viernes, 21 de abril de 2017

Reencuentro con el centro de la ciudad

Ayer fuimos a ver una dermatóloga por un detalle en la piel de B, que gracias a Dios resultó ser simplemente una característica suya. El consultorio está en el centro de la ciudad, por lo que por primera vez desde que llegamos al Rancho-Grande, nos alejamos de la casa.

Sentí "algo" cuando entramos al centro: un poco de pena y miedo de sentir dolor. Yo estudiaba por ahí y durante buen tiempo, el papá de B vivió por ahí, así que eran nuestros rumbos. No deja de sorprenderme cómo me fue tan totalmente desconocida la posibilidad de que un día, yo viera esas calles -yo existiera- sin que él me amara, sin sentirme suya.

Tomé un taxi al salir de la consulta. Volvimos a la casa por un camino diferente al que habíamos hecho para llegar al consultorio. Por ahí, no reconocí nada hasta que llegamos al periférico; conocía ese aire, ese cielo e incluso el material de las construcciones, pero nada más.

Silvia Parque

jueves, 20 de abril de 2017

El café con chocolate está bien

Escribo un artículo. La niña duerme a un par de metros de mí. Hace calor.

Debía entregar hoy el texto, pero la eminente especialista -dermatóloga- que fui a consultar, me recibió más de una hora tarde y se movieron mis planes. Estará mañana. Pude y debí organizarme mejor para no desvelarme tanto y cumplir con la fecha pactada, pero en esta ocasión, me ha convenido revivir la sensación de ansiedad rica de estar a "última hora" porque me ha recordado que de aquí soy. Me dedicaré a esto. Le llamaré trabajo porque estoy cansada mientras lo hago y porque de día me cuesta lidiar con B mientras tecleo; pero lo viviré con tanto gusto que, aunque ya no lo haría gratis, sabré para mis adentros que es la clase de cosas que eventualmente haría por amor al arte.

Así que escribo el artículo, veo mi Timeline de Twitter, vengo para acá; la niña duerme y el café con chocolate está bien.

Silvia Parque

miércoles, 19 de abril de 2017

"Tu nombre me lleva atada..."


Hace dos años.
Felposo es un amigo fiel.

B cumplió dos añitos ayer. Veinticuatro meses de vida fuera del útero. Dos años de haberme abierto la puerta a una dimensión desconocida de amor. Su día tuvo varias de sus cosas favoritas y seguiremos de celebración hasta el día 30, con la fiesta oficial.

En medio de su alegría y su vigorosa resistencia a una parte de mis indicaciones, yo busco empleo con el alma llena de "porque te quiero a ti, porque te quiero, cerré mi puerta una mañana y me eché a andar".

Silvia Parque

lunes, 17 de abril de 2017

Aquí estaremos mañana

B cumple años mañana. Luego de una semana difícil, recién llegadas al Rancho-Grande, hemos vuelto al inicio de la normalidad. Sobre todo, yo conseguí estabilizarme; ella responde a eso de inmediato. Así que estamos bien y a punto de celebrar. Con ella cada día es digno de celebración, pero el día del cumpleaños es la gran cosa.

Silvia Parque

domingo, 16 de abril de 2017

Cuerpo de mi vida


Me resfrié al mismo tiempo que empecé a sentir dolor en las manos, los brazos y los hombros. He estado tomando antigripal y analgésico para eso; pero hoy los dejé para tomar antihistamínico porque tuve una reacción alérgica a quién sabe qué.

Cuerpo de mi vida, querido mío:
Me ha quedado claro que no estamos a gusto; pero calma; estamos bien. Mira a la niña: ha pasado un día de lo mejor. A veces hay que hacer lo que hay que hacer. Confía en mí.

Silvia Parque

viernes, 14 de abril de 2017

Nunca más

La vida es de procesos, pero hay eventos determinantes, muchas veces vinculados con decisiones.

He contado antes que un día, cuando yo era adolescente, mi mamá me dijo que entendía que yo necesitaba ir a terapia -yo se lo había pedido- y que nunca más iba a quejarse por llevarme o traerme. No sé qué mosca le picó, pero cumplió su palabra al pie de la letra.

Creo que algo tiene que pasar para que tomemos una decisión que nos compromete de modo que no hay titubeo. Supongo que a veces ese algo escapa a nuestro entendimiento. Yo suelo saber "qué pasó" cuando aprieto un botón o doy un giro al volante. Una mañana, cuando B tenía unos meses, me sonrió, no le devolví la sonrisa y ella dejó de sonreír. Fue cosa de unos tres segundos. Yo había tenido un mal momento con su papá y me sentía terrible; pero me sentí fatal después de hacerlo eso a su sonrisa de bebé. Me dije que nunca más volvería a ocurrir. Me desvinculé afectivamente de lo que me hiciera sufrir de modo que representara un riesgo para las sonrisas de mi niña.

Ayer por la noche, tuve un gran disgusto. Pocas veces me lleno de coraje; ayer pasó y me sentí desbordada, sin modo de sacar la frustración porque son cosas con el papá de B y no puedo hablar del tema con ella por ahí. Mi niña acabó con una mamá descompuesta. Ella no quería ir a dormirse, no quería tomar medicina, y yo no quería batallar. Le abrí la boca, le metí el jarabe y todavía le dije: "¡No vayas a vomitar!" y "¡Ya vomitaste!" Recordé a la vecinita de Aquiles, enferma, a la que gritaban que ya se callara. Le puse a mi niña su suéter más querido -sucio-. No podía darle teta porque su constipación nasal hace que se acomode de forma que me lastima. Fui incapaz de ser más cariñosa, pero me dije que nunca más volvería a ocurrir. Si pude hacerlo con la tristeza, puedo hacerlo con el enojo.

Silvia Parque

miércoles, 12 de abril de 2017

Crisis de adaptación: dos por una


Anoche, B tuvo fiebre como reacción a una vacuna. La metí a bañar dos veces y estuve largo rato humedeciéndole la frente; no podía darle antipirético, según la enfermera que la vacunó. Hoy amaneció resfriada y de una sensibilidad al máximo nivel, con lloriqueo constante. Está en crisis de adaptación y resiente, sobre todo, la falta de la presencia física de su papá. Ayer me apenó verla correr a la puerta y oírla insistir en que abriera porque ya había llegado su papá; pero hoy, le puse "El surco", dijo "teléfono de papá" y cuando le aclaré que no, que yo había puesto la canción en la computadora, se puso a llorar y ahí sí me estrujó el corazón. Tal vez otras veces ha pasado igual cantidad de días sin verlo, pero estaría mucho más pequeña y no tendría a la mamá estresada.

Sé que le transmito mi estrés. Es más: creo que todo su malestar, incluyendo el efecto en su cuerpo de la vacuna, tiene origen en la aprehensión inconsciente que hace de mi malestar. Creo en esas cosas. Pero empezando por lo evidente, nunca -al menos desde la adolescencia- he podido ser como soy, estando con la familia, así que mi niña debe estar extrañando no solo sus cosas, sus espacios y a las personas que estaban en su vida, sino también lo que conoce y no está teniendo de su mamá. Me toca trabajar al respecto y pues... mañana será otro día. Mañana la miraré más a los ojos, hablaré más con Dios y estaré más a gusto. Atenderé mejor su necesidad aunque implique mirarme al espejo en su lloriqueo.

Los adultos a menudo aprovechan que los niños suelen acostumbrarse rápido a todo, para negar o minimizar el dolor infantil frente a las pérdidas. Tengo en mente a una niña que conozco y que llegó de una sesión de terapia diciendo a su mamá que estaba enojada con ella porque X y Y. Lo tengo en mente como punto de comparación porque con los niños que no pueden verbalizar ni lo que está pasando -objetivamente- ni lo que les está pasando -en lo subjetivo-, se hace a menudo como si no pasara nada. Al rato se distraen y los adultos asumen que la cuestión ha sido trascendida. Pero no es tan sencillo. Tampoco hay que hacer drama, pero no es tan sencillo. Y en eso andamos.

Silvia Parque

lunes, 10 de abril de 2017

Se suponía / supongo

Se supone que pasaría en Querétaro poco más de dos años: cursaría el posgrado, tramitaría el título y nos iríamos; era amada y se supone que era imposible que dejara de ser así. Nos iríamos todavía más lejos del lugar del que emigramos. Cuántas veces pasé días fantaseando con viajar al pasado y hacer una cosa u otra diferente, para que mi vida regresara a lo que se suponía que iba a ser.

El domingo volví al lugar de donde me fui. Resolví que es lo conveniente para la estrategia económica de la temporada, con el bienestar de B como prioridad. Una vez decidido, la emoción trajo ilusión y la ilusión trajo ánimo; aún así, la última noche en Querétaro me sentí realmente triste. El domingo estuve de luto. Hoy compré un par de playeras, me corté el cabello.

Supongo que viajo al presente, rumbo al futuro.

Poco antes de ir a vivir a Querétaro.

Silvia Parque