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martes, 30 de marzo de 2021

Apuestas en la crianza

Usualmente, mi hija se queda dormida junto a mí, en mi sillón; cuando según yo, ha llegado al sueño profundo,la llevo a su cama. Soy buena para hacer ese cálculo; sin embargo, puede pasar que esté bien dormida y se queje cuando la muevo; entonces, a veces la dejo en mi sillón; a veces, como hoy, me la juego. Y ha sido malo. Despertó, lloró, lloró, lloró, pataleó, se retorció, me empujó, me atrajo hacia ella... Sufrió bastante.

Mi ser mamá es un continuo tomar decisiones que son una apuesta. Trato de tener información suficiente, de poner atención, de reflexionar, pero de cualquier manera podría equivocarme... o elegir bien e implementar mal...

No me atormento cuando fallo porque una golondrina no hace verano; pero es tan malo que ella sufra, que me importa mucho no añadir posibilidades de que la pase mal a todas las que ya vienen con la vida. . 

He puesto música relajante y funcionó. No sé que tan dormida está, pero duerme. 

Silvia Parque

jueves, 12 de julio de 2018

Personas difíciles

Todos tenemos una herida en lo profundo de nuestro ser; lo que hacemos con ella es mucho de lo que somos. Tal vez por eso, cada historia de vida es realmente interesante, hasta la de la persona más aburrida.

Conforme fui capaz de ver más allá de mí misma pude darme cuenta de que los demás adolecen de lo suyo. Unos lo llevan mejor que otros, pero cada cual tiene asuntos que le estorban, le complican, le hacen hacer de un modo que no es el que quisiera o simplemente le duelen, al menos durante temporadas.

Dicho lo anterior, de todas formas creo que habemos personas complicadas que adolecemos singularmente, como si adoleciéramos no de "algo" sino del ser, tal vez con más daño por la herida original, quién sabe... Dependiendo del carácter y de las elecciones que hagamos podemos ser más o menos difíciles para el resto del mundo, pero siempre somos difíciles para nosotras mismas. Un día lo aceptas y aprendes a llevarte bien con eso, como quien tiene diabetes o algo así.

Silvia Parque

jueves, 15 de marzo de 2018

Nuestras inteligencias

El año pasado, Macondo publicó "Inteligentes, listos, guapos y del montón". Pensé en escribir lo que pienso al respecto; mis ritmos son tales, que pasaron seis meses, pero aquí está:

Salvo excepciones que confirman la regla, los niños parecen destacadamente inteligentes porque lo son y lo son "destacadamente" en primer lugar respecto a los mayores. Trabajé con niños varios años, observo a los niños siempre que puedo y me queda claro que son increíblemente inteligentes y que la familia, la escuela, la tele y demás, con los años, van atrofiando el pensamiento y la creatividad.

El problema lógico de que no pueden ser "muy" inteligentes todos los miembros del grupo "niños" se arregla considerando que cada cual tiene una inteligencia singular: una destacada inteligencia particular, suya. Los niños pequeños tienen la maravillosa capacidad de ser quienes son y cuando una persona es quien es piensa solo como ella, crea solo como ella. Así son las criaturas hasta que el mundo los convierte en "gente estándar".

Ahora bien: he dicho que la inteligencia y la singularidad van en decadencia conforme se cumplen años. Entre los adultos, la mediocridad es la regla; lo digo en un sentido no peyorativo. Son estos adultos los que valoran y comparan las inteligencias de los niños, así que suelen hacerlo de formas medio tontas. Y ahí tenemos a los abuelos, madres, etc., empeñados en que sus nietos, hijas, etc. son algo que no son, destacan de forma que no destacan, etc.

Luego: para quinto o sexto de primaria, los niños ya han sido saqueados por el sistema cultural y el sistema educativo. Es en este "punto" donde puedo estar de acuerdo con Macondo. Hablando de inteligencia como la capacidad para emplear recursos disponibles, resolver problemas -entre los cuales está el aprobar los cursos- y entender el mundo, en esta etapa de la vida, efectivamente hay unos más inteligentes que otros: pocos muy inteligentes, pocos muy poco inteligentes y muchos medianamente inteligentes. Me resulta odioso que esto sea medida del valor de las personas y la reacción defensiva que eso provoca: el cuento de que todos son muy inteligentes. La gran mayoría y todos los que van a clase tendrán suficiente inteligencia como para funcionar y tener buenas ideas. Eso es suficientemente bueno y suficiente para la vida.

Yo voto por la suficiencia. Pero la sociedad da tal importancia al "ser inteligente" que casi nadie va a aceptar con ligereza y satisfacción: "mi hijo es medianamente inteligente". No gusta, de hecho creo que disgusta lo que Macondo llama "el bendito montón". Se confunde lo mediano y suficiente con lo poco y pobre; además, no se dimensiona para todo lo que alcanza "lo mediano y suficiente".

Quiero decir que si vamos a comparar inteligencias, lo que puede ser otra versión de comparar el tamaño del pene, necesariamente hay solo unos cuantos destacados. Aquí hay mucha tela de dónde cortar: ¿por qué tantos papás necesitan que sus hijos sean "lo más"? La respuesta inmediata podría ser: para dejar de sentirse, ellos, menos. Pero a lo que voy es: la comparación es innecesaria.

Lo innecesario de la comparación me remite al fenómeno de las maravillosas inteligencias de los niños pequeños. Los primeros años de vida son los años en los que más y mejor aprendemos: cosas del desarrollo cerebral -y de lo mucho que necesitamos aprender en ese momento-. Pero lo que queda cuando esta capacidad decrece podría seguir siendo sorprendente si supiéramos apreciarlo. A ver si me explico...

Hay un embrutecimiento general de las masas; pero también hay capacidades valiosas, específicamente inteligencias valiosas en las personas comunes: la inteligencia de cada cual. A lo mejor es que no hemos visto bien y si vemos, seremos capaces de observar todas nuestras inteligencias brillantes y prolíficas.

Silvia Parque

jueves, 7 de mayo de 2015

Somos como todos

He estado aprendiendo en los últimos años, que lo que aplica para los humanos, aplica para una y para los humanos alrededor de una. Es cosa de eso que se le dice a la mamá convencida de que su chico es algo fuera de este mundo: "sí; todos los adolescentes son vulnerables a la tentación, excepto el tuyo". Así, el alcohólico cree que él sí será capaz de dejar la bebida cuando quiera solamente por desearlo...

Silvia Parque

martes, 17 de marzo de 2015

Aguantar o soportar, en el amor

Siento interés por las parejas que han conseguido mantenerse unidas, amándose a través de décadas; por las parejas de personas mayores que consiguen llegar a la vejez, no simplemente coexistiendo en una casa, sino realmente siendo una pareja sentimental.

Cuando se piensa en las características de esas personas o de su relación, se considera lo positivo: que se demuestran el afecto, que se cuidan, que consideran las necesidades de la otra persona, etc. También se pueden abstraer ciertos "principios estratégicos": no dejar que los hijos se interpongan en la relación, resolver los conflictos antes de que crezcan... Pero hay algo que creo que a nadie le gusta notar y que es de lo más importante; algo que sería políticamente incorrecto sugerir a las parejas actuales: estas personas, en un momento u otro de la relación, han "aguantado" o "soportado" una mala actitud o un mal comportamiento de la otra persona. Más allá de tolerar algún hábito molesto, ha sido necesario que durante algún tiempo, permanecieran en la relación cuando estaban siendo tratados de una manera injusta, oprobiosa o indebida. Y si a nadie cuerdo le ha gustado nunca "aguantar" o "soportar"; menos, en estos tiempos. 

Por supuesto: el amor no se trata de el aguante: el amor da buen fruto y crece entre el respeto y la amabilidad. Pero por una u otra razón, el amor entre dos seres imperfectos tiene malas rachas, en las que se ensombrece dejando partes de la relación vulnerables y expuestas a una gama de cosas penosas. Actualmente, creo, cuando "lo penoso" ocurre, se deja morir lo que quede de amor y cada cual se pone a salvo.

He oído a algunas mujeres mayores, decir que si hubieran tenido la facilidad para salir adelante económica o socialmente después de un divorcio, se habrían divorciado cuando el esposo hizo esto o aquello. Así que algunas mujeres del siglo pasado, tal vez muchas -hablo con más mujeres que hombres-, se quedaron en una relación, a pesar de infidelidades, abandono emocional, groserías, etc., porque sintieron que no tenían opción. Pero otras se quedaron porque querían conservar el matrimonio: por amor, del modo en que entendieran el amor, y finalmente, la esperanza de que las cosas "se arreglaran" se convirtió en realidad. Quince años o treinta años después de la crisis, haber "aguantado" o "soportado" un tiempo, no parece haber sido mala idea. Esto es delicado porque puede confundirse con la pasividad de quien está en posición de víctima. Aceptar un trato indigno es un lento suicidio emocional; esperar que el violento cambie sin hacer nada al respecto es peligroso e inefectivo. No se trata de eso. Tal vez se trata de ser sagaz en medio de la defensa de lo que es propio...

Silvia Parque

sábado, 7 de marzo de 2015

De caídas célebres

A mí me atraen las prédicas que hablan de los pecados y los fracasos de las grandes personas de la Biblia. Me gusta pensar en la duda de Pedro, en la vida desordenada de la mujer a la que Jesús le pide agua, en el casi reproche de la hermana de Lázaro, en los discípulos quedándose dormidos, en las debilidades del rey David. Como que así me queda claro que yo también quepo...

Silvia Parque


jueves, 29 de enero de 2015

Sobre admirar criminales

Las personas son personas antes de ser carpinteros, artistas o lo que sean; no dejan de serlo si son miserables, tontas, etc. Así que miro al criminal como al hijo de alguien, como a un sujeto cuya forma de vida expresa la cultura en la que vive; como a Fulano de Tal, en quien confluyen multitud de condiciones y circunstancias. Habrá matones que amen a sus hijos y sean tiernos con ellos: la vida real no genera villanos de caricatura. Pero apartar la visión maniqueísta y ser capaz de ver lo bueno que tenga cualquiera, no debería soslayar la condena del crimen. No me refiero a condenar a las personas, sino a los actos criminales. Y a mi parecer, el repudio debería ser de tal naturaleza, que no permitiera apreciar como "bueno" nada de lo que envuelva: si Fulano de Tal muestra su sagacidad y creatividad en la planeación y ejecución de un crimen, puedo reconocer que hubo sagacidad y creatividad; pero no admirarlas, no de modo que se coloque a Fulano como ejemplo de sagacidad y creatividad, por muy sagaz y creativo que sea.

Silvia Parque

martes, 6 de enero de 2015

Lo musical

Estoy pensando que la música tiene propiedades mágicas. No nada más lo que hacen los instrumentos musicales, sino la melodía en el sonido de las canciones (de las letras, sin la música).

Pueden cambiar un estado de ánimo, un ambiente completo. Hay sonidos de la naturaleza que producen armonía; pero creo que no transmutan mágicamente lo que han producido humores humanos, como lo hecho por humanos. Creo.

Silvia Parque

martes, 23 de diciembre de 2014

Estar amando y amar

Entre las cosas sorprendentes que pasaron en mi tiempo de análisis estuvo esta pregunta-declaración de mi analista, que he comentado alguna otra vez:

"¿Y por qué piensa que eso no es amor? El amor es de muchas maneras".

Yo estaba hablando de que alguien no me amaba, puesto que se había portado de un modo que no corresponde con "el amor".

La verdad es que las personas nos portamos nada más que como personas. Cuando alguien engaña, ofende, deja de lado al otro, etc., no le está amando con esos actos, puede que no le esté amando en absoluto; pero que no esté haciéndolo, no significa necesariamente que no lo haga.

Silvia Parque

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Inacabados

Interesada por el Doodle del día de hoy, me entero de que se cumplen años del natalicio de Anna Freud. Leo un par de notas sobre ella y me quedo con lo siguiente, que hay que tomar con las reservas que implica el sacarlo de un artículo para un diario:
[...] extrajo conclusiones como que en el niño, a diferencia de en el adulto, están ausentes la conciencia de enfermedad, la resolución espontánea de analizarse y la voluntad de curarse.
Fui a varias pláticas "para embarazadas" que ofrece el Sector Salud, y en una de ellas, preguntó la Trabajadora Social: "¿Ustedes qué creen que hace el recién nacido si tiene dificultades para respirar?" No sé si pensamos en respuestas, pero nadie dijo algo, y ella respondió: "no respira".

El bebé nace inacabado. El niño necesita muchos años para "completarse" como especimen adulto. Estaba aprendiendo cosas interesantes sobre la neotenia en "El mono desnudo", y perdí el libro. Pero sigo viendo a los niños alrededor, y veo cuánta falta les hacen todos los demás. Por eso vienen equipados para provocar amor.

Silvia Parque

martes, 7 de octubre de 2014

Los animales no son personas

Los animales no son personas. Aunque parezca evidente, porque no son seres humanos, creo que no es ocioso recordarlo, a la vista de algunas defensas de los animales, que me parecen un tanto disparatadas -como nota: "persona" no es lo mismo que "ser humano"-. Los animales son seres vivos. Desde mi visión, son seres vivos a quienes debemos cuidado por nuestra posición superior en la escala evolutiva. Sí: posición superior; no somos iguales. ¿Que nosotros inventamos esa escala? Pues sí: así como creamos la cultura entera. ¿Que algunos animales se portan mejor que muchos humanos? Pues sí, penosamente, y de cualquier forma: primero están las personas. ¿Que es injusto para los animales? Posiblemente; es más: probablemente -"probable" no es lo mismo que "posible"-. Nosotros creamos la escala de valores; no solo "administramos" la justicia: la creamos, y "el que parte y comparte, se queda con la mejor parte"; lo digo con cinismo por falta de otro recurso, pero así lo veo.

Estoy en contra de usar a los animales como cosas: son seres vivos; claramente sienten dolor, y sea o no que sientan sufrimiento -"sentir dolor" no es lo mismo que "sufrir"- está mal molestar a otro ser vivo, es malo causar dolor, y es inhumano sujetar a un ser vivo a un dolor continuo. Por lo tanto, no pueden gustarme los experimentos con animales, que siquiera les causen incomodidad. Pero que no me gusten no quiere decir que no los acepte, si no hay otro medio descubierto para investigar sobre algo que eventualmente pueda servir para paliar un dolor humano. Me parece execrable el modo en que se trata, en muchos rastros o equivalentes, a los animales con cuyos cuerpos nos nutrimos. Admiro a las personas que en oposición a formas inhumanas de cría y de matanza, dejan de comer carne, en tanto no pueden asegurarse de que la carne llegó a su mesa tras un proceso aceptable. Creo que eso debería hacer una persona que piensa lo que expuse que pienso; pero yo pongo primero mi necesidad de proteínas y mi estilo de vida, que no es solamente "gusto", que es también necesidad cultural -no por "cultural", menos "necesidad"-. Y no acepto que mi chuleta venga de un "asesinato". Por último: hay una diferencia importante entre matar para comer, y divertirse molestando, causando dolor, y/o matando. Pero tampoco voy a llamar "asesino" a un cazador o a un torero, aunque a veces sienta ese impulso.

Todo esto, porque estaba pensando en las mascotas. Mi abuela, de tiempos en los que la gente era más ruda, no podía entender cómo se podía gastar dinero en una mascota; conocía a una señora que le compraba buena carne a sus perros, y mi abuela la criticaba, diciendo que cómo hacía eso, con tantos niños sin poder comer carne. Yo no pienso como ella: los animales de casa se convierten en "parte de nuestra familia", y corren con nuestra suerte: si podemos comprarles el mejor alimento, si podemos comprarles un gran sofá para su uso exclusivo, no hay algo malo en ello. Pero he puesto "parte de nuestra familia" entre comillas. No son familia humana. Es muy triste, pero sí: son sacrificables. Y no: el abuelo viejo y enfermo, el niño latoso, el tío con hábitos extraños, no son sacrificables. Con esto no quiero decir que esté bien que la gente se deshaga de sus animalitos -por ejemplo, cuando dejan de ser cachorros simpáticos-: creo que eso pasa usualmente porque la gente es irresponsable, y que habrá que ver cada caso, pero generalmente, el abandono o desprendimiento tienen de fondo algo que se merece un "tache". Pero no: los animales no son igual que las personas.

Silvia Parque

lunes, 1 de septiembre de 2014

Sobre "ver" personas feas o bonitas

A menudo hay intención de dar valor a las personas, dando un giro a la visión de sus características, de modo que no sean consideradas como defectos. Efectivamente, vemos algo como "positivo" o "negativo", según un marco de referencia; si cambiamos el marco, cambia la atribución. Luego, hay que asumir que es humano vivir con marcos de referencia: así entendemos el mundo y conseguimos movernos en él.

A veces se pretende cambiar todo un marco de referencia cultural como si fueran pestañas postizas. Pasa a menudo con las ideas sobre la belleza... como si fuera muy importante no considerar "feo" a nadie -lo cual sitúa a la belleza/fealdad como algo muy importante-. Pero, que alguien nos parezca "feo" no tiene por qué significar que nos parece "menos valioso". A menudo sí significa eso y por eso hay que revisar cómo vemos a la gente; pero es normal considerar que Fulano es feo o Perengana es fea. No creo que sea bueno pretender que somos tan evolucionados que solo vemos la belleza interna -sí creo que haya quien está en eso; pero la mayoría de nosotras, no-. Otra cosa es aprender a ser discretos respecto a lo que valoramos -algo que se supone debíamos conseguir, antes de la edad adulta-.

También creo que podemos ampliar nuestra capacidad de apreciar la diversidad humana, de manera que se amplíe nuestra capacidad de ver belleza y que de hecho podemos encontrar belleza en cualquier persona, ejerciendo buena voluntad en la mirada. Pero, tal vez baste con hacernos preguntas como: ¿qué es lo primero que notamos en alguien?, ¿cuál característica de su persona usamos para recordarle? ¿Preferimos que eso sea lo primero que veamos o a lo que más atención prestamos? ¿Cuál es el sentido de que compartamos con otros, nuestra "valoración" sobre la belleza/fealdad de una persona?

Silvia Parque

sábado, 30 de agosto de 2014

Brad Pitt y Angelina Jolie

Opino que no tenemos idea de lo que pasa en la vida privada de las figuras públicas; ni cuando exhiben "mucho" de lo que les pasa. Si Fulanita o Perengano hace o deshace, lo único que conocemos es el hecho sucedido -en caso de que sea cierto-; no sabemos cuál es la situación ni la circunstancia, así los medios publiquen historias de la niñez del susodicho o susodicha y la opinión de quienes sí les conocen. No tenemos idea de las batallas interiores que lidian, ni sabemos lo que hay en su corazón.

También creo que es natural sentir interés por los "cuadros humanos". Al leer o escuchar que Fulanita o Perengano hicieron o deshicieron, una supone, conjetura, valora, etc. Es un ejercicio mental aceptable si no tiene el propósito de sacar punta a una flecha para acribillar. Aunque Fulanita o Perengano estén a miles de kilómetros y no les pase nada por lo que una piense o diga, pensar mal es pensar mal, hablar mal es hablar mal, incluso haciendo justicia a "la verdad". Pero bueno: lo mismo vale al revés. Al tener por buena a una persona que es figura pública, habría que recordar que en realidad no conocemos lo que hay detrás de lo que se ve. A veces se reflexiona bien poco, cuánto del supuesto oro puede ser pintura dorada.

La larga introducción es cosa de mi neurosis. En realidad, quiero hablar de la simpatía que me producen Brad Pitt y su relación de pareja. Tengo la impresión de que el hecho de que tal relación iniciara cuando Brad Pitt estaba casado con otra, colocó a la esposa actual como bruja -que haga el papel de "Maléfica" no debe ayudar mucho-. La infidelidad no me parece poquita cosa -para nada-; pero yo lo que "veo" desde mi lejanía, es que él la ama; es más: siento que la adora. Me gusta eso y creo que tiene que haber algo muy bueno en una mujer que es querida de ese modo (aunque lo "muy bueno" fuera nada más ese amor que se le está dando).

Enterarme de su boda me hizo recordar una declaración "tipo carta" que se atribuye al actor y me encanta:
Mi mujer se enfermó. Ella estaba constantemente nerviosa [...] 
[...] Se volvió muy delgada y lloraba continuamente. No era una mujer feliz. [...]
No dormía bien, conseguía dormir solo por la mañana, y se cansaba rápidamente durante el día. Nuestra relación estaba a punto de romperse. 
Su belleza se le iba; tenía bolsas bajo los ojos, estaba perdiendo la cabeza y dejó de cuidar de sí misma. [...]
Perdí la esperanza [...] Pero entonces decidí actuar. [...]
Empecé a consentirla con flores, besos y cumplidos. La sorprendí y la atendí a cada minuto. Le di muchos regalos y vivía solo para ella. Hablaba en público solo de ella. Incorporé cada tema en su dirección. La alababa frente a ella misma y frente a nuestros amigos.
No lo creerás, pero floreció. [...]
En realidad, Brad Pitt no escribió nada de lo anterior; pero no importa. Me encanta lo que expresa el texto, tal vez porque he estado "enferma" y he visto cómo hace milagros cubrir de amor a una persona. Carta aparte, veo amor en grado de admiración, en el apellido compuesto que llevan sus hijos, con el de ella por delante (Jolie-Pitt). Él la acompañó en el proceso de una doble mastectomía y no se espera menos, pero eso vale. Ojalá les vaya muy bien.

Silvia Parque

jueves, 28 de agosto de 2014

Berrinche privado

A veces, me enojo. Y a veces, cuando me enojo, hago berrinches. Son del tipo: decir lo que pienso, hacer el cuerpo hacia adelante, y volver a decir lo que pienso, sin filtro. Si me explayo, el decir lo que pienso puede alargarse.

Hace meses, "el filtro" siempre está ahí y recibo la señal de "alarma: detente". Pero a veces de cualquier manera hago berrinche. Desde mi percepción, que por supuesto, es la única que tengo, siempre me enojo por una buena razón... que frecuentemente no valga la pena echarme a perder el rato, es otra cosa; pero hay una razón a la que corresponde el enojo. Sin embargo, nunca hay razón para el berrinche; se justifica porque apenas me ando ejercitando en autodominio, y aunque tuviera mucha práctica, soy humana; pero la verdad es que cuando escudriño por qué decir lo que se me viene a la cabeza, y por qué hacerlo de ese modo, me doy cuenta de que no tenía una necesidad realmente irreprimible de expresarlo, ni se ganaba nada con decirlo; lo que es más importante: lo que digo en el berrinche, ¡no es el motivo del enojo!, y lo peor: como no es el motivo del enojo sino una queja descompuesta: deslegitima el enojo -para el que sí había razón-. Creo que es así porque en estado emberrinchado es muy difícil que algo salga bien.

Así que he llegado a la conclusión de que soy muy mayor para más berrinches; los que sean necesarios, los haré en privado, nada más para mí misma. Acaso puede ser con una amiga. No con la persona implicada en el enojo.

Silvia Parque

miércoles, 20 de agosto de 2014

El habla

En los inicios del Psicoanálisis, se hablaba del método de Freud como "la cura del habla". Hablar cura. Tanto, que a veces no tenemos ni que decirle el mensaje a la persona para quien va dirigido; basta con decirlo: sacarlo del alma. Otras formas de expresión hacen lo mismo: sacan del alma lo que está haciendo daño adentro -o lo que podría llegar a hacer daño-; pero la expresión verbal está tan intrincadamente enlazada con nuestro "ser humanos", que el habla cura de manera singular.

Silvia Parque

lunes, 21 de julio de 2014

No es justo

Van a ser ya muchos años que anoté esta frase, de la película Laberinto:

"'No es justo'. Lo dices tan seguido. No, no es justo. Pero así son las cosas". 

No recuerdo la historia; hace unos días me topé en Youtube con una canción de la peli y hasta ese momento me enteré de que participó David Bowie. Hoy he ido a buscar la sinopsis para no descontextualizar la frase, aunque sí recordaba bien que en el momento en que se dice, le está planteando a la protagonista: "¿sigues tu camino, o no?" Tal vez me recordó a mi mamá diciendo: "Nadie dijo que la vida fuera justa". La idea es: "las cosas son como son; puedes seguir adelante o quejarte; aunque tengas razón, quejándote no sigues adelante". Creo que los adultos debemos hacerle a los niños un hogar lo más consistente posible; eso se traduce en experiencias de "justicia" [las comillas son importantes]; así les equipamos con recursos anímicos y cognitivos para distinguir ese valor y re-crearlo. Pero también, los adultos a cargo acompañan al niño en sus encuentros con lo injusto y le impulsan a sobreponerse o acongojarse.

El encuentro con lo injusto es parte del dolor común al crecer; no tiene que ser un suplicio, pero algo se rompe...

Lidiar asertivamente con la injusticia es evidencia de madurez.

En los pasados servicios dominicales de la Iglesia, disfruté parábolas de futbol que me dejaron clara la importancia de estar preparados para cuando el juego se pone sucio y el árbitro no es eficaz o simplemente es injusto. Se trata de ganar jugando limpio, haga lo que haga el oponente. Lo común es concluir que eso no se puede, pero si se admite que los jugadores deben ser suficientemente buenos para aguantar minutos extra, para soportar un clima diferente al del lugar que habitan y para mantenerse concentrados pase lo que pase en las gradas, también habría de admitirse que en el futbol real, los jugadores deben ser tan buenos que se sobrepongan a la injusticia; al menos, hasta el nivel de injusticia que permite seguir jugando (supongo que habrá una magnitud de lo injusto, que haga necesario dejar el partido).

A veces "recibimos" injusticia y lo que se está jugando es la vida profesional, la supervivencia de la familia, la realización personal. Situar el caso en perspectiva, disminuye y hasta desaparece la irritación que viene con la frustración. Pero sentir disgusto es cuerdo, y es legítimo no solo querer que lo injusto termine, sino hacer lo que podamos para que termine. Esto último se pone complicado ante la tentación de la venganza, el autodominio que hace falta para no hacer nada innecesario, la dificultad de deslindar lo que es verdaderamente justo de lo que es nada más algo que queremos que sea.

Silvia Parque

miércoles, 9 de julio de 2014

Sobre cualquier cosa en relación con la situación en Gaza

Ayer me contuve de escribir una entrada sobre cualquier cosa en relación con la situación en Gaza. Me satisface doblemente haberlo hecho, porque creo que debemos estudiar mucho más de lo que opinamos, y porque ahora puedo centrar una idea. Y la idea es: pobres personas; que Dios bendiga lo bueno que haya en el aire que respiran.

Me cuido de la sensiblería cuando hay una tendencia en las redes sociales; pero no dejo que ese cuidado me apague la sensibilidad. A la sensibilidad la dejo ser, aunque la mantengo a raya para que el sentimiento intervenga más que la sensación, en la forma en que conozco la realidad. Me queda claro que si hoy veo imágenes terribles del sufrimiento de un lado, seguramente mañana las vea del sufrimiento del otro lado; seguramente, ayer ya había imágenes del sufrimiento de ese otro lado. Pasado mañana habrá cualquier cosa y yo no me ocuparé de ello. Así que no escandalizo, por más escandaloso que sí sea el nivel de sufrimiento que podemos -como humanos- crear y tolerar. Me centro y pienso en las personas.

Para pensar en las personas, sentir empatía, desearles el bien, orar por ellas, basta saber que son personas. Creo que la oración hace automático el sentir empatía y desear el bien también para aquellos a los cuales podríamos suponer -con mayor o menor razón- "victimarios" o "culpables" y creo que eso es bueno. La oración tiene la cualidad de expandir su alcance; puede cubrirlo todo.

Por otra parte, pero no sin relación con lo anterior: cada vez que se dirige la atención hacia algo en las redes sociales, se pregunta acusativamente: "¿pero qué no ven eso otro, que es peor?", o "¿cómo pueden mirar tan lejos cuando tienen tanto tan cerca y no lo ven?" No entro en polémicas, pero a veces me gustaría decir a los indignados: "para ver todo en todo momento, nada más Dios".

Es normal atender a lo que por cualquier circunstancia se pone delante de nuestra vista. Ayer atendí a las notas sobre Gaza. Vuelvo a centrar: que Dios bendiga lo bueno que haya en el aire que respiran esas personas.

Silvia Parque

sábado, 3 de mayo de 2014

Credo sobre los defectos y las personas

Creo que somos, entre otras muchas cosas, un saco de defectos.

Creo que es normal que las interacciones entre las personas generen desacuerdo y conflicto -más entre mayor sea la intimidad-; eso no tiene por qué ser problemático. Llevar el desacuerdo y el conflicto a lo problemático, es cuestión de cómo se manejen.

Creo que somo un saco de defectos que cae encima de otros sacos y botes de defectos, en la caja de un camión de redilas. Nada más poniendo buena cara, se puede hacer un buen camino, en esas condiciones y con esa compañía. Por eso aprecio la tolerancia. Hay a quien "tolerar" le parece poca o mala cosa, porque queda mal parada frente al respeto y la aceptación. Pero suponer que todos nos aceptamos completamente y sentimos un profundo respeto por el otro con la totalidad de las expresiones de su ser, creo que es ingenuo o poco honesto. La tolerancia es la puesta en práctica de un respeto que no se "siente", y eso me parece la gran cosa, así como los actos de amor que no surgen del "sentimiento". Nada promueve mejor los buenos sentimientos, que el ejercicio de las conductas correspondientes a esos sentimientos.

Creo que la mayoría de las personas, nos encontramos con la necesidad de un modo simpático de acomodarnos a los defectos de aquellos a quienes tenemos más cerca, por quienes sentimos mayor cariño. Esto sucede naturalmente con la buena voluntad, pero a veces se pone difícil o se atrofia el mecanismo por el que se consigue.

Creo, por otra parte, que la elección de una persona para amarla el resto de la vida, tiene que ver con la percepción distorsionada de que no es un saco de defectos. Todos necesitamos que alguien piense eso de nosotros. Tal vez sea el cometido principal de una familia hacia sus niños.

Silvia Parque

domingo, 27 de abril de 2014

Lo prioritario

Hoy, dos personas que no tienen relación entre sí, por cuestiones que no tienen relación entre sí, me han dado las gracias por mi disposición. Me resultó interesante que fuera justo dos días después de haber recibido un reclamo por mi negativa ante una solicitud -legítima-.

Como no se puede decir "sí" a todo, mejor tener claras las prioridades. Conviene actuar en función del compromiso con lo prioritario.

Silvia Parque

jueves, 17 de abril de 2014

Con unos y con otros

No se puede estar bien con Dios y con el Diablo.
Quien a dos amos sirve, con uno queda mal.
No se puede repicar, y andar en la procesión.

Las personas no somos una unidad -valga la redundancia- íntegra, sin contradicciones; de la falla originaria que nos constituye como  humanos -falla en el sentido geológico: quiebre, rotura- deriva no solamente la falibilidad que hace inevitable el desacierto, sino también la incoherencia, la contradicción, que por una parte enriquece nuestra complejidad, y por otra parte nos boicotea: queremos algo y queremos algo incompatible al mismo tiempo; amamos y guardamos rencor; deseamos una posibilidad desde la más honesta necesidad y andamos pobres de fe.

Creo que quien logra una integridad completa, tiene ya poco que hacer en este mundo material. También creo que hay personas sin mayor complicación, que no necesitan ocuparse de su integridad. Pero quien ha pasado por una experiencia fuerte, de abandono o de enfrentamiento, si se ha sentido "partido en dos", "con el corazón roto", "deshecho", probablemente ha quedado desintegrado, y si va por la vida sin reconstituirse, probablemente se pierda. Encontrará consuelo en unas voces, apoyo en otras, explicación en otras, y probablemente cada una de estas voces le hará replantearse su posición. Este replanteo es la base de cambios de rumbo, de crecimientos importantes; pero puede ser el origen del caos si nunca llega el momento de una definición, y se toman elementos de un lado y de otro, no para procesarlos y crear con ellos una postura propia, sino evitando asumirla.

La definición identitaria, el asumir un compromiso con una misma respecto a una cosmovisión y un modo de vida, no tiene que ser algo incólume. De hecho, no puede serlo -la falla está siempre-; la pretensión de que lo sea, genera rigidez, y lo que se requiere para poder estar bien parado en el mundo, es firmeza, no rigidez... Terminando este párrafo, creo que he dejado algo "sueltos" los dichos con los que encabezo esta entrada. La idea en concreto es que no podemos vivir conforme dice el consejero del programa de la mañana, y conforme dice el libro de desarrollo espiritual que nos prestó el amigo, y del modo en que estaría bien para nuestra familia, y según los preceptos de tal religión en el modo en que los aprendimos y esto y aquello, lo de más alla... al menos, no podemos vivir así, y vivir conforme a nosotras mismas.

Silvia Parque