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domingo, 26 de mayo de 2019

No hablamos suficiente

Las familias esquizofrenizantes están aisladas. Crean un mundo que no va bien con el mundo de todos los demás y no salen de ahí, aunque las personas salgan de la casa.

Las niñas y niños que viven abuso sexual son aislados a través del secreto; la amenaza o simplemente la orden dada por alguien con autoridad traza una mordaza - prisión invisible.

El aislamiento se ha empleado como recurso para doblegar la voluntad de las personas. De hecho, puede ser una tortura.

Por eso no deberíamos quedarnos solas, nunca. A las mujeres nos hace mucha falta conversar porque el mundo social, en general, no está hecho de modo que nos convenga; más bien, nos oprime.

Creo que ya conté esto aquí, pero es lo que tengo en mente, así que ahí va:

Cuando B comió plátano por primera vez, su evacuación fue una cosa que parecía llena de lombrices. No recuerdo si necesité minutos, horas o días para entender que había sido el plátano. El caso es que mi abuela me contó que también se sorprendió con el primer pañal post-plátano de la primera de sus hijas. Ella sí se asustó y llevó el pañal sucio con el pediatra. Eso me dejó impactada. No que mi abuela mostrara el pañal al médico, sino que yo no me hubiera enterado antes del asunto, habiendo convivido con bebés en mi casa toda la vida; luego, además, vi que mi abuela y yo no éramos las únicas. ¿Cómo es que algo así no lo sabe todo el mundo? ¿Cómo es que no nos enteramos de que es común y normal que en el embarazo haya una línea oscura cruzando el vientre? ¿O de lo común que es la incontinencia urinaria entre mujeres?

Es que no hablamos suficiente.

A muchos les sorprendió que hubiera tantísimas mujeres contando que habían sido acosadas, abusadas, violadas; pero muchas mujeres más bien encontramos muy familiares las historias: aquello igual que lo que le pasó a la prima, esto tal como me pasó a mí... Porque son cosas que han pasado generación tras generación y se han contado quedito, asfixiando la comunicación para proteger el estado de cosas. Como un secreto que sabe todo el mundo, pero se mantiene como secreto. Es perverso. Creo que hace falta hablarlo más y hablarlo en voz alta.

Muchas veces, callamos y nos aislamos por lealtad hacia otros; pero habríamos de ser leales con nosotras mismas, primero.

Nos perdemos de la perspectiva que nos abre el comentario de la amiga, del espejeo que puede darnos oír su experiencia o simplemente del efecto de verbalizar lo que estamos pasando y sintiendo.

Yo hablo cada vez más y estoy agradecida por las mujeres que me escuchan y por aquellas con las que converso.

Silvia Parque

viernes, 19 de febrero de 2016

Qué difícil la vida sin ti

Según mis cuentas afectadas por el cansancio, pasé unos siete días sin internet. ¡Qué cosa más espantosa!

Había estado sin internet antes de B; pero con B es completamente diferente

Alguna gente me había dicho que sería bueno que saliera, y sí me gustaría salir más, pero es muy complicado sin automóvil, así que disfruto de mis salidas a unas cuadras a la redonda, y tan campante. Hubo quien llegó a sugerirme que buscara "algo que hacer, en qué ocuparme". En su momento me pareció increíble hasta un punto cercano a la ofensa, que no se entienda que trabajo -y no me refiero al trabajo doméstico-, pero entendí que si eso no se entendía, menos se entendería que tengo bastantes cosas interesantes en qué ocuparme aunque no tenga trabajo en un específico momento determinado. Bueno: pues ahora sé qué les andaba preocupando a las bienintencionadas personas que temían que fuera a convertirme en calabaza...

Y es que busqué trabajar desde mi casa porque quería pasar mucho más tiempo aquí, y no he sentido ni de lejos la necesidad de volver a un empleo "normal" o de trabajar con más personas. De hecho, mi negocio no está en una etapa precisamente de apogeo, y sin embargo, me sostengo en esto porque de verdad creo que este es mi lugar en este momento. ¡Pero con internet!

Amo también hacerme cargo de mi casa; no limpiar: eso puedo hacerlo mal que bien -más mal que bien-, pero sí que me gusta mucho ordenar, cocinar, decidir si se lleva esto o lo otro a la lavandería, y cosas así de importantes. Cuando tenga quien haga el trabajo duro, será la quinta maravilla. ¡Pero con internet!

¿Y qué podría decir de cuidar a mi niña? Estoy sumamente agradecida por la oportunidad de pasar todo el tiempo con ella: aquí no hay "pero". Sin embargo... es la locura estar en la casa, criando, sin una ventana al mundo. Más justo en un momento, de esos "específicos momentos determinados" en los que no estoy corrigiendo o redactando para alguien. Necesito el mundo de las interacciones humanas que vivo por acá. Necesito leer y escribir por aquí. Hasta mis lecciones de inglés y francés... No es que no lo supiera, pero me quedó claro que veo videos de recetas esperando un día poner manos a la obra, pero también para ver y oír a las personas que elijo ver y oír. ¡Ni que decir de la blogósfera! Sin eso, habría días en los que trataría con una sola persona adulta, y por unas horas, nada más; terminaría teniendo tiempo de quitar las manchitas del piso, como hice antier.

Gracias, internet, por estar en mi vida.

Silvia Parque