miércoles, 29 de noviembre de 2017

Así me conozco

Tengo lentes nuevos y mucho trabajo. La casa está sucia y desordenada. También tengo una rotura nueva: he deseado el mal por segunda vez en mi vida, por primera vez sin espantarme.

B me dijo hoy que soy una madrastra y que no la quiero. Tiene el jueguito de decir que no la quiero o que no la amo, para que yo le diga que claro que la quiero, que claro que la amo, todo con escándalo y aspavientos. Hoy lo ha combinado con la historia de Cenicienta, porque sabe que soy maestra y sigue sin diferenciar "madrastra" y "maestra". Así que como la madrastra no quería a Cenicienta, ha dicho que yo no la quiero. Lo dice riendo. Hace días también me dice "no estás" cuando quiere desaparecerme. Desde ayer dice "no eres igual", que todavía no entiendo qué significa, pero seguro es otra profunda cuestión existencial.

Así me conozco, por las personas que hicieron posibles mis lentes nuevos, por mi aferrarme a trabajar en lo que me gusta, por el grado en que la casa puede ser un caos, por mi niña y por lo que muero.

Silvia Parque

miércoles, 22 de noviembre de 2017

Lentes sin una mica

Después de mucho tiempo con cinta adhesiva en el armazón de mis lentes, por fin fui a una óptica el domingo, donde los arreglaron en la medida de lo posible: estaban demasiado chuecos; me advirtieron que el arreglo no duraría mucho y me sugirieron comprar otros. Hoy B los tomó de nuevo y unos segundos después se cayó la mica izquierda. He buscado por toda el área donde sucedió el percance y nada: es difícil buscar algo transparente sin los lentes puestos. Mañana haré limpieza general, a ver si salen. Ya tengo irritados lo ojos.

Silvia Parque

lunes, 20 de noviembre de 2017

Quisiera dormir mucho


La gente que de verdad no duerme durante días, se pone mal. Ya es malo dormir menos de lo que se requiere.

Yo quisiera dormir mucho. Días. Mi mamá duerme poco, pero al parecer no heredé esa "tendencia". Tal vez debo agradecer a sus genes que de cualquier manera, consigo permanecer despierta más o menos lo necesario para poder hacer al menos lo necesario.

Silvia Parque

viernes, 17 de noviembre de 2017

Puedes dejarle y quererle

Lo normal y sano es relacionarnos con las personas porque nos hace bien o nos conviene. Si no nos hace bien ni nos conviene habría que pensarlo; pero si nos hace mal o nos resulta inconveniente, lo normal y sano es dejar la relación. A veces no se puede, como cuando alguien necesita seguir en un trabajo donde hay un jefe nefasto. Pero si se puede, hay que terminar con las relaciones dañinas.

Creo que es fácil estar de acuerdo con lo anterior. El problema está en que no somos robots que hacen lo que corresponde a una conclusión racional; nos implicamos con las personas de maneras complejas y oscuras y es difícil dejar las relaciones que forjamos con quienes nos hemos vinculado. Los vínculos se forman en el ser: en lo que uno es. Pero tengo una idea al menos para una de las cuestiones que dificultan esta liberación:

En algunos casos, quien no se puede ir se atrapa con el amor; "es que lo(a) quiero mucho", dice la persona, como si debiera no querer. La buena noticia es que puede seguir queriendo. Puedes amar a alguien con quien decides no estar. Puedes agradecer por su vida, por lo bueno que hubo, orar por la persona, hacer lo que puedas a su favor desde la distancia y sobre todo: puedes sentir con confianza lo que sea que sientas. Y ponerte a salvo.

Vale para amigos, parejas, mamás, papás, quien sea.

Silvia Parque

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Yo veo sexo

Dicen que la belleza está en los ojos de quien mira. Así pasa con otras cualidades, también... 

Puse ESTE video por la canción de la risa de las vocales, a la que ya le pongo "pero" porque eso de que el rey cuente chistes de color no me parece apropiado, pero bueno. Sigue una canción de una ranita y luego la de los enanos hambrientos que quieren que se quede la princesa a vivir con ellos. Desde su hambre, empiezo a pensar en cosas adultas; pero luego sueltan que "será reina en nuestra mesa y tesoro en nuestras manos". ¿En nuestras manos? ¿Soy yo la única a la que eso le parece una alusión clasificación C? 

Si es que ya esas miradas, esos lentes oscuros bajo techo y ese baile desaforado...

Silvia Parque

martes, 14 de noviembre de 2017

Quiero ir

Hace años, un amigo me puso El Cascanueces y me prestó el libro de Hoffman con el cuento. Soy poco musical, pero Chaikovski es Chaikovski: me dejó muy emocionada. Además, amé a Hoffman. Desde entonces he querido ver el ballet. Casi cada año me ilusiono con ir a alguna de las funciones que suelen ofrecerse en diciembre, pero no lo he conseguido.

Aquel libro de cuentos era de Porrúa, de la colección Sepan Cuantos. En mi casa, cuando era niña, había al menos uno más de esos: Don Juan Tenorio y El puñal del godo, un 2 x1. 

Leí Don Juan Tenorio decenas de veces, desde que no tenía edad para entender. Me gustaba leerlo en voz alta, me deleitaba con las palabras. Siempre he querido verlo representado, pero eso está más difícil que El Cascanueces porque todas las obras de Don Juan que he visto anunciadas desde que puedo ir al teatro por mi cuenta, son comedia.

Silvia Parque

lunes, 13 de noviembre de 2017

"Veo gente muerta"

Los niños necesitan concebir a sus papás -o a sus cuidadores principales- como completamente confiables y para eso se hacen una imagen impoluta de ellos. Los papás son la medida de las cosas, así que como sean, están bien para el niño pequeño: esto es parte de la tragedia del maltrato infantil.

Los adolescentes necesitan descubrir la imperfección de los papás -o cuidadores principales-, sus errores, su maldad, sus límites. Crecer implica lidiar con la decepción de que esas personas reales están tan lejos del ideal como cualesquiera. Normalmente, empezamos a estar bien con esto cuando descubrimos que también nosotros cometemos errores, obramos mal y tenemos límites que nos constriñen. No estoy hablando del entendimiento racional de la falibilidad humana: un niño sabe que se puede equivocar. Los niños también pueden reconocer cuando han actuado de "mala fe". Pero es hasta que empieza la juventud que pasamos por la necesaria decepción de nosotros mismos, que nos lleva a vernos realmente como somos (no estoy segura de que se pueda generalizar, pero creo que pasa más o menos en ese momento). De adolescentes vamos por la vida con la frente muy en alto, podemos juzgar duramente y tener la certeza de que jamás vamos a hacer eso que no va con lo que somos.

Un día, descubrimos que no hay "bueno" y "malo" en continentes separados. Que todos tenemos "un lado bueno" y "un lado malo" pero que no son dos caras de la misma moneda sino que... las cosas, las personas, las situaciones son complejas: también nosotros mismos. Se termina la inocencia.

A mí me ha estado pasando últimamente una segunda vuelta de este proceso. Me siento como en la película de "Sexto sentido" cuando el personaje de Bruce Willis descubre que está muerto y es un fantasma.

Silvia Parque

viernes, 10 de noviembre de 2017

Cosas baratas buenas y malas

Acabo de masajear mis pies con crema Real [ESTA es], que es de lo más barato que hay. Me gusta mucho. También suelo usar crema bloqueadora del Doctor Simi, que me ha funcionado bien.

Hay cosas muy baratas que son buenas. Por ejemplo, la crema de cacahuate que preparan en el supermercado. Antes compraba de las que tienen marca, que son caras y no me gustan -las compraba para mi niña-; pero le di una oportunidad a la del supermercado y zaz que esa sí me gusta (creo que es porque no le agregan azúcar).

Entre las cosas baratas que me parecen malísimas están la pasta de dientes, el shampoo y los rastrillos. Lo peor es un rastrillo sin ergonomía, con la navaja sin filo y que se oxida de inmediato.

Silvia Parque


jueves, 9 de noviembre de 2017

Truco

La relación de B con su lengua está yendo demasiado lejos. Empezó hace un par de meses, sacándola y poniendo saliva con el dedo en diferentes lugares. Ahora se la pasa metiéndose las manos a la boca y tengo que estar bien pendiente de que no ponga la lengua en los peores lugares del mundo para poner una lengua.

Hace rato, ya en la cama lista para dormir, puse mi cara frente a su cara y le dije con el tono más decidido que he usado jamás: "A partir de mañana, cuando despiertes, tus manos van a estar lejos de tu boca y tu boca va a guardar tu lengua". Épico. No hostil, sino grave; no amable pero sí "suave": suave y penetrante como la voz de un hipnotizador; más profundo que eso: como un amo al que el universo se le somete porque es él.

Me puso toda la atención del mundo y dijo: "A partir de mañana, cuando despierte de la recámara..." Yo ya estaba festejando.

"A partir de mañana, cuando despierte de la recámara, donde descanso..." Era un momento intenso.

"A partir de mañana, cuando despierte..." "A partir de mañana..." Empezó a preocuparme que repitiera tanto; siempre repite, pero tal vez estaba demasiado impresionada; quería impresionarla, pero con los niños el equilibrio es tan delicado...

"A partir de mañana, cuando despierte, las manos van a guardar la lengua".

Pues nada.

Silvia Parque

martes, 7 de noviembre de 2017

Mi hija me enseña a no gritar

Hoy tuve uno de esos momentos épicos con B.

Pidió la canción del monstruo, que es ESTA.

Fui a ponerla, pero ya que estaba aquí sentada -en la computadora-, aproveché para ver algo en Facebook. Entonces, volteé y la vi arriba de la barrita de la cocina. Fui para allá. Todo nuestro coco estaba en el piso y había rayado la superficie de la barra con marcador permanente. Me puse como ogra y le grité. Le dije unas cuatro veces que tiró el coco, tiró el coco, tiró el coco... rayó la mesa, rayó la mesa... Y estaba yo en mi berrinche cuando me pregunta con verdadero interés, con buen tono, educadamente: "¿por qué te enojaste?"

No sirve gritar a los niños. Yo no lo hago porque crea que sirva; yo creo que es violento y que no hay que hacerlo; pero con estas cosas recuerdo una vez que me dijeron que a veces hacía falta gritarles. Claro que no. Entre más crece, más me resulta evidente que a ella no le "hace falta", ni le ayuda a aprender, ni nada bueno.

Silvia Parque

lunes, 6 de noviembre de 2017

Decisiones a partir del sentido

Fui a vivir a Querétaro para cursar la Maestría. Se suponía que no trabajaría. Pasé un primer mes maravilloso, dedicándome a conocer el centro de la ciudad y a leer, pensar, escribir. No duró mucho ese estado ideal; se fue haciendo evidente que necesitaría trabajar y aunque resistí lo que pude, terminé buscando empleo. Fue el peor empleo de mi vida. A lo mejor porque por primera vez me planteaba trabajar por necesidad: eso no se hizo para mí -de verdad, eso siempre ha terminado mal-. Ahora, además, puedo asociar ese empleo con personas cuya presencia en mi vida terminó siendo nefasta. El caso es que me fui, conseguí algo que tenía mucho más que ver conmigo y posteriormente, no mucho después, conseguí lo que quería y viví satisfecha.

Pero quiero hablar de un momento importante en ese primer empleo queretano:

El momento más importante, sin duda, fue el de mi renuncia. Aprendí algo significativo: hay relaciones en las que no solamente no vas a estar de acuerdo con la otra persona, sino que va a haber enfrentamiento y el modo digno de actuar puede implicar que el otro se quede a disgusto. Antes de eso, yo trataba de dejar las relaciones en buenos términos.Ya no necesariamente: aprendí que a veces lo justo es quedar en malos términos. Pero no es de ese momento final (importante) del que quiero hablar, sino de otro. Por el tiempo de camino entre mi casa y el lugar de trabajo, por mi modo de implicarme y por la naturaleza misma del trabajo, terminaba agotada y empecé a dejar inconclusas las lecturas de la Maestría. Era frustrante. Entonces pensé: si trabajo para mantenerme de modo que pueda hacer esto que quiero y el trabajo no me va a permitir hacer esto que quiero, no tiene sentido. Anuncié mi renuncia -al trabajo-, pero me hicieron una propuesta que me convino: iría menos días, durante menos horas y tendría menos obligaciones. Obviamente, ganaría menos dinero. Pero podría leer lo que necesitaba y todo tendría sentido.

Y sí: todo tuvo sentido. Fue difícil reducir los ingresos, pero de no haberlo hecho, tal vez no habría buscado algo mejor que me llevó después a encontrar algo perfecto para mí. 

Silvia Parque

domingo, 5 de noviembre de 2017

DIY el domingo por la noche

Toca llevar mañana a la escuelita una lata de leche evaporada personalizada para guardar los colores, o sea, un recipiente para lápices modo infantil. Suerte que algo dijo el papá de B mientras hablábamos por teléfono y me acordé. Tendré que arreglármelas con lo que haya a la mano porque solo compré la lata.

Amo hacer esas cosas. Amo más hacerlas para ella. Hasta ahora mi mayor éxito ha sido una estufa a la que ya hay que hacerle algunas reparaciones, pero con la que ha jugado mucho. Alguna vez pensé dedicarme a hacer material didáctico. Cuando sea rica, tendré un taller en casa.

Silvia Parque

sábado, 4 de noviembre de 2017

Algo grande

Hoy ha ocurrido algo que marca un antes y un después en esta casa: algo verdaderamente grande.

Vi un capítulo de Dr.House.

Hace años vi la serie completa, supongo que al menos la he visto un par de veces: eso no es novedad.

La novedad: lo increíble es que la vi en la tarde, con B despierta.

No me sentaba a ver algo por la tarde, desde que nos vinimos de Querétaro, en abril. Allá, a veces podía ver algo mientras su papá la cuidaba. Aquí, pues no. "Mis cosas" se ubican en la noche, con ella dormida.

Pero hoy lo he hecho. Ella jugaba con masa moldeable y yo veía Dr. House. Detuve el capítulo varias veces para atenderla, pero eso no es nada. Ella hablaba en volumen muy alto, pero me puse audífonos. Los audífonos no me aíslan: sigo oyéndola. De hecho, pasé un ratito contemplándola en su asunto, al fin que el capítulo no es una peli de Fritz Lang.

Me siento como si hubiera ido de vacaciones.

Silvia Parque

jueves, 2 de noviembre de 2017

Pérdidas

Estoy sombría. Y está bien. Me siento llena de fuerza. No quedó de otra porque encargada de una niña, no puedo meterme bajo la cobija a llorar y fingir que estoy muerta. Así que me siento fatal, pero bien: leyendo como hace mucho no leía, pensando, con ganas de crear, a gusto con mi cuerpo después de una temporada de no estarlo, enamorada de mi hija.

Creo que estoy en la parte álgida de varios duelos.

Hace unas semanas perdí la carpeta de fotos del 2016: fotos de la niña. Solo tenía respaldado hasta marzo.

He pensado en las pérdidas hoy.

Tuve una perra que se alegraba al verme llegar a la casa. No sentía que a otro ser vivo en la casa le diera gusto verme. Tuvo que irse porque no me hacía cargo de ella como debía. Mis tortugas murieron porque dejé de cuidarlas cuando nació B. Las quise mucho, pero obviamente no lo suficiente

Me deshice de muebles, objetos y un coche, cuando me fui a Querétaro. No importaba. Lo importante era que nos teníamos a nosotros :D :D :D :D LA RISA LOCA. Nos teníamos a nosotros, que era lo importante.

Y teníamos libros. En eso gastábamos nuestro dinero. Cuando vine por ellos, ya no estaban. Luego perdí más y más cosas, pero ya no me importaron. Esos libros eran lo que teníamos. Tal vez perderlos fue una señal. Perdí mi anillo de matrimonio en la taza del baño: eso sí debió ser una señal.

Antes perdía las llaves, perdía dinero -señal de que había dinero qué perder-.

No hago bien eso de ganar dinero. O no lo he hecho bien hasta ahora: perder todo es ganar un mundo de posibilidades: como ir a vivir a otro planeta. Como ser otra persona; por ejemplo, una misma.

Silvia Parque

miércoles, 1 de noviembre de 2017

El teléfono y mi relación conmigo misma

Cada vez más seguido, quienes hablan conmigo por teléfono me dicen que no me oyen: me oyen mal o de plano no oyen. A veces me muevo de lugar y la cosa mejora, a veces he tenido que colgar porque no tiene caso seguir con el intento de conversación. Para mí que entiendo las relaciones con las cosas como reflejo de mi "condición personal", esto es de analizarse.

Hace rato estaba hablando y se cortó la llamada. La persona me advirtió que su batería estaba por agotarse: lo más probable es que haya sido eso. Como pasa lo que pasa con mi teléfono, me queda la duda (sería el suyo, sería el mío). En cualquier caso, me lo he tomado como algo personal: no de parte de mi interlocutor, para nada, sino de parte de los teléfonos: de los aparatos, las compañías, las vibras de comunicación o el demonio. Tengo semanas sintiéndome abrumadoramente sola. Si me preguntan cómo estoy, respondo que bien y no es mentira. Nada más, por las noches -y a veces es de noche en cualquier momento- me pesa el vacío. Entonces tengo esta llamada, un gesto me hace sentir compañía y se corta: ahí se corta.

Pues que sepa el bloque opositor que me quedo con lo que me conviene. 

Silvia Parque