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viernes, 13 de noviembre de 2015

¿A dónde te llevo?

Hoy, explorando el TT #PrayForParis, encontré un tuit que menciona a París junto al Líbano y Bagdad, donde otras decenas de personas acaban de morir a manos de otras personas (el tuit también menciona el terremoto en Japón, pero eso es diferente). Antes que otra cosa, lo primero que pasó por mi cabeza fue: "¿A dónde te llevo?" No es que tuviera pensado ir a París, al Líbano o a Bagdad; no es que tema que algo pase afuera de mi casa, tampoco; pero tuve la impresión de que el mundo entero era un peligro y yo no podría ser el mundo para B, cuando tuviera que dejar de tenerla en brazos.  La impresión se pasó, pero con la cabeza fría: sí andamos por mal camino, como humanidad. A los tuits de conmoción por los atentados en París, les siguen, como siempre -y qué bueno-, los que recuerdan que todos los días se dan eventos igual de terribles en otros lugares: lugares que no importan.

Hace días, a propósito de que escribí sobre mi deseo de que B no crezca en México, Matt comentó que le hubiera gustado que explicara por qué. Es porque México no es un buen país para vivir, y menos para una mujer. No me gusta verbalizarlo y menos dejar registro de que lo he verbalizado, por lo siguiente:

1. Así, sin contexto, es desagradecido, viniendo de alguien que ha sido privilegiada en todos los sentidos.
2. Parece desatender el hecho de que Dios está en todas partes. *repetir el punto 1*
3. No hay comparación entre la mayor parte de México, y algunos lugares en guerra o paupérrimos; incluso, nuestro remedo de democracia y de libertad de expresión es mejor que lo que se vive en varios lugares.

Sería mejor  decir que "México no es un buen país para que viva mi familia, aunque es un maravilloso lugar para millones de personas: otras". Yo no quiero estar en un lugar donde el gobierno le dice a los ciudadanos que "ya chole con sus quejas". Aquí el desgobierno, el valemadrismo y la corrupción se viven en la médula de las instituciones. Dejan mucho que desear el sistema educativo y el sistema sanitario. En cuanto a cultura... me entiendo mejor con personas de otros países, o con mexicanos que no son como la mayoría. Eso último queda muy mal, pero así es. En el norte, la gente es franca y leal, pero también de mecha muy corta, y progre enceguecida; en el centro perviven discriminaciones del siglo XIX y miseria que supura envidias.  En donde se viven o se han vivido olas de violencia, la descomposición social es de dar miedo.

Vivo en uno de los estados más seguros del país, y hace poco me dijeron "se están llevando muchachas de acá arriba", como quien dice "han estado robando tapones de coches en la otra calle". No hay día que no aparezca en Facebook o Twitter, que otra mujer se ha "perdido". Mi niña está segura, pero no quiero que crezca con eso alrededor. Allá lejos son terroristas, acá son los militares, o quien pueda imponerse.

Silvia Parque 

domingo, 10 de noviembre de 2013

Silvia la exploradora, en Vizarrón

Vivir en Querétaro tiene la maravilla de que se puede pueblear con poco dinero y en un solo día. Hoy he ido de exploradora a Vizarrón de Montes, en el municipio de Cadereyta. Su altura (2060 metros, según dice AQUÍ) me vino bien porque siendo de presión regularme baja, entre más arriba, más viva. Además, volví a ver un horizonte amplio; no como el de mi tierra, que es el de mi tierra: pero amplio azulísimo: más cielo del que haya visto en otro lugar queretano.

Corroborando que los viajes ilustran, me di cuenta de haberme dado cuenta antes, de que los perros de los pueblos son más bonitos que los de las ciudades. Pero no se supone que eso sea lo que se diga de Vizarrón. Hay que mencionar, más bien, que sus gorditas de maíz verdadero están muy buenas.

Su precioso templo, del que lamentablemente AQUÍ no pueden verse los hermosos vitrales, es el templo en modalidad humana, más bonito que he visto. Hay construcciones impresionantes en todo el Bajío, pero son templos con ánimo casi -a veces sin el "casi"- de aplastar lo humano; éste, será por tanta piedra que tiene, es como... terrenal. Muy bonito. Creo que provoca ganas de sentarse a platicar con Dios, muy en confianza. En cambio, hay una capilla aparte, con un confesionario que entre su forma de cilindro, sus recubrimientos de mármol, y el techo abovedado, es una cosa fabulosa, pero apabullante: mis pecados ya de por sí hacen mella sin eco.

Quise conocer Vizarrón desde que llegué a Querétaro, por efecto de una elocuente descripción que me metió en la cabeza las calles empedradas de mármol. Y sí. Es una cosa que hay que ver.

Silvia Parque

martes, 26 de marzo de 2013

Muy buenos o muy malos

A menudo veo películas cristianas, y me dejan un buen sabor de boca. Promueven valores que no comparto,  pero también ilustran otros que comparto, me hacen bonito el rato y nutren mi fe. No tengo problema con dejar donde está el mensaje que no tomo para mí. Pero hoy he recordado porque hay gente que no soporta esta clase de películas: me topé con una de esas en las que el mensaje es, que si un joven es cristiano es un buen chico, y si no lo es, es un delincuente; si una familia es cristiana es feliz y armónica, y si no lo es, hasta sucia estará la cocina.

Silvia Parque 

lunes, 2 de enero de 2012

Días nublados

Amo los días nublados. Creo que por la luz blanca, apacible como el frío que se llama "fresco".

Hay días parecidos en el lugar de donde vengo: los días de cuando hace mucho frío. Allá esta luz parece que acaba de limpiar el mundo porque hay mucho horizonte -lo cual hace que la ciudad tenga cierto espíritu de "descampado"-. Acá parece que una ha quedado apresada en una depresión del terreno... al menos esa impresión da estar en mi casa, que es pequeñita y está un poco chueca.

Para algunas personas, la falta de sol es triste. A mí me alegra. Es ideal para estar sentada, cubierta con un chal, tecleando la tesis.

¡Cómo me gusta el día!

Silvia Parque

sábado, 30 de julio de 2011

El histórico centro queretano

En el municipio de Santiago de Querétaro, capital de Querétaro de Arteaga, el terreno sube y baja; por eso en el centro, lleno de construcciones históricas imponentes, no hay horizonte.

El centro era el Querétaro originario. Los descendientes de las familias "blancas" que eran colonas del primer cuadro, representan para sí al auténtico queretano, cortés y conservador. Me contaron de una familia pudiente que celebró un cumpleaños con un desfile a caballo por las calles: es su espacio.

En ese mismo centro, casonas hacen de vecindades hacinadas, las personas en situación de calle usan las esquinas como excusado, el drenaje se desborda con las lluvias y no es costumbre tirar la basura en su lugar.

Los pueblos a la redonda fueron alcanzados por el crecimiento urbano y ahora son colonias o delegaciones del municipio. Todavía, según dice Víctor Moyers, gente de algunos de esos lugares dice "voy a Querétaro" cuando va al centro.

Silvia Parque