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miércoles, 26 de agosto de 2015

Yo digo lo que es

Tras los años de análisis -psicoanálisis- aprendí entre otras cosas, que el otro no me va a decir lo que es.

Por supuesto que a veces, el otro (pareja, amigo, jefe, etc.) te dice lo que es; pero no tiene que ser así. De esta premisa se desprende que: el otro a veces miente, a veces no sabe, a veces no dice aunque sepa.

Solemos asignar a algunos otros la responsabilidad de decirnos lo que es, pero esos otros pueden ignorar la asignación, renunciar a ella luego de un tiempo, o ser ineficaces en el cargo... y puede ser peor: pueden decir lo que es nada más a su conveniencia.

Silvia Parque

martes, 23 de diciembre de 2014

Estar amando y amar

Entre las cosas sorprendentes que pasaron en mi tiempo de análisis estuvo esta pregunta-declaración de mi analista, que he comentado alguna otra vez:

"¿Y por qué piensa que eso no es amor? El amor es de muchas maneras".

Yo estaba hablando de que alguien no me amaba, puesto que se había portado de un modo que no corresponde con "el amor".

La verdad es que las personas nos portamos nada más que como personas. Cuando alguien engaña, ofende, deja de lado al otro, etc., no le está amando con esos actos, puede que no le esté amando en absoluto; pero que no esté haciéndolo, no significa necesariamente que no lo haga.

Silvia Parque

jueves, 21 de agosto de 2014

La diferencia

"La diferencia entre un superhéroe y un supervillano, es un superpapá". 
Magdiel Miranda

Todos somos fastidiados de alguna manera por un papá o una mamá; viene con el paquete. Mi mamá me fastidió durante varios años -mientras me dejé- con el designio explícito: "eres diferente". Entre el poder de su palabra, y la evidencia de mis diferencias, no tenía escape. Y no me gustaba.

Pasé del citado no-gusto, a cierta desesperanza. Siendo como yo era, no podía relacionarme con normalidad. Me apartaba, y no ayudaba, por ejemplo, que mi mamá prohibiera que yo hablara "como los demás niños": yo había de decir las palabras correctas y completas. Mi abuela tampoco ayudaba en eso; mis hábitos eran inusuales incluso para el resto de la familia; por ejemplo: no sé de cuál sería la ocurrencia, pero como a los ocho años, yo cenaba a las seis de la tarde, cuando los demás niños jugaban, y no para jugar después, sino para irme a la cama. Creo que no se quejan de que les salí rara, porque al cabo de los años, han de saber que estaban fraguando rareza...

Como cinco años de diván, costó mi reeducación en el tema "yo y los demás" (así, con el burro por delante). [Por cierto, buena parte de los honorarios de mi analista, fueron pagados por mi buena mamá.]

Finalmente, aprendí que puedo equivocarme, como todos; que tengo las necesidades comunes a la generalidad de las mujeres; que las consecuencias determinadas para ciertos actos, también se aplican para mí. Y el proceso de verme como los otros fue a la par del aprendizaje de que esos otros son personas.

Descubrí mi singularidad, y la fui queriendo. [Entretanto: caos, crisis, reinicios; amor.]

Entonces, crecida, elijo la diferencia. No la que a todos nos toca -nadie es igual a alguien más-, sino la que veía mi mamá: la que ella dijo.

Silvia Parque

sábado, 10 de mayo de 2014

Ese paso más


Terminó mi sesión, acordamos algo sobre un asunto independiente al análisis, pagué, recibí el cambio; estaba de pie cerca de la puerta y me detuve. Volteé hacia el diván y exploré el consultorio con la mirada: "me falta algo".

Ella no iba dejarlo ir: "¿y si interpretamos eso?"

Preparamos el término de mi análisis, que puede ser en cualquier momento; un par de sesiones, tres, cinco, o dentro de mil años si no me decido a tomar todo lo que ahora sé sobre mí misma, y actuar diferente a partir de ello. Por supuesto, podría no ir a otra sesión, ese no es el punto; al menos no el importante; el punto es que existe una raya que he pintado sobre el suelo, y que no atravieso; extiendo una pierna para que un pie pase al otro lado, y lo regreso; extiendo un brazo para que una mano pase al otro lado, y la regreso; miro todo el tiempo el horizonte.

Esto se me revela también en mi relación con Dios. Tengo fe; pero para vivir en la fe hay que dar el paso de ponerse verdaderamente en las manos de Dios, y actuar en consecuencia. Es simpático: mi analista y mi pastora coinciden en premisas fundamentales respecto a "mi caso". Yo conozco bien el pronóstico porque lo hago yo misma.

Silvia Parque

lunes, 24 de marzo de 2014

De lo que se guarda muy-muy adentro

Hay cosas que se quedan guardadas muy-muy adentro, antes de que hubiera un lugar para guardar cosas. No se puede llegar a ellas sino siguiendo pistas, en un camino intrincado de lo que no se ve, no se puede, no resulta -hasta eso: las pistas se repiten tanto que no hay oportunidad de perder una-.

Como se forman los hongos alrededor de un insecto que quedó en un resto de comida, alrededor de estas cosas se forma lo que somos.

Es posible que un día, digamos un sábado por la mañana -como podríamos decir cualquier otro día-, la palabra entre por esa capa enorme de actitudes, premisas y gestos, haga a un lado lo que le estorbe, y deje ver la seña de la pala que cavó el hueco de lo que hemos sido.

En ese caso, al día siguiente, si nos levantamos y amanece domingo, van a estar las mismas cosas guardadas, pero nada va a ser igual.

Silvia Parque

domingo, 26 de enero de 2014

Mi mamá lo arreglaría con voluntad

Dice mi analista que mi goce es como un perrito voraz. Gracias a los años de análisis, ahora está confinado a un baño en el que no muerde a las visitas ni come documentos.

La introducción es importante para anunciar: cada fin de semana, desde hace algún tiempo, me comporto de modo que luego me siento mal... como la gente que se embriaga.

El problema es que el perjuicio de beber en exceso es claro y conocido; en cambio, lo que yo hago no es malo ni está mal: nada más resulta mal para mí; entonces, cada vez que estoy a punto de caer, creo que estará bien, que no me sentiré mal -o no tan mal-, que no pasará lo que siempre pasa... y luego pasa lo que siempre pasa.

El problema en realidad es que cuando estoy a punto de caer, no encuentro razones para no hacer lo que quiero, ya que -repito- no es algo malo ni está mal. La única razón es la experiencia reiterada de que termina mal para mí.

Supongamos, por ejemplo, que dormir con calcetines me provocara fiebre; pero tengo frío, siempre he dormido con calcetines, no hay razón para que eso me provoque fiebre y otra gente duerme con calcetines sin problema, así que duermo con calcetines y me descompongo. Supongamos que analizo por qué a mí, los calcetines me provocan fiebre: tal vez algo en relación con mis defensas, con el microclima de la habitación o con la tela de los calcetines. Me digo que no lo haré esta vez: sé que el frío durará nada más unos minutos, pero caigo, olvido lo mal que se sintió estar con fiebre y me pongo los calcetines.

Mi mamá lo arreglaría con voluntad. Es de esas personas que hacen lo que tienen que hacer o no se quejan. Pero yo sé que hay cosas que la sobrepasan a una, al menos a mí.

Silvia Parque

domingo, 5 de enero de 2014

Primeros pasos

Una vez le dije a mi analista que parecía que tendría que decir (yo) la misma cosa quinientas veces, y me dijo que fuera empezando, y así nada más faltaría decirlo otras cuatrocientas noventa y nueve veces. El más largo camino ya se está recorriendo al primer paso...

A mí eso de empezar me produce cierta tensión que entorpece; pero por lento y atropellado que empiece algo -casi lo que sea-, si no se le abandona, una deja de estar en el inicio... y con suerte, la cosa termina por concluirse.

Silvia Parque

jueves, 14 de noviembre de 2013

El baño de mi analista

Hoy salí del baño de mi analista tarareando. Seguro significa algo.

Habría que mencionar que hoy el contento estuvo tocando a la puerta varias veces, de modo que acabé por darle el pase.

Pero bueno: ya con la tarde haciéndose noche, fui a mi sesión de análisis. Nada de miel sobre hojuelas. Y sin embargo, al final fui al baño a sacar de mi cuerpo la pipí que debió haberse quedado en el baño de mi casa, y salí tarareando. Como ahí casi todo significa algo, seguro eso también.

Silvia Parque

jueves, 7 de noviembre de 2013

Aprender la lección

Cada día trae su "lección del día"; no es difícil ubicarla, entre mi análisis y mis compañeros de viaje -así sean compañeros de un pequeño tramo de un sendero-. Lo difícil es aprender la lección: asimilar: asumir: cambiar a partir del aprendizaje. Como estoy volviendo a repetir la asignatura -que no es lo mismo que simplemente "repitiendo"-, el curso es del tipo "a ver, con manzanitas" y "mañana lo intentamos de nuevo". 

Silvia Parque

viernes, 20 de septiembre de 2013

La lluvia que se disfruta, que se de detiene


Me gusta pensar que soy del desierto; en realidad soy tan urbana que siempre he sido de mi casa, pero sí pasaron años de mi vida sin que viera llover: por eso no le huyo a la lluvia: me dejo mojar, la disfruto. Me sorprendí hace poco caminando rápido, sintiendo frío, deseosa de los techos que me protegían del agua en el camino; será la edad o que no era mi mejor noche. Ahora llueve.

Dije afuera del consultorio de mi analista, hace días, que no había dejado de llover. Había montones de flores remojadas y ennegrecidas convertidas en basura sobre la calle y la banqueta. Ella señaló cómo en ese momento no llovía, y que toda la mañana no había llovido. No lo dijo, pero para más señas, seguía habiendo flores en el árbol del que habían caído las del piso, y aunque hubieran caído todas, el árbol [este árbol] estaba como si nada.

Los truenos cambian mi plan de salir por la noche. Creo que cuando queda claro que una depende de sí misma, se vuelve conservadora. Me consuelo pensando que con coche sí saldría.

Silvia Parque

martes, 13 de agosto de 2013

Entrada personal sobre el gran descubrimiento evidente del lugar de mi abuelo

Las sesiones de análisis son un gran material para el humor porque descubren lo evidente. Hay un episodio de La Niñera en que la susodicha llega de su sesión, con el tremendo descubrimiento de que ella es la niñera y su jefe es su jefe. Así llegaba yo con mi marido a decirle lo que él me había dicho durante meses y parece que así llegan todos los analizados a sus casas. Siempre he dicho que el análisis me enseñó lo que debí aprender en el jardín de niños: que la mamá de mi mamá es mi abuela, que el papá de mi mamá es mi abuelo y que yo soy hija de mi mamá y nieta de mi abuela. Hoy he descubierto otra de esas verdades enormes.

Empezó por algún comentario de mi abuela, que yo contesté señalando que habría estado bien heredar algo de la forma de ser de mi abuelo. Le di vueltas a la idea y concluí que estaría bien tomar algo de él, que seguro habría algo suyo en mí. Le escribí. Finalmente hoy dije, en el diván, que me habría gustado que él hubiera sido como un padre. Entonces ella -mi analista- me mostró mi apellido: es el de él.

Silvia Parque

lunes, 6 de mayo de 2013

Homero

No suelo comprar libros, pero ayer compré dos. Uno que me trae una presencia y otro que me explica una ausencia. El segundo es La Odisea. Conozco la historia, como casi todo el mundo; vi una película, leí una adaptación del texto y después, en la escuela, fragmentos; nunca tuve intención de leerlo completo (disfruté mucho La hija de Homero, de Robert Graves), pero mi analista me trajo a Ulises al diván y resolví ir por él... por el libro.

Silvia Parque

sábado, 4 de mayo de 2013

El análisis y yo

El análisis -psicoanálisis- ha sido la cuerda que tomé para salir de un hoyo y reconstruirme de forma que pudiera vivir conmigo.

Ha sido una cuerda resistente.

La experiencia ha sido excepcionalmente buena para mí.

No facilita la vida, al contrario. Me recuerda eso de:
[...] no he venido a traer paz, sino espada. Pues he venido a enfrentar al hombre contra su padre, a la hija contra su madre y a la nuera contra su suegra. Cada cual verá a sus familiares volverse enemigos. El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama a su hijo o hija más que a mí, no es digno de mí. El que no carga con su cruz y viene detrás de mí, no es digno de mí. El que antepone a todo su propia vida, la perderá, y el que sacrifique su vida por mi causa, la hallará. (Mateo 10:34-39)
Es un llamado al "hacerse cargo", y aunque de lejos no lo parezca, es un llamado a la vida y al amor: a la posibilidad de vivir en lo que pasa el tiempo, y a la posibilidad del amor dentro de las relaciones.

Silvia Parque