Mostrando entradas con la etiqueta baby led weaning. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta baby led weaning. Mostrar todas las entradas

domingo, 21 de agosto de 2016

B come de todo

Hoy, mi niña probó el licuado de fresa. Conocía el licuado de mango y de mango con plátano. Amo cómo cada día conoce algo nuevo, y con la comida es especialmente divertido.

Hace poco probó el ajo. Había comido platillos con ajo, pero no un diente de ajo, así: solo. Yo estaba rebanando uno para cocinar y ella insistió en que quería, a pesar de mis advertencias. Se lo di y se lo comió; bueno: lo mordisqueó, se entretuvo con él un rato y comió un poquito. No le hace el feo a nada. Es genial verla comer limón: pone caras pero no se detiene.

Dicen que cuando crecen empiezan los remilgos. Hoy me ofreció de su cebolla y le dije que no me gusta. Me dio pena porque me gustaría que no tuviera el "dato" de que la buena comida puede no gustar; pero sería un sacrificio para mí darle una mordida a la cebolla (se la pasé a su papá, quien se la comió con gusto). Claro que sucede, a veces, que hay cosas que no quiere; pero nunca ha puesto cara de disgusto cuando no le interesa comer algo: nada más no quiere; se lo ofrezco tiempo después, y siempre sí. Excepto con la médula: eso sí que le disgustó.

Ayer le decía a mi abuela, por teléfono, que ama los huevos cocidos pero no se come la yema; no es que no le guste el sabor: no le gusta la sensación. Se emociona mucho con el huevo. Trato de que no los vea hasta que están listos porque si los ve, los quiere en ese momento; es poco creíble que "todavía no están listos", si están igualitos que cuando ya se cocieron. Ayer, apenas hube pelado uno, se lo di entero -normalmente lo parto en pedacitos-. Se lo comió a mordidas con todo y casi toda la yema. Así que de ese modo, la yema sí.

El día que la pediatra notó que era hora de cambiar a las gráficas de talla y peso para niñas con S.T., pude volver a mi entera despreocupación por su comida. Si come poco, comerá más al rato. De cualquier modo, iremos con una gastropediatra para asegurar que todo el proceso de su alimentación esté funcionando bien. Así es la cosa: visitamos un abanico de especialistas. Gracias a la generosidad de su abuela, no tengo que preocuparme por lo que eso cuesta. Gracias a Dios, siempre encuentran que todo está bien.

Silvia Parque

viernes, 8 de julio de 2016

Tostada

Un día, no sé si antier o antesdeantier, le di a B una tostada.

Nunca lo hubiera hecho. 

De saber la afición que estaba por nacer, lo habría dejado para unos dos años más tarde. Ha pasado la semana pidiendo tostada para almorzar, comer y cenar, y en sus colaciones. No me parece mal, pero eso ha jugado en contra del resto de la comida. Confío en que se le pasará en cuanto vuelva a tener enfrente un pollo asado. 

Para mayor complicación, la tostada no es la cosa más adecuada para que coma una niña tan pequeña. Varias veces se le ha ido un pedacito sin masticarlo, y se atraganta. Nada que le provoque un sentimiento aversivo hacia la tostada; en cuanto expulsa o traga el pedacito travieso, quiere más tostada.

He pensado en decir "ya no hay", pero hasta el momento no le he contado mentiras, y evitaré hacerlo, en lo posible; al cabo no queda más que un par.

Silvia Parque

jueves, 2 de junio de 2016

Cómo hago para que mi bebé coma mejor

Estoy convencida de que los niños pueden regular su alimentación: tú les pones a su alcance alimentos nutritivos, ellos comen lo que necesiten. Como a Carlos González, me causa gracia que las mamás digan "no comió nada", cuando el niño ha masticado y ha tragado tres bocados de lo que estaban dándole: tres bocados no son "nada". El punto clave es que el niño en cuestión tenga energía y se desarrolle como es esperado; si es así, los tres bocados eran suficientes.

Yo, despreocupada con la comida como solo otras dos madres que conozco, llevo desde que iniciamos con la alimentación complementaria, dejando que B tome decisiones sobre qué y cuánto comer. Obviamente, las decisiones sobre "qué comer" caen dentro del menú muy pensado que le ofrezco. Hasta ahora, todo iba bien, pero antier, la báscula y la cinta métrica opinaron que sería conveniente hacer cambios. Básicamente: que tiene que comer más. La doctora recetó un complemento que abre el apetito, un multivitamínico famoso, y dio un par de indicaciones: insistir para que no se quede sin comer nada en una comida, quitarle el biberón de medianoche (para favorecer el hambre en el almuerzo), no dejar de darle la fórmula que ya conocemos, y ofrecerle colación entre comidas. 

También hacemos lo siguiente, y está funcionando. Apenas van dos días, pero el cambio es notorio:

- Hablamos del tema delante de ella, y con ella.- No sé cómo funciona. No sé si es el alma, el inconsciente, el vínculo; pero aunque no me haga caso cuando le digo que no entre a la cocina, cuando hablamos de ella frente a ella, o cuando hablamos con ella de cosas importantes, percibe o absorbe -no sé- el mensaje, y actúa en consecuencia. .

- Redistribuimos la variedad de alimentos.- El problema está en la mañana. Muchos días no quiere almorzar, pero come y cena bien -a veces "muy bien"-. Así que el almuerzo tendrá eso a lo que nunca se niega. Será la hora del pan, de las tortilla y de la fruta favorita; será el momento para el "azúcar" del día. 

- La acompañamos.- Come mejor cuando me siento a comer con ella, y de hecho come mucho mejor cuando le toca que estamos a la mesa "papá-mamá-hija". A menos que sea algo que le guste mucho, si la dejo comiendo "sola", mientras yo hago otra cosa, aunque esté a medio metro de ella, se distrae y come menos. 

- Le damos comida de señora.- Resulta que mi hija gusta de los platillos típicos que cocinan las señoras: ella quiere consomé de pollo con verduras, arroz y frijoles, y yo la mayor parte de los días no cocino: solo "preparo" comida. Es raro que "guise", casi nunca tenemos una comida con tres tiempos. ¡Pero habrá que hacerlo!

- Nos ordenamos (1).- Nunca vamos a ser una familia de estructuras rígidas; pero la verdad es que a B le benefician las rutinas: rutinas flexibles, que le permiten a su cuerpo "esperar algo" y "estar listo para eso". Por ejemplo, varios días se quedó dormida y se perdió la cena; no pasa nada porque ocurra una vez o dos, pero los incidentes son varios. Y de alguna forma, todo está conectado: si duerme bien, si ha hecho ejercicio, si está de buen humor: come mejor.

- Nos ordenamos (2).- Hemos jugado mucho a la hora de comer -y con la comida-, tanto, que se desvirtuó el momento. Necesitamos que se concentre en que va a comer, que eso sea agradable en sí mismo, y que el juego sea antes y después. [Aquí recuerdo a Susana, diciendo por qué no le gusta que los niños jueguen con la comida.]

Silvia Parque

martes, 26 de abril de 2016

Mi primate favorita

B ama las frutas. Se emociona, las lleva a su boca como el primate que es, con verdadero gusto del alma.

Hoy sacamos de una bolsa, cinco naranjas, tres plátanos, dos mangos, una manzana y dos tomates. Fue un buen rato de tocar, manipular, acomodar, y usar palabras para nombrar colores, tamaños, cantidades.

Cada fruta tiene lo suyo: la naranja puede rodar, los plátanos vienen en penca y al arrancarlos queda el tallo, del mango no queda claro si la cáscara está sabrosa o no -mordió un mango, un plátano y un tomate-.

Corté una naranja y se la comió. Es muy buena aprovechando el jugo. Come con la sabiduría de la especie.

Silvia Parque

domingo, 28 de febrero de 2016

La cáscara del plátano se come

Esta mañana fui a comprar algunas cosas, antes de dar almuerzo a B. Se hizo un poco tarde, así que en cuanto llegamos a la casa, apenas le quité la chamarra, la senté y saqué un plátano para dárselo.

"¿Por qué dejé que lo viera?", pensé, mientras el lloridito de B empezaba a tomar fuerza. Le había dado una sabrosa y nutritiva mitad de plátano, pero ella quería la otra: la que seguía con cáscara.

Desde la última vez que comió plátano, quiere la cáscara. Esa vez, para darle gusto, la dejé manipular y llevarse a la boca la cáscara, en un intento de pelarlo juntas y despedir a la envoltura protectora; pero hubo llanto, sacudida y muy poco plátano comido.

Esta vez, por mero cansancio, sin intención pedagógica, le di una lavada a su codiciado medio plátano con cáscara y se lo dejé. Tan contenta.

Busqué en Google para ver si estaba intoxicando a mi hija y me llevé la sorpresa de que la cáscara de plátano no solamente si se come, sino que es recomendable hacerlo.

Silvia Parque

martes, 19 de enero de 2016

Bebé al ajillo

El cabellito de B huele a shampoo de bebé. Su cuello -por atrás- huele a jabón de bebé. El resto de ella está envuelta de un aroma a ajo. Ya le lavé la boquita; pero supongo que su aliento seguirá así de poderoso hasta que acabe de digerir la carne de hoy. No me molesta ni mucho menos, solo es... peculiar.

Silvia Parque

martes, 24 de noviembre de 2015

Ablactación con inspiración del método "baby led weaning"

Como he comentado en otras entradas, yo tenía la idea de alimentar a B solo con leche materna, sus primeros 6 meses; pero se le dificultó mamar y se desnutrió, por lo que nos servimos de la leche de fórmula; primero con jeringa, y después con biberón. Durante un periodo muy breve, intenté extraerme leche, pero B hacía tomas muy largas y frecuentes, de modo que se habría tratado de que el tiempo en que yo no estaba dando de comer, estuviera sacándome leche y/o lavando implementos del extractor. Como saben las mamás que sí hacen esa labor: superadas las primeras semanas, cada extracción habría sido más rápida y abundante; pero me rendí. Afortunadamente, no se redujo mi producción de leche, ni sus ganas de prenderse; seguimos con lactancia mixta, y ahora que está fuerte, mama que es un gusto.

Exactamente el 18 de octubre, el día en que cumplió seis meses, empezamos la ablactación. Yo quería usar el método "libre de papilas", pero según mi entendimiento, B no calificaba porque todavía no permanecía sentada sin apoyo (y todavía no lo hace), así que tuve claro que, como en todo, habríamos de hacer adaptaciones; han sido tantas, que no puedo decir que sigo el método, pero sí que me inspiro en sus principios.

Empezamos con calabacita. Era un domingo después de la Iglesia. Yo estaba de lo más emocionada, pero ella no mostró interés en el primer momento. La misma niña que se metía -y se mete- todo a la boca y que nos miraba comer con cara de huerfanita hambrienta, no mostraba ningún interés en la muy escogida, tierna, cocida y finamente picada calabacita. Entonces hice lo que no hay que hacer: me senté en posición de mamá alimentadora, tomé un trocito y lo acerqué a su boca, una vez, y otra vez y otra vez, hasta que caí en la tentación e intenté meterlo. Tuve que aceptar que mi fiesta no era su fiesta. La siguiente vez, el mismo día, fui menos intrusiva y creo que llegó a medio probar algo. Pero el día siguiente fue maravilloso. La puse en mi regazo, frente a la laptop, dejé la calabacita cocida, entera, a su alcance, en la mesa; me ocupé de mis cosas, y ella, naturalmente, llevó su boca hasta la comida (la boca a la comida, sí, como perrito). De ahí pa'l real, he comprobado que le gusta controlar su alimentación, y me parece perfecto.

No me preocupo si come poco, porque su principal alimento sigue siendo la leche, pero sí me interesó asegurarme de que comiera algo; si la dejo por la libre, hay "platillos" de los creo que comería tan poco que sería prácticamente nada. Sé que con el tiempo, lo conseguiría, pero ¿ese gramillo que lograra caer al estómago, contaría como haber probado el alimento? Así que sí preparo papillas, siempre dejando "textura". Me decidí a hacerlo porque con algo, creo que con la zanahoria, ella mostraba un animado interés por comer más de lo que estaba logrando comer. Me pareció que se frustraba, y en cambio, disfrutó mucho el machacado. Antier que comió manzana procedimos así: le presento la manzana entera, con cáscara, y ella la toma, la observa, la gira y se la lleva a la boca. Luego, le ofrezco una mitad de manzana, y ella succiona; toma el trozo por sí misma, lo manipula, y se lo lleva a la boca; muerde con la encía y come; pero se le escapa con facilidad, así que acepta que lo sostenga en mi mano para succionar y/o morder (vi por primera vez la huella de su primer diente). Al rato, raspo manzana con una cucharita y se la voy dando. Cuando pierde interés en la manzana, dejo que tome la cuchara, y le pongo montoncitos de manzana raspada sobre la tabla de su mesa. Come de una diversidad de maneras, algunas menos escandalosas que otras -en cuanto al batidero que queda-.

Seguimos el orden que nos recomendó la pediatra: verduras, frutas, cereales, leguminosas y carnes, cada cosa unos dos o tres días para notar si algo hace barullo. Cambié lo de dos o tres días, por uno o dos días, y no me privé de darle una probadita de esto o aquello, el par de veces que me acompañó a almorzar fuera. La carne, después de que la probó sola, se la di con vegetales que ya había comido, para que le supiera mejor. No le doy nada que yo no me comería; de hecho, siempre se me antoja lo que le doy. No quiero alimentos procesados comerciales porque no confío en ellos, no me gustan sus texturas, son más caros, me ilusiona hacer yo su comida, y sobre todo: a excepción del Gerber de manzana, no me resultan nada apetecibles: hasta me han dado asquito los que son de carne (en cambio, mi preparado de pollo, y mi preparado de res, olían delicioso y sabían de lo mejor).

Hasta ahora, B come dos veces al día, y sigue tomando leche a libre demanda. Intento servirle cuando no tiene hambre, para que se trate de una experiencia más de conocer, que de satisfacer una necesidad física. Le repito el nombre de lo que está comiendo, y damos gracias. Creo que ambas la estamos pasado bien, con los inevitables momentos de estrés porque algo fue difícil de tragar y las emociones fuertes cuando se "quema" un poquito, o lo tira todo. Pero es un placer verla reaccionar a lo nuevo: siempre pone cara de una extrañeza que al principio yo interpretaba como disgusto; puede mantener ese gesto mientras se saborea, pedir más y volver al gesto. ¡Y qué bonito es verla pedir más! Hace la cabeza hacia adelante y un sonido como "mm mm" que evidentemente es "más-más". Es asombroso verla domar sus brazos, sus manos y sus dedos. Es increíble toparme con su idiosincracia y su voluntad...

En eso estamos.

Silvia Parque

jueves, 19 de noviembre de 2015

B come

B sigue tratando de comer todas las cosas a su alcance, con predilección por los empaques plastificados y los objetos que puedan considerarse foco de infección, amenaza para los ojos o para la respiración (no dejo que coma esas cosas, pero ella lo intenta); entre sus juguetes, ama comer un espejo que cuelga de un cojín de medialuna, y la etiqueta de un hipopótamo (las etiquetas, en general, le gustan mucho). En el último mes, empezó a tratar con más insistencia, de comer partes del cuerpo de otras personas.

Por lo demás, ya ha incluido en su menú: calabacita, zanahoria, jícama, pepino, berenjena, camote, manzana, pera, plátano, jugo de naranja, pan blanco e integral, tortilla, papilla de arroz, papilla de maicena, frijoles y caldo de frijol, lentejas, papaya, tomate, pollo y caldo de pollo; algunas cosas con más éxito que otras. Su pediatra lo único para lo que indicó esperar a que cumpla un año, es para los mariscos (de cualquier forma, no son comunes en nuestra mesa). Estamos "usando" una adaptación del método baby wed leaning y nos va muy bien.

Silvia Parque

P.D. También toma toda el agua de la bañera que puede.