martes, 16 de julio de 2019

Tacañería y miseria


Hace años, conversábamos dos parejas y llegamos al tema de las compras, gastos, "lo caro", "lo barato", etc. El hombre de la pareja amiga puso como ejemplo su playera: "como esta", dijo, "que me costo $X". No recuerdo la cantidad, pero era algo ínfimo, como unos $4 de hoy. La había comprado en un bazar de ropa usada.

Lo dijo orgulloso: "...me costó $X" y yo pensé: "se nota". Le quedaba grande, para empezar.

Muchas veces he tenido que hacer malabares con los pesos y he comprado algo que no es de buena calidad porque es lo que puedo pagar. Muchas veces he usado ropa que no me queda bien porque es lo que hay (hubo un tiempo en que ninguna de mis prendas la había elegido yo). Pero si puedes elegir... me parece que la cereza del pastel de la miseria es estar de poquitera con una misma.

No digo nada contra aprovechar lo que otra persona desocupó. De hecho, es bueno para el planeta que demos toda la vida posible a los objetos.

Además, me queda claro que "lo bueno" es diferente para cada cual: una no tiene porque vestirse a la moda ni usar la talla que los demás creen que nos corresponde. Me chocan esas frases de "te sacarías más provecho si..." porque son una crítica por no ir tras determinado modelo de imagen.

Lo que señalo es la tacañería, que es otra cosa y puede llevar a la persona a ser miserable. Me refiero a la dificultad hasta la incapacidad emocional para desembolsar una cantidad razonable a fin de tener algo que nos va a hacer "bien": porque se nos va a ver bien, porque nos va a dar un gusto...

No estoy diciendo que haya que pagar precios altos para tener cosas buenas o que buscar pagar poco signifique "algo" a priori. Es normal que la mayoría de las personas prefiramos pagar menos que más; pero una cosa es disfrutar esa sensación de triunfo por haber conseguido algo barato y otra cosa es conducirnos como arrastrados por la necesidad de esa sensación, renunciando sistemáticamente a experiencias de bienestar.

Puede ser que parezcamos tacaños cuando evitamos gastar en lo que no nos interesa. Eso no importa. Lo que importa es no serlo, es decir: no evitar gastar lo razonable en lo que sí nos interesa; no llegar a ser miserables hasta perder el interés en lo que configura nuestras experiencias de bienestar cotidiano. 

Silvia Parque

domingo, 7 de julio de 2019

Una extraña entrometida

Algo de lo que hace que ame el blog y ahora el canal de Youtube [¡ACÁ!] es que puedo expresar y comunicar lo que quiera: sin meterme con una persona en particular. Como esa entrada de hace mucho tiempo en la que contaba que me parece muy mal que las personas no quiten la decoración navideña del exterior de sus casas. Lo que quiero decir es que vengo y lo escribo aquí: no se lo digo al vecino que conserva la serie de luces en julio: porque muy su casa, su vida y no tengo porqué importunarle.

Las opiniones críticas no solicitadas son una invasión. Y las peores son las que se refieren al aspecto de las personas. Anduvo rondando por mi muro una publicación de Facebook que advertía que las personas tienen espejos en casa: no necesitamos decirles que están gordas, ojerosas o llenas de granitos. Las personas de tres años lo hacen, pero se supone que les eduquemos para que no lo hagan a los veinte, treinta, cuarenta, etc. Ni siquiera los comentarios halagadores no pedidos se valen de todos los modos, en todas la circunstancias. Los críticos, nunca.

"Si no tienes nada bueno que decir, no digas nada".

Realmente pienso eso. Y, sin embargo, ayer metí la pata.

Estaba en el tianguis. Fui a vender cosas y a repartir catálogos. Me gusta saludar a las personas, sonreírles, intercambiar frases. De hecho, conocí a un señor mayor con el que tuve una conversación excepcional, pero eso es otra historia... El caso es que vi pasar a una señora que parecía amistosa y le dije "creo que le hace falta usar bloqueador". Ella sonrío como apenada... "y sí me puse". Yo pensé que era una sonrisa tímida y seguí: "es que está toda roja".

Quería hablarle de nuestros bloqueadores. La interacción continuó y entendí que ella estaba apenada de verdad. "Así se me pone la piel por mi enfermedad", dijo, como si tuviera que dar explicaciones a una extraña entrometida.

Traté de enmendar la situación. ¿Por qué lo que sale de mi boca tendría que hacer sentir a alguien apenada, ni medio segundo? ¿Cómo por qué había de decir NADA sobre como esté la piel de alguien?

No vuelve a pasar.

Silvia Parque

jueves, 4 de julio de 2019

Baño a medianoche

Estoy en la casa de mi abuela. Hace rato, casi a medianoche, me preguntó si iba a bañarme otra vez...

No tenía calor como para necesitar refrescarme, pero me había bañado con B en la tarde y me quedé con ganas de mi baño sola: de un momento adulto bajo el agua, conmigo.

La regadera de mi abuela es mucho mejor que la de mi casa, así que estar aquí y no bañarme sola es un desperdicio. (En mi casa no tengo agua caliente y la regadera lanza algunos hilos de agua lejos del chorro central). Además, a veces me baño y B anda por ahí, pero estando ella dormida tampoco tengo que apurarme para estar pendiente de qué está haciendo.

No me concentré en el momento: pensaba en lo que diría a tal persona y en otras cosas. Me sentí pesada porque me faltaron frutas y verduras y me sobraron carbohidratos. Y con todo, fue rico.

Tengo muy presente que es un lujo bañarme bajo una regadera, a la hora que quiera, con agua a la temperatura de mi preferencia, con tiempo.

Silvia Parque

martes, 2 de julio de 2019

Opinión Manzanas


Tengo una amiga, Alejandra. Hacemos varias cosas juntas, sobre todo, hablar y decidimos hablar frente a la cámara de su teléfono y subirlo a Youtube :D

Nuestro canal se llama "Opinión Manzanas" y en nuestro primer video, contamos cómo vivimos nuestros trastornos mentales... porque Dios las cría y ellas se juntan.

Están cordial y emocionadamente invitadas e invitados a pasar a ver, suscribirse y compartir ;)


Silvia Parque

miércoles, 26 de junio de 2019

Fluir entre el silencio y las palabras


En la primera cita con la terapeuta de B, le dije que mi prioridad era que la niña se sintiera bien; eso era lo que ocupaba mi mente porque me parecía terrible su malestar. Gracias a Dios su mejoría fue muy rápida. No olvido de dónde salió: de estar días sin jugar hasta llegar un día en el que prácticamente no hizo nada. Estoy agradecida por eso, pero ahora me está urgiendo que hable.

A mi pregunta de si es normal que en una cosa haya evolucionado tan bien y en otra tan lento -según yo-, la respuesta ha sido "Todo a su tiempo". Y lo entiendo. Pero vienen a mi mente frases que decía, ocurrencias que tenía... y me frustra la enorme diferencia con lo que pasa ahora.

Cada noche, me encuentro un tanto o un mucho "insuficiente" y me propongo hacerlo "mejor". Como eso no ha funcionado, ya no me voy a proponer "mejorar". Igual que con el resto de mis ocupaciones, voy a procurar hacer lo que corresponde y a fluir con gracia

Silvia Parque 

miércoles, 19 de junio de 2019

Atribuir a Dios los males

Yo soy cristiana; pero como he mencionado anteriormente, no creo en muchas cosas que creen las personas cristianas que conozco; mi "ser cristiana" es singular: un asunto mío, entre Dios y yo.

Hecha la introducción, toca aclarar que no pienso que Dios sea un señor decidiendo cosas y queriendo X o Y como nosotros. Entiendo que antropomorfizamos a Dios en nuestra experiencia posible. Anotado esto...

No deja de sorprenderme que personas creyentes atribuyan a Dios toda clase de males, con el dicho de que "pone pruebas" o de que "sus designios son inexcrutables". No me extraña de los no-creyentes; es una de sus razones para no creer: "Si Dios puede todo, ¿por qué permite el mal? Si permite el mal porque quiere: qué malo". ¿Pero los creyentes?

¿Cómo se puede creer que un Padre pruebe el carácter de sus hijos o les forme, haciéndoles mal? ¿Y un Padre que se las sabe de todas, todas? ¡Claro que no! Dios no hace que una mujer sea violada para que se fortalezca y tenga empatía con las mujeres que han sido agredidas. Ni hay un terrible misterio divino en los crímenes humanos. Dios no planea ni ordena el asesinato de una niña, como para que digan: "vino por ella", dando a entender -implícitamente- que lo ocurrido fue su orquestación.

Silvia Parque

lunes, 17 de junio de 2019

¿Solo con tu pareja?

Muchas personas se alteran con las relaciones que tiene su pareja con otras personas. Yo me voy casi al extremo opuesto; pero, entendiendo que en nuestra cultura lo predominante es que las parejas acuerden tener sexo y romance solo entre ellos, de cualquier manera creo que el "solo con tu pareja" se extralimita de modo inconveniente. Hay una especie de negación y a veces represión del hecho de que ambos siguen estando en relación con el resto del mundo y que eventualmente podrían sentirse atraídos hacia otras personas. 

  • Hay quienes tratan de impedir cualquier oportunidad para que su pareja entre en relación con cualquier persona del género hacia el que se siente atraído. 
  • Hay quienes se sienten agraviados ante cualquier evidencia de no ser lo único en el mundo para el otro, especialmente, de no ser la única persona que les atrae. 

Ambas posturas provocan diferentes combinaciones de ansiedad, angustia, afán de control, ocultamiento y engaño.

Si tienes pareja, se supone que quieras pasar el tiempo con ella; pero, ¿absolutamente todo el tiempo? Y, ¿tu cuerpo deja de reaccionar a la química de otra persona que te atrae? Yo pienso que ni quieres estar absolutamente todo el tiempo solo con tu pareja, ni dejas de sentirte, eventualmente, atraído por otras personas. De hecho, otros también lo piensan, por lo cual tratan de reprimir esta "tendencia". Y ya sabemos lo que pasa con lo que se reprime a lo bruto.

A mí se me hace normal que si un hombre ama la música clásica y a su esposa no le gusta, él vaya a conciertos de música clásica con una amiga que también ama este tipo de música. Se me hace normal que una mujer con pareja tenga un súper amigo con el que toma café o cerveza y platica, igual que hacían antes de que ella tuviera pareja.

Y si de pronto miramos a una persona que nos atrae, qué feo tener que fiingir que no miramos nada, con la persona a la que se supone tenemos más confianza. No esperas más, no quieres más, solo te parece guapa o guapo y cuando coinciden, te quedas unos segundos de más comentando algo que te haga parecer interesante y sumes la panza: es todo.

Silvia Parque

viernes, 14 de junio de 2019

La versión de mí en correspondencia con el hombre de mis conclusiones

Ojo humano me ha preguntado por el "lado B" de las entradas anteriores: algo así como la yo de mis sueños.

Estuve pensándolo desde antier, pero no me queda claro cómo planteármelo.
¿La mujer ideal que yo sería si fuera perfecta a mi gusto?
¿La que quiero ser? 
Porque me parecería ideal ser súper efectiva, por ejemplo; pero no quiero llegar a serlo: si se me concede el deseo: genial, eso y otras características fantásticas; pero me gusta ser yo sin ellas y no pretendo tenerlas.

Creo que me pensaré como la versión de mí que haría una pareja perfecta con el hombre de mis conclusiones, pasando de largo por las características que ya tengo. En esta versión de mí*, yo:

1. Estoy completamente a gusto con lo que tenga de papada, con mis dientes y la asimetría de mi cara.

2. La ansiedad apenas da para una anécdota de vez en cuando: no hay crisis; la sensación de opresión en el pecho es historia antigua. No tengo miedo.

3. No tengo reticencia a que las personas cercanas o los conocidos "de antes" noten todo mi contento, todo lo que me hace ser quien soy (finalmente, extensión del punto dos).

4. Soy limpia. Mantengo mi entorno limpio, conservo las uñas limpias, siempre uso ropa limpia.

5. Organizo mi día de modo que cabe todo lo que quiero, lo cual ayuda mucho al punto número tres. No pierdo el tiempo, no procrastino.

6. Tengo una postura corporal correcta. No me encorvo, me siento bien (de sentarme, no de sentirme).

7. Tengo buena memoria; quiero y puedo conversar sobre lo que leí, vi, escuché.

8. No me entretengo energéticamente evadiendo duelos, rellenando el espacio en el que toca silencio o soledad.

9. Siempre, siempre, siempre tengo fresco quién soy, cuál es mi valor, de qué tamaño es mi capacidad para lo que me importa.

*No sé si es del todo claro que esta versión de mí no existe en la realidad. Por si no quedaba claro, aquí queda dicho, es algo así como mi yo ideal ;D

Silvia Parque

jueves, 6 de junio de 2019

Ajustes al hombre de mis conclusiones

El comentario de Matt sobre las complicaciones de que el hombre de mis sueños venga con ex y crías, me dejó pensando y decidí hacer ajustes.

Luego, Macondo me hizo notar que este no es el hombre de mis sueños, sino de mis conclusiones -y he cambiado el título de la entrada-.

Esta es la característica en cuestión:
5) Divorciado y con hijos. Que ame a mi hija, haga el paternaje necesario con ella y respete la figura de su papá en nuestras vidas -del papá de ella, obviamente-. Con un concepto de familia que permita que todos los que estamos en relación convivamos armónicamente.
Lo que me importa es la experiencia, es decir, que tenga experiencia en problemas de pareja y en el duelo por la pérdida de la pareja. No importa si estuvo casado-casado, mientras haya tenido una relación importante y hayan cohabitado. Si nunca ha tenido una pareja importante, lo más probable es que nuestros intereses sean muy diferentes.

Estaba pensando en esto y en que un siempre soltero tendría dificultad para adecuarse a compartir el espacio cotidiano en plan pareja, cuando me di cuenta de que en realidad, no necesariamente quiero vivir con él. Estaría bien. Pero también estaría muy bien si vive en su casa y yo en la mía... Quizá hasta mejor... Tendría lo que estoy disfrutando ahora, ocupando mi casa como única adulta, más lo disfrutable de tener pareja.

También noto que tener hijos no es parte de lo que lo hace ideal. Amaría que los tuviera y tener oportunidad de amarlos, pero lo que realmente quiero es un hombre empático con mi condición de mamá y encantado de hacer paternaje con B. Eso sí: queda descartado si la mera idea de ser papá le disgusta.

Otro ajuste estaría en el punto número 2. Más que mayor que yo, quiero un hombre que se posicione como mayor que yo; podría tener mi edad, tal vez un año menos.

AHORA TOCARÁ MODIFICAR LA ENTRADA ANTERIOR :)

Silvia Parque 

martes, 4 de junio de 2019

El hombre de mis sueños: lista de deseos

Yo creí que no quería más estar en pareja. Pero ahora pienso que sí, estaría bien que pasara un día. Y como por imaginar no se cobra, estoy haciendo una lista de las caracerísticas del hombre que quiero:

1) Emocionalmente sano. Nada de nudos con sus papás, pretensión de llenar vacíos con lo que no va ahí o cosas por el estilo. Que sus asuntos se sitúen en el último nivel de la pirámide de Maslow. De preferencia, que ya haya ido a terapia: si fue a análisis, mejor. Si es neurodivergente: consciente y tratado.

2) Que sea se posicione como mayor que yo y le vengan bien mis daddy issues [es una lista de deseos: no se vale rascarle a la compatibilidad del punto 1 y el punto 2]. Dominante. En general, que le venga bien mi parafernalia. Específicamente, quiero no solo alguien con inclinaciones sexoafectivas compatibles con las mías, sino alguien con las inclinaciones sexoafectivas correspondientes a las mías.

3) Que tenga un muy alto nivel de ingresos, proveniente de fuentes estables y legales. Que quiera y pueda mantenerme en un nivel de vida más que cómodo. Que le encante jugar a que me compra (punto número 2). [Trabajo en mantenerme a mí misma por necesidad material, pero necesidad de logro no tengo (ni compromiso con ideología o movimiento por el cual deba ser de otra manera).]

4) Que sea sobresalientemente inteligente, con educación formal de nivel superior y eso que llamamos "cultura general" mayor que la mía. Lector, pero no fan de leer. Buen conversador.

5) Divorciado y con hijos. Que haya tenido una pareja importante con la que haya cohabitado. Que ame a mi hija, haga el paternaje necesario con ella y respete la figura de su papá en nuestras vidas -del papá de mi niña, obviamente-. Con un concepto de familia que permita que todos los que estamos en relación convivamos armónicamente.

6) Que esté ocupado siendo productivo y creativo. Que de diversas formas la pase bien sin mí, en sus propios espacios, de los cuales no estoy vetada, pero en los que comúnmente no entro (por supuesto: que encuentre natural lo mismo en mí). Que esté cómodo en redes sociales y las use convencionalmente.

7) Que sea fundamentalmente una buena persona. Que sea generoso, decente y considerado. Con conciencia social.

8) Que le guste hacer cosas conmigo, en el mundo; por ejemplo, bailar, jugar boliche, jugar billar, subir un cerro, tomar un curso de cocina. Que no postergue hacer lo que le gusta (punto número 1 y punto número 3). [Necesitará administrar bien el tiempo para que punto 6 y punto 8.]

9) Que ame la comida. Que no sea vegano ni vegetariano. Que le importe el tema de la comida, aparte de comer. Que sepa cocinar y a veces lo haga, pero me deje apropiarme de la cocina y gobernarla.

10) Que se mantenga limpio, pero sin invertir en ello demasiado tiempo ni atención; que sea cuidadoso de su apariencia, pero no tema ensuciarse ni le moleste la falta de pulcritud -sobre todo, en mí-.

Físicamente, solo necesito que sea sano, mínimo unos diez centímetros más alto que yo, fuerte y con cabello (no importa que sea poco o tenga entradas).

Silvia Parque

lunes, 3 de junio de 2019

Psicoterapia infantil

Hoy una de las psicólogas de B (trabaja en equipo) me preguntó si noto cómo la terapia es flexible y otras características. Le respondí que no me daba cuenta de qué o cómo era, que no tenía idea de qué botón aprietan.

Recordé a mi mamá, hace muchos, muchos años, diciéndome que ya no iba a llevar a mi hermana con el psicólogo porque no hacían nada, solo jugaban; ya había evolucionado para cuando, años después, llevó a otra de mis hermanas justo con quien ahora es la psicóloga de B.

Bueno: pues ese jugar aprieta botones de no sé dónde, que detonan quién sabe qué e instalan la recuperación.

Le han enviado mensajes con los que no estoy de acuerdo: cuestiones de género y sujeción. Pero tenemos la vida entera para contrarrestarlos y ahora no quiero que una intervención mía mueva nadita de esto que ha hecho que mi niña vuelva a reír, cantar, comer e intentar comunicarse. Sé que por ese camino volverá a hablar -y lo demás-.

Dios es el agente de esta recuperación (Corintios 3:6-9) y de Él es la gloria. Pero qué bendición el trabajo profesional que alivia con un globo, una canción, un recipiente con arena; qué grandes ellas, que sanan poniendo el cuerpo en el trabajo, al tomar de las manos o alzar en brazos; que trabajan, de hecho, poniéndose a sí mismas en el proceso, al mirar, hablar, sentir.

Silvia Parque

miércoles, 29 de mayo de 2019

Mejor cada cual en su casa

B es el manojo de alegría que había sido hasta antes de la temporada baja que pasamos.

Que su papá dejara de vivir con nosotros era algo importante para mi bienestar, pero di el paso para hacerlo realidad cuando concluí que la interacción entre su papá y yo era la principal fuente de su malestar. Él y yo fuimos afortunados por haber funcionado como equipo de crianza en la misma casa por bastante tiempo; dejó de funcionar, pero parece que cada cual en su casa volvemos a acoplarnos bien para lo que nos importa.

Tuve mucho miedo de cómo iba a reaccionar ella ante eso. Cuando le empezamos a contar el plan, dejaba claro que no le gustaba. Cuando le anunciamos que tal día su papá se mudaba, lloró con un sentimiento muy profundo. He lamentado muchísimo cuando otras cosas la han lastimado, pero esta vez ella lloraba con mucha, mucha pena, por algo que yo estaba decidiendo que ocurriera y eso fue horrible.

Pero cuando llegó el día, se despidieron con normalidad y todo estuvo bien. Y todo va mejor y mejor. Claro que estamos ocupándonos de que así sea, ella va con la psicóloga, jugamos más, hablamos más, etc. Pero, de verdad, no parece nada afectada porque su papá no viva aquí. Pasa con él tiempo que al parecer le resulta suficiente, la pasa bien con él, la pasa bien conmigo.

Es tan común sentir miedo por cosas que no van a ocurrir y que ese miedo retrase pasos necesarios...

Silvia Parque

domingo, 26 de mayo de 2019

No hablamos suficiente

Las familias esquizofrenizantes están aisladas. Crean un mundo que no va bien con el mundo de todos los demás y no salen de ahí, aunque las personas salgan de la casa.

Las niñas y niños que viven abuso sexual son aislados a través del secreto; la amenaza o simplemente la orden dada por alguien con autoridad traza una mordaza - prisión invisible.

El aislamiento se ha empleado como recurso para doblegar la voluntad de las personas. De hecho, puede ser una tortura.

Por eso no deberíamos quedarnos solas, nunca. A las mujeres nos hace mucha falta conversar porque el mundo social, en general, no está hecho de modo que nos convenga; más bien, nos oprime.

Creo que ya conté esto aquí, pero es lo que tengo en mente, así que ahí va:

Cuando B comió plátano por primera vez, su evacuación fue una cosa que parecía llena de lombrices. No recuerdo si necesité minutos, horas o días para entender que había sido el plátano. El caso es que mi abuela me contó que también se sorprendió con el primer pañal post-plátano de la primera de sus hijas. Ella sí se asustó y llevó el pañal sucio con el pediatra. Eso me dejó impactada. No que mi abuela mostrara el pañal al médico, sino que yo no me hubiera enterado antes del asunto, habiendo convivido con bebés en mi casa toda la vida; luego, además, vi que mi abuela y yo no éramos las únicas. ¿Cómo es que algo así no lo sabe todo el mundo? ¿Cómo es que no nos enteramos de que es común y normal que en el embarazo haya una línea oscura cruzando el vientre? ¿O de lo común que es la incontinencia urinaria entre mujeres?

Es que no hablamos suficiente.

A muchos les sorprendió que hubiera tantísimas mujeres contando que habían sido acosadas, abusadas, violadas; pero muchas mujeres más bien encontramos muy familiares las historias: aquello igual que lo que le pasó a la prima, esto tal como me pasó a mí... Porque son cosas que han pasado generación tras generación y se han contado quedito, asfixiando la comunicación para proteger el estado de cosas. Como un secreto que sabe todo el mundo, pero se mantiene como secreto. Es perverso. Creo que hace falta hablarlo más y hablarlo en voz alta.

Muchas veces, callamos y nos aislamos por lealtad hacia otros; pero habríamos de ser leales con nosotras mismas, primero.

Nos perdemos de la perspectiva que nos abre el comentario de la amiga, del espejeo que puede darnos oír su experiencia o simplemente del efecto de verbalizar lo que estamos pasando y sintiendo.

Yo hablo cada vez más y estoy agradecida por las mujeres que me escuchan y por aquellas con las que converso.

Silvia Parque

sábado, 25 de mayo de 2019

Todo mejor

La niña está mejor. Ha vuelto a ser la niña feliz que disfruta su mundo y ríe de sus cosas. Se comunica y, sobre todo, se expresa. Mi agobio, que era su gran malestar, ya no está, gracias a Dios y al trabajo de personas profesionales. No cabe duda: hay que acudir, siempre que sea posible, con los profesionales en el área donde una está requiriendo apoyo.

Me preocupa que no veo la misma rápida recuperación en cuanto a algunos procesos cognitivos; pero lo primero era que ella se sintiera mejor, que volviera a comer con normalidad; lo demás, lo iremos viendo -nos vamos ocupando-.

Yo estoy mejor, también. Hace dos semanas que el papá de B no vive con nosotras y ha sido como una especie de destape energético para mí. Ya necesitaba mi espacio. Y su ausencia me ha hecho notar aspectos y cuestiones de nuestra relación, de su comportamiento y del mío, que me han... sorprendido, por decir lo menos -que me hacen pensar-. Aprendo.

Este asunto del espacio de la casa me llevó a que B tuviera su propia habitación. Como señal de que era el momento, su  maestra dejó de tarea que pusiéramos una tarjeta con su nombre en la puerta de su recámara; por supuesto, si la niña no tenía recámara, podíamos poner su nombre en algún otro lado, pero para mí fue el banderazo para el reacomodo. Me satisface cómo quedó. Me costó varias noches dormir en la que ahora es mi habitación, pero lo logré y creo que estamos más a gusto las dos.

Mientras esto pasaba, una amiga tuvo el tino de hacerme saber que estamos -tiene mi edad- acercándonos a la menopausia. Pensé que era un sinsentido. Nada qué ver. Darme cuenta de su razón me dejó  impactada. Yo estaba feliz acercándome a los cuarenta, planeando que ese año me festejaré el año entero... Pero no contaba con la menopausia: con que mi cuerpo dejara de funcionar como lo he conocido y con dejar de ser fértil -yo que he amado mi menstruación-.

Tuve un par de días medio de luto.

Entonces, un muchachito me invitó a salir -un veinteañero-. Después de explicarle que podría ser su mamá, accedí a darle el gusto, advirtiéndole que sería una vez, nada más -una ida al cine-. No pude con sus mensajes de WA, sin embargo -decentes; si no, no habría habido más de uno-. Me despedí, bloqueé su número y agradecí a la vida recordarme que cosas inesperadas suceden.

He vuelto a mis consuetudinariamente abandonados proyectos de escritura.

Mi experiencia en el multinivel está llena de oportunidades para pensar sobre los temas que más me interesan -especialmente sobre quién soy-.

Así que todo mejor :)

Silvia Parque

miércoles, 24 de abril de 2019

La niña está triste

Tengo una temporada muy complicada con mi niña. Dejó de hablar, literalmente; ella que conversaba, contaba cuentos y narraba sus recetas como youtuber sin cámara. Empezó a llorar por todo o por nada y a tener desbordes emocionales más allá de un "berrinche", crisis que duran horas, literalmente. Está mal. Tratamos de un modo y de otro y más o menos parece mejorar, pero no vuelve a la normalidad. Ya tiene cita con la pediatra para la semana que viene; vamos a ver qué pasa de aquí a ese día y luego a ver qué dice la doctora.

Tengo un montón de supuestos. Me viene bien escribirlo, pero lo que más quería expresar es lo importante que me resulta estar acompañada por mujeres que han escuchado mi discurso preocupado y por mujeres que de diferentes modos me hacen estar entera para poder hacer lo que me toca, sobre todo cuando siento que resulto bastante ineficaz.

Necesitamos una tribu para criar no solamente para que entre todos ayudemos a cuidar a las criaturas, sino sobre todo para sostenernos entre mayores, de modo que nos sea posible sostener.

Silvia Parque

martes, 16 de abril de 2019

Hazlo mal y deja cosas sin hacer

Este blog tiene entre sus etiquetas destacadas la de "hacer las cosas". Es así porque fue el tema de mi vida durante años. Fui la reina de la procrastinación durante la eternidad que tardé en terminar mi tesis de maestría (por eso "hacer la tesis" es otra etiqueta).

Hoy, he llegado a donde necesitaba.


Hago.
Me dedico a lo que me conviene.
Me ocupo de lo que corresponde.

La clave de este logro no es un secreto, pero tal vez le sirva a alguien si lo pongo aquí, centrado y en negritas:

Lo hago mal y dejo cosas sin hacer.

Mi tratamiento empezó viendo videos de recetas de Youtube. Vi cientos de videos durante un par de años y me fijaba en las enormes "áreas de oportunidad" de los youtubers. ¿Cómo podían tener éxito -mediano o grande- con tantos errores, fallas, faltas?

Comprendí que tenían éxito por X o Y; pero fundamentalmente porque habían hecho el video y lo habían publicado, con su buena, regular o mala calidad.

Luego está la complicación de tener muchas cosas por hacer. Mi punto crítico en esta cuestión llegó cuando recibí la sugerencia profesional de jugar más con mi hija, prestándole completa atención, todos los días. Me pareció estupendo y objetivamente imposible, al menos objetivamente imposible si también hacía todo lo demás que necesitaba hacer.

Darte cuenta de que no puedes hacer nada para que te alcance el tiempo puede ser apabullante, pero también liberador. Yo opté por deshacerme de todo lo estresante de lo que pudiera deshacerme y privilegiar las prioridades. Pronto fue evidente que ni así iba a conseguir hacer siempre todo lo que era necesario (como jugar con mi hija, prestándole completa atención) y entonces la liberación fue total.

Hago lo que puedo y eso está a mil años luz de no hacer.

Silvia Parque

lunes, 8 de abril de 2019

Temporada de moscas 2019

Regresaron. Más feas y más ruidosas. Empiezan desde bien temprano y continúan hasta bien tarde. ¡Y no paran! No se detienen en una pared a dejarme vivir: vuelan zumbando por donde más molestia puedan causar.

Ayer habíamos salido todo el día y una ventana se quedó abierta. Estábamos infestados. No sé cuántas: como cinco en la recámara. Horrible.

He ido a buscar el veneno megapoderoso que tal vez sea radiactivo, pero todavía no llega a la tienda. Mañana lo busco en el local desde el cual -según yo- lo distribuyen a la colonia.

Una razón más por la cual prefiero el tiempo de frío.


Silvia Parque

jueves, 28 de marzo de 2019

No son dos pies izquierdos

Este año conseguí hacer del ejercicio una rutina y, además, una rutina que me gusta.

La verdad es que hago poco, pero a mí me viene bien y me siento satisfecha por haberme acostumbrado al punto de extrañarlo si no lo hago... Porque estoy muy lejos de ser estricta: a veces pasa algo y no lo hago; el gran logro de que se haya vuelto rutina está precisamente en que al día siguiente de no hacerlo o a dos días de no hacerlo, lo hago. Durante años, podía tener dos o cuatro semanas en el ajo y luego me resfriaba u ocurría algún imprevisto y ahí se acababa todo: no "regresaba".

Ayer busqué algunos ejercicios que hoy estrené y recordé porqué crecí creyéndome negada para mover el cuerpo (una de las razones). Me cuesta muchísimo seguir a quien me pone la muestra. No son dos pies izquierdos, sino alguna discapacidad perceptiva.

Silvia Parque

viernes, 22 de marzo de 2019

En esto ando

Nunca creí unirme a los blogueros que escriben "tengo prácticamente abandonado mi blog", pero comparada conmigo misma: tengo prácticamente abandonado mi blog. Al principio, lo lamenté; sobre todo, me dio pena no estar extrañándolo... Pero noté que es cuestión de pasar a otro ciclo también por acá. Todo se mueve.


Siempre se ha movido.

En el gadget "Entradas anteriores" se aprecia que fui publicando menos entradas con el tiempo. Esto tiene varias razones. En 2012, cuando inicié con el blog, no tenía Twitter y usaba las entradas para publicar alguna idea, aunque fuera una frase nada más; de hecho, la mayoría de las entradas eran muy breves, quizá hasta 2016.

En ese tiempo, mi blog "De palabras y cosas así" se llamaba diferente y era casi un blog de culto para el papá de B; cuando le di un giro a aquel blog, empecé a publicar allá todos mis textos de narración-ficción o los comentarios respecto a algo que estuviera leyendo. Así, este de acá redujo el tipo de contenido que comprende. Claramente es un blog personal, con algo de reflexión, algo de opinión, algo de expresión, mucho de mi maternaje y mis procesos de desarrollo. (Necesito aprender cómo guardar en algún otro lado las entradas porque son una especie de archivo de mi vida).

Pero yendo al punto: ahora estoy muy ocupada: más ocupada que nunca, no porque tenga más actividades que en otras temporadas, sino porque tengo la mente y el ánimo enfocados (ocupados) en el negocio, como no me pasaba desde que era una adolescente que escribía y escribía. Hace más o menos seis meses, adquirí una membresía de Oriflame, pensando en vender algo para ganar "un extra" y resultó tan bien, que ahora me dedico a esto. Jamás habría imaginado que lo iba a disfrutar tanto, que iba a sentir: "de aquí soy"; pero la vida no deja de sorprenderme. Y en eso ando.

Ya había pensado que le quitaría algo de tiempo al blog para dárselo a mis proyectos de escritura; pero los he vuelto a pausar. Ahora necesito organizarme con el negocio, porque si bien tengo como medio año en la compañía, mi decisión de dedicarme de lleno a esto es más reciente.

Para apalancarme, a lo que sí dedicaré más tiempo es a los artículos en No creas nada, porque tras meses de un movimiento muy pero muy lento en las visitas/ingresos generados, de pronto los dos artículos en los que describo productos de Oriflame le dieron vida a mi panel de ingresos. De todas forma me falta un tramo para llegar a la cantidad de visitas/ingresos que me permita efectivamente cobrar; pero el cambio a favor fue brusco y pienso aprovechar que eso funciona.

Estos son mis dos éxitos:

También pueden pasar a leer:

Así que andaré menos por aquí. Con aviso y explicación no siento que abandono ;)

Silvia Parque

miércoles, 13 de marzo de 2019

La renuncia necesaria

Se habla de la renuncia menos de lo que merece. Para disfrutar algo hay que renunciar a lo que no es ese algo, al menos en ese momento.

Los niños chiquitos causan gracia aprendiendo esto: un niño de dos años puede querer helado de un sabor y helado de otro sabor al mismo tiempo: no uno detrás del otro, no la mezcla de los dos, sino uno y otro al mismo tiempo; pueden querer cargar en sus manos cinco cosas cuando en sus manitas no caben más de dos. Pueden querer mojarse y permanecer secos (aunque eso tiene tal vez más relación con el hecho de no entender la relación causa y efecto).

Las personas adultas suelen hablar de la necesidad de la renuncia cuando algo es inconveniente o menos conveniente que otra cosa. Sin embargo, hay veces que se requiere renunciar a algo, siendo las opciones igual de "convenientes". Por poner un ejemplo simplón, puede ser tan buen plan para un sábado salir al cine, al teatro, a una exposición, a un restaurante especial, a visitar a un amigo... Descartando lo que guste menos, lo que requiera condiciones o recursos que no se tienen, lo que "salga caro" en comparación con otras cosas, pueden quedar dos, tres o más opciones, digamos "empatadas", y habrá que elegir una. Así pasa también con cosas mucho más importantes.

Silvia Parque

martes, 5 de marzo de 2019

Mi niña comprende

Entre las prácticas que nos funcionan estupendamente con B se encuentra el hablarle largo y tendido sobre lo que le concierne; darle explicaciones detalladas, explicando algunas palabras, pero básicamente igual que a una persona mayor. Siempre he creído que niñas y niños tienen extraordinaria capacidad de comprensión.

Para aclarar a qué me refiero, les comparto la distinción que hago entre comprender y entender:

Para mí, entender es una capacidad cognitiva en relación con la lógica racional; en nuestras culturas, se trata mucho de identificar significados y poder establecer la relación apropiada entre variables, siendo fundamental la relación causa y efecto. Los bebés no entienden; van desarrollando está capacidad, pero en realidad, las niñas y los niños pequeños entienden poco... De hecho, hay adultos que entienden poco.

Comprender, en cambio, lo considero una capacidad mental centrada en el "sentido": dar sentido a las cosas, encontrar el sentido de las cosas, pero también en relación con la asimilación del conocimiento que transforma el objeto del conocimiento. En las cuestiones académicas, primero se entiende y luego se comprende. No obstante, situándonos en otra dimensión, podemos notar que los bebés, con su increíble capacidad de asimilar, comprenden. Con niñas y niños que ya hablan es bien gratificante notar el alcance de esta capacidad.

Sumándole a esto que soy de pensamiento mágico y estoy convencida de la existencia de la intuición, las vibras energéticas que irradiamos y nos afectan, el alma, etc., ahí tenemos mi creencia firme en que niños y niñas comprenden cuando se les habla, corroborada por mi experiencia con B.

Claro que hay muchos momentos en que necesitas que la criatura entienda y corresponde emplear frases cortas, palabras que conoce y nada más. Hay momentos en los que lo efectivo es decir simplemente algo como: "Baja del librero. Ahora". Las explicaciones estuvieron antes o vendrán después. Amo ese momento de las explicaciones.

Silvia Parque 

viernes, 1 de marzo de 2019

Yo no me maté, pero ella sí

En días pasados llamó la atención el caso de una joven que se mató en Coahuila, luego de que publicaran en Internet, sin su permiso, fotos suyas que en las notas que he leído se describen como"eróticas" e "íntimas". Aunque según DICE AQUÍ, siguió con su vida normal tras la filtración de las fotos, entró en depresión por razones que no son claras y se desconoce qué ocasionó el suicidio, no creo ser la única que concluye que la violencia de la que fue objeto está relacionada con su muerte.

Hace muchos años, me tomé unas chulísimas fotos sin ropa, que acabaron en una página de Internet cuyo propósito era hacer escarnio. Y me quise morir, literalmente.

Mi mamá por primera vez en la vida no me apoyó, más bien al contrario. Años después, mi analista me dijo, "¿y qué esperaba, que la felicitara?" No contesté... Ahora sé que esperaba apoyo y contención porque fui objeto de violencia. Ahora me queda clarísimo que quien está mal es quien  se apropia de imágenes que no son suyas, quien las comparte o difunde sin permiso para ello o bien, quien señala, acosa o denigra a una persona a partir de que su imagen, la que sea, esté donde esté. Aunque en aquel entonces lo sabía, no lo tenía tan asumido como ahora.

Las mujeres somos libres de tomarnos las fotos que nos dé la gana, compartirlas con quien nos dé la gana, sextear o lo que decidamos hacer. A cambio, debemos recibir respeto. Lo mismito que debemos recibir cuando andamos por la calle en minifalda, cuando cocinamos, cuando nos embriagamos, cuando dibujamos o cuando bailamos cha cha cha. (Y si dejas tu coche con el vidrio abajo y las llaves puestas, el que se lo roba es un ratero; tal vez fuiste imprudente, pero el único señalado debería ser el ratero).

Cuando digo que me quise morir, refiero un episodio singularmente crítico. Después viviría temporadas muy difíciles -por otras razones- en las que iba a desear estar muerta, pero casi metafóricamente: era querer dejar de sentirme mal, querer estar en paz por fin: no iba a matarme. En cambio, cuando tuve esos minutos de fama consideré fríamente cómo matarme: un cálculo, digamos, racional, serio. El papá de B, que entonces era mi esposo, se ocupó de que no me quedara sola ni un momento. .

La ideación suicida pasó relativamente rápido, pero tardé años en dejar de sentir angustia en relación con el asunto. Cuando pienso en esta joven que se acaba de matar, se me estremece el corazón de suponer que tal vez no tuvo, como yo, un compañero al pie del cañón, una amiga dispuesta a quedarse a cuidarme, un amigo y otro explicándome que la cosa pasaría y se perdería en el mar de imágenes del Internet.

Quisiera poder compartir a esa mujer de 19 años, una de las enseñanzas que me dio la más superficial cultura pop: "Tu peor humillación no es más que una diversión momentánea para otra persona". Los que te señalan no valen la pena. Tu vida vale esta pena. Pero nadie le puede decir nada porque está muerta.

Me choca que esto se use para aleccionar a las mujeres en relación con limitarse. Claro que conviene pensar dos o tres -o veinte- veces sobre el riesgo que conlleva cada cosa que hacemos y de hecho creo que conviene abstenernos de lo que implica riesgos que no estamos preparadas para sobrellevar. Claro que hay que cuidarnos mejor. Pero son los que se apropian de lo que no es suyo y los que dañan quienes deben parar.

Silvia Parque

lunes, 25 de febrero de 2019

Dime con quién andas...

Entre todo lo que disfruté de la entrega de los premios Oscar de ayer, lo que en definitiva voy a recordar es el entrañable abrazo entre Alfonso Cuarón y Guillermo Del Toro. [AQUÍ, fotos.] Spike Lee y Samuel L. Jackson también se dieron un gran abrazo, pero a mí los cineastas mexicanos me llegan al alma como si los conociera.

Pienso en la evidente satisfacción de Guillermo Del Toro al nombrar a su amigo como ganador. En la expresión de gusto de Diego Luna al presentar Roma. En el detalle de Cuarón, de mencionar a Del Toro y a González Iñárritu. 

Dicen que Dios los cría y ellos se juntan. Yo creo que es bien importante con quién nos juntamos. Hay que revisar si estamos en el lugar que nos corresponde y nada mejor que revisar quién está en nuestra vida. ¿Nos nutren con su presencia? ¿Nos hacen estar más a gusto de ser quiénes somos? ¿Deberíamos movernos en ese circuito?

Me gusta la expresión "circuito" porque se refiere a una red con trayectoria cerrada. El mecanismo del circuito es atrapador, como sucede con cualquier dinámica. Así pasa con las redes de personas en nuestras vidas, personas que nos reflejan y al identificarnos de una manera u otra, nos dicen quiénes somos; personas que nos dicen qué es posible a través de la forma en que viven, conforme a sus límites; personas con un lenguaje -no solo en cuanto a su vocabulario- que determina una realidad u otra. Un circuito puede convenirnos o no, independientemente de cómo sean quienes lo integren -buenos, honestos, cínicos, flojos- e independientemente de los afectos implicados. 

Silvia Parque

martes, 19 de febrero de 2019

Preescolar, USAER y nuestra casa


El viernes de la semana antepasada me reuní con la maestra del grupo de B y con la maestra de USAER (el equipo que atiende a las niñas y niños con necesidades educativas especiales en las escuelas regulares). Creí que me dirían que B es tan inquieta, que se dispersa tanto y que le interesan tan poco sus pares, que lo consideraban un problema en el que había que intervenir... Y no. Sí se porta de modo que ha hecho que la observen con atención; identificaron lo que han llamado "focos amarillos" y me dieron indicaciones para trabajar en casa a fin de alcanzar metas en relación con su adaptación a la "situación escolar".

Aunque mi niña es más inquieta que sus compañeros y hay cuestiones puntuales de desarrollo que necesitamos atender, lo que más les interesaba tratar es que no avisamos a la criatura con claridad que en el kinder hay que hacer lo que toca

B ha crecido en la libertad más grande que le haya conocido a una niña cuidada (no conozco tantísimas niñas, pero lo afirmo a partir de lo que veo a mi alrededor). Le limito la comida chatarra y el entretenimiento pasivo, pero nos conducimos con la seria intención de respetar su voluntad, así que siempre hay una razón para lo que se le indica. Viviendo así, es un choque cultural llegar a un sitio donde "ahora hay que sentarse y pintar este dibujo". Aunque le guste pintar. 

¡Y luego está la dinámica de "premios"! En casa tratamos de educar en relación con las consecuencias directas o lógicas de su conducta y aunque no nos sale perfecto, es como ha aprendido que son las cosas. En la escuela es diferente.

Bueno: pues hablamos mucho con ella ese fin de semana. Le explicamos cómo era en la escuela, cómo es en la casa y cómo lo vamos a manejar. 

Es increíblemente satisfactorio lograr comunicarte con una niña todavía de tres años. 

Seguimos casi todas las indicaciones que nos dieron. Buscamos sin éxito unas tijeras especiales. No me he dado el tiempo de bajar de internet unos dibujos que habría que imprimir para tener señales ilustradas de la rutina en casa. Y lo más difícil: no estamos dándole espacios de convivencia con otras niñas y niños (además del kinder); pero ya estoy fraguando una estrategia.

Me gustaría poder llevarla a una escuela con un modelo educativo coincidente con la "epistemología" de su educación en casa; pero no se puede y la verdad es que en su escuela lo hacen requetebien. Estoy muy contenta con la atención que le ponen. Yendo a lo más "material": sé cuánto puede costar llevar a la niña con una psicóloga a que nos diga  lo que nos están diciendo.

La maestra de USAER se encargó de dejar muy claro que B no estaba en la mira de recibir atención con el equipo (trabajan con quienes lo necesitan, desde segundo, no desde primero), que solo les parecía que estábamos justo en el momento de atender los "focos amarillos" para no tener problemas después. Lo dijo varias veces, como para tranquilizarme, como si me fuera a preocupar la etiqueta "USAER" que viene aparejado con "necesidades especiales". Y yo al contrario: entre más recursos estén puestos al servicio del bienestar de B, mejor.

Con las criaturas es bien importante esa mirada externa que revela lo que ocultan los escotomas familiares. También es importante echar mano de lo que existe: escuchar a los que saben para aprovechar lo que pueden aportar.

Silvia Parque

jueves, 14 de febrero de 2019

Amar alimentando

Hoy que es día del amor es un buen momento para agradecer el amor que me rodea. Dice mi abuela que obras son amores y no buenas razones y así justo es el amor que recibo: me cuidan, me reconocen, me apapachan, me acarician de múltiples maneras.

Uno de los modos más significativos en los que he recibido amor ha sido a través de la comida. Más allá del compartir la mesa, que ya es bueno, me refiero a que me den de comer: que cocinen para mí, que paguen mi cuenta en un restaurante, que lleguen a mi casa con comida, que en su casa me den comida para llevar a la mía... Todo eso me ha llenado el corazón al llenarme la panza.

Alimentar es una forma de amar preciosa porque es sostener la vida del otro (por eso, amamantar fue una experiencia maravillosa para mí).

Y en este conjunto de obras de amor que atesoro en mi corazón, hay un subconjunto reluciente que me parece un gesto de franca hermandad y que ha sido la respuesta a una oración, cada vez que ha ocurrido: el poner en mis manos una bolsa de mandado.

Silvia Parque

martes, 12 de febrero de 2019

La convención de lo aceptable

Vi una película buenísima el domingo. Hay una parte en la que un hombre mayor le dice a un hombre que acaba de tener un hijo, que no se estrese con la idea de que hay papás haciéndolo bien porque no los hay. El resto de las personas en la habitación, excepto el recién nacido y el hijo de este hombre mayor, van diciendo que sus papás lo hicieron bien. La escena es muy graciosa.

Pero yo estoy con el hombre mayor. Sí hay papás y mamás que lo hacen bien, por supuesto; pero nadie hace nada de modo inmaculadamente perfecto.

De cualquier manera, compararnos no tiene sentido.

Hace bastantes años, el papá de B tuvo algo que hacer en un poblado de la sierra. Andando por ahí, le dieron ride a una señora y a sus hijos, que volvían de la escuela. Él no es delicado, pero dice que el olor que desprendían era nauseabundo... Resulta que la señora venía de hablar con la maestra.- La maestra quería que los niños se bañaran y la señora lo iba contando en plan "qué ocurrencia": ella no tenía agua en su casa ni tenía modo de calentar el agua con la que se bañaban, cuando se bañaban. Estamos hablando de la sierra de Chihuahua, es decir, de temperaturas realmente heladas. No iban a bañarse más para dar gusto al olfato sensible de los civilizados con regadera, agua caliente y todo el jabón que pudieran querer.

Últimamente me acuerdo de esa anécdota porque mi regadera eléctrica se descompuso...

Me han estado saltando a la vista como brotes de granos en un ataque de varicela, evidencias de las "bajas calificaciones" que sacarían las personas a mi alrededor en la evaluación que se nos hace para entrar en el conjunto de los aceptables. ¡Hay un montón de reprobados y una creyendo que es la única! Y hay un montón que sobresalen en algo, pero dejan mucho que desear en otra cosa. Y los que están muy-muy bien en algo jugaron con ventaja o le quitaron la gracia al juego. No es envidia, en serio; lo digo empezando por mí, que estoy muy-muy bien en alguna cosa: en lo que he tenido ventaja.

Esa historia del trabajo duro y la dedicación persistente para alcanzar una meta tiene muchas letritas pequeñas... Hay que conseguirnos una lupa.

Por ejemplo, estoy creyendo que el secreto mejor guardado del mundo es el de la suciedad y el desorden doméstico. Claro que hay casas que están como para foto de revista; pero eso cuesta: tiempo, cuerpo, vida... o responde a condiciones materiales de privilegio. No es gratis, nunca. No se trata nada más de poder o no poder pagar a alguien para que haga el trabajo; se trata de que no es lo mismo cómo queda el piso cuando es de cemento o de cerámica, ni queda igual con cerámica de segunda o de tercera; ni con o sin el súper limpiador; ni cuando afuera hay terregales...

Si en cualquier condición, aspiras a algo que queda lejos de tu realidad inmediata, te conviene reflexionar sobre esa aspiración para tener motivos y no azotes. Hay que preguntarse "para qué" y quién puso el estándar. Ojalá nos quede claro cómo nos gastamos la vida.

Nos meten en una loca carrera por ser aprobados que nos jode. Lo puedo ver ahora con el impacto que le produce a B el asunto de los sistemas de recompensa en el preescolar (siendo que en casa no hay premios, castigos ni nada de eso) -ya nos estamos ocupando-.

Hay libertad amor propio afuera de la convención de lo aceptable.

Pienso en esa imagen de Mafalda con la leyenda de "paren el mundo, que me quiero bajar" :D Sí te puedes bajar de un montón de viajes donde te han cobrado un pasaje de primera, te han metido en el maletero y te llevan a un destino elegido por otros.

Silvia Parque

sábado, 9 de febrero de 2019

Por un hombre

De pronto, me encontré pensando esto:

Hay tres mujeres que sentí como rivales en algún momento de mi vida... quedaron en una posición antagonista respecto a mí, por un hombre (en el peor de los casos, por un muchacho). Mis experiencias de "odio" han estado en relación a esas mujeres (una menos, otra más) y es increíble porque nunca sentí "eso" por los hombres implicados en esas relaciones, ni siquiera por otros hombres que me hicieron daño en serio. Como buena hija del patriarcado, tengo una asombrosa capacidad para disculpar hombres.

De pronto, a las 3 de la mañana de este sábado, se me ocurre que esas tres mujeres son bien chidas; pero en serio: especialmente; de esas personas con las que es genial estar y compartir. La única que hizo cosas de verdad traicioneras fue una mujer que originalmente me apreció y con la que me porté "mal" -por decirlo fácil y rápido-, así que tampoco es que ella fuera la mala y yo la buena. De hecho, si me alejo un poco y cambio de perspectiva, podría decirse que yo fui "la mala" en los otros casos. Nunca es tan simple.

Qué patético acomodarnos en las relaciones del modo en que menos nos conviene, quedando resentidas o atoradas en batallas unilaterales con otra persona que a lo mejor está en las mismas, por encumbrar a un hombre, protegiendo nuestros sentimientos hacia él de los efectos de sus acciones.

Ahora sonrío, recordando los "amiga, date cuenta" que ignoré, pero también reconociéndome en otro lado: cada vez más lejos de aquello.

Silvia Parque

lunes, 4 de febrero de 2019

Ese mundo al que van nuestros hijos

Este fin de semana vi varios videos de "Gente maravillosa" en Youtube. Aunque la idea del show de sentimientos no me cae bien, pienso que es útil dar visibilidad a la discriminación y a la injusticia.

Yo me fijo en la reacción de las personas expuestas a la situación montada: en los recursos y dificultades de unas y otras. Y pienso en mi hija... en que haya alguien dispuesto a darle una mano si lo necesita; en que a su vez, ella tenga intención y capacidad para dar una mano a otro.

Estos días, varios de los videos que vi se centraban en personas con acondroplasia. Me implico porque si B tiene una talla baja notoria y se hacen más evidentes otros de los signos del Síndrome de Turner, andará con su singularidad por ese mismo mundo recreado en los videos. Nos centramos en enseñarle a conocer su valor, a creer en sí misma y defender el lugar que ocupa en el mundo; pero a veces, por un momento, me da miedo. A todos los pueden molestar por algo; pero unos están más expuestos que otros, para unos es más injusto que para otros.

Silvia Parque

viernes, 1 de febrero de 2019

Organizando el tiempo: ajustes finales

Pasé enero experimentando con la organización.

Los ajustes finales fueron:

a) Incrementé el tiempo que dedico a lo que me da dinero. La necesidad material se impone.

b) Acepté que la casa necesita mucho más tiempo del que creía y por lo tanto, se lo doy, asumiendo que hay que quitárselo a otra cosa. Todo se reduce al punto "a". Con dinero se gasta mucho menos tiempo en el trabajo doméstico (tendría una lavadora, por ejemplo).

c) Acepté que B necesita más tiempo exclusivamente para ella y ya lo programé. Se ha encargado de dejar muy claro, con sus recursos de niña pequeña, que no es suficiente con que yo ande por ahí o con que comamos juntas; necesita que todos los días juguemos un ratito, viéndonos a los ojos y con mi celular lejos.

d) El proyecto a largo plazo que quería preparar durante todo el año, se pasa para el segundo semestre. De todos modos, lo mejor que puedo hacer por él es generar ingresos para que sea factible (Todo se reduce al punto "a").

e) Me olvido de un horario porque requiero responder a las demandas de a, b y c; pero me aseguro de escribir al menos durante hora y media, cada día.

f) Lo único que sujeto al reloj es mi hora de despertar. He fijado una hora ordinaria y una hora para los días en que me haya desvelado, haya dormido mal o B no vaya a la escuela.

g) Lo primero que hago en el día es ejercicio. A eso le sigue una rutina de la que me pierdo si decido levantarme en la "hora 2". Es importante perdérmela, primero para valorar levantarme temprano y luego para no poner de cabeza el resto del día.

Creo que funcionará.

Silvia Parque

martes, 29 de enero de 2019

Duelo repetido

Ayer me puse a hacer limpia de "recuerdos". Tiré muchos dibujitos, varias tarjetas, algunos boletos y cosas así. Era mi momento para "desalojarlos" y se hizo más fácil porque le tomé foto a lo que quería recordar -es una trampita que ya había probado hace años y funciona muy bien-. También tiré cartas. Solo me quedé con las estampillas de los sobres de las que llegaron por correo.

El conjunto que se fue incluyó las cartas que me quedaban del papá de B. Alguna vez pensé que a B le gustaría leerlas o al menos ver que existían; pero la verdad es que quería tenerlas conmigo. Y nada me obligaba a tirarlas, pero ayer pensé que "tocaba" hacerlo. Muy diferente a lo otro. Cuando digo que ya era mi momento para desalojar a los dibujitos y las tarjetitas acumuladas, me refiero a una despedida sin afectación, como algo casual que es bueno. De las cartas del papá de B no me despedí: renuncié a ellas. Para nada habría podido leerlas, pero no resistí la tentación de ver algunas líneas y me dolieron los "te amo", los "Bebé","Cielo", bla, bla, "lo que quiero para nosotros"...

Me pregunté cuántas veces iré a vivir el duelo por esa pérdida. Según yo, estoy en otra etapa, contenta, consciente de que independientemente de su posición, yo no quiero una relación amorosa-de-pareja con él; de hecho, en diciembre fui capaz de ver nuestras fotos después de mucho tiempo de evitarlas y me pareció que me sentí muy poco mal y por muy poco rato... Pero ayer me dolió de nuevo.

Ya acostada en la cama, hablando con Dios, le pregunté eso que me preguntaba a mí misma: hasta cuándo va a terminar el duelo y va a estar de verdad "superado", como para recordar cualquier cosa y no sentirme afectada. Entonces me vino a la mente que esa relación se terminó por agotamiento: no por falta de amor -ya sea que el amor faltara o no-, no por los errores, no por nada específico que haya ocurrido, sino porque ya no di para más. Y pensé o supe que con el duelo sería lo mismo: que un día será "ay, no, ya, otra vez no". Entonces, me puse a pensar en otra cosa.

Silvia Parque

jueves, 17 de enero de 2019

Organización del tiempo: ajustes al horario

El tema de mi mes de enero es "organización del tiempo".


Con el propósito de llevar a cabo todas las actividades que me interesan, me preparé un horario al que calculé hacer ajustes conforme fuera aplicándolo al día a día. Al parecer serán bastantes ajustes.

Aquí algunas consideraciones que estoy tomando en cuenta y tal vez sirvan a alguien más:

- Hay que considerar el tiempo necesario para los actos en función de vivir, como ir al baño, así como el tiempo para la misma organización: yo había ideado un lindo sistema de colorear celdas de Excel para marcar las actividades realizadas, pero en realidad solo vale la pena para el par de actividades al que sí necesito dar seguimiento puntual para evaluar su evolución.

- Hay que distinguir con cuáles actividades es conveniente fijar hora para iniciar y terminar, y con cuáles simplemente hay que determinar el día en que serán realizadas (a la hora que se pueda). Yo creo que la hora fija sirve para las actividades que necesito -especialmente- proteger de la procrastinación, de las que quiero crear un hábito y que generarán un "producto" (como un documento, por ejemplo).

- Hay que tener en cuenta las características reales de la actividad, en la situación en la que estamos. Por ejemplo, yo había colocado todo lo que fuera quehaceres domésticos por la tarde, para aprovechar la mañana en otras cosas, que no puedo hacer cuando está mi hija; sin embargo, necesito lavar lo más temprano posible para que la ropa se seque, así que...

Silvia Parque

martes, 15 de enero de 2019

Empezando el año con lo que hay

Mi fe en que mi plan para el año funcionaría, se basó en que está contemplado que habrá días malos o días simplemente incompatibles con el trabajo. Es una de las grandes ideas del método de Debbie Ford para tener tu mejor año: considerar qué vas a hacer con los días que nomás no puedes.

Y ocurrió que apenas el primer día ordinario después de la temporada de fiestas, me puse loca, como hace muchos años.

La gente dice que a todo el mundo le pasa; pero, no. Todo el mundo tiene un mal día, todo el mundo pierde la paciencia o sale de sus casillas; pero no todo el mundo se descompone del modo en que ocurre cuando se cursa con un "trastorno mental". Se pone feo. No obstante, para mí fue algo bueno notar la enorme diferencia de esta breve crisis de un par de días, respecto a las temporadas terribles de hace varios años. Lo realmente malo es que ahora había una pequeña niña asustada que pagó los platos rotos; pero esa es otra historia (escabrosa y llena de culpa)...

El caso es que no hice lo que me pone más mal, hice lo que me ayudaría a sentirme mejor y eso que se oye tan lógico está a una distancia enorme de lo que ocurría cuando estrenaba el diagnóstico de TAG. Además, el papá de B fue -y está siendo- un increíble apoyo. Nunca volveré a dudar que fue bueno terminar nuestra relación de pareja: esta "otra" relación que tenemos, como miembros de una familia sin vínculo romántico, le permitió cuidarme y sostenerme de una manera que no era posible cuando se implicaba de otro modo con/en mi locura.

Así que efectivamente empezar lo planeado con todo y esto; sobre todo, continuar después de la pausa de mis horas incapacitada, me dice que es posible hacer las cosas con lo que hay: con lo que soy y como estoy. Y eso es muy bueno.

Silvia Parque

miércoles, 2 de enero de 2019

2018-2019

La palabra que describe mi año 2018 es: demolición.- En un sentido neutral.

Fue un año de ver arrasada mi forma de estar en el mundo, de asimilar cómo terminó lo último que quedara en mí de inocencia.

Está claro que hace mucho soy una mujer adulta: me hice cargo de un matrimonio -como pude-, de una carrera profesional -como quise-, de un divorcio que dolió más que las contracciones al parir... Me hago cargo de mi hija -lo único que me da orgullo-. Pero un día, di un paso más que me llevó a otra etapa. No sé bien cómo explicar: no es la edad, aunque difícilmente podría pasar a los veinte años. Es estar en el "cuando sea mayor" de cuando eras niña, en la otra página de la historia de amor y en la estación siguiente en el camino al logro.

Y qué bonito es haber terminado con el "deber ser" que ya ni te crees, dejar de tener compromisos con las expectativas de otros y cambiar las expectativas propias por otra cosa, más relajada y más bien tipo el gusto de afirmarse una misma. Al principio pensaba que era una pena no estar en esto con el glorioso cuerpo de mis veinte años; pero el 2018 me adentró en la posibilidad de encontrar lo glorioso en mi cuerpo de 38 añotes, con sus tetas caídas y sus diez kilos de más.

Me gusta cómo se ven las cosas desde aquí...

Empiezo un año de construcción en todos los sentidos: personal, profesional, familiar. No hago propósitos de la manera convencional, como metas por alcanzar, pero sí tengo claro qué es lo que quiero y qué necesito hacer para moverme hacia ello, así que mi propósito es hacerlo. Son como propósitos al revés: no me fijo en la meta, sino en los pasos.

Mi propósito es dar pasos. Me hice un horario-base, pero a diferencia de otros años, tengo un plan para los momentos en que no pueda seguirlo. Conozco bien mis puntos flacos, lo que me ha detenido otras veces; no pretendo "luchar", "ser más fuerte que", "dominar mis defectos", "superar la adversidad": simplemente estoy lista para navegar a través de lo que venga. No sé si estoy lista realmente para ser quien soy aunque me estén viendo, pero vamos a ver... Quiero estar lista para tomar lo que quiero.

Silvia Parque