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lunes, 15 de octubre de 2018

Abrigar a las criaturas: mitos y neurosis

Esta mañana, el papá de B tocó a la puerta con insistencia poco habitual. Lo habían regresado de la escuela para que le llevara a la niña una chamarra. Le llevó un suéter. Resulta que maestras y madres a mi alrededor creen que esta mañana hacía mucho frío. Y estaba fresco, pero ¿mucho frío? ¡Estamos en Chihuahua! ¿Que va a ser de las criaturas en invierno si con una mañana fresca de otoño hay que ponerles chamarra?

La verdad es que estuvo bien que le llevara el suéter porque, al contrario de lo que pasa normalmente, hoy no se fue poniendo templadito. Un frente frío asociado con la tormenta Tara provocó un viento fresco todo el día y, como se pronosticó, ahora que es de noche está bajando la temperatura. De cualquier modo, aunque no le hubieran atinado a su apreciación sobre la necesidad de abrigo, valoro que cuiden a mi niña.

Exageración o no en este caso, creo que hay una mitología sobre el frío y las criaturas, construida alrededor de la neurosis materna.

Desde septiembre, me he topado en el camino al kinder a mamás con camiseta de manga corta llevando de la mano a niños o niñas con suéter e incluso chamarras gruesas con gorro. Al menos hoy, también ellas sentían el frío del que protegían a sus descendientes. Al parecer hay una creencia arraigada de que niñas y niños sienten más frío que las personas adultas. Yo leí por ahí que es al revés, que su organismo funciona de tal modo que sienten menos el frío. Pero supongamos que lo sienten igual que nosotros. ¡Y que a los que ya hablan, podemos preguntarles!

Hay una tradición típica mexicana que consiste en ignorar lo que hijas e hijos tengan que decir sobre su percepción de la temperatura y obligarles a abrigarse. A mí con B más bien me ha pasado que quiera seguir poniéndose ropa invernal cuando ya no corresponde. Normalmente, la dejo. Sin embargo, aquí el clima es realmente extremoso: así como en invierno se congelan las tuberías, en verano las personas pueden sufrir insolación, de modo que me he visto en la penosa necesidad de quitarle o ponerle una prenda contra su voluntad porque juzgo que debo hacerlo; pocas veces, de verdad; pero sí: he sido una de esas mamás.

Quiero pensar que en la base de mi comportamiento está la responsabilidad en relación con el cuidado y no la preocupación ansiosa que veo tanto. Y es que algo ha hecho creer a varias generaciones que el frío es malísimo para la salud de las criaturas. Parece que venía en algún Manual de la Madre que escribió alguien nacido en el Trópico. Y es verdad que es una lata tener a los pequeñitos acatarrados; además, con los bebés da miedo que se enfermen... pero se exagera. Los bebés son justamente los más perjudicados porque a veces ni quejarse pueden. He visto chiquitos envueltos en cobijas gruesas en pleno verano. ¿Qué pediatra recomienda mantener a los bebés calientes? Los consejos que yo recibí de profesionales fueron en un mismo sentido: que ni muy tapada ni muy descubierta.

Claro que cuando se tiene al primer bebé, una tiene que decidir cuánto es tapar o descubrir "mucho". Y sobrarán opiniones en todas direcciones. Siempre recordaré la visita de una amiga que se asombró al ser parte de la siguiente escena.- Ella llegó y me dijo que pobre niña, que la destapara; se quedó en la recámara y le tocó ver a mi abuela entrar y decir que pobre niña, que la tapara; luego vio llegar a otra amiga que también dijo que pobre niña, que la destapara. En un ratito. [Lo de "pobre niña" puede que no sea exacto, pero seguro emplearon expresiones equivalentes.] Los primeros meses de un bebé mexicano son para la madre una sucesión de "tápalo", "destápalo", en la que predomina el "tápalo". No importa la estación del nacimiento.

De este modo llegamos a que hoy, en una ciudad de otro Estado, mi hermana puso suéter a mi sobrina, aunque estaban a 25°, para evitar que la devolvieran de la escuela.

Silvia Parque

jueves, 7 de diciembre de 2017

Mucho frío

Hoy ha hecho tanto frío que B aceptó abrigarse. Una tía nos ha traído más cobijas. Tenemos calentón, pero no lo he prendido porque creo que conseguimos mantenernos bien así y prefiero esperar a usarlo cuando sea imprescindible: puede llegar a ponerse helado.

El frío duele. Y mata.

He visto a B tiritar de frío en breves momentos, en el baño o saliendo del baño; habrán sido segundos o minutos, pero por supuesto: me encargo; la cubro, froto mis manos sobre su cuerpo, la abrazo. No quiero que mi hija se enfríe un momentito. Así que pienso en la gente que tiene a sus hijos pasando frío y se me encoge el corazón.

Ahora mismo me duelen los dedos de las manos, ayer me dolieron los dedos de los pies. Se pasa con que los mueva. A los pies los puedo cubrir con doble calcetín. Podría cortar los extremos de unos guantes para usarlos dentro de la casa. Al rato me meto bajo las cobijas y ya está. Pero si a mí me duele, ¿cómo estará la gente con casas en mal estado, la gente que está en la calle?

Silvia Parque

domingo, 29 de octubre de 2017

Frío

He tenido frío estas noches. Sentí frío algunas de las mañanas de este mes, pero hoy tuve frío casi todo el día. Debe ser que estuvo realmente fresco porque B aceptó andar con suéter y calcetines unas horas, aunque sin pantalón (ayer anduvo parte de la tarde en traje de baño).

En otras noticias, me duele una sección de la garganta: abajo, como a la mitad del cuello. [He ido a ver si eso sigue siendo la garganta.]

Hay que aislar la ventana de la recámara con plástico. Así es por acá.

A ver cómo nos va en este primer invierno de regreso en el rancho grande; sobre todo a B, que se enfermó cada vez que vinimos de visita...

Quisiera que no fueran muchos inviernos aquí.

Llevo más de un frío encima.

Silvia Parque

jueves, 17 de noviembre de 2016

El frío y B

Tuve bastante frío los últimos días. Hoy ya subió la temperatura y casi dejé de estar resfriada, así que terminó mi percepción de riesgo de hipotermia.

B, por su parte, con todo y restos de resfrío, se resiste a usar suéter y a dormir tapada. Le molesta cubrir lo que sea que traiga puesto; es decir, el suéter tapa el búho o la niña con moño o la coneja o las franjas o el color blanco de la blusa o camiseta que se ha puesto -que muy probablemente eligió ella misma-, y eso es algo malísimo. De noche, solo tolera una cobija muy suave y ligera que le regalaron; de las demás, casi siempre se deshace moviéndose entre sueños. Son días de repetir una y otra vez: "No puedes bajar de la cama sin calcetines. ¿Qué crees que estamos en verano? Estamos en otoño". Salió a su padre en eso.

Silvia Parque

martes, 25 de noviembre de 2014

Andando yo caliente

Tuve frío la mitad del día. Afuera, el día ha estado más bien templado, por lo que anduve horas solo con una blusa de manga larga, pero de tela delgada, pasando frío; es decir: como no se supone que hiciera frío, estuve "aguantándomelo". ¿Habrá cosa más tonta? A buena hora me puse una sudadera y una bufanda -sí: para andar en casa-.

¿Por qué se supone que deba actuar en correspondencia a lo que no está siendo "mi experiencia"? Puede verse ridículo mi abrigo para interiores, sobre todo estando soleado afuera; pero ¿por qué pasar frío pudiendo no pasarlo? ¿Con cuántas otras cosas pasará así? Nos portamos como suponemos que debe portarse la "gente normal", aunque eso no sea apropiado a nuestras necesidades.

Silvia Parque

jueves, 20 de noviembre de 2014

Frío

Ha hecho frío de modo que traje un suéter grueso todo el día. Usualmente, aunque haga frío en la mañana, hacia mediodía se pone templado de modo que no es agradable andar con un suéter grueso. Puede que sea nada más un frente frío -que habían estado anunciando-, o a lo mejor es que el otoño se va acercando a su segunda parte -esa pegada al invierno-.

El frío me gusta porque me recuerda a mi rancho; pero ahora me pone melancólica -no es que deje de gustarme-.

Cuánto se antoja un abrazo largo...

Silvia Parque