miércoles, 13 de marzo de 2019

La renuncia necesaria

Se habla de la renuncia menos de lo que merece. Para disfrutar algo hay que renunciar a lo que no es ese algo, al menos en ese momento.

Los niños chiquitos causan gracia aprendiendo esto: un niño de dos años puede querer helado de un sabor y helado de otro sabor al mismo tiempo: no uno detrás del otro, no la mezcla de los dos, sino uno y otro al mismo tiempo; pueden querer cargar en sus manos cinco cosas cuando en sus manitas no caben más de dos. Pueden querer mojarse y permanecer secos (aunque eso tiene tal vez más relación con el hecho de no entender la relación causa y efecto).

Las personas adultas suelen hablar de la necesidad de la renuncia cuando algo es inconveniente o menos conveniente que otra cosa. Sin embargo, hay veces que se requiere renunciar a algo, siendo las opciones igual de "convenientes". Por poner un ejemplo simplón, puede ser tan buen plan para un sábado salir al cine, al teatro, a una exposición, a un restaurante especial, a visitar a un amigo... Descartando lo que guste menos, lo que requiera condiciones o recursos que no se tienen, lo que "salga caro" en comparación con otras cosas, pueden quedar dos, tres o más opciones, digamos "empatadas", y habrá que elegir una. Así pasa también con cosas mucho más importantes.

Silvia Parque

martes, 5 de marzo de 2019

Mi niña comprende

Entre las prácticas que nos funcionan estupendamente con B se encuentra el hablarle largo y tendido sobre lo que le concierne; darle explicaciones detalladas, explicando algunas palabras, pero básicamente igual que a una persona mayor. Siempre he creído que niñas y niños tienen extraordinaria capacidad de comprensión.

Para aclarar a qué me refiero, les comparto la distinción que hago entre comprender y entender:

Para mí, entender es una capacidad cognitiva en relación con la lógica racional; en nuestras culturas, se trata mucho de identificar significados y poder establecer la relación apropiada entre variables, siendo fundamental la relación causa y efecto. Los bebés no entienden; van desarrollando está capacidad, pero en realidad, las niñas y los niños pequeños entienden poco... De hecho, hay adultos que entienden poco.

Comprender, en cambio, lo considero una capacidad mental centrada en el "sentido": dar sentido a las cosas, encontrar el sentido de las cosas, pero también en relación con la asimilación del conocimiento que transforma el objeto del conocimiento. En las cuestiones académicas, primero se entiende y luego se comprende. No obstante, situándonos en otra dimensión, podemos notar que los bebés, con su increíble capacidad de asimilar, comprenden. Con niñas y niños que ya hablan es bien gratificante notar el alcance de esta capacidad.

Sumándole a esto que soy de pensamiento mágico y estoy convencida de la existencia de la intuición, las vibras energéticas que irradiamos y nos afectan, el alma, etc., ahí tenemos mi creencia firme en que niños y niñas comprenden cuando se les habla, corroborada por mi experiencia con B.

Claro que hay muchos momentos en que necesitas que la criatura entienda y corresponde emplear frases cortas, palabras que conoce y nada más. Hay momentos en los que lo efectivo es decir simplemente algo como: "Baja del librero. Ahora". Las explicaciones estuvieron antes o vendrán después. Amo ese momento de las explicaciones.

Silvia Parque 

viernes, 1 de marzo de 2019

Yo no me maté, pero ella sí

En días pasados llamó la atención el caso de una joven que se mató en Coahuila, luego de que publicaran en Internet, sin su permiso, fotos suyas que en las notas que he leído se describen como"eróticas" e "íntimas". Aunque según DICE AQUÍ, siguió con su vida normal tras la filtración de las fotos, entró en depresión por razones que no son claras y se desconoce qué ocasionó el suicidio, no creo ser la única que concluye que la violencia de la que fue objeto está relacionada con su muerte.

Hace muchos años, me tomé unas chulísimas fotos sin ropa, que acabaron en una página de Internet cuyo propósito era hacer escarnio. Y me quise morir, literalmente.

Mi mamá por primera vez en la vida no me apoyó, más bien al contrario. Años después, mi analista me dijo, "¿y qué esperaba, que la felicitara?" No contesté... Ahora sé que esperaba apoyo y contención porque fui objeto de violencia. Ahora me queda clarísimo que quien está mal es quien  se apropia de imágenes que no son suyas, quien las comparte o difunde sin permiso para ello o bien, quien señala, acosa o denigra a una persona a partir de que su imagen, la que sea, esté donde esté. Aunque en aquel entonces lo sabía, no lo tenía tan asumido como ahora.

Las mujeres somos libres de tomarnos las fotos que nos dé la gana, compartirlas con quien nos dé la gana, sextear o lo que decidamos hacer. A cambio, debemos recibir respeto. Lo mismito que debemos recibir cuando andamos por la calle en minifalda, cuando cocinamos, cuando nos embriagamos, cuando dibujamos o cuando bailamos cha cha cha. (Y si dejas tu coche con el vidrio abajo y las llaves puestas, el que se lo roba es un ratero; tal vez fuiste imprudente, pero el único señalado debería ser el ratero).

Cuando digo que me quise morir, refiero un episodio singularmente crítico. Después viviría temporadas muy difíciles -por otras razones- en las que iba a desear estar muerta, pero casi metafóricamente: era querer dejar de sentirme mal, querer estar en paz por fin: no iba a matarme. En cambio, cuando tuve esos minutos de fama consideré fríamente cómo matarme: un cálculo, digamos, racional, serio. El papá de B, que entonces era mi esposo, se ocupó de que no me quedara sola ni un momento. .

La ideación suicida pasó relativamente rápido, pero tardé años en dejar de sentir angustia en relación con el asunto. Cuando pienso en esta joven que se acaba de matar, se me estremece el corazón de suponer que tal vez no tuvo, como yo, un compañero al pie del cañón, una amiga dispuesta a quedarse a cuidarme, un amigo y otro explicándome que la cosa pasaría y se perdería en el mar de imágenes del Internet.

Quisiera poder compartir a esa mujer de 19 años, una de las enseñanzas que me dio la más superficial cultura pop: "Tu peor humillación no es más que una diversión momentánea para otra persona". Los que te señalan no valen la pena. Tu vida vale esta pena. Pero nadie le puede decir nada porque está muerta.

Me choca que esto se use para aleccionar a las mujeres en relación con limitarse. Claro que conviene pensar dos o tres -o veinte- veces sobre el riesgo que conlleva cada cosa que hacemos y de hecho creo que conviene abstenernos de lo que implica riesgos que no estamos preparadas para sobrellevar. Claro que hay que cuidarnos mejor. Pero son los que se apropian de lo que no es suyo y los que dañan quienes deben parar.

Silvia Parque