El caso es que le he puesto a mi niña, ropa cómoda y bonita, de colores vivos, para hacer "vibra de recuperación". Ahora duerme, y según mi mano, la temperatura está controlada. Yo estoy cansada -muy cansada-, pero aprovecho para ver qué hay en el mundo y Twitter me dice que en Orlando, un homófobo atacó a decenas de personas.
Creo notar que han aumentado los crímenes de odio en estos días (respecto al ritmo del último par de años). No me detengo a leer esas notas: veo los encabezados de los artículos y paso de largo; pero pienso en lo que hago con B para que no sea parte de esa locura de mundo. Estoy convencida de que ser parte de lo bueno o ser parte de lo malo, irradia; yo no irradio odio y ella tampoco lo va a hacer.
Hoy por la mañana pensaba en la tontería de una frase que a veces he soltado y le he oído a otras personas, sobre todo a mamás: "prefiero que le dé esto a que le dé aquello". Yo estaba pensando que mejor la noche de vómito y dolor, a la noche de fiebre, porque al fin el vómito y el dolor no la ponen en peligro, al menos no en peligro "inminente". Antes de acabar de pensarlo, me reprendí a mí misma: "qué tontería 'mejor algo menos peor'". Lo que una quiere es lo bueno completo y en eso debe enfocarse el alma; pero viendo a mi niñita dormida, ajena a la maldad de allá afuera, pienso: "mejor que esté enferma de la garganta y no de lo que tiene esa gente".
Silvia Parque