Silvia Parque
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miércoles, 28 de marzo de 2018
Niños sin filtro que calculan la edad
B ha aprendido que solo le compraré un dulce si es domingo o un día que equivalga a domingo, así que esta tarde, en la tienda, directamente le dijo a otra persona que quería un mazapán. Lo obtuvo. Era una señorita amable a la que B llamó "señora". Luego llamó "señor" a un joven como de quince años, a quien le comentó que tenía un mazapán y que no le gustaba no sé si la playera o un collar que él llevaba puesto. El muchacho preguntó si yo era su abuelita.
jueves, 11 de septiembre de 2014
Problemas
Estaba en la sala de mi amiga, compartiéndole mis preocupaciones adolescentes, cuando su hijita, de cuatro o cinco años -tal vez seis-, se orinó. Mi amiga atendió a la niña, y le pidió a alguien que fuera a cambiarla de ropa. Cero alteración. Lo que hizo fue acercarse a la niña, decirle algo breve en el sentido de "ha ocurrido esto", y poner en marcha la logística "cambio de ropa". En mi casa habría sido muy diferente. Habría sido un problema.
En otras edades, la "cosa tremenda" puede ser que el hijo faltó a una clase, que reprobó una materia, que fumó, que lo que fumó fue mariguana, etc. No estoy diciendo que uno solo de estos eventos sea como para no tenerlo en cuenta; solamente señalo que lo que es "problema" en una casa, no es problema en otra, y que además los problemas suelen verse enormes, como si lo fueran en sí mismos, y no por lo que nos representan.
Por esos años en los que me desahogaba en la sala de mi amiga mayor, convivía de lejos con un tipo -en realidad era un joven- sin dinero, con dificultades, y nada feliz. Según me contaron la historia, había sido lo que se dice un hijo de familia, y un día, como a los trece años, se puso borracho; tan borracho, que llegó a su casa hasta la madrugada. Tal vez quepa señalar que se puso así de borracho, precisamente porque no tomaba. El caso es que los papás, ni tardos ni perezosos, lo llevaron a un "anexo" (un centro de tratamiento para adicciones, que funciona en forma no regulada por el Gobierno). Cuando salió de ahí, apaleado en todos los sentidos, sí que tenía un problema.
El marco de realidad hace de un hecho o un evento, algo "problemático" o "no-problemático"; hace de un problema, algo por resolver o algo terrible. La pasamos mejor con menos problemas, y nos enfrentamos mejor a los problemas que no nos espantan. Podemos ejercitar la mirada para entendernos mejor con la realidad; así encontraremos menos problemas, y casi nada, o nada terrible. Es cuestión de entrar en calma y tomar perspectiva.
En otras edades, la "cosa tremenda" puede ser que el hijo faltó a una clase, que reprobó una materia, que fumó, que lo que fumó fue mariguana, etc. No estoy diciendo que uno solo de estos eventos sea como para no tenerlo en cuenta; solamente señalo que lo que es "problema" en una casa, no es problema en otra, y que además los problemas suelen verse enormes, como si lo fueran en sí mismos, y no por lo que nos representan.
Por esos años en los que me desahogaba en la sala de mi amiga mayor, convivía de lejos con un tipo -en realidad era un joven- sin dinero, con dificultades, y nada feliz. Según me contaron la historia, había sido lo que se dice un hijo de familia, y un día, como a los trece años, se puso borracho; tan borracho, que llegó a su casa hasta la madrugada. Tal vez quepa señalar que se puso así de borracho, precisamente porque no tomaba. El caso es que los papás, ni tardos ni perezosos, lo llevaron a un "anexo" (un centro de tratamiento para adicciones, que funciona en forma no regulada por el Gobierno). Cuando salió de ahí, apaleado en todos los sentidos, sí que tenía un problema.
El marco de realidad hace de un hecho o un evento, algo "problemático" o "no-problemático"; hace de un problema, algo por resolver o algo terrible. La pasamos mejor con menos problemas, y nos enfrentamos mejor a los problemas que no nos espantan. Podemos ejercitar la mirada para entendernos mejor con la realidad; así encontraremos menos problemas, y casi nada, o nada terrible. Es cuestión de entrar en calma y tomar perspectiva.
Silvia Parque
jueves, 10 de julio de 2014
Lo grande
Creo que es humano impresionarnos con lo grande. Vemos un rascacielos o el Gran Cañón, y abrimos la boca. Hay quien pierde la capacidad de asombro, pero lo que sí no pierde una persona cuerda, es el sentido de proporción, y por este sentido de proporción, la gente suele desasociarse de "lo grande".
A mí me gustan las cosas pequeñas. Literal y figuradamente. En mi casa hay miniaturas; si volteo a la izquierda hay un perrito de alambre que medirá unos dos centímetros y medio de la cabeza a la cola. Escribo breve. Prefiero una vida sencilla -desde mi entendimiento de "sencillez", que incluye pasarla muy bien-.
Pero también me gusta lo grande donde corresponde. Si volteo a la izquierda también tengo una vista genial del cielo -nublado-, porque tengo una ventana muy grande -y una pared de la sala es un ventanal-. [¿Qué más grande que el cielo?] Ahora estoy muy bien en mi casa; de hecho, es justo el tamaño del que puedo ocuparme; pero sé que estará mejor algo de mayor tamaño, después; quiero una casa "grande".
Como se sabe, juzgamos las dimensiones a partir de nuestros parámetros personales/culturales. Acotado esto, observo que de lo que nos parece "grande", solemos retraernos. Supongo que a lo pequeño, lo consideramos manejable, y que lo grande nos parece hecho para gente de mayor tamaño.
Sin embargo, todos los que hicieron algo grande, no eran más que personas. Y cualquier camino se empieza con el primer paso. Vale con las tonterías, como juntar una colección de un millón de tapitas de pasta dental, como con los asuntos de la mayor trascendencia. Un día: la persona se ocupa de hacer lo que ha decidido hacer, y si consigue dedicarse a ello, saldrá algo de "buen tamaño"; si quiere que ese "buen tamaño" sea "grande", solamente tiene que analizar en qué hace falta aumentar la inversión: ¿tiempo?, ¿energía?, y por supuesto: hacer la inversión.
No soy una adoradora de lo grande. No creo que todos tengamos que hacer grandes cosas. Creo que tenemos llamados -vocaciones- diferentes, y que es tan digno hacer algo pequeño o mediano, como algo gigantesco... siempre y cuando estemos haciendo lo que sabemos que nos corresponde. Además, el juicio sobre el tamaño de nuestra obra, va a variar según quien juzgue, así que lo que importa es lo que a nosotros nos queda claro (es importante que nos quede claro a qué estamos jugando).
Así que, no tenemos necesariamente que hacer algo llamado por los demás o por nosotros mismos "grande". Pero es una opción. Es completamente posible.
A mí me gustan las cosas pequeñas. Literal y figuradamente. En mi casa hay miniaturas; si volteo a la izquierda hay un perrito de alambre que medirá unos dos centímetros y medio de la cabeza a la cola. Escribo breve. Prefiero una vida sencilla -desde mi entendimiento de "sencillez", que incluye pasarla muy bien-.
Pero también me gusta lo grande donde corresponde. Si volteo a la izquierda también tengo una vista genial del cielo -nublado-, porque tengo una ventana muy grande -y una pared de la sala es un ventanal-. [¿Qué más grande que el cielo?] Ahora estoy muy bien en mi casa; de hecho, es justo el tamaño del que puedo ocuparme; pero sé que estará mejor algo de mayor tamaño, después; quiero una casa "grande".
Como se sabe, juzgamos las dimensiones a partir de nuestros parámetros personales/culturales. Acotado esto, observo que de lo que nos parece "grande", solemos retraernos. Supongo que a lo pequeño, lo consideramos manejable, y que lo grande nos parece hecho para gente de mayor tamaño.
Sin embargo, todos los que hicieron algo grande, no eran más que personas. Y cualquier camino se empieza con el primer paso. Vale con las tonterías, como juntar una colección de un millón de tapitas de pasta dental, como con los asuntos de la mayor trascendencia. Un día: la persona se ocupa de hacer lo que ha decidido hacer, y si consigue dedicarse a ello, saldrá algo de "buen tamaño"; si quiere que ese "buen tamaño" sea "grande", solamente tiene que analizar en qué hace falta aumentar la inversión: ¿tiempo?, ¿energía?, y por supuesto: hacer la inversión.
No soy una adoradora de lo grande. No creo que todos tengamos que hacer grandes cosas. Creo que tenemos llamados -vocaciones- diferentes, y que es tan digno hacer algo pequeño o mediano, como algo gigantesco... siempre y cuando estemos haciendo lo que sabemos que nos corresponde. Además, el juicio sobre el tamaño de nuestra obra, va a variar según quien juzgue, así que lo que importa es lo que a nosotros nos queda claro (es importante que nos quede claro a qué estamos jugando).
Así que, no tenemos necesariamente que hacer algo llamado por los demás o por nosotros mismos "grande". Pero es una opción. Es completamente posible.
Silvia Parque
lunes, 2 de junio de 2014
Tortuga piedra
Mis pequeñas tortugas ya no son tan pequeñas. Ahora viven separadas; hay un espacio con agua y un espacio con tierra, en los que habitan alternadamente.
Hoy por la mañana, al despedirme de ellas, encontré solamente a una, la que estaba en el acuario. Me extrañó la posibilidad de que lograra salir de su casa seca, pero dudé que se hubiera enterrado, con la poca tierra que hace de suelo en la caja-casa. Pero sí. Medio se enterró, y su hermoso caparazón se camufló.
Habría querido despertarla cuando regresé a casa -mi casa debe ser su universo-, pero me dio pena, con tan buen trabajo que hizo, aparentando el paisaje.
Hoy por la mañana, al despedirme de ellas, encontré solamente a una, la que estaba en el acuario. Me extrañó la posibilidad de que lograra salir de su casa seca, pero dudé que se hubiera enterrado, con la poca tierra que hace de suelo en la caja-casa. Pero sí. Medio se enterró, y su hermoso caparazón se camufló.
Habría querido despertarla cuando regresé a casa -mi casa debe ser su universo-, pero me dio pena, con tan buen trabajo que hizo, aparentando el paisaje.
Silvia Parque
martes, 27 de mayo de 2014
Mucho tiempo, poco tiempo
Acabo de leer de @Dios_Padre en Twitter, que "Lo bueno del lunes es que sólo dura 24 horas".
Pensé que es lo único malo del domingo y recordé lo impactante del pronóstico para una uña un poco enterrada que está haciéndose sentir en el dedo gordo de mi pie derecho: que va a molestar "unos meses".
Con dolor, "unos meses" es como "unas tres vidas". Y sin embargo, en pleno mes de mayo, tengo pendientes que esperan desde principios de año.
Pensé que es lo único malo del domingo y recordé lo impactante del pronóstico para una uña un poco enterrada que está haciéndose sentir en el dedo gordo de mi pie derecho: que va a molestar "unos meses".
Con dolor, "unos meses" es como "unas tres vidas". Y sin embargo, en pleno mes de mayo, tengo pendientes que esperan desde principios de año.
Silvia Parque
jueves, 24 de abril de 2014
Imágenes
Hace ya bastantes años, un profesor me hizo un retrato. Alguna persona que no conoce a mi mamá, me preguntó si la imagen era de mi mamá porque encontró algo de mí en el dibujo, pero suponía que no podía ser yo. A algunas personas les pareció que el rostro dibujado no era nada bonito y se apresuraron a decir que no se parecía a mí.
En un cambio de casa, el hombre que bajaba el cuadro de la pared para guardarlo, accidentalmente cubrió una parte de la imagen con otra cosa que quedó encima. ¡Ahora sí era yo! Y bonita. Cubriendo un pedazo del dibujo, más o menos donde el cuello se convierte en espalda: era yo.
El asunto me vino a la mente con ESTA entrada de Rodrigo Córdoba y las imágenes que incluye.
El profesor-dibujante es paralítico y tiene una deformidad en la espalda. Vemos el mundo desde donde estamos situados.
En un cambio de casa, el hombre que bajaba el cuadro de la pared para guardarlo, accidentalmente cubrió una parte de la imagen con otra cosa que quedó encima. ¡Ahora sí era yo! Y bonita. Cubriendo un pedazo del dibujo, más o menos donde el cuello se convierte en espalda: era yo.
El asunto me vino a la mente con ESTA entrada de Rodrigo Córdoba y las imágenes que incluye.
El profesor-dibujante es paralítico y tiene una deformidad en la espalda. Vemos el mundo desde donde estamos situados.
Silvia Parque
viernes, 28 de marzo de 2014
¿Qué o cuánto es "demasiado"?
Maquillarse demasiado.
No maquillarse.
Usar tacones demasiado altos.
Usar zapatos escolares.
Tener tres empleos.
Quedarse en casa.
He oído supuestas causas de que una mujer haga una cosa u otra, en visiones del mundo donde la complejidad de la persona se simplifica hasta la grosero. Ni siquiera se revisa lo relativo que es un "demasiado".
Silvia Parque
sábado, 11 de enero de 2014
A veces encuentro algo asqueroso, y me motiva a no ser sucia
No soy limpia. No es que sea sucia, según mis parámetros -según los de otros, sí-; pero no soy "limpia". En correspondencia, mi casa y mis cosas tampoco son "limpias". Me gustan las casas y las cosas limpias, pero mientras no tenga quien limpie por mí, me conformo con no dejar que estén "sucias"... o "muy sucias". El orden es otra cosa; sí soy ordenada y me gusta ordenar; cuando la casa o las cosas están desordenadas, me siento incómoda.
Volviendo al punto de los "parámetros":
Como parte de mis buenos hábitos 2014, intento tender la cama un día sí y un día no; va bien, creo que solamente ha estado dos días seguidos sin tender en lo que va del año. Como los primeros días no contaron, visto desde afuera, tal vez mi avance no sea la gran cosa; para mí, lo es, como el alcohólico que llega al punto de no pedirle más triunfo al día, que no haber bebido. No he tenido tanto éxito con los trastes. Cambié mi propósito de lavarlos todos los días, por lavarlos cada tercer día, y luego por lavarlos el fin de semana. Llegando el fin de semana, pensé que mejor el domingo que el sábado, y pretendí servir agua en un vaso. Había una mosca en un popote, en medio de una nube de hongos blancos, extendida por el fondo del popote al fondo del vaso.
No hay mucho más qué decir. De verdad lavaré los platos mañana.
Volviendo al punto de los "parámetros":
Como parte de mis buenos hábitos 2014, intento tender la cama un día sí y un día no; va bien, creo que solamente ha estado dos días seguidos sin tender en lo que va del año. Como los primeros días no contaron, visto desde afuera, tal vez mi avance no sea la gran cosa; para mí, lo es, como el alcohólico que llega al punto de no pedirle más triunfo al día, que no haber bebido. No he tenido tanto éxito con los trastes. Cambié mi propósito de lavarlos todos los días, por lavarlos cada tercer día, y luego por lavarlos el fin de semana. Llegando el fin de semana, pensé que mejor el domingo que el sábado, y pretendí servir agua en un vaso. Había una mosca en un popote, en medio de una nube de hongos blancos, extendida por el fondo del popote al fondo del vaso.
No hay mucho más qué decir. De verdad lavaré los platos mañana.
Silvia Parque
viernes, 3 de enero de 2014
Para dejar pasar
Para dejar pasar las cosas, buenas y malas, ayuda situarlas en perspectiva; para situar en perspectiva es útil quitarnos importancia.
Es cuerdo y bueno ser el centro de nuestras vidas, pero al dimensionar La Vida puede que prefiramos no estar en el ojo del huracán.
Es cuerdo y bueno ser el centro de nuestras vidas, pero al dimensionar La Vida puede que prefiramos no estar en el ojo del huracán.
Silvia Parque
domingo, 17 de noviembre de 2013
Yo que ni un momento...
Si posiciono el cursor en el ícono de las barritas, me dice que hay señal de internet y que estoy conectada. Pero no estoy conectada. O estoy conectada como una pareja en la que el amor o la atracción o la costumbre, o algo en el aire ata, pero no hay convivencia, ni intimidad... ni relación. Así se quedó la casa amarilla: con un módem con lucesitas pero sin que sus habitantes podamos abrir una sola página de internet.
Silvia Parque
sábado, 18 de mayo de 2013
Muchas temporalidades
En el día que dejo de esperar.
Es muy conocida esa explicación de la relatividad atribuida a Einstein, de que a un hombre sentado una hora junto a una mujer hermosa, la hora le parecerá un minuto, mientras que un minuto encima de una estufa caliente, le parecerá una hora. Sabemos que el que espera, desespera, desde que fuimos conscientes de que había que atravesar todos los días entre el día en curso y el día de navidad. Lo que me llama la atención es que el tiempo pueda sentirse veloz y lento a la vez.
A menudo quedan cosas sin terminar en el trabajo, porque la hora de entrada se ha convertido en la hora de salida, quién sabe cómo, pero de sobra constatado por el cansancio del cuerpo y la mente. Si es temporada de mucho quehacer laboral, el fin de semana pasa lo más rápido que puede: no vayan a quedarse esperando mucho los pendientes... Y sin embargo, entretanto, el mundo parece en cámara lenta, acercándose a una fecha, un evento, una señal que se está esperando.
Silvia Parque
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