lunes, 29 de febrero de 2016

Repetición y rotura

Un día empecé a ver la repetición en todos -en muchos-. Eso le dio un tono lúgubre a la repetición en mí: me hizo necesitar deshacerme de ella.

Están esas amigas que muestran en las redes lo que menos se les parece, lo que las "hace parecer". Y las que muestran eso deseable y genial que es justo lo que las tiene en donde no quieren estar (a veces, no tienen idea).

Están los amigos que son caso para clase de psicología, unos señalados porque no caben en el mundo de los normales, y otros sobreacomodados, convertidos en personaje. Todos, de hecho, ellas y ellos, peligrosamente cerca de ser nada más que personaje.

Están las parejas de mentiras y las parejas de verdad que caminan sobre mentiras.

Gente repitiéndose a sí misma, repitiendo la consigna familiar, repitiendo las formas de la televisión o el cine o de las canciones que oyeron cuando no sabían que había otra cosa para oír.

Busqué a la gente que no estaba en repetición, y era gente rota; alguna ya reparada, pero con la señal de la rotura por ahí. Quise no pasar por eso; pero es romperse o repetirse.

Silvia Parque

Festejo

B ha cerrado la tapa del paquete de toallitas y no sabe cómo abrirla. Intenta e intenta hasta dar vuelta al paquete, pero no se abre... trata de hacerlo por el lado que no es...

Hago clic para abrir la tapa, sin levantarla. No es suficiente: me pide ayuda. Levanto la tapa. La cierra y la abre. ¡Está feliz! Me mira sonriendo con los ojos y la boca. Está tan feliz que deja el paquete y se dedica a festejar.

Silvia Parque

domingo, 28 de febrero de 2016

La cáscara del plátano se come

Esta mañana fui a comprar algunas cosas, antes de dar almuerzo a B. Se hizo un poco tarde, así que en cuanto llegamos a la casa, apenas le quité la chamarra, la senté y saqué un plátano para dárselo.

"¿Por qué dejé que lo viera?", pensé, mientras el lloridito de B empezaba a tomar fuerza. Le había dado una sabrosa y nutritiva mitad de plátano, pero ella quería la otra: la que seguía con cáscara.

Desde la última vez que comió plátano, quiere la cáscara. Esa vez, para darle gusto, la dejé manipular y llevarse a la boca la cáscara, en un intento de pelarlo juntas y despedir a la amable envoltura protectora; pero hubo llanto, sacudida y muy poco plátano comido.

Esta vez, por mero cansancio, sin ninguna intención pedagógica, le di una lavada a su codiciado medio plátano con cáscara, y se lo dejé. Tan contenta.

Yo busqué en Google para ver si estaba intoxicando a mi hija, y me llevé la sorpresa de que la cáscara de plátano no solamente si se come, sino que es recomendable hacerlo.

Silvia Parque

sábado, 27 de febrero de 2016

Nariz tapada

Solía pasar las noches de meses enteros, batallando para respirar. Bueno... así suena como si tuviera deficiencias pulmonares, y nada que ver... simplemente se me tapaba la nariz porque tengo el tabique muy desviado.

Estaba pensando, hace unos días, que no recuerdo si tuve ese problema en algún momento durante el embarazo, pero que pasé la segunda mitad del año sin constipación. Casi acabando de pensarlo: ¡pasa!

Un día voy a operarme la nariz... si no inventan algo que ponga en su lugar el tabique sin cirugía. Me dan miedo las operaciones... y pensar en respirar por la boca no sé cuánto tiempo...

Silvia Parque

La falta de drama

Hace tiempo supe que el drama protege del dolor. Hacer un drama es el equivalente adulto del niño apretando el golpe que se acaba de dar, para tapar el dolor con dolor (yo sigo haciéndolo cuando me duele una muela).

Si te vuelves loca puedes evitar la crudeza de la realidad. Si de verdad te sientes morir, no estás sintiendo lo que está pasando: estás ocupada en "morir". Cuando dejas que los demonios hagan su fiesta, puedes hacer que el drama le cierre el camino al anuncio de la hora de la muerte -la muerte del amor, de la ilusión, de lo que sea- (hay fiestas extendidas hasta el suicidio).

La falta de drama puede dejar un espacio de suspenso muy cabrón.

Silvia Parque

viernes, 26 de febrero de 2016

Entre más juntitas, mejor

A continuación transcribo fragmentos de una publicación de la página de Facebook "Duérmete Hannibal" (Yo lo leí en la página de Mamá Natural):
Es curioso cómo socialmente el vínculo madre-hijo a veces parece asustar. Hay un miedo a criar "seres dependientes" producto de la intensidad de ese vínculo; tan grande y enquistado está ese miedo que luchamos para evitar caer en semejante problema. El mundo necesita que los niños se vuelvan independientes de manera urgente. Al menos, independientes de sus madres, porque esa es la dependencia que preocupa. 
¿Qué madre no escuchó a los 4, 5, 6 meses de su bebé, el consejo de salir más, de volver a trabajar (si es que aún no lo ha hecho), de hacer alguna actividad que la separe algunas horas de su hijo porque "a los dos les va a hacer bien"? ¿De dónde sale esta creencia? ¿Cómo a un bebé, cuya vida depende de su madre le va a venir bien separarse de ella a esas edades? Porque la naturaleza indica que las hembras amamantemos a nuestras crías y aunque le demos el biberón, nuestras crías no lo saben y su instinto de supervivencia les indica que mamá es la responsable de mantenerlos con vida.  
¿Y por qué creemos que a la mujer le hará bien también dejar a su bebé? La dependencia es en realidad una co-dependencia, porque la madre -especialmente una madre puérpera- necesita estar con su cría tanto como su cría necesita estar con ella. Ambos se necesitan porque están fusionados emocionalmente y es fusión durará un par de años, disminuyendo su intensidad paulatinamente, mal que le pese al resto del mundo. Lo que la madre necesita es, en realidad, compañía, tribu, red, pero no separarse de su hijo. No estamos diseñados para criar en soledad, pero ese es tema para otro post. 
Volviendo al punto, nos empeñamos en buscar alguna forma de separación. Para que la madre se despeje, para que no pierda "su identidad", para que tenga su espacio, para que no deje de ser mujer además de madre, y claro, para que vuelva a ser parte de la rueda productiva... y el bebé también debe empezar a separarse porque necesita socalizar (¿?) y forjar otros vínculos...
La publicación sigue y yo sigo de acuerdo con cada uno de sus párrafos, pero dejo ahí la transcripción.

A mí sí me sugirieron, varias veces, "separarme un poco". También me promocionaron lo bueno que sería que mi niña "socializara". Afortunadamente, siempre me ha quedado claro que entre más juntitas, mejor, y que son los demás los que necesitan que el bebé socialice: las criaturas, para nada.

B se hace capaz de un montón de cosas cada día, lo que me hace más y más entrañables esos -numerosos- momentos en los que no quiere que la deje. Necesito dejarla, sin embargo, para cocinar, orinar, lo que sea, y cuando se conforma pronto de quedarse en su tapete, y no solo se conforma sino que se interesa en lo suyo y se queda a gusto, siento una orgullosa satisfacción que al mismo tiempo es una dulce melancolía, porque he dejado de ser todo su mundo.

Así que, ¿de verdad es tan terrible que por unos cuantos meses en una vida de décadas, mamá y bebé sean uno mismo? ¡Se pasa volando! Si lo que se quiere es que la persona crecida sea autónoma, de lo mejor que puede hacerse es nutrirla con todo lo que le haga falta en esa etapa que estructura su forma de estar en el mundo.

Si la mamá es quien necesita "aire", por lo que sea, pues ya es otra cosa, cada cual es como es. A mí me vino tan bien la borrachera de nuestro vínculo, que me dejé ir completa. Curiosamente, nunca me he sentido más plena como mujer (como mujer, aparte de madre).

Silvia Parque

La razón propia

Cuando era chiquita, fui sobreprotegida hasta lo patológico. Pero crecí, y gocé de toda la libertad que podía tener una niña o una jovencita para tomar decisiones. Mi mamá me dejaba hacer, así que yo pedía permisos casi como formalismo... casi. Un par de veces la respuesta fue "no". 

Una de esas veces, le di un buen argumento sobre por qué "sí", y ella reconoció -o al menos eso dijo- que lo que yo decía estaba bien planteado: no podía oponerse; no obstante, ella de verdad creía que "no" y "por eso" no podía dejarme. La sentí realmente sincera, y entendi: era su trabajo. Yo podía tener la razón, pero ella no podía ir contra su propia razón.

Ya había contado esto antes; el punto es que hoy he visto la anécdota desde el lado de mi mamá. (Nada que ver con mi niña, que aunque esté convencida de que debería dejarla comer papel o azotarse contra la silla, todavía no argumenta.)

Me enfrento a una decisión de esas en las que por un lado o por el otro, habrá pérdida y daños colaterales, y armaba un discurso mental que empezaba con: "yo no quiero hacer esto, pero..." Entonces, recordé ese día del permiso con mi mamá. 

Hay una especie de conciencia que cuando nos aquietamos, nos hace saber qué está bien y qué está mal para nosotros. No me refiero a cuestiones morales, sino a qué "nos viene bien" y qué "nos viene mal". Sabiendo qué le ayuda a nuestro bienestar, y qué nos provoca malestar, la misma especie de conciencia nos va decir que deberíamos hacer algo por procurar lo que nos hace estar bien, y evitar lo que nos hace estar mal. Ahí es donde la puerca torció el rabo...

Estando en eso, vino a cuento el episodio del permiso que mi mamá negó. Supe que tengo la necesidad vital de hacer lo que mi alma está diciendo que necesita. Como no quiero algunas de las consecuencias que eso traerá, me pongo a considerar un montón de posibilidades, vuelvo a desmenuzar los pros y los contras, cambio el enfoque para minimizar la necesidad que siento; sobre todo, pienso en cómo si yo fuera diferente, podría decidir diferente. Pero de pronto, hoy, mientras me hacía el discurso mental en la cabeza, me di cuenta de que no puedo ir en contra de mi propia razón. Bueno... sí he podido, y siempre acaba mal; es, por decirlo así, "antinatural".

Silvia Parque

jueves, 25 de febrero de 2016

Compañía

Vamos por otra simpática tanda de antibiótico con B. La pediatra le ha indicado un jarabe del que hay que darle muy poquito, tratando de evitar que vomite.

El antibiótico se acompañará de otros dos medicamentos.

A mí que me acompañara un masajista...

Silvia Parque

miércoles, 24 de febrero de 2016

¿Qué es duro?

Las zanahoria son duras. Una piedrita entre los frijoles es mucho más dura.

Hay colchones duros: son buenos para algunos problemas de espalda.

A mí me gustan los cepillos de dientes de cerdas duras; son difíciles de encontrar, a veces en los comercios hay solo "medianos" -así dice- o "suaves".

A la carne se le golpea para ablandarla. También hay ablandador -en polvo- (para no pegarle). Iba a escribir que con las personas, los golpes producen el efecto contrario; pero depende... (En La Niñera aprendí que el pollo que se cocina lento queda suavecito.)

Sé que el agua dura no es buena para las tuberías.

Hay cabezas duras.

La erección del hombre sano también va en la lista.

Y luego, está el corazón duro. Estoy tratando de distinguirle de la voluntad firme.

Silvia Parque

Me canso

Antier por primera vez hice payasadas para que B comiera. Ayer por primera vez le metí algunas cucharadas en la boca; no la forcé ni le di algo que no le gustara, pero se las metí cuando abría la boca. No me gusta hacerlo, pero me preocupa que coma poco por la gripe, habiendo pasado tan pocos días desde que comía poco por la infección en la garganta. Afortunadamente, no deja de querer leche, y sigue tomando leche materna; pero siento que adelgaza.

Desde ayer, tose. Le dijeron a su papá que lo que trae no contagia, pero mi niña no tosía, y ahora tose. Yo estoy enferma también, así que "pido esquina" porque lo demás no se detiene, al contrario: parece que las demandas -de atención, de dinero...- se llaman una a la otra, y he pensado que está bien: que sin los momentos de crisis, no me movería a un lugar diferente: sería como el hámster dando vueltas en su rueda. Así que creo que está bien, pero me canso.

Silvia Parque

martes, 23 de febrero de 2016

La cucharilla medidora

De los creadores del abre-fácil en las cajas de leche, llegaron los botes de leche en polvo con cucharilla medidora.


La cucharilla está muy bien. Tiene un orificio al fondo para que el polvo se pueda verter. Pero no aparece al destapar el bote. Ustedes pueden suponer que está justo debajo de la cubierta metálica que no ha sido levantada, en el bote de la foto; pero créanme: no estaba; nunca está. Siempre está cubierta de polvo. Y tratándose de fórmula para bebés, no debería una meter sus manos al polvo, por más limpias que estén, para desenterrar la cucharilla. Yo utilizo la del bote anterior, hasta que aparece la nueva. No sé cómo fue la primera vez, no lo recuerdo.

Silvia Parque

lunes, 22 de febrero de 2016

"Son varias las enseñanzas que nos deja el caso"

Ayer estaba muy enojada después de leer ESTA nota.

Era la gota que derramaba el vaso.

Ya había llorado por la muerte de esta muchacha, y ahora leía que "no era una niña de 10 años, fácil de engañar". Es para preguntarnos qué opinión le merecen al autor, las niñas de once años secuestradas. Porque ya no tienen 10 años, si han cumplido once... y ya se sabe que ahora son la mar de listas, y que a los doce hasta se maquillan, y como escriben algunos en los comentarios "hay papás que no saben dónde están sus hijos". ¿Y luego por qué pasa lo que pasa, verdad?

No pude más que hacer catarsis, ayer. Ahora que mi enojo se va pareciendo más al rechazo simple y menos a la ira, puedo escribir esta entrada.

Para empezar, copio tres comentarios que me parece que valen la pena. He corregido alguna falta de ortografía, pero dejo su redacción tal cual.

De Tere Monero, a un comentario donde se felicita al autor por su "buena investigación":
Esto no es una investigación: no tiene ni una sola fuente, ni una metodología, no se pueden rastrear los datos, no tiene confirmación, nada. Qué lástima que los medios revictimicen a las víctimas y en lugar de cuestionar las versiones oficiales, las defiendan y argumenten a favor de ellas señalando que fue culpa de los papás por no cuidar a su hija. Es una verdadera lástima que Brenda Ariel trivialice un hecho tan lamentable como el feminicidio de Yosheline, convirtiéndolo en un recetario de consejos para los padres de familia basado en la versión oficial de la Procuraduría General de Justicia. ¿Una lección que aprendimos?: la Procuración de Justicia en Querétaro es un chiste muy mal contado. Lecciones que aprendimos de tu columna: Brenda, ellos se van pero tú te quedas: si quieres ser una reportera que se respete tienes que cuidar tu prestigio, y el prestigio de un reportero se basa en su rigor para hacer su trabajo; dos: tu deber es siempre, siempre, siempre cuestionar a la autoridad, siempre; te lo enseñan en el primer semestre de la carrera. Necesitas ser sensible con las víctimas, ¿les vas a enseñar lecciones a los padres de familia?, ¿le vas a decir a la madre de Yosheline que la culpa la tuvo su hija porque se subió a un carro? o le vas a preguntar a la autoridad, a la PGJQ por qué no investigó las pistas que tenía desde el principio, por qué ahuyentó al agresor, por qué no ha tipificado el feminicidio, por qué insiste en señalar que las desapariciones y asesinatos de mujeres son casos aislados a pesar de que vemos uno nuevo cada semana, por qué revictimiza a los familiares. Qué está pasando en Querétaro.
De Yolanda Borrego:
[...] cae en el mismo juego de muchos de criminalizar a la víctima y a sus padres y eximir la gran responsabilidad del gobierno quien tiene el deber constitucional de garantizar seguridad a los ciudadanos, lo maneja como hecho aislado y sabemos que es una epidemia de desaparecidos y muertos donde ha quedado claro no sólo la incompetencia del gobierno sino su falta de voluntad y en muchísimos casos su complicidad
 De Pánfilo Natera García:
Que lástima que este medio proteja a los agresores, ahora resulta que la protección y seguridad recae en los ciudadanos y no en el gobierno, con estas opiniones que da este medio de comunicación la víctima se convierte en presunta responsable que lástima.
Luego...

Las palabras crean realidad.

Las palabras están metidas en las ideas y las ideas crean realidad.

Lo que decimos, y mucho más lo que publicamos, con su quién, cómo, dónde y cuándo, tienen consecuencias.

Dicho esto, me atrevo a señalar que en parte, por "enseñanzas" como estas, hay más y más mujeres muertas.

No creo que el autor o quien publica la nota tenga una alianza macabra con el poder. Supongo que su colusión es simplemente eso para lo que le alcanza el criterio. Lo supongo porque a mi alrededor hay sobre todo pensamiento que sale de la misma fuente que el suyo. Es la fuente del pensamiento de los machos del lugar de tacos de la esquina, que hablan mal de una mujer con la que quieren acostarse. Es la fuente del pensamiento de la mujer macho de la lavandería -no de mi lavandería-, que ventila en la tienda casi literalmente, los trapitos sucios que encuentra en las bolsas de ropa que lava. Es la fuente del pensamiento por el que buenos amigos y familia, admiran el pisotón que da el más fuerte, el que puede darlo.

¿Que sigue, después de las enseñanzas que le dejó a Luis Gabriel Osejo, el "caso de Yosheline"? ¿Carteles recomendando a las mujeres no salir solas?

A mí el caso no me deja "enseñanzas" nuevas, pero voy a usar la misma frase de la columna:

"Son varias las enseñanzas que nos deja el caso":

Primero, hay que decir que el Estado es completamente responsable de garantizar seguridad y justicia a los ciudadanos. Que en el país, y en el estado de Querétaro, el Estado ha fallado ominosamente en esta responsabilidad, y ha fallado tan sistemáticamente que puede considerarse victimario.

Primero, aleccionadores y defensores de las buenas costumbres: hay que repetir que no es seguro ser mujer en este país, y que en Querétaro hace rato que se perdió la paz. No se está en paz donde hay personas clamando por sus seres queridos.

Si la segunda "enseñanza" va a tener que ver con los educadores, entonces hay que decir a las familias de las personas desaparecidas y muertas: estamos con ustedes. Ni por un segundo piensen que hicieron mal su trabajo como papás, como mamás, como tíos, tías o profesores, porque a alguien se le ocurre que debieron haber repetido una vez más la letanía sobre "cuidarse bien". ¿Debieron hacer que su hijo les llamara cada hora, para constatar que estaba a salvo? Lo que todos debimos hacer es repudiar la violencia que creció y creció hasta que no dejó a nadie sin una historia triste cercana; pero ni siquiera eso nos da la culpa del criminal y la responsabilidad de la autoridad.

Sí, hay que educar de manera diferente. En lugares como Querétaro, parece que hay que empezar con los básicos para los años cincuenta: el hombre y la mujer son igual de valiosos; nada justifica que te ponga una mano encima... No se trata de inventar artilugios para que una mujer descubra si le han puesto algo en la bebida: se trata de educar a los hombres para que se escandalicen de la idea de forzar un acto de cualquier tipo.

Para que la tercera "enseñanza" sea sobre la comunicación: que sea sobre la comunicación de las cifras reales sobre desaparecidos y muertos en la ciudad y en el estado; que sea sobre dar a conocer los protocolos que siguen las diferentes instancias para buscar a una persona, y sobre las torpezas y "equívocos" en las investigaciones. Fomentemos la participación de la sociedad para que todos tengamos conciencia de cuántos casos hay de desapariciones en los que fue la familia la que movió cielo, mar y tierra, y no las instancias destinadas para tal fin.

La cuarta "enseñanza", sobre las autoridades, que sea sobre el trato que deberíamos darles.

Yo creo que hay que respetar a quien tiene autoridad: desde el señor policía hasta el señor presidente de la república; su investidura debe importar algo para que conservemos alguna vía que permita el estado de derecho.

Pero hay que dejar de aplaudir. Hay que escuchar a quienes cuestionan.

No es verdad que es más fácil criticar que hacer. Hacer a lo bruto es muy peligroso. El sustento del hacer es importante y hay que revisarlo, exponerlo y dudar de él.

Tratémosles como a servidores públicos: es lo que son.

Silvia Parque

sábado, 20 de febrero de 2016

De la infección en la garganta a la gripe

B se recuperó de la infección en la garganta, y pescó una gripe.

Matt comentó una vez que se daba cuenta, de que a ella como a mí, le cambió la "percepción" del tiempo de frío, con sus hijos. Es una lata surfear entre la temperatura de adentro / afuera de un cuarto, adentro / afuera de la casa, sol - sombra en el camino, y las cuatro estaciones del año que se suceden a lo largo de madrugada - mañana - mediodía - tarde - noche. Hay quienes suponen que habría que abrigar a los niños, por default, desde que termina el verano y hasta que vuelva a empezar, pero también les hace daño acalorarse demasiado. Además, todo puede estar perfecto en cuanto al clima, la ropa y demás, y si llega un bicho oportunista y agarra a la criatura descuidada: zaz.

Tres días, espero que dure esto. Ya llevamos uno.

Silvia Parque

Con la novedad del enojo

Durante lo que todavía es la mayor parte de mi vida, no era llorona; luego fui llorona, y con el embarazo me hice más llorona. Pensé que era cosa de las hormonas y que volvería a la normalidad, pero aunque salí del extremo de llorar por todo, mi normalidad ahora es llorona. Lo asumí.

Como novedad, ahora soy enojona. Muchos que me conozcan pensarán que ya era enojona porque mi carácter neurótico de "lo que yo quiera y no me quito" podía ser interpretado como enojo: pero no.  Podía ponerme seria y dar paso a una singular capacidad para ser tajante, pero eso a mí no me enojaba, es decir: no me producía una reacción visceral de enojo. Mis alumnos me dijeron más de una vez "pero no se enoje" o "se va a enojar" y yo les decía que para nada, que solo tres personas en el mundo tenía ese poder (después fueron dos, luego solamente una).

No me enojo por todo; pero por ejemplo, los actos de violencia que antes me importaban y me apenaban, ahora también me enojan, y son muchos, demasiados, como para sentir enojo cada vez.

Silvia Parque

viernes, 19 de febrero de 2016

Qué difícil la vida sin ti

Según mis cuentas afectadas por el cansancio, pasé unos siete días sin internet. ¡Qué cosa más espantosa!

Había estado sin internet antes de B; pero con B es completamente diferente

Alguna gente me había dicho que sería bueno que saliera, y sí me gustaría salir más, pero es muy complicado sin automóvil, así que disfruto de mis salidas a unas cuadras a la redonda, y tan campante. Hubo quien llegó a sugerirme que buscara "algo que hacer, en qué ocuparme". En su momento me pareció increíble hasta un punto cercano a la ofensa, que no se entienda que trabajo -y no me refiero al trabajo doméstico-, pero entendí que si eso no se entendía, menos se entendería que tengo bastantes cosas interesantes en qué ocuparme aunque no tenga trabajo en un específico momento determinado. Bueno: pues ahora sé qué les andaba preocupando a las bienintencionadas personas que temían que fuera a convertirme en calabaza...

Y es que busqué trabajar desde mi casa porque quería pasar mucho más tiempo aquí, y no he sentido ni de lejos la necesidad de volver a un empleo "normal" o de trabajar con más personas. De hecho, mi negocio no está en una etapa precisamente de apogeo, y sin embargo, me sostengo en esto porque de verdad creo que este es mi lugar en este momento. ¡Pero con internet!

Amo también hacerme cargo de mi casa; no limpiar: eso puedo hacerlo mal que bien -más mal que bien-, pero sí que me gusta mucho ordenar, cocinar, decidir si se lleva esto o lo otro a la lavandería, y cosas así de importantes. Cuando tenga quien haga el trabajo duro, será la quinta maravilla. ¡Pero con internet!

¿Y qué podría decir de cuidar a mi niña? Estoy sumamente agradecida por la oportunidad de pasar todo el tiempo con ella: aquí no hay "pero". Sin embargo... es la locura estar en la casa, criando, sin una ventana al mundo. Más justo en un momento, de esos "específicos momentos determinados" en los que no estoy corrigiendo o redactando para alguien. Necesito el mundo de las interacciones humanas que vivo por acá. Necesito leer y escribir por aquí. Hasta mis lecciones de inglés y francés... No es que no lo supiera, pero me quedó claro que veo videos de recetas esperando un día poner manos a la obra, pero también para ver y oír a las personas que elijo ver y oír. ¡Ni que decir de la blogósfera! Sin eso, habría días en los que trataría con una sola persona adulta, y por unas horas, nada más; terminaría teniendo tiempo de quitar las manchitas del piso, como hice antier.

Gracias, internet, por estar en mi vida.

Silvia Parque

La vuelta a la normalidad

Vuelvo al blog con la vuelta a la normalidad. Entre la niña enferma y quedarme sin internet, los días anteriores fueron muy interesantes. Tan movido ha estado todo, que ayer no me di cuenta de que era día 18, y no celebramos los 10 meses de B: ya será hoy, y espero que el principal motivo de celebración siga siendo su salud: tiene un par de días que ha tosido un poquitito, y me perturba la posibilidad de que sea el retorno del bicho. Al principio fue gracioso, porque imita la tos de su padre, pero hoy en la madrugada ya no fue imitación. Ojalá pudiera fumigar la casa, como el padre se fumiga la garganta con salbutamol. En el supermercado y en la calle, he oído a la gente hablando de sus infecciones en la garganta o de las de sus parientes/conocidos. Yo me puse mala junto con la niña, pero a mí se me quita solo; usualmente hago gárgaras con yodo y nada más, pero esta vez ni tiempo me dio, y mis defensas hicieron todo el trabajo.  Espero que cuando B crezca, su cuerpo también funcione más o menos así. Por lo pronto, si dentro de muchos -muchos- meses se vuelve a necesitar darle medicina, pediré que si se puede, sea inyectada: más rápido el efecto, más rápido el trance penoso, y sin la preocupación de que esté devolviendo lo que ha comido.

Así contado, pareciera que no paso por los momentos muy bonitos que estoy pasando. B me maravilla en su relación con el mundo. Ayer ha puesto la cereza en el pastel, gateando. Ya tenía semanas desplazándose a voluntad, pero reptando. Ayer extendí su "campo" colocando una colcha en el suelo, y lo estrenó saliendo de ahí hacia las bolsas de la ropa sucia. Yo estaba sentada, justo acomodando la ropa, y lo vi: brazo pierna, brazo pierna; nada más; pero sé que es el comienzo.

Silvia Parque

jueves, 11 de febrero de 2016

Mañana, mañana

Dice un papel que B tiene infección en la garganta. No es grave, pero le sube la temperatura y eso nos ha dado unas noches muy pesadas. Ayer en la madrugada sentí que iba a desfallecer; hoy no es para tanto.

Es un show penoso cada toma de medicina. Entre ambas hemos hecho unos cuatromilquinientos cambios de ropa estos días, porque ha vomitado varias veces.

Pero mañana estará mucho mejor.

Silvia Parque

miércoles, 10 de febrero de 2016

Los quejumbrosos

No me gusta ver las noticias. No ayuda en nada al mundo que llene mi mente de imágenes de lo pútrido.

No sigo el hilo de qué está pasando con esta y la otra situación terrible de aquí y de allá porque hay muchas más que "esta y la otra" y muchos más lugares que "aquí y allá".

Soy anodina, la verdad. Lo mío es mi taza de café: hablar de cómo disfruto el buen café y el mal café, y preguntarme por qué ya no lo quiero si no es con crema o leche.

Yo las batallas de los que luchan, las respeto y algunas las honro; pero no quiero estar en medio. En parte porque no puedo comprar casi ningún discurso completo.

Pero esta realidad grita. El dolor de padres y madres está haciendo que los restos de sus hijos bramen desde una oscuridad a la que no pertenecen. Tengo, al menos, que decirlo aquí. Tengo que decir, sin el preámbulo políticamente correcto en el que mencione todo lo bueno que hay en México, que este país apesta. Me molesta porque no es mi modo de tratar las cosas, porque yo creo que una realidad se puede ver desde muchos puntos de vista y mejor verla desde el punto de vista que pueda traer luz. Pero algo tan lleno de esta muerte vil hasta lo absurdo, apesta.

Así que: gracias, quejumbrosos. Gracias a todos los que traen algo en la sangre que hace que estén quejándose continuamente de cada cosa que pasa: son cosas para quejarse. Las y los desaparecidos, las y los torturados, las y los asesinados, merecen que la queja no se detenga.

Silvia Parque

Fina estampa

Un lucero que sonriera
Bajo un sombrero
No sonriera más hermoso
Ni más luciera, caballero

Hace años vi una foto de mi abuelo; estaba recargado en un auto y llevaba un sombrero; creo que es de la década de los treinta, y me dijeron que es en Chicago. Desde entonces, pienso en él cada vez que oigo "Fina estampa", y suelo repetir la canción para volver a pensar en él.

Hoy un hijo suyo colgó fotos viejas en su muro de Facebook, y mi abuelo aparece en varias; en algunas, es el hombre de canas que conocí; en otras es otro. Hay una donde está echado en el suelo, riendo. Nunca lo vi así, ni de lejos. Era muy sociable, pero en la casa era serio. Hace tiempo sé que he estado medio enamorada de él, y ahora que lo vi como no lo conocía, lo confirmo.

                                            Silvia Parque

martes, 9 de febrero de 2016

Sonidos de juguetes

Mi casa está llena de sonidos de juguetes. Por alguna razón que no es falta de baterías, el conejo ha dejado de decir a todas horas que es el mejor amigo de B. Supongo que ya sabe que nos convenció. Ahora, los protagonistas en sonido son el caracol, con su "¡Yuuuujuuu!", y el teléfono.

No sé qué en qué anda el caracol, que de la nada se pone tan contento; pero aunque puede sorprenderme, ya sé que es él, y está en lo suyo. El teléfono, en cambio, me hace buscar mentalmente mi teléfono cada vez que suena.

Silvia Parque

Qué capacidad tiene este país para hacer huérfanos


Acabo de ver el cuerpo de otra mujer asesinada -que no es lo mismo que "muerta"-. Apareció entre lo que estaba mirando. Yo no busco esas imágenes y hago lo posible por evitarlas. Pero ya he visto, y es diferente a nada más saber. Se queda en el pecho. Ahoga. Al menos, a mí me pasa.

Su tortura es una ostentación de poder que amenaza, es evidencia del giro que dio la violencia social hacia la deshumanización, y de la intención no solamente de matar sino de aniquilar, de borrar. El que fuera una periodista -otra periodista- es relevante porque es como dejar sin boca un "cuerpo social". Entiendo esas cosas; las pienso un poco...

Pero con lo que me quedo y lloro, es con la imagen que me hago de sus hijos, con el llanto que imagino de su bebé, que tal vez quiera leche, que seguro necesita la leche de su mamá, aunque no le diera teta: no se trata de eso.

"Anabel flores (sic.) no fue encontrada muerta, 
fue encontrada asesinada, torturada con violencia". 
alephant, @alefgea

Silvia Parque

lunes, 8 de febrero de 2016

Antes de aplaudir

No me gusta la actitud displicente de quienes, ante lo impresionante de un logro, borran las injusticias o vilezas del proceso de construcción. Me puede apenar la ingenuidad de quienes simplemente ignoran, y no tienen recursos para dejar de ignorar. Pero cierto dejo de prepotencia en muchos de quienes exhiben lo que brilla, como si nada más importara, es verdaderamente molesto.

¡Vaya! Que antes de aplaudir a la economía China, hay que considerar la situación de los trabajadores por allá. Antes de aplaudir las posibilidades de desarrollo en Estados Unidos, hay que notar el papel de la guerra en su construcción de posibilidades. Antes de aplaudir la magnificencia de los grandes corporativos, hay que analizar la ética de sus prácticas. ¡Antes de aplaudir a los millonarios mexicanos, hay que revisar la historia de sus fortunas, y su relación con la situación del país!

Yo digo.

Silvia Parque

La puritita verdad

Antes de tener a B, creía que todas esas ilustraciones de mamás medio maltrechas con habitaciones desordenadas al fondo, eran una caricatura... una exageración de la realidad para sacar una sonrisa, que en el absurdo serviría para subrayar cómo la realidad no es tan terrible.

Leía esas publicaciones sobre el lujo de comer un plato caliente o tomar un baño, y pensaba que sería lo que pasaba con las mamás medio mártires que no piensan en sí mismas.

Pero no. Es tal cual.

Lo escribo mientras caliento agua por tercera vez, aspirando a tomar un café. La primera vez olvidé que tenía el sartén en la estufa, se consumió el agua, se quemó el sartén, y la casa quedó oliendo a "otra de éstas y declaramos desastre".


Silvia Parque

viernes, 5 de febrero de 2016

La consideración en la abstinencia

Tuve un profesor en la universidad que me parecía bastante mayor en ese entonces, aunque tendría no más de cincuenta años. Era un gran tipo, muy calmado, muy agradable.

Un día coincidimos en un curso-taller de masajes. Era un curso con varios temas; pero yo solamente entré al de masajes, y ahí estaba él, que sí había tomado el curso completo. La instructora pidió formar parejas, y nos juntamos. Todo iba bien hasta que tocó tocarnos... "más". Ahora no me importaría, supongo; pero en ese momento nos quedamos un poco pasmados, y él se las ingenió para que no hiciéramos juntos el ejercicio. Fue considerado.

Silvia Parque

Si las cosas no salen bien

Cuando algo no salió bien, conviene aceptarlo rápido y pasar a lo siguiente. Si es algo importante, si va a tener consecuencias serias, con mayor razón; ya es suficiente con el estrago que vaya a ocurrir, como para añadirle drama. No se trata de censurar las reacciones, sino de estar más en calma para mantener una buena actitud.

Silvia Parque

jueves, 4 de febrero de 2016

Los calcetines

Cuando era niña, mi abuela me ponía los calcetines de mi abuelo, que eran mucho más suaves que los míos.

No me gusta andar sin calcetines. No me gusta ni en el verano, aunque muy de vez en cuando me decido a usar sandalias y despojar a mis pies de su envoltura natural. Porque para mí es lo natural.

Duermo siempre con calcetines

Otras cosas de las que no debo informar, también son con calcetines, excepto muy-muy rara vez.

B se los quita de inmediato. No sé si seguirá así cuando crezca.

Silvia Parque


¿Es un abuso por parte del otro, cuando tú no has puesto límites?

Hoy atestigüé como alguien perdía sus recursos por ayudar a otros; unos otros que son buenas personas y en verdad necesitaban la ayuda, pero que no tuvieron miramiento por los recursos que el ayudador estaba perdiendo.

Desde mi punto de vista, el responsable de la pérdida es sin duda quien perdió. Los otros, en su necesidad, son como un animal de presa con la presa enfrente... sí, sería deseable que fueran considerados, hasta porque alguien con mayores recursos tiene más posibilidad de ayudar; pero el hambriento a veces no puede sino pensar con el estómago.

Silvia Parque

miércoles, 3 de febrero de 2016

Sí puedes, pero así no.

Abundan en las redes sociales, los mensajes del tipo "tú puedes".


A mí, en general, me gustan. Yo soy de las personas que se benefician con un mensaje motivador. Pero...

¿Cómo sabe, la persona que te envía el mensaje, que "tú puedes"?

¡A veces no puedes!

Si es alguien que conoce tus competencias y tu situación vital, tal vez efectivamente sepa que puedes hacer o conseguir algo determinado. Pero muchas veces, la frase se dice con ligereza: "tú puedes", "todos pueden"... y llega a alguien que no está pudiendo.

Yo creo, de verdad, que todas las personas normales podemos hacer lo que es humanamente posible, y que con ayuda de Dios cualquiera puede hasta lo imposible. Bajo ese supuesto, no hay más que añadir al "tú puedes". Sin embargo, cuando el esfuerzo está siendo mucho y los resultados no son los deseados, cuando la frustración crece porque en la realidad concreta la persona no alcanza su objetivo, habría que decir: "tú puedes, pero así no".

Silvia Parque

Consulta al pediatra me hace feliz

Mi pediatra estrella envió a B a consulta con un especialista en neurodesarrollo para asegurarnos de que todo va bien. Hoy fuimos, y todo va bien. Eso ya me hace feliz, pero hay más:

Primero: qué persona más amable. Así da gusto pagar un servicio. Porque no solamente los médicos abrumados por la falta de recursos en el ámbito público pueden ser poco amables; también se ve en las consultas privadas.

Como era de esperarse, el doctor preguntó cosas... cosas básicas como cuánto pesó y midió la niña al nacer. Y yo no supe. No me sé esos datos. Una vez, dije que nació el 19 de abril y nació el 18. El padre no podía creerlo, y yo espeté algo como: "pues yo la cuido todo el día, la baño, la cargo, le doy de comer, le cambio los pañales; no será tan importante una fecha, comparado con eso". Pero cuando lo platiqué entre otras madres, resultó que nadie nunca ha olvidado qué días nacieron sus hijos. Yo, la verdad es que olvido más cosas. En la consulta normal de cada mes, la doctora suele preguntar cosas de las que no tengo idea. Creo que la vez pasada preguntó cuánta leche de fórmula toma. ¡Yo no sé! Toma cuando pide, lo que pide, y yo no voy sumando onzas a lo largo del día... bueno: ahora sí lo hago de vez en cuando, por si vuelve a preguntarme. Pero así ha sido siempre con las preguntas... cuando el papá nos acompaña, él responde.

El caso es que hoy le dije al doctor: "Debo ser la única mamá que no sabe esas cosas, ¿verdad?" Y me dijo que no. Me dijo que no, como quien dice "pase usted al cielo, ya puede disfrutar de la gloria por la eternidad". Lo dijo con una gran sonrisa y yo fui feliz.

Luego me explicó cosas, bla, bla, bla, y en cierto momento dijo, como un juez de un concurso de pasteles: "el vínculo con la madre, excelente". Más bla, bla, bla explicativo y demás; pero, ¡vaya!: recordé el miedo que tenía cuando B nació, de hacer algo terrible para su conexión conmigo. Hubo días, en esa cuarentena en la que nos conocíamos, que yo me quedaba mirándola y me veía en sus ojos, y le huía a mi reflejo temerosa de que al estar viéndome a mí misma, no la estuviera viendo a ella. Luego me ocupé de criar y de seguir viviendo, y esos temores se fueron archivando, pero debía haber algo de ellos porque cuando este médico "aprobó" nuestro vínculo, me sentí aliviada y feliz.

Más adelante, el doctor me mostró ejercicios de estimulación con B como modelo obligada, y ella, como yo esperaba, mostró su disgusto, más intensamente de lo que yo esperaba. Su papá le canta "todo lo que quiero es todo lo que quiero" en momentos como ese, que en el rato de la consulta fueron tres. Comentando al respecto, le dije al doctor que es muy voluntariosa, enfatizando el "muy". Él me dijo que no, que esperara a después del año para hablar de voluntad, que ahora eran reacciones, temperamento, nada más. Y también me sentí feliz. Dijo algo así como que le diéramos una oportunidad. Yo dije, como si acabara de descubrirlo: "entonces el drama en cada cambio de pañal es nada más su defensa contra algo extraño que está ocurriendo en el mundo", y me dijo que sí. Y me sentí y me siento feliz.

Silvia Parque

martes, 2 de febrero de 2016

De una vez

Algunos viejos se vuelven desfachatados, no porque ya estén chocheando, sino porque han perdido el interés en guardar formas, la vergüenza por no guardarlas, y el miedo a lo que podría pasar por no haberlas guardado. Yo creo que cuando el tiempo que tienes por delante es mucho menos que el tiempo que ya has vivido, mandas al diablo el "qué dirán".

Podemos ahorrarnos unas décadas, y empezar desde la mediana edad.

Silvia Parque

No todo es para todos

Cuando estaba en el bachilleres, recibimos la visita de un par de policías que fueron a invitarnos a ingresar a la academia para convertirnos en uno o una más de ellos. Era una mujer que habló un poco, y un hombre que habló con verdadera energía. Lo más relevante de su discurso fue una parte en la que mencionó -con sus palabras- que era genial entrar al barrio y que los demás le vieran a uno uniformado y con la pistola; quiso decir: "siendo alguien", "alguien con poder", "alguien con autoridad". Lo decía de un modo alegre y simple, nada que ver con poses de El padrino; más bien podría haber emulado a Cantinflas. Se trataba de una persona sencilla que había resuelto su vida con el salario que podía tener en un trabajo que implicaba riesgo y desgaste físico. No era una opción conveniente para mi grupo de compañeros; sé que no, al menos para los compañeros con los que yo me relacionaba. Pero había sido bueno para él.

A veces te ofrecen algo que no te conviene; algo que es bueno para otros, pero no para ti. Siempre me ha llamado la atención como no todo es para todos.

Silvia Parque

lunes, 1 de febrero de 2016

Lo que oímos

Creo que lo que vemos y oímos se convierte en insumo para formar reacciones. Las canciones son poderosas en ese sentido, porque se aprenden prácticamente sin querer: se meten por sí misma en nuestras esctructuras de pensamiento, y se acomodan solitas. A mí, en momentos de crisis, suelen venirme a la mente versos de canciones de alabanza, porque las oigo con frecuencia.

Silvia Parque