jueves, 24 de mayo de 2018

Comida

Me gusta comer. Me gusta cocinar y comer. Me gusta, realmente, la comida.

Hay un episodio de La Niñera en el que un tipo que la pretende -un mafioso- le envía carne.A mí también me gustaría el regalo. Las flores son bonitas, pero la carne se come. Creo que esa carne venía con flores, tampoco es que estorben. 

Silvia Parque

viernes, 18 de mayo de 2018

Cuentas de correo electrónico

Alguien me dijo que tiene muchas direcciones de correo mías. Y pues no: nada más tiene dos, una de las cuales no está "en operación". Pero sí tengo varias.

A) La cuenta de Gmail vinculada a los blogs, que nunca uso. Google dispuso que la tuviera.
B) La cuenta de Hotmail que considero como "base"; la que doy usualmente, en la que, por ejemplo, recibo las notificaciones de Hacienda
C) La cuenta de Gmail que uso para cosas de trabajo.

Soy articulista y correctora de estilo. Si necesita algo en relación con eso, puede escribirme a silviaparqueaw@gmail.com

D) Otra cuenta de Hotmail que abrí la primera vez que mi dirección de correo iba aparecer como algo público en la red; empecé a usarla para interactuar con personas que solo trato en el medio virtual.  

Ya no puedo entrar a mi correo "D" porque no recuerdo la contraseña. Parece fácil simplemente decir "he olvidado la contraseña", pero hace años que  no me entiendo con Hotmail: ha llegado a mandarme de la cuenta "A" a la cuenta "D" persiguiendo códigos de seguridad, dejándome sin poder entrar a ninguna de las dos. Por eso no he intentado hacer más que tratar sin éxito de recordar la bendita contraseña.

Eso me lleva a la sensación de que voy dejando basura cibernética, como hemos dejado basura en el espacio exterior. Siento como si tuviera huecos virtuales, espacios abiertos que deberían estar cerrados. Porque hay más:

E) Mi primera cuenta de correo era una de Yahoo. Cuando abrí la de Hotmail, fui dejando de usarla y luego olvidé la contraseña. No conseguí responder las preguntas de seguridad para volver a entrar. Un día, una ex amiga me dijo que me había enviado a esa dirección un correo en relación con la situación que nos convirtió en "ex" amigas. Cada vez que recuerdo esa cuenta, recuerdo ese correo que no leí. Me gustaría no recordar ninguna de las dos cosas o poder asegurarme de eliminar la cuenta para que no existan.
F) Alguna vez abrí otra cuenta de Hotmail para comunicarme con un par de personas especiales. Luego empezamos a comunicarnos por otras vías y abandoné la cuenta: no sé si la eliminé. Me gustaría saberlo. Es esta sensación de ir dejando migas por el camino.
G) También tengo otra (de Hotmail) vinculada a una plataforma de un foro en el que ya no participo. Esa no me molesta. Ya curada de espantos, tengo apuntada la contraseña. Tal vez vuelva al foro/plataforma y entonces la usaré.
H) He tenido también cuentas vinculadas a las organizaciones en las que he trabajado; pero que yo sepa, se han eliminado al separarme de las organizaciones. La que sigue existiendo es una de Hotmail que usaba en la inmobiliaria (tampoco recuerdo su contraseña). Esta no me molesta porque la usé exclusivamente para mandar mensajes sobre el trabajo, unos cuantos a clientes y la mayoría a los ejecutivos. Esto me hace concluir que lo que no me gusta es tener "perdidas" cuentas que dicen algo de mí

Silvia Parque


P. D. Ahora recuerdo que cuando abrí una cuenta de Facebook para mi imaginario príncipe azul, abrí una cuenta de correo para él. [AQUÍ, un poco más sobre Felipe en mi vida.]

jueves, 17 de mayo de 2018

Los sueños muestran

Estoy convencida de que en el pasado soñé el futuro. Cuando lo supe, me propuse poner atención a mis sueños, pero no lo he hecho; los olvido rápido, a veces muy rápido. Hace muchos años intenté anotarlos al despertar, pero me parece muy difícil porque en mis sueños hay mucho de sensación, mucho de simultáneo y eso es difícil de registrar medio adormilada.

Me queda claro que considerar un sueño como una imagen del futuro es puro pensamiento mágico; pero aparte de eso, es realista suponer que los sueños hablan sobre nuestros intereses, preocupaciones, deseos; especialmente sobre lo que no podemos decirnos clara y directamente.

Yo no sueño cosas fantásticas, sino la vida ordinaria. Y comúnmente, no la paso bien; no llegan a ser pesadillas, pero sueño tensión, frustración, incertidumbre, algo de angustia o ansiedad... Me asombra no haberme dado cuenta de lo poco frecuentes que son mis "buenos sueños"; creo que cuando hay alguno de esos, siempre es sexual.

Silvia Parque

lunes, 14 de mayo de 2018

Amigas

Redimensioné el valor de la amistad hace poco.

En general, desde que tuve pareja fui parte de un universo de dos en el que no hacía "falta" nadie más -hubo periodos en los que no cabía nadie más-. Luego, las cosas cambiaron.

El último año, de regreso en el lugar donde nací y crecí, hubo una vuelta de tuerca. Encontré que soy incompatible con algunos amigos a los que siempre estimaré. También recibí el regalo de la compañía, el cariño y el apoyo de mujeres que han sido increíbles amigas.

Una de las cosas más bonitas de mi relación con una de ellas es la forma en que entabla relación con mi hija. Siento bonito al ver las fotos que ella le toma.

[Esta es de hace meses, en el comedor de la casa de mi abuela -->]

Silvia Parque

sábado, 12 de mayo de 2018

Ultraconvencidos, simplificación y absurdo

Debo haber escrito varias veces sobre esto porque con frecuencia ocupa mi pensamiento. Ahí voy de nuevo:

La vida es compleja, el mundo social es complejo; cada fenómeno o situación tiene múltiples variables intervinientes y las relaciones entre ellas no son todas directas y de causa-efecto. Ante esto, creo que corresponde una actitud de más humildad ante nuestras posibilidades de conocer, así como de mayor observación y reflexión frente a lo que pasa. Sin embargo, la humildad no está de moda y parece que da flojera considerar el cuadro completo de las situaciones con lo que hay detrás de lo evidente e inmediato. Abundan personas que piensan que su opinión personal, basada en su experiencia de vida, basta para tener la última palabra sobre cualquier cosa: última palabra de la cual están ultraconvencidos.

Me interesa ese "ultraconvencimiento".

Creo que el compromiso con nuestras actitudes y opiniones tiene relación tanto con la integridad como con la cortedad. La militancia -en movimientos políticos, sociales, religiosos, etc.- crea la clase de compromiso que trae consigo el riesgo de ceguera. Todos tenemos adscripciones, todos pensamos desde la ideología, al menos en un primer momento; pero más allá de eso, creo que la militancia implica un compromiso en el que se hace más costoso el análisis de las implicaciones de nuestra posición, de manera que se hace más difícil considerar cabalmente lo que consideraríamos sin tal compromiso. Eso no quiere decir que por militar se piense con cortedad; de hecho, supongo que idealmente, un compromiso con una causa es un compromiso ético que incluiría la intención honesta de comprender el mundo -al menos en relación con la causa- tal cual es. Como decía en el párrafo anterior, la cosa es compleja.

Sin embargo, hay una tendencia a simplificar hacia el absurdo. Parece difícil comunicar una idea o una posición que ni es X ni es Y; comunicar que se está con los que piensan Z en relación a b y c, pero no en relación a d ni en relación a e. Eso pasa mucho más con los temas polémicos de mayor interés. En esos casos, además de la simplificación en el propio pensamiento, se dan críticas o acusaciones al otro, simplificando hacia o hasta el absurdo lo que ese otro ha planteado. Cuando hacen esto personas que han dado muestras de inteligencia y cierto grado de información, creo que simplemente actúan de mala fe y me cae requetemal.

Silvia Parque

viernes, 11 de mayo de 2018

Me derrito

Cuando regresé a este lugar del mundo, me instalé en casa de mi abuela, con aire acondicionado. Luego una tía me prestó su casa, con aire acondicionado.

Hoy me derrito.

Hay momentos en que me falta el aire; pero sobre todo, me derrito. Y todavía no estamos en verano.

Según Google, en la ciudad que tengo a un lado están a 26° C y en la ciudad que tengo al otro lado están a 25° C. Cabría esperar que estuviera más fresco siendo ya casi medianoche, pero tampoco es para hacer escándalo. Sin embargo, la sensación térmica en este preciso lugar desde donde tecleo es de unos 37°. ¡Me derrito!

Qué diferencia con el clima de Querétaro: loco, pero al final tan agradable.

Silvia Parque

miércoles, 9 de mayo de 2018

Persiana de papel

Hablaba ACÁ de la necesidad de una cortina para la ventana del estudio.

La casa tiene, además de la cocina y el baño, un área común pensada para ser sala-comedor y dos habitaciones pensadas para ser recámaras. Como B tiene su cama junto a la mía, todavía no tiene recámara para ella sola; creo que lo "normal" habría sido usar la otra habitación para sus cosas, pero no: prescindí de una sala para que ahí fuera el "área de jugar" y me quedé con la otra habitación para tener un estudio. Un estudio sin cortina hasta hoy.

Como procedo al tanteo, he debido descartar un par de tiras porque medían menos de lo requerido, pero no importa porque se pueden reusar aunque se maltrataran un poquito.


¡Me gusta!

Silvia Parque

martes, 8 de mayo de 2018

Rumbo al día de la madre 2018

He estado entrenado a B para felicitarme el día de la madre. La práctica nos sale muy bien. Hoy decoró mi cocina con un tapete, en su personificación de "Juana, la decoradora", así que en cuanto a recibir un regalo, no tengo que hacer nada: algo se le ocurrirá.

Un día va a saber que este tiempo con ella es el mejor regalo que yo podía recibir, que ocuparme de ella es lo más importante que podría hacer, que su presencia le dio sentido a mi vida.


Silvia Parque

lunes, 7 de mayo de 2018

Persiana lisa de luz universal

Me estoy asando porque decidí no tener cortinas en el estudio. La laptop se calienta también.

La casa venía con cortinas incluidas, pero no me gustaron. Dejé las de la ventana hacia la calle por necesidad de privacidad. Sustituí la de la recámara por un mantel. Me pareció que el estudio estaría mejor sin nada en la ventana. Me gusta así, pero se requiere más espacio o tal vez otra distribución del espacio, para que se pueda vivir bien con eso... que pudiera moverme a la otra esquina de la habitación... pero es complicado.

Una persiana lisa como esta, sí me gustaría:

Anuncio de e-bay: persiana enrollable lisa, de luz universal.

Hasta hoy, mi resolución era: como no puedo tener en este momento la que me gustaría, mejor nada. Es algo común en mí. Con algunas cosas conviene; con otras, no. En este caso, no. Habrá que hacer una cortina.

Silvia Parque


P. D. Al menos a esta hora, parece que se arregla cambiando de extremo en el sofá :D ¿Cortinas sí? ¿Cortinas no?

domingo, 6 de mayo de 2018

"Cuéntalo"

En Twitter, tecleas #Cuéntalo en el buscador y encuentras una enorme cantidad de historias que dan una idea de la dimensión del problema social de la violencia sexual contra las mujeres ["#Cuéntalo, el inventario inacabable de la violencia contra las mujeres"]. Inspirada por este movimiento, comparto la experiencia de abuso que puedo exponer con mayor claridad y que me sirve para ilustrar algunos puntos sobre el tema.

Yo estaba cursando primero de secundaria, así que debía tener unos doce años; el tipo, amigo de uno de mis tíos, tendría veintitantos. Él fue a la casa, pero no estaba mi tío. Pidió permiso para llevarme a un mandado y se lo dieron. Supongo que me invitó y quise ir. No recuerdo bien si llegamos a algún sitio. Lo que sí recuerdo es que en el camino, pasamos por mi escuela, dio vuelta por ahí y precisamente por ahí, no sé si me acercó, no sé si me dijo que me acercara, pero yo quedé junto a él -no había una palanca de velocidades separando el asiento del chofer del asiento del copiloto-. Pasó su brazo derecho por atrás de mi cabeza y puso esa mano en mi pecho con la palma extendida, la desplazó un poco y la dejó ahí, conmigo inmóvil.

Esa tarde, traté de decírselo a mi mamá. Fuimos a la tienda. Yo la alcancé en el refrigerador-exhibidor de la leche y me puse delante de ella, de modo que quedamos cara a cara; quería que supiera que tenía algo que decirle, quería que viéndome, notara que había pasado algo. Dijo "nada más quieres molestar" y fue a pagar. Ahora entiendo que ella no podía adivinar, pero me dolió su atribución sobre mi intención.

Tras el fracaso con mi mamá, le conté a una tía amorosa y cercana, en la que confiaba y confío por completo. Me dijo: "sí, así es él"; luego, no recuerdo qué palabras usó, pero dijo que él siempre quería "arrimarse" cuando saludaba, que por eso ella no lo saludaba de beso o no se acercaba a saludarlo o algo así. Lo dijo como quien habla de un rasgo cualquiera, enfadoso, que el otro tiene. Ahora que lo escribo, no recuerdo si se lo dije a mi tía primero y luego a mi abuela; primero a mi abuela y luego a ella, a las dos juntas o si mi tía se lo dijo a mi abuela o al revés. Lo que recuerdo con claridad es mi percepción de que para mi tía, al menos la experiencia de ella no era la gran cosa, era como si el tipo hiciera ruido al masticar.

Resalto lo siguiente:

Como se deduce de mi torpe intento de comunicación con mi mamá, al principio no podía hablar. Si eso me pasó a mí, que nunca consideré que pudieran no creerme, ¿cuánto puede dificultarse hablar en otros contextos o cuando la experiencia va más allá del tocamiento?

Parte del problema con contarlo puede ser la incapacidad para articular un discurso, vinculada a la incapacidad de elaborar cognitivamente lo ocurrido: yo estaba pasmada. En ese estado, es fácil que una misma dude si ocurrió algo, que una piense que tal vez lo que pasó no es lo que una cree/sabe que pasó. ¿Cuánto puede ser el pasmo en otros contextos o cuando la experiencia va más allá del tocamiento? Creo que si yo no hubiera conseguido contarlo rápido, habría empezado a dudar.

Además de la duda sobre la ocurrencia del hecho, están las dudas sobre la implicación de una. Para mí fue claro, mientras ocurría y después, que yo no quería: no quise. Pero así como la gente alrededor señala a quien sufre el daño, también quien sufre el daño podría señalarse a sí misma. Yo no dije "no". No me moví. Ni en mi mente me opuse porque -como dije- no tenía nada en mente. Y no es que tuviera miedo, como el miedo que conocía: no podía tenerlo porque no tenía nada en mente. Pero el pasmo -al menos en este caso- es otra forma de estar aterrada. Mientras ocurría, yo no podía hacer nada, literalmente. Al parecer, esta incapacidad resulta difícil de comprender para alguna gente con estudios y todo. Pero así es.

Yo a los 12.
Las dudas o bien, las certezas que juegan en contra de las mujeres, pueden llevar a diversos modos de culpa o de apropiación de la responsabilidad de los actos de los otros o de atribuciones al menos inapropiadas sobre una misma. En mi caso, el que a mi tía no le perturbara la conducta del tipo -entre otras cosas en mi historia y circunstancia-, me llevó a concluir algo así como: "hay algo sexual en mí por lo que esto me perturba"; moví el foco: "lo malo" ya no era lo que pasó, sino lo que había en mí. Hay un pasito de ahí a "esto que hay en mí debió haber hecho que ocurriera": una conclusión realmente peligrosa.

Por si hace falta aclararlo, cuando hablo de "concluir" no me refiero al resultado de un diálogo explícito y racional conmigo misma: no hay tal cosa; la "conclusión" es una derivación automática a partir de la información y los afectos que se pueden procesar en un marco cultural dado. Nos criamos en una cultura que cuestiona más a quien es violentada que a quien violenta y estar en la posición del daño no elimina esta carga cultural.

Silvia Parque

viernes, 4 de mayo de 2018

Dulce hora de dormir

B me ha dado un montón de besos hoy, a la hora de dormir; sobre todo, muchos besos de nariz.

Estaba siendo un lío acostarla. Se resiste. No quiere que termine el día. Leí ESTO hoy y quise tomármelo con calma, de nuevo. No sé si pueda hacerlo así muchas noches, porque tengo mucho quehacer y quiero un rato nocturno-adulto para mí; pero hoy decidí mirarla como la pequeñita que es: con recordar a mi bebita de meses, me cambió el chip; la disfruté, moviéndose, besándome, acomodándose. La acaricié, dejé de cantar cada vez que lo pidió -no le gusta que trate de dormirla-; sobre todo, no tuve intención de apurarla, no estuve pensando en irme, solo "estuve ahí"-eso siempre sale bien-.

Silvia Parque

jueves, 3 de mayo de 2018

Saliendo de la zona de confort

Cuando estaba en primero y segundo de primaria, no entendía el sentido de los cuestionarios "sobre la lectura" en los exámenes de Español: venía un texto y luego preguntas sobre ese texto, que permanecía ahí, accesible para que una viera y copiara las respuestas. Yo ya leía a los tres años, así que estaba "sobrada" para lo que se me examinaba. Habría sido un verdadero desafío que me hicieran socializar con mis compañeros, pero a los adultos a mi alrededor no parecía importarles que yo tuviera miedo de atravesar el patio de la escuela. Esto puede ilustrar mi vida académica. Reprobé precálculo en el bachilleres, pero porque me pasé ese semestre "echando novio" y porque no le iba a arruinar al profesor su profecía de que toda la sarta de maleducados que no le hacíamos caso, reprobaríamos.

No se me pedía nada más que "ir bien en la escuela" -ni mantener limpia mi recámara-, así que crecí instalada en una zona de confort. Con bastante "problemática interna"; pero en general, en gran medida, en una zona de confort. Hasta que cambié de ciudad y empecé la Maestría.

Mis "antecedentes": habilidades, lecturas, "background" por decirlo de algún modo,  no eran los de la universidad a la que llegué. En la entrevista del proceso de selección, la Maestra que sería mi asesora me preguntó por mi filiación teórica; no recuerdo cuál expresión usó, pero tuvo la amabilidad de irme traduciendo la pregunta... que qué autores había leído... y pues... yo no tenía idea. Era otro mundo. Y mientras eso pasaba con mi formación académica, yo vivía sola por primera vez. Por primera vez tuve necesidad económica de trabajar. Cuando el que era mi marido llegó a la ciudad, un semestre después de mí, volver a la vida de pareja fue otro movimiento de tapete. Luego vendrían muchos problemas, pero creo que en parte se convirtieron en problemas por no salir de las zonas de confort en las que me movía, para enfrentar los cambios. 

Mis mayores cambios han sido "protegidos", manteniéndome en esa zona. Por ejemplo, cuando dejé de dar clases para trabajar en lo administrativo de una universidad, empecé a hacer cosas que nunca había hecho; pero en cuanto se me pedía que me saliera de lo inicialmente pactado, yo respingaba. Y ha sido bueno tener claro qué quiero y no aceptar lo que no quiero. Eso podría verse como renunciar a "comodidades" (trabajo seguro, prestaciones) en un movimiento hacia la realización. Y sí. Pero no debía instalarme en otra comodidad: en la de "hago lo que me gusta y ya". Lo sabía y no quería que fuera así; pero para que no fuera así, debía "forzarme", por ejemplo, a hacer funcionar una actividad como negocio -rentable-. Y no lo conseguí. No lo hice. Eso no me causa problemas existenciales. Me causa problemas materiales, prácticos (del tipo "ya no se puede poner más cinta aislante en el cable del cargador de la laptop: hay que comprar otro"). 

Bueno: pues me ocupo. Estoy "construyendo" un proyecto que es lo más atrevido que he hecho en mi vida. Algo que me saca por completo de mi zona de confort por todos lados: es trabajar en equipo, incidir en la realidad concreta, gestionar... Me parece muy difícil. Está en fase inicial, por lo que todavía no puedo compartirlo, pero me causa tanto miedo acobardarme, no atreverme, que lo escribo y lo publico para que eso me comprometa. Para volver a esta entrada dentro de seis meses y ver cuánto hemos avanzado.

Silvia Parque