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jueves, 2 de noviembre de 2017

Pérdidas

Estoy sombría. Y está bien. Me siento llena de fuerza. No quedó de otra porque encargada de una niña, no puedo meterme bajo la cobija a llorar y fingir que estoy muerta. Así que me siento fatal, pero bien: leyendo como hace mucho no leía, pensando, con ganas de crear, a gusto con mi cuerpo después de una temporada de no estarlo, enamorada de mi hija.

Creo que estoy en la parte álgida de varios duelos.

Hace unas semanas perdí la carpeta de fotos del 2016: fotos de la niña. Solo tenía respaldado hasta marzo.

He pensado en las pérdidas hoy.

Tuve una perra que se alegraba al verme llegar a la casa. No sentía que a otro ser vivo en la casa le diera gusto verme. Tuvo que irse porque no me hacía cargo de ella como debía. Mis tortugas murieron porque dejé de cuidarlas cuando nació B. Las quise mucho, pero obviamente no lo suficiente

Me deshice de muebles, objetos y un coche, cuando me fui a Querétaro. No importaba. Lo importante era que nos teníamos a nosotros :D :D :D :D LA RISA LOCA. Nos teníamos a nosotros, que era lo importante.

Y teníamos libros. En eso gastábamos nuestro dinero. Cuando vine por ellos, ya no estaban. Luego perdí más y más cosas, pero ya no me importaron. Esos libros eran lo que teníamos. Tal vez perderlos fue una señal. Perdí mi anillo de matrimonio en la taza del baño: eso sí debió ser una señal.

Antes perdía las llaves, perdía dinero -señal de que había dinero qué perder-.

No hago bien eso de ganar dinero. O no lo he hecho bien hasta ahora: perder todo es ganar un mundo de posibilidades: como ir a vivir a otro planeta. Como ser otra persona; por ejemplo, una misma.

Silvia Parque

martes, 10 de junio de 2014

La importancia de las cosas

Con la edad, después de preocupaciones, dramas y alguna tragedia, la importancia de las cosas se resitúa. A cada cual, se le resitúan a su manera. Yo fui dejando de querer comerme el mundo y valoré más el bienestar cotidiano. Me quedó claro que si quiero algo, mejor ir por ello de inmediato. Y es que solía ser una de esas personas con una libretita muy linda que usaría para escribir algo muy especial con una pluma elegante, cuando estuviera bien vestida y me sintiera en paz. Pero aprendí que no tengo tiempo para esperar a que todo esté "bien".  Y cada vez confirmo que cuando hago como sea y disfruto lo que haya, todo se acomoda.

En la escala de valores de cada cual, con los parámetros de cada cual, hay cosas "muy importantes", "importantes-a-secas", "poco importantes" y "nada importantes". 

Si se le da a todo la misma importancia, no hay energía que alcance a un ser humano común. Puedo darle a mi trabajo toda mi concentración y esfuerzo en un horario determinado; pero no le doy tiempo extra porque mi prioridad es mi familia. En cambio, si tengo que desvelarme en lunes porque el fin de semana no corregí un texto, me desvelo con gusto porque es "mi negocio". Una vez echada a andar la política, se hacen hábitos y va siendo automático dar prioridad a lo que tiene mayor importancia según la escala que ha construido una misma.

A menudo lo más complicado es situar la importancia de lo que no tiene tanta importancia. Por ejemplo: ¿qué es mejor hacer en el precioso tiempo entre el despertar y el salir de casa, cada mañana? Se me ocurre, al menos: hacer ejercicio, meditar, implementar ritual de belleza, organizar el día, hacer oración, arreglar la cocina, regar las plantas... A mi alrededor hay personas que desayunan y a mí eso no se me habría ocurrido. Salgo de mi casa a las 6:35, sin hambre; desayuno más tarde, en la oficina.

El caso es que encontrar cuánta importancia tiene cada cosa, quedarnos con lo que la tiene y dejar pasar rápido lo que no la tiene o tiene poca, hace la vida más ligera. Que dejen de molestar las pequeñeces que no salieron bien, da energía para lo importante. Supongo que tiene más que ver con madurez emocional que con la edad; en definitiva no es algo automático respecto a cumplir años, pero creo que está muy vinculado a la experiencia de pérdida y la conciencia de muerte, que requieren experiencia de vida.

Silvia Parque

viernes, 15 de noviembre de 2013

Las pérdidas y el tiempo

No participé en el taller, pero escuché la instrucción de la actividad: anotar las pérdidas vividas diez años atrás, cinco años atrás, y hoy. Qué importante dimensionar en el tiempo. Algunas señoras cuentan haber sido talla X, como si lo hubieran sido diez meses antes, cuando lo fueron diez años atrás.

La ubicación espacio-tiempo es uno de los elementos importantes para valorar la cordura. Aunque pocos son los que creen efectivamente estar viviendo en un año que no es, en un lugar donde no están, muchos dejamos pedazos del alma en una situación que puede ir quedando lejos, y así vamos arrastrando hojas del calendario, como quien lleva la falda metida en la pantaleta.

Silvia Parque