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lunes, 6 de noviembre de 2017

Decisiones a partir del sentido

Fui a vivir a Querétaro para cursar la Maestría. Se suponía que no trabajaría. Pasé un primer mes maravilloso, dedicándome a conocer el centro de la ciudad y a leer, pensar, escribir. No duró mucho ese estado ideal; se fue haciendo evidente que necesitaría trabajar y aunque resistí lo que pude, terminé buscando empleo. Fue el peor empleo de mi vida. A lo mejor porque por primera vez me planteaba trabajar por necesidad: eso no se hizo para mí -de verdad, eso siempre ha terminado mal-. Ahora, además, puedo asociar ese empleo con personas cuya presencia en mi vida terminó siendo nefasta. El caso es que me fui, conseguí algo que tenía mucho más que ver conmigo y posteriormente, no mucho después, conseguí lo que quería y viví satisfecha.

Pero quiero hablar de un momento importante en ese primer empleo queretano:

El momento más importante, sin duda, fue el de mi renuncia. Aprendí algo significativo: hay relaciones en las que no solamente no vas a estar de acuerdo con la otra persona, sino que va a haber enfrentamiento y el modo digno de actuar puede implicar que el otro se quede a disgusto. Antes de eso, yo trataba de dejar las relaciones en buenos términos.Ya no necesariamente: aprendí que a veces lo justo es quedar en malos términos. Pero no es de ese momento final (importante) del que quiero hablar, sino de otro. Por el tiempo de camino entre mi casa y el lugar de trabajo, por mi modo de implicarme y por la naturaleza misma del trabajo, terminaba agotada y empecé a dejar inconclusas las lecturas de la Maestría. Era frustrante. Entonces pensé: si trabajo para mantenerme de modo que pueda hacer esto que quiero y el trabajo no me va a permitir hacer esto que quiero, no tiene sentido. Anuncié mi renuncia -al trabajo-, pero me hicieron una propuesta que me convino: iría menos días, durante menos horas y tendría menos obligaciones. Obviamente, ganaría menos dinero. Pero podría leer lo que necesitaba y todo tendría sentido.

Y sí: todo tuvo sentido. Fue difícil reducir los ingresos, pero de no haberlo hecho, tal vez no habría buscado algo mejor que me llevó después a encontrar algo perfecto para mí. 

Silvia Parque

miércoles, 3 de mayo de 2017

Notas sobre la comida en Chihuahua y en Querétaro

Gorditas. Imagen del restaurante "La fiesta"
tomada de la página tripadvisor.
En Querétaro hay mejor fruta y mejor verdura, a mejor precio; excepto por las manzanas: en Chihuahua tenemos las mejores manzanas del mundo, aunque no se distinguen especialmente por un precio accesible.

En Chihuahua hay mejor carne. Cien mil millones de veces mejor que en cualquier otra parte: mejor que en Sonora. Amo nuestra barbacoa de res y nunca pude asimilar que la barbacoa fuera de borrego.

La del queso es una cuestión complicada. El famoso queso de acá es tipo manchego y en Querétaro se consigue muy buen queso Oaxaca. Incomparables.
Discada. Imagen del blog "Chihuahuense".

El chorizo Camargo -de acá- es muy sabroso; sin embargo, como es relativamente picante, yo no necesariamente lo disfruto más. Y a Querétaro llega el chorizo de Toluca, que es muy bueno: mérito de los toluqueños, pero ventaja para los queretanos. Eso pasa mucho: tal como digo que en Querétaro "se consigue" muy buen queso; también se consiguen, en temporada, fresas de Guanajuato o aguacates de Michoacán.

En la calle, Querétaro tiene gorditas de migajas. Chihuahua tiene burritos (no burritas). Acá las gorditas usualmente se preparan "de harina", que quiere decir "de harina de trigo". Los tacos de acá no son baratos (tal vez nada por acá es barato).

Los guisos de allá son evidentemente más elaborados. Necesitan cocinar mejor porque no tienen nuestra carne.

Silvia Parque

lunes, 10 de abril de 2017

Se suponía / supongo

Se supone que pasaría en Querétaro poco más de dos años: cursaría el posgrado, tramitaría el título y nos iríamos; era amada y se supone que era imposible que dejara de ser así. Nos iríamos todavía más lejos del lugar del que emigramos. Cuántas veces pasé días fantaseando con viajar al pasado y hacer una cosa u otra diferente, para que mi vida regresara a lo que se suponía que iba a ser.

El domingo volví al lugar de donde me fui. Resolví que es lo conveniente para la estrategia económica de la temporada, con el bienestar de B como prioridad. Una vez decidido, la emoción trajo ilusión y la ilusión trajo ánimo; aún así, la última noche en Querétaro me sentí realmente triste. El domingo estuve de luto. Hoy compré un par de playeras, me corté el cabello.

Supongo que viajo al presente, rumbo al futuro.

Poco antes de ir a vivir a Querétaro.

Silvia Parque

domingo, 5 de febrero de 2017

Conversando en el supermercado

Hoy, una mujer en el supermercado me preguntó cuál reloj de pared me parecía mejor. Quería que el reloj resaltara sobre su pared blanca. Está redecorando. Quiso saber mi opinión sobre los cuadros y sobre sus ideas para acomodarlos. Era bonita y guapa; tenia acento extranjero. La gente de por acá no se acerca así; allá en mi rancho sí, pero con estilo un poco brusco. Fue agradable.

Silvia Parque

sábado, 20 de agosto de 2016

La lluvia en mi casa

Crecí en el desierto... Bueno, en una ciudad en un llano, pero con clima extremo y poca lluvia; con años de no llover. Así que cuando vine a Querétaro disfruté mucho la lluvia. Sus días y días de lluvia... Me causaba gracia cómo se despejan las calles en cuanto empieza a llover. A mí una mojadita me parece de lo más disfrutable. Luego fui conociendo el lado feo de la temporada, que no es culpa de la lluvia, por supuesto: la ciudad se inunda en varios lados, el tráfico se obstaculiza y no sé ahora, pero hace unos años, el drenaje del centro de la ciudad era un desastre, así que las limpias calles queretanas podían ser una cochinada al día siguiente de una lluvia fuerte. 

De cualquier forma, me gusta la lluvia. Lo que no me gusta es estar sola cuando hay truenos y rayos. Me da un miedo animal; sé que no va a pasar nada, pero me impresiona y siento miedito... un miedito adquirido con los años: no estaba cuando era chica. Tal vez porque tenía su punto rico sentirlo en brazos de alguien, quién sabe... Afortunada o desafortunadamente, la preocupación realista hace a un lado el temor. El agua se mete a mi casa por la ventana de la recámara, la ventana de la sala, la ventana del estudio, una gotera en el baño, la parte de abajo de la puerta y dos ventanas que están sin vidrio en este momento. Un poquito por aquí, un poquito por allá, pero cuando la lluvia dura, acaba siendo bastante.. 

Ahora llueve. A mi niña dormida, parece que ni le va ni le viene. Cuando estaban las tortugas, lo sentían. Hasta el momento, no hay casi nada mojado, y espero que siga así. 

Silvia Parque

miércoles, 25 de mayo de 2016

De preferencia, con café

Para muchos, el postre después de comer es algo que ha estado ahí siempre. Yo crecí en una casa donde usualmente no se servía postre. Había galletas u otra cosa por el estilo para comer a cualquier hora; también podía ir a la tienda a comprar lo que se me antojara, así que no vivía deseosa de algo dulce; pero no había la costumbre de servir postre después de la comida. Tal vez porque había mucha prisa por que terminaran los que estaban sentados, para que se sentaran los siguientes.

Me acostumbré al postre cuando vine a vivir a Querétaro y empecé a ir a los lugares de "comida corrida"... Recuerdo que me extrañó la cantidad de carbohidratos que servían; típicamente: sopa aguada, arroz o espagueti con un guisado que puede incluir papas, y un postrecito, a veces casi simbólico. Muy pronto entendí que en la economía a la que me estaba incorporando, la combinación de pasta, arroz, papas y tortillas, era necesaria para provocar la sensación de satisfacción.

El caso es que me acostumbré al postre, y ahora me hace falta. De preferencia, con café.

Silvia Parque

jueves, 28 de abril de 2016

Miedo

Vine a vivir a un lugar seguro, porque en el rancho donde vivía mataban gente como quien dice "tiraban la basura fuera del bote". Ahora también aquí es peligroso. La diferencia es que allá, en realidad, nunca tuve miedo. Rechacé lo que estaba pasando, me molesté, me indigné, me di cuenta del peligro; resolví que era mejor no estar ahi; que no quería estar ahí. Las cosas acá están lejos del nivel al que llegaron allá, pero será que tengo otra edad, será que ya sé lo que es perder a seres queridos por actos de violencia, será que tengo una hija... ahora he sentido miedo.

Silvia Parque

lunes, 22 de febrero de 2016

"Son varias las enseñanzas que nos deja el caso"

Ayer estaba muy enojada después de leer ESTA nota.

Era la gota que derramaba el vaso.

Ya había llorado por la muerte de esta muchacha, y ahora leía que "no era una niña de 10 años, fácil de engañar". Es para preguntarnos qué opinión le merecen al autor, las niñas de once años secuestradas. Porque ya no tienen 10 años, si han cumplido once... y ya se sabe que ahora son la mar de listas, y que a los doce hasta se maquillan, y como escriben algunos en los comentarios "hay papás que no saben dónde están sus hijos". ¿Y luego por qué pasa lo que pasa, verdad?

No pude más que hacer catarsis, ayer. Ahora que mi enojo se va pareciendo más al rechazo simple y menos a la ira, puedo escribir esta entrada.

Para empezar, copio tres comentarios que me parece que valen la pena. He corregido alguna falta de ortografía, pero dejo su redacción tal cual.

De Tere Monero, a un comentario donde se felicita al autor por su "buena investigación":
Esto no es una investigación: no tiene ni una sola fuente, ni una metodología, no se pueden rastrear los datos, no tiene confirmación, nada. Qué lástima que los medios revictimicen a las víctimas y en lugar de cuestionar las versiones oficiales, las defiendan y argumenten a favor de ellas señalando que fue culpa de los papás por no cuidar a su hija. Es una verdadera lástima que Brenda Ariel trivialice un hecho tan lamentable como el feminicidio de Yosheline, convirtiéndolo en un recetario de consejos para los padres de familia basado en la versión oficial de la Procuraduría General de Justicia. ¿Una lección que aprendimos?: la Procuración de Justicia en Querétaro es un chiste muy mal contado. Lecciones que aprendimos de tu columna: Brenda, ellos se van pero tú te quedas: si quieres ser una reportera que se respete tienes que cuidar tu prestigio, y el prestigio de un reportero se basa en su rigor para hacer su trabajo; dos: tu deber es siempre, siempre, siempre cuestionar a la autoridad, siempre; te lo enseñan en el primer semestre de la carrera. Necesitas ser sensible con las víctimas, ¿les vas a enseñar lecciones a los padres de familia?, ¿le vas a decir a la madre de Yosheline que la culpa la tuvo su hija porque se subió a un carro? o le vas a preguntar a la autoridad, a la PGJQ por qué no investigó las pistas que tenía desde el principio, por qué ahuyentó al agresor, por qué no ha tipificado el feminicidio, por qué insiste en señalar que las desapariciones y asesinatos de mujeres son casos aislados a pesar de que vemos uno nuevo cada semana, por qué revictimiza a los familiares. Qué está pasando en Querétaro.
De Yolanda Borrego:
[...] cae en el mismo juego de muchos de criminalizar a la víctima y a sus padres y eximir la gran responsabilidad del gobierno quien tiene el deber constitucional de garantizar seguridad a los ciudadanos, lo maneja como hecho aislado y sabemos que es una epidemia de desaparecidos y muertos donde ha quedado claro no sólo la incompetencia del gobierno sino su falta de voluntad y en muchísimos casos su complicidad
 De Pánfilo Natera García:
Que lástima que este medio proteja a los agresores, ahora resulta que la protección y seguridad recae en los ciudadanos y no en el gobierno, con estas opiniones que da este medio de comunicación la víctima se convierte en presunta responsable que lástima.
Luego...

Las palabras crean realidad.

Las palabras están metidas en las ideas y las ideas crean realidad.

Lo que decimos, y mucho más lo que publicamos, con su quién, cómo, dónde y cuándo, tienen consecuencias.

Dicho esto, me atrevo a señalar que en parte, por "enseñanzas" como estas, hay más y más mujeres muertas.

No creo que el autor o quien publica la nota tenga una alianza macabra con el poder. Supongo que su colusión es simplemente eso para lo que le alcanza el criterio. Lo supongo porque a mi alrededor hay sobre todo pensamiento que sale de la misma fuente que el suyo. Es la fuente del pensamiento de los machos del lugar de tacos de la esquina, que hablan mal de una mujer con la que quieren acostarse. Es la fuente del pensamiento de la mujer macho de la lavandería -no de mi lavandería-, que ventila en la tienda casi literalmente, los trapitos sucios que encuentra en las bolsas de ropa que lava. Es la fuente del pensamiento por el que buenos amigos y familia, admiran el pisotón que da el más fuerte, el que puede darlo.

¿Que sigue, después de las enseñanzas que le dejó a Luis Gabriel Osejo, el "caso de Yosheline"? ¿Carteles recomendando a las mujeres no salir solas?

A mí el caso no me deja "enseñanzas" nuevas, pero voy a usar la misma frase de la columna:

"Son varias las enseñanzas que nos deja el caso":

Primero, hay que decir que el Estado es completamente responsable de garantizar seguridad y justicia a los ciudadanos. Que en el país, y en el estado de Querétaro, el Estado ha fallado ominosamente en esta responsabilidad, y ha fallado tan sistemáticamente que puede considerarse victimario.

Primero, aleccionadores y defensores de las buenas costumbres: hay que repetir que no es seguro ser mujer en este país, y que en Querétaro hace rato que se perdió la paz. No se está en paz donde hay personas clamando por sus seres queridos.

Si la segunda "enseñanza" va a tener que ver con los educadores, entonces hay que decir a las familias de las personas desaparecidas y muertas: estamos con ustedes. Ni por un segundo piensen que hicieron mal su trabajo como papás, como mamás, como tíos, tías o profesores, porque a alguien se le ocurre que debieron haber repetido una vez más la letanía sobre "cuidarse bien". ¿Debieron hacer que su hijo les llamara cada hora, para constatar que estaba a salvo? Lo que todos debimos hacer es repudiar la violencia que creció y creció hasta que no dejó a nadie sin una historia triste cercana; pero ni siquiera eso nos da la culpa del criminal y la responsabilidad de la autoridad.

Sí, hay que educar de manera diferente. En lugares como Querétaro, parece que hay que empezar con los básicos para los años cincuenta: el hombre y la mujer son igual de valiosos; nada justifica que te ponga una mano encima... No se trata de inventar artilugios para que una mujer descubra si le han puesto algo en la bebida: se trata de educar a los hombres para que se escandalicen de la idea de forzar un acto de cualquier tipo.

Para que la tercera "enseñanza" sea sobre la comunicación: que sea sobre la comunicación de las cifras reales sobre desaparecidos y muertos en la ciudad y en el estado; que sea sobre dar a conocer los protocolos que siguen las diferentes instancias para buscar a una persona, y sobre las torpezas y "equívocos" en las investigaciones. Fomentemos la participación de la sociedad para que todos tengamos conciencia de cuántos casos hay de desapariciones en los que fue la familia la que movió cielo, mar y tierra, y no las instancias destinadas para tal fin.

La cuarta "enseñanza", sobre las autoridades, que sea sobre el trato que deberíamos darles.

Yo creo que hay que respetar a quien tiene autoridad: desde el señor policía hasta el señor presidente de la república; su investidura debe importar algo para que conservemos alguna vía que permita el estado de derecho.

Pero hay que dejar de aplaudir. Hay que escuchar a quienes cuestionan.

No es verdad que es más fácil criticar que hacer. Hacer a lo bruto es muy peligroso. El sustento del hacer es importante y hay que revisarlo, exponerlo y dudar de él.

Tratémosles como a servidores públicos: es lo que son.

Silvia Parque

miércoles, 13 de enero de 2016

Frío

Vine del rancho grande a vivir a una de las ciudades más seguras del país. Disfruté mucho caminar por el centro en la madrugada, sola, sin riesgo. Las cosas cambiaron en esa materia. ¿Pero tenía que cambiar el clima, también? Aquí los inviernos eran coser y cantar. Ahora me hace falta otra cobija.

Silvia Parque

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Día de la no violencia contra la mujer

Hoy fue el día de la No-violencia contra la mujer. Tal vez en muchos lugares no tenga sentido, pero en Querétaro, definitivamente sí. Aquí las violencias contra las mujeres no hay que interpretarlas con mucho criterio, son evidentes.

Oigo con frecuencia que los hombres también pierden con esta organización machista del mundo, y aunque en principio es verdad, y hay casos y cosas que deberían examinarse con cuidado, me suena como cuando trabajaba dando clases en un jardín de niños y me negué a pintar (paredes) un sábado de vacaciones. Habíamos ido a algo así como hacer cierre del ciclo, y se entiende que limpiaríamos nuestras áreas de trabajo. La dueña quería que pintáramos paredes y no me pareció bien; me dijo que también ella se había levantado temprano, y que había llegado antes para empezar a pintar. Yo no respondí por respeto; pero no pinté y me fui. Sí: ella iba a "hacer equipo" con las demás empleadas, que recibíamos un sueldito sin prestaciones, pero el negocio y el patrimonio que representaba era suyo, las ganancias eran suyas.

Silvia Parque

viernes, 13 de noviembre de 2015

¿A dónde te llevo?

Hoy, explorando el TT #PrayForParis, encontré un tuit que menciona a París junto al Líbano y Bagdad, donde otras decenas de personas acaban de morir a manos de otras personas (el tuit también menciona el terremoto en Japón, pero eso es diferente). Antes que otra cosa, lo primero que pasó por mi cabeza fue: "¿A dónde te llevo?" No es que tuviera pensado ir a París, al Líbano o a Bagdad; no es que tema que algo pase afuera de mi casa, tampoco; pero tuve la impresión de que el mundo entero era un peligro y yo no podría ser el mundo para B, cuando tuviera que dejar de tenerla en brazos.  La impresión se pasó, pero con la cabeza fría: sí andamos por mal camino, como humanidad. A los tuits de conmoción por los atentados en París, les siguen, como siempre -y qué bueno-, los que recuerdan que todos los días se dan eventos igual de terribles en otros lugares: lugares que no importan.

Hace días, a propósito de que escribí sobre mi deseo de que B no crezca en México, Matt comentó que le hubiera gustado que explicara por qué. Es porque México no es un buen país para vivir, y menos para una mujer. No me gusta verbalizarlo y menos dejar registro de que lo he verbalizado, por lo siguiente:

1. Así, sin contexto, es desagradecido, viniendo de alguien que ha sido privilegiada en todos los sentidos.
2. Parece desatender el hecho de que Dios está en todas partes. *repetir el punto 1*
3. No hay comparación entre la mayor parte de México, y algunos lugares en guerra o paupérrimos; incluso, nuestro remedo de democracia y de libertad de expresión es mejor que lo que se vive en varios lugares.

Sería mejor  decir que "México no es un buen país para que viva mi familia, aunque es un maravilloso lugar para millones de personas: otras". Yo no quiero estar en un lugar donde el gobierno le dice a los ciudadanos que "ya chole con sus quejas". Aquí el desgobierno, el valemadrismo y la corrupción se viven en la médula de las instituciones. Dejan mucho que desear el sistema educativo y el sistema sanitario. En cuanto a cultura... me entiendo mejor con personas de otros países, o con mexicanos que no son como la mayoría. Eso último queda muy mal, pero así es. En el norte, la gente es franca y leal, pero también de mecha muy corta, y progre enceguecida; en el centro perviven discriminaciones del siglo XIX y miseria que supura envidias.  En donde se viven o se han vivido olas de violencia, la descomposición social es de dar miedo.

Vivo en uno de los estados más seguros del país, y hace poco me dijeron "se están llevando muchachas de acá arriba", como quien dice "han estado robando tapones de coches en la otra calle". No hay día que no aparezca en Facebook o Twitter, que otra mujer se ha "perdido". Mi niña está segura, pero no quiero que crezca con eso alrededor. Allá lejos son terroristas, acá son los militares, o quien pueda imponerse.

Silvia Parque 

viernes, 16 de octubre de 2015

Ni de allá, ni de acá; de mi casa

Nunca he sentido como parte importante de mi identidad, ser "mexicana". Ni de niña sentí amor por la bandera o el himno. Sí me emociona ver a mexicanos haciendo algo especial; siento que son algo "de mí". Y me parece que sería casi cruel vivir sin tacos y enchiladas.

Tampoco me parecía importante ser del rancho grande de donde vengo, pero cuando me instalé a vivir en Querétaro, me di cuenta de mis diferencias, extrañé lo que conocía, sentí evidenciarse y crecer los afectos por "lo de allá". Sé que cuando cambie de país, me pasará lo mismo respecto a México.

De cualquier modo, cambiaré de país, un día. Espero que mi hija viva su adolescencia en otro lugar del mundo. Me costará alejarme más -físicamente- de la familia extensa, pero tengo bien asumido que una ha de hacerse el camino por donde toca hacerlo.

Un día que fui de visita a mi tierra me di cuenta de que ya no era "de allá". A esta ciudad, sin embargo, nunca he podido hacerla mía; tal vez, más bien, nunca he podido hacerme suya. Resolví que no era de aquí ni de allá, sino de mi casa. Por eso, buscando destino para ir visualizando el futuro, hay varias cuestiones a tomar en cuenta, pero no tengo conflicto con estar donde sea; seré de mi casa.

Silvia Parque

sábado, 22 de agosto de 2015

De persona a persona

Esta semana volví a subirme a un camión. No lo había hecho desde que nació B. Iba yo sola; haremos lo posible para que ella no conozca el sistema público de transporte de Querétaro, mientras siga siendo ineficiente, inseguro y sucio. Pero yo tendré que usarlo de cuando en cuando, e iba de regreso a mi casa, luego de lo que salí a hacer... vi un lugar vacío junto a una ventana. La mujer en el asiento del pasillo no se inmutó; le pedí permiso para pasar, y prácticamente no se movió, como si no entendiera. Yo me dije "pues voy a pasar, cómo que no", y atravesé por el angosto espacio entre sus piernas y el asiento de adelante. Un segundo... tal vez tres segundos pasaron antes de que entendiera que era una persona indigente. El olor me llegó en el primero de los dos pasos que se requerían para llegar al asiento de la ventana. Ella estaba realmente sucia, aunque no iba vestida de manera extraña o con ropa raída; de hecho, no había nada indecoroso en su vestido o en su modo de andar. ¡Pero qué olor! Me aparté lo más que pude y casi saco la cabeza por la ventana. Me sentí muy mal. Primero me digo a mí misma "pues paso porque paso, qué le pasa a usted", y luego no quiero estar cerca. Una persona, igualita que yo, hasta bonita. Tal vez no tenía mucho tiempo en la calle; tal vez su familia la estuviera buscando o viviera con el apuro de saberla por ahí, en esas condiciones... Así que me senté con normalidad, y traté de portarme como creo que es correcto para alguien que se dice cristiana. Pero no pude más que actuar -que no fingir-. Fui por los diez minutos que compartimos, pensando, ¿y si tiene piojos? ¿Si me los pasa? ¿Si le brincara un piojo a mi niña? No es la mejor actitud, pero es la actitud que me fue posible. Se desocuparon dos lugares, pero me pareció que sería evidente que me estaba alejando de ella, así que me quedé donde estaba. Se bajó. Me recordó a una tía: de verdad era una mujer bonita. Me habría gustado ser amable de verdad; pero un día...

Silvia Parque

sábado, 28 de marzo de 2015

La niña siria que se rinde

Matt decía que en su barrio asaltan y yo creí que tenían plaga de carteristas.

La experiencia siempre se cuela en la percepción y la asignación de significados.

Cuando vine a vivir a Querétaro, pasé meses creyendo que los "cuetes" (cohetes) en honor al santo de la ocasión, eran balazos.

Pero yo crecí en un lugar seguro: un mundo seguro, un hogar seguro. Sé que las cosas no tienen que ser como no deben ser.

ESTA niña, que cree que una cámara fotográfica la está amenazando, quién sabe qué pueda entender o creer sobre las posibilidades de estar bien, en medio de lo que le toca vivir.

Silvia Parque

miércoles, 25 de marzo de 2015

Arcoíris

He visto el arcoíris de mayor brillo, entre todos los que haya visto; el primero del que puedo percibir un arco completo. Salí para verlo mejor, y noté a su compañero: ese arcoíris tenue que suele aparecer junto al principal, nada más si una se fija bien. Qué cosa más bella.

Silvia Parque

jueves, 19 de febrero de 2015

Notitas de la Historia de Querétaro

- La región queretana fue muy próspera en los siglos XVII y XVIII, en gran medida gracias a su posición geográfica: había que pasar por aquí para llevar productos a otras partes del centro del país, y a las "ricas zonas mineras del norte". Todavía en los inicios del siglo XIX, las grandes haciendas y la actividad industrial, dan cuenta de la prosperidad de la región.

- La vida pública y privada estaba teñida de religión. La gran cantidad de templos y conventos correspondía a una cotidianidad llena de eventos religiosos. Si bien, hubo religiosos conspirando para iniciar la revolución independentista de 1810, en principio, la sujeción religiosa contuvo el ánimo belicoso desatado por la inconformidad con las reformas borbónicas.

- Ya como parte de la "República Mexicana", Querétaro participó en la Historia desde su forma de ser, conservadora y religiosa. Se resistió a transformar las instituciones coloniales; cuando llegó el momento, apoyó el proyecto de imperio de Maximiliano, y durante la Revolución de 1910, la participación de los queretanos "fue escasa".

Notas-resumen, de "Querétaro. Una historia compartida", escrito por Cecilia Landa Fonseca. (1990, Gobierno del Estado de Querétaro, Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora).

viernes, 23 de enero de 2015

En Querétaro hay "Pueblitos"

En cada lugar hay algunos apellidos comunes. En Querétaro, por ejemplo, parece haber muchos "Olvera". Puede que también, cada lugar tenga no solo nombres comunes, sino algunos que no se oyen por otros lados. Aquí me sorprendió encontrar personas que se llaman "Pueblito". Un nombre en diminutivo; que es para mujer siendo masculino como sustantivo; que significa: "conjunto de personas de un lugar" (según la RAE). Ya me acostumbré, pero al principio me sonaba extraño. Alude a la Virgen o Señora del Pueblito, que es venerada por acá.

Silvia Parque

sábado, 10 de enero de 2015

Mi experiencia en el centro de salud, estando embarazada

Estoy inscrita en el Seguro Popular. Más de una vez, antes de estar embarazada, fui al Centro de Salud que me correspondía, y recibí atención médica y medicamentos. Me había ido bien; pero mi experiencia durante el embarazo, como usuaria del servicio, no fue buena.

En primer lugar, señalo que no todas las unidades son iguales. Al cambiar de domicilio, cambié de centro de salud, y la infraestructura era mejor en el primero que conocí. Voy a hablar del centro en el que me estuve atendiendo por unos dos meses. Está en la delegación Epigmenio González, en el municipio de Querétaro.

Recibir atención ahí, significaba levantarme de madrugada para estar haciendo fila afuera de las instalaciones, a las 6:30 de la mañana, y esperar ahí, a que abrieran, a eso de las 8:00. O las 8:30. O la hora en que buenamente pudieran abrir. Los primeros meses del embarazo, eso significa estar ahí con náusea, con frío, y sentarme donde fuera posible, o permanecer de pie. Ni qué decir de estar esperando con una infección en las vías urinarias, o cualquier otra condición.

El baño de mujeres estuvo descompuesto durante semanas. Ni el de hombres, ni el de mujeres, tuvo nunca los suministros necesarios (papel higiénico, jabón, papel o algún aparato para secar las manos); pero lo más desagradable era que no siempre estuvieran limpios. El baño del primer centro de salud al que iba, sí que comúnmente estaba sucio; me extrañaba que llegué a entrar cuando lo acababan de abrir, y los botes de basura rebosaban... también tenía puertas que no cerraban...

Pero volviendo al centro que me corresponde ahora: El espacio al que podría considerarse pasillo y sala de espera, solía tener el piso sucio. Hay quien pensará que eso es culpa de los usuarios que ensucian, y tal vez; pero es responsabilidad de quienes manejan la institución. En las bancas para esperar turno, siempre insuficientes por la mañana, había algunas sin asientos. Pero lo peor eran las sillas del aula donde fui a varias pláticas para embarazadas; no sé si estarían muy viejas, pero varias no servían, y vi caer a tres mujeres con todo y sus panzas. El aula en sí misma, no tenía las condiciones adecuadas; con un pintarrón rayado de los que ya no vuelven a quedar blancos, con cajas de cartón y otras cosas apiladas en una de las esquinas, con mala ventilación.

Antes de entrar a la plática o a consulta, leía los carteles de las paredes. Ponen los que les manda el Sector Salud, más alguno de algún farmacéutico. Los demás, habría que saber quién los hace para darle un cursillo, porque son una vergüenza. Que los letreros con avisos estén pobremente redactados, parece que ya es parte de nuestra cultura mediática: vale. Que haya anuncios superpuestos, mal pegados, de torpe diseño, no tiene gran importancia. Pero había tres periódicos murales con campañas educativas o de divulgación; dos de tres, no solamente mal presentados, sino realmente mal escritos, con pésima ortografía. Sobre el contenido de la información, tengo mis objeciones; algunas, serias; pero eso podría ser cosa muy mía. Lo de que esté mal escrito, en un ámbito institucional, sí me parece nefasto. Resulta difícil confiar en lo que van a enseñarme, supuestamente desde su conocimiento científico, personas que no pueden escribir bien, palabras comunes que manejan cotidianamente.

Luego escribiré sobre la atención brindada por las personas...

Silvia Parque

jueves, 20 de noviembre de 2014

Frío

Ha hecho frío de modo que traje un suéter grueso todo el día. Usualmente, aunque haga frío en la mañana, hacia mediodía se pone templado de modo que no es agradable andar con un suéter grueso. Puede que sea nada más un frente frío -que habían estado anunciando-, o a lo mejor es que el otoño se va acercando a su segunda parte -esa pegada al invierno-.

El frío me gusta porque me recuerda a mi rancho; pero ahora me pone melancólica -no es que deje de gustarme-.

Cuánto se antoja un abrazo largo...

Silvia Parque

lunes, 10 de noviembre de 2014

Encontrando a un médico en la era de Internet

Debía encontrar un médico especialista. Lo primero que pensé fue en preguntar a los conocidos de confianza; pero no tenía mucho tiempo, y sabía que las necesidades de atención de mis conocidos, han sido diferentes a las mías. Consideré la distancia hacia el consultorio. Como no tengo coche, puede hacerse muy complicado ir a lugares que queden lejos. Pero tampoco iba a elegir a alguien en quien requiero confiar para hacer un trabajo importante, por el hecho de que consultara cerca de mi casa... que por cierto está lejos de ubicarse en la mejor zona de la cuidad.

Fui a la Sección Amarilla, para empezar por algún lado. El especialista con un consultorio cercano a mi casa, tiene un nombre que no me inspira confianza: me recuerda al Centro de Salud -de atención pública-, en el que he tenido variopintas experiencias inclinadas a "preferiría no regresar". Si alguien piensa que el nombre de una persona no tiene relación alguna con su capacidad, profesionalismo, etc., me declaro completamente de acuerdo. Pero eso sentí, y lo que siento cuenta mucho en las elecciones de mi vida personal. Podía darle una oportunidad -no es que el médico la esté pidiendo...-, pero aunque siempre hay el riesgo de que una quede insatisfecha, prefiero no arriesgarme a pagar honorarios, ya yendo con una mala predisposición. Google Maps me mostró cómo se ve afuera de su consultorio, y la foto también jugó en contra.

Lo más importante era que necesito a alguien cuya "visión sobre la salud", por llamarla de alguna manera, sea compatible con la mía. Así que entré a una página de internet de una organización local que tiene esta visión. Aunque se ofrecen a recomendar médicos, hay que contactarlos para que lo hagan: no tienen una lista desplegada en la página. Tomé palabras clave de los temas asociados con la atención que necesito, desde la visión que prefiero, y Google volvió a remitirme a la página recién visitada, pero a la sección de testimonios. Ahí, una persona comenta su experiencia y menciona a dos médicos; del primero, no dice el nombre, porque terminó dejándolo por razones que yo compartiría, y luego dice con quién fue a parar, y lo bien que le fue. Su descripción toca los puntos clave necesarios para conocer el trabajo -en ese caso- de la doctora.

Esa era la persona que necesitaba. Así que volví a Google, a buscarla a ella. Su consultorio queda prácticamente en un extremo opuesto de la ciudad, en relación al lugar en el que vivo. En camión, tal vez tendría que tomar dos rutas, y tal vez caminar... nada operativo; en taxi saldría carísimo. Extrañamente, la dificultad me hizo confirmar en la sensación, que era la persona a la que quería consultar; como he dicho, lo que siento cuenta mucho. Encontré un foro en el que otra persona la recomienda, y afortunadamente, también relata por qué. Gracias a Google, pude ver que pertenece a un par de asociaciones: una que según yo, aumenta sus credenciales, y otra que me confirma que será compatible con mi forma de pensar; vi que participó en tal congreso, y que además del primer consultorio sobre el que me enteré, atiende en una Clínica mucho más cercana a mi ubicación. Entré a la página de la clínica; me gustó; vi el precio de algunos de sus servicios, y me parecieron razonables. Finalmente, entré al perfil de Linkedin de la doctora. Ahora voy a hacer una cita.

Pensé en qué importante es ahora, la "cara" del profesional que se muestra en Internet, en qué importante puede ser que las recomendaciones se hagan públicas...

Silvia Parque