martes, 31 de octubre de 2017

El testamento del Dr. Mabuse

Decía ACÁ que tenía ganas de ver una buena película. Antier fue la gran noche. Tan genial, que hoy quería ver una película de terror a propósito de que es noche de Halloween y pensé que podría quedarme sin ver nada en homenaje a la película de antier; algo así como: "¿qué más puede querer ver una?"

Fue El testamento del Dr. Mabuse, de Fritz Lang. Una obra de arte, creo yo. Me enganché en la historia desde las primeras tomas y experimenté una especie de desazón que fue creciendo a medida que se acercaba el final y se quedó cuando la peli ya había terminado.

De Fritz Lang había visto "Metrópolis" y "M,el vampiro de Düsseldorf". Metrópolis también me pareció una obra de arte, pero disfruté más la de M, que me puso nerviosa.

Se nota cómo las creaciones de Lang son fuente de inspiración. Siempre me maravilla ver eso: de dónde ha salido algo que luego es muy usado y se vuelve, digamos, "elemento cultural".

Silvia Parque

lunes, 30 de octubre de 2017

Como todas las mañanas

Hace unas semanas volví a ver a Berto Romero. Casi cada noche me río con él. Hoy, luego de ver un video de su consultorio, de algún modo me apareció "Como todas las mañanas", un falso documental que él estaba anunciando AQUÍ, en el 2012. Me queda claro que no es humor para todo el mundo: para mí, sí. Va a tener que quedarse a la mitad porque muero de sueño, pero qué buena suerte encontrarlo.

Silvia Parque

domingo, 29 de octubre de 2017

Frío

He tenido frío estas noches. Sentí frío algunas de las mañanas de este mes, pero hoy tuve frío casi todo el día. Debe ser que estuvo realmente fresco porque B aceptó andar con suéter y calcetines unas horas, aunque sin pantalón (ayer anduvo parte de la tarde en traje de baño).

En otras noticias, me duele una sección de la garganta: abajo, como a la mitad del cuello. [He ido a ver si eso sigue siendo la garganta.]

Hay que aislar la ventana de la recámara con plástico. Así es por acá.

A ver cómo nos va en este primer invierno de regreso en el rancho grande; sobre todo a B, que se enfermó cada vez que vinimos de visita...

Quisiera que no fueran muchos inviernos aquí.

Llevo más de un frío encima.

Silvia Parque

sábado, 28 de octubre de 2017

Mamá cantante

Cuando B era bebé, yo cantaba casi todo el tiempo -cuando estábamos solo ella y yo-, describiendo lo que estaba pasando. Ahora el musical se activa cuando la cosa se pone tensa: canto lo que pasa y cómo me siento y me cambia la perspectiva. También tenemos canciones para actividades específicas que le molestan. Y están las canciones sin más objetivo que el de cantar.

Me complace declarar que soy una estrella para mi hija. Al parecer, ya se ha convencido de que nuestras canciones no van a aparecer en videos de Youtube porque ha dejado de pedir que las ponga en la computadora. Pero le encantan mis creaciones. Es una pena que la mayor parte de las veces, las olvido. Hay una sobre un dinosaurio de la que ella recordó el estribillo durante meses, pero yo no recordé nada horas después de que la estrenamos. El éxito del momento: "Tengo frío" le provoca una risa deliciosa, acompañada de "otro tengo frío, otro tengo frío" -o sea: otra vez "tengo frío". Y yo me siento en las nubes.

Silvia Parque

viernes, 27 de octubre de 2017

La independencia

He estado pensando en esto todo el día. De la cuestión política de España o de Cataluña comprendo muy poco como para opinar sobre su situación, así que esta no es una opinión sobre la situación-real-específica en la que seguramente hay factores de los que no tengo idea. Esto es un comentario en relación con el significado y sentido de "la independencia": nada más.

¿Cómo puede criticarse una declaración de independencia por unilateral y en la misma lógica, por ilegal o por no tomar en cuenta el parecer de la población de la entidad de la que se declara la independencia?

Las declaraciones de independencia son unilaterales. Puede haber una declaración conjunta: ambos declaran; puede haber una declaración en la que se hayan pactado condiciones; pero, ¿cómo puede necesitarse aprobación, permiso o siquiera acuerdo de la entidad de la que se declara independencia? La independencia rompe con la relación en la que se requiere aprobación, permiso o acuerdo. Tiene mucho sentido que rompa la ley. Y si se busca independencia será porque se quiere autodeterminación, por lo que estaría fuera de lógica consultar o considerar el parecer de "los otros".

Silvia Parque

¿A qué tienes derecho cuando...

He leído unas cosas que digo yo: "es bueno tener fresco que hay millones de personas pensando bien diferente a una"; pero a veces de verdad no entiendo cómo gente bien joven sigue creyendo que gana el derecho a algún tipo de actividad sexual después de que hizo algo para cortejar

Voy a hacer un ejercicio desde mi caso particular, que puede generalizarse, creo:

Si me invitas a desayunar / comer / cenar y acepto: desayunaremos, comeremos o cenaremos juntos, hasta el momento en que yo quiera dejar de hacerlo. ¡Vaya! Que si de pronto se me va el hambre o me quiero ir, pues dejo de comer o me voy. No es que tengas derecho a estar ahí conmigo: es que puedes hacerlo porque te dejo y no puedes hacer conmigo nada que yo no quiera, ni en ese momento ni después.

Si me invitas al teatro, al cine, a una exposición o cosa por el estilo y acepto: podemos ir y hacer de público juntos, hasta el momento en que yo decida, por la razón que sea, que quiero irme. Lo normal no será que estemos muy a gusto y yo diga "me voy" en medio de una película; pero si así fuera, pues me voy. No es que tengas derecho a estar ahí conmigo: es que puedes hacerlo porque te dejo y no puedes hacer conmigo nada que yo no quiera, ni en ese momento ni después.

Si me invitas un café o una copa, en tu casa o en un lugar público y acepto... Ya se entiende la idea, ¿no? Hay que añadir que si luego de la cena o del teatro o de la copa, quiero algo más contigo y acepto una propuesta tuya o te hago una propuesta que aceptas, pero después me arrepiento: pues ya no se arma.

Si tenemos sexo una vez o una temporada, aplica lo mismo. No estás teniendo derecho a tener sexo conmigo en el momento en que "lo hacemos"; estás teniendo sexo conmigo porque te dejo y nada más. Si no quiero que me beses la oreja izquierda -mera ilustración- o si no quiero quitarme los calcetines -basado en hechos reales- pues no me besas la oreja izquierda ni me quito los calcetines. Y si nunca más quiero tener sexo contigo, no hay nada en el pasado a lo que puedas apelar como si tuvieras algún "derecho" a obtener un "sí" de mi parte cuando no quiero decir "sí".

Todo esto está muy dicho, pero se ve que hay que seguir diciéndolo.

Silvia Parque

jueves, 26 de octubre de 2017

Capacidad

Trabajo de manera que paso una o dos noches durmiendo poco, dos o tres noches durmiendo muy poco; dos o tres mañanas trabajo a tope las tres horas que B va a la estancia; alguna tarde también toca trabajar. Así que tengo algunas mañanas y algunas noches "relajadas"; además, normalmente, después de entregar algo tengo libre el día siguiente... o dos o tres días siguientes. Se supone que en esos momento leeré y escribiré "mis cosas". El problema es que últimamente estoy muy cansada. Puedo estar despierta, pero no pensar.

Silvia Parque

miércoles, 25 de octubre de 2017

Notas de campo: límites estando de visita

Hemos pasado la tarde en casa de la bisabuela. Acá las notas sobre lo que no dejo hacer a B y el nivel de drama generado.

Quiere llevar su plato a la sala y comer en el sillón. / Normalmente, no; con un plato de lentejas: menos. Quiere ir para allá porque mi tía terminó de comer, se levantó y allá está. Mi tía regresa para que la niña quiera quedarse en el comedor. // Sin drama.

Quiere quitarse el pantalón. / Nada más en la casa donde duerme; en las otras casas, no. // Indicios de drama que se disipan.

Quiere comer galletas. / Bueno: una. Vale, que ya desde que es "una" sabemos que serán tres. Duro y dale consigue otra. Más al rato, otra más. Es lo que tiene estar en casa de la bisabuela: en casa no hay galletas que querer: no de las que mamá restringe. Porque no le faltan esos gustos: hicimos galletas el lunes y el martes, pero no me gusta que coma las "industriales"; lo evito lo posible: sé que se le antoja y que no se acaba el mundo, así que estiro y estiro, pero al final hay un "no más". // Drama.

Quiere tocar al niño. / Así no tocamos a las personas. La retiro. A la segunda vez, mi tono no es agradable. Me falta mano izquierda. Le muestro, de nuevo, cómo sí tocar. Hay unos cinco intentos más. // Sin drama.

Quiere alimentar al niño. / Primero: el niño no quiere comer. Más tarde: la bisabuela le está dando de comer; le ayudo a que ponga comida en la cuchara. Un rato después: el niño no quiere comer -otra vez-. // Sin drama.

Quiere pellizcar al niño. / ¡¡No!! La retiro con brusquedad. Me da miedo que vaya a lograrlo. //  Representación de mini drama para desviar la atención: hace como bebé y dice que se ha pegado o algo por el estilo.

Silvia Parque

martes, 24 de octubre de 2017

Ideas sobre hacer lo correcto con los niños

Hace ya meses, creo que fue La Malquerida quien comentó algo, no recuerdo qué exactamente, en el sentido de que con el tiempo se nota si funcionaron o no las estrategias o las maneras que elegimos para tratar con los hijos. Yo respondí que escribiría algo al respecto. Pasó tanto tiempo que se me hace complicado buscar esa entrada y esos comentarios, pero hoy he vuelto a tener esto en mente:

Es fundamental elegir lo que hacemos en función de que sea lo correcto.

Ya sé que definir "lo correcto" da para escribir muchos libros, pero a lo que voy, nada más, es a priorizar lo correcto por encima de lo funcional.

Con los niños, hay que relacionarnos desde el respeto porque es lo correcto. Luego viene lo que podamos pensar que es "con respeto", pero creo que hay que poner como principio que no se vale no respetar.

Pegar a un niño no siempre es una escena grotesca. A veces una nalgada termina con una situación que la mamá cree que es urgente detener y no provoca un trauma psicológico ni nada que ponga en riesgo el desarrollo integral de la criatura. Pero no es correcto pegar a las personas.- los niños son personas.- no es correcto pegar a los niños.

Sí: en la vida hay situaciones en las que podemos vernos en la en necesidad de golpear para defendernos, pero es mejor tratar de evitar esas situaciones y que los golpes sean un último recurso. Así que, supongamos que una madre siente, por ejemplo, que debe defender a su hijo de sí mismo, dándole una palmada que haga de estate quieto o que está desbordada y no quisiera pegar pero algo tiene que hacer y no es capaz de ninguna otra cosa. La madre hará lo que pueda. Funcionará o no. Pensará o no que está haciendo lo correcto. Yo creo que pegar no es correcto. Pero en cualquier caso, deberíamos buscar hacer lo correcto. Si funciona pero no es correcto, se busca otra opción.

Hay ideales que no vamos a alcanzar. Pero también hay límites hacia abajo a los que no nos acercamos. Hay gente que hace cosas como encadenar a sus hijos y latiguearles, pero no imagino a nadie en mi círculo social capaz de algo así: sus límites -nuestros límites- están lejos de eso. Pasa en muchos ámbitos, pero voy a centrarme en el tema:

* No hay posibilidad de que yo insulte a mi hija, llamándole, por ejemplo, "tonta", porque la idea no está en mi mente, nunca se me ocurre que sea tonta, ni de bromita; además, no suelo expresarme de esa manera. En mi familia se tontean. Son maravillosas personas que hacen algo que a mí me parece mal. Son sus modos y lo que se admiten entre ellos. Yo me conduzco diferente. No tengo que controlarme para no hacerlo. No me nace hacerlo.

* Yo grito. Paso buenas temporadas sin gritar. Luego, grito. Implemento estrategias que me ayudan a reaccionar diferente. La última está yendo muy bien. El caso es: ¿si gritar no estuviera en el repertorio de lo posible? No le grito a otras personas, entonces ¿si sacara de mi mente la posibilidad de gritar a B? En este caso no sería como con los insultos porque gritar sí me nace; tendría que poner conscientemente, la línea roja que sacara los gritos de nuestra vida.

* Nunca se me ha ocurrido pegarle. Suelo preguntarme qué haría en situaciones hipotéticas y en ese plano he considerado pegarle, pero así, en un ejercicio de imaginación. Nunca en lo que llamamos "vida real". Nunca he creído que tenga derecho a hacerlo. Y sí me han dado ganas. Sí he tenido que controlarme. Pero nunca se me ha ocurrido darme la oportunidad de ceder a un impulso de pegarle porque hay una línea roja ahí, conceptual, que no puedo pasar. No está fuera de mi mente como los insultos, pero esa línea roja no la puse a mano, como tendría que pasar con los gritos: es un límite que resultó de lo que he estudiado y reflexionado, de una visión sobre la vida y las personas.

Voy a tratar de explicarme:

Creo que algunas cosas no se nos ocurre hacerlas, sea porque son concebidas como verdaderamente inaceptables en nuestra cultura o porque son concebidas como verdaderamente inaceptables en nuestra personal visión del mundo. Otras no las hacemos porque no forman parte de nuestro repertorio; a lo mejor hay cosas peores en nuestro repertorio, pero esas no. Entonces, podríamos reconceptualizar las cosas que sí hacemos y no queremos hacer, podríamos sacarlas de nuestro repertorio, sustituyéndolas por otras.

Silvia Parque

lunes, 23 de octubre de 2017

La menarquia de mi hija

Psicoletra publicó un texto de Ibone Olza que se llama "La primera tienda roja". Trata sobre celebrar la menarquia y menciona la experiencia de la autora con la menarquia de su hija.

Ya he contado que siempre amé mi menstruación. Sigo teniendo una buena relación con ella, pero ya no la relación lujuriosa de hace unos años. El texto de Olza me revivió la sensación de antes.

Bueno: pues con este asunto ocurre que ahora está el significado que tiene en relación con mi hija.

Normalmente, las niñas con Síndrome de Turner necesitan que se les provoque la pubertad suministrándoles hormonas y hasta hace unos meses terminé de ¿asumirlo?

Las primeras veces que B vio mi sangre menstrual sentí que no podía decirle "te pasará cuando seas grande" y me dio pena. Me daba pena cuando ella tomaba mis toallas sanitarias; algo así como por qué yo sí y ella no. No sé por qué lo tomé de esa manera, si por ejemplo, no tengo duda de que será mamá si quiere serlo: confío en que sea de las afortunadas que consiguen embarazarse y parir, pero no creo que la maternidad se trate de eso, así que si quiere ser mamá y no puede embarazarse y parir, lo será de otra forma. Siempre que hablamos de que estuvo en mi panza le digo que lo importante es que estaba en mi corazón. ¿Entonces por qué no decirle "te pasará cuando seas grande" de algo mucho más sencillo de conseguir -con el tratamiento hormonal-? No sé. Pero ya no tengo esa complicación. Tal vez tenía que recuperar mi antigua relación de gozo con mi menstruación, para poder estar bien con el tema de la suya.

Silvia Parque

domingo, 22 de octubre de 2017

Tutoriales

Ya he comentado que en esta casa se oyen continuamente tutoriales de cocina y repostería. De noche, cansada, no encuentro algo más relajante que ver cómo hacer un taburete con botellas de plástico, acaso ver cómo alguien hace galletas con chispas de chocolate, pero voy reservando los videos de repostería para verlos con B. Hace semanas ocupa su tiempo diario de videos con Mis pastelitos o Dacosta's Bakery. Ya no hay Elmo's World ni Monosílabo. A mí me encanta que podamos compartir el gusto y me encanta verla u oírla preparar pasteles. Menciona un montón de detalles de las recetas que ha escuchado. Hace unos días terminó algo que estaba haciendo, no tenía relación con cocinar, pero dijo "nos vemos en el próximo video".

Silvia Parque

sábado, 21 de octubre de 2017

Irme

Como a los once años empecé a fantasear con irme de mi casa. Hacía planes fantásticos. Calculaba cuánto dinero podría reunir y cuánto me duraría. ¿A dónde podría ir? Antes de cumplir quince años, conocí al papá de B y resolví que si me iba de mi casa, simplemente llegaría con él y él se encargaría.

Cuando mi matrimonio se deshizo, pasé unos años fantaseando con irme. Hice largas cartas de despedida. Lloré amargamente cada vez que "ya me iba".

Ahora ya no estoy para fantasías ni puedo llegar con alguien a que se encargue, pero tampoco avanzo realmente en los planes para irme a donde quisiera estar. A veces donde no cabe el drama se llena de vacío. Por eso había drama, porque el vacío es gacho.

Silvia Parque

viernes, 20 de octubre de 2017

Que antes se comunicaban mejor

Estaba escribiendo "El primer hijo y el final de la relación" para Psicogrupo (los invito a pasar por allá a leer), cuando me topé en un artículo con la idea de que antes las parejas se comunicaban mejor. ¿Qué tan "antes" me pregunté? ¿Cuáles parejas y cómo se comunicaban? La idea era más o menos que ahora estamos tan ocupados y entre tanto artefacto, que ya no hablamos como antes. Una especie de ensoñación con un pasado de película.

Imagino a mis abuelos y para nada se comunicaban mejor que mis hermanas con mis cuñados; tampoco se comunicaban mejor de lo que yo me comunicaba con mi ex. Supongamos que mis abuelos no son un buen ejemplo; pero pensemos en una pareja típica mexicana que se casó en los años cuarenta. ¿Hablarían de la satisfacción sexual de la mujer? ¿Tratarían juntos con las dificultades de crianza de los niños? ¿Ella sabría en qué complicaciones de trabajo estaba él y cómo sopesaba sus opciones para resolverlas? ¿En serio se comunicaban "mejor"? ¿Qué es "mejor"? ¿Que no había tele y por tanto no ponían la tele a la hora de las comidas (lo cual me parece excelente)? Eso debió estar bien para verse las caras y conversar, pero a esa estampa hay que añadirle que muchas mujeres no ricas eran absorbidas por el trabajo doméstico el resto del tiempo: nada de sentarme con el niño a preguntarle qué está construyendo, un niño del que era común pensar que debía verse pero no oírse. Vale que estamos hablando de las parejas, pero lo que quiero decir es que hay que "completar la estampa".

Silvia Parque

jueves, 19 de octubre de 2017

Llorar y llorar

La niña llora por esto, lo otro y lo de más allá. Recibo una llamada que me da mucho gusto, pero ella está llorando; ni modo: no puedo hablar. Se lleva un cuadrito de cera a la boca, le digo que no, se le cae y le digo un "mira, ya lo has tirado" que no es amable. Malo terrible: se pone sentimental. Uno es el llanto de "quiero esto, quiero lo de más allá" y otro es el llanto de "estoy triste hasta la médula de mis dos años". Llega el momento de la cama. Encuentra las tetas: algo dice, no recuerdo qué; digo "ya no tienen leche". Acabose. Pena penita pena. Para empezar creo que no es cierto. No pretendía mentirle: el "no tienen leche" me salió del alma. Le ha parecido tan triste que estaba dispuesta a dejar que se prendiera si eso la consolaba; pero no. Tocó un poquito los pezones y estuvo de acuerdo con guardarlas. Antes de dormir hubo algún par de motivos más para llorar.

Silvia Parque

miércoles, 18 de octubre de 2017

Por qué no soy feminista

Esta mañana, mientras respondía en Facebook comentarios a mi entrada anterior: ¿Quiénes acosan y abusan sexualmente de las mujeres?, pensé que alguien que leyera lo que estaba escribiendo podría pensar que soy feminista. Eso me honraría. Como he dicho antes: no lo soy. Ganas tengo, a menudo. Tengo formación en teoría de género, conozco lo elemental sobre el feminismo, estoy a favor de los planteamientos feministas, reconozco y agradezco el trabajo y los logros de las feministas -que por ejemplo, permiten que yo esté escribiendo esto-.

Una vez en clase -en licenciatura-, alguien dijo algo sobre mí: no recuerdo qué; lo que recuerdo es que respondí que yo era muy machista, creo que dije que era la mujer más machista que conocía. Mis compañeras me vieron como dudándolo o sopesando si estaba siendo irónica. Mi amiga del alma, junto a mí, les aseguró: "Sí: es muy machista". Ya pasó más de una década. Mi vida cambió y yo cambié. No soy muy machista: cargo con lo que me toca por haber sido criada en una cultura machista, pero hago conciencia y trato de moverme de ahí. Tal vez tampoco era exactamente "muy machista" en ese entonces; lo que pasa es que nos hacían falta otros marcos conceptuales para entenderme. Quién sabe. Por ilustrar: me sentaba junto a un amigo a calificar a las muchachas por su físico, asociando rasgos a conductas sexuales. Cosifiqué mujeres durante años, pero me parece que mis motivos se aprecian mejor desde otros marcos (por eso no soy feminista -no por haber hecho esas cosas sino porque "me parece que mis motivos..."-).

Pensaba esto cuando en mi muro apareció la siguiente publicación de Katya Galán, compartida por Edgar Mata. Copio y pego porque está en modo público. Yo puse negritas y subrayé.
"Hablando de feminismo, ninguna mujer que no ha se ha sentido agredida por el sistema y/o que no ha hecho conciencia de su valía como ser humano y del respeto que merece, se asume feminista. Son dos requisitos indispensables. 
El feminismo viene de la fuerza interna y de la seguridad de no necesitar de la aprobación ni de los hombres, ni del sistema para ser quien es.
No se trata de estar en contra de los hombres, ni de odiarlos ni de querer acabar con ellos, para que ni empiecen a victimizarse, sino de no necesitar su aprobación, son cosas diferentes.
El tercer requisito, me parece, es no creer en el concepto judeocristiano del perdón. Ese que se otorga como un privilegio más al agresor. Ese que se sustenta, además, en el mismo privilegio que, de inicio, fue causa de la violencia:
"TIENES LA OBLIGACIÓN de perdonar porque es tú padre -a veces tu madre-, tu hermano, tío, jefe, esposo..."
"DEBERÍAS perdonar, hazlo por ti misma, por tu tranquilidad..."
No perdonar, nos convierte automáticamente en culpables y, al agresor, en víctima.
De manera que, además de tolerar abusos, pareciera que la condena es hacerlo con bondad, amor y alegría "¿Qué clase de loca desadaptada y sin corazón podría no entender algo así?"
Creo que esta clase absurda de perdón es uno de los pilares del patriarcado, un pilar tan poderoso como la violencia institucionalizada, pues en él descansa la sumisión de las víctimas, lo que le permite se funcional como sistema".
Estoy de acuerdo. Solamente no comparto el concepto del perdón. Podría pensarse que cuando dice "ese que se sustenta..." está dando cabida a la existencia de ese y de otro. Pero me parece que usa "ese" para realzar la expresión, no porque crea que hay otros perdones. Decía pues que no comparto su concepto; pero sí sé que el perdón -al menos en nuestra cultura- es un perdón judeocristiano, que suele tomarse como obligación y que ha sido un pilar del patriarcado -como ella señala-.


A lo que voy:

No soy feminista porque el feminismo no es nada más conocimiento, es un movimiento: asumirse feminista es hacer un compromiso con dicho movimiento: un compromiso que no hago. Ese movimiento implica estar en lucha o resistencia, de una manera u otra, por una vía u otra -obviamente no "contra los hombres"- y no estoy dispuesta. Yo libro batallas y opongo resistencia a la violencia patriarcal por decencia, por sobrevivir, básicamente porque no queda de otra; pero no me comprometo con el movimiento. No podría no comprometerme con mi hija y con las hijas de las demás, no pueden no importarme las otras mujeres; pero eso no es lo mismo que comprometerse con el movimiento. Creo. Lo que digo no es algo que esté super pensado y concluido de una vez para siempre. La publicación de Katya me animó a escribirlo porque sus puntualizaciones me facilitan la exposición: para acabar pronto: no cumplo esos requisitos ni de lejos.

Sobre el primero y el segundo.- Hace falta apenas un poco de conciencia para que una mujer se sienta agredida por el sistema. Sé que he sido agredida por el sistema. Pero, ¿conciencia de mi valía como ser humano y del respeto que merezco? Obviamente diré que soy valiosa y merezco respeto; pero "conocer" algo no es haberlo asumido: no es haberlo interiorizado y vivirlo con naturalidad. Soy mujer. Soy madre. Soy talentosa para esto y aquello. Eso lo tengo interiorizado y lo vivo con naturalidad. ¿Que soy valiosa como ser humano, solita, sin hombre enseguida? ¿Igual de valiosa con y sin el hombre que me sujetaba? Claro que la respuesta correcta. De ahí a que pueda vivirla, hay un trecho. Y vivir cabalmente lo que es saberse digna de respeto está ligado con lo anterior.

Sé que a cualquier feminista le "falta" algo de un lado o del otro. Pero hay un punto en el que puedes decir que cumples con los requisitos (de los que habla Katya). Yo no puedo decirlo.

Además: creo en el concepto judeocristiano del perdón. Tal vez hay un feminismo en el que esto no tenga importancia, pero tal como yo entiendo al feminismo, sí que la tiene. Hay feministas creyentes: católicas, musulmanas, etc.; la fe no es incompatible con el feminismo; pero hay ejes del pensamiento que tienen que romperse para dar prioridad al feminismo como modo de vida: así es como entiendo el compromiso con el movimiento. Ese que digo que yo no hago.

Por último, lo que Katya habla sobre "el origen" del feminismo.- Fuerza interna no me falta. Pero yo la seguridad que tengo es de sí necesitar a los hombres para ser quien soy. De nuevo: sé la "respuesta correcta". Lo que quiero decir es que yo vivo esa necesidad. No estoy hablando de la obvia interdependecia: de que el mundo funciona con hombres y mujeres. No. Estoy hablando desde el contexto de la publicación. Yo he sido y soy dependiente de la mirada masculina. He sido esa mujer "amiga de los hombres*". Ya dice el video que todas lo hemos sido alguna vez, pero yo sí me instalé ahí muy a gusto y aunque estoy en proceso de moverme, a veces no me queda tan claro... Un pasito para adelante, medio pasito para atrás; dos adelante...

Silvia Parque

Resulta que tenía otra entrada con el mismo título: AQUÍ

martes, 17 de octubre de 2017

¿Quiénes acosan y abusan sexualmente de las mujeres?

Hace días he visto más de dos mensajes alrededor de esta idea:

Si tantas -tantísimas- mujeres hemos sido acosadas o agredidas sexualmente al menos alguna vez, 
¿cómo es que todos los hombres que nos rodean son inocentes? 

Hace años que se sabe que el acosador y el abusador sexual son tipos que se ven como cualquiera porque son cualquiera. ¡Pero no los que conocemos! No son nuestros primos, nuestros amigos, nuestros compañeros de trabajo. Es decir: suponemos que no son. Porque los queremos. Porque no queremos complicarnos. Y yo creo que se vale querer a la gente y no querer complicarse, pero también creo que urge cambiar las cosas. Así que, por mero cálculo estadístico: sí: también son ellos; es decir, pueden ser ellos: hay una elevada probabilidad de que lo sean.

¿Y luego?

Podemos empezar por dar las muestras de oposición y resistencia de las que seamos capaces en contra de la cultura machista que justifica y condona el acoso y el abuso. Personalmente soy capaz de poco; pero la práctica envalentona. Con mi familia, apenas puedo retirarme de donde se está hablando bajo esos discursos patriarcales sostenidos por estructuras de violencia. Es lo que puedo, pero creo que hacerlo cada vez, al menos abre un espacio de cambio en la educación de mi hija; también me pone a pensar en formas inteligentes de poner un granito de arena del otro lado, en la construcción de otro mundo. La vía de la educación es más lo mío.

No quiero defender a los hombres que acosan y abusan porque colusión social no les falta. Pero sí creo que muchos, todavía en el 2017, no pueden, de verdad no pueden entender de qué estamos hablando. Han sido educados para pensar las cosas de otra manera. Me gustan mucho las "guías" para entender qué es la violación que usan ejemplos tipo manzanitas porque puede parecer ironía, pero de verdad hay quien necesita que le expliquen con manzanitas. Hace veinte años, a toda una generación de adultos le parecía escandalosamente ridículo considerar que podía haber violación entre un hombre y su esposa: crecieron asumiendo que el "débito conyugal" permitía al hombre disponer del cuerpo de la mujer que era su mujer. Pues así: hay muchachos ahora a los que les han preparado para "la conquista" y teniendo el doce de octubre tan cerca, tenemos fresco cómo se porta un conquistador. Así que podemos dar todos los mensajes posibles, de todas las maneras posibles, a los niños y jóvenes a nuestro alrededor, para que entiendan que deben respetar a las personas, que las mujeres son personas, que el respeto incluye no entrar en un espacio al que no has sido invitado, etc.

Silvia Parque

lunes, 16 de octubre de 2017

El mundo de los demás

He creído que no estoy hecha para el mundo en el que viven los demás, el que se conoce como "mundo real". Cuando era niña solía hacerme un ovillo, cubrirme toda con una cobija e imaginar historias catastróficas. En verano lo hacía sin cubrirme. Tuve una temporada en la que tarde tras tarde imaginaba que un hombre me metía en una bolsa negra y me llevaba -casi nunca llegábamos a donde él iba-. Casarme fue un pase maravilloso a toda la fantasía de la que era capaz. Mientras funcionó, mi matrimonio fue más arropador que ninguna cobija y me permitió cumplir el anhelo de vivir en un mundo particular, privado, sostenido por el deseo y el goce. Luego... lo que pasó luego.

Cuando me volví loca también me hacía un ovillo y me cubría toda, pero no imaginando historias sino pensando en querer morir o tratando de sobrevivir; quería mucho estar muerta una semana, unos meses, al menos dos días, porque en realidad lo que quería era dejar de sentir lo que estaba sintiendo. Por esa época también solía pasar en la cama todo el tiempo que pudiera, fantaseando otra vida. Inventé a Felipe para darme gusto con un príncipe azul. Cuando le hice un correo electrónico para hacerle un perfil de Facebook, juzgué que la cosa había ido muy lejos y lo dejé.

La maternidad trajo mucha materialidad a mi vida, pero sigo sintiéndome extraña, muchas veces, en el mundo de los demás; a veces me siento incapaz, pero le doy vuelta a la idea. Para mí es difícil hacer un trámite o mantener la casa limpia; no se diga tratar de armar una "economía adulta". Sé que es difícil para muchos, pero cuando los oigo y los veo, su dificultad se debe a malos hábitos, a falta de habilidad o límites cognitivos. Yo puedo tener algo de eso, pero mi dificultad está en otro orden: en uno de la dimensión desconocida que me hace ser quien soy y venir a escribirlo.

Silvia Parque

domingo, 15 de octubre de 2017

Toño

He tenido unos días muy pesados, con algunas dificultades de esas que no son un problema grave pero que en montón hacen que una quiera vacaciones urgentes. Sobre todo, he estado cansada. Mi cuerpo se puso en huelga y no me dejó trabajar varias noches: me quedé dormida junto a B.

En medio de todo, pasan cosas buenas y tengo buenos momentos: buenos muy buenos. Así pasó que ayer fui al cajero con B en la carriola y Toño nos abrió la puerta. Toño es un niño al que no conozco, excepto por nuestro encuentro de ayer. Su mamá lo nombró cuando yo empezaba a decir "¿De verdad estás intentando hacer eso?" y ella notó que él no estaba en su radio próximo. La puerta es pesada: tuvo que apalancar con todo su cuerpo para abrirla. La criatura tendrá cinco o seis años; su gran sonrisa de satisfacción se puso todavía más linda cuando le agradecí y le dije lo amable que era.

Silvia Parque

viernes, 13 de octubre de 2017

¿Por qué seguir viviendo?

Pasan muchas cosas horribles a mi alrededor, cercano y lejano. Matan a la gente, les quitan las posibilidades; ya se sabe. Las noticias son como para enfermar. En relación con esto, hace unos meses concluí algo que tal vez es una verdad de perogrullo, pero fue importante para mí.

Me parecía terrible seguir viviendo, estar bien, ser feliz, frente a tanta miseria, imposibilidad y crimen. Nunca me planteé no seguir viviendo; pero me parecía impresionantemente injusto andar por ahí tan fresca cuando a unos kilómetros la vida se le había venido abajo a una familia, otros tantos sufrían y demás. Incluso cuando alguna persona moría por causas naturales en condiciones digamos aceptables, me parecía más que triste volver a la vida normal, con lo que tiene de risa y gusto. Sigue pareciéndome que lo terrible de la muerte es eso: que el mundo sigue girando. Lo había leído por ahí: lo malo no es morir sino que los demás sigan vivos.

Así que, como digo, me parecía injusto que después de indignarme y lamentar la desaparición forzada o la muerte de alguien, yo pudiera estar tan campante. Concluí que sí, es injusto, pero estaba viéndolo del lado equivocado: lo injusto es que ellos no puedan estar tan campantes. Independientemente de cómo me corresponda contribuir a que este sea un mundo más habitable, encontré que estar bien tiene sentido porque es justo eso lo que querría para esas personas, para lo que se desea que vuelvan a casa, que vivan. Ahí encontré el sentido.

Es como descubrir el agua tibia, pero para mí fue una revelación que cambió el modo en que proceso lo que pasa.

Silvia Parque

lunes, 9 de octubre de 2017

Insectos

Algunos insectos con los que me he encontrado* en estos días:




* Me gusta la expresión "con los que me he encontrado", en lugar de "que he encontrado"... como dándoles lugar de sujetos -algo así-.

Silvia Parque

domingo, 8 de octubre de 2017

Noche de domingo

"Y la vida siguió / como siguen las cosas / que no tienen mucho sentido."

"Algunas veces vuelo / y otras veces / me arrastro demasiado a ras del suelo".

"[...] busco acaso un encuentro / que me ilumine el día / y no hallo más que puertas / que niegan lo que esconden".

Un ratito de Joaquín Sabina, mientras me pican los mosquitos y agarro valor para ordenar la casa.

Silvia Parque

Trabajo, sueño, películas

Como helado sabor chocochips, luego de comentar una propuesta de intervención educativa. He tenido mucho trabajo y por eso no he pasado por aquí. En las noches, acuesto a B y me quedo dormida junto con ella. Usualmente siento necesidad de escribir una entrada y cuando no puedo, me queda la falta; estos días no ha sido así porque siento necesidad de escribir otras cosas y traigo esa falta encima: retomé algunos proyectos creativos, pero entonces vino -gracias a Dios- esta oleada de trabajo que no he conseguido equilibrar con "lo mío". De hecho, no consigo equilibrarla, en general: la casa está vuelta al revés.

Ayer o antier vi el trailer de la secuela de Pacific Rim y hoy veo que mañana sale el de El último Jedi. Habrá que ver cómo le hago porque al menos la segunda sí tengo que ir a verla.

He tenido ganas frustradas de ver una buena película. Ha estado difícil entre el poco tiempo y el mucho sueño. Además, todavía me pasa que muchas películas no quiero verlas sin el papá de B, así que descarto esas. La verdad es que a veces me encuentro eligiendo y sé que no tengo ganas en realidad de ver una peli, sino de ver una peli con él: me digo que las ganas son de ver una peli con alguien, pero no es cierto... o quién sabe. Con una amiga, no; eso está claro. Con alguien con quien me vaya a la cama después.

El caso es que las semanas anteriores hice un par de elecciones que me aburrieron: Animales fantásticos y dónde encontrarlos y Adios, hermano cruel. La de Animales fantásticos la dejé como a los diez minutos; le di otra oportunidad al siguiente día, pero avancé cinco minutos más y no conseguí interesarme. Con la otra llegué más lejos y es una pena haberla dejado porque las imágenes son bellas, empezando por los protagonistas que son un par de guapos (especialmente la actriz, Charlotte Rampling). Yo quería seguir, pero la peli no pudo con mi cansancio del día... Tal vez ninguna peli hubiera podido. A ver luego, menos soñolienta.

Silvia Parque

martes, 3 de octubre de 2017

Palabras, conceptos, historias

B dice "cáscara" por "máscara"; el sonido nuevo lo acomoda en la palabra que ya conoce, pero le queda claro qué es una cáscara y qué es una máscara.

Sin embargo, dice "maestra" por "madrastra" y creo se convenció de que yo lo digo de otra forma, pero  no entendió el concepto de "madrastra". 

"¿Y dónde está la mamá de Cenicienta?" (Y de Blanca Nieves y de no sé cuál otra). Respondo y concluye "Está en el Cielo ocupada trabajando y ahorita viene". 

Tampoco entendió que la Rapunzel de mi versión quisiera irse de donde estaba su mamá que no la dejaba salir. Le dije que quería ser libre y ella entendió que quería "nieve"*; debe ser que por nieve vale la pena huir de casa.

*Oye perfecto y repite oraciones largas; para mí está claro que es una cuestión conceptual.

Silvia Parque

lunes, 2 de octubre de 2017

Los ideales

Creo que una de las características de la edad adulta es perder la ilusión de materializar lo ideal; por eso son los adolescentes y los jóvenes, ilusionados, los que suelen jugársela por los ideales: porque creen que pueden vivir las utopías, ellos sí.

Pero los ideales se pueden sostener y podemos vivir con ellos sin creer que van a materializarse en plenitud. Podemos hacer con ellos la estructura de nuestra vida. Hasta creo que un pueblo puede hacer con ellos la estructura de la vida común.

Silvia Parque