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lunes, 13 de noviembre de 2017

"Veo gente muerta"

Los niños necesitan concebir a sus papás -o a sus cuidadores principales- como completamente confiables y para eso se hacen una imagen impoluta de ellos. Los papás son la medida de las cosas, así que como sean, están bien para el niño pequeño: esto es parte de la tragedia del maltrato infantil.

Los adolescentes necesitan descubrir la imperfección de los papás -o cuidadores principales-, sus errores, su maldad, sus límites. Crecer implica lidiar con la decepción de que esas personas reales están tan lejos del ideal como cualesquiera. Normalmente, empezamos a estar bien con esto cuando descubrimos que también nosotros cometemos errores, obramos mal y tenemos límites que nos constriñen. No estoy hablando del entendimiento racional de la falibilidad humana: un niño sabe que se puede equivocar. Los niños también pueden reconocer cuando han actuado de "mala fe". Pero es hasta que empieza la juventud que pasamos por la necesaria decepción de nosotros mismos, que nos lleva a vernos realmente como somos (no estoy segura de que se pueda generalizar, pero creo que pasa más o menos en ese momento). De adolescentes vamos por la vida con la frente muy en alto, podemos juzgar duramente y tener la certeza de que jamás vamos a hacer eso que no va con lo que somos.

Un día, descubrimos que no hay "bueno" y "malo" en continentes separados. Que todos tenemos "un lado bueno" y "un lado malo" pero que no son dos caras de la misma moneda sino que... las cosas, las personas, las situaciones son complejas: también nosotros mismos. Se termina la inocencia.

A mí me ha estado pasando últimamente una segunda vuelta de este proceso. Me siento como en la película de "Sexto sentido" cuando el personaje de Bruce Willis descubre que está muerto y es un fantasma.

Silvia Parque

martes, 20 de diciembre de 2016

B no es Emily

Hoy, B tiró dos veces el árbol de Navidad. Afortunadamente para ambas, yo había leído por la mañana:  "¿Por qué sigue haciéndolo si le he dicho que no?". Las recomendaciones de la autora, funcionan. El árbol permaneció en paz el resto del día.

Justo ayer le comentaba al papá de B que estuve recordando un experimento de mi documental favorito sobre desarrollo emocional [AQUÍ]. Vi la serie completa ("Universo del bebé" / "The baby human") varias veces cuando estaba embarazada.

Conocemos a Jack y a Emily, ambos de nueve meses, con unos tres experimentos previos. Queda claro que Jack tiene un temperamento, digamos, "intenso", y Emily uno "sosegado". Luego, viene "La planta prohibida": la criatura está con su mamá, tienen un librito y una revista, respectivamente; luego se introduce una planta que la mamá no debe dejar que el bebé toque.

A Jack "le resulta imposible controlarse", dice el narrador. Podemos ver al niño una y otra vez tratar de alcanzar la planta, mientras su mamá lo quita, le habla, le muestra el libro, y acaba por cargarle para alejarlo.

En cambio, cuando entra la planta, Emily alarga el bracito; su mamá le detiene el brazo con suavidad, diciendo "no" y eso es todo. ¡Eso es todo! La niña no vuelve a intentarlo; se dedica al librito.

Obviamente, B no es como Emily.

Silvia Parque

martes, 31 de mayo de 2016

Dos pasitos adelante, un pasito para atrás...

Ya teníamos bien instalada la rutina de "antes de dormir", y un horario apropiado de sueño, incluyendo la siesta diurna; pero en las últimas dos semanas, B ha estado durmiéndose tarde; hoy nos devolvimos al buen camino, y no fue miel sobre hojuelas.

Así pasa con otras cosas también. Creí que habíamos superado el gusto por morder, y regresó con brío.

Sé que el desarrollo es una espiral. Que el movimiento que parece retroceso es importante para avanzar. Me gusta saberlo.

Silvia Parque

martes, 24 de marzo de 2015

Septenios del desarrollo: de los 0 a los 21 años

Encontré en Youtube, una plática del Dr. Karmelo Bizkarra:


Según cuenta este médico, el desarrollo humano se divide en septenios, que a su vez forman tres grandes grupos:
  • De los 0 a los 21 años; asociado al desarrollo físico.
  • De los 21 a los 42 años; asociado al desarrollo anímico.
  • De los 42 a los 63 años; asociado al desarrollo espiritual.
Concluido el último periodo, la persona puede dedicar su energía a "dar" al mundo, a partir de lo que ha aprendido.

He resumido lo que más me ha interesado de las características del primer gran grupo:

Septenio de los 0 a los 7 años.- "El niño es un habitante de dos mundos, porque el niño no está aquí todavía. Un niño de tres meses, un niño de cinco meses, va entrando poco a poco [...] en su cuerpo". El niño necesita experimentar la bondad, a partir del cuidado que recibe; de este modo, "simpatizará con el mundo": se sentirá protegido y querido y crecerá saludablemente. En sus primeros años, logrará tres conquistas: la del espacio, al conseguir estar erguido y caminar con las manos libres; la del lenguaje, al conseguir comunicarse con la palabra; y la de las capacidades básicas del pensar. Hacia el tercer año de vida, termina su fusión con el mundo de la madre: aparece la sensación de individualidad; el papel del padre es fundamental en este proceso. Esto no quiere decir que antes, el niño no tenga su propia forma de ser; cada cual nace con su propio temperamento, que ha de respetarse, igual que sus ritmos de alimentación y sueño.
Es especialmente importante saber que si se empuja al niño de esta etapa, a aprender antes de tiempo, perderá vitalidad; por eso, si va a la escuela, debería ir a jugar. Lo que tenga que aprender, lo aprenderá por imitación, sin largas explicaciones y sin que se pueda evitar que note las inconsistencias entre el pensar, el sentir y el hacer de sus modelos.

Septenio de los 7 a los 14 años.- Se trata de un periodo de maduración psicológica, que coincide con la etapa escolar; el niño necesita experimentar la belleza: los ideales. Su figura de mayor influencia es el maestro: la autoridad que sabe. Se recomienda la lectura de las vidas de personajes que han ayudado a que el mundo sea mejor. Al mismo tiempo, el niño, más ágil que nunca, necesita contacto con la naturaleza, sobre todo porque aprende con el ritmo, y la naturaleza le ofrece ciclos y estaciones. Es el tiempo ideal para el desarrollo de patrones de hábitos.
Más o menos a la mitad del septenio, alrededor de los 9-11 años, el niño vivirá una crisis cuando note que el mundo no es tan bueno ni tan bello como creía y que no está completamente protegido por los padres; requerirá valor para enfrentar la realidad.

Septenio de los 14 a los 21 años.- Es la fase de la relación social y la búsqueda de complementariedad, incluido el aspecto sexual. El adolescente necesita experimentar la verdad, en cuanto a la consistencia entre el actuar, el sentir y el pensar. Su mayor influencia es el grupo de amigos y "hará todo lo necesario, sano e insano, para sentirse integrado al grupo". Es el momento no solo de crear su individualidad, sino de creer en ella, para lo cual necesita oponerse a sus padres y resistirse a la autoridad.
Alrededor de los 18 años y medio, es común que el adolescente se pregunte para qué ha venido al mundo; a menudo, los conflictos que genera esta crisis desembocan en conductas peligrosas. Afortunadamente, muchos conflictos se solucionan al llegar a los 21 años y vivir el "nacimiento del yo".

Silvia Parque

miércoles, 22 de enero de 2014

Los tiempos de cada cual

Los tiempos que cada cual se toma, le pertenecen a cada cual. Hay niños que tardan en aprender a leer más de lo que tarda la mayoría; ojalá sus adultos guardaran para sí la prisa loca de que lean en un mes determinado; es común que los abrumen. En la universidad donde presto servicios, hay un tiempo determinado para concluir la carrera; los alumnos no pueden recursar todas las materias que quieran, ni tomar solo una o dos materias cada cuatrimestre; si quieren graduarse, tienen que sujetarse al reglamento en relación con el ritmo y la velocidad para avanzar; hay quien no lo consigue.

Así, más o menos justo, con mayor o menor sentido, nuestros tiempos están vinculados con los tiempos de otros y con marcas temporales instituidas por el grupo social o la cultura y, sin embargo, al final, son nuestros tiempos: nos tomamos el que nos hace falta. A veces pagamos por eso; a veces pagamos caro.

Silvia Parque

martes, 9 de julio de 2013

Alguien que sabe de estar bien

Los siguientes son extractos de una entrevista que hace la fundación Ananta al psicólogo Fidel Delgado, cuyo trabajo me parece valiosísimo. La entrevista completa aparece AQUÍ, en la página de Desarrollo Humano.
  • Todo el mundo toma pastillas para descansar y coge días de descanso, pero nadie sabe descansar. Necesitamos dejar de meter tontunas en la cabeza, que pare la mente, descubrir el gusto por el silencio y desde ahí llegar a la lucidez, al equilibrio, a lo más profundo, que es lo que nos lleva a la solución real de los conflictos.
  • También a veces estamos de mal humor por estar sometidos a demandas de mucha gente, que son al final nuestros propios deseos y no sabemos cómo renunciar.
  • Hay gente que se cree que si se ríe pierde defensas, pero es al contrario, el mensaje es: "estoy tan seguro que me puedo reír hasta de mis propios agujeros".
  • El miedo hay que resolverlo en la más estricta intimidad. Es una vibración de una frecuencia bajísima pero muy contagiosa. Deberíamos aprender a recortar los miedos a su función básica bioprotectora. Otros miedos manipulados por la mercadotecnia agobian la vida [...]: "me tienen que querer y comprender todos", "tengo que ser joven siempre", "todo el mundo se ríe de mis pelos... o de su ausencia".
  • No tenemos tantos méritos como creemos... ni culpas... Y si lo llevas todo controlado, no dejas que la vida te sorprenda.
  • [...] cuando uno mantiene contacto con el impulso profundo que le sostiene haciendo algo, descubre que es empujado a dar de sí sin límites. Cuando te das cuenta de que ese motor viene de muy atrás y nos supera delante por mucho, la acción se produce confiadamente, sin trajín desquiciante, obligación culposa ni esfuerzo angustiado.

Silvia Parque 

sábado, 20 de octubre de 2012

Un listo

Pau García-Milà, el creador del EyeOs, cuenta [AQUÍ] que era un mal programador, tenía un inglés "limitado" y le pareció que la idea de la que nació Twitter no tenía futuro. Que aprendió a ser humilde, a creer en sí mismo y a no juzgar las ideas de otros.

Me pareció fresco y lleno de razón.

Silvia Parque