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miércoles, 20 de julio de 2016

Susto

La pantalla estaba negra. Traté de apagar la computadora, pero según la luz junto al signo de encendido, no se apagaba. La desconecté, pero ni así, y eso que le falla la batería.

Me llevé un gran susto. Dependo de la lap para trabajar, pero también para estar en contacto con el mundo.

Dios es maravilloso, y dejó que volviera en sí. Un amigo que es ingeniero en sistemas, me dijo que le quitara la batería, esperara cinco minutos, volviera a encenderla, y bastó con eso.

Pensé que la pobrecita está acostumbrada a la mala vida; después de mucho tiempo, hoy por la mañana le había limpiado el teclado, y zaz, que se pone malita.

Silvia Parque

jueves, 15 de octubre de 2015

De cómo se deshace el encanto de lo que fue el misterio del suministro de energía

Dos cosas, para empezar:

- En mi casa se hacen arreglos a las cosas que pueden arreglarse, así sea para que duren un rato más.
- Yo, que soy de tendencia a la superstición, aunque me la sacudo a cada momento, prefiero no verbalizar cómo se arreglan divinamente algunos problemas: no vaya a ser que abriendo la boca, se caiga la sopa que venía del plato...

Luego:

El cargador de mi laptop ha sido algo maltratado, y como consecuencia, se desgastó uno de los cables. Fue reparado, en contra de lo que dicen los instructivos y los expertos, y funcionó perfectamente durante meses. De pronto, el cable resentido necesitó ser acomodado de un modo específico para funcionar, hasta que un día, dejó de necesitarlo; se curó a sí mismo. Pasó el tiempo, y fui viendo como dicho cable iba "pelándose" hasta dejar descubiertos los hilos metálicos de su interior. Solicité la reparación correspondiente, que fue realizada hace unas horas, a medias, quedando programada la reparación completa para esta noche.

Pero cuando la computadora anunció que necesitaba conectarse a la corriente eléctrica porque se acababa su batería, la conecté, y no pasó nada. Moví el cable, le di vueltas, desconecté y conecté, acomodé el cargador, y nada. Puse la máquina a hibernar, me ocupé de otras cosas, pero al fin volví, decidida a emplear los minutos que quedaran de batería; según los letreros en la pantalla: unos ocho, que ya serían cinco, cuando mucho.

Cerré mi sesión de Facebook, revisé las notificaciones de Twitter, esto, aquello, lo de más allá, y vi que según el marcador, hay "0%" de batería. Ya tengo aquí un largo rato, la computadora no se apaga, y sigue habiendo "0%" de carga. Una especie de "ti - ti - ti" emitido por el cargador antes silencioso, da teatralidad a la situación. Yo imagino que estoy en medio de un pequeño milagro... o un embrujo...

* Luego de los puntos suspensivos, la compu se apagó. 
Al rato, tuvo lugar la reparación completa programada.*

Silvia Parque

lunes, 9 de diciembre de 2013

Conociéndonos

Mi elegantísima laptop es mucho más delgada y liviana que la anterior, y tiene la pantalla más grande -creo que hasta con mejor resolución-. Ha sido un amor a primera vista, aunque creo que no es completamente correspondido. La espuma para limpiarla ya está en la lista de "por comprar", con lo que espero ganarme su aprecio. Entretanto, Windows necesita actualizarse cada vez que enciendo la computadora. Los ficheros del antivirus también se actualizan a cada rato, pero esos no impiden nada; se actualizan y una a la suyo. Windows, en cambio, no me deja entrar hasta que termina, y tampoco me dice cuando realmente va a terminar, porque termina una actualización y sigue otra.

Silvia Parque

sábado, 6 de julio de 2013

Día accidentado

Creo que, sin importar la voluntad, hay un  mecanismo automático por el cual una se resiste, desde el fondo del ser, a hacer los cambios importantes que, valga la repetición: cambian la vida. Lo de "el fondo del ser" no es figura retórica; me refiero a la trama psíquica que nos configura como lo que somos, y que actúa por irradiación desde la profundidad de lo más recóndito que nos falta. Así que, cuando decido hacer las cosas que me interesan, me viene un cansancio casi sobrenatural; pero me hago cargo: ajusto, adapto. Empiezo a hacer las cosas y Eso que me habita y que quiere la repetición de lo que ha sido, sabe que provocarme cansancio no va a funcionar. Entonces viene el accidente. El accidente, por supuesto, siempre es en realidad un incidente. Mi mamá me enseñó la diferencia: el accidente no lo causa nada que pudiera haberse prevenido, y nadie es responsable de él.

Así llegamos, el fondo de mi ser y yo, a una hermosa mañana de un viernes proyectado como "el viernes" de obtener resultados. Dejé de ir a una reunión que me importaba, buscando estar fresca para el día en que por fin estaríamos la base de datos y yo, recréandonos en las casi infinitas posibilidades de conocer cómo funciona un invento que traigo entre manos. Y el disco duro de la laptop entró en coma. Esa mi laptop que nada más no es un miembro de la familia porque es como una extensión de mí misma. Hubo suficientes advertencias.

El fatídico evento apresuró que me entregaran una laptop de la universidad para la que trabajo. Entre el duelo por la pérdida y la llegada de la nueva máquina, se fue el viernes laboral. Al llegar a la casa, encontré que esta máquina no conocía la clave para el internet, y había que ir a buscarla para enseñársela. No pudo ser hasta hoy. Fue un día muy extraño. Pero ajusto, adapto.

Silvia Parque

sábado, 11 de mayo de 2013

Aprendiendo paciencia

La lap se apaga a veces; a veces, muchas veces. Tiene dañado el disco duro, y hace lo que puede para que me siga sirviendo de ella; hace mucho más de lo que debe, después de como la he tratado. Tiene un ventilador porque no puede regular solita su temperatura, no tiene batería hace mucho, y aunque el cargador de energía tiene un cable nuevo que hace que ya no vivamos en riesgo de llamarada, necesita un cargador nuevo. Para terminar el cuadro, le falta una tecla y en alguno de los varios reseteos se quedó sin el programa para usar la cámara fotográfica.

No es queja. Es un homenaje a mi tesoro de máquina, que dio a luz una tesis de posgrado, más de un libro, y tres blogs. Durante un tiempo fue el centro del fin de semana, prendida desde temprano para escuchar música y dándonos Cuéntame para la hora de la comida, que podía durar toda la tarde del domingo. Me acompañó a dar clase y me acompaña todavía al trabajo. Ahora su perseverancia me enseña paciencia.

Silvia Parque