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miércoles, 29 de mayo de 2019

Mejor cada cual en su casa

B es el manojo de alegría que había sido hasta antes de la temporada baja que pasamos.

Que su papá dejara de vivir con nosotros era algo importante para mi bienestar, pero di el paso para hacerlo realidad cuando concluí que la interacción entre su papá y yo era la principal fuente de su malestar. Él y yo fuimos afortunados por haber funcionado como equipo de crianza en la misma casa por bastante tiempo; dejó de funcionar, pero parece que cada cual en su casa volvemos a acoplarnos bien para lo que nos importa.

Tuve mucho miedo de cómo iba a reaccionar ella ante eso. Cuando le empezamos a contar el plan, dejaba claro que no le gustaba. Cuando le anunciamos que tal día su papá se mudaba, lloró con un sentimiento muy profundo. He lamentado muchísimo cuando otras cosas la han lastimado, pero esta vez ella lloraba con mucha, mucha pena, por algo que yo estaba decidiendo que ocurriera y eso fue horrible.

Pero cuando llegó el día, se despidieron con normalidad y todo estuvo bien. Y todo va mejor y mejor. Claro que estamos ocupándonos de que así sea, ella va con la psicóloga, jugamos más, hablamos más, etc. Pero, de verdad, no parece nada afectada porque su papá no viva aquí. Pasa con él tiempo que al parecer le resulta suficiente, la pasa bien con él, la pasa bien conmigo.

Es tan común sentir miedo por cosas que no van a ocurrir y que ese miedo retrase pasos necesarios...

Silvia Parque

sábado, 8 de diciembre de 2018

Hija enamorada de su papá y mamá en lo suyo

Tal vez estos sean unos brazos de abuelo, pero la foto es linda.

Llegó el momento. He sido excluida del primer plano en la vida de mi hija. Ahora prefiere a su papá y no lo estoy asumiendo con gracia.

La verdad es que su relación es adorable. El problema es que ha coincidido con un aumento significativo en el tiempo que no estoy con ella y eso ha hecho que no solo aparte de mí su atención como consecuencia de que se enfoque en él; además se distancia de mí, molesta o "sentida" porque yo me ocupo de otras cosas mucho más que antes.

Hasta hace poco, usualmente trabajaba de noche y apenas una o dos veces al mes pasaba una o dos tardes completas de la semana corrigiendo un texto; ahora estoy continuamente ocupada. Y seguirá siendo así. Me doy tiempo para recibirla cuando llega de la escuela, casi siempre para jugar un rato y casi siempre para acostarla a dormir; obviamente hacemos las comidas juntas y compartimos el espacio cuando hago cosas de la casa; es más de lo que tienen otras niñas, pero mucho menos de lo que ha tenido. Su primera reacción ante este cambio fue castigarme con el látigo de su indiferencia durante un ratito, cuando yo "regresaba". Me pareció justo. Adaptativo. Pero en eso estábamos, cuando al parecer descubrió que su papá es mucho mejor compañía que yo.

Y sí es maravilloso con ella. Además, no es uno de esos papás que solo juegan; él cuida y educa... con más paciencia y creatividad que yo. Francamente, está siendo mucho más eficiente que yo. Y me conviene. Soy la primera beneficiada cuando hace que ella se lave las manos o guarde los juguetes. Lo otro... su "romance"... también debería darme gusto. De hecho, mientras fue "montándose", yo lo disfrutaba mucho; pero ahora tengo la sensación de que no es justo. Entiendo lo que hay que entender. Y "nadie dijo que la vida fuera justa", decía mi mamá. Pero &g#f!*x#

"¿Si sabes que es una etapa y se le pasará, verdad?", pregunta. ¿En serio? Pensar que tengo un posgrado en psicología y nunca me enteré de que podría pasar algo así. Gracias por avisarme.

"Ella te quiere mucho", dice. ¿O sea que podría parecer que no me quiere? ¿¡Parece que no me quiere!? Porque sí se siente como que no me está queriendo, pero soy una mujer adulta que entiende el afecto infantil...

Lo peor es cuando trata de integrarme a una escena, pidiéndome que haga mal tercio o pidiéndole a ella que me invite o me diga algo o lo que sea. Sé que trata de cuidar la relación madre-hija y de hacerme sentir bien, pero lo primero no es necesario y lo segundo no funciona. Simplemente, me inventaré una dignidad y la usaré para vivir este duelo. No va a ser sencillo porque soy complicada.

Uno de los elementos que complica esto es la culpa.

Hasta hace muy poco, todas mis "ausencias" se debían al trabajo. Alguna vez, con poca frecuencia, me tomaba una tarde para ir a un café o algo así; pero la dinámica era otra; ella no resentía eso. Esta semana, por primera vez, dormí en otra casa -la de mi abuela-, sin ella, y no fue por trabajo. Fui a un evento que terminaba a una hora que ya no me permitía regresar a donde vivo. Podría decir que era un evento en relación con mi ocupación, pero la verdad es que fui a pasarla bien y eso hice. Sentí culpa desde que lo decidí hasta que me subí al camión para viajar a la ciudad. El resto del tiempo, no, porque estoy entrenada para hacer la culpa a un ladito; pero sé que por ahí se queda, agazapada. Afortunadamente, B se encargó de mostrar su inconformidad y eso me hizo sentir mejor en ese sentido. Pero planeo otras salidas, noches incluidas, enteramente de placer. A ver cómo nos va.

Silvia Parque

sábado, 19 de agosto de 2017

Que la abuela fue a ver su novio

Le digo a mi hija que su abuela ha ido a ver a Nombredecelebridad, que es su novio y canta. Repite lo que he dicho, pero en lugar de "novio", dice "esposo". Corrijo. Me pregunto si está bien seguir la broma con una niña que cree lo que digo. Pero me pregunto más a qué hora formó el concepto de "ser pareja". Está claro que sustituye "novio" por "esposo" porque entiende de qué está hablando. ¿De dónde saca lo que sabe?

Supo que su muñeco "Tal" se lo regaló Fulanito, novio de su tía; hace poco que lo mencionó, le dije que ya no eran novios. Supongo que ahora sabe que los novios pueden dejar de serlo.

Sabe que su tío y su tía, los papás de su prima, son esposos. Le dije hace tiempo que su papá y yo somos amigos, que él es mi mejor amigo. Hace poco he mencionado que su papá y yo nos casamos y luego nos descasamos. ¿Cómo entenderá nuestra relación, ahora que nunca nos ve juntos?

Ya me enteraré.

Silvia Parque

lunes, 16 de enero de 2017

Los niños queridos

Fui al cine. Fiesta total. Salgo poco y al cine ya tenía más o menos un año sin ir. Debía ver esta película y no duraría mucho más en cartelera, así que fui. Lo disfruté muchísimo a pesar de que un papá y su hija hablaron durante toda la función. Eso me hizo pensar lo siguiente:

Primero.- ¡En el cine hay que estar callados! Esa niña tendría unos diez años, tal vez más; si no era capaz de permanecer en silencio, al menos podrían haber susurrado. ¡Pero no! Hablaban como en la sala de su casa. Estuve a punto de pedirles que dejaran de hacerlo, pero me contuve.

Segundo.- No les dije nada, en principio, por no mortificarme: para no exponerme a que me contestaran de modo majadero. Pero luego, les dejé en paz porque los vi queriéndose y no quise moverle nada a eso. ¡Él se notaba tan satisfecho de estar a su lado! Ella se veía consentidota, descalza y con los pies sobre el asiento. Pensé en mi B con su papá.

El amor unge a los niños. Les deja protegidos porque les coloca en una posición de valor. No "te metes" con el hijo amado de alguien.

Silvia Parque

miércoles, 13 de julio de 2016

También son hijos del papá

Se ha estado dando visibilidad a lo que se ha llamado "síndrome de alienación parental", que es lo que ocurre con el niño cuando un padre le pone en contra del otro. Parece que la rabia contra "el ex" o "la ex" provoca una especie de ceguera ante el daño que se hace al hijo de ambos. Aunque sea una ingenuidad, si pudiera les diría a esas personas que ordenen sus prioridades: el amor por los hijos antes que cualquier revancha, incluso antes que la justicia.

Sé que hay hombres alienadores, pero a mí no me ha tocado conocer un caso "en vivo". Lo que he tenido cerca son mujeres que obstaculizan la relación hijos-papá sin motivo justificado, mujeres que hablan mal de él delante de los niños, o que obligan a los niños a mentir a su papá. Lo siguiente le pasó a X:

Él y yo nos conocimos por cuestiones de trabajo; nos veíamos unos tres días a la semana, y había ocasión para platicar. Era de esas personas que tienen una opinión sobre cada cosa, y a mí me encantaba oírle -hace mucho que no le veo, por eso digo que "era"-. Poco a poco, entrando en confianza, en la plática fueron apareciendo cuestiones personales. Era un padre presente: de esos que proveen, educan, juegan... Un día, su esposa se fue; le dejó a los niños; supongo que necesitaría ver qué iba a hacer o cómo iba a establecerse, y seguramente sabría que estarían bien con él (los niños tenían, más o menos, siete y diez años). Efectivamente, estuvieron bien con él. Era un hombre de familia. Un buen día, no recuerdo si semanas o un par de meses después, la mujer ya establecida les propuso a los niños irse con ella: como esto fue hace mucho tiempo, no recuerdo si el menor quiso irse con su mamá, o si no quiso ninguno de los dos. El caso es que ella empezó a presionar en ese sentido. X no quería obligar a los niños a irse o a quedarse, pero una tarde, mientras X trabajaba, llegó una patrulla a llevárselos -o solo al mayor, no recuerdo bien-. Supongo que ella había conseguido la custodia.

A partir de entonces, la mujer empezó a obstaculizar la convivencia de X y de la familia de X con los niños. Los momentos en los que X y ella tenían que verse, fueron siendo cada vez más tensos y desagradables. Creo recordar que ella tenía un novio, y a X le parecían mal algunos detalles de la interacción del novio con los niños. Las dificultades crecieron. Los niños dejaron de hablar libremente con su papá, y recibieron la instrucción de no hacerle caso si él se acercaba a ellos a la salida de la escuela. X buscó caminos legales y apoyo psicológico; parecía que vivía pensando en cuándo iba a ver a sus hijos. Al cabo de unos meses, sin embargo, creo que se rindió. Lo vi aficionarse al casino. Lo vi deteriorarse. Un día, se presentó tomado a trabajar. No mucho después, dejé de verlo.

Claro que X es por completo responsable de la forma en que reaccionó al problema que tenía enfrente. Pero me pudo mucho verlo irse para abajo al quedarse solo, sabiendo cómo fue que se quedó solo. No sé cómo haya sido la relación de pareja: a veces el candil de la calle es oscuridad de su casa; no tengo la versión de ella. Considerando nuestra cultura, puede que haya sido violento y ni cuenta se haya dado -era un macho como tantos: uno de los que quiere ser fuerte para sostener a los suyos-; pero dudo mucho que fuera un hombre a quien no se pudiera dejar convivir con sus crías.

Los hijos también son hijos del papá. Los niños se benefician de contar con su papá.

¡Aunque no cumplan con la aportación económica debida!

He oído cosas como que Fulano quiere nada más los derechos, pero no las obligaciones. Seguro que ese Fulano está mal; pero si para privarle de su derecho, por justicia, hay que privar al niño de su derecho, mejor no hacer justicia. Hay muchos hombres de los que hay que salir corriendo; hombres cuya presencia es siniestra. Hay otros tantos que ni fu ni fa, y si un día arrullaron a sus bebés, al rato ni se acuerdan de ellos. A los otros, que quieren seguir estando presentes, que quieren seguir participando, hay que dejarlos estar... y dejarlos estar en paz.

Silvia Parque