domingo, 15 de julio de 2018

La bisabuela

Ayer nos quedamos a dormir en casa de mi abuela. Entre ayer y hoy, ella le hizo caballito a mi niña, le enseñó a aventarse en la cama como si en la cama hubiera agua, la invitó a nadar en el agua imaginaria, le mostró cómo jugar al tren, le siguió la corriente con su espectáculo de no quererse bañar y bailó con ella. Así ha ido siendo las últimas veces que la hemos visto; la veo disfrutar cada vez más el momento y hoy francamente estoy encantada porque la recordé haciéndome feliz. 

Mis recuerdos de cuando era niña son, digamos, complicados. Pero hoy ocurrió algo que operó como un switch para iluminar mi historia. Mi hija siempre quiere verse en un espejo grande que es parte de un mueble en el que hay fotos en portarretratos. Tengo que decirle varias -muchas- veces que los deje en paz, que deben quedarse ahí, que se quiebran -ya tenemos experiencia en eso-. Pero hoy mi abuela los quitó para que la niña acabara de apropiarse del espacio. Esa fue la abuela con la que crecí: una mujer dándonos prioridad: haciéndonos felices.  

Podría dejar este post en presumir que mi hija tiene una bisabuela de ensueño o podría ahondar en la inesperada visión de mí misma -de ella conmigo- que tuve al verlas; pero quiero enfocar algo crucial: 

Hace no mucho fue por primera vez con un geriatra. El médico la comprendió totalmente y le dio un tratamiento que le devolvió la calidad de vida. Doy gracias a Dios por él y por su trabajo. Hay que buscar hasta encontrar la atención médica adecuada para estar lo mejor que se pueda.

Silvia Parque

viernes, 13 de julio de 2018

Estudiantes

Hoy se graduó la generación a la que pertenecen los 43 estudiantes de la Normal de Ayotizinapa a quienes desaparecieron. He visto tweets mencionándolo a lo largo del día y no pensé escribir sobre eso, pero ahora veo que hace unas horas estuvieron disparando a estudiantes en Nicaragua.

La semana pasada fui a la graduación de bachilleres de uno de mis primos. Estuve lagrimeando todo el evento, acordándome de tener diecisiete años. Cuando me gradué me sentía herida porque mi novio me había dejado, tenía rato liada con el papá de B, todavía no sabía que estudiaría Psicología. Tuve otra vez la fantasía de viajar en el tiempo para aconsejarme...

Nuestro querido graduado se veía hermoso; pero, en realidad, todos se veían hermosos. ¡Tan frescos! Tan seguros de que la vida está con ellos. Porque la vida está con ellos. Y nadie, nunca, jamás debería lastimarlos. Nadie debería entorpecer su camino hacia lo que están llamados a hacer, hacia las personas que están llamadas a ser; no disparándoles, no sacándolos de vivir.

Silvia Parque

jueves, 12 de julio de 2018

Personas difíciles

Todos tenemos una herida en lo profundo de nuestro ser; lo que hacemos con ella es mucho de lo que somos. Tal vez por eso, cada historia de vida es realmente interesante, hasta la de la persona más aburrida.

Conforme fui capaz de ver más allá de mí misma pude darme cuenta de que los demás adolecen de lo suyo. Unos lo llevan mejor que otros, pero cada cual tiene asuntos que le estorban, le complican, le hacen hacer de un modo que no es el que quisiera o simplemente le duelen, al menos durante temporadas.

Dicho lo anterior, de todas formas creo que habemos personas complicadas que adolecemos singularmente, como si adoleciéramos no de "algo" sino del ser, tal vez con más daño por la herida original, quién sabe... Dependiendo del carácter y de las elecciones que hagamos podemos ser más o menos difíciles para el resto del mundo, pero siempre somos difíciles para nosotras mismas. Un día lo aceptas y aprendes a llevarte bien con eso, como quien tiene diabetes o algo así.

Silvia Parque