De hecho, de eso es de lo que quiero hablar -o de ellos, pues-; pero quise comentar lo anterior.
De las cuatro hermanas que somos, tres somos mamás. La hermana que sigue de mí tiene dos niñas y la hermana que sigue de ella tiene un niño. Este año pensé, todavía más que los anteriores: qué bueno y qué gusto que las tres hayamos "procreado" con hombres que asumen su paternidad y aman a sus hijas -mayoría de niñas-. No es que haya que aplaudirles por eso; sin embargo, porque el mundo es injusto o por lo que sea, habría podido ser distinto y no lo fue: desde lo que se alcanza a ver, mis cuñados son más que buenos papás: proveedores, cuidadores, completamente implicados en la crianza; amantes de su familia. Doy gracias a Dios por ellos. Y por supuesto, por el papá de B. Como trato de no hablar de él, lo resumiré en que lo volvería a elegir como padre de mi hija y que amo cómo la gente suele decirme que se ve que la niña es su adoración.
Me gusta pensar que es un cambio generacional, que México irá dejando de estar despadrado; pero eso es aparte. Lo que quiero compartir es que me rodeo -aunque no sea físicamente- de papás que son una bendición.
Silvia Parque
