jueves, 28 de diciembre de 2017

Lo peor del resfrío

Lo peor del resfrío es que no estás muriendo. No pasa nada, en realidad. Podría complicarse y ponerse de cuidado, pero un resfrío como la mayoría, como este con el que ando, solo jode "gachamente". Esa es la expresión: "gacho", como las orejas gachas de los animales alicaídos.

Los resfríos están hechos para que una descanse, tome algo calientito y sea apapachada; pero cuando eso no se puede, no te dan pretexto para incapacitarte: el cuerpo sigue, como si pudiera trabajar y pensar, y más o menos puede, pero gachamente. Patético.

Silvia Parque

martes, 26 de diciembre de 2017

Cena de nochebuena

Esta Nochebuena tuvimos una cena deliciosa. No apagué el horno cuando creí que lo había hecho, pero nada se quemó. Al contrario: todo quedó muy bien. 

Preparé pastel de carne que acompañamos con tomates, fusilli con pesto y de postre: un pequeño pastel de chocolate rodeado de chocolates. Mi mamá nos dio bollos rellenos de queso crema que hicieron un excelente papel. Hubo aceitunas que yo no como y dulces de alpiste que B comió sin parar, uno tras otro. Ella cenó exclusivamente chocolate. Ni intento que su alimentación vuelva a la normalidad hasta que termine la semana. Le pidió a Santa Claus galletas y Santa se las trajo, así que vivimos en la excepción.

Silvia Parque

sábado, 23 de diciembre de 2017

La Navidad cristiana

Convertirme en cristiana fue empezar a tener Navidad y Pascua todos los días. No se nota porque dejo mucho que desear como cristiana, pero Dios y yo estamos bien con eso.

Por lo común, se entiende que un "santo" es alguien libre de pecado, alguien muy bueno. En la "cultura cristiana" no se entiende así. Lo "santo" es lo que ha sido apartado del conjunto en el que se encontraba, volviéndose especial. Tengo a la mano el ejemplo de la comida porque lo vivo todos los días e instruyo a mi hija al respecto:

Santificamos la comida al bendecirla y entonces no es la comida de antes, así que ya no podemos desperdiciarla o tratarla sin cuidado: reconocemos en el plato servido la Providencia, el amor de Dios en la intervención de todos los que hicieron algo para que la comida llegara hasta nosotros, el sacrificio de los animales a los que quitamos la vida, la gloria de la obra de Dios en la naturaleza, el trabajo de quien eligió, compró, cocinó y sirvió. Agradecemos y dedicamos a Dios el momento. Recordamos a los demás y deseamos que todos tengan comida rica, como nosotros. Disfrutamos.



Lo mismo hacemos con la celebración de navidad: santificarla para que sea Navidad: la fiesta por el cumpleaños de Jesús, en palabras que mi hija pueda entender. Eso no significa que vayamos a pasar la noche arrodillados. Significa que nos damos una fiesta para celebrar lo contentos que estamos por lo que recibimos -a Cristo-, honramos a Dios dedicándosela y dándole un lugar central, lo alabamos y tenemos un momento especial de adorarle en oración. De las cosas que amo de haber "entrado" a una congregación cristiana es que me dio esta Navidad que ahora vivo con mi pequeña familia. Todos los días oramos juntos pero esa noche será especial. B ha escuchando partes del relato del nacimiento de Jesús estos días, pero esa noche lo escuchará entero.

Como le escribía a Ojo humano en el comentario a ESTA entrada, cada cual es libre de celebrar lo que quiera.

El blog de Ojo humano
De hecho me parece muy bueno para el mundo y para las personas, que tantos tengan estos días una fiesta familiar y de buena voluntad. No pierdo conciencia de que se eligió esta fecha del año para suplantar celebraciones paganas que "estaban ahí primero". Pero la Navidad es la fiesta por el nacimiento de Jesús.

El Día de la mujer la gente es libre de dar y recibir flores con mensajes cursis, como para que también le toquen felicitaciones a las que no las recibieron el día de la madre; pero aunque sean mayoría, el Día de la mujer es una conmemoración feminista. Pues así: la Navidad es cristiana. Vivirla de ese modo ha sido maravilloso estos últimos años.

Silvia Parque

jueves, 21 de diciembre de 2017

Mi casa tiene ratones

¿Mencioné que me siento a-tope de mí? [Sí: ACÁ.]

Pues cuando una siente que puede, llegan las oportunidades para concretar el poder en acción.

Pero a mí no me gusta la acción tipo moverme. Yo hablaba de sentarme aquí a teclear, escribiendo artículos, corrigiendo tesis y por fin por fin por fin retomando mis proyectos de escritura. Pero la vida es como es y ahora tengo una niña resfriada y ratones.

Con la niña me llevo muy bien. Se pone irritable, pero es la hija de mi corazón hasta en sus peores momentos, así que: vale. Además, últimamente tengo ayuda con ella, así que no me agobio. Los ratones son un asco. Yo: una lela para las cuestiones domésticas.

File:The Town Mouse and the Country Mouse - town mice - Project Gutenberg etext 19994.jpg
Al menos es hermosa esta ilustración de Milo Winter,
de la fábula del ratón de campo y de ciudad (en Wikimedia).
Según el examen de los rastros, los roedores han estado aquí desde que nos mudamos; pero no hace mucho adquirieron confianza y empezaron a salir a pasear. Esos ruidos nocturnos no eran porque en la noche hay ruidos en las casas. Esas bolsas de plástico medio destruidas habían sido rasgadas y mordidas.

Esta casa tiene su historia con el tema. Aquí vivió mi mamá y en esa temporada hubo una crisis con ratones de campo que exterminó el papá de mi hija. Recuerdo un ratón agonizante que me pudo mucho; el veneno los inmovilizaba y les daba una muerte cruel, pero yo era -soy- incapaz de hacer el trabajo sucio que en esos casos es cuestión de humanidad. Ahora es peor porque ya no estamos en un fraccionamiento nuevo rodeado de terrenos baldíos, así que no tenemos despistados ratones de campo, sino cochinos puercos ratones de ciudad que han de tener su roedortopía en la casa de al lado, que está abandonada.

Aquí también, según la versión oficial, una plaga de roedores atacó nuestros libros, guardados mientras conseguíamos llevarlos a Querétaro. Los perdimos todos; lo más valioso que tuvimos.

Ahora intento devolver a la cocina su dignidad antes de la cena de nochebuena. Según el voluntario encargado del exterminio, no hay de qué preocuparse porque han muerto ya o están muriendo; pero para mí entre una opción y otra hay un abismo de diferencia. De cualquier manera, habrá que limpiar todo, desinfectar, tirar lo que pueda ser desechado en el área invadida. No era para lo que quería sentirme capaz; pero bueno, mejor capaz que incapaz.

Silvia Parque

¡Ey, JLO!

Este es un mensaje para JLO del blog "Cuando el arte ataque":

No puedo entrar a tu blog, ni desde mi lista de lectura ni desde los resultados de búsqueda de Google. Tal vez a otras personas les pase lo mismo y tal vez puedas revisar algo en tu configuración. 

Si alguien pasa por aquí y sí puede pasar por allá, ¿le puede decir por favor? :) Gracias.

Silvia Parque

miércoles, 20 de diciembre de 2017

Kylo Ren como hijo terrible

Pasé los últimos días huyendo a cualquier comentario que aludiera a la nueva película de Star Wars. Apenas fui a verla hoy y la experiencia fue increíble.

ESTA es la primera crítica que leo. He hecho una pausa en la lectura de los comentarios porque es muy noche, pero están bastante interesantes.

Para mí, es la mejor película de la saga y admite múltiples lecturas. Tiene mucho qué decir sobre quiénes somos y me resulta impactante ver reflejado en la pantalla lo que acabo de leerle a Sloterdijk en "Los hijos terribles". 

Me centro en el caso del villano: un hombre que tres veces mata a su padre. Tres veces, que significa "totalmente", "literalmente" porque alude a los tres niveles en los que puede entenderse la vida: el de lo material, el cuerpo; el del alma y el del espíritu. Kylo Ren mata a su padre biológico en la película anterior y en esta película: al padre que eligió para trascender y a quien fuera su padre como Jedi, en tanto maestro.

El primer asesinato me hace pensar en esta cita del libro: 
[...] lo que en la modernidad se vuelve crónico y epidémico: que los hijos se ven frente a padres que son demasiado vanos como para poder aceptar en serio a sus descendientes, y demasiado insignificantes como para despertar en los hijos el deseo de ser aceptados por tales progenitores.
El segundo asesinato, me recuerda la forma en que Sloterdijk habla sobre la paternidad espiritual, en la que el hijo se hace uno con el padre, liberándose de la autoridad de otros, empezando por la autoridad del padre material. Así se sitúa como alguien a quien no se puede pedir cuentas. También me recuerda la forma en que expone la relación entre la mitología cosmogónica y la pedagogía: "en sus aspectos más oscuros ambos tratan del surgimiento de engendros monstruosos". Hay padres de los que solo pueden nacer monstruos.

El tercero, que es tal vez el decisivo, muestra exactamente esto: 
Es el temor adelantado ante el hijo imprevisible el que destruye por dentro el continuum genealógico. En el caso de caracteres del tipo de Layo y Yocasta, el semisaber corrruptor, mezcla de miedo y malestar, conlleva un comportamiento preventivo destructivo, cuyas consecuencias recaen sobre ellos. 
Sobre las tres muertes y la creación del malvado, esta otra:
Son ellos y en principio solo ellos, los padres vagos, los progenitores desleales, llenos de pánico, egoístas, incrédulos e incapaces de querer, de una descendencia cualquiera, quienes hacen que se abra el hiato que un día alcanza hasta el umbral de la disolución de toda descendencia.
Hay mucho más qué decir sobre este hijo, tan digno de nuestra generación; pero por lo pronto me ha interesado hablar de sus padres porque oía el eco de estas citas desde que estaba viendo la peli.

Silvia Parque

Los niños tienen derecho a ser dependientes

ESTA noticia me impactó en septiembre. Al parecer, cuatro niños continuaron haciendo su vida, estando los cadáveres de su mamá y de la pareja de ella en una de las recámaras de la casa. Realmente no creo que el de doce años ignorara que estaban muertos; especulo que trató de ocultarlo por miedo, pero quién sabe. Lo escalofriante es que vivieran tan solos, tan a su suerte.

Es un derecho de los niños ser dependientes.

Por supuesto que es genial verlos hacerse capaces. Pero también lo es verlos asumir que recibirán asistencia y apoyo: lo necesitan; tanto la asistencia y el apoyo como la seguridad de que los tendrán. Una niña cuidada espera ser cuidada; sabe que eso es lo que corresponde y se sentirá insegura sola

Estar a cargo es pesado, implica asumir responsabilidades que no deberían ser de los niños. A los niños les toca jugar y aprender con la despreocupación de quien tiene quien le despeje el terreno, le tome de la mano, le amortigüe las caídas, le levante y le cargue de ser necesario.

Yo amo tanto ver a mi hija arreglándoselas, que algunas de sus travesuras me satisfacen porque manifiestan su capacidad. Sin embargo, las mamás y los papás también somos esas personas que hacemos cosas por ellos, no solamente cuando todavía no pueden hacerlas, sino también cuando lo piden para obtener afecto, contacto, presencia.

Silvia Parque

martes, 19 de diciembre de 2017

Del año más loco al mejor año

Estoy al tope de mí: no agobiada; llena, plena. Eso podría ser extrañísimo considerando los últimos doce meses, pero tal vez no, porque al fin me estuve preparando para esto. Es que realmente es el año más loco de mi vida.

Empiezo a hacer. Preparo mi mejor año. Para eso ha sido fundamental mi participación en Psicogrupo.
AQUÍ mi último artículo publicado: "Estrés: cuerpo y mente".

Los proyectos en los que tengo una apuesta vital siguen pausados, pero eso termina hoy: no espero a que sea enero ni a que haya mejores condiciones. No tengo tiempo para perder.

Una niña en casa es una medida del tiempo implacable. No hay otra oportunidad de que tenga la edad que tiene cada vez. Y yo me hago vieja. No es que me sienta vieja sino que tomo conciencia de cómo entro a la "mediana edad": eso sí me parece increíble; también me parece bien.

Silvia Parque

martes, 12 de diciembre de 2017

Cultura del frío en Chihuahua

Chihuahua es un estado de clima extremoso: hace mucho frío en invierno y mucho calor en verano. Apenas ahora para escribir esto me pregunté si estaba bien empleado el término: parece que sí.

"La Ciudad de Chihuahua bajo la nieve", en Wikipedia
Hablando del frío, es costumbre hacer algunas cosas que no hacen falta en otros lugares, como encontrar el modo de que las tuberías no se congelen, por ejemplo, envolviéndolas con trapos. Algún año, en mi casa, cuando era niña, también se colocaron hules en las ventanas para aislar. En mis recuerdos hay muchos de estos "recursos" en relación con el frío: el olor de la infusión de canela, oír "tápate la boca" al salir, las chamarras de pluma de ganso comunes en los años ochenta: mi abuelo llevaba una de esas toda la temporada, fuera y dentro de la casa. Tuvimos un calentón de petróleo; supongo que ya no se usan.

Creo que todavía suspenden clases cuando está helando. La mayoría de las escuelas públicas no están acondicionadas para que los niños y los profesores permanezcan ahí sin congelarse o al menos sin que se les congelen los pensamientos. No es raro que ya acercándose las vacaciones de navidad, el horario escolar se reduzca para que el turno matutino inicie más tarde y el vespertino termine más temprano.

Las personas tienen sus teorías sobre los "efectos térmicos": dormir siempre bajo las sábanas y no entre cobijas;  llevar varias capas de ropa aunque sean delgadas, en vez de una sola prenda aunque sea gruesa. Se ponen de moda unos materiales u otros: sábanas de franela, cobijas de lana... Aunque muchos recordamos que antes no había nada mejor que las cobijas "San Marcos" con su dibujo de león. Hay quienes mantienen su casa cerrada: "ciérrale, ciérrale, que se mete el frío". Hay quienes abrimos la casa por la mañana para que salga el frío. Tener coche -aquí es "carro"- implica usar anticongelante, aprender a quitar el hielo mañanero del parabrisas y estar pendientes si hay hielo en las calles.

No faltan las colectas de cobijas y las campañas de "abríguese bien". La mayoría, sobrevivimos. También hay muertos: por intoxicación de monóxido de carbono y por frío, es decir: por desamparo.

Silvia Parque

lunes, 11 de diciembre de 2017

Anticonceptivos a la basura

He contado antes como afortunadamente nunca he padecido síndrome premenstrual; seguramente eso es parte de lo que me permitió relacionarme muy bien con mi menstruación. A los 18 años, empecé a tomar pastillas anticonceptivas y desaparecieron los pocos cólicos que tenía cada mes, además de poder disfrutar de un ciclo totalmente regular. Usaba Yasmin, que según vi se ha hecho de mala reputación últimamente, pero a mí en ese entonces me cayó de perlas. Casi diez años más tarde, se me sugirió descansar un rato de las pastillas y lo hice. Me encontré tan bien combinando el ritmo con los condones, que no volví a tomarlas.

Con 34 años, me embaracé y tuve a mi bebé. Todo quedó revolucionado en mi cuerpo y por primera vez empecé a sentir que las hormonas me "hacían algo": no como para llamarlo síndrome premenstrual, pero ya no era yo inmune a los cambios de una y otra etapa del mes. Al parecer tengo más hambre los días previos a mi menstruación; siempre quiero chocolate, pero más en esos días. También estoy más sensible emocionalmente, como para notarlo, pero no como para considerarlo un problema.

Así había estado: comiendo más cuando me apetece y usando condones cuando había oportunidad; hasta que pensé que era momento de volver a usar pastillas. Primero, como un acto de fe ante la perspectiva de más encuentros sexuales en el futuro próximo. Pero sobre todo, protegiéndome de mi inconsciente: Yo quiero otro hijo. No es el momento adecuado para embarazarme de nuevo; sin embargo, mi cuerpo que todo lo sabe, sabe que quiero otro hijo y sabe también que no quedan muchos años para que me embarace sin riesgo. Así que me dije: vamos a lo seguro. Fui al médico, me recetó y HORROR.

Empecé a sentir náuseas desde el primer día. Tantas como cuando estaba embarazada, aunque no duraban tanto como cuando estaba embarazada. Náuseas en medio de malestar general. Podía pensar que había estado muy cansada, pero el frío me ha obligado a dormir, de modo que he descansado. Lo que no noté es que me estaba poniendo nerviosa. Hace semanas me queda claro que necesito vacaciones y apoyo con la crianza; pero no estaba poniéndome "loca". Ayer me di cuenta de que me estaba sintiendo como cuando el neurólogo diagnosticó Trastorno de Ansiedad. Una cosa que come por dentro y desborda. Una desesperación que hace años me hacía salir de la casa y caminar rápido hacia donde fuera y después me hizo meterme bajo las cobijas a fantasear morir, pero que ahora me llegó siendo mamá de una niñita que pide, se queja, llora y para quien soy el principal referente de seguridad.

Hoy me sentí desbordada. Lo manejé como pude, me hice una infusión que me cayó bien y oré. Supe que son las pastillas. Así que a la mierda las pastillas.

Silvia Parque

viernes, 8 de diciembre de 2017

El suicidio como opción

Yo creo que las personas debemos poder decidir cuándo y cómo morir. Obviamente no podemos decidirlo si algo nos mata; pero la vida es de cada cual y podemos renunciar a ella:  es una opción. Apoyar a alguien que toma esa decisión o asistirle si lo necesita es otra historia.

Si creo que mi vida pertenece a Dios o si lo pongo al mando de mi camino, no puedo matarme a menos que reciba su permiso -o su indicación-, pero eso es algo de cada persona en su relación con Dios. Acá entre nos, deberíamos reconocer la "propiedad" de cada cual sobre su vida.

De hecho, podemos matarnos. Como a casi todo el mundo, me parece una tragedia que alguien se mate; pero más bien por las condiciones en las que sucede. Que la depresión conduzca tan a menudo al suicidio, que tantos jóvenes se suiciden, que haya personas suicidándose porque se sienten o se saben sin oportunidades frente al sistema económico o judicial, nos habla de lo mal que funcionamos como sociedad. Pero el suicidio en sí mismo puede ser una opción digna.

Silvia Parque

jueves, 7 de diciembre de 2017

Mucho frío

Hoy ha hecho tanto frío que B aceptó abrigarse. Una tía nos ha traído más cobijas. Tenemos calentón, pero no lo he prendido porque creo que conseguimos mantenernos bien así y prefiero esperar a usarlo cuando sea imprescindible: puede llegar a ponerse helado.

El frío duele. Y mata.

He visto a B tiritar de frío en breves momentos, en el baño o saliendo del baño; habrán sido segundos o minutos, pero por supuesto: me encargo; la cubro, froto mis manos sobre su cuerpo, la abrazo. No quiero que mi hija se enfríe un momentito. Así que pienso en la gente que tiene a sus hijos pasando frío y se me encoge el corazón.

Ahora mismo me duelen los dedos de las manos, ayer me dolieron los dedos de los pies. Se pasa con que los mueva. A los pies los puedo cubrir con doble calcetín. Podría cortar los extremos de unos guantes para usarlos dentro de la casa. Al rato me meto bajo las cobijas y ya está. Pero si a mí me duele, ¿cómo estará la gente con casas en mal estado, la gente que está en la calle?

Silvia Parque

martes, 5 de diciembre de 2017

Compras especiales

Hoy compré un recipiente rojo, uno verde y uno naranja: recipientes de plástico con la tapadera del mismo color que el contenedor. Los había estado buscando desde hace mucho, para la colección de tapaderas de B. Teníamos un balde azul con tapaderas azules, uno amarillo con las amarillas; pero las demás estaban en un recipiente de plástico transparente. Tal vez habría que buscar uno blanco, uno dorado y uno negro; pero soy tan feliz con los que hay ahora, que hasta podría dejar al resto de las tapaderas en paz.


Eso habría bastado para que las compras fueran una gran fiesta. 
Pero además compré un banquito
Es muy importante.

Una de las cosas que me hacen sentir rica es tener los objetos específicos para cada uso. Si pudiera, no serviría el helado con una cuchara cualquiera sino con una servidora de nieve, no pelaría las frutas o verduras con un cuchillo, sino con un pelador. Hasta ahora, para que B alcanzara el lavabo, se subía en un bote de basura volteado al revés, que además uso como balde para el agua. Pero ya tenemos nuestro banquito.

Suyo, en realidad. 

En cuanto llegamos a la casa, empezó a subirse para bajar juguetes a los que antes llegaba trepándose al mueble donde están. No quería jugar con ellos, sino subir al banquito y alcanzarlos.

Inicialmente puse esos juguetes donde los puse para que ella no los alcanzara; pero no tardó en aprender que había modo de llegar a ellos.  

El síndrome de Turner se distingue por la baja estatura. Las pediatras endocrinólogas que hemos consultado nos han dicho que el tratamiento adecuado administrado a tiempo permite alcanzar lo que ellas llaman, si mal no recuerdo, "estatura meta": la estatura que se supone alcanzaría sin el síndrome, calculada a partir de la de su papá y la mía. Pero hace poco, una mujer contaba -con satisfacción- que había llegado a 1.35 m, con tratamiento. Así que me importa mucho que B aprenda a alcanzar, a llegar a donde necesite; que aprenda que hay recursos y que gracias a Dios, nuestra inteligencia nos da posibilidades en cualquier situación. Por eso necesitábamos un banquito.

Silvia Parque

lunes, 4 de diciembre de 2017

Nunca creí

- Cuando era niña, no creí poder soportar un brassiere. Tampoco sabía que había una variedad enorme de brassieres para escoger.

- Me he acostumbrado a usar audífonos de los que entran en las orejas. No creí que pudiera. Me incomodaban mucho. 

- Soy completamente diferente a mi mamá y mi maternidad es completamente diferente a la suya; también es en cierta forma una respuesta a la suya, así que tal vez por eso, aunque no lo hubiera creído, aunque verdaderamente jamás lo habría creído posible, me he visto ser como mi mamá montones de veces, con mi hija. 

Cada vez pasan más cosas en mí, que nunca creí.

Silvia Parque

domingo, 3 de diciembre de 2017

Leer, escribir, adormecer

Leo y leo y me dan ganas de leer más. Tengo una listota de temas, autores y libros por leer, como cuando era jovencita. Ahora es mejor porque ya no hay presión por ningún "deber ser" en ese sentido; aunque cuando era jovencita estaba la gran cosa de que podía dedicarme a leer -o a lo que fuera- todo lo que quisiera y si quería cuatrocientos libros, bastaba decirle a mi mamá.

También quiero escribir. Solo estoy escribiendo los artículos para Psicogrupo y me hace falta recuperar proyectos abandonados. Necesito inventarme tiempo para eso o me voy a congestionar. O a adormilar, que es el mayor riesgo con el cansancio que traigo a cuestas. Si no escribo pronto lo que me interesa, me las arreglaré para neutralizar la necesidad de hacerlo, adormeciéndola, adormeciéndome.

Silvia Parque

sábado, 2 de diciembre de 2017

Cierre de año

Este ha sido el año más loco de mi vida. No por bueno o malo, sino porque yo no había cambiado tanto en el lapso de un año desde que soy consciente y aunque he vivido otros cambios que nunca habría creído, habían sido en mi situación o circunstancia, no en mí.

Aunque por el momento sigo algo lejos de mis objetivos económicos, ha sido una temporada provechosa. Hago lo que quiero, otra vez, eso es la gran cosa. Y creo que mis últimas  lecturas han hecho que los cientos de horas de diván den posfruto de autoconocimiento.

Es temporada de dar frutos.

En el lejano noviembre...

Veo cosas bárbaras y terribles todo el tiempo, sobre todo en el espejo.

He estado drogándome de cansancio y hoy llegué a otro nivel: hace rato tiritaba de cansancio y eso combina  de locura con las canciones eufóricas que pide B. Ahora mismo solo tengo un poco de dolor sordo en la cabeza y en el cuello, con punzaditas que me avisan que la noche va a estar interesante. Todo ha estado muy interesante últimamente.

Silvia Parque

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Así me conozco

Tengo lentes nuevos y mucho trabajo. La casa está sucia y desordenada. También tengo una rotura nueva: he deseado el mal por segunda vez en mi vida, por primera vez sin espantarme.

B me dijo hoy que soy una madrastra y que no la quiero. Tiene el jueguito de decir que no la quiero o que no la amo, para que yo le diga que claro que la quiero, que claro que la amo, todo con escándalo y aspavientos. Hoy lo ha combinado con la historia de Cenicienta, porque sabe que soy maestra y sigue sin diferenciar "madrastra" y "maestra". Así que como la madrastra no quería a Cenicienta, ha dicho que yo no la quiero. Lo dice riendo. Hace días también me dice "no estás" cuando quiere desaparecerme. Desde ayer dice "no eres igual", que todavía no entiendo qué significa, pero seguro es otra profunda cuestión existencial.

Así me conozco, por las personas que hicieron posibles mis lentes nuevos, por mi aferrarme a trabajar en lo que me gusta, por el grado en que la casa puede ser un caos, por mi niña y por lo que muero.

Silvia Parque

miércoles, 22 de noviembre de 2017

Lentes sin una mica

Después de mucho tiempo con cinta adhesiva en el armazón de mis lentes, por fin fui a una óptica el domingo, donde los arreglaron en la medida de lo posible: estaban demasiado chuecos; me advirtieron que el arreglo no duraría mucho y me sugirieron comprar otros. Hoy B los tomó de nuevo y unos segundos después se cayó la mica izquierda. He buscado por toda el área donde sucedió el percance y nada: es difícil buscar algo transparente sin los lentes puestos. Mañana haré limpieza general, a ver si salen. Ya tengo irritados lo ojos.

Silvia Parque

lunes, 20 de noviembre de 2017

Quisiera dormir mucho


La gente que de verdad no duerme durante días, se pone mal. Ya es malo dormir menos de lo que se requiere.

Yo quisiera dormir mucho. Días. Mi mamá duerme poco, pero al parecer no heredé esa "tendencia". Tal vez debo agradecer a sus genes que de cualquier manera, consigo permanecer despierta más o menos lo necesario para poder hacer al menos lo necesario.

Silvia Parque

viernes, 17 de noviembre de 2017

Puedes dejarle y quererle

Lo normal y sano es relacionarnos con las personas porque nos hace bien o nos conviene. Si no nos hace bien ni nos conviene habría que pensarlo; pero si nos hace mal o nos resulta inconveniente, lo normal y sano es dejar la relación. A veces no se puede, como cuando alguien necesita seguir en un trabajo donde hay un jefe nefasto. Pero si se puede, hay que terminar con las relaciones dañinas.

Creo que es fácil estar de acuerdo con lo anterior. El problema está en que no somos robots que hacen lo que corresponde a una conclusión racional; nos implicamos con las personas de maneras complejas y oscuras y es difícil dejar las relaciones que forjamos con quienes nos hemos vinculado. Los vínculos se forman en el ser: en lo que uno es. Pero tengo una idea al menos para una de las cuestiones que dificultan esta liberación:

En algunos casos, quien no se puede ir se atrapa con el amor; "es que lo(a) quiero mucho", dice la persona, como si debiera no querer. La buena noticia es que puede seguir queriendo. Puedes amar a alguien con quien decides no estar. Puedes agradecer por su vida, por lo bueno que hubo, orar por la persona, hacer lo que puedas a su favor desde la distancia y sobre todo: puedes sentir con confianza lo que sea que sientas. Y ponerte a salvo.

Vale para amigos, parejas, mamás, papás, quien sea.

Silvia Parque

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Yo veo sexo

Dicen que la belleza está en los ojos de quien mira. Así pasa con otras cualidades, también... 

Puse ESTE video por la canción de la risa de las vocales, a la que ya le pongo "pero" porque eso de que el rey cuente chistes de color no me parece apropiado, pero bueno. Sigue una canción de una ranita y luego la de los enanos hambrientos que quieren que se quede la princesa a vivir con ellos. Desde su hambre, empiezo a pensar en cosas adultas; pero luego sueltan que "será reina en nuestra mesa y tesoro en nuestras manos". ¿En nuestras manos? ¿Soy yo la única a la que eso le parece una alusión clasificación C? 

Si es que ya esas miradas, esos lentes oscuros bajo techo y ese baile desaforado...

Silvia Parque

martes, 14 de noviembre de 2017

Quiero ir

Hace años, un amigo me puso El Cascanueces y me prestó el libro de Hoffman con el cuento. Soy poco musical, pero Chaikovski es Chaikovski: me dejó muy emocionada. Además, amé a Hoffman. Desde entonces he querido ver el ballet. Casi cada año me ilusiono con ir a alguna de las funciones que suelen ofrecerse en diciembre, pero no lo he conseguido.

Aquel libro de cuentos era de Porrúa, de la colección Sepan Cuantos. En mi casa, cuando era niña, había al menos uno más de esos: Don Juan Tenorio y El puñal del godo, un 2 x1. 

Leí Don Juan Tenorio decenas de veces, desde que no tenía edad para entender. Me gustaba leerlo en voz alta, me deleitaba con las palabras. Siempre he querido verlo representado, pero eso está más difícil que El Cascanueces porque todas las obras de Don Juan que he visto anunciadas desde que puedo ir al teatro por mi cuenta, son comedia.

Silvia Parque

lunes, 13 de noviembre de 2017

"Veo gente muerta"

Los niños necesitan concebir a sus papás -o a sus cuidadores principales- como completamente confiables y para eso se hacen una imagen impoluta de ellos. Los papás son la medida de las cosas, así que como sean, están bien para el niño pequeño: esto es parte de la tragedia del maltrato infantil.

Los adolescentes necesitan descubrir la imperfección de los papás -o cuidadores principales-, sus errores, su maldad, sus límites. Crecer implica lidiar con la decepción de que esas personas reales están tan lejos del ideal como cualesquiera. Normalmente, empezamos a estar bien con esto cuando descubrimos que también nosotros cometemos errores, obramos mal y tenemos límites que nos constriñen. No estoy hablando del entendimiento racional de la falibilidad humana: un niño sabe que se puede equivocar. Los niños también pueden reconocer cuando han actuado de "mala fe". Pero es hasta que empieza la juventud que pasamos por la necesaria decepción de nosotros mismos, que nos lleva a vernos realmente como somos (no estoy segura de que se pueda generalizar, pero creo que pasa más o menos en ese momento). De adolescentes vamos por la vida con la frente muy en alto, podemos juzgar duramente y tener la certeza de que jamás vamos a hacer eso que no va con lo que somos.

Un día, descubrimos que no hay "bueno" y "malo" en continentes separados. Que todos tenemos "un lado bueno" y "un lado malo" pero que no son dos caras de la misma moneda sino que... las cosas, las personas, las situaciones son complejas: también nosotros mismos. Se termina la inocencia.

A mí me ha estado pasando últimamente una segunda vuelta de este proceso. Me siento como en la película de "Sexto sentido" cuando el personaje de Bruce Willis descubre que está muerto y es un fantasma.

Silvia Parque

viernes, 10 de noviembre de 2017

Cosas baratas buenas y malas

Acabo de masajear mis pies con crema Real [ESTA es], que es de lo más barato que hay. Me gusta mucho. También suelo usar crema bloqueadora del Doctor Simi, que me ha funcionado bien.

Hay cosas muy baratas que son buenas. Por ejemplo, la crema de cacahuate que preparan en el supermercado. Antes compraba de las que tienen marca, que son caras y no me gustan -las compraba para mi niña-; pero le di una oportunidad a la del supermercado y zaz que esa sí me gusta (creo que es porque no le agregan azúcar).

Entre las cosas baratas que me parecen malísimas están la pasta de dientes, el shampoo y los rastrillos. Lo peor es un rastrillo sin ergonomía, con la navaja sin filo y que se oxida de inmediato.

Silvia Parque


jueves, 9 de noviembre de 2017

Truco

La relación de B con su lengua está yendo demasiado lejos. Empezó hace un par de meses, sacándola y poniendo saliva con el dedo en diferentes lugares. Ahora se la pasa metiéndose las manos a la boca y tengo que estar bien pendiente de que no ponga la lengua en los peores lugares del mundo para poner una lengua.

Hace rato, ya en la cama lista para dormir, puse mi cara frente a su cara y le dije con el tono más decidido que he usado jamás: "A partir de mañana, cuando despiertes, tus manos van a estar lejos de tu boca y tu boca va a guardar tu lengua". Épico. No hostil, sino grave; no amable pero sí "suave": suave y penetrante como la voz de un hipnotizador; más profundo que eso: como un amo al que el universo se le somete porque es él.

Me puso toda la atención del mundo y dijo: "A partir de mañana, cuando despierte de la recámara..." Yo ya estaba festejando.

"A partir de mañana, cuando despierte de la recámara, donde descanso..." Era un momento intenso.

"A partir de mañana, cuando despierte..." "A partir de mañana..." Empezó a preocuparme que repitiera tanto; siempre repite, pero tal vez estaba demasiado impresionada; quería impresionarla, pero con los niños el equilibrio es tan delicado...

"A partir de mañana, cuando despierte, las manos van a guardar la lengua".

Pues nada.

Silvia Parque

martes, 7 de noviembre de 2017

Mi hija me enseña a no gritar

Hoy tuve uno de esos momentos épicos con B.

Pidió la canción del monstruo, que es ESTA.

Fui a ponerla, pero ya que estaba aquí sentada -en la computadora-, aproveché para ver algo en Facebook. Entonces, volteé y la vi arriba de la barrita de la cocina. Fui para allá. Todo nuestro coco estaba en el piso y había rayado la superficie de la barra con marcador permanente. Me puse como ogra y le grité. Le dije unas cuatro veces que tiró el coco, tiró el coco, tiró el coco... rayó la mesa, rayó la mesa... Y estaba yo en mi berrinche cuando me pregunta con verdadero interés, con buen tono, educadamente: "¿por qué te enojaste?"

No sirve gritar a los niños. Yo no lo hago porque crea que sirva; yo creo que es violento y que no hay que hacerlo; pero con estas cosas recuerdo una vez que me dijeron que a veces hacía falta gritarles. Claro que no. Entre más crece, más me resulta evidente que a ella no le "hace falta", ni le ayuda a aprender, ni nada bueno.

Silvia Parque

lunes, 6 de noviembre de 2017

Decisiones a partir del sentido

Fui a vivir a Querétaro para cursar la Maestría. Se suponía que no trabajaría. Pasé un primer mes maravilloso, dedicándome a conocer el centro de la ciudad y a leer, pensar, escribir. No duró mucho ese estado ideal; se fue haciendo evidente que necesitaría trabajar y aunque resistí lo que pude, terminé buscando empleo. Fue el peor empleo de mi vida. A lo mejor porque por primera vez me planteaba trabajar por necesidad: eso no se hizo para mí -de verdad, eso siempre ha terminado mal-. Ahora, además, puedo asociar ese empleo con personas cuya presencia en mi vida terminó siendo nefasta. El caso es que me fui, conseguí algo que tenía mucho más que ver conmigo y posteriormente, no mucho después, conseguí lo que quería y viví satisfecha.

Pero quiero hablar de un momento importante en ese primer empleo queretano:

El momento más importante, sin duda, fue el de mi renuncia. Aprendí algo significativo: hay relaciones en las que no solamente no vas a estar de acuerdo con la otra persona, sino que va a haber enfrentamiento y el modo digno de actuar puede implicar que el otro se quede a disgusto. Antes de eso, yo trataba de dejar las relaciones en buenos términos.Ya no necesariamente: aprendí que a veces lo justo es quedar en malos términos. Pero no es de ese momento final (importante) del que quiero hablar, sino de otro. Por el tiempo de camino entre mi casa y el lugar de trabajo, por mi modo de implicarme y por la naturaleza misma del trabajo, terminaba agotada y empecé a dejar inconclusas las lecturas de la Maestría. Era frustrante. Entonces pensé: si trabajo para mantenerme de modo que pueda hacer esto que quiero y el trabajo no me va a permitir hacer esto que quiero, no tiene sentido. Anuncié mi renuncia -al trabajo-, pero me hicieron una propuesta que me convino: iría menos días, durante menos horas y tendría menos obligaciones. Obviamente, ganaría menos dinero. Pero podría leer lo que necesitaba y todo tendría sentido.

Y sí: todo tuvo sentido. Fue difícil reducir los ingresos, pero de no haberlo hecho, tal vez no habría buscado algo mejor que me llevó después a encontrar algo perfecto para mí. 

Silvia Parque

domingo, 5 de noviembre de 2017

DIY el domingo por la noche

Toca llevar mañana a la escuelita una lata de leche evaporada personalizada para guardar los colores, o sea, un recipiente para lápices modo infantil. Suerte que algo dijo el papá de B mientras hablábamos por teléfono y me acordé. Tendré que arreglármelas con lo que haya a la mano porque solo compré la lata.

Amo hacer esas cosas. Amo más hacerlas para ella. Hasta ahora mi mayor éxito ha sido una estufa a la que ya hay que hacerle algunas reparaciones, pero con la que ha jugado mucho. Alguna vez pensé dedicarme a hacer material didáctico. Cuando sea rica, tendré un taller en casa.

Silvia Parque

sábado, 4 de noviembre de 2017

Algo grande

Hoy ha ocurrido algo que marca un antes y un después en esta casa: algo verdaderamente grande.

Vi un capítulo de Dr.House.

Hace años vi la serie completa, supongo que al menos la he visto un par de veces: eso no es novedad.

La novedad: lo increíble es que la vi en la tarde, con B despierta.

No me sentaba a ver algo por la tarde, desde que nos vinimos de Querétaro, en abril. Allá, a veces podía ver algo mientras su papá la cuidaba. Aquí, pues no. "Mis cosas" se ubican en la noche, con ella dormida.

Pero hoy lo he hecho. Ella jugaba con masa moldeable y yo veía Dr. House. Detuve el capítulo varias veces para atenderla, pero eso no es nada. Ella hablaba en volumen muy alto, pero me puse audífonos. Los audífonos no me aíslan: sigo oyéndola. De hecho, pasé un ratito contemplándola en su asunto, al fin que el capítulo no es una peli de Fritz Lang.

Me siento como si hubiera ido de vacaciones.

Silvia Parque

jueves, 2 de noviembre de 2017

Pérdidas

Estoy sombría. Y está bien. Me siento llena de fuerza. No quedó de otra porque encargada de una niña, no puedo meterme bajo la cobija a llorar y fingir que estoy muerta. Así que me siento fatal, pero bien: leyendo como hace mucho no leía, pensando, con ganas de crear, a gusto con mi cuerpo después de una temporada de no estarlo, enamorada de mi hija.

Creo que estoy en la parte álgida de varios duelos.

Hace unas semanas perdí la carpeta de fotos del 2016: fotos de la niña. Solo tenía respaldado hasta marzo.

He pensado en las pérdidas hoy.

Tuve una perra que se alegraba al verme llegar a la casa. No sentía que a otro ser vivo en la casa le diera gusto verme. Tuvo que irse porque no me hacía cargo de ella como debía. Mis tortugas murieron porque dejé de cuidarlas cuando nació B. Las quise mucho, pero obviamente no lo suficiente

Me deshice de muebles, objetos y un coche, cuando me fui a Querétaro. No importaba. Lo importante era que nos teníamos a nosotros :D :D :D :D LA RISA LOCA. Nos teníamos a nosotros, que era lo importante.

Y teníamos libros. En eso gastábamos nuestro dinero. Cuando vine por ellos, ya no estaban. Luego perdí más y más cosas, pero ya no me importaron. Esos libros eran lo que teníamos. Tal vez perderlos fue una señal. Perdí mi anillo de matrimonio en la taza del baño: eso sí debió ser una señal.

Antes perdía las llaves, perdía dinero -señal de que había dinero qué perder-.

No hago bien eso de ganar dinero. O no lo he hecho bien hasta ahora: perder todo es ganar un mundo de posibilidades: como ir a vivir a otro planeta. Como ser otra persona; por ejemplo, una misma.

Silvia Parque

miércoles, 1 de noviembre de 2017

El teléfono y mi relación conmigo misma

Cada vez más seguido, quienes hablan conmigo por teléfono me dicen que no me oyen: me oyen mal o de plano no oyen. A veces me muevo de lugar y la cosa mejora, a veces he tenido que colgar porque no tiene caso seguir con el intento de conversación. Para mí que entiendo las relaciones con las cosas como reflejo de mi "condición personal", esto es de analizarse.

Hace rato estaba hablando y se cortó la llamada. La persona me advirtió que su batería estaba por agotarse: lo más probable es que haya sido eso. Como pasa lo que pasa con mi teléfono, me queda la duda (sería el suyo, sería el mío). En cualquier caso, me lo he tomado como algo personal: no de parte de mi interlocutor, para nada, sino de parte de los teléfonos: de los aparatos, las compañías, las vibras de comunicación o el demonio. Tengo semanas sintiéndome abrumadoramente sola. Si me preguntan cómo estoy, respondo que bien y no es mentira. Nada más, por las noches -y a veces es de noche en cualquier momento- me pesa el vacío. Entonces tengo esta llamada, un gesto me hace sentir compañía y se corta: ahí se corta.

Pues que sepa el bloque opositor que me quedo con lo que me conviene. 

Silvia Parque

martes, 31 de octubre de 2017

El testamento del Dr. Mabuse

Decía ACÁ que tenía ganas de ver una buena película. Antier fue la gran noche. Tan genial, que hoy quería ver una película de terror a propósito de que es noche de Halloween y pensé que podría quedarme sin ver nada en homenaje a la película de antier; algo así como: "¿qué más puede querer ver una?"

Fue El testamento del Dr. Mabuse, de Fritz Lang. Una obra de arte, creo yo. Me enganché en la historia desde las primeras tomas y experimenté una especie de desazón que fue creciendo a medida que se acercaba el final y se quedó cuando la peli ya había terminado.

De Fritz Lang había visto "Metrópolis" y "M,el vampiro de Düsseldorf". Metrópolis también me pareció una obra de arte, pero disfruté más la de M, que me puso nerviosa.

Se nota cómo las creaciones de Lang son fuente de inspiración. Siempre me maravilla ver eso: de dónde ha salido algo que luego es muy usado y se vuelve, digamos, "elemento cultural".

Silvia Parque

lunes, 30 de octubre de 2017

Como todas las mañanas

Hace unas semanas volví a ver a Berto Romero. Casi cada noche me río con él. Hoy, luego de ver un video de su consultorio, de algún modo me apareció "Como todas las mañanas", un falso documental que él estaba anunciando AQUÍ, en el 2012. Me queda claro que no es humor para todo el mundo: para mí, sí. Va a tener que quedarse a la mitad porque muero de sueño, pero qué buena suerte encontrarlo.

Silvia Parque

domingo, 29 de octubre de 2017

Frío

He tenido frío estas noches. Sentí frío algunas de las mañanas de este mes, pero hoy tuve frío casi todo el día. Debe ser que estuvo realmente fresco porque B aceptó andar con suéter y calcetines unas horas, aunque sin pantalón (ayer anduvo parte de la tarde en traje de baño).

En otras noticias, me duele una sección de la garganta: abajo, como a la mitad del cuello. [He ido a ver si eso sigue siendo la garganta.]

Hay que aislar la ventana de la recámara con plástico. Así es por acá.

A ver cómo nos va en este primer invierno de regreso en el rancho grande; sobre todo a B, que se enfermó cada vez que vinimos de visita...

Quisiera que no fueran muchos inviernos aquí.

Llevo más de un frío encima.

Silvia Parque

sábado, 28 de octubre de 2017

Mamá cantante

Cuando B era bebé, yo cantaba casi todo el tiempo -cuando estábamos solo ella y yo-, describiendo lo que estaba pasando. Ahora el musical se activa cuando la cosa se pone tensa: canto lo que pasa y cómo me siento y me cambia la perspectiva. También tenemos canciones para actividades específicas que le molestan. Y están las canciones sin más objetivo que el de cantar.

Me complace declarar que soy una estrella para mi hija. Al parecer, ya se ha convencido de que nuestras canciones no van a aparecer en videos de Youtube porque ha dejado de pedir que las ponga en la computadora. Pero le encantan mis creaciones. Es una pena que la mayor parte de las veces, las olvido. Hay una sobre un dinosaurio de la que ella recordó el estribillo durante meses, pero yo no recordé nada horas después de que la estrenamos. El éxito del momento: "Tengo frío" le provoca una risa deliciosa, acompañada de "otro tengo frío, otro tengo frío" -o sea: otra vez "tengo frío". Y yo me siento en las nubes.

Silvia Parque

viernes, 27 de octubre de 2017

La independencia

He estado pensando en esto todo el día. De la cuestión política de España o de Cataluña comprendo muy poco como para opinar sobre su situación, así que esta no es una opinión sobre la situación-real-específica en la que seguramente hay factores de los que no tengo idea. Esto es un comentario en relación con el significado y sentido de "la independencia": nada más.

¿Cómo puede criticarse una declaración de independencia por unilateral y en la misma lógica, por ilegal o por no tomar en cuenta el parecer de la población de la entidad de la que se declara la independencia?

Las declaraciones de independencia son unilaterales. Puede haber una declaración conjunta: ambos declaran; puede haber una declaración en la que se hayan pactado condiciones; pero, ¿cómo puede necesitarse aprobación, permiso o siquiera acuerdo de la entidad de la que se declara independencia? La independencia rompe con la relación en la que se requiere aprobación, permiso o acuerdo. Tiene mucho sentido que rompa la ley. Y si se busca independencia será porque se quiere autodeterminación, por lo que estaría fuera de lógica consultar o considerar el parecer de "los otros".

Silvia Parque

¿A qué tienes derecho cuando...

He leído unas cosas que digo yo: "es bueno tener fresco que hay millones de personas pensando bien diferente a una"; pero a veces de verdad no entiendo cómo gente bien joven sigue creyendo que gana el derecho a algún tipo de actividad sexual después de que hizo algo para cortejar

Voy a hacer un ejercicio desde mi caso particular, que puede generalizarse, creo:

Si me invitas a desayunar / comer / cenar y acepto: desayunaremos, comeremos o cenaremos juntos, hasta el momento en que yo quiera dejar de hacerlo. ¡Vaya! Que si de pronto se me va el hambre o me quiero ir, pues dejo de comer o me voy. No es que tengas derecho a estar ahí conmigo: es que puedes hacerlo porque te dejo y no puedes hacer conmigo nada que yo no quiera, ni en ese momento ni después.

Si me invitas al teatro, al cine, a una exposición o cosa por el estilo y acepto: podemos ir y hacer de público juntos, hasta el momento en que yo decida, por la razón que sea, que quiero irme. Lo normal no será que estemos muy a gusto y yo diga "me voy" en medio de una película; pero si así fuera, pues me voy. No es que tengas derecho a estar ahí conmigo: es que puedes hacerlo porque te dejo y no puedes hacer conmigo nada que yo no quiera, ni en ese momento ni después.

Si me invitas un café o una copa, en tu casa o en un lugar público y acepto... Ya se entiende la idea, ¿no? Hay que añadir que si luego de la cena o del teatro o de la copa, quiero algo más contigo y acepto una propuesta tuya o te hago una propuesta que aceptas, pero después me arrepiento: pues ya no se arma.

Si tenemos sexo una vez o una temporada, aplica lo mismo. No estás teniendo derecho a tener sexo conmigo en el momento en que "lo hacemos"; estás teniendo sexo conmigo porque te dejo y nada más. Si no quiero que me beses la oreja izquierda -mera ilustración- o si no quiero quitarme los calcetines -basado en hechos reales- pues no me besas la oreja izquierda ni me quito los calcetines. Y si nunca más quiero tener sexo contigo, no hay nada en el pasado a lo que puedas apelar como si tuvieras algún "derecho" a obtener un "sí" de mi parte cuando no quiero decir "sí".

Todo esto está muy dicho, pero se ve que hay que seguir diciéndolo.

Silvia Parque

jueves, 26 de octubre de 2017

Capacidad

Trabajo de manera que paso una o dos noches durmiendo poco, dos o tres noches durmiendo muy poco; dos o tres mañanas trabajo a tope las tres horas que B va a la estancia; alguna tarde también toca trabajar. Así que tengo algunas mañanas y algunas noches "relajadas"; además, normalmente, después de entregar algo tengo libre el día siguiente... o dos o tres días siguientes. Se supone que en esos momento leeré y escribiré "mis cosas". El problema es que últimamente estoy muy cansada. Puedo estar despierta, pero no pensar.

Silvia Parque

miércoles, 25 de octubre de 2017

Notas de campo: límites estando de visita

Hemos pasado la tarde en casa de la bisabuela. Acá las notas sobre lo que no dejo hacer a B y el nivel de drama generado.

Quiere llevar su plato a la sala y comer en el sillón. / Normalmente, no; con un plato de lentejas: menos. Quiere ir para allá porque mi tía terminó de comer, se levantó y allá está. Mi tía regresa para que la niña quiera quedarse en el comedor. // Sin drama.

Quiere quitarse el pantalón. / Nada más en la casa donde duerme; en las otras casas, no. // Indicios de drama que se disipan.

Quiere comer galletas. / Bueno: una. Vale, que ya desde que es "una" sabemos que serán tres. Duro y dale consigue otra. Más al rato, otra más. Es lo que tiene estar en casa de la bisabuela: en casa no hay galletas que querer: no de las que mamá restringe. Porque no le faltan esos gustos: hicimos galletas el lunes y el martes, pero no me gusta que coma las "industriales"; lo evito lo posible: sé que se le antoja y que no se acaba el mundo, así que estiro y estiro, pero al final hay un "no más". // Drama.

Quiere tocar al niño. / Así no tocamos a las personas. La retiro. A la segunda vez, mi tono no es agradable. Me falta mano izquierda. Le muestro, de nuevo, cómo sí tocar. Hay unos cinco intentos más. // Sin drama.

Quiere alimentar al niño. / Primero: el niño no quiere comer. Más tarde: la bisabuela le está dando de comer; le ayudo a que ponga comida en la cuchara. Un rato después: el niño no quiere comer -otra vez-. // Sin drama.

Quiere pellizcar al niño. / ¡¡No!! La retiro con brusquedad. Me da miedo que vaya a lograrlo. //  Representación de mini drama para desviar la atención: hace como bebé y dice que se ha pegado o algo por el estilo.

Silvia Parque

martes, 24 de octubre de 2017

Ideas sobre hacer lo correcto con los niños

Hace ya meses, creo que fue La Malquerida quien comentó algo, no recuerdo qué exactamente, en el sentido de que con el tiempo se nota si funcionaron o no las estrategias o las maneras que elegimos para tratar con los hijos. Yo respondí que escribiría algo al respecto. Pasó tanto tiempo que se me hace complicado buscar esa entrada y esos comentarios, pero hoy he vuelto a tener esto en mente:

Es fundamental elegir lo que hacemos en función de que sea lo correcto.

Ya sé que definir "lo correcto" da para escribir muchos libros, pero a lo que voy, nada más, es a priorizar lo correcto por encima de lo funcional.

Con los niños, hay que relacionarnos desde el respeto porque es lo correcto. Luego viene lo que podamos pensar que es "con respeto", pero creo que hay que poner como principio que no se vale no respetar.

Pegar a un niño no siempre es una escena grotesca. A veces una nalgada termina con una situación que la mamá cree que es urgente detener y no provoca un trauma psicológico ni nada que ponga en riesgo el desarrollo integral de la criatura. Pero no es correcto pegar a las personas.- los niños son personas.- no es correcto pegar a los niños.

Sí: en la vida hay situaciones en las que podemos vernos en la en necesidad de golpear para defendernos, pero es mejor tratar de evitar esas situaciones y que los golpes sean un último recurso. Así que, supongamos que una madre siente, por ejemplo, que debe defender a su hijo de sí mismo, dándole una palmada que haga de estate quieto o que está desbordada y no quisiera pegar pero algo tiene que hacer y no es capaz de ninguna otra cosa. La madre hará lo que pueda. Funcionará o no. Pensará o no que está haciendo lo correcto. Yo creo que pegar no es correcto. Pero en cualquier caso, deberíamos buscar hacer lo correcto. Si funciona pero no es correcto, se busca otra opción.

Hay ideales que no vamos a alcanzar. Pero también hay límites hacia abajo a los que no nos acercamos. Hay gente que hace cosas como encadenar a sus hijos y latiguearles, pero no imagino a nadie en mi círculo social capaz de algo así: sus límites -nuestros límites- están lejos de eso. Pasa en muchos ámbitos, pero voy a centrarme en el tema:

* No hay posibilidad de que yo insulte a mi hija, llamándole, por ejemplo, "tonta", porque la idea no está en mi mente, nunca se me ocurre que sea tonta, ni de bromita; además, no suelo expresarme de esa manera. En mi familia se tontean. Son maravillosas personas que hacen algo que a mí me parece mal. Son sus modos y lo que se admiten entre ellos. Yo me conduzco diferente. No tengo que controlarme para no hacerlo. No me nace hacerlo.

* Yo grito. Paso buenas temporadas sin gritar. Luego, grito. Implemento estrategias que me ayudan a reaccionar diferente. La última está yendo muy bien. El caso es: ¿si gritar no estuviera en el repertorio de lo posible? No le grito a otras personas, entonces ¿si sacara de mi mente la posibilidad de gritar a B? En este caso no sería como con los insultos porque gritar sí me nace; tendría que poner conscientemente, la línea roja que sacara los gritos de nuestra vida.

* Nunca se me ha ocurrido pegarle. Suelo preguntarme qué haría en situaciones hipotéticas y en ese plano he considerado pegarle, pero así, en un ejercicio de imaginación. Nunca en lo que llamamos "vida real". Nunca he creído que tenga derecho a hacerlo. Y sí me han dado ganas. Sí he tenido que controlarme. Pero nunca se me ha ocurrido darme la oportunidad de ceder a un impulso de pegarle porque hay una línea roja ahí, conceptual, que no puedo pasar. No está fuera de mi mente como los insultos, pero esa línea roja no la puse a mano, como tendría que pasar con los gritos: es un límite que resultó de lo que he estudiado y reflexionado, de una visión sobre la vida y las personas.

Voy a tratar de explicarme:

Creo que algunas cosas no se nos ocurre hacerlas, sea porque son concebidas como verdaderamente inaceptables en nuestra cultura o porque son concebidas como verdaderamente inaceptables en nuestra personal visión del mundo. Otras no las hacemos porque no forman parte de nuestro repertorio; a lo mejor hay cosas peores en nuestro repertorio, pero esas no. Entonces, podríamos reconceptualizar las cosas que sí hacemos y no queremos hacer, podríamos sacarlas de nuestro repertorio, sustituyéndolas por otras.

Silvia Parque

lunes, 23 de octubre de 2017

La menarquia de mi hija

Psicoletra publicó un texto de Ibone Olza que se llama "La primera tienda roja". Trata sobre celebrar la menarquia y menciona la experiencia de la autora con la menarquia de su hija.

Ya he contado que siempre amé mi menstruación. Sigo teniendo una buena relación con ella, pero ya no la relación lujuriosa de hace unos años. El texto de Olza me revivió la sensación de antes.

Bueno: pues con este asunto ocurre que ahora está el significado que tiene en relación con mi hija.

Normalmente, las niñas con Síndrome de Turner necesitan que se les provoque la pubertad suministrándoles hormonas y hasta hace unos meses terminé de ¿asumirlo?

Las primeras veces que B vio mi sangre menstrual sentí que no podía decirle "te pasará cuando seas grande" y me dio pena. Me daba pena cuando ella tomaba mis toallas sanitarias; algo así como por qué yo sí y ella no. No sé por qué lo tomé de esa manera, si por ejemplo, no tengo duda de que será mamá si quiere serlo: confío en que sea de las afortunadas que consiguen embarazarse y parir, pero no creo que la maternidad se trate de eso, así que si quiere ser mamá y no puede embarazarse y parir, lo será de otra forma. Siempre que hablamos de que estuvo en mi panza le digo que lo importante es que estaba en mi corazón. ¿Entonces por qué no decirle "te pasará cuando seas grande" de algo mucho más sencillo de conseguir -con el tratamiento hormonal-? No sé. Pero ya no tengo esa complicación. Tal vez tenía que recuperar mi antigua relación de gozo con mi menstruación, para poder estar bien con el tema de la suya.

Silvia Parque

domingo, 22 de octubre de 2017

Tutoriales

Ya he comentado que en esta casa se oyen continuamente tutoriales de cocina y repostería. De noche, cansada, no encuentro algo más relajante que ver cómo hacer un taburete con botellas de plástico, acaso ver cómo alguien hace galletas con chispas de chocolate, pero voy reservando los videos de repostería para verlos con B. Hace semanas ocupa su tiempo diario de videos con Mis pastelitos o Dacosta's Bakery. Ya no hay Elmo's World ni Monosílabo. A mí me encanta que podamos compartir el gusto y me encanta verla u oírla preparar pasteles. Menciona un montón de detalles de las recetas que ha escuchado. Hace unos días terminó algo que estaba haciendo, no tenía relación con cocinar, pero dijo "nos vemos en el próximo video".

Silvia Parque

sábado, 21 de octubre de 2017

Irme

Como a los once años empecé a fantasear con irme de mi casa. Hacía planes fantásticos. Calculaba cuánto dinero podría reunir y cuánto me duraría. ¿A dónde podría ir? Antes de cumplir quince años, conocí al papá de B y resolví que si me iba de mi casa, simplemente llegaría con él y él se encargaría.

Cuando mi matrimonio se deshizo, pasé unos años fantaseando con irme. Hice largas cartas de despedida. Lloré amargamente cada vez que "ya me iba".

Ahora ya no estoy para fantasías ni puedo llegar con alguien a que se encargue, pero tampoco avanzo realmente en los planes para irme a donde quisiera estar. A veces donde no cabe el drama se llena de vacío. Por eso había drama, porque el vacío es gacho.

Silvia Parque

viernes, 20 de octubre de 2017

Que antes se comunicaban mejor

Estaba escribiendo "El primer hijo y el final de la relación" para Psicogrupo (los invito a pasar por allá a leer), cuando me topé en un artículo con la idea de que antes las parejas se comunicaban mejor. ¿Qué tan "antes" me pregunté? ¿Cuáles parejas y cómo se comunicaban? La idea era más o menos que ahora estamos tan ocupados y entre tanto artefacto, que ya no hablamos como antes. Una especie de ensoñación con un pasado de película.

Imagino a mis abuelos y para nada se comunicaban mejor que mis hermanas con mis cuñados; tampoco se comunicaban mejor de lo que yo me comunicaba con mi ex. Supongamos que mis abuelos no son un buen ejemplo; pero pensemos en una pareja típica mexicana que se casó en los años cuarenta. ¿Hablarían de la satisfacción sexual de la mujer? ¿Tratarían juntos con las dificultades de crianza de los niños? ¿Ella sabría en qué complicaciones de trabajo estaba él y cómo sopesaba sus opciones para resolverlas? ¿En serio se comunicaban "mejor"? ¿Qué es "mejor"? ¿Que no había tele y por tanto no ponían la tele a la hora de las comidas (lo cual me parece excelente)? Eso debió estar bien para verse las caras y conversar, pero a esa estampa hay que añadirle que muchas mujeres no ricas eran absorbidas por el trabajo doméstico el resto del tiempo: nada de sentarme con el niño a preguntarle qué está construyendo, un niño del que era común pensar que debía verse pero no oírse. Vale que estamos hablando de las parejas, pero lo que quiero decir es que hay que "completar la estampa".

Silvia Parque

jueves, 19 de octubre de 2017

Llorar y llorar

La niña llora por esto, lo otro y lo de más allá. Recibo una llamada que me da mucho gusto, pero ella está llorando; ni modo: no puedo hablar. Se lleva un cuadrito de cera a la boca, le digo que no, se le cae y le digo un "mira, ya lo has tirado" que no es amable. Malo terrible: se pone sentimental. Uno es el llanto de "quiero esto, quiero lo de más allá" y otro es el llanto de "estoy triste hasta la médula de mis dos años". Llega el momento de la cama. Encuentra las tetas: algo dice, no recuerdo qué; digo "ya no tienen leche". Acabose. Pena penita pena. Para empezar creo que no es cierto. No pretendía mentirle: el "no tienen leche" me salió del alma. Le ha parecido tan triste que estaba dispuesta a dejar que se prendiera si eso la consolaba; pero no. Tocó un poquito los pezones y estuvo de acuerdo con guardarlas. Antes de dormir hubo algún par de motivos más para llorar.

Silvia Parque

miércoles, 18 de octubre de 2017

Por qué no soy feminista

Esta mañana, mientras respondía en Facebook comentarios a mi entrada anterior: ¿Quiénes acosan y abusan sexualmente de las mujeres?, pensé que alguien que leyera lo que estaba escribiendo podría pensar que soy feminista. Eso me honraría. Como he dicho antes: no lo soy. Ganas tengo, a menudo. Tengo formación en teoría de género, conozco lo elemental sobre el feminismo, estoy a favor de los planteamientos feministas, reconozco y agradezco el trabajo y los logros de las feministas -que por ejemplo, permiten que yo esté escribiendo esto-.

Una vez en clase -en licenciatura-, alguien dijo algo sobre mí: no recuerdo qué; lo que recuerdo es que respondí que yo era muy machista, creo que dije que era la mujer más machista que conocía. Mis compañeras me vieron como dudándolo o sopesando si estaba siendo irónica. Mi amiga del alma, junto a mí, les aseguró: "Sí: es muy machista". Ya pasó más de una década. Mi vida cambió y yo cambié. No soy muy machista: cargo con lo que me toca por haber sido criada en una cultura machista, pero hago conciencia y trato de moverme de ahí. Tal vez tampoco era exactamente "muy machista" en ese entonces; lo que pasa es que nos hacían falta otros marcos conceptuales para entenderme. Quién sabe. Por ilustrar: me sentaba junto a un amigo a calificar a las muchachas por su físico, asociando rasgos a conductas sexuales. Cosifiqué mujeres durante años, pero me parece que mis motivos se aprecian mejor desde otros marcos (por eso no soy feminista -no por haber hecho esas cosas sino porque "me parece que mis motivos..."-).

Pensaba esto cuando en mi muro apareció la siguiente publicación de Katya Galán, compartida por Edgar Mata. Copio y pego porque está en modo público. Yo puse negritas y subrayé.
"Hablando de feminismo, ninguna mujer que no ha se ha sentido agredida por el sistema y/o que no ha hecho conciencia de su valía como ser humano y del respeto que merece, se asume feminista. Son dos requisitos indispensables. 
El feminismo viene de la fuerza interna y de la seguridad de no necesitar de la aprobación ni de los hombres, ni del sistema para ser quien es.
No se trata de estar en contra de los hombres, ni de odiarlos ni de querer acabar con ellos, para que ni empiecen a victimizarse, sino de no necesitar su aprobación, son cosas diferentes.
El tercer requisito, me parece, es no creer en el concepto judeocristiano del perdón. Ese que se otorga como un privilegio más al agresor. Ese que se sustenta, además, en el mismo privilegio que, de inicio, fue causa de la violencia:
"TIENES LA OBLIGACIÓN de perdonar porque es tú padre -a veces tu madre-, tu hermano, tío, jefe, esposo..."
"DEBERÍAS perdonar, hazlo por ti misma, por tu tranquilidad..."
No perdonar, nos convierte automáticamente en culpables y, al agresor, en víctima.
De manera que, además de tolerar abusos, pareciera que la condena es hacerlo con bondad, amor y alegría "¿Qué clase de loca desadaptada y sin corazón podría no entender algo así?"
Creo que esta clase absurda de perdón es uno de los pilares del patriarcado, un pilar tan poderoso como la violencia institucionalizada, pues en él descansa la sumisión de las víctimas, lo que le permite se funcional como sistema".
Estoy de acuerdo. Solamente no comparto el concepto del perdón. Podría pensarse que cuando dice "ese que se sustenta..." está dando cabida a la existencia de ese y de otro. Pero me parece que usa "ese" para realzar la expresión, no porque crea que hay otros perdones. Decía pues que no comparto su concepto; pero sí sé que el perdón -al menos en nuestra cultura- es un perdón judeocristiano, que suele tomarse como obligación y que ha sido un pilar del patriarcado -como ella señala-.


A lo que voy:

No soy feminista porque el feminismo no es nada más conocimiento, es un movimiento: asumirse feminista es hacer un compromiso con dicho movimiento: un compromiso que no hago. Ese movimiento implica estar en lucha o resistencia, de una manera u otra, por una vía u otra -obviamente no "contra los hombres"- y no estoy dispuesta. Yo libro batallas y opongo resistencia a la violencia patriarcal por decencia, por sobrevivir, básicamente porque no queda de otra; pero no me comprometo con el movimiento. No podría no comprometerme con mi hija y con las hijas de las demás, no pueden no importarme las otras mujeres; pero eso no es lo mismo que comprometerse con el movimiento. Creo. Lo que digo no es algo que esté super pensado y concluido de una vez para siempre. La publicación de Katya me animó a escribirlo porque sus puntualizaciones me facilitan la exposición: para acabar pronto: no cumplo esos requisitos ni de lejos.

Sobre el primero y el segundo.- Hace falta apenas un poco de conciencia para que una mujer se sienta agredida por el sistema. Sé que he sido agredida por el sistema. Pero, ¿conciencia de mi valía como ser humano y del respeto que merezco? Obviamente diré que soy valiosa y merezco respeto; pero "conocer" algo no es haberlo asumido: no es haberlo interiorizado y vivirlo con naturalidad. Soy mujer. Soy madre. Soy talentosa para esto y aquello. Eso lo tengo interiorizado y lo vivo con naturalidad. ¿Que soy valiosa como ser humano, solita, sin hombre enseguida? ¿Igual de valiosa con y sin el hombre que me sujetaba? Claro que la respuesta correcta. De ahí a que pueda vivirla, hay un trecho. Y vivir cabalmente lo que es saberse digna de respeto está ligado con lo anterior.

Sé que a cualquier feminista le "falta" algo de un lado o del otro. Pero hay un punto en el que puedes decir que cumples con los requisitos (de los que habla Katya). Yo no puedo decirlo.

Además: creo en el concepto judeocristiano del perdón. Tal vez hay un feminismo en el que esto no tenga importancia, pero tal como yo entiendo al feminismo, sí que la tiene. Hay feministas creyentes: católicas, musulmanas, etc.; la fe no es incompatible con el feminismo; pero hay ejes del pensamiento que tienen que romperse para dar prioridad al feminismo como modo de vida: así es como entiendo el compromiso con el movimiento. Ese que digo que yo no hago.

Por último, lo que Katya habla sobre "el origen" del feminismo.- Fuerza interna no me falta. Pero yo la seguridad que tengo es de sí necesitar a los hombres para ser quien soy. De nuevo: sé la "respuesta correcta". Lo que quiero decir es que yo vivo esa necesidad. No estoy hablando de la obvia interdependecia: de que el mundo funciona con hombres y mujeres. No. Estoy hablando desde el contexto de la publicación. Yo he sido y soy dependiente de la mirada masculina. He sido esa mujer "amiga de los hombres*". Ya dice el video que todas lo hemos sido alguna vez, pero yo sí me instalé ahí muy a gusto y aunque estoy en proceso de moverme, a veces no me queda tan claro... Un pasito para adelante, medio pasito para atrás; dos adelante...

Silvia Parque

Resulta que tenía otra entrada con el mismo título: AQUÍ

martes, 17 de octubre de 2017

¿Quiénes acosan y abusan sexualmente de las mujeres?

Hace días he visto más de dos mensajes alrededor de esta idea:

Si tantas -tantísimas- mujeres hemos sido acosadas o agredidas sexualmente al menos alguna vez, 
¿cómo es que todos los hombres que nos rodean son inocentes? 

Hace años que se sabe que el acosador y el abusador sexual son tipos que se ven como cualquiera porque son cualquiera. ¡Pero no los que conocemos! No son nuestros primos, nuestros amigos, nuestros compañeros de trabajo. Es decir: suponemos que no son. Porque los queremos. Porque no queremos complicarnos. Y yo creo que se vale querer a la gente y no querer complicarse, pero también creo que urge cambiar las cosas. Así que, por mero cálculo estadístico: sí: también son ellos; es decir, pueden ser ellos: hay una elevada probabilidad de que lo sean.

¿Y luego?

Podemos empezar por dar las muestras de oposición y resistencia de las que seamos capaces en contra de la cultura machista que justifica y condona el acoso y el abuso. Personalmente soy capaz de poco; pero la práctica envalentona. Con mi familia, apenas puedo retirarme de donde se está hablando bajo esos discursos patriarcales sostenidos por estructuras de violencia. Es lo que puedo, pero creo que hacerlo cada vez, al menos abre un espacio de cambio en la educación de mi hija; también me pone a pensar en formas inteligentes de poner un granito de arena del otro lado, en la construcción de otro mundo. La vía de la educación es más lo mío.

No quiero defender a los hombres que acosan y abusan porque colusión social no les falta. Pero sí creo que muchos, todavía en el 2017, no pueden, de verdad no pueden entender de qué estamos hablando. Han sido educados para pensar las cosas de otra manera. Me gustan mucho las "guías" para entender qué es la violación que usan ejemplos tipo manzanitas porque puede parecer ironía, pero de verdad hay quien necesita que le expliquen con manzanitas. Hace veinte años, a toda una generación de adultos le parecía escandalosamente ridículo considerar que podía haber violación entre un hombre y su esposa: crecieron asumiendo que el "débito conyugal" permitía al hombre disponer del cuerpo de la mujer que era su mujer. Pues así: hay muchachos ahora a los que les han preparado para "la conquista" y teniendo el doce de octubre tan cerca, tenemos fresco cómo se porta un conquistador. Así que podemos dar todos los mensajes posibles, de todas las maneras posibles, a los niños y jóvenes a nuestro alrededor, para que entiendan que deben respetar a las personas, que las mujeres son personas, que el respeto incluye no entrar en un espacio al que no has sido invitado, etc.

Silvia Parque

lunes, 16 de octubre de 2017

El mundo de los demás

He creído que no estoy hecha para el mundo en el que viven los demás, el que se conoce como "mundo real". Cuando era niña solía hacerme un ovillo, cubrirme toda con una cobija e imaginar historias catastróficas. En verano lo hacía sin cubrirme. Tuve una temporada en la que tarde tras tarde imaginaba que un hombre me metía en una bolsa negra y me llevaba -casi nunca llegábamos a donde él iba-. Casarme fue un pase maravilloso a toda la fantasía de la que era capaz. Mientras funcionó, mi matrimonio fue más arropador que ninguna cobija y me permitió cumplir el anhelo de vivir en un mundo particular, privado, sostenido por el deseo y el goce. Luego... lo que pasó luego.

Cuando me volví loca también me hacía un ovillo y me cubría toda, pero no imaginando historias sino pensando en querer morir o tratando de sobrevivir; quería mucho estar muerta una semana, unos meses, al menos dos días, porque en realidad lo que quería era dejar de sentir lo que estaba sintiendo. Por esa época también solía pasar en la cama todo el tiempo que pudiera, fantaseando otra vida. Inventé a Felipe para darme gusto con un príncipe azul. Cuando le hice un correo electrónico para hacerle un perfil de Facebook, juzgué que la cosa había ido muy lejos y lo dejé.

La maternidad trajo mucha materialidad a mi vida, pero sigo sintiéndome extraña, muchas veces, en el mundo de los demás; a veces me siento incapaz, pero le doy vuelta a la idea. Para mí es difícil hacer un trámite o mantener la casa limpia; no se diga tratar de armar una "economía adulta". Sé que es difícil para muchos, pero cuando los oigo y los veo, su dificultad se debe a malos hábitos, a falta de habilidad o límites cognitivos. Yo puedo tener algo de eso, pero mi dificultad está en otro orden: en uno de la dimensión desconocida que me hace ser quien soy y venir a escribirlo.

Silvia Parque

domingo, 15 de octubre de 2017

Toño

He tenido unos días muy pesados, con algunas dificultades de esas que no son un problema grave pero que en montón hacen que una quiera vacaciones urgentes. Sobre todo, he estado cansada. Mi cuerpo se puso en huelga y no me dejó trabajar varias noches: me quedé dormida junto a B.

En medio de todo, pasan cosas buenas y tengo buenos momentos: buenos muy buenos. Así pasó que ayer fui al cajero con B en la carriola y Toño nos abrió la puerta. Toño es un niño al que no conozco, excepto por nuestro encuentro de ayer. Su mamá lo nombró cuando yo empezaba a decir "¿De verdad estás intentando hacer eso?" y ella notó que él no estaba en su radio próximo. La puerta es pesada: tuvo que apalancar con todo su cuerpo para abrirla. La criatura tendrá cinco o seis años; su gran sonrisa de satisfacción se puso todavía más linda cuando le agradecí y le dije lo amable que era.

Silvia Parque

viernes, 13 de octubre de 2017

¿Por qué seguir viviendo?

Pasan muchas cosas horribles a mi alrededor, cercano y lejano. Matan a la gente, les quitan las posibilidades; ya se sabe. Las noticias son como para enfermar. En relación con esto, hace unos meses concluí algo que tal vez es una verdad de perogrullo, pero fue importante para mí.

Me parecía terrible seguir viviendo, estar bien, ser feliz, frente a tanta miseria, imposibilidad y crimen. Nunca me planteé no seguir viviendo; pero me parecía impresionantemente injusto andar por ahí tan fresca cuando a unos kilómetros la vida se le había venido abajo a una familia, otros tantos sufrían y demás. Incluso cuando alguna persona moría por causas naturales en condiciones digamos aceptables, me parecía más que triste volver a la vida normal, con lo que tiene de risa y gusto. Sigue pareciéndome que lo terrible de la muerte es eso: que el mundo sigue girando. Lo había leído por ahí: lo malo no es morir sino que los demás sigan vivos.

Así que, como digo, me parecía injusto que después de indignarme y lamentar la desaparición forzada o la muerte de alguien, yo pudiera estar tan campante. Concluí que sí, es injusto, pero estaba viéndolo del lado equivocado: lo injusto es que ellos no puedan estar tan campantes. Independientemente de cómo me corresponda contribuir a que este sea un mundo más habitable, encontré que estar bien tiene sentido porque es justo eso lo que querría para esas personas, para lo que se desea que vuelvan a casa, que vivan. Ahí encontré el sentido.

Es como descubrir el agua tibia, pero para mí fue una revelación que cambió el modo en que proceso lo que pasa.

Silvia Parque