martes, 17 de enero de 2017

Hambre

Hace unos días me convertí en Silvia Devoradora. Tengo un hambre increíble. Me he encontrado recién comida, con el estómago lleno hasta la plenitud y queriendo dar una gran mordida a algo que engorde... porque no tengo hambre de ensaladas: no.

Según yo estoy muy a gusto, pero evidentemente traigo una ansiedad que decidió instalarse en la parte de mi mente que pide comida. Hoy he comprado un té verde con otras hierbas, que se supone ayudará a calmar al monstruo: a ver si funciona.

Silvia Parque

lunes, 16 de enero de 2017

Los niños queridos

Fui al cine. Fiesta total. Salgo poco y al cine ya tenía más o menos un año sin ir. Debía ver esta película y no duraría mucho más en cartelera, así que fui. Lo disfruté muchísimo a pesar de que un papá y su hija hablaron durante toda la función. Eso me hizo pensar lo siguiente:

Primero.- ¡En el cine hay que estar callados! Esa niña tendría unos diez años, tal vez más; si no era capaz de permanecer en silencio, al menos podrían haber susurrado. ¡Pero no! Hablaban como en la sala de su casa. Estuve a punto de pedirles que dejaran de hacerlo, pero me contuve.

Segundo.- No les dije nada, en principio, por no mortificarme: para no exponerme a que me contestaran de modo majadero. Pero luego, les dejé en paz porque los vi queriéndose y no quise moverle nada a eso. ¡Él se notaba tan satisfecho de estar a su lado! Ella se veía consentidota, descalza y con los pies sobre el asiento. Pensé en mi B con su papá.

El amor unge a los niños. Les deja protegidos porque les coloca en una posición de valor. No "te metes" con el hijo amado de alguien.

Silvia Parque

domingo, 15 de enero de 2017

Sueño raro

Tuve un sueño del que no recordé la parte de en medio hasta entrada la mañana. Una parte algo extraña:

Para contextualizar mencionaré que conozco a una niña bonita a la que tengo especial cariño pero que no es parte de mi cotidianidad; la conozco porque nuestras familias han sido amigas durante décadas. En mi sueño, ella estaba demacrada y famélica, en un cuarto de una vivienda de quién sabe quién, a la que yo llegué quién sabe por qué; tomé en brazos su cuerpo encogido de tan maltrecho; le pregunté por su abuela, por sus tías, por su tía abuela, y de algún modo yo entendía que habían resuelto abandonarla ahí. Entonces aparecía su mamá, guapa y normal. No me queda claro si yo pensaba en llevármela: el sueño pasó a otra cosa.

Antes, yo había estado colgada de un hombre al que me había rendido. Después, cargué a mi hija que parecía un poco mayor de lo que es. Algo me estoy queriendo hacer saber: algo sobre estar en brazos.

Silvia Parque