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lunes, 25 de julio de 2022

Clientes

Hemos vuelto a la vida después de una semana de faringitis familiar. Después de unos días de retomar energía, pretendo preparar mis cursos y conseguir clientes, así que este es un llamado al universo de los clientes: 

¡Clientes, vengan a mí! Rápido, por favor, para atenderlos antes de que inicie el curso.

Quiero dos clientes que me encarguen la corrección de textos extensos muy interesantes; uno, de algún tema de mi área de conocimiento; otro, de algo que no sepa, porque me gusta aprender. Que les parezca que cobro lo justo y paguen a tiempo.

Silvia Parque 

viernes, 12 de mayo de 2017

¿Por qué pagar si nada más es trabajo?

Estaba leyendo ESTO en Facebook y recordé la siguiente cita, de un trabajo de Evelyn Diez-Martínez*:
Los niños a partir de los 3 o 4 años saben que los adultos trabajan para obtener dinero, pero sus ideas no siempre son iguales a las de los adultos (por ejemplo, una maestra, un médico, un payaso o un músico pueden trabajar sin que les paguen, puesto que los sujetos creen que este trabajo está basado en relaciones personales y no institucionales).
Cuando lo leí pensé que muchos, muchos, muchos adultos piensan como niños de 3 o 4 años. Además de no comprender que son trabajos también aquellos en los que se trata fundamentalmente de diseñar, proyectar, crear algo abstracto, etc., el egocentrismo es mayúsculo. Recuerdo un artículo en el que una correctora de estilo explicaba algo que debería ser obvio: las razones por las que no iba a dar una leída a tu texto y opinar algo sobre él "como favor". No recuerdo quién era... En alguna parte decía algo sobre la creencia del otro, de que apreciarás que te comparta su tesoro, tanto como para sentirte suficientemente recompensada por el hecho de que te haya tenido en cuenta. Yo he detenido alguna llamada telefónica que rondaba los cuarenta minutos porque me disponía a cenar. Mi interlocutor estaba emocionado hablándome de sus dificultades con su tesis. ¿Sería posible que yo prefiriera cenar con mi marido**?

* La alfabetización socioeconómica y financiera y la educación para el consumo sostenible en México: algunas reflexiones desde la psicología y la educación. Publicada en el 2009, en CPU-e, Revista de Investigación Educativa, 8.
** Había un marido.

Silvia Parque

martes, 7 de junio de 2016

"¿Cuánto cobrarías por...?"

Al trabajar por cuenta propia, el cliente se convierte en "algo" realmente valioso. El prospecto, el interesado, el que simplemente es parte de un público al que va dirigido el servicio, se convierte en alguien a quien da gusto acercarse, conocer y tratar, porque su existencia -eventualmente, su presencia- da sentido a lo que una hace; es así, aunque no contraten el servicio ofertado.

Yo aprecio que hagan contacto conmigo, de cualquier forma. No tengo problema con que me pregunten si hago un trabajo que imaginan que podría hacer, pero no hago (como captura o transcripción de datos); mucho menos me incomoda que me pidan descuentos o plazos para pagar: al contrario -casi siempre hay modo de llegar a un acuerdo-. Pero hay dos cosas que no me gustan:

- Que me pidan una cotización formal con el único interés de conformar la terna que se solicita en muchas instituciones antes de tomar la decisión de a quién se encarga un trabajo; es decir, que me pidan el presupuesto sabiendo de antemano que no están considerando la posibilidad de elegirme. Entiendo que así funciona el mundo: tal vez me disgusta porque si me pidieran la cotización como favor, avisándome de qué se trata, lo haría sin problema.

- Que me pidan que les haga la tesis. Desde estudiantes de licenciatura que en su vida van a volver a escribir un trabajo de más de diez páginas hasta doctores que lucran con sus títulos y son considerados autoridad en sus temas. No es correcto. Y por si mis principios fueran tembeleques, ¡no me conviene! En absoluto. Dependiendo de quién lo propone, hay algo de intento de explotación en eso... de abuso. Yo entiendo al tesista desesperado y tengo una variedad de opciones para quien no puede más: "compongo" trabajos, redacto a partir de borradores, etc.; lo otro no es digno.

Silvia Parque

miércoles, 1 de octubre de 2014

Cobrando

Hace mucho, pero mucho tiempo, en una galaxia lejana, realicé un trabajo y no cobré anticipo. Por contar la anécdota completa: me retrasé unos días en la entrega; pero entregué el trabajo, fue recibido y no fue pagado. Además de lo que eso puede incomodar, me molesta haberme puesto a transcribir -a eso no me dedico-, pretendiendo que cuando llegara la hora de corregir, pudiera hacer un buen trato con esa persona. También recuerdo con molestia que por esos días, un amigo me pidió un préstamo y yo accedí con gusto; el día que debían pagarme, mi amigo y yo esperamos y esperamos para que yo pudiera prestarle, hasta que confirmé que no iba a recibir nada "en ese momento". Tampoco al día siguiente, al mes siguiente... y debe haber pasado más de un año.

Como por no dejar, hace un par de meses, le cobré a esta persona. Respondió a mi llamado, diciendo que se comunicaría. Insistí y lo mismo. Volví a insistir y ahora me dice que nos pondremos de acuerdo; pero se ha atrevido a llamar "truco de mercadotecnia" al hecho de que he dado formato al texto, según él para tener más cuartillas por las cuales cobrar. Le definí qué es una cuartilla y lo invité a buscar por sí mismo en internet o a consultar con cualquier catedrático o editor. Por supuesto, las personas no tienen por qué saber qué es una cuartilla; suelo advertir qué es al hacer un presupuesto. Ha pasado tanto tiempo, que no recuerdo si en este caso quedó registro de la advertencia, pero estoy segura de que antes de entregar el trabajo y al entregarlo, se manejó el importe que se me adeudaba, sobre el que no se discutió nada hasta ahora: más de un año después.

Hace poco, hice un trato con una persona que conozco, en la que confío. Me envió los archivos sobre los que voy a trabajar y acordamos qué días me depositaría un tanto y otro tanto del pago por el trabajo, así como qué días le enviaría un solo archivo de vuelta, trabajado. Por supuesto, mi envío sería un tiempo prudente después de recibir su primer pago. El día que me hizo este primer pago, me contactó, animado, para preguntarme cómo iba y platicar al respecto. Le dije que todavía no podíamos platicar porque apenas empezaría a trabajar; le comenté algo así como que no empiezo hasta confirmar que se ha realizado el depósito bancario. Sé que entendió porque es una persona que hace negocios, pero me parece que su ánimo decayó y mejor así: menos animados y con mayor claridad.

Silvia Parque

domingo, 21 de septiembre de 2014

Estableciendo el "precio" de un servicio profesional

Mis habilidades como negociadora no han sido precisamente destacadas, pero sí he ido adoptando principios que van funcionando. El más importante es siempre cobrar "bien".

Para saber cuánto cobrar, hay que tomar en cuenta tres cuestiones. Creo que las dos primeras son de aceptación general entre quienes saben de estas cosas; pero para mí, la tercera es la más importante.

a) El valor del servicio, que constituye la "ganancia" del "cliente"; es decir, cuánto ganará o cuánto se beneficiará esa persona por lo que va a recibir; qué cosa se le va a facilitar, o a qué va a tener acceso, en función de lo que va a recibir. La misma cuestión puede ser vista desde otra perspectiva: ¿cuánto se ahorra la persona, en tiempo o en esfuerzo? ¿Qué tan lejos está de llegar a su objetivo, sin el servicio?

b) El valor del servicio en el mercado y la capacidad de pago de nuestros posibles clientes. El servicio ofrecido puede ser muy valioso, pero si no es reconocido como muy valioso, no va a ser pagado como si lo fuera. Es cuestión de percepción. Como es más fácil encontrar alguien con la percepción que nos conviene, que cambiar la percepción de alguien, habría que optar por la primera opción. Pero: si la persona que necesita o quiere el servicio, y lo valora, no tiene con qué pagarlo, la cosa se complica. Por eso hay que delimitar cuál es el mercado que nos conviene, o en su caso, ofrecer servicios diversos al alcance de clientes diversos.

c) El valor que damos nosotras mismas, a nuestro trabajo. Tal vez haya un tope superior de realismo que hay que cuidar, en función de la cuestión expuesta en el inciso "b"; pero con toda seguridad hay un tope inferior inamovible en función de nuestra propia estima. No me acuerdo en cuál de los libros de autoayuda que me he recetado, escuché algo fundamental para mi prosperidad: quien produce un objeto y lo vende, o quien está mercando con un objeto, tiene que tomar en cuenta, al cobrar, la materia prima, el precio de la competencia, etc.; digamos: cuestiones objetivas. Pero quien ofrece un servicio es libre de tasar como crea conveniente. ¡Yo no tengo competencia! Puede haber muchas personas ofreciendo un servicio que se llama igual que llamo yo, al mío; pero nadie ofrece mi servicio: con mi talento y mi inteligencia puesta en juego. Ahora que lo pienso, cualquiera puede decir lo mismo de su hamburguesa o su mueble de madera. ¡Qué bien!

Pocas cosas tan detestables como sentir que estamos siendo explotadas; situarnos en esa posición hace nacer sentimientos de autocompasión, envidia, recelo... hay una especie de lamentación por lo que va a beneficiarse la persona para quien trabajamos. En cambio, cuando se cobra "bien", nace un deseo por dar lo mejor posible a quien ha pagado por ello; se trabaja con gusto, deseando que el otro se beneficie más de lo que ha creído que se beneficiará.

Silvia Parque

sábado, 13 de septiembre de 2014

El tesista asustado y la visión del vacío

Espacio, Vacío, Imagen De Fondo, Etapa, Escenografía

Algunos tesistas con los que trabajo suelen anunciar en nuestra primera conversación que no tienen "nada" o no entienden "nada", que sus esbozos están completamente mal y no tienen la menor idea de qué hacer. A estas alturas, ya sé que la frustración está hablando y que el panorama no es tan negro; pero sigo sorprendiéndome porque cuando conozco sus archivos: sí hay mucho por hacer y sí necesitan mucho apoyo; pero algo han hecho y hay con qué trabajar.

Qué importante es tener una visión externa; es como abrir las ventanas para que entre el aire en una habitación que ha estado encerrada durante horas con gente malhumorada dentro. El asesor o director de tesis, a menudo no puede hacer esta función si ya se le erigió como monstruo castigador. Creo que las reuniones de trabajo entre pares sí dan buenos resultados en este sentido.

Algunos tesistas asustados, de plano necesitan que alguien les tome de la mano.

Silvia Parque

miércoles, 23 de julio de 2014

TERMINA DE ESCRIBIR

Algunas personas no se sienten cómodas escribiendo. Otras personas se sienten muy bien, pero al valorar sus textos con objetividad, encuentran fallas o carencias.

El redactor, el corrector de estilo y el consultor, ayudan con eso:


Silvia Parque

miércoles, 9 de julio de 2014

Cáncer, maternidad y resiliencia

Tengo la fortuna de revisar la escritura de una tesis en la que se trabaja con mamás de niños con cáncer. Son pocos casos y no puedo comentarlos, pero quiero volver a decirle al mundo: qué cosa más grande, la maternidad. Y que extraordinaria es la resiliencia humana. Cuando la difícil situación de sus hijos empeora y se extiende en el tiempo, estas mamás mejoran la actitud y cobran fe.

Silvia Parque

miércoles, 21 de agosto de 2013

Estimado cliente: cobro por cada cosa que haga

El cliente pide que por favor escriba lo que dije. Respondo que no. Parece sorprendido. Le ofrezco que si quiere, tome nota cuando hablo. Su compañera, la cliente, le explica que él escribe con mucha facilidad, pero que para las demás personas implica esfuerzo. Aclaro que también a mí me resulta fácil, pero que es trabajo, y lo cobro caro: que incluso cobro por una plática como la que estamos sosteniendo.

Es importante crear cultura, no solamente de que el trabajo intelectual se paga, sino de "qué es" el trabajo intelectual.

Silvia Parque

sábado, 28 de julio de 2012

Se termina la tesis al menos tres veces

El concepto de "terminar" tiene un sentido complejo en cuestiones de tesis.

Hay apuntes, borradores, versiones y, finalmente, se termina el trabajo. Entonces debe entregarse a una persona o comité que dictaminará si en verdad está "terminada". Frecuentemente, la respuesta es "no". Hay que eliminar, agregar, corregir y de nuevo eliminar, agregar, corregir hasta volver a terminar.

En ocasiones, la tesis real que habita en el documento de escritura pública estuvo lista en el quinto borrador y en ocasiones no estará lista sino veinte años más tarde.

Creo que se termina al menos tres veces: la del tesista, la del director o asesor y la de los sinodales. 

Silvia Parque

Puedo ayudarte a terminar tu tesis.
Si ya terminaste, reviso y corrijo tu texto.
Escribe a: silviaparqueaw@gmail.com

martes, 26 de junio de 2012

Encontradora de errores

Conozco a personas en el ámbito académico que están esperando saber todo lo que necesitan saber o leer todo lo que deberían leer, para dar forma a una propuesta o para exponer la que ya tienen. Algunos se encuentran en una posición de autoridad que les permite desalentar los esfuerzos de otros.

En el ámbito literario puede ser más penoso. Conocí a una mujer que sabía de literatura y tenía un puesto en un departamento cultural del gobierno. Ella quería escribir un gran poema que tenía años preparando, no escribía otra cosa; eso no la realizaba a ella ni iba a dejar realizarse al poema imaginado.

Mi postura es casi contraria. Estoy a favor de hacer lo que a una le gusta, de la manera que sea posible. Entre más observo y experimento alrededor de esta noción, más me convenzo de que nada más lo fallido puede llegar a ser.

Lo anterior no significa que haya que ignorar los errores.

Por cierto, soy tan buena encontrando errores en los textos, que tenía que dedicarme a corregir. Creo que en varios momentos del proceso de crear algo por escrito, es mejor que esa función la cumpla alguien que-no-es-una-misma.

Silvia Parque