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martes, 18 de enero de 2022

Echar cosas, meter cosas

¿Les he contado que una de las últimas acciones favoritas de mi hija es echar cosas hacia afuera, por la ventana? Una de las ventanas de la casa no tiene mosquitero y ella echa cosas por ahí. Al principio se las traíamos en cuanto las pedía, pero nos cansamos de hacerlo y ella se resignó a que no íbamos a estar trayéndoselas, así que ya no pide ese servicio, pero igual las deja caer -no las "arroja", las "deja caer"-.

Siempre le ha gustado meter cosas en recipientes: en bolsas, en cajas, en lo que sea que pueda contener objetos. Una navidad le regalé a mi pequeña sobrina unos recipientes de los que se usan para guardar comida porque pensé que era un gran regalo: la niña los miró como no entendiendo y su mamá los recogió rápido, diciendo que servirían para su lonche, en una de esas intervenciones maternas que salvan las situaciones sociales atípicas. Pero es que la mía los habría disfrutado mucho 😅

Este gusto por meter cosas en recipientes va muy bien con su afición por hacer "preparados aromáticos". Mete en donde se pueda, cosas con aroma intenso, cosas que se descompongan y fermenten, etc. Tuvimos que tener cuidado porque no es higiénico tener por ahí una cabeza de muñeca rellena de cebolla y cáscaras de naranja. Hemos logrado un equilibrio, afortunadamente, entre su gusto y lo que es conveniente y seguro.

Bueno, pues el poner cosas dentro de cosas es también meter cosas donde quepan, aunque no sea exactamente un recipiente; por ejemplo, en el espacio entre el asiento y el respaldo del sillón. Y dentro de los tubos de su cama. 

Tiene una cama que era parte de una litera, así que la cabecera y la ¿piecera? quedan con dos tubos sin ¿cubierta? La foto lo muestra. 

Hoy el papá ha sacudido la cama al revés.

Una jeringa de juguete, una pulsera, dos bolígrafos míos, un marcador, un jabón de tocador y los zapatos de la pata Margarita.

B ha mirado con un gesto de "ach".

Silvia Parque

lunes, 16 de octubre de 2017

El mundo de los demás

He creído que no estoy hecha para el mundo en el que viven los demás, el que se conoce como "mundo real". Cuando era niña solía hacerme un ovillo, cubrirme toda con una cobija e imaginar historias catastróficas -en verano lo hacía sin cubrirme-; tuve una temporada en la que tarde tras tarde imaginaba que un hombre me metía en una bolsa negra y me llevaba -casi nunca llegábamos a donde él iba-. Casarme fue un pase maravilloso a toda la fantasía de la que era capaz. Mientras funcionó, mi matrimonio fue más arropador que ninguna cobija y me permitió cumplir el anhelo de vivir en un mundo particular, privado, sostenido por el deseo y el goce. Luego... lo que pasó luego.

Cuando me volví loca también me hacía un ovillo y me cubría toda, pero no imaginando historias sino pensando en querer morir o tratando de sobrevivir; quería mucho estar muerta una semana, unos meses, al menos dos días, porque en realidad lo que quería era dejar de sentir lo que estaba sintiendo. Por esa época también solía pasar en la cama todo el tiempo que pudiera, fantaseando otra vida. Inventé a Felipe para darme gusto con un príncipe azul. Cuando le hice un correo electrónico para hacerle un perfil de Facebook, juzgué que la cosa había ido muy lejos y lo dejé.

La maternidad trajo mucha materialidad a mi vida, pero sigo sintiéndome extraña, muchas veces, en el mundo de los demás; a veces me siento incapaz. Para mí es difícil hacer un trámite o mantener la casa limpia; no se diga tratar de armar una "economía adulta". Sé que es difícil para muchos, pero cuando los oigo y los veo, su dificultad se debe a malos hábitos, a falta de habilidad o límites cognitivos. Yo puedo tener algo de eso, pero mi dificultad está en otro orden: en uno de la dimensión desconocida que me hace ser quien soy y venir a escribirlo.

Silvia Parque

lunes, 6 de febrero de 2017

¿Cómo funciona el audio de la laptop?

Entre todas las cosas que no comprendo, destaca la siguiente:

Pongo un video.
Un segundo después, no se oye.
Los audífonos están conectados: no se oye por eso.

La salida de audio puede estar libre, puede tener las bocinas conectadas o tener conectados los audífonos. Si las bocinas conectadas están apagadas o el volumen está en cero, no se escuchará nada. Si los audífonos están conectados, habrá sonido saliendo de los audífonos, nada más. En cualquier caso, el sonido se escucha a través del artilugio conectado a lo que llamo "salida de audio".

Entonces, ¿por qué si pongo un video con los audífonos conectados, hay un segundo de sonido fuerte y claro?

Silvia Parque

sábado, 23 de julio de 2016

Tenía seis años

En primer grado, yo le gustaba a dos niños. A mí me gustaba gustarles y alternativamente me gustaba uno u otro. A pesar de que yo de verdad no hacía nada para el rumbo de cosas de novios, me llevé varias advertencias en tono regañón, de que "esas cosas, no". Un día, jugando en clase, corté el dedo de uno de ellos; le salió sangre, lo que es mucho decir cuando tienes seis años; él pidió permiso para ir a lavarse sin decir nada de mí. ¡Me cubrió! Fue de un lindo impresionante.

Eso pasó en la parte clara de mi vida. Pero algo más estaba pasando.

Siempre tardaban en ir a recogerme. Yo me quedaba dentro o cerca del salón. Cuando la escuela estaba ya muy sola, un niño que a mí no me parecía niño, me llevaba a "las piedras", lejos, y me ayudaba a "escalar". Ahí se abrió una puerta a la dimensión desconocida. Él me parecía fabuloso, en el sentido literal. Un día, desapareció como si nunca hubiera estado. Los años siguientes, me sentía entre aliviada y encantada de ver las marcas que él había hecho en las piedras para señalar las que podían ser pisadas con seguridad. Ahora entiendo que seguramente iba al salón a saludar a mi maestra (su ex maestra) y que seguramente estaba en sexto grado y se graduó. Pero mucho tiempo me pareció que tal vez yo lo había inventado todo; de hecho, si sigo pensándolo, me entra la duda.

Ahora entiendo, también, que ahí me deslicé al goce; que ahí se estrenó la locura con la que iba a entregarme después. Los niños me regalaron flores, me gustaron, me dejaron de gustar, lo que sea alrededor de "enamorarse" como ocurre en las novelitas; pero esto otro, de lo que no escribí en mi diario, de alguien cuyo nombre no puedo recordar: esto era seducción y me tomó.

Silvia Parque

jueves, 15 de octubre de 2015

De cómo se deshace el encanto de lo que fue el misterio del suministro de energía

Dos cosas, para empezar:

- En mi casa se hacen arreglos a las cosas que pueden arreglarse, así sea para que duren un rato más.
- Yo, que soy de tendencia a la superstición, aunque me la sacudo a cada momento, prefiero no verbalizar cómo se arreglan divinamente algunos problemas: no vaya a ser que abriendo la boca, se caiga la sopa que venía del plato...

Luego:

El cargador de mi laptop ha sido algo maltratado, y como consecuencia, se desgastó uno de los cables. Fue reparado, en contra de lo que dicen los instructivos y los expertos, y funcionó perfectamente durante meses. De pronto, el cable resentido necesitó ser acomodado de un modo específico para funcionar, hasta que un día, dejó de necesitarlo; se curó a sí mismo. Pasó el tiempo, y fui viendo como dicho cable iba "pelándose" hasta dejar descubiertos los hilos metálicos de su interior. Solicité la reparación correspondiente, que fue realizada hace unas horas, a medias, quedando programada la reparación completa para esta noche.

Pero cuando la computadora anunció que necesitaba conectarse a la corriente eléctrica porque se acababa su batería, la conecté, y no pasó nada. Moví el cable, le di vueltas, desconecté y conecté, acomodé el cargador, y nada. Puse la máquina a hibernar, me ocupé de otras cosas, pero al fin volví, decidida a emplear los minutos que quedaran de batería; según los letreros en la pantalla: unos ocho, que ya serían cinco, cuando mucho.

Cerré mi sesión de Facebook, revisé las notificaciones de Twitter, esto, aquello, lo de más allá, y vi que según el marcador, hay "0%" de batería. Ya tengo aquí un largo rato, la computadora no se apaga, y sigue habiendo "0%" de carga. Una especie de "ti - ti - ti" emitido por el cargador antes silencioso, da teatralidad a la situación. Yo imagino que estoy en medio de un pequeño milagro... o un embrujo...

* Luego de los puntos suspensivos, la compu se apagó. 
Al rato, tuvo lugar la reparación completa programada.*

Silvia Parque

lunes, 8 de junio de 2015

Faul

Ayer vi varios videos en relación con "Faul", el supuesto doble de Paul McCartney, que presuntamente se ha hecho pasar por Paul McCartney desde su también presunta muerte, en 1966. Parece que un falso documental animó a los afines a teorías conspiratorias, y hay toda clase de "pruebas" sobre este "hecho". Suena increíble. Pero cosas increíbles suceden. Y está visto que el mejor lugar para esconder algo es a la vista de todos.

¿Podría ser?

Silvia Parque

miércoles, 13 de mayo de 2015

Sed extraña

Un bicho le ha picado a mi sed, y no se me quita con el agua. Debe ser algo grave. Hasta me he reconciliado con el Nestea, con todo y que no es el que fue...

Silvia Parque

viernes, 8 de mayo de 2015

Artículos extraviados

Todos sabemos que en las casas de los humanos desaparecen los cubiertos y los calcetines. Pero en mi casa, el día de hoy he tomado nota de la no-presencia de mi cargador del celular, de un pequeño pingüino de papel de diseño original, y de una tabla de madera que iba a convertirse en repisa.

Silvia Parque

jueves, 18 de diciembre de 2014

Algo he hecho y no sé qué

Yo bebo poco. Me pongo ebria muy rápido, así que con poco, tengo suficiente. Nunca he estado muy bebida fuera de mi casa, y nunca he estado tan bebida como para no recordar qué hice. Pero hace tiempo me pregunto por qué me llegan correos electrónicos de "Taringa". De alguna manera sé que yo hice algo "con" o en" ese sitio, pero no tengo idea ni de qué se trate. Lo he buscado en Google y me resulta por completo desconocido y ajeno a mi interés; pero sigo sabiendo/sintiendo que yo hice que me llegaran esos correos...

Silvia Parque

lunes, 1 de diciembre de 2014

El rastro en el dedo medio

He vuelto a comer polvo para preparar agua de jamaica. No volveré a hacerlo hasta dentro de mucho tiempo, porque no debe estar bien. Pero ese no es el punto, sino que mi dedo medio tiene la punta roja. Por supuesto, el polvito mojado con mi saliva, mancha la piel. ¿Pero por qué la del dedo medio? Según todo lo que sé sobre mí, debo haber usado el dedo índice. No entiendo cómo pude haber usado el dedo medio...

Silvia Parque

viernes, 10 de octubre de 2014

¿A dónde van los blogs de mi lista de lectura?

Habrá unos catorce blogs en mi lista de lectura. No lo sé porque no puedo contarlos: no están. A veces pasa así. Cuando pasa, actualizo la página (refresh), aunque casi nunca funcione. Lo que funciona es acceder a "algo": a "entradas", "diseño": a algo que quite la página de inicio y ponga otra; cuando regreso  -a la página de inicio-, ya están. O no. A veces hay que hacerlo más de una vez.

Eso me lleva a reflexionar sobre la inutilidad de las cosas que hacemos porque debieran funcionar, aunque sabemos que no funcionan (en este caso, actualizar la página). Supongo que la única ocasión en que funcionó, se queda guardada en la memoria, y brilla, atrayentemente, atándonos al intento. Luego están todas esas cosas que dejamos que funcionen como no deben, porque es cansado intentar que todo marche idealmente.

Silvia Parque

viernes, 15 de agosto de 2014

La triste historia con Fulano o con Mengano

Más de una vez he pensado en cómo sería mi vida, si me hubiera quedado con Fulano o con Mengano. No habría podido ser, de ninguna manera, por las razones que hicieron que no fuera. Pero nada más como ejercicio de imaginación, lo he proyectado, entro en detalles de la cotidianidad y es divertido. Entonces sale mi vena dramática y me molesto -digo que es mi vena dramática porque, ¿qué necesidad de molestarme en mi propia imaginación?-: me empieza a molestar la casa, la familia política o sus amigos, nuestra convivencia; entonces extraño mi realidad y me asusto. Ahí estoy yo, en la dimensión desconocida y tengo que hacer daño a buena gente para armar como sea esta realidad de acá, que no existe en ese mundo donde me metí por tonta, quedándome con el Fulano o el Mengano que no eran.  

Silvia Parque

viernes, 8 de agosto de 2014

¿Y si no fuera?

Sentí que una pestaña se metió en mi ojo derecho; no es raro; tampoco es de todos los días, pero no es raro, y es incómodo porque la sensación puede durar toda la tarde.

El caso es que acabo de pensar: ¿y si no fuera una pestaña? No es que piense que pueda ser algo malo, pero cualquier cosa que fuera, ¿y si toda la vida he pensado que es una pestaña, y no? Sería muy interesante. Como cuando descubrí que los nudillos de mis dedos de los pies, no eran nudillos, eran callos.

Silvia Parque

miércoles, 30 de julio de 2014

Al interior de la bolsa negra

Tengo tres bolsas de mano: una café, una en la que predomina el azul, y una negra. Mi bolsa negra, como muchas, tiene dos compartimentos interiores: uno para el celular, y otro con cremallera; este último tiene un agujero. El agujero lleva a un espacio entre la estructura de la bolsa que se toca por fuera, y el fondo de tela de la bolsa, que se toca por dentro.

Muy de vez en cuando, "hago limpia" de las bolsas, para deshacerme de servilletas arrugadas, envolturas y tickets abandonados. Cuando es el turno de la bolsa negra, extraigo lo que se haya ido por el agujero -siempre se ha ido algo por ahí-. Uso la palabra "extraigo" porque es toda una operación, meter el dedo índice y tentar hasta dar con un objeto, y luego arrastrar hacia afuera.

Tentar con la yema del dedo es casi escalofriante. Las sensaciones dan para cualquier clase de hipótesis. Hoy toqué primero algo de superficie tan lisa que el dedo podía haber resbalado: una mica de mis lentes anteriores -luego apareció la otra-. Después sentí algo extraño, que desde el principio se reveló orgánico; parecía un trozo de galleta pero era el corazón de una manzana.

Silvia Parque

jueves, 29 de mayo de 2014

Pasajeros peinados

Perdí el autobús para ir a mi clase de teatro. De cinco a siete minutos después debía pasar el siguiente de la misma ruta, pero no pasó. Esperar al que llegó después me permitió atestiguar un fenómeno paranormal. Todos los pasajeros iban cuidadosamente peinados, de hecho con peinados elaborados. En realidad, todos menos uno, que llevaba el cabello muy corto; pero lejos de desentonar, este pasajero era una variante más en la exhibición de estilos.

Silvia Parque

sábado, 17 de mayo de 2014

La número doce es igual que usted

A menudo busco en Youtube algún programa de los que veía cuando era niña, para darme el gusto de recordar sensaciones; así he visto algún capítulo de Alf y de Viajeros en el tiempo, y temporadas enteras de Mi bella genio (con las que sustituí a La Niñera).

A veces, también, veo programas que no me tocó ver en la televisión, pero que figuran bastante en la cultura pop, y que de alguna manera son parte de la historia (así conocí ayer La isla de la fantasía, con Ricardo Montalbán). En este conjunto están los capítulos de "La dimensión desconocida". Me parecen muy buenos guiones, y los que he visto, los he disfrutado mucho. Pero ESTE es especial. Da para pensar. Por supuesto, está lo primero que es normal hacer cuando se ve un programa viejo: notar las diferencias entre el "antes" y el "ahora", en los objetos, en las actitudes, pero sobre todo en las ideas. En este caso, por ejemplo, los modelos de belleza femeninos son considerablemente más "gruesos" que los actuales, y de hecho, los cuerpos tienen "panza". Pero eso es lo de menos. El capítulo es un pintoresco ensayo sobre la alienación, que toca los valores de la libertad, el amor, la belleza, la familia.

Silvia Parque

sábado, 18 de febrero de 2012

La dimensión desconocida: calcetines

Anoche me puse encima de los calcetines, unos calcetines abullonados de textura acariciable, en parte para aumentar el calor, en parte porque la tela de los primeros calcetines no me acaricia. Queda, pues: pie ¬ caletín no rico ¬ buen calcetín. Ya lo había hecho antes, pero no había caído en la cuenta de que, estando la piel de mi pie en contacto solamente con el primer calcetín, no debería sentir el segundo. Conjeturo que el primer calcetín es tan delgado, que percibo el segundo. Pero un calcetín delgado no habría calificado para pasar la noche conmigo, ni siquiera acompañado de otro calcetín. Enonces recuerdo el misterio de los calcetines abducidos y entiendo que el comportamiento de estas entidades textiles responde a una lógica de otra dimensión.

Silvia Parque

sábado, 4 de febrero de 2012

Cosas inexplicables

Me resisto a la insulsa explicación de que los cubiertos desaparecen porque son tirados a la basura sin que una se dé cuenta; con esa lógica, los calcetines que pierden a su pareja, seguramente no tenían ningún problema relacional y no fueron abducidos ni cayeron en lo desconocido de la dimensión que se abre debajo de la cama.

No busco respuestas más allá de las evidentes: si un objeto cae sin que algo lo haya arrojado, seguramente se trata de una tentativa de suicidio: hablo con el objeto, haciéndole saber que es bienvenido y valorado y le pido por favor que se conserve entero. A veces, comento el incidente; entonces escucharé una explicación mecanicista y funcional, completamente lógica y basada en la realidad material, cortesía del hombre de la casa.

Hoy inicié el día con un vaso de agua calentada en el microondas. El aparato cumplió con los tres minutos de calor que se le solicitaron. Tardé alrededor de otros tres minutos en ir por el vaso. Me senté y observé la falta de numeritos en la pantallita que indica la hora o la programación del micro; estaba desconecetado. Entre la clavija para conectar y el tomacorriente hay unos veinte centímetros, así que no pudo "soltarse" un poquito, digamos, por el movimiento de abrir la puerta-sacar el vaso-cerrar la puerta. Como desconectar el microondas suele provocar que todo lo demás se apague, por la forma primitiva en que están puestos los enchufes, yo no lo desconecté. Y no está el hombre de la casa para decir algo...

Silvia Parque