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martes, 16 de abril de 2019

Hazlo mal y deja cosas sin hacer

Este blog tiene entre sus etiquetas destacadas la de "hacer las cosas". Es así porque fue el tema de mi vida durante años. Fui la reina de la procrastinación durante la eternidad que tardé en terminar mi tesis de maestría (por eso "hacer la tesis" es otra etiqueta).

Hoy, he llegado a donde necesitaba.


Hago.
Me dedico a lo que me conviene.
Me ocupo de lo que corresponde.

La clave de este logro no es un secreto, pero tal vez le sirva a alguien si lo pongo aquí, centrado y en negritas:

Lo hago mal y dejo cosas sin hacer.

Mi tratamiento empezó viendo videos de recetas de Youtube. Vi cientos de videos durante un par de años y me fijaba en las enormes "áreas de oportunidad" de los youtubers. ¿Cómo podían tener éxito -mediano o grande- con tantos errores, fallas, faltas?

Comprendí que tenían éxito por X o Y; pero fundamentalmente porque habían hecho el video y lo habían publicado, con su buena, regular o mala calidad.

Luego está la complicación de tener muchas cosas por hacer. Mi punto crítico en esta cuestión llegó cuando recibí la sugerencia profesional de jugar más con mi hija, prestándole completa atención, todos los días. Me pareció estupendo y objetivamente imposible, al menos objetivamente imposible si también hacía todo lo demás que necesitaba hacer.

Darte cuenta de que no puedes hacer nada para que te alcance el tiempo puede ser apabullante, pero también liberador. Yo opté por deshacerme de todo lo estresante de lo que pudiera deshacerme y privilegiar las prioridades. Pronto fue evidente que ni así iba a conseguir hacer siempre todo lo que era necesario (como jugar con mi hija, prestándole completa atención) y entonces la liberación fue total.

Hago lo que puedo y eso está a mil años luz de no hacer.

Silvia Parque

sábado, 8 de diciembre de 2018

Hija enamorada de su papá y mamá en lo suyo

Tal vez estos sean unos brazos de abuelo, pero la foto es linda.

Llegó el momento. He sido excluida del primer plano en la vida de mi hija. Ahora prefiere a su papá y no lo estoy asumiendo con gracia.

La verdad es que su relación es adorable. El problema es que ha coincidido con un aumento significativo en el tiempo que no estoy con ella y eso ha hecho que no solo aparte de mí su atención como consecuencia de que se enfoque en él; además se distancia de mí, molesta o "sentida" porque yo me ocupo de otras cosas mucho más que antes.

Hasta hace poco, usualmente trabajaba de noche y apenas una o dos veces al mes pasaba una o dos tardes completas de la semana corrigiendo un texto; ahora estoy continuamente ocupada. Y seguirá siendo así. Me doy tiempo para recibirla cuando llega de la escuela, casi siempre para jugar un rato y casi siempre para acostarla a dormir; obviamente hacemos las comidas juntas y compartimos el espacio cuando hago cosas de la casa; es más de lo que tienen otras niñas, pero mucho menos de lo que ha tenido. Su primera reacción ante este cambio fue castigarme con el látigo de su indiferencia durante un ratito, cuando yo "regresaba". Me pareció justo. Adaptativo. Pero en eso estábamos, cuando al parecer descubrió que su papá es mucho mejor compañía que yo.

Y sí es maravilloso con ella. Además, no es uno de esos papás que solo juegan; él cuida y educa... con más paciencia y creatividad que yo. Francamente, está siendo mucho más eficiente que yo. Y me conviene. Soy la primera beneficiada cuando hace que ella se lave las manos o guarde los juguetes. Lo otro... su "romance"... también debería darme gusto. De hecho, mientras fue "montándose", yo lo disfrutaba mucho; pero ahora tengo la sensación de que no es justo. Entiendo lo que hay que entender. Y "nadie dijo que la vida fuera justa", decía mi mamá. Pero &g#f!*x#

"¿Si sabes que es una etapa y se le pasará, verdad?", pregunta. ¿En serio? Pensar que tengo un posgrado en psicología y nunca me enteré de que podría pasar algo así. Gracias por avisarme.

"Ella te quiere mucho", dice. ¿O sea que podría parecer que no me quiere? ¿¡Parece que no me quiere!? Porque sí se siente como que no me está queriendo, pero soy una mujer adulta que entiende el afecto infantil...

Lo peor es cuando trata de integrarme a una escena, pidiéndome que haga mal tercio o pidiéndole a ella que me invite o me diga algo o lo que sea. Sé que trata de cuidar la relación madre-hija y de hacerme sentir bien, pero lo primero no es necesario y lo segundo no funciona. Simplemente, me inventaré una dignidad y la usaré para vivir este duelo. No va a ser sencillo porque soy complicada.

Uno de los elementos que complica esto es la culpa.

Hasta hace muy poco, todas mis "ausencias" se debían al trabajo. Alguna vez, con poca frecuencia, me tomaba una tarde para ir a un café o algo así; pero la dinámica era otra; ella no resentía eso. Esta semana, por primera vez, dormí en otra casa -la de mi abuela-, sin ella, y no fue por trabajo. Fui a un evento que terminaba a una hora que ya no me permitía regresar a donde vivo. Podría decir que era un evento en relación con mi ocupación, pero la verdad es que fui a pasarla bien y eso hice. Sentí culpa desde que lo decidí hasta que me subí al camión para viajar a la ciudad. El resto del tiempo, no, porque estoy entrenada para hacer la culpa a un ladito; pero sé que por ahí se queda, agazapada. Afortunadamente, B se encargó de mostrar su inconformidad y eso me hizo sentir mejor en ese sentido. Pero planeo otras salidas, noches incluidas, enteramente de placer. A ver cómo nos va.

Silvia Parque

sábado, 27 de enero de 2018

Sin internet, con ansiedad y viendo cómo aplastan a una mujer

No tener Internet en casa se está poniendo chungo. Una semana me pareció bueno: desintoxicante; un tiempo para dedicarle a otras cosas. Con la segunda semana, ya "bueno-bueno" no era, pero estaba bien; me sirvió para tener fresco cuál es el uso que le doy al servicio, para qué lo necesito. Los días que se han acumulado después ya no son ni poquito buenos ni me sirven, al contrario; se me complica bastante trabajar sin conexión en casa y me voy sintiendo desvinculada. Yo calculo otro par de semanas así; habrá que hacer algo inteligente al respecto.

Aparte, la ansiedad llegó a tope esta semana con un incidente que será gracioso dentro de diez años, pero que estos días fue la gota que derramó el vaso. Solo comentaré que lo que iba siendo un feliz encuentro sexual terminó en un consultorio médico de la ciudad-pueblo más cercana. Al menos conocí al médico más agradable del mundo. La verdad es que yo estaba muy ansiosa y en un ataque de nervios llegué al punto de "más bajo no se puede caer" que hace que todo lo siguiente se sienta mejor.

Así las cosas, ayer ocurrió algo que me dejó triste y enojada, con uno de esos enojos que tienen indignación y frustración de las que oprimen el pecho. Clausuraron a la señora que cuida a B. No voy a decir que clausuraron su negocio porque es hacerle el juego a los clausuradores. Clausuraron su casa. A ella. Esta es la situación:

Como contexto, hay que decir que la colonia funciona más o menos como un pueblo y que hay personas de diferentes condiciones socioeconómicas, pero en general es un lugar pobre. Una señora mayor, conocida  como "la abuela", cuida niños en su casa. Lleva y trae niños del kinder o la primaria, los alimenta, juega con los chiquitos. Al conocerla, ella advierte que no tiene una estancia, ni una guardería: no hay actividades programadas ni nada por el estilo: los niños son libres de tomar un juguete u otro, de pintar o lo que quieran. Una señora le ayuda mientras ella lleva o recoge a los que van a la escuela. Creo que eran cinco criaturas; nunca las conté bien porque se movían; pero eran cuatro, cinco o seis, más B. Ningún bebé.

Me pareció exactamente lo que estaba buscando: nunca quise escolarizar a mi niña antes de tiempo; necesito que la cuide alguien más mientras trabajo, pero estoy segura de que el mejor lugar para un niño pequeño es un hogar, no algo que funcione como lo que normalmente reconocemos como "institución". Lo malo era que la señora los deja ver televisión si eso quieren; pero los puntos buenos eran muchos. El primer día pude ver a mi niña sentada a la mesa con los otros, comiendo en orden. Desde ese primer día entró como burro por su casa, directo a convivir con los demás; de inmediato le hizo caso a la señora. "Aquí todos hacen caso", me había dicho ella. Y sí. Sin "silla de pensar" ni nada más que autoridad moral: lo que los niños necesitan. Sin estudios de puericultura, ni de educación, ni de psicología, que muchas veces estorban, B no le pareció "muy" inquieta ni "muy" nada. Y en cinco días disfrutamos que aprendiera una canción, hiciera oración antes de comer, jugara con los demás.

Pero llegaron a prohibirle a la señora que haga lo que sabe y puede, porque no tiene una estancia infantil "en regla".

¿Cómo se le explica a la "autoridad" que eso no es una estancia infantil? Le digo a la persona que está escribiendo el letrero de "clausurado", que deberían permitir que las mujeres se organicen para apoyarse y me dice que sí, que están las casas de cuidado diario. Yo la entiendo, es su trabajo y hasta donde le llega la preparación. Pero la respuesta es una imbecilidad porque las casas de cuidado no son una estrategia comunitaria por medio de la cual se creen lazos de apoyo. Todavía me dice que lo hacen por proteger a la señora, porque si "algo" pasa con un niño, la culparemos a ella. Si quisieran protegerla, llegarían a fortalecer su trabajo y a cuidar el bienestar de los niños, no a dejarle un montón de papeles que están en chino para una persona mayor sin estudios. Toda su lógica es vomitiva porque es la expropiación de los saberes de las mujeres y el aplastamiento de un conato de poder social. Ella está criando y educando en su casa: además se está ganando la vida y posibilitando que las vecinas hagan lo que tienen que hacer. Pues hay que hacerle lo mismo que a las parteras y a las herbolarias: convencer a todos de que "eso" es muy peligroso y por supuesto: meter a todos en el redil de los menores de edad, porque en este sistema de cosas se llega a adulto para pagar impuestos, no para decidir, por ejemplo, quién cuida a los hijos, dónde y cómo.

Voy a tratar de puntualizar un par de cosas:

La operación de una estancia infantil debe estar regulada y debe ser cuidadosamente supervisada. Las consecuencias de no hacerlo son mortales. El problema es la incapacidad para reconocer y valorar otras lógicas, otros espacios. Lo nefasto es el poder para aplastarlos. El problema es el progresismo cucho del "que te cueste, como nos ha costado a todos". Como si todos estuviéramos en la misma posición.

Hay a quien no le pasa por la cabeza que para algunas personas, los trámites son un problema que llega a ser un impedimento. No todo el mundo puede pagar lo que cuesta una copia del acta de nacimiento, por ejemplo -por cierto, ahora por acá las piden de reciente expedición, como si caducaran-; no todo el mundo puede pagar impresiones, copias, fotografías. No todos los que saben leer y escribir pueden llenar formatos. No todos pueden transportarse a donde se realiza una gestión; no todos pueden gestionar. En una economía de subsistencia cada gasto cuenta y los pesos valen menos porque nunca hay muchos juntos. A ver si me explico: yo no podía seguir pagando la estancia a la que iba B, no solamente por la mensualidad, sino por los materiales que había que llevar a cada rato, además de las cuotas por esto y por aquello: mi caso es singular por muchas razones, lo que trato de hacer notar es que hay gastos que otros no toman en cuenta porque no conciben que puedan ser una dificultad. Aquí recuerdo a la familia que conocí, que resolvió que ese año las niñas no iban a la escuela; no faltará quién piense que en una escuela pública pueden alegar que las cuotas no son obligatorias, que se consiguen uniformes de segunda mano, que ahora reparten útiles... Ajá. Desde el privilegio se resuelve bien bonito la vida de los demás, que han de estar tontos o han de ser flojos y por eso no la resuelven solitos.

Para mí, no llevar a B con la abuela es un problema; pero a la señora la dejan sin su modo digno de vida.

Espero que las demás mamás no lo tengan tan difícil como puede llegar a ser. En la casa de cuidado diario no reciben niños desde las 4:30 de la mañana ni los cuidan por la noche si se ofrece. 

¿Que hay que seguir las reglas? A ver quién las puso y a quién le están sirviendo. 

Silvia Parque

domingo, 8 de octubre de 2017

Trabajo, sueño, películas

Como helado sabor chocochips, luego de comentar una propuesta de intervención educativa. He tenido mucho trabajo y por eso no he pasado por aquí. En las noches, acuesto a B y me quedo dormida junto con ella. Usualmente siento necesidad de escribir una entrada y cuando no puedo, me queda la falta; estos días no ha sido así porque siento necesidad de escribir otras cosas y traigo esa falta encima: retomé algunos proyectos creativos, pero entonces vino -gracias a Dios- esta oleada de trabajo que no he conseguido equilibrar con "lo mío". De hecho, no consigo equilibrarla, en general: la casa está vuelta al revés.

Ayer o antier vi el trailer de la secuela de Pacific Rim y hoy veo que mañana sale el de El último Jedi. Habrá que ver cómo le hago porque al menos la segunda sí tengo que ir a verla.

He tenido ganas frustradas de ver una buena película. Ha estado difícil entre el poco tiempo y el mucho sueño. Además, todavía me pasa que muchas películas no quiero verlas sin el papá de B, así que descarto esas. La verdad es que a veces me encuentro eligiendo y sé que no tengo ganas en realidad de ver una peli, sino de ver una peli con él: me digo que las ganas son de ver una peli con alguien, pero no es cierto... o quién sabe. Con una amiga, no; eso está claro. Con alguien con quien me vaya a la cama después.

El caso es que las semanas anteriores hice un par de elecciones que me aburrieron: Animales fantásticos y dónde encontrarlos y Adios, hermano cruel. La de Animales fantásticos la dejé como a los diez minutos; le di otra oportunidad al siguiente día, pero avancé cinco minutos más y no conseguí interesarme. Con la otra llegué más lejos y es una pena haberla dejado porque las imágenes son bellas, empezando por los protagonistas que son un par de guapos (especialmente la actriz, Charlotte Rampling). Yo quería seguir, pero la peli no pudo con mi cansancio del día... Tal vez ninguna peli hubiera podido. A ver luego, menos soñolienta.

Silvia Parque

viernes, 26 de mayo de 2017

Contentita me hallo

Estoy feliz como una lombriz porque una colaboración mía aparece en PSICOGRUPO.

Escribí este ensayo hace unos dos meses, con B rondándome y desconectando la laptop; descubrió que era una manera infalible de que le prestara atención.

Hace mucho que no escribía en este "registro" y me encantó volver a hacerlo. Me dio claridad sobre lo que estaré haciendo el resto de mi vida. El vínculo AQUÍ.

Silvia Parque

jueves, 15 de diciembre de 2016

Fallando

Ayer, mientras B dormía una siesta que empezó tarde -no es bueno que las siestas empiecen tarde-, me quité el top y me puse mi bata de consolación, para beber almíbar caliente en el que cocí guayabas. Empecé a escribir esta entrada que termino hoy, también mientras B duerme la siesta -que habría estado mejor más temprano-.

Ayer fue un día de buenas noticias y pequeñas complicaciones, con un crítico momento de desesperación por la tarde, en el que volví a gritar: "¡Yaaaaa! ¡Por favor, déjame trabajar! ¡Espeeeraaa!" (multiplicado por cuatro, más o menos).

B había esperado mientras yo opcionaba por la mañana, mientras me bañaba, mientras hacía la comida, mientras tenia una entrevista inesperada, mientras daba clase, y ahora debía esperar mientras yo hacía que mi teléfono emergente leyera mi chip y lograba opcionar de nuevo. Se quejó, se retorció y gritó.

En cuanto me desocupé, la cargué, le di teta y se quedó dormida. Sé que tenía sueño desde rato antes, pero también sé que estaba descargándose del estrés por el mal rato y eso me da mucha pena. Es horrible gritar a tu hija de un año siete meses, sobre todo cuando su demanda es "hazme caso, quiero estar contigo".

Me queda claro que en realidad, por ejemplo, apenas me buscó mientras hacía la comida; su papá estaba ahí, acababan de regresar del parque y disfrutaban la novedad del chicozapote: B se llenó cara, ropa y manos y le dio gusto verse en el espejo convertida en hija postiza de Cepillín. La ida al parque fue mientras yo hablaba con mi afortunada visita inesperada, así que ella tampoco sufría en el momento de mi entrevista. No es una niña metida en un corralito durante horas, ni colocada frente a un televisor para estarse quieta; no se le deja de lado. Pero su demanda se cruza con mi deseo y me produce un poco de frustración y un dejo de culpa; si pudiera, trabajaría solo en las horas en que a ella le viniera bien.

Eso, respecto a no darle mi atención en todo momento.- Es lo que hay, no pasa algo grave.

Otra cosa es gritarle. Nada justifica que le grite, así que me disculpo con ella y se lo explico: que no se lo merece, que me porté mal y lo lamento; que le pediré a Dios que me ayude para no volverlo a hacer... Cuando vuelve su papá, le digo delante de ella que tenemos que contarle que hoy mamá se desesperó y gritó y eso está muy mal. Me doy cuenta de que evito decir que "le grité"... como si hubiera gritado al aire. Espero que Dios sane su corazón, porque a mi me queda claro que aunque se levante pensando en otra cosa y se muestre la mar de contenta, ahí está ya la impresión que causé... otra vez.

Mi caso es ilustrativo de cómo gritamos -o pegan, los que pegan- porque podemos y por incapaces. Aunque estés a punto de explotar en un trabajo, no le gritas a tu jefe; en todo caso, le gritas a tu subordinado con el que -se supone- no te pones en riesgo. Aunque conozcas la teoría sobre gestión de emociones, hace falta estar en paz para reaccionar de modo correcto. Porque se vale enojarse, se vale desesperar, pero hay un modo correcto de interactuar cuando una se enoja o se desespera; también hay un modo correcto con los hijos. Es de humanos fallar, claro.

Silvia Parque

viernes, 19 de febrero de 2016

Qué difícil la vida sin ti

Según mis cuentas afectadas por el cansancio, pasé unos siete días sin internet. ¡Qué cosa más espantosa!

Había estado sin internet antes de B; pero con B es completamente diferente

Alguna gente me había dicho que sería bueno que saliera, y sí me gustaría salir más, pero es muy complicado sin automóvil, así que disfruto de mis salidas a unas cuadras a la redonda, y tan campante. Hubo quien llegó a sugerirme que buscara "algo que hacer, en qué ocuparme". En su momento me pareció increíble hasta un punto cercano a la ofensa, que no se entienda que trabajo -y no me refiero al trabajo doméstico-, pero entendí que si eso no se entendía, menos se entendería que tengo bastantes cosas interesantes en qué ocuparme aunque no tenga trabajo en un específico momento determinado. Bueno: pues ahora sé qué les andaba preocupando a las bienintencionadas personas que temían que fuera a convertirme en calabaza...

Y es que busqué trabajar desde mi casa porque quería pasar mucho más tiempo aquí, y no he sentido ni de lejos la necesidad de volver a un empleo "normal" o de trabajar con más personas. De hecho, mi negocio no está en una etapa precisamente de apogeo, y sin embargo, me sostengo en esto porque de verdad creo que este es mi lugar en este momento. ¡Pero con internet!

Amo también hacerme cargo de mi casa; no limpiar: eso puedo hacerlo mal que bien -más mal que bien-, pero sí que me gusta mucho ordenar, cocinar, decidir si se lleva esto o lo otro a la lavandería, y cosas así de importantes. Cuando tenga quien haga el trabajo duro, será la quinta maravilla. ¡Pero con internet!

¿Y qué podría decir de cuidar a mi niña? Estoy sumamente agradecida por la oportunidad de pasar todo el tiempo con ella: aquí no hay "pero". Sin embargo... es la locura estar en la casa, criando, sin una ventana al mundo. Más justo en un momento, de esos "específicos momentos determinados" en los que no estoy corrigiendo o redactando para alguien. Necesito el mundo de las interacciones humanas que vivo por acá. Necesito leer y escribir por aquí. Hasta mis lecciones de inglés y francés... No es que no lo supiera, pero me quedó claro que veo videos de recetas esperando un día poner manos a la obra, pero también para ver y oír a las personas que elijo ver y oír. ¡Ni que decir de la blogósfera! Sin eso, habría días en los que trataría con una sola persona adulta, y por unas horas, nada más; terminaría teniendo tiempo de quitar las manchitas del piso, como hice antier.

Gracias, internet, por estar en mi vida.

Silvia Parque

martes, 12 de enero de 2016

Trabajando con bebé

El domingo tuve una reunión de trabajo en la que B estuvo presente, y eso me hace volver al tema del trabajo con bebés. En ESTA entrada preguntaba por qué no normalizar la presencia de bebés en los ambientes laborales o de negocios donde hay madres criando, y una amiga me comentaba -vía facebook- que ella había vivido la presencia de bebés (ajenos) en el lugar de trabajo, y había sido molesto. Todos hemos pasado por soportar las solicitudes de atención de un niño -y más- en donde no debían tener lugar, así que lo comprendo perfecto, y le decía que la respuesta a su comentario requería una entrada.

Mis primeras reuniones de trabajo con B fueron sencillas: la prendía a mi pecho y me ocupaba del asunto entre adultos; en la segunda ocasión, yo estaba en videoconferencia y la persona, al otro lado del mundo, solo se enteró de que B estaba ahí porque lo mencioné al final, y la vio porque pidió que se la mostrara. Son los beneficios de trabajar por cuenta propia desde casa: el modo de hacer las cosas se ajusta a lo que a una le conviene.

Luego no fue tan sencillo. Estaba dando una consulta, también por videoconferencia, con B al lado, y mi cliente no solamente tuvo que aceptar los soniditos de bebé (ni gritos ni llanto) incluidos en el servicio, también necesité hacer una pausa para cambiar pañal. Es aquí donde se requieren concesiones del otro. Mi punto es: siempre requerimos hacer concesiones, y la presencia de un bebé no debiera ser algo terrible, al contrario, considerando la crianza como algo valioso habría disposición para conceder. Yo podría haber interrumpido la consulta por cualquier otro motivo: no es raro que las reuniones tengan pausas. Tampoco es raro que haya ruido de un tipo u otro en las interacciones -no solamente sonidos-; pocas veces las condiciones son perfectas; creo que basta con que sean óptimas.

Ahora B se mueve mucho, así que no sabía cómo iba a resultar la reunión del domingo. Hablé con ella desde un par de días antes, y creo que me entiende. Creo que los bebés y los niños pequeños no entienden razones a nivel racional, pero que en otro nivel podemos ponernos de acuerdo: que su alma y su espíritu captan y comprenden. El caso es que salió bien. Yo me senté con ella en brazos y empecé a exponer en relación con algo en la pantalla de la computadora; entonces debí teclear algo, y B quiso teclear conmigo. Este podría haber sido el punto donde la puerca torciera el rabo. ¿Y qué pasó? Mi cliente dijo: "préstamela, a ver si se viene conmigo". B estuvo en sus brazos casi el resto del tiempo -me aseguré de que ambos estuvieran bien con eso-. No todo el mundo va a ser así, pero los recursos van apareciendo. Cada día, B pasa más tiempo jugando sin requerir que la cargue o esté ahí, así que al rato podré "instalarla" junto a mí, mientras me ocupo.

Tengo esta suerte, de hacer este tipo de tareas, trabajar con este tipo de personas, y que B tenga el carácter que tiene. También tengo conciencia de ir integrándola a mi forma de vida. Alguien me dijo que los niños tienen que adaptarse a la forma de vida de sus papás y no al revés; yo lo tomo con reticencia porque creo que siempre ha de anteponerse el bienestar del bebé, que no pidió ser traído al mundo; pero sí: mi niña va a aprender que mamá trabaja y eso tiene que ver con ella; por ejemplo, que mamá está en la computadora, que por tanto está cerca de ella con esos cables tan interesantes a los que no debe tocar.

Si yo manipulara materiales tóxicos, obviamente no podría trabajar con la bebé cerca. Pero hay muchas mujeres -y hombres- en oficinas, tiendas y otros lugares, que podrían desempeñar sus tareas con los bebés por ahí, y solo se requeriría que las personas alrededor toleraran la presencia de ese otro ser humano, que a veces, por un momento huele mal. El ejemplo del pañal no es accidental: la mamá o el papá a cargo habrían de cambiar el pañal a tiempo, por respeto a los demás, del mismo modo que habrían de encargarse de mantener el ruido en nivel moderado, y de que en general, la presencia del bebé no obstaculizara el trabajo de los demás. Si no pueden hacerlo, entonces no pueden tener al bebé ahí.

Hay que conocer nuestros límites. El único domingo que me he quedado a cargo del área de maternal en la Iglesia, no llevé a B. Sabía que no puedo cuidarla a ella y a otros niños. Puedo corregir un texto y cuidarla; puedo enseñarle a alguien cómo utilizar una prueba y cuidarla; pero no puedo cuidar a otros niños y cuidarla. Pareciera lo más compatible; tendrá que ser compatible si un día tiene hermanos; pero no lo es por el momento. Y sucede que las mamás, no sé los papás, somos especialmente sensibles, susceptibles y vulnerables a los comentarios en relación con nuestros límites -fallas, faltas, etc.- en el cuidado de nuestros hijos, y cómo no, también a los señalamientos sobre cualquier cosa que esté "mal" en ellos. Eso puede complicar la presencia del retoño en el trabajo. Pero si una está interesada, y los otros tienen buena voluntad, yo creo que se puede.

Habría que empezar por reconsiderar el lugar social de la crianza. Parece que enfocando que es decisión personal tener descendencia y que cada cual es libre de criar y educar como le parezca, se olvidó que se trata de cuestiones sociales, también; de funciones sociales, para ser precisos.

Silvia Parque

viernes, 4 de diciembre de 2015

B en reunión

Hoy he tenido una reunión con el equipo de mi mayor cliente, y B nos acompañó, en mis brazos. Había estado en una reunión anterior, pero entonces era muy pequeña, y estuvo mamando casi todo el rato. La verdad es que temía que esta vez se complicara, porque está en una edad en la que de pronto parece tener pulguitas. Pero no: comió un poco de amaranto, tomó un poco de leche en biberón (ya había tenido teta), y platicó un poco cuando tuvo algo que opinar; nada que interrumpiera.

Desde que nació, ha estado presente en la mayor parte de las consultas que he dado. Si hace falta que amamante, lo hago. Mi trabajo es enteramente compatible con su presencia. Espero conseguir que siga así cuando ya no quiera estar en brazos.

Por supuesto, no todos los trabajos -ni todas las tareas de un trabajo- se pueden realizar con un bebé por ahí; pero muchos, sí.  ¿Por qué no normalizar la presencia de mamás con bebés en los ambientes laborales o de negocios?

Silvia Parque

viernes, 27 de noviembre de 2015

La cereza de la semana


Esta semana fue como una semana inglesa de diez días. Se juntaron dificultades domésticas, inconvenientes varios y emociones económicas. Pero como si todo eso hubiera fermentado un pastel: hubo una conclusión maravillosa. No me gustan las cerezas, pero me gusta la figura de la cereza en el pastel.

El jueves fui a una entrevista para un trabajo. Decidirlo tuvo lo suyo de conflictuante porque mi ideal es trabajar solo desde aquí (en la corrección de estilo); pero he movido con lentitud el negocio y hay que hacer lo que hay que hacer. El caso es que entre preparar papeles que me pidieron, estar lista y la dinámica de dejar a la niña con otra persona, quedé muy cansada. Pero aquí empezó lo bueno...

Supe que no tengo el perfil que busca la escuela que me entrevistó y en el camino de regreso a mi casa o más bien, en camino a la casa donde estaba B, esa idea me llevó a enfocar el perfil que yo busco. Porque siempre he sido bendecida con oportunidades que cubren el perfil que yo defino. Ahora, si voy a trabajar fuera de casa, quiero que sea en un lugar cercano y accesible, con un horario cómodo y a cambio de una remuneración más que justa, en un ambiente de animación intelectual. Dios siempre me ha privilegiado en estos asuntos y vuelvo a colocarme en mi lugar. En otras palabras: desperté.

Pensé, también, en hacerme publicidad pegando cartelitos aquí y allá, en diversificar el servicio y otras cosas.

Entretanto, la niña pasaba un muy mal rato. Al menos fue confortada con empatía y paciencia. Alguien me dijo que seguramente tenía yo más angustia que la ansiedad que tuviera ella. Respondí, dándome cuenta al decirlo: que no. Sufrí bastante al decidir que la cuidara otra persona -de toda mi confianza-; pero una vez puesto en marcha en plan, no sufrí, ni me preocupé. Lo que sí fue penoso fue el momento de oír sus gritos desesperados, a muchas casas de distancia, cuando iba a recogerla, pero no fue un pesar agobiante, aplastador. Ya con ella, camino a nuestra casa, supe que nos adaptaremos como familia a lo que vaya a pasar.

Quien me dijo que "seguramente tenía yo más angustia..." fue una de mis dos visitantes de hoy. Esa fue la cereza del pastel.

Estaba yo en este viernes cansado, con la casa hecha un desastre nivel manchas de comida en el piso, cuando recibo una llamada de una amiga que no veía hace meses. Me pregunta si estoy en casa. Le digo que estaré encantada de verla, escondo el tiradero en la recámara y me sorprendo con que llega primero otra amiga, que no veía hace más tiempo todavía. Se habían puesto de acuerdo, pero para ilustrar el tipo de persona y de visita, mencionaré que su acuerdo pasó por considerar traer café preparado, para no ponerme a calentar agua. De esas personas que una se pregunta qué hice yo para merecer esto y no queda más que agradecer a Dios.

Pasé un momento delicioso. Y terminé de despertar. Me dejaron verme en su mirada, que entre otras cosas cubrió de valor mi tiempo dedicado a la crianza. Una de ellas se ofreció a pegar cartelitos en X lugares para ahorrarme ese ir y venir. De ese tamaño. Así ha sido, así es y así va a ser mi vida. No por mi mérito sino por el favor de Dios. Cada vez que entro en la lógica de los demás, lo olvido y pierdo mi sendero. Así que como decía: vuelvo a colocarme en mi lugar.

Es una etapa diferente. Toca hacer lo que me toca con toda la mano. Me mueve la dependencia de B. Es como si durante años hubiera fluctuado entre dejarme llevar por la corriente en una zona de confort y luchar contra corriente usando las uñas para atravesar una pared, con etapas en medio durante las cuales hago lo que me corresponde bajo la gracia y me va bien. Voy a instalarme ahí: en eso de hacer lo que me toca bajo la gracia.

Silvia Parque

lunes, 3 de agosto de 2015

Semana mundial de la lactancia materna

Ha dado inicio la Semana mundial de la lactancia materna. El sábado participé en la "gran tetada" o "gran lactada" 2015, promovida por UNICEF.


Me resultó reconfortante compartir experiencias con otras mamás que dan pecho a sus bebés. Este año, el tema es "lactancia y trabajo". Hay mucho por decir y hacer al respecto. Yo tengo la fortuna de trabajar desde mi casa, lo que me facilita amamantar; pero la mayoría de las mamás a mi alrededor, trabajan fuera de casa y necesitamos hacer posible, como sociedad, que críen y amamanten sin tanta traba.

Silvia Parque