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martes, 10 de septiembre de 2019

Entrevista con la maestra

Colegio, Carnaval, Educación, Infantil
De la colección de NatAlia Quntana en Pixabay.

Ayer tuve la entrevista de inicio de curso con la maestra de B.

El fin de semana estuve pensando cómo le presentaría mis demandas, porque me queda claro que cuando las personas se sienten atacadas se ponen a la defensiva y cuando se sienten criticadas suelen sentirse atacadas. Además, valoro como "de alto rango honorario" a las ocupaciones alrededor de la educación infantil, así que trato de conducirme con toda la consideración de la que soy capaz.

Resolví exponer preocupaciones en lugar de presentar demandas y, en todo caso, hacer peticiones lo más concretas posibles; sobre todo, llegar con una actitud de escucha, con la mente abierta. Y creo que funcionó.

Descarté que tuviera una actitud negativa hacia B; además, me pareció sinceramente interesada y dispuesta a dedicarle el esfuerzo necesario. Me gustaron sus propuestas y el modo en que asumió que alguna de ellas es cuestionable, pero es lo que se le ocurre y lo que puede implementar.

Cuando terminó con el formato que iba llenando con mis respuestas, preferí no decir nada sobre las cuestiones puntuales que me apuran de su trato al grupo (un niño dijo que "les grita mucho", a una niña la regañó y la dejó sin estrellita por platicar -el segundo día del curso, en segundo grado-) porque noté diferencias; por ejemplo, ya fue a recibir a los niños al inicio de la jornada para saludarles. Tal vez los primeros días pasó por un mal momento o recibió retroalimentación. Creo que lo mejor es darle el beneficio de la duda y estar atenta. Puede que se vaya "soltando" y/o vayamos conociendo lo bueno que tiene "su modo".

Solo le dije que estaba preocupada de que B no pudiera hacer un buen vínculo con ella, ya que seguramente B no pondrá de su parte, por lo que ese vínculo dependía de ella -de la maestra-. Si alguien me pregunta qué me respondió, la respuesta sería "nada". Pero no se quedó callada ni me ignoró; hizo algo así como trazar una hipótesis de trabajo a partir de mi declaración.

Lo que te implica emocionalmente, te espejea.

La maestra de B es exactamente como yo soy en otra dimensión: como yo habría sido de seguir un camino que cambié por otro. Hay suficiente de ella en mí como para que nuestro encuentro sea una buena lección.

Claro que me habría gustado una maestra alegre, cariñosa y enfocada en resaltar lo positivo; pero creo que es aceptable con que no sea adusta y respete las necesidades de las criaturas. Solo toca asegurarme de llenar a B de muestras de afecto para que, en palabras de Gary Chapman, su tanque de amor esté lleno.

Silvia Parque

martes, 19 de febrero de 2019

Preescolar, USAER y nuestra casa


El viernes de la semana antepasada me reuní con la maestra del grupo de B y con la maestra de USAER (el equipo que atiende a las niñas y niños con necesidades educativas especiales en las escuelas regulares). Creí que me dirían que B es tan inquieta, que se dispersa tanto y que le interesan tan poco sus pares, que lo consideraban un problema en el que había que intervenir... Y no. Sí se porta de modo que ha hecho que la observen con atención; identificaron lo que han llamado "focos amarillos" y me dieron indicaciones para trabajar en casa a fin de alcanzar metas en relación con su adaptación a la "situación escolar".

Aunque mi niña es más inquieta que sus compañeros y hay cuestiones puntuales de desarrollo que necesitamos atender, lo que más les interesaba tratar es que no avisamos a la criatura con claridad que en el kinder hay que hacer lo que toca

B ha crecido en la libertad más grande que le haya conocido a una niña cuidada (no conozco tantísimas niñas, pero lo afirmo a partir de lo que veo a mi alrededor). Le limito la comida chatarra y el entretenimiento pasivo, pero nos conducimos con la seria intención de respetar su voluntad, así que siempre hay una razón para lo que se le indica. Viviendo así, es un choque cultural llegar a un sitio donde "ahora hay que sentarse y pintar este dibujo". Aunque le guste pintar. 

¡Y luego está la dinámica de "premios"! En casa tratamos de educar en relación con las consecuencias directas o lógicas de su conducta y aunque no nos sale perfecto, es como ha aprendido que son las cosas. En la escuela es diferente.

Bueno: pues hablamos mucho con ella ese fin de semana. Le explicamos cómo era en la escuela, cómo es en la casa y cómo lo vamos a manejar. 

Es increíblemente satisfactorio lograr comunicarte con una niña todavía de tres años. 

Seguimos casi todas las indicaciones que nos dieron. Buscamos sin éxito unas tijeras especiales. No me he dado el tiempo de bajar de internet unos dibujos que habría que imprimir para tener señales ilustradas de la rutina en casa. Y lo más difícil: no estamos dándole espacios de convivencia con otras niñas y niños (además del kinder); pero ya estoy fraguando una estrategia.

Me gustaría poder llevarla a una escuela con un modelo educativo coincidente con la "epistemología" de su educación en casa; pero no se puede y la verdad es que en su escuela lo hacen requetebien. Estoy muy contenta con la atención que le ponen. Yendo a lo más "material": sé cuánto puede costar llevar a la niña con una psicóloga a que nos diga  lo que nos están diciendo.

La maestra de USAER se encargó de dejar muy claro que B no estaba en la mira de recibir atención con el equipo (trabajan con quienes lo necesitan, desde segundo, no desde primero), que solo les parecía que estábamos justo en el momento de atender los "focos amarillos" para no tener problemas después. Lo dijo varias veces, como para tranquilizarme, como si me fuera a preocupar la etiqueta "USAER" que viene aparejado con "necesidades especiales". Y yo al contrario: entre más recursos estén puestos al servicio del bienestar de B, mejor.

Con las criaturas es bien importante esa mirada externa que revela lo que ocultan los escotomas familiares. También es importante echar mano de lo que existe: escuchar a los que saben para aprovechar lo que pueden aportar.

Silvia Parque

lunes, 15 de octubre de 2018

Abrigar a las criaturas: mitos y neurosis

Esta mañana, el papá de B tocó a la puerta con insistencia poco habitual. Lo habían regresado de la escuela para que le llevara a la niña una chamarra. Le llevó un suéter. Resulta que maestras y madres a mi alrededor creen que esta mañana hacía mucho frío. Y estaba fresco, pero ¿mucho frío? ¡Estamos en Chihuahua! ¿Que va a ser de las criaturas en invierno si con una mañana fresca de otoño hay que ponerles chamarra?

La verdad es que estuvo bien que le llevara el suéter porque, al contrario de lo que pasa normalmente, hoy no se fue poniendo templadito. Un frente frío asociado con la tormenta Tara provocó un viento fresco todo el día y, como se pronosticó, ahora que es de noche está bajando la temperatura. De cualquier modo, aunque no le hubieran atinado a su apreciación sobre la necesidad de abrigo, valoro que cuiden a mi niña.

Exageración o no en este caso, creo que hay una mitología sobre el frío y las criaturas, construida alrededor de la neurosis materna.

Desde septiembre, me he topado en el camino al kinder a mamás con camiseta de manga corta llevando de la mano a niños o niñas con suéter e incluso chamarras gruesas con gorro. Al menos hoy, también ellas sentían el frío del que protegían a sus descendientes. Al parecer hay una creencia arraigada de que niñas y niños sienten más frío que las personas adultas. Yo leí por ahí que es al revés, que su organismo funciona de tal modo que sienten menos el frío. Pero supongamos que lo sienten igual que nosotros. ¡Y que a los que ya hablan, podemos preguntarles!

Hay una tradición típica mexicana que consiste en ignorar lo que hijas e hijos tengan que decir sobre su percepción de la temperatura y obligarles a abrigarse. A mí con B más bien me ha pasado que quiera seguir poniéndose ropa invernal cuando ya no corresponde. Normalmente, la dejo. Sin embargo, aquí el clima es realmente extremoso: así como en invierno se congelan las tuberías, en verano las personas pueden sufrir insolación, de modo que me he visto en la penosa necesidad de quitarle o ponerle una prenda contra su voluntad porque juzgo que debo hacerlo; pocas veces, de verdad; pero sí: he sido una de esas mamás.

Quiero pensar que en la base de mi comportamiento está la responsabilidad en relación con el cuidado y no la preocupación ansiosa que veo tanto. Y es que algo ha hecho creer a varias generaciones que el frío es malísimo para la salud de las criaturas. Parece que venía en algún Manual de la Madre que escribió alguien nacido en el Trópico. Y es verdad que es una lata tener a los pequeñitos acatarrados; además, con los bebés da miedo que se enfermen... pero se exagera. Los bebés son justamente los más perjudicados porque a veces ni quejarse pueden. He visto chiquitos envueltos en cobijas gruesas en pleno verano. ¿Qué pediatra recomienda mantener a los bebés calientes? Los consejos que yo recibí de profesionales fueron en un mismo sentido: que ni muy tapada ni muy descubierta.

Claro que cuando se tiene al primer bebé, una tiene que decidir cuánto es tapar o descubrir "mucho". Y sobrarán opiniones en todas direcciones. Siempre recordaré la visita de una amiga que se asombró al ser parte de la siguiente escena.- Ella llegó y me dijo que pobre niña, que la destapara; se quedó en la recámara y le tocó ver a mi abuela entrar y decir que pobre niña, que la tapara; luego vio llegar a otra amiga que también dijo que pobre niña, que la destapara. En un ratito. [Lo de "pobre niña" puede que no sea exacto, pero seguro emplearon expresiones equivalentes.] Los primeros meses de un bebé mexicano son para la madre una sucesión de "tápalo", "destápalo", en la que predomina el "tápalo". No importa la estación del nacimiento.

De este modo llegamos a que hoy, en una ciudad de otro Estado, mi hermana puso suéter a mi sobrina, aunque estaban a 25°, para evitar que la devolvieran de la escuela.

Silvia Parque

viernes, 5 de octubre de 2018

¡Olvidé ir por mi hija a la escuela!


Olvidé la hora en que B sale de la escuela. Sale a las 12:00 y yo me conduje como si saliera a las 12:30, pero además perdí la noción del tiempo, así que me di cuenta del error a las 12:25.

Salí corriendo, literalmente -las piernas me estaban matando hace rato, ahorita ya solo duelen mucho-.

Afortunadamente, la escuela está muy cerca.

Encontré el salón vacío, como era de esperarse. El intendente me dijo que creía que la niña estaba en la Dirección. De hecho, estaba en medio de una junta de maestras; "muy a gusto", según dijo -también dijo que les pidió una lata ¿? (al parecer, no se la dieron)-.

La Directora y la maestra fueron de lo más amables: que no me preocupara, que la niña estaba segura, que la estaban cuidando...

Silvia Parque

jueves, 20 de septiembre de 2018

La escolarización de la niña

En la colonia-isla en la que vivo hay un jardín de niños y una primaria. Ya he comentado características que no me gustan de este sitio y de sus habitantes (la violencia normalizada, la suciedad en las calles, el vandalismo). En cuanto inició el ciclo escolar me di cuenta de que la escuela no es un botón de muestra de "eso", sino al contrario: es lo mejor que tenemos -ahí sí hablo en plural-. 

La adaptación de B al jardín de niños fue tan increíble que en realidad no parece haber habido "adaptación". Llegó como pez a nadar al agua. Era justo su momento, la maestra parece ser justo lo que necesitaba y el sistema que llevan le viene de perlas, aunque mi ideal sea otro. Esto me permite dejarla con confianza y gusto, sin embargo:

Su escolarización ha sido buena para mí no solo porque esté conforme o contenta con eso que ella tiene, sino por lo que me ha traído a mí -valga la redundancia-.

Dos cosas son fáciles de compartir:

Hacer que la niña esté lista para salir de la casa a determinada hora me obliga a levantarme temprano. Hace años que había perdido esa costumbre. Si me llego a levantar "tarde" es un tarde que de todas formas es temprano porque necesito haberme puesto de pie antes que ella.

Tengo una especie de "prueba objetiva" de que "funciono" como mamá. No tengo la estabilidad económica que mi hija necesita, mis complicaciones existenciales y las de mi sistema nervioso no juegan a su favor y cada vez es más difícil que me ponga de acuerdo con su papá respecto a ella (antes podíamos diferir en todo, pero estábamos de acuerdo en lo que concernía a la niña); sin embargo, me siento bien porque ella va cada día bien presentada a la escuela, llega a tiempo, lleva su almuerzo saludable y lo que haya indicado la maestra. Para alguien que no consigue dos noches seguidas sin trastes sucios en la tarja, es un logro que la criatura tenga uniforme limpio cada día. Hay cosas más importantes que eso, pero sentirme satisfecha por "eso" ayuda cuando me siento incapaz frente a las cuentas por pagar y esa clase de cosas adultas con las que la mayoría parece entenderse tan bien. 

Silvia Parque

viernes, 24 de agosto de 2018

El primer ciclo escolar de su vida


Mi hija está teniendo un buen inicio del primer ciclo escolar de su vida y yo estoy feliz con todo alrededor del tema. Por lo demás, mi ánimo está realmente extraño; probablemente tenga que ver en esto, el hecho de que la criatura pescó un resfrío y aunque yo no tengo los síntomas comunes, ayer me noqueó un golpe de cansancio que ha de venir de ahí.

Pero esto va de la niña y el preescolar...

El lunes, cuando le dije "es el día de ir al kinder", sonrió y remolineó más contenta que en Navidad. Esa mañana me preguntó si yo me iba a poner "muy triste" y al rato si me iba a poner "triste". Parece que aclararle que yo estaría muy contenta porque ella iba a estar contenta, le dejó en libertad de disfrutar la experiencia. Y está como pez en el agua.

Hoy viernes seguía encantada con su uniforme y ayer estaba soñada porque hicieron una corona de papel. Hace el camino queriendo llegar allá y aunque le da gusto verme a la hora de salida y me saluda muy cariñosamente, no tiene prisa por regresar a la casa. Me cura ver lo diferente que es a mí y me nutre ver aquello en lo que se me parece.

Una pieza clave en esto es la maestra. No es el modelo educativo que yo quisiera, pero con una buena maestra estaríamos bien. Y creo que Dios nos puso ahí a la persona que B necesitaba. Sé que es pronto para echar las campanas al vuelo, pero las señales son positivas.

Silvia Parque

sábado, 11 de agosto de 2018

Los niños del kinder

Este es el penúltimo fin de semana sin escuela en esta familia. El siguiente fin de semana estaremos a punto del primer día de B en preescolar.

Comparto la siguiente conversación, que ya fue la segunda sobre el tema:

- ¿Los niños del kinder no me van a pisar?
- No.
- ¿Nada más me van a decir "hola" con la mano?
- Sí. ¿Y tú qué les vas a decir?
- "Hola, soy B".

La primera vez que preguntó si la pisarían, le expliqué que no, le dije que podía acercarse y decir: "Hola, soy B". No sé por qué rayos se le ocurre que podrían pisarla, pero temo que tenga que ver con la experiencia que tuvo cuando iba a otra casa a que la cuidaran.

Silvia Parque

lunes, 30 de julio de 2018

Caminito de la escuela

Hemos guardado la plastilina de B porque ha hecho que lleve las uñas negras durante más de un mes y ahora falta menos de un mes para que entre a la escuela. Mañana iremos a comprar masa moldeable que no ensucia ni de lejos como la plastilina. Vamos primero a la tienda de uniformes escolares; luego por la masa. Una de sus tías le ha comprado zapatos negros y tennis blancos. Mi mamá le trajo ayer una mochila pequeña; tiene dos más grandes. Necesitará recipientes para su colación. Tal vez es mejor que sea solo su papá quien la lleve los primeros días...

Silvia Parque