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domingo, 30 de julio de 2017

El esfuerzo justo o no golpear paredes con la cabeza

He compartido anteriormente que soy partidaria del mínimo esfuerzo.

Pues cada vez más.

Me esfuerzo por lo que, dados mis valores y necesidades, vale la pena; pero lo hago como vía para conseguir aquello que valoro o necesito: no encuentro mérito en el esfuerzo por el esfuerzo mismo. Veo a "los trabajadores" y me parece que se emocionan con el sellito de "sí trabaja" de la maestra de kinder. Sé que no es nada más eso. Entiendo su satisfacción (autocontrol, persistencia), pero no me atrae.

No me hace sentir mejor trabajar más que menos; absolutamente al contrario. Si puedo esforzarme menos y lograr lo mismo que estaba logrando, qué bien; me parece que el objetivo inteligente sería esforzarme menos y lograr más: esa es mi vía. Me asombra el convencimiento de algunas personas, de que hay que trabajar mucho para que te vaya bien, cuando el mundo está lleno de ejemplos de que no precisamente...

A ver...

En mi casa se oye a menudo: "Esfuérzate y sé valiente, dice el Señor". Se lo digo a B cada vez que lloriquea porque no puede algo. Yo trabajo lo que haga falta con cada párrafo de un ensayo, hasta que queda como me parece adecuado. Así que tal vez lo que debería decir, en lugar de que soy partidaria del mínimo esfuerzo, es que soy partidaria del esfuerzo justo. Justo lo que se necesita y para lo que es justo emplearlo.

Creo que la vida funciona de modo que nos toca esforzarnos en algo. ¡Pero no en todo! Y en lo que nos toque esforzarnos, no es cosa de dar golpes con la cabeza a una pared (se me quedó grabada esa imagen de un texto que leí hace varios años).

Pienso en mi prima que es atleta: se levanta temprano, entrena, cuida su alimentación, etc. Ahí hay esfuerzo necesario. Pero desde mi poco conocimiento del tema, creo que si no tuviera un buen entrenador, terminaría por lesionarse. Si no hubiera ido en busca del medio y las personas adecuadas, no estaría en competencias importantes. ¡No hay que golpear paredes con la cabeza!

Silvia Parque

lunes, 20 de junio de 2016

Costos

No sé si siempre, no sé si todo; pero en general, obtener y conservar lo que se tiene, cuesta; hasta vivir en tranquilidad, cuesta... quiero decir que "algo" hay que hacer: a veces, lo que hay que hacer es simplemente pedir, pero "algo" se requiere. En algunos casos, el costo es de esfuerzo o de dolor.

A veces, el costo lo paga otro; lo tengo presente porque lo dicen a menudo en la Iglesia.

Yo creo que suelo ser consciente de qué y de cuánto cuesta lo que quiero. Varias veces me he negado a pagar costos altos por cosas que valían, sí, pero que a mi juicio no valían la pena. Muy pocas cosas valen pasar pena.

Cuando una de esas pocas cosas se hace necesaria, qué tentador es negar que tiene un costo, regatear el precio... tratar de huir de la pena.

Silvia Parque

lunes, 2 de mayo de 2016

El esfuerzo, depende para qué

He escrito antes sobre el esfuerzo. He pensado en el tema. Me asombra cómo las personas se esfuerzan mucho por cosas que para mí no valen la pena. Sí entiendo que el otro puede tener sus ilusiones y hasta puede haber empeñado su amor propio, por ejemplo, en una carrera o en logros materiales, y que entonces esforzarse por obtenerlos o mantenerlos tiene mucho sentido. Para mí, no. Yo valoro sobremanera estar a gusto y no me esforzaría por casi nada de lo que usualmente vende como valioso el "mercado social": grados académicos, conocimientos, propiedades, reconocimiento, estatus económico, popularidad... Para mí, valiosa es la posibilidad y capacidad de saborear un buen café, en paz.

También creo que nacimos para algo: que nuestra vocación late con nuestro corazón, y que si escuchamos bien sus latidos, nos dan el mensaje de lo que deberíamos estar haciendo. Esa actividad puede requerir dedicación, y esa dedicación implica momentos de esfuerzo; pero no un esfuerzo de desgaste. Imagino que estar luchando por hacer bien algo para lo que no tenemos vocación es como arrastrar una enorme roca cuesta arriba. En cambio, el esfuerzo de trabajar en aquello para lo que nacimos, se parecería más a esa sensación de que puedes un poco más, cuando en una fiesta, de madrugada, aunque ya hasta te duelen los pies, suena una canción que tienes que bailar y te levantas con gusto, explotando lo que le queda de fuerza a tu cuerpo. No me gusta la idea de luchar.

A veces, sin embargo, se presentan batallas, sobre todo batallas interiores. Ahí vale la pena, y mucho, el esfuerzo. Desafortunadamente, las batallas interiores a menudo se levantan en un campo donde hay otras personas, y les implican. Eso tiende una trampa: luchar contra otros suele ser ocioso; suele acabar mal, sea que se gane o se pierda. Pero si acaba mal luchar, cuando el otro es oponente, puede acabar mucho peor luchar por una relación: poner esfuerzo en que la relación inicie, permanezca, no termine, vuelva a empezar. Pienso en diferentes relaciones afectivas (padres e hijos, hermanos, amigos...) y creo que cuando se pone esfuerzo en la relación, las cosas van mal y tal vez hace falta más espacio entre las personas (sí: hay mamás, papás, hijos, hermanos, amigos, de los que es mejor alejarse, a veces por una temporada, a veces para siempre). Pero por supuesto, aplica mucho más para una relación de pareja. No es lo mismo esforzarse en controlar un defecto, esforzarse en mejorar la comunicación, que esforzarse en que la relación exista (inicie, continúe, vuelva a empezar...): ese esforzarse es forzar.

Dicen que "a fuerzas, ni los zapatos entran"; pero un calzador es capaz de meter un pie a un zapato donde no habría entrado naturalmente, y qué tortura puede ser.

Silvia Parque

jueves, 31 de marzo de 2016

A veces, toca

Me he dado cuenta de que le he estado huyendo al esfuerzo de modo enfermo. Creo que mucha gente se esfuerza demasiado por cosas que no valen el desgaste... que no valen la pena ni para ellos, que son los que importan en sus vidas. Pero definitivamente hay cosas que valen el esfuerzo.

Pienso que esto se deriva, en parte, de que he tenido muchas cosas sin esforzarme, y está enredado con sentimientos de incapacidad: si no me esfuerzo, puedo decirme que no lo logré porque no me esforcé: no hay riesgo. Sin embargo, el no-esfuerzo en áreas que importan, sale muy caro; a veces se paga con la vida entera. Un día, por ejemplo, hoy, una deja de estar dispuesta a pagar costos así.

Silvia Parque

martes, 31 de marzo de 2015

Ejercicios de preparación para el parto II

Ayer llegó la noche sin que hubiera hecho ejercicio. Estaba muy cansada, casi soñolienta, pero puse los videos: empecé, continué y terminé. Me aplaudí al final. Nada más por cumplida: por el esfuerzo; si fuera por el modo en que me muevo, apenas me ganaría una mirada de misericordia. Esta vez tuve quién supervisara la acción, para saber si estaba haciendo los mismos movimientos que la grácil joven embarazada en la pantalla. Y pues... ella es una grácil joven embarazada, y yo soy como un pata gorda.

La verdad es que mejoro. Sé que con solo un poquito más de flexibilidad y un poquito más de fuerza, habré ganado mucho. Además, hoy por la mañana me di cuenta de que empecé en el momento en que se estaba haciendo imprescindible: cada día me cuesta más trabajo cargar mi peso, me duelen los pies, y la barriga me oprime de un modo que hace que sienta que me falta aire -lo que se alía con una constipación nasal instalada hace semanas-. Si no sigo haciendo ejercicio, acabará siendo difícil caminar.

Para motivarme, pienso que a la niña le gusta y le hace bien; que así será más fácil volver a hacer ejercicio después de la cuarentena -¡cómo si hubiera estado haciendo ejercicio, antes de embarazarme!-; que los ejercicios de Kegel -incluidos en la rutina- tienen más de un beneficio. Y escribo esta entrada.

Silvia Parque


lunes, 9 de febrero de 2015

El maratón

Me gusta mucho que en los maratones, la gente suele participar con el afán de ganarse a sí misma. Por lo que sé, hay quienes participan buscando los primeros lugares, pero muchos buscan mejorar sus marcas personales o simplemente ser capaces de terminar la carrera. No me gusta la idea del esfuerzo extremo; pero sí la del esfuerzo que permite experimentar los límites del cuerpo y que da satisfacción.

Silvia Parque

lunes, 24 de noviembre de 2014

Para salir adelante

Hay cosas que están detenidas, o no funcionan, o de algún modo no son como se desearía, por causas que no pueden eliminarse; al menos, no puede eliminarlas una persona o no pueden ser removidas en el corto ni en el mediano plazo. Por ejemplo: el niño está desnutrido --> el niño no aprende.

En tal caso, una creería que se resuelve con darle de comer al niño, pero ni se va a nutrir en dos días, ni se resuelve lo que acompaña a "el niño está desnutrido" ("el niño trabaja toda la tarde en la calle", "el niño no aprendió lo del curso anterior"). Así que hay que darle de comer al niño, y otras tantas cosas. Pero la mejor oportunidad que puede tener, y que no puede ser exigible, es sobreponerse a todo: que su voluntad se imponga sobre lo que juega en contra, y "hacer" hasta obtener resultados a pesar del contexto, las condiciones y circunstancias. Este no puede ser el enfoque social para enfrentar problemas, pero me parece que es el enfoque individual que funciona, para salir adelante.

Silvia Parque

jueves, 6 de noviembre de 2014

Hasta aquí

Es difícil poner algunos "hasta aquí". ¿Cuántas veces vas a intentar algo, antes de darte por vencida? Algunas cosas son a morir... así luchan algunas personas contra el cáncer: un día y otro día de lucha, y la muerte les vence pero ellos no se dieron por vencidos. ¿Cuánto tiempo se persigue un sueño? ¿Cuántas veces se recomienza una relación? ¿Cuánto es demasiado? Algunos preferimos ser vencidos antes que darnos por vencidos. Yo históricamente he pensado que si requiere demasiado esfuerzo, no era para mí. Pero hay cosas que valen la pena, y cosas en las que te va la vida.

Silvia Parque 

martes, 3 de junio de 2014

Cuando nos marcamos el camino

Exponer el credo personal es lo de menos. Lo que puede ser realmente difícil es vivir en congruencia con él.

Hoy recordé que en la adolescencia, un poco la energía de la pasión y un poco la ingenuidad, hacen que esta congruencia sea casi "natural". El adolescente que se hace vegetariano puede requerir de esfuerzo para resistir al antojo de las hamburguesas que comen los demás; pero tiene mucha más voluntad para cargar con ese esfuerzo, que casi cualquier adulto con quien se le compare. Es la edad de las grandes causas y de las afiliaciones trascendentales. Por eso, a veces los adolescentes son apetecible carne de cañón para quienes maquinan, desde la frialdad del cálculo, dónde conviene hacer ruido en movimientos de todo tipo: sociales, políticos, religiosos. Por eso, mientras que en la niñez nos marcaron la vida, a esa edad solemos marcarnos el camino.

Silvia Parque

sábado, 19 de abril de 2014

A dieta

No podría seguir una dieta de esas en las que puedes comer pocas cosas o está terminantemente prohibido algo para toda la eternidad. Cuando alguna vez lo intenté, estuve inquieta, quedaba con hambre y continuamente rompía las reglas, sintiéndome mal por eso. Es que no me parecen apropiadas. Por ejemplo, si la dieta dijera "no chocolates" y quiero un chocolate, enseguida pienso que el chocolate es nutritivo, tiene un efecto maravilloso sobre el sistema nervioso y que un chocolatito no hace gordura.

Mi relación con las dietas alimenticias parte de mi relación con la gordura/delgadez.

Me gusta disfrutar de todo lo que pueda ser llevado a la boca -el albur es irresistible, sí- y como impulsada por un resorte, basta que oiga "no lácteos" para imaginar un delicioso licuado de fresa con un poco de vainilla. Eso de treinta días comiendo la misma cosa o siete combinaciones cuatro cosas, no es para mí. Contar calorías me parece una falta de respeto para la comida... Otra cosa es estar consciente de qué está comiéndose una; esa conciencia incluye qué tan pesado calóricamente es algo, pero también cuántos o cuáles nutrientes tiene y lo más importante: por qué está una comiendo, lo que lleva a preguntas como "¿esto me hace sentir bien?" o "¿ya estoy satisfecha?".  Es una cuestión de actitud. Por un lado: la vigilancia donde lo importante es cómo eso va a convertirse en panza o lonja; por otro lado, una buena relación con la comida, en la que el foco es el bienestar.

Yo, sin problema me termino una pizza mediana en una sentada y sin problema desayuno, como y ceno pizza por días y días. Tomo la pizza como ejemplo porque ha sido una de mis grandes debilidades. Considerando que mido alrededor de 1.57 y soy predominantemente sedentaria, esa forma de comer es excesiva y sin embargo, el problema no es la rebanada de pizza; el problema es que no es una rebanada, ni se acompaña de ensaladita.

Sé que los cuerpos son diferentes; pero creo que muchos cuerpos estarían bien con aplicar moderación y conocimiento elemental de los grupos alimenticios.

Pero además del aire, no hay nada ciento por ciento gratis en esta vida. Pongo a prueba mi voluntad, comiendo normal y pidiendo el frappé moka sin panna. Es necesario que me diga "no" al menos un par de veces al día y me cuesta hacerme caso. Cuento con que, al habituarme, se requerirá menos esfuerzo. Entretanto, habrá que ver de qué estoy hecha

Silvia Parque

jueves, 27 de marzo de 2014

¿Qué otra cosa tienes que hacer?

El ejercicio constante, disciplinado, puede hacer con poco talento, lo que puede hacer la fe del tamaño de un granito de mostaza. Ya con la suerte de tener un talento regular, suena a gran desperdicio dejarlo como adorno.

Creo que la mayor parte de las personas que logran cosas que valen la pena, pasaron por un proceso de dedicación que requirió tiempo y esfuerzo. Normalmente, los mejores estudiantes se han concentrado en clase, han puesto empeño en sus tareas y han preferido estudiar antes que nada más entretenerse. Quienes no tienen que hacer ninguna de estas cosas para aprender, es poco probable que en otros ámbitos corran con la misma suerte.

Las historias de éxito son casi siempre de caminos largos: un año, diez años, una vida dedicada a sacar adelante eso que interesa mucho y que puede vivirse como una pasión, una ilusión, un motivo para salir de la cama cada día. Esos caminos valen la pena por sí  mismos, independientemente de lo que ofrezcan al final. No obstante, vistos desde la perspectiva que ofrece el primer paso, pueden parecer abrumadores: no aptos para gente normal.

Ante mis caminos largos, me está sirviendo preguntarme: "¿qué otra cosa mejor, tengo que hacer?" No caminar es perderme la vida. Hacer atajos tramposos me pierde a mí.

Como lo veo, al final la vida se trata de dos, tres, cuatro cosas. Hay infinidad de experiencias, gustos, aprendizajes; pero las cosas que verdaderamente le importan a cada cual, no son muchas. Pesa no ocuparse de ellas. Además, el tiempo -ese año, esos diez años, esa vida entera- se va de todas formas. Un día una voltea hacia atrás y dice: "bueno, sí es tardadísimo, pero si hubiera empezado cuando supe que había que hacerlo, ya habría terminado".

Silvia Parque

sábado, 7 de diciembre de 2013

He ahí Palau, en inglés

Taty invita a leer su blog sobre Palau, que está escrito en inglés. Apenas le hice una visita rápida que me permitió ver fotos hermosas y despertó mi interés. El primer párrafo lo tuve que leer tres veces. Es el punto exacto en el que algo cuesta esfuerzo, y a mí que soy una consentida que ha sido melindrosa, el esfuerzo no se me da mucho. Escribo esto, primero como pretexto para mencionar el blog de Taty y publicar el vínculo, y luego esperando que escribirlo me dé un empujoncito para continuar leyendo. La suficiencia en el manejo de un idioma, se consigue con la práctica, y la práctica es cuestión más de interés que de otra cosa.

Silvia Parque

sábado, 26 de octubre de 2013

Como en el espejo mágico de Harry Potter

Algunas personas se gastan la vida tratando de ser las mejores en algo. Cuando dejó de interesarme ser "muy buena" en una cosa u otra y hacer una exitosa o siquiera aceptable "carrera", pensé haberme librado de la ruedita del hámster. Yo no "lucho", no "enfrento batallas", no tengo interés en "superarme a mí misma" o "sentir que logré", así que pensé que era más libre que otros.

Pero hay personas que nos gastamos la vida mirando el reflejo de un sueño. Ahí se puede quedar una, como drogada.

AQUÍ, la "ficha técnica" del espejo de Oesed.

Silvia Parque

viernes, 26 de julio de 2013

Inteligencia estratégica

La casa de mi mamá se infestó de ratones alguna vez, y compramos un veneno que advertía usar sólo la cantidad adecuada, porque usar de más podía atraer roedores.

Además de fuerza bruta, hay esfuerzo bruto y voluntad bruta. Mejor actuar con algo de inteligencia estratégica; al menos, con la que la ansiedad permita.

Silvia Parque

miércoles, 17 de julio de 2013

Fuerza vital

Ya lo decía AQUÍ: no soy de esfuerzo. No valoro la "fuerza de voluntad"; no me gusta la idea del esfuerzo en oposición heroica, a veces estoica, a la inclinación o al gusto de la persona. Estimo lo que llamo "fuerza vital": energía al servicio del permiso psicológico para hacer las cosas que una quiere hacer. No es cuestión de disciplina, aunque la disciplina ayuda.

Silvia Parque

miércoles, 10 de julio de 2013

Poner y no haber puesto

La expresión "poner de mi parte", "poner de su parte", quiere decir que la persona aportará voluntad y esfuerzo para conseguir algo. Cuando la aportación se materializa en tiempo o en dinero, la expresión se refiere a la voluntad y el esfuerzo que hacen posibles tales aportaciones.

Usualmente, si estamos participando en una relación de cualquier tipo, asumimos que hemos de poner de nuestra parte para que las cosas marchen lo mejor posible; creo que la mayoría lo asumimos, incluso cuando simplemente interactuemos, así sea por beneficiarnos de lo "mejor" que vayan a estar las cosas, poniendo de nuestra parte.

Pero a veces, no hay ganas. No que no haya posibilidad, porque si se trata de voluntad y esfuerzo, siempre hay posibilidad de crearlos. A veces una no tiene ganas de decir esa frase que va a romper la tensión, de hacer ese gesto que va a reconfortar al otro, de dejar pasar lo que es mejor dejar pasar. Se va la oportunidad de haber puesto de nuestra parte.

Silvia Parque

jueves, 18 de abril de 2013

"Si hubiera" y estrellarse contra la pared

Suelo suponer que con un poco más de esfuerzo o un poco más de calma, habría podido lo que no pude. Casi siempre es verdad; pero el punto es que no podía tener un poco más de calma ni esforzarme un poco más, cuando no pude.

Hay una película en la que el protagonista y otras personas, sobreviven a la caída de un avión. Tienen conflictos por haber sobrevivido entre mucha gente que murió. Una de las sobrevivientes es una madre cuyo bebé, al que llevaba en brazos, muere. El protagonista y ella, una tarde, van en coche rapidísimo a estrellarse contra una pared, mientras ella sostiene una caja lo más fuerte que puede. La gente cree que han querido matarse, pero no; morir habría sido un efecto secundario. Ella necesitaba saber que había sostenido a su bebé todo lo que había podido. Cuando se estrellan con la pared, y ella se da cuenta de que el objeto que sostenía con todas sus fuerzas, se le ha escapado, puede estar tranquila.

No aceptar que uno no puede el "poquito más" que haría falta en un momento determinado, puede conducir a estrellarnos con la pared. A veces, acompañados.

Silvia Parque

martes, 30 de octubre de 2012

No soy de esfuerzo

Mi crianza fue a favor del esfuerzo, pero no soy de ahí. Creo que el esfuerzo es necesario para poder movernos en el mundo; demasiado evitar el esfuerzo es como evitar la vida, con sus límites y conflictos.

Sin embargo, la promoción del esfuerzo se basa en un sistema de premios que para mi gusto no valen lo que cuestan... sin contar con que el esfuerzo de unos suele ser capitalizado por otros. 

Silvia Parque