se le va a facilitar, o a qué va a tener acceso, en función de lo que va a recibir. La misma cuestión puede ser vista desde otra perspectiva: ¿cuánto se ahorra la persona, en tiempo o en esfuerzo? ¿Qué tan lejos está de llegar a su objetivo, sin el servicio?

b) El valor del servicio en el mercado y la capacidad de pago de nuestros posibles clientes. El servicio ofrecido puede ser muy valioso, pero si no es reconocido como muy valioso, no va a ser pagado como si lo fuera. Es cuestión de percepción. Como es más fácil encontrar alguien con la percepción que nos conviene, que cambiar la percepción de alguien, habría que optar por la primera opción. Pero: si la persona que necesita o quiere el servicio, y lo valora, no tiene con qué pagarlo, la cosa se complica. Por eso hay que delimitar cuál es el mercado que nos conviene, o en su caso, ofrecer servicios diversos al alcance de clientes diversos.

c) El valor que damos nosotras mismas, a nuestro trabajo. Tal vez haya un tope superior de realismo que hay que cuidar, en función de la cuestión expuesta en el inciso "b"; pero con toda seguridad hay un tope inferior inamovible en función de nuestra propia estima. No me acuerdo en cuál de los libros de autoayuda que me he recetado, escuché algo fundamental para mi prosperidad: quien produce un objeto y lo vende, o quien está mercando con un objeto, tiene que tomar en cuenta, al cobrar, la materia prima, el precio de la competencia, etc.; digamos: cuestiones objetivas. Pero quien ofrece un servicio es libre de tasar como crea conveniente. ¡Yo no tengo competencia! Puede haber muchas personas ofreciendo un servicio que se llama igual que llamo yo, al mío; pero nadie ofrece mi servicio: con mi talento y mi inteligencia puesta en juego. Ahora que lo pienso, cualquiera puede decir lo mismo de su hamburguesa o su mueble de madera. ¡Qué bien!

Pocas cosas tan detestables como sentir que estamos siendo explotadas; situarnos en esa posición hace nacer sentimientos de autocompasión, envidia, recelo... hay una especie de lamentación por lo que va a beneficiarse la persona para quien trabajamos. En cambio, cuando se cobra "bien", nace un deseo por dar lo mejor posible a quien ha pagado por ello; se trabaja con gusto, deseando que el otro se beneficie más de lo que ha creído que se beneficiará.

Silvia Parque

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Solo Debussy

¿De verdad las personas pueden estudiar o trabajar con las cuatro estaciones de Vivaldi? ¿Con Beethoven? Me queda claro que ninguno de los dos señores, pensaron en ayudar a las personas a estudiar o a trabajar; pero como hay videos en Youtube con gente que comparte música de estos autores, con títulos como "Lo mejor de Vivaldi - Música clásica para estudiar y relajarse", me pregunto si mi cerebro reaccionará muy diferente. Yo para esos trances, casi nada más con Debussy.

Silvia Parque

Mejor la conveniencia que el orgullo

Es muy simpático imaginar al empleador abusivo dando consejos a su empleado malpagado, sobre cómo hacer rendir su dinero, excepto porque pasa en la realidad, y hasta se adorna con regaños por despilfarrar. Lo peor es que a veces los consejos son buenos, y en ese caso, si el empleado malpagado es listo, bien haría en tenerlos en cuenta.

Así, a veces pasa que nos lastiman y nos curan, y buscando la curación completa, hasta decimos "por favor" y "gracias", con buen tono y sonrisita. Si una es lista y no ha sido lastimada toda la vida, apenas repuesta, se aleja de quien lastime. De haber mucha lastimadura, puede tardar en llegar el momento de "apenas repuesta"; pero llega.

Silvia Parque

sábado, 13 de septiembre de 2014

El tesista asustado y la visión del vacío

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Algunos tesistas con los que trabajo suelen anunciar en nuestra primera conversación que no tienen "nada" o no entienden "nada", que sus esbozos están completamente mal y no tienen la menor idea de qué hacer. A estas alturas, ya sé que la frustración está hablando y que el panorama no es tan negro; pero sigo sorprendiéndome porque cuando conozco sus archivos: sí hay mucho por hacer y sí necesitan mucho apoyo; pero algo han hecho y hay con qué trabajar.

Qué importante es tener una visión externa; es como abrir las ventanas para que entre el aire en una habitación que ha estado encerrada durante horas con gente malhumorada dentro. El asesor o director de tesis, a menudo no puede hacer esta función si ya se le erigió como monstruo castigador. Creo que las reuniones de trabajo entre pares sí dan buenos resultados en este sentido.

Algunos tesistas asustados, de plano necesitan que alguien les tome de la mano.

Silvia Parque