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sábado, 17 de octubre de 2015

Resolviendo la mordida de teta

B empezó a "morderme" en serio hace un par de días; la teta, se entiende. Muerde y jala, con lo que la cosa se pone intensa. Hoy su papá me dijo que le hablara seria y firme y me reconocí incómoda al respecto; trabajaré con esa incomodidad.

No tengo problema con decir "no" cuando intenta jalarme el cabello o tomar mis lentes; ahí, natural y ordinariamente hablo con firmeza, sin pensarlo... y no hay menos dulzura en la instrucción que en cualquier otra cosa que diga antes o después. Pero esto de la mordida es diferente... será porque me duele más que un jalón de cabello o porque estar tenida de un pezón, me hace sentir vulnerable. Y claro, porque aquellos primeros "no" los he dicho mientras le quito el cabello de la mano o aparto su mano de mis lentes, así que en realidad, el peso de "hacer que ella haga" no recae en la palabra. En el caso de la mordida, por el contrario, al no poder evitar el acto, me sale un "no-no" angustiado y suplicante y si trato de que no salga así, sale un "no" grave y cortante, que no me gusta y me da miedo (de que ella sienta que le hablo feo). El papá lo ha resuelto con un truco buenísimo: igual que jalándole un poco la oreja, hacía que abriera más la boca cuando necesitábamos que se acomodara mejor en la teta, encontró un punto que apretando un poco con el dedo, relaja su mandíbula y hace que me suelte. Es la parte de en medio-abajo del cachete, a la altura de los labios. Apretando ahí -es apenas un toque-, puedo decir un "no" normal.

Silvia Parque

martes, 22 de septiembre de 2015

Las ocupaciones de B

El jueves pasado, la consultora de lactancia dio de alta a B, en cuanto a su peso; con 5.200 k, mi niña de 60 cm. llegó al puntito de la curva en el que debía estar. Doy gracias a Dios por eso y por supuesto: a la doctora de lactancia y a su pediatra. Hoy comió y comió y creo que estuvo ocupándose de crecer. A eso se dedica, fundamentalmente, aunque también pasa tiempo en el gimnasio, hace sonar la mariposa de su portabebé, baila con su papá y nos escucha contarle cómo es el mundo -algunas cosas edulcoradas, cuando las cuento yo-.

Silvia Parque

lunes, 3 de agosto de 2015

Semana mundial de la lactancia materna

Ha dado inicio la Semana mundial de la lactancia materna. El sábado participé en la "gran tetada" o "gran lactada" 2015, promovida por UNICEF.


Me resultó reconfortante compartir experiencias con otras mamás que dan pecho a sus bebés. Este año, el tema es "lactancia y trabajo". Hay mucho por decir y hacer al respecto. Yo tengo la fortuna de trabajar desde mi casa, lo que me facilita amamantar; pero la mayoría de las mamás a mi alrededor, trabajan fuera de casa y necesitamos hacer posible, como sociedad, que críen y amamanten sin tanta traba.

Silvia Parque

jueves, 23 de julio de 2015

Cuestión de peso

Estamos subiendo a B de peso. Nació pesando no mucho; a los dos meses comenzó a ser una cuestión de cuidado y para los tres meses tenía "desnutrición moderada". Mi estupenda experiencia con la lactancia tuvo un tope ahí, pero avanzamos: ahora toma del pecho y también con jeringa, tanto leche mía extraída, como leche de fórmula. El plan es llevarla a la normalidad que le corresponde (no todos los niños han de pesar lo mismo) y entonces retirar la fórmula. Hacemos un trabajo de equipo, la pediatra, la doctora consultora de lactancia, y yo; además está el apoyo del papá, la abuela, la bisabuela. Después de un gran susto por una medición errada, el martes, hoy celebramos 3.860 kilos, gracias a Dios. Todo parecía de un mejor color, al salir del consultorio; hablo literalmente: los edificios, la calle, el cielo, se veían con mayor nitidez. Me compré un helado.

Silvia Parque

martes, 14 de julio de 2015

Aventuras por el camino de la vía láctea

Gracias a Dios, B está bien; pero está baja de peso y necesita recuperarse lo más pronto posible. Su nueva pediatra ha dado quince días para implementar alguna estrategia con la lactancia materna, antes de tratarla por desnutrición. El pediatra1 dijo que le andaba faltando como un kilo. Es un médico al que siempre estaré agradecida por la atención oportuna que le dio a mi niña de recién nacida, pero no me gustó su abordaje de la lactancia. Desde el principio, sugirió completar con fórmula y tés. Nunca hice caso en eso y finalmente, cambié de pediatra ahora que me dijo que ya era una indicación: que dos o tres biberones con fórmula al día, porque de no hacerlo, arrastraría un problema. Yo entiendo que el peso bajo es un asunto serio, pero con su actitud no parecía considerar también un asunto serio, preservar el amamantar.

Según la nueva pediatra, un bebé que necesita mayor nutrición, con mayor razón necesita de leche materna. Me advirtió que si lo que vamos a hacer no funciona, habrá que darle fórmula, pero no como indicó el pediatra1, sino con mayor concentración y con no sé qué otra cosa que se le pondría al biberón. Tal vez parecería que ambos médicos consideran fundamentalmente lo mismo: que está baja de peso y que hay que echar mano del recurso de la fórmula; pero no es igual cuando hay un interés por preservar la lactancia materna y conocimiento actualizado sobre el tema: ni agua, ni tés, ni nada más que leche para los bebitos amamantados, hasta los seis meses.

Así que estoy en medio de un plan integral: me alimento mejor, lo cual implica hacer compras diferentes. Resisto al llanto de B cuando tengo que dejarla para preparar algo y comer. Tengo a la mano botellas de agua para asegurarme de estar tomando al menos tres litros al día y pronto empezaré con todo un kit de suplementos, por si faltaran nutrientes en lo que como. Pero lo más importante ha salido del consultorio de lactancia. Porque ahora existen consultorios de lactancia. Al que fui, comparte espacio con un centro Montessori, así que todo era muy lindo. La doctora es médico, diplomada en lactancia y crianza, y encontró un problema anatómico en el paladar, por el que la succión de B es débil: por eso tarda mucho en cada toma y le falta leche. Dijo que mi niña es muy paciente y trabajadora; ha estado haciendo un gran esfuerzo por alimentarse todo este tiempo, pero necesita ayuda. (No es indispensable que suba un kilo entero).

Hoy empezaré a extraerme leche y se la daré mientras mama, con un relactador. Como no podré tenerlo hasta la noche o tal vez hasta mañana, empezaré la nueva temporada de alimentación con una jeringa. Si no nos acomodamos con estos artilugios, usaría biberón: es el último recurso, para tratar de que una vez bien de peso, ella vuelva a tomar simplemente de mi pecho. Mientras escribo, pienso en Matt y me doy cuenta de que no estará nada mal si B acaba tomando mi leche con biberón; ya me ha dado una experiencia maravillosa con estos meses prendida a mí y se trata de lo que sea mejor para ella. Pero creo que hay gran probabilidad de que todo funcione como deseamos porque es una niña muy fuerte: si así, tiene energía y no deja de esforzarse por comer, en cuanto esté tomando leche extra -con el relactador-, estará mucho mejor y al rato suplirá lo que la forma del paladar le hace perder en succión.

Han sido unos días muy ocupados y no parece que vayan a dejar de serlo, pero creo que me voy adaptando al hecho de que la vida no se detendrá un poquito a que yo tome aire y me organice.

Silvia Parque

martes, 2 de junio de 2015

Voto por el apoyo a la lactancia

El domingo trabajé hasta pasada la medianoche, así que ayer, lunes, me tomé el día. En cuanto B se enteró, aprovechó para mamar y mamar. Teníamos una mañana normal, pero todo fue empezar la tarde sin que mamá se pegara a la computadora para que ella se pegara a la teta. Ya le he explicado que hoy sí trabajo, pero será lo que ella quiera, que es lo que necesita.

He sido muy afortunada con mi experiencia lactando. En un principio, me hizo sentir orgullosa como nunca de mí misma, de mi cuerpo; un buen orgullo porque tengo claro que no llevo mérito en esto, que es gracia de Dios. Sin embargo, justamente al principio, tuve ocasión de comprobar lo que dice Carlos González: que el apoyo a la lactancia es necesario: no encuentras a mujeres que quieran dar biberón y no hayan podido, y sí a mujeres que querían amamantar y no lo hicieron o dejaron de hacerlo por falta de apoyo o por una "orientación inadecuada".

Como mi niña no solamente nació por cesárea, sino que además tenía líquido amniótico en los pulmones, no pudieron dármela para que la prendiera a mí de inmediato; de hecho, no la llevaron a mi cuarto sino hasta horas después. Ese tiempo en el que estuvimos separadas, la alimentaron con fórmula, y de que eso también fuera necesario nada más no dudo por no complicarme la vida; pero sí tengo quejas de otros manejos... no recuerdo el orden exacto de lo que pasó, pero fue más o menos así:

Cuando llevaron a B a mi cuarto y la enfermera me dijo que le diera de comer, olvidé todos los artículos, videos informativos y entrevistas sobre el tema que devoré en el embarazo; estaba un poco tonta por la impresión de tenerla, tan real y tan a mi cargo, y se me ocurrió que no sabía qué hacer. Desde mi punto de vista sobre calidad en el servicio, la enfermera habría hecho bien en notarlo y orientarme; pero hasta ahí, no tengo queja, tampoco. Le pregunté cómo hacerlo, me respondió y B, eso sí, tal y como en mis sueños, se prendió y succionó, dándome una sensación única y maravillosa. Fui muy feliz. Después...

Se llevaron a B para sacarle líquido, ahora de su estómago y otra vez sin pedirme permiso, la alimentaron con fórmula. Me sentí frustrada por tanta "iniciativa", pero las drogas me hacían manejable y mi sensación de incapacidad frente al llanto de la bebé, me llevaba a concluir algo así como "debe ser que ellos saben que hacer, mejor que yo". De hecho, la enfermera se aparecía con un biberón casi cada vez que la niña lloraba. E hizo su pregunta odiosa: "¿Pero sí tiene leche? Tiene que ver si tiene leche". No se me había ocurrido dudarlo. Yo la pegaba a mí y la bebé succionaba. Me sentí una niña diciendo que no, que no había visto y que no sabía cómo ver, a lo que siguió una instrucción. Y no salió nada de mi teta. Fue muy triste.

Yo sabía que los bebés nacen con reserva para varios días, por si no sale leche de su mamá, al principio; pero no sabía si era lo mismo con una bebé prematura. Y esa enfermera, que le cayó de lo mejor a la bisabuela y al padre de la niña y que a mí me parecía de las huestes de Hitler, andaba por ahí con su biberón listo... Empecé a pedirlo yo misma -el biberón- después de que la prendía a mi teta. La niña devolvía la leche, un rato después, y la enfermera le zampaba otro biberón. Yo sabía cuál es el tamaño del estómago de un recién nacido. Eso era mucho para una bebé de un día; pero, insisto, ¿y si con la mía tenía que ser de ese modo? Porque es peligroso que los bebés pierdan demasiado peso; todos pierden peso, pero si de por sí no ha pesado mucho al nacer, habrá que tener más cuidado... Afortunadamente, en el día dos, cuando mi ginecóloga llegó a ver cómo estaba, le conté lo que estaba pasando. "Claro que tienes leche", me dijo; pidió permiso y sacó de mi teta una hermosa gota de líquido transparente. "Eso es todo lo que tu bebé necesita. No necesita más".

Eso me animó para tomar el control de la situación; además, me sentí reconfortada porque le quitó importancia al hecho de que la niña hubiera tomado unos cuantos biberones ese par de días. "Cuando te la lleves a tu casa, ya le das nada más pecho", dijo. Y así ha sido. El pediatra recomendó "completar" con fórmula si se quedaba con hambre; pero si veo que se ha quedado con hambre, entiendo que no ha terminado y le ofrezco más, hasta que termina. No me falta. Y tan contentas las dos. Cuando hay irritación en las areolas, uso una pomadita. El par de veces que he sentido un poco de dolor, he sabido que es un anuncio de que no se han vaciado las tetas y me ocupo. Últimamente hace unos ruiditos indicadores de que mete aire mientras come; pero sé que es cosa de acomodarnos mejor.

Silvia Parque

lunes, 4 de mayo de 2015

Colecho, crianza en brazos, lactancia materna.- el encuentro con la realidad

Que conste que sigo pensando que lo bueno que se dice del colecho es como se dice y no creo que sea significativamente peligroso; pero como todo, no es para todos y no resultó para nosotros.

A B se le preparó un lugar en la parte central-superior de la cama, sobre una de sus sabanitas. Y no quedó mucho espacio para dos cuerpos adultos. Pensé que esa incomodidad pasaría cuando libráramos la etapa "recién nacida", así que no le di importancia; de cualquier manera no esperábamos dormir muy cómodos por un tiempo... Lo crucial fueron dos sustos que me llevé una noche:
* Primero, despertar y no verla, para descubrir que estaba junto a mí - pegada a mí, con su cara entre el colchón y mi cuerpo; no sé si rodó o yo la habré jalado.
* Luego, descubrir que la había tapado como si estuviera al revés, es decir, le cubrí completamente la cabeza creyendo que eran los pies. Creo que es menos probable que yo permanezca dormida si me levanto de la cama y doy un par de pasos antes de verla.

Ya espero un bambineto que están por heredarle.

Con la crianza en brazos me va mejor, aunque tampoco es como lo imaginé. Amo cargarla y podría pasarme el día echada con ella, solo que:
1. Lo único que parece gustarle más que estar en brazos es estar en los brazos de una persona que esté caminando; recuperándome de la cesárea, esa persona no puedo ser yo: creí que sí hace unos días y mi cuerpo replicó ostensiblemente. Sí puedo caminar, pero no es lo mismo dirigirme de un punto a otro, que ir y venir, una y otra y otra y otra vez. 
2. Mi "baja por maternidad" no puede ser muy extensa: necesito regresar al escritorio y al teclado. Probé tenerla en brazos y escribir solo con una mano, pero no es operativo. Planeo trabajar con ella encima en un fular, pero cuando sea un poco mayor; ahora me da la impresión de que se perdería "ahí" -es tan pequeñita-. Entretanto, aprovecharé la ayuda de mi abuela...

Lo que sí es como en mis mejores sueños es lo de amamantar. Eso da para otra entrada...

Silvia Parque