viernes, 30 de septiembre de 2011

Dar un paso

Hay que dar un paso. Se alza el pie, el balanceo no importa, debe subir, se conduce hacia enfrente, quién sabe bien dónde irá a caer, el suelo está ahí delante pero una nunca sabe, se le sostiene mientras baja, va cayendo, se apoya, está moviéndose el otro pie, no ha esperado nada y lo que había, de pronto ha quedado atrás; un paso atrás.

Silvia Parque

miércoles, 28 de septiembre de 2011

martes, 27 de septiembre de 2011

lunes, 26 de septiembre de 2011

Cambiando el tema del año

La vida de cada cual se trata de algo, como las películas. En una película de acción donde los protagonistas tratan de salvar al mundo, no es un problema la gasolina, menos podría ser un problema el romance entre el malo y la novia del bueno: el romance agrega tensión o divertimento, pero no es un problema central: no se trata de eso. Lo que importa, lo que se dificulta, depende del tema, y el tema puede cambiar.

Una vez hice un experimento. En un grupo como de siete estudíantes, ganaría el que consiguiera primero tres objetivos: que una persona fuera al salón a cantar, mostrar $500, y responder correctamente una pregunta general sobre nuestra disciplina. Cada cual pensó que era difícil algo distinto: conseguir esa cantidad de dinero, que alguien quisiera cantar frente a nosotros, saber la respuesta, o hacerlo antes que los demás. También hubo una persona que no se "asustó" con ninguno de los requerimientos; me gustaría decir que esa persona ganó, pero no me acuerdo. El caso es que fue interesante ver cómo lo que era un problema para alguien, no lo era para otra persona, cómo independientemente de la "repartición de recursos" con la que se presentara cada participante (recursos de conocimiento, económicos, de talento social), había estrategias que podían implementarse y habilidades que se podían desarrollar. Por ejemplo, solamente dos estudiantes tenían 500 pesos en la cartera; de quienes no lo tenían, dos pensaron en que habría dinero en administración, pero una de estas dos personas pensó que no le prestarían tal cantidad (a la que fue a pedir, le prestaron). Creo que así es en la vida.

Silvia Parque

domingo, 25 de septiembre de 2011

Tanto va el cántaro al agua

Las cosas tienen un límite. Los plazos se cumplen, por más que se pospongan; siempre se cumplen, al menos por la necesariedad de la muerte.

Hay situaciones que son temporales, también por necesidad: porque la razón de que no haya mal que dure cien años, es que no hay quien lo aguante.

Le dicen a una -por ejemplo, desde enfoques tipo "nueva era"-, que hay que fluir con el movimiento de la vida; pero no hay problema con no fluir, la vida va a seguir moviéndose y va a acabar moviéndola a una. Es bueno, claro, abrir los ojos y descubrir donde se ha estado parada, donde se está en un momento determinado, hacia donde se está yendo. Pero si no se puede, basta con dejar que la realidad se haga presente, ella va a acabar "diciéndose".

Silvia Parque

jueves, 22 de septiembre de 2011

"Decía Yócrates", decía un maestro

Está el abandono de quien ha conocido, el toque de displicencia de quien tiene una visión que va más allá de su propia sombra. Y está la vacuidad abigarrándose con la flojera. Es otra cosa.

El filósofo que sólo sabía que no sabía nada, no era ningún soez -al menos, no por eso-. Ay, con los malhechos de este siglo: vamos a ver qué pasa.

Silvia Parque

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Mi querido egocentrismo

Me gustan las canciones con las que me siento identificada; igual respecto a las películas, libros, etc.: han de tener o permitir una historia, y ésta ha de tener algo que ver conmigo. No me gustan si no es así, aunque se trate de algo super bien hecho, aunque tengan o sean arte (puedo disfrutarlos, pero no serán de mi gusto -puedo disfrutar muchas cosas que no son de mi gusto-). [De la misma forma, sólo escribo sobre lo que me pasa, aunque el escenario sea un valle marciano] Si las estrellas se alinean de cierta manera determinada, tomo la anécdota, la visión, el rasgo o el personaje, y voy de performance a la cama o al día -puede resultar entre gracioso y muy incómodo para quien vive conmigo-.

Soy la persona más egocéntrica que conozco. Me encantó oír al Dalai Lama decir que cada cual es un centro del universo. Lo más duro que aprendí fue que no soy el centro del universo. Juzgo absurdísima la queja de que "siempre quiero que sea como yo quiero" o "siempre creo que tengo razón". Aunque entiendo que el sentido con el que se lanzan las frases no es el literal, oigo las palabras y tengo que contestar un ruidoso "¡pues claro!". Qué locura no querer que algo sea como una quiere, o no creer en lo que se está pensando. La ansiedad se controla con hierbitas y respiración; pero enajenarse -desposeer el deseo o el juicio- está de manicomio; ya me ha pasado.

[Aplauso a la madurez emocional de mis amigos.]

Silvia Parque

martes, 20 de septiembre de 2011

Todo mío

Cada objeto pensado, posible. Espacio para estar y mirar. El tiempo entero. Comida, luz, bebida, plantas.

Silvia Parque

lunes, 19 de septiembre de 2011

Amo lavar la ropa

No me gusta lavar los trastes.

Me gusta el agua, el olor a jabón, y toda la serie de decisiones que implica usar la lavadora: cómo separar la ropa, cuánta, en qué ciclo, en qué modo (manual o automático) y todos los etcéteras que una aficionada al Tetris pueda crear. Una amiga me dijo que es de sus evasiones favoritas -siempre disponible porque cada día hay algo sucio-. También me gusta chapotear y hacer burbujas, pero ante el primer pantalón de hombre, supe que mi marido sería el encargado de "la colada" mientras no hubiera máquina de lavar... Mi parte sórdida escribió un lindo texto sobre la mujer que lava.

Nuestra lavadora tiene una leyenda que avisa que todo está bien, que "así suena porque lava mejor" -cada cual es como es-.  A veces, tengo que darle un golpe; la fuerza no arregla nada, necesita un "toque" específico para acomodar sus contactos internos, pero aguanta mi brusquedad con la dignidad ofendida de quien sospecha que están a punto de tildarle de "cacharro". Tiene lucesitas modernas -como que vino a liberar a la ama de casa, de una quinta parte de esclavitud-. Y cada vez, me da una lección con su mecanismo de seguridad: no es posible abrir la tapadera hasta que han pasado unos segundos de que la ropa se enjuaga o exprime: no es posible: tengas prisa o no, seas mayor de dieciocho años o no, sacudas la tapadera o le tomes el tiempo: hay que esperar.

Luego está la ropa colgada, oliendo a fresco. Ese gusto es herencia familiar. Mi abuela se sentía orgullosamente satisfecha de su tendedero lleno y sus blancos ondeantes (ahora tiene secadora). Yo también me detengo a mirar la obra; cuento: uno, dos, tres, cuatro camisas: para el martes, miércoles, jueves, viernes: el sábado puede usar una camiseta... calculo, decido... cómo me gusta elegir las múltiples pequeñas cosas que sostienen la vida.

Silvia Parque

domingo, 18 de septiembre de 2011

Apuntes para la base de la Campaña

Me casé con un hombre que no creía en la felicidad. Unos años después, dijo que era feliz conmigo -luego dijo otras cosas, pero me quedo con aquéllo-.

A diferencia de la alegría y del contento, pasajeros y de intensidad variable, veo a la felicidad como una especie de background afectivo, anclado, pero no determinado en su forma, por la satisfacción personal. Cuando los psicólogos que miden, quieren medirla, la convierten en algo así como "bienestar subjetivo", que definitivamente no es lo mismo, pero viene al caso. La Campaña por la abolición de la obligación de la felicidad no se refiere a esta condición, a la que llamaré por el momento: "felicidad afectiva" (término bastante desafortunado, pero que responde a la necesidad de diferenciación). Por supuesto, la Campaña busca la abolición de la obligación de la felicidad afectiva, tanto como la abolición del resto de las expresiones de Felicidad, considerada como un estado... político... instituido dictatorialmente...

Aprovecho para asentar que, evidentemente, estar en contra de la obligación de algo, no significa estar en contra de ese algo. No debería ser necesaria la aclaración, pero ha de serlo, si por ejemplo, estar a favor de la despenalización del aborto se equipara con estar a favor de su legalización y de pasada con: estar a favor del aborto -¿cosa más pueril?-. No tengo intención de oponerme a la Felicidad como estado, porque es mucho más grande que yo, y no soy guerrera -preferí el exilio a resistir la guerra en lo que una vez fue mi ciudad-. Que vivan los que quieran, mientras puedan, en el País de Siempre Felices. Que nos dejen vivir en otro sitio a los demás, y que abandonen sus intenciones colonizadoras.

Silvia Parque

sábado, 17 de septiembre de 2011

De festejo

Este jueves 15 fui a la calle a celebrar unas tres cosas; una de ellas es, más o menos: que vivo en una ciudad con lugares seguros, por los que se puede pasear a cualquier hora. En el último par de años, he visto en postes de teléfono y en algunos -pocos- comercios, cartelitos de jóvenes desaparecidas; sé que así empezó un horror bien conocido en otros lugares, donde alguna vez, también, se vivía en paz. No sé qué va a pasar por aquí. Este mes celebro que vivo, porque mi trabajo me ha costado; sin mayor compromiso que el que tengo con mi pequeña familia, ya busco dónde estar mejor, dónde, para empezar, será posible seguir estando.

Silvia Parque  

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Primero lo que quiero

Pospongo las cosas que no tengo ganas de hacer; cuando las hago -como me explicaron desde niña-, resulta que eran buenas cosas por hacer, y que hubiera sido mejor deshacerme del "pendiente", haciéndolas. Al menos, ya no me estresan los "pendientes", sólo agregan horas al desvelo, por posponer y posponer, lo que de todas formas voy a hacer.

Silvia Parque

martes, 13 de septiembre de 2011

lunes, 12 de septiembre de 2011

En campaña...

El derecho a la felicidad se convirtió en una obligación, como sospecho que ha de haber pasado con el voto electoral. Hay tiempos históricos más, y menos felices. Entiendo que antes de lo que conocemos como época victoriana, los europeos eran más bien risueños y disolutos; también es sabido que tras la Segunda Guerra, nomás tomó tantito aire el mundo, hubo necesidad de fiesta. Así, a un pueblo mexicano sacrificado y sufriente, que valoraba cargar con la cruz que le tocara, le llegó la buena nueva de que Dios nos quiere contentos (con el Concilio de J.P. II), y la eficiencia de los mecanismos del progreso, que requiere, al menos como lo conocimos, un individualismo en el que cada cual ha de ser y estar, bien y mejor.

Cuando alguien estudia una licenciatura o posgrado cuyo nombre acabe con "social", pronto reconoce que la carrera del éxito aliena y que los estatutos sociales que parametran nuestra presencia en el mundo, son artificiales y muchas veces, por decirlo rápido... "insanos". Pero entonces, empieza una obligación por estar "no-alienado", por ser "auténtico"... alivianado, evolucionado, maduro, y demás formas intelectualmente rebuscadas de cumplir con la obligación de la felicidad. Evidentemente, aquí "felicidad" no se refiere a una condición del ánimo, sino a una especie de Estado -se me ocurre que con mayúscula-. Los médicos son los  más expuestos a enfermedades; los que trabajan pensando sobre lo humano...

Silvia Parque

sábado, 10 de septiembre de 2011

Campaña por la abolición de la obligación de la felicidad

Hoy fui empujada a mi Campaña por la abolición de la obligación de la felicidad, tan anunciada desde el inicio del blog y cuyo lema ha sido dado a conocer en días recientes. Tal vez sea mi misión en la vida.

Postea Livier Fernández en Facebook: "Lo que existe a nuestro alrededor es 'forma' que puede percibirse y por tanto, leerse...", declaro que he sido un caso de analfabetismo funcional y comenta: "todos somos un caso, Silvia, puesto que tales lecturas están atravesadas por nuestros fantasmas".

Desde otra ciudad, sobre otro asunto, en otro muro, comenta Ivette Rossano: "Cuando alguien (quien sea) pretende que un humano esté despierto, alerta y en pleno uso de sus facultades por 24 hrs o + debería de asumir que algo está mal y que el individuo: a) consumirá intoxicantes para mantenerse despierto b) dormirá c) estará como zombie d) le valdrá madre e) todas las anteriores. Tons' que se atengan a las consecuencias, ¿no?"

Aparece, entonces, desde el BB de una amiga, un post al que le sigue una llamada; entre otras cosas, me habla de lo que debería haber logrado, a sus ya 29 años.

¡Pero si todos somos un caso!
¡Si el mundo está arreglado para que creas que podrías hacer cosas que no se pueden, que no se pueden humanamente, pues, que no se pueden humanamente si pretendes pasarla bien!
¿"Soy un casi condenado a tener éxito para no ser un perro fracasado"? "Yo sólo quiero jugar" ¿Que soy el sueño de mamá y papá? Sí, si les puedo fallar.  [De: "Cuando seas grande", Miguel Mateos]

Silvia Parque

viernes, 9 de septiembre de 2011

Estar bien

Dice mi abuela que qué chiste tiene portarse bien con los que una quiere, que el chiste está en portarse bien con los extraños -se entiende que es mejor portarse bien con los que a una le caen mal, pero la educación moral de mi abuela no tenía tan alta aspiración-. Con la misma lógica, no habría gracia en estar bien, yendo todo bien (yo soy capaz de estar mal cuando todo va bien...).

Lo bueno sería estar bien cuando va mal lo importante.

Estar bien no implica el contento, ni la felicidad, sino una relativa estabilidad, eventualmente confortable, que permite el trabajo creativo, el cuidado de una misma y la distracción. Es compatible con el enojo, con la tristeza y con el dolor; les da un espacio en el cuerpo, pero les marca límites; los deja hacer lo que tienen que hacer, pero mantiene la perspectiva: nada es tan, pero tan, importante.

Silvia Parque

jueves, 8 de septiembre de 2011

Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete ocho; de nuevo: uno, dos, tres...

Hoy vuelvo al ejercicio. Estoy cansadísima porque me desvelé aún más que de costumbre; pero un día tenía que ser.

Presiento el dolor. Ganas, no tengo. Al cuerpo, sin embargo, le viene bien el aviso de que está vivo, y hay que ser buena con él -tan bien que se porta conmigo-. Después de unos días, disfruto los cuarenta y cinco minutos de movimiento; el esfuerzo es llegar a ese día, después de unos días.

Silvia Parque

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Como puede ser

Dicen que en un campus universitario en el que todos pisaban el pasto a pesar de las prohibiciones, el rector diseñó un caminito por en medio de la alfombra natural, y la masa atravesó por donde debía: era el camino más corto. También está el rey que siempre le ordenaba al sol, salir, al amanecer -pequeña variante del monarca del Principito-. Creo que tengo eso en mente porque hay algunos estudiantes que nada más no pueden ponerse serios; pero empecé a escribirlo porque estoy rindiéndome al hecho de que las circunstancias de este periodo de mi año, conducen al desvelo, de manera que despierto tarde y empiezo a ser productiva ya bien entrado el día. Así que así es. Ya no le busco más patas al gatito. Conocí a una maravillosa mujer que decidió estar suficientmente grande, para darse el lujo de comer el postre primero -claro que hubo consecuencias, pero se dio el lujo-. ¿Por qué estar en falta cada vez, cuando no hay un censor externo que diga cómo tienen que ser las cosas? Mejor que las cosas sean como son.

Me desvelo, despierto tarde, empiezo a trabajar hasta pasado el mediodía, y me desvelo de nuevo. Ya se podrá algo más saludable.

Silvia Parque

martes, 6 de septiembre de 2011

Al rato ya no es lo mismo

Leo "El rey de hierro", de Maurice Druon; el primer tomo de la serie Los reyes malditos (Javier Vergara Editor, 1981). La portada de mi ejemplar es lindísima, en azul brillante con flores de lis doradas, enmarcando la imagen de un rey que debe ser Felipe El Hermoso. Las letras del título, igual de doradas que las florecitas, están sobresaltadas, dando el gusto de sentirlas. Es un novelón para entretenerse fácil, con la gracia de acabar de enterarle a una de los datos históricos que debió aprender en la escuela.

Voy en la segunda parte de tres que componen el libro; como soy de un cursi romanticismo popular, estoy vulgarmente intrigada con las pasiones de la nobleza europea; aún así me detuve y regresé a la parte uno, para compartir esta frase: "Las dificultades que son aliciente de un naciente amor resultan intolerables cuando han transcurrido cuatro años; y a menudo la pasión muere por lo mismo que la provocó." (capítulo 5, p. 72) Que ni qué...

Un amigo me dijo que cuando se está enamorado, los defectos del otro aparecen como algo atrayente o, al menos, simpático. Pero el enamoramiento es como una borrachera, así que tiene que pasarse o una se vuelve un poco yonkie... decíamos, pues, él y yo, que pasado el trance, el peso del amor da una dimensión manejable a los defectos del otro; sobre todo porque son opacados por las virtudes percibidas. Puede ser que las personas maduras lleguen a una visión realista, relativamente objetiva, de su amado(a). El problema es que lo malo se note más que lo bueno -sea o no más, efectivamente-; lo triste es que lo malo sean esos mismos defectos que eran simpáticos o hasta atrayentes.

Silvia Parque

lunes, 5 de septiembre de 2011

El tiempo que se pierde es un poco como morir

No incluyo a la diversión o al descanso en la pérdida de tiempo; creo que el tiempo cuenta como perdido cuando una no se entera de qué fue lo que pasó, cuando el agrado por algo se vuelve un enganche adictivo, haciendo que se pierda la frescura del gusto inicial (pasa con facebook o con los maratones de las series de televisión). También se puede pervertir la disciplina, contando los minutos para maximizar la eficiencia, eso mata al alma. O una puede ser indisciplinada culposamente, de modo que por ningún motivo va a quedarse a medias algo que se empezó muy tarde, y para ello se eliminan la hora de comer, la hora de dormir, y a veces hasta la hora del baño. Eso acaba con la salud.

Así que hoy, me encargo de lo que toca ocuparme, pero me detengo a saludar al mundo; me detuve para el almuerzo, me detuve para la comida; le pido un beso a mi marido: hago lo que puedo.

Silvia Parque 

domingo, 4 de septiembre de 2011

Vivir en domingo

Cuando vi que los fines de semana no eran lo mío, los anulé. Pude porque tengo ocupaciones en horario irregular, y todas me placen; además, ahora, gracias a la fortuna de vivir en el centro, tengo un montón de gustos a la vuelta de la esquina; el caso es que hice de cualquier día de la semana, un día propio para el paseo, el descanso o la diversión. Lo malo es que el resto de las personas sí tienen "semana laboral" y "fin de semana". Y llega el domingo...

Hay un capítulo de "Oye, Arnold" donde el Cabeza de Balón planea un sábado o un domingo perfecto -no me acuerdo, da igual-; creo que varios hicimos eso cuando niños... Podría parecer que entonces no funciona porque una depende de los adultos, porque el mundo es demasiado enorme para que algo con tan poca estatura, pueda moverse realmente a gusto dentro de él. Pero lo que no funciona son los planes demasiado ambiciosos. O sobre lo que no admite previsión.

Ahora, sólo aspiro a deshacer la maldición dominical de mi casa. Cada domingo, alrededor del desayuno, alguien bajo este techo se pone de malas y una bruma de mala vibra se extiende por las horas del día. Afuera, la gente va más o menos contenta, más o menos iluminada, y ese contraste chocante deja con ganas de adelantar el reloj y hacer el lunes: pero como vi la película de "Click", me espanta acabarme la vida, que siempre es más corta de lo que una quisiera. Así que preparo  mi conjuro...

Silvia Parque

sábado, 3 de septiembre de 2011

Gracias a los que han estado, a los que siguen estando, a los que están ahora

Necesitamos amigos. No muchos. No creo que sea realmente posible tener muchos amigos. Las personas sociables pueden tener muchas personas con las cuales salir a divertirse, muchos números de teléfono. Me cuenta una persona con muchos amigos, que se siente en confianza con todos ellos, y que realmente le han acompañado en los buenos y en los malos momentos; sin embargo, también hace diferencia entre todo ese círculo, y las contadas personas a las que les compartiría sus secretos.

Yo tengo pocos amigos. No soy "divertida", así que saben que no soy la persona con la que se pueda contar para la noche del sábado; soy bastante egocéntrica, por lo que casi siempre se trata de mí, y no de ellos. Pero los quiero mucho. Eso no tiene mérito porque son personas especiales que se han portado maravillosamente conmigo. No sé por qué. Algunos, al poco tiempo de conocerlos. Todos, haciéndome favores del tamaño que los pida -a veces antes de que los pida-.

Dios me consiente a través de la gente que pone en mi camino. Siempre me encuentro con alguien que vale la pena -también fui haciéndome ducha en distinguir lo bueno-. El caso es que no sólo disfruto del criterio, de la visión, y de la forma de ser de mis compañeros de viaje; además, de unos modos y de otros, he sido querida. Lo aprecio y lo agradezco.

Silvia Parque

jueves, 1 de septiembre de 2011

Opulencia

Me duele la cabeza con la intensidad de semanas de falta de sueño. Pero junto a mí hay un hermoso pan envuelto en plástico, una especie de panqué de queso. El aroma podría hacer creer que está recién hecho. Todo está bien cuando llega ese aroma.

Alrededor de mi casa hay tres panaderías, y dos tiendas que venden pan. Todas son buenas opciones. Pero la esquina de 5 de mayo con Gutiérrez Nájera es como una cueva de las delicias. Hasta su pan blanco es otra cosa. Abren sólo en la tarde. Cuesta un poquito más cada pieza. ¡Pero son otras piezas! ¡Qué cosa!

Esto es opulencia.

Silvia Parque