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viernes, 17 de abril de 2015

La última semana

Cuando un bebé nace en la semana 37 o después, no se considera prematuro aunque se espere que nazca en la semana 40.

Esto significa que la semana 36 es de alguna manera "la última" de "algo".

Babycenter me anuncia que estoy en la semana 36 de embarazo, y mi bebé se mueve después de una dona de chocolate a la que puse azúcar.

Ahí vamos...

Silvia Parque

sábado, 4 de abril de 2015

Lo que cabía esperar

Cuando alguien me pregunta "¿cómo estás?", respondo que bien... o que estoy enorme, pero bien. Porque estoy muy bien, gracias a Dios; sin complicaciones. Mi niña crece conforme a lo esperado, y en sintonía: a mi cuerpo le pasa nada más que lo que cabía esperar. Así que estoy bien, pero en ese "bien", "lo que cabía esperar"es incómodo.

No es malestar -como si sentía en el primer trimestre-. La experiencia me deja "estar bien", y aunque sea por pura sugestión: el movimiento de mi bebé me da un gusto que cubre de amor lo difícil y vuelve el rato bonito. Es simplemente incómodo; no me gusta estar repitiéndolo, pero un blog personal es un buen espacio para la catarsis, así que he aquí esta entrada.

Ya estoy por encima de la comezón y los pequeños dolores; a la primera la mantengo a raya con aceite, y los segundos no me hacen ruido porque los he tenido mucho mayores. El protagonismo se lo lleva la pesadez. Hay momentos de la mañana y de la tarde-noche, en los que siento que es realmente difícil levantar cada pierna para dar un paso. Si estoy en la cama, cambiar de posición se siente como antes se sentía hacer ejercicio; antes, porque ahora hacer ejercicio es una prueba extrema de voluntad y resistencia.

Pienso que esto puede tener dos propósitos. Primero, las pequeñas vanidades ofendidas del inicio del tercer trimestre, se han ido lejos. Luego: así voy a estar contenta con parir.

Silvia Parque

jueves, 2 de abril de 2015

Ejercicios de preparación al parto III

El mundo expectante esperaba por esto:

¡Ya no soy tan mala!

Sépase que hacer ejercicio con el cuerpo más pesado que nunca, me ha enseñado dos cosas sobre mí:

1. Un poco, un dejo, apenas casi nada pero sin duda: algo de envidia siento por la mujer con brazos delgados y muslos firmes que modela el ejercicio sin que su panza le reste flexibilidad.
2. Tengo dislexia respiratoria. No es con la primera rutina que me pasa, pero hasta ahora caigo en la cuenta de que en cada ejercicio, yo inspiraría cuando se indica expirar, y expiraría cuando se indica inspirar.

Silvia Parque

martes, 31 de marzo de 2015

Ejercicios de preparación para el parto II

Ayer llegó la noche sin que hubiera hecho ejercicio. Estaba muy cansada, casi soñolienta, pero puse los videos: empecé, continué y terminé. Me aplaudí al final. Nada más por cumplida: por el esfuerzo; si fuera por el modo en que me muevo, apenas me ganaría una mirada de misericordia. Esta vez tuve quién supervisara la acción, para saber si estaba haciendo los mismos movimientos que la grácil joven embarazada en la pantalla. Y pues... ella es una grácil joven embarazada, y yo soy como un pata gorda.

La verdad es que mejoro. Sé que con solo un poquito más de flexibilidad y un poquito más de fuerza, habré ganado mucho. Además, hoy por la mañana me di cuenta de que empecé en el momento en que se estaba haciendo imprescindible: cada día me cuesta más trabajo cargar mi peso, me duelen los pies, y la barriga me oprime de un modo que hace que sienta que me falta aire -lo que se alía con una constipación nasal instalada hace semanas-. Si no sigo haciendo ejercicio, acabará siendo difícil caminar.

Para motivarme, pienso que a la niña le gusta y le hace bien; que así será más fácil volver a hacer ejercicio después de la cuarentena -¡cómo si hubiera estado haciendo ejercicio, antes de embarazarme!-; que los ejercicios de Kegel -incluidos en la rutina- tienen más de un beneficio. Y escribo esta entrada.

Silvia Parque


viernes, 27 de marzo de 2015

Ejercicios de preparación al parto

Después de fallar una vez y otra vez, en mi intento por hacer rutinaria una simple caminata de 20 de minutos diarios, hoy empecé a hacer "ejercicios de preparación al parto". Es una rutina breve y simple; pero la mayor parte me cuesta mucho trabajo, y hay ejercicios para los que me declaré incompetente, este primer día.

Tengo experiencias reiteradas de incapacidad, en esto de hacer con mi cuerpo, lo que el modelo hace con el suyo. Pero nunca me había sentido tan como una foca pesada. Mejor ahora que después. A la niña, parece que le gusta.

Silvia Parque

martes, 24 de marzo de 2015

Querido estrógeno

Las hormonas, señoras y señores, existen, y actúan. No justifican malcriadeces en la adolescencia, ni violencia en los hombres, ni comportamiento de bruja en las mujeres que menstrúan. Pero existen, y hacen lo suyo. Las mías, están desatadas.

Sabía que paso por un periodo de extra-emotividad; pero el día de hoy, llegué a un punto crítico. Estaba leyendo la biografía de un candidato a gobernador, y llegando a su lista de logros, de cuando fue funcionario público, leo que se establecieron tal universidad y tal otra, en su municipio... que una guardería... un centro de salud... y me entran ganas de llorar, como si fuera la lista de Schlinder. Toda conmovida.

Es extraño porque al mismo tiempo, la Silvia normal que habíta en mí, observa el fenómeno...

Silvia Parque

lunes, 23 de marzo de 2015

Lo que provocan sus movimientos

Había mencionado que siento los movimientos de mi bebé. Pero no hay punto de comparación con lo que siento ahora, que su tamaño y su fuerza hacen que los movimientos, incluso se vean. Es tan extraño como agradable. Yo lo disfruto muchísimo, hasta cuando provoca que algo que no sé, se me estire, y duela.

Me queda claro que si ahora es difícil acomodarme para dormir, y mis propios movimientos van viéndose limitados, cuando la panza siga creciendo, eso va a "ir a más". Sin embargo, sobre todo cuando la siento, quisiera, de algún modo, que se quedara ahí dentro. Digo "de algún modo", por tener cuidado con mis deseos, porque por supuesto, quiero que nazca y verla crecer. Pero en el fondo, en mi interior, siento que ya la conozco y que adentro está muy bien. Ya hasta la he visto crecida, en mis sueños, así que no tengo curiosidad... La estoy queriendo para mí, y sé que no me pertenece, así que renuncio al deseo, pero de que lo he sentido: lo siento...

He tenido esas pláticas sobre las mujeres que tenían diez, once, quince hijos, y he dicho aquello de "todos esos años embarazadas". Porque el embarazo es fabuloso, un milagro, y todo eso; pero no precisamente un dulce, aunque traiga consigo momentos dulces. No obstante, si pudiera llevarla conmigo un año, tres años... o diez. ¡Gran tontería!, pero si se pudiera...

Los primeros meses del embarazo, supe que, a diferencia de otras mamás, yo no sentia que ella y yo fuéramos "una misma". Primero me sentí invadida; luego, de un modo más amable, sentí mi cuerpo compartido; pero no he sentido que sea "parte de mí": siempre la he sentido "ella", hasta con sus propios gustos: con su voluntad. Pensé que tal vez, las mujeres que se sentían en fusión con su producto serían más propensas a cursar con depresión post-parto, y pensé que yo no tendría problema en experimentar cómo la inquilina procedía a ocupar su propio espacio en el mundo, acá afuera -donde por cierto, seguiría dependiendo de mí-. Ahora sé que será una renuncia. No voy a sufrir por eso; sobre todo, porque ya me voy ocupando; pero será una renuncia.

Silvia Parque

jueves, 19 de marzo de 2015

Efecto chocolate

Amo el chocolate. Como mi ginecóloga indicó moderación con la sal y el azúcar, en los últimos meses no he comido todo el chocolate que habría comido, de no estar embarazada.

Ya había notado que una barrita pone activa a la bebé. Sin embargo, ahora que sus movimientos son mucho más perceptibles, puedo notar la magnitud del "efecto chocolate". Gran magnitud.

En realidad, a veces se mueve con gran energía sin que yo haya comido nada azucarado. Pero sabiendo que acabo de compartirle mi ración del día de chocolate, sus movimientos enérgicos me generan un poquito de algo parecido a la culpa. Pienso que la estoy drogando, y me detengo. [Siempre he temido que un día hagan ilegal el chocolate.]

De inmediato descarto la posibilidad de que sufra daño; pero sí atiendo las advertencias de que un feto excitado tiene mayor probabilidad de ser un bebé inquieto. Es lo que me han dicho...

Silvia Parque

miércoles, 18 de marzo de 2015

Me pica


Mi piel es territorio en crisis.

Apenas unos días después de saber que estaba embarazada, compré aceite de almendras, y empecé a untarlo regularmente en las partes del cuerpo que sabía que iban a crecer. La barriga creció tanto, que dejé de ver la parte de abajo de mi vientre, y la omití de las sesiones de cuidado. Hasta que un día sentí una comezón más molesta que las otras, ahí donde ya no podía ver, en el vientre, abajo. La piel estaba roja, roja -según el informe que recibí-, y daba la impresión de romperse. Ahora la cuido con una pomada especial, y parece que se ve mejor; pero la sensación de ardor y picor, sigue.

En medio de la barriga, todos los pantalones excepto uno, dejan la marca de su presencia. He creído que es porque ya casi nada me queda; pero puede ser que no sea la relación tamaño-talla, sino la sensibilidad de la piel. Quisiera que no me rozara nada.

Para terminar: arriba, en el cuadrante superior izquierdo de mi cuerpo, como un caminito de la espalda a un costado de mi teta, pasando por el hombro: seis granitos dan lata como un ejército de piojos asesinos. No son ronchas; parecen granos comunes, de los que salen en la cara de los pubertos. Cuando yo pasé por mi temporada de acné, nunca tuve comezón de esta manera, pero así se portan estos seis. Tal vez la pomada para la barriga era demasiado para la piel de este otro lado, más delicada, y tapó los poros; he dejado de usarla ahí, y empecé a lavarme con jabón exfoliante. Espero que funcione.

Para ponerlo en perspectiva, calculo el porcentaje de la piel "afectado", y me alegro de que no sea para tanto.

Silvia Parque

lunes, 16 de marzo de 2015

Descubrir cosas macabras en el espejo


Soy una persona vanidosa. Puede ser difícil de creer, porque mi imagen dista de la imagen de una mujer preocupada por su apariencia; pero a mí me gusto y me importa permanecer dentro de mis propios "parámetros" de belleza.

Y bueno, pues... tengo benditas 31 semanas de embarazo, con lo que eso trae consigo...

Había estado disfrutando de sentirme muy bien con mi aspecto. Amo mi barriga enorme, como si me hiciera poderosa. Tal vez eso me diera una buena actitud para ver mi cara y así iba yo por el mundo de la superficialidad, feliz por verme como me veo y por no necesitar que la opinión de nadie respaldara mi gusto.

Hasta una mañana, hace poco, en la que descubrí algo macabro: un par de rayas oscuras en cada una de mis axilas.

Fue realmente tristísimo durante varios minutos..

Luego, pensé que seguro habría algún producto para eso y que si estas manchas son primas de la línea alba -con la que no he tratado-, el "problema" desaparecerá cuando mis hormonas vuelvan a la normalidad. Fui a buscar información en internet y la encontré en un foro de embarazadas. Me sorprendió la expresión de algunas mujeres, en relación con la hiperpigmentación de diferentes partes de sus cuerpos y por eso escribo esta entrada.

¡Qué manera tan fea de hablar de sí mismas!, de su piel o de su cuerpo, que son parte de sí mismas. Yo no voy a decir que la imagen no tenga importancia: he empezado por exponer que soy vanidosa y he usado la palabra "macabro" para describir lo que vi. También, como ellas, asocio las manchas oscuras con "suciedad" y me apena -hacer asociaciones tontas y dedicarles tiempo-. Pero son mis axilas: como estén. Y no sé cómo se vea lo que les pase a ellas, pero ¿qué tanto pueden estar "en descomposición"? ¿Qué tan "asqueroso" y "terrible" puede ser? Pongámonos más de nuestro lado.

Silvia Parque

lunes, 9 de marzo de 2015

Duele

Hace bien poco decía que el tercer trimestre de embarazo empezaba de lo mejor. Hoy es día de novedades. Para empezar: todo sigue de lo mejor, priorizando que no hay problema y realmente, no sufro. No todo el tiempo estoy muy cómoda, y no todo lo que pasa en mi cuerpo es exactamente "bonito", pero está bien. Estoy muy agradecida porque la bebé crece y se mueve con normalidad, y porque yo estoy, realmente, en buenas "condiciones".

Sin embargo, hoy duele. Mucho. Duele en este preciso momento, y ha dolido desde la mañana. Mucho.

Es que mi umbral de dolor, yo sé, no es como el de la mayoría de las mujeres. Soy delicada, me queda claro, y saberlo, me tranquiliza.

He llamado a la doctora, le he descrito lo que pasa, y me dice que es normal, que puedo tomar tal cosa para el dolor, y que mientras no sienta contracciones, no hay de qué preocuparse; que la niña estará "encajada", y así se siente; que tome un baño con agua tibia, y descanse.

Si las pastillas son nada más para el dolor, prefiero no tomarlas. Lo que me importaba era saber que no pasaba nada de cuidado. He ido a la cama, me he balanceado para cambiar a la niña de posición, y efectivamente se ha movido, ha dejado de dolerme donde dolía, pero el dolor apareció en otro sitio; como si en cualquier acomodo, hubiera algo que presiona. Mi madrina, que también es doctora, me dice que así pasa, y que a veces dejan adolorido en donde han estado (que es de cuidado si duele "mucho" y -de nuevo- si hay contracciones).

Cuando por fin tuve hermosos diez o quince minutos sin dolor, me levanté al baño y vine a la computadora; pero apenas me senté, dolió otra vez.

Así las cosas. Habrá que reinterpretar la "sensación de presión"...

Silvia Parque

lunes, 2 de marzo de 2015

El tercer trimestre

El embarazo me trata muy bien. Después de los malestares del primer trimestre, todo ha ido de bueno a mejor. Ahora voy descubriendo las novedades del tercer trimestre, y como me pasó con todas las novedades, me pregunto cómo he vivido en un mundo con tantas madres, sin haberme enterado de que estas cosas pasan... porque en las películas de toda la vida -las de ahora muestran más-, lo que se ven son las náuseas del principio, y desmayos que creo que son mucho menos frecuentes en la realidad que en la ficción.

Ya he contado que ahora voy a orinar una cantidad inaudita de veces. No me molesta porque no se siente como cuando hay una infección de vías urinarias; a veces me gustaría poder hacer una comida completa sin interrupciones, pero así me preparo para lo que será la vida con la bebé. Afortunadamente, casi siempre estoy en mi casa. Debe ser muy incómodo para las mujeres embarazadas que trabajan en un lugar donde tengan que hacer todo un recorrido para llegar al baño.

Fuera de eso, hay dos cosas nuevas: comezón y un poco de calor por las noches.

La comezón es por todos lados. No es algo terrible, aunque un día estuvo cerca de serlo. Definitivamente es difícil de ignorar, pero trato de no rascarme porque sé que eso da más comezón, y porque me advierten que favorecería las estrías. Me sorprendió cómo están resecas mis piernas. Tiene sentido porque las hormonas hacen su trabajo sobre el cuerpo completo, y la piel que estuve cuidando fue la de la barriga y las tetas...

Lo del calor por las noches me sorprende más, porque yo soy muy de estar cubierta y calientita. Cuando me casé, dormía con una cobija gruesa en pleno verano; lo dejé por el bien del otro, pero nunca se había visto que quisiera destaparme a principios de marzo. De hecho, todavía hace un par de semanas me bañaba con agua muy caliente; ahora me baño con agua templada, lo que resulta bueno para la piel ahora que estamos en lo que estamos...

Silvia Parque