jueves, 27 de diciembre de 2018

Fiestas

Esta ha sido la primera Navidad con B realmente interesada e involucrada en "el tema". También, por primera vez me he ido a dormir una noche, dejándola con la familia -en la misma casa-. Ella crece. Yo cambio.

Espero que todo el que pase por aquí haya pasado felices fiestas y que el año que viene les traiga lo que quieren y alguna linda sorpresa. Yo cuido los detalles del plan para que sea mi mejor año.

Silvia Parque

viernes, 14 de diciembre de 2018

Dejé de congregarme

Me convertí en cristiana en la peor época de mi vida. Buscaba sobrevivir y lo conseguí gracias a eso. No se solucionaron mis problemas mágicamente, no dejé de tener los defectos que tenía, no me sentí feliz cada uno de los días siguientes; pero todo se transformó, para bien, antes de que yo cambiara nada o desarrollara ninguna habilidad.



Había ido a terapia psicológica, había pasado mucho tiempo en sesiones de psicoanálisis, había recibido tratamiento neurológico y todo eso fue útil, pero nada se acercó al efecto de haber dicho que sí: que aceptaba a Jesús en mi corazón. Nada tan inmediato, absoluto y perdurable. Será porque lo tomé en serio.

Cuando el papá de B y yo intentamos "regresar", mi cristianismo fue una de las cosas a las que puso "pero" -luego vería lo conveniente que puede ser tener una esposa cristiana-. Le recordé que yo siempre había sido creyente y le aseguré que no había dejado de saber las cosas que sabía, ni había dejado de usar mi criterio.

Creo que ya he contado esto, pero vuelvo a ello para introducir el tema de mi descongregación.

En mis primeros meses como "nueva" en la iglesia, temía que los demás descubrieran mi desacuerdo con casi todo o que me consideraran impostora en función de sus asunciones a partir de mi "sí, acepto". Ese temor se fue en la medida en que encontré amparo y respeto, pero también gracias al siguiente planteamiento:

Mi Pastor me dijo, palabras más, palabras menos, que yo era cristiana si creía en la redención por Cristo: que todo lo demás era religión y podíamos estar o no de acuerdo en ello. Eso me liberó, en el sentido de sentirme "con derecho" a andar por ahí -en las reuniones o lo que se ofreciera-, siendo quien soy, pensando lo que pienso.

Creo que en mi posición como miembro de una comunidad de este tipo, desarrollé humildad, practiqué la prudencia y conseguí respetar las diferencias. Nunca me costó trabajo "filtrar" de cualquier mensaje o práctica, lo que según mi entendimiento venía de parte de la persona o de la tradición y no de parte de Dios. Asumía que estaba en una estructura vertical y patriarcal, por lo que no iba a sentirme continuamente interpelada o en oposición a lo que correspondiera a dicha estructura. Por cierto -lo he comentado antes-, hay algo de mala voluntad y mucho de prejuicio en la imagen estereotipada que se tiene de las congregaciones cristianas.

Ahora que hay de congregaciones a congregaciones...

sábado, 8 de diciembre de 2018

Hija enamorada de su papá y mamá en lo suyo

Tal vez estos sean unos brazos de abuelo, pero la foto es linda.

Llegó el momento. He sido excluida del primer plano en la vida de mi hija. Ahora prefiere a su papá y no lo estoy asumiendo con gracia.

La verdad es que su relación es adorable. El problema es que ha coincidido con un aumento significativo en el tiempo que no estoy con ella y eso ha hecho que no solo aparte de mí su atención como consecuencia de que se enfoque en él; además se distancia de mí, molesta o "sentida" porque yo me ocupo de otras cosas mucho más que antes.

Hasta hace poco, usualmente trabajaba de noche y apenas una o dos veces al mes pasaba una o dos tardes completas de la semana corrigiendo un texto; ahora estoy continuamente ocupada. Y seguirá siendo así. Me doy tiempo para recibirla cuando llega de la escuela, casi siempre para jugar un rato y casi siempre para acostarla a dormir; obviamente hacemos las comidas juntas y compartimos el espacio cuando hago cosas de la casa; es más de lo que tienen otras niñas, pero mucho menos de lo que ha tenido. Su primera reacción ante este cambio fue castigarme con el látigo de su indiferencia durante un ratito, cuando yo "regresaba". Me pareció justo. Adaptativo. Pero en eso estábamos, cuando al parecer descubrió que su papá es mucho mejor compañía que yo.

Y sí es maravilloso con ella. Además, no es uno de esos papás que solo juegan; él cuida y educa... con más paciencia y creatividad que yo. Francamente, está siendo mucho más eficiente que yo. Y me conviene. Soy la primera beneficiada cuando hace que ella se lave las manos o guarde los juguetes. Lo otro... su "romance"... también debería darme gusto. De hecho, mientras fue "montándose", yo lo disfrutaba mucho; pero ahora tengo la sensación de que no es justo. Entiendo lo que hay que entender. Y "nadie dijo que la vida fuera justa", decía mi mamá. Pero &g#f!*x#

"¿Si sabes que es una etapa y se le pasará, verdad?", pregunta. ¿En serio? Pensar que tengo un posgrado en psicología y nunca me enteré de que podría pasar algo así. Gracias por avisarme.

"Ella te quiere mucho", dice. ¿O sea que podría parecer que no me quiere? ¿¡Parece que no me quiere!? Porque sí se siente como que no me está queriendo, pero soy una mujer adulta que entiende el afecto infantil...

Lo peor es cuando trata de integrarme a una escena, pidiéndome que haga mal tercio o pidiéndole a ella que me invite o me diga algo o lo que sea. Sé que trata de cuidar la relación madre-hija y de hacerme sentir bien, pero lo primero no es necesario y lo segundo no funciona. Simplemente, me inventaré una dignidad y la usaré para vivir este duelo. No va a ser sencillo porque soy complicada.

Uno de los elementos que complica esto es la culpa.

Hasta hace muy poco, todas mis "ausencias" se debían al trabajo. Alguna vez, con poca frecuencia, me tomaba una tarde para ir a un café o algo así; pero la dinámica era otra; ella no resentía eso. Esta semana, por primera vez, dormí en otra casa -la de mi abuela-, sin ella, y no fue por trabajo. Fui a un evento que terminaba a una hora que ya no me permitía regresar a donde vivo. Podría decir que era un evento en relación con mi ocupación, pero la verdad es que fui a pasarla bien y eso hice. Sentí culpa desde que lo decidí hasta que me subí al camión para viajar a la ciudad. El resto del tiempo, no, porque estoy entrenada para hacer la culpa a un ladito; pero sé que por ahí se queda, agazapada. Afortunadamente, B se encargó de mostrar su inconformidad y eso me hizo sentir mejor en ese sentido. Pero planeo otras salidas, noches incluidas, enteramente de placer. A ver cómo nos va.

Silvia Parque

jueves, 29 de noviembre de 2018

Evolución de un amor

Mi porqué tiene nombre propio.

No quisiera nunca que se viera a sí misma como "algo al servicio", como si el sentido de su existencia anclara en lo que ha hecho por mí; pero su presencia ha sido capaz de moverme, literalmente. Nunca más pude cubrirme con una cobija a desear estar muerta. Nunca más fui pedazos de mí en el piso porque aprendí a "hacer" desbaratada. Porque ella. Para ella.

Así las cosas, lo más injusto que me han dicho -aunque fuera con buena intención- es que piense primero en ella. Desde que vi dos rayitas en la prueba de embarazo, no he dejado de pensar primero en ella. Que mi camino no sea convencional, no significa que ponga mis necesidades de ningún tipo delante de las suyas o que tome decisiones a la ligera.

No la he amado románticamente. Siempre sentí su extranjería durante el embarazo. Me pareció desconocida cuando nació -su papá lo vivió diferente-. Nunca la he visto como una "mini-yo" o una extensión de mí, a pesar de que nos parecemos, me refleja y todavía nos amalgamamos. Nunca he sentido, por ejemplo, que me pertenezca como para tener derecho a adornarla para darme gusto -pronto supe que yo le pertenecía-. La amé de otro modo.

Supongo que como otras mujeres, llegué a imaginar que el parto podría complicarse y pensé -telenovelescamente- en cómo haría que me hicieran caso para que privilegiaran la vida de la bebé. El punto es que mientras lo fantaseaba yo no quería su vida más que la mía; yo la elegía. No me sentía inclinada a eso, lo decidía motivada por un amor que no es de sentir bonito, sino de darse una misma -se sienta como se sienta-. Claro que amarla me ha traído gozo, pero no la amo por ni para el gozo.

Creció y la fui conociendo. Me sigue sorprendiendo y no la asumo "conocida" porque ni tengo tanta capacidad ni permanecemos inmutables. Pero a lo que iba es a que he estado con ella -estar con ella es lo más de lo más en mi vida- y eso me ha hecho "crecer" como mamá, de un modo que ha sido, increíblemente, amarla más cada día.

Entonces pasó algo.

Es penoso porque creo que otras mamás lo sienten desde el principio y a mí apenas me pasó este mes. Su bienestar se convirtió efectivamente en lo que más quiero. Hacer lo que me corresponde como su mamá es un centro que desborda ocupando cada espacio en mi vida. De un modo nada abrumador, ¿eh? De modo apasionante. Y tremendo. Terrible -en un sentido literal, no "malo"- en cuanto a cómo me siento inclinada a elegir su vida sobre la mía, de modo que en esa fantasía estúpida de "cuál de las dos vive", no solo la elegiría a ella por amor, sino también con gusto. Y no valoro en poco mi vida, ni pretendo -para nada- dedicarme a ella, olvidándome de lo que quiero para mí. Es nada más que la amo así.

Y no la amaba así cuando nació. La amaba con toda mi alma y su bienestar era mi prioridad delante de todo. Lo remarco porque quizá un día ella lea esto o se lo cuenten y debe ser muy claro que siempre la amé con toda mi capacidad de amar. Tal vez esa capacidad creció, pero lo que había no era poco: era muy grande.

Y bueno, pues aquí estamos, viendo cómo nos ponemos de acuerdo y cómo hago para hacerme cargo.

Silvia Parque

lunes, 26 de noviembre de 2018

Interactuar, comunicar, estar, en redes sociales y más allá

Esta entrada es una serie de notas; espero transmitir la noción de lo que he estado procesando, a pesar del ahorro en redacción.

* Hace años supe que una persona cercana, mayor que yo, contestaba todos sus correos electrónicos en cuanto los veía: aunque perdiera tiempo, aunque no sintiera deseo de responderlos, aunque ni siquiera el mensaje recibido fuera de su interés; contestaba incluso los correos genéricos que habían sido enviados automáticamente. Su imaginario en relación a la comunicación le hacía sentir que debía hacerlo.

* Por ahí del tiempo de la campaña electoral de este año, alguien (Alfonso Dosamentes, para ser específica) me dijo en Facebook que cuando vas ganando una carrera no volteas a ver a los que van detrás. Esto, como cualquier cosa, requiere contexto para tener sentido y definitivamente no todo es equiparable a una carrera; pero a mí tenerlo en cuenta me ha sido útil. Me remite a dos cuestiones.
** Primero, ya que en las carreras "de verdad" se gana o se pierde por décimas de segundo, hay una especie de administración del gasto de calorías, el foco de la atención es decisivo y mucha inteligencia está puesta a trabajar coordinando los movimientos del cuerpo; por tanto, voltear a ver lo que sea no puede ser casual como cuando vas de paseo: ese voltear a ver afecta la carrera.
** En segundo lugar, hacemos crecer en importancia aquello a lo que ponemos atención. Y a veces, no nos damos cuenta de que estamos en una posición en la que personas, entidades, situaciones o cosas a las que estamos dando el poder de afectarnos, podrían no afectarnos en absoluto, afectarnos poco o afectarnos de diferente manera: de una que no implique pérdida.
** Estando en el comedor de mi abuela, oyendo comentarios sobre las novedades en relación con el presidente electo, en algún punto dije algo parecido a: "Bueno, ganó una opción que representa X y está a favor de Y. Sería bueno que consideraran conocer porqué muchos pensamos que X y Y es bueno, ya que habrá X y Y". Y me oí. Ganamos los que pensamos que era mejor X y Y, siendo X y Y usualmente las opciones denostadas, lo "no dominante". ¿Puedes no darte cuenta de cuál es tu posición?

* Este año, además, asimilé por qué maravillosas mujeres no dan explicaciones a los hombres que cuestionan el feminismo desde una ignorancia soberbia que los pone en una posición infantil de "a ver: convénceme; tengo estas barreras de las que no voy a mover ni un tabique ni un segundo, pero a ver: convénceme". Es pedir que una mujer haga, de nuevo, lo que históricamente hemos hecho: poner al servicio de un hombre nuestros recursos. Y no. Por una posición política que es cuestión de ética. Lo que he podido conocer, entender y comprender me ha costado lecturas, reflexión y procesos personales deconstructivos que implican tiempo y esfuerzo Muchas personas, directa e indirectamente me han apoyado y aportado en ese camino; no podría hacer menos que tratar de apoyar y aportar a quien quiera servirse de ello para crecer, así sea en un camino que no es como el mío, que va para otro lado. También me gusta simplemente la interlocución. Pero la tierra es de quien la trabaja y el conocimiento también. [No me ha tocado interactuar con una mujer con esa actitud; si me tocara, le consecuentaría buen tramo porque es otra su posición en el sistema de poder.]

jueves, 22 de noviembre de 2018

A la hora de la hora

¿Han visto en Facebook esas publicaciones inspiradoras o dulces o de algo que es la gran cosa y que se aleja de lo ordinario?

Tienen gran éxito.
Para eso se hacen. 
Y no hay problema con eso: es Facebook.
Creo que es más o menos la naturaleza del muro: "mira esto, qué genial; se merece un me-gusta". 

Yo también reparto pulgares arriba y corazones donde me place, sin que eso me comprometa a nada más que sostener que he dado click en "me gusta" o "me encanta" -y puedo quitarlos-.

Pero no deja de asombrarme el tamaño de la distancia entre la cantidad de reconocimiento o alabanza a una forma de hacer, a un estilo de vida o a una corriente de pensamiento que se presenta en una postal o una semblanza y esa misma forma de hacer, estilo de vida o corriente de pensamiento tal como se presenta en la realidad material o en la cotidianidad. A veces, será que el "me gusta" se puso sin pensar o que es pura pose; pero creo que sobre todo, se debe a que las personas no visualizan lo que llamo "el paquete completo". Quieren a la mujer libre, pero no soportan a la niña desobediente. 

Vi un video hace unos días, de los que comparte BBVA (AQUÍ ESTÁ la página), en el que una persona cuenta cómo se fue a recorrer el mundo. Siempre que veo estos videos tienen un montón de "me gusta" y este caso no era la excepción. A mí también me gustó. Sin embargo, me da por pensar que muchas de las personas aprobando el discurso de ese hombre al que no conocen, en realidad no se muestran tan aprobadoras con las personas cercanas que se atreven a ir tras sueños locos. Muchas veces, cuando lo singular o atípico está cerca, no se ve como extraordinario y maravilloso, sino como raro o anormal en un sentido que va hacia "inapropiado". Cuando una persona "realista" ama a alguien, del modo común en que se ama, suele desear para esa persona un camino convencionalmente seguro hacia un éxito convencional; algunos tienen gran dificultad para aceptar que su persona amada no irá por un camino de ese tipo. Y es que a veces tarda en llegar el momento en que, con expresión satisfecha, te sientas a platicar cómo te fue en tu vida soñada... a veces no habrá esa vida soñada. Y el trayecto, que desde mi punto de vista siempre vale la pena, puede poner nerviosas a las personas que proyectan su propio miedo en el soñador o a las personas que no pueden estar en paz con dejar a su ser amado en manos de Dios; puede suscitar la crítica y hasta el desprecio de los responsables convencionales, sobre todo de quienes cargan en su corazón sueños abortados.

Frecuentemente veo esta distancia entre el éxito de propuestas educativas en las redes sociales y su aceptación en la realidad. Los videítos sobre innovaciones exitosas en otros países son geniales, pero si el agente educativo que se propone hacer lo que nunca se ha hecho se llama Juán Pérez o María González, mejor hay que seguir haciendo lo de siempre. Las frases sobre educación emocional quedan muy bien cuando se acompañan de dibujitos tiernos, pero no aplican a la hora en que la criatura "hace berrinche" o cuando pega o cuando... justo cuando se necesitaban.

Silvia Parque

jueves, 15 de noviembre de 2018

Los propósitos en la educación

Escribí "Preparar a niñas y niños" y Ojo humano, del blog Palabra breve, comentó que le gustaría que ampliara la reflexión. Así que seguí pensando...

Dicen que todos queremos lo mismo para nuestros hijos, pero no es cierto. No puede ser cierto porque no tenemos la misma escala de valores, a veces ni siquiera tenemos los mismos valores figurando en una escala.

Evidentemente, la mayor parte de las personas queremos lo que consideramos "bueno" para nuestras criaturas. Así tenemos el famoso inicio de Mateo 7:11: "Pues si ustedes, siendo malos, saben dar buenas dádivas a sus hijos..." Pero lo bueno se explica y se expresa de diferentes maneras. Nuestros valores van a hacer que nos dirijamos fundamentalmente a la consecución de "algo", de modo que "lo otro" tal vez esté presente, pero no dirigirá las intenciones.

No todos los caminos son iguales ni llegan al mismo sitio.

Si una mamá tiene como propósito de la educación de su hija hacerla una persona feliz, no quiere decir que no quiera que sea una persona honesta, capaz o libre; sin embargo, que el propósito sea la felicidad sí significa que todas las otras cosas que quiere, se configuran alrededor de la felicidad, están permeadas por ese propósito o se subordinan al mismo. Sus decisiones, discurso y actos no serán los mismos si su propósito es que su hija sea una persona plenamente consciente de sí misma o autónoma o materialmente exitosa. Por supuesto, no es tan simple; un propósito puede ser una especie de perfil configurado por una serie de valores relacionados entre sí. Pero nunca "cabe todo": no queremos lo mismo para nuestros hijos.

En el mismo sentido, cada modelo educativo tiene su propósito. Todos pueden pretender "cosas buenas"; pero entenderán de diferente manera qué es "lo bueno" y cómo se vive. Los lemas de las instituciones de nivel superior pueden dar una idea de esto. No es lo mismo "Espíritu emprendedor con sentido humano" que "Educo en la verdad y en el honor" o "Luchar para lograr, lograr para dar".

Según yo, en general, el sistema cultural hace que en la mayor parte de los casos, las experiencias en cualquier modelo se ajusten a los supuestos culturales dominantes en relación con "género", "vida", "sociedad", "educación", etc. Por eso hay, por ejemplo, muchas menos escuelas que verdaderamente siguen el método Montessori, en comparación con las que llevan "Montessori" en el nombre -y faltaría ver qué tanto las familias realmente viven la educación Montessori-.

Considerando lo anterior, para mí está claro que la educación formal en México, tanto como la educación informal -que parte de la socialización-, en general se encamina a hacer que niñas y niños sean obedientes y por tanto sumisos, lo que termina en mujeres y hombres acríticos, alienados. En tanto personas sometidas, niñas y niños aprenden a acomodarse en un sistema jerárquico que les adiestra para participar en relaciones verticales donde la violencia es el recurso usual para sobrevivir, a veces literalmente; se les enseña a manipular, a engañar, a aparentar, a complacer. Está gacho.

Nótese que el propósito suele sonar bien: un niño educado es un niño obediente; por tanto, gusta: es aprobado.

Esta es una de las cuestiones sobre la que más hemos necesitado hablar, el papá de B y yo. Él quería que B obedeciera. Yo quiero que "haga caso". Parece lo mismo, pero es completamente diferente. Las personas pueden usar las frases como si fueran intercambiables, pero el concepto de obedecer, como lo conocemos, implica someterse; otra cosa es dar su lugar al otro, prestándole atención para valorar lo que nos está diciendo y actuar como corresponde.

Hay mucha tela de dónde cortar con este tema...

Silvia Parque

jueves, 8 de noviembre de 2018

Preparar a niñas y niños


Existe la idea de preparar a niñas y niños para competir e incluso para pelear o aceptar ser sometidos, bajo la premisa de que así es el mundo "real".

Suponiendo que el mundo siga siendo tan violento o injusto como es o que empeore -lo cual es probable-, no tenemos por qué elegir adaptarnos a la injusticia o a la violencia. Podemos resistir. Podemos crear recursos para sostener hábitats de "otra cosa", de mundos preferibles. Podemos preparar a niñas y niños para eso.

Silvia Parque

miércoles, 7 de noviembre de 2018

Dolor: castigo

Unos meses después de casarme, dejé de tener dolor de cabeza y me enteré de que había vivido con dolor de cabeza. No me había dado cuenta porque era un dolor permanente. 

No mucho después, sentí por primera vez un dolor de brazos que a partir de entonces se presentaría de cuando en cuando, a veces en las manos, a veces subiendo del hombro al cuello, a veces por toda esa ruta hasta la cabeza. Una mañana, cuando desperté con dolor y ya no tenía esposo que me asistiera, de plano no pude ir a trabajar: no podía moverme; vestirme fue una odisea. Ese día me tomaron una serie de fotos de interior y supe que tengo un nervio oprimido porque mi columna no está alineada con mi cabeza. El nervio siempre ha estado oprimido; en determinadas circunstancias, duele.

Meses después, descubrí que tengo el pie cavo; usé por primera vez plantillas especiales en los zapatos y la experiencia total de mi cuerpo fue otra. Caminar teniendo demasiado arco en el pie es como andar "de uñas" -pisar con el talón y las puntas de los dedos-, lo cual provoca un malestar que en realidad es una especie de dolor. Hace años que no tengo las plantillas. En parte por eso, en parte porque no estoy acostumbrada a caminar mucho y estos días tuve que ir de aquí para allá, tengo un penoso dolor de pies.

La novedad  es un molesto dolor que ubiqué en una teta: creí que todavía tenía leche y que estaba congestionada; pero una noche me di cuenta de que el dolor no estaba en la teta, de que usualmente se extendía hacia lugares que claramente no eran la teta. Al parecer es inflamación de algo que cubre las costillas.

¿Qué necesidad hay de más dolor?

¿Ninguna?

Pues mi maña de rascarme la cabeza hasta levantar la costrita que se formó por haberme lastimado por rascarme la cabeza, llegó demasiado lejos últimamente y he tenido dolores de cabeza para regalar -en realidad, es algo así como dolor de cuero cabelludo, supongo-.

Creo en interpretaciones no científicas de los hechos, sobre todo de la experiencia humana, así que la respuesta a la pregunta es: castigo. A veces, muchas veces -tal vez la mayoría de las veces- lo consciente no se impone.

Silvia Parque

domingo, 4 de noviembre de 2018

Nuevo y sorprendente

Me encuentro haciendo cosas que nunca creí, de las ordinarias y de las trascendentes. Con una capacidad que no hubiera creído para sentir el quiebre y el dolor de personas literal y metafóricamente cercanas y lejanas.

Es un mundo loco, enfermo de varios lados, podrido en otros, maravilloso, con colores, aromas y magia como la del ciclo del agua.

La vida no se parece a lo que pensaba a los quince años. Es muy cortita: está bordeada por muerte y llena de muerte. No se puede domar ni detener: hace lo que tiene que hacer: hace que se haga.

Me tienen sorprendida, la vida y el mundo, aunque no pasa nada de lo que no tuviera antecedentes o contexto y que comprenda al menos al mínimo nivel.

Me tiene sorprendida mi vida. Me hago un nuevo mundo.

Silvia Parque

miércoles, 31 de octubre de 2018

Ver con buenos ojos


El sábado, B y yo estábamos en una sala de espera. Pasamos más de una hora ahí, compartiendo el espacio con otras personas, entre las cuales había una mamá con un bebé grande -o niño muy pequeño-.

En cierto momento, dicho bebé grande "le pegó a B" con una muñeca que le prestamos.

Creo que si mi interpretación del hecho fuera de algo que hizo mi hija, es fácil que alguien piense que así lo veo porque es mi hija. Así que, aunque obviamente no me dio gusto que el detalle ocurriera, sí me da gusto poder compartir esto que he pensado antes, con un ejemplo donde no es mi niña quien hizo lo inapropiado.

Estas son mis consideraciones:

1. El niño estaba disfrutando moverse, tener poder sobre el objeto y entrar en contacto con la niña, a quien siguió acercándose después del incidente. No pegó como lo hace una persona mayor.

2. El niño sabía lo que estaba haciendo en un sentido: sabía que al mover su brazo con la muñeca en la mano en esa dirección, el objeto impactaría en la niña y muy probablemente, según mis cálculos, sabía que eso la haría quejarse, llorar o algo por el estilo. Seguro ya le habían dicho que "no se hace". Así que fue agresivo: no solo fue brusco, pero agresivo no es igual que violento: no fue violento. Estaba ensayando (la vida).

3. Hace falta un largo trayecto para que el "no se hace" que repetimos mamás y papás se introyecte, se comprenda y sea parte de su ética.

4. Decir: "Fulanito le pegó a Menganito" muchas veces no es ilustrativo de lo que pasa con niños pequeños. Si no hay una forma mejor de expresarlo, podemos tratar de hacer notar el contexto para transmitir algo del  significado y sentido del acto.Comprender hace ver con buenos ojos a niñas y niños, aun cuando hacen algo inadmisible.

Silvia Parque

viernes, 26 de octubre de 2018

El hijo monstruo

La figura del "hijo monstruo" aparece de diferentes maneras en muchas películas. Se me ocurren "El ángel malvado", "Tenemos que hablar de Kevin" o "Está vivo".

En los primeros casos, el hijo es un monstruo metafóricamente; en el tercero, lo es literalmente por ser una criatura a la que podría considerarse de otra especie; pero en cualquier caso, se trata de que estos hijos llegan a o bordean lo no-humano por el modo en que dañan.

Creo que en el imaginario, lo no-humano también es lo no civilizado.

Bueno: pues no queremos hijos monstruos. Es una figura de lo más explotable porque hay un miedo, a veces guardado profundamente, a veces nunca explicitado, de que nuestros hijos se conviertan en monstruos.

Se me ocurrió cuando, una temporada en la que batallaba con alguna cosa que B debía dejar de hacer, me encontré viendo fotos de un año atrás, en las que aparecía ella, comiendo. Reconocí fotos de la temporada en la que batallábamos con que dejara de tirar la comida. La vi chiquitita. Era una bebé. Y yo me había desesperado y me había puesto severa y nos organizamos como quien va a la guerra porque esa niña no iba a ser un pequeño monstruo-tira-comida. Pero era una bebé: no hacía falta tanto escándalo. Seguramente hacía falta que la enseñáramos a no tirar la comida y que transmitiéramos el mensaje de que la instrucción iba en serio. Pero la verdad es que si tardaba dos meses más en aprenderlo, tampoco pasaba gran cosa.

A menudo recuerdo mi encuentro con esas fotos.

Creo que nos cruzan por la cabeza preguntas como qué pasará si nunca hace tal cosa o deja de hacer tal otra, cuando normalmente los niños terminan socializados y adaptados o incluso haciendo ajustes al mundo. No están de camino a convertirse en monstruos porque al año y medio muerdan a sus compañeritos de sala en la estancia infantil o porque a los cinco años traigan la novedad de decir groserías. Sin duda hay que hacernos cargo, pero podríamos hacerlo con calma.

Silvia Parque

jueves, 25 de octubre de 2018

Niñas y niños en el espacio público

Rondamos mentalmente lo que nos interesa, de modo que volvemos a ello.

Hoy he publicado un artículo sobre algo que no me canso de decir: que el espacio público es también para niñas y niños. Se llama "¿Niños en el cine y la oficina?" Les invito a leerlo. Me choca lo que hace la plataforma con los títulos, pero igual se lee claro.

Ya bordeaba el tema en ESTE OTRO artículo, de Psicogrupo. Acá, el formato que la página da al texto, me parece que puede hacer la lectura un poquito incómoda, pero vale la pena.

Silvia Parque

miércoles, 24 de octubre de 2018

¿Quiero estar en pareja con esta persona?


Yo batallé muchísimo para terminar mi relación de pareja. Me casi muero y lo peor de lo peor... Cuando por fin terminó, entendí que no podía haberlo hecho de otro modo.

Supongo que todas las personas terminan sus relaciones como pueden. Sin embargo, creo que a veces, si un mensaje te llega en el momento oportuno puede detonar un insight y hacer que "algo" suceda: algo para bien, como terminar lo que de hecho ya terminó.

No digo nada de lo que todavía no termina porque me parece que las relaciones de pareja son algo muy valioso, que un matrimonio vale todo el esfuerzo que alguien quiera invertir en él. Pero si ya terminó... Si huele a que ya terminó, se ve como que ya terminó, se siente como que ya terminó y no se oye nada porque ya terminó... pues lo sano es terminar. Como amputar una pierna gangrenada.

Lo complicado es que en una relación muchas veces no hay aroma, imagen ni sensación claras; más bien hay mucho de muchas cosas, revueltas, entretejidas. Para esa etapa de no saber qué hacer, en la que todo parece ir hacia un final anunciado, pero te resistes a dar el paso definitivo hacia el "fin", yo encuentro tres cosas bien útiles:

- Llevar una cuenta objetiva de los malos y buenos momentos, tal vez de las peleas y las muestras de afecto o de los días felices y los días tristes; las categorías son las que a cada cual le hagan sentido. No hay una proporción o cantidad determinada que cubrir; además, hay de peleas a peleas, de muestras de afecto a muestras de afecto, etc. Pero el ejercicio de hacer la cuenta sirve.

- Dejar de tener sexo. El sexo en esta situación complica y confunde las cosas.

- Hacer la pregunta del millón: "¿Quiero estar en pareja con esta persona?" y escuchar la primera respuesta que da tu corazón, antes de verbalizar nada. Preguntar por el presente sin responder con el pasado ni con futuros hipotéticos. Ahí está la clave.

Silvia Parque

sábado, 20 de octubre de 2018

¿Qué hay peor que niños sufriendo?

Yo quería escribir, por ejemplo, acerca de mi amor por la crema de avellana. Pero ayer fue Día internacional contra el cáncer de mama y me pareció que sería bueno compartir que me hice una mastografía hace poco y bla, bla... Entonces puse atención a algo que había estado viendo sin fijarme todo el día.


Por favor, lean la nota. Lo menos que podemos hacer quienes hemos amanecido"en casa" es pasar por la molestia de enterarnos...

La migración forzada es un fenómeno que no se acaba de entender. Y vale que no todo el mundo tiene estudios en Humanidades como para "acabar de entender"; pero es que basta con entender poquito; con eso alcanza para portarnos con decencia y para sentir empatía.

Me gustaría decir que lo peor que vi fueron las imágenes de niños sufriendo porque una se preguntaría qué hay peor. Pero lo peor que vi fueron un montón de comentarios que literalmente me revolvieron el estómago. ¡Cuánto daño nos ha hecho el mito del hombre que se hace a sí mismo! Y ojo que los peores comentarios no son de quienes consideran que está bien que gaseen a las personas, de quienes aseguran que nos vamos a rodear de delincuentes o de quienes se preocupan porque se van a quedar con nuestros trabajos. Los peores comentarios son de quienes de verdad creen que México les abre la puerta y solo les pide que lo hagan ordenadamente, con sus documentos en regla. No entienden ni entienden que no entienden.

Silvia Parque

viernes, 19 de octubre de 2018

¿Puedo dormir en casa de mi novio?

Hace tiempo, un primo me preguntó si le daría permiso a mi hija de ponerse un tatuaje y le dije que no. Yo pienso que decorarse el cuerpo permanentemente es algo que debería hacer una persona que se gobierna a sí misma, por lo tanto, alguien que no pide permiso. Si pide permiso, no está lista. Igual lo pienso sobre cosas como tener novio o tener relaciones sexuales. Eso no quiere decir que quien no pide permiso necesariamente esté listo. Pero yo creo que si pide permiso, no lo está.

Recordé esto porque vi un tweet donde una joven se quejaba de que sus papás no la dejaban ir a dormir en casa del novio. Decía que sus papás creían que solo se podía tener sexo de noche y bla, bla, en un tono de poco respeto hacia sus papás. A mí la queja me parece un sinsentido. ¿Te colocas en una posición de subordinación y luego te quejas de que el otro no decidió lo que tú querías? ¡Así es la subordinación! A veces la persona con autoridad no decide lo que tú quieres. Y no se trata de que el subordinado no pueda presentar razones a favor de su planteamiento o negociar o quejarse. Pero ese tonito de "mis viejos no entienden nada..." me parece que va quedando fuera de lugar, al menos en cosas respecto al sexo y dormir con el novio, más o menos después de los quince.

En la medida en que una necesita gobernarse a sí misma, necesita también su propio espacio. Conozco casos de mujeres adultas que viven en casa de sus papás porque todos entienden que todos son adultos, están dispuestos a tratarse como tales y pueden compartir una casa en santa paz. También conozco casos de mujeres que salieron de casa de sus papás porque esos papás no estaban dispuestos a tratarlas como adultas en santa paz, o bien, no estaban dispuestos a compartir el espacio en los términos en los que esas hijas querían. La verdad es que no conozco a nadie más que a mí, que haya dicho claramente: "mamá, quiero que sigas manteniéndome, pero ya no quiero pedirte permiso" y, por lo tanto, no sé de otra mamá que haya respondido "está bien" -y haya cumplido el acuerdo-. Es verdad que la economía hace difícil buscar un lugar propio, pero está la opción de conseguir compañeros de casa y, por supuesto, de aceptar vivir pobremente.

Odio verme como una señora con esto, pero yo creo que: su casa, sus reglas.

Lo que tal vez me salva de quedar como una señora-señora es que pienso que en la adolescencia, cuando los hijos no tienen otra opción más que vivir en casa -irse de casa a esta edad es peligroso en todo sentido-, corresponde a los papás ser tan generosos como puedan y hacer la sujeción lo menos gravosa posible. Por eso me choca que a los muchachos de esta edad se les digan cosas como "mientras vivas bajo mi techo, harás lo que yo diga". Nadie queremos hacer lo que otro dice. Las niñas y los niños, al menos nos tienen en una posición que de alguna manera les hace buscar nuestra aprobación; pero en la adolescencia, esto cambia. Los adolescentes pueden tenerla muy difícil...

Luego, sin embargo, llega la juventud -que puede convertirse en adolescencia tardía-. Y ahí sí, me parece que si no te gusta lo que tienes en casa, si es muy alto el costo de no pagar renta, pues... el mundo es amplio.

Sivia Parque

lunes, 15 de octubre de 2018

Abrigar a las criaturas: mitos y neurosis

Esta mañana, el papá de B tocó a la puerta con insistencia poco habitual. Lo habían regresado de la escuela para que le llevara a la niña una chamarra. Le llevó un suéter. Resulta que maestras y madres a mi alrededor creen que esta mañana hacía mucho frío. Y estaba fresco, pero ¿mucho frío? ¡Estamos en Chihuahua! ¿Que va a ser de las criaturas en invierno si con una mañana fresca de otoño hay que ponerles chamarra?

La verdad es que estuvo bien que le llevara el suéter porque, al contrario de lo que pasa normalmente, hoy no se fue poniendo templadito. Un frente frío asociado con la tormenta Tara provocó un viento fresco todo el día y, como se pronosticó, ahora que es de noche está bajando la temperatura. De cualquier modo, aunque no le hubieran atinado a su apreciación sobre la necesidad de abrigo, valoro que cuiden a mi niña.

Exageración o no en este caso, creo que hay una mitología sobre el frío y las criaturas, construida alrededor de la neurosis materna.

Desde septiembre, me he topado en el camino al kinder a mamás con camiseta de manga corta llevando de la mano a niños o niñas con suéter e incluso chamarras gruesas con gorro. Al menos hoy, también ellas sentían el frío del que protegían a sus descendientes. Al parecer hay una creencia arraigada de que niñas y niños sienten más frío que las personas adultas. Yo leí por ahí que es al revés, que su organismo funciona de tal modo que sienten menos el frío. Pero supongamos que lo sienten igual que nosotros. ¡Y que a los que ya hablan, podemos preguntarles!

Hay una tradición típica mexicana que consiste en ignorar lo que hijas e hijos tengan que decir sobre su percepción de la temperatura y obligarles a abrigarse. A mí con B más bien me ha pasado que quiera seguir poniéndose ropa invernal cuando ya no corresponde. Normalmente, la dejo. Sin embargo, aquí el clima es realmente extremoso: así como en invierno se congelan las tuberías, en verano las personas pueden sufrir insolación, de modo que me he visto en la penosa necesidad de quitarle o ponerle una prenda contra su voluntad porque juzgo que debo hacerlo; pocas veces, de verdad; pero sí: he sido una de esas mamás.

Quiero pensar que en la base de mi comportamiento está la responsabilidad en relación con el cuidado y no la preocupación ansiosa que veo tanto. Y es que algo ha hecho creer a varias generaciones que el frío es malísimo para la salud de las criaturas. Parece que venía en algún Manual de la Madre que escribió alguien nacido en el Trópico. Y es verdad que es una lata tener a los pequeñitos acatarrados; además, con los bebés da miedo que se enfermen... pero se exagera. Los bebés son justamente los más perjudicados porque a veces ni quejarse pueden. He visto chiquitos envueltos en cobijas gruesas en pleno verano. ¿Qué pediatra recomienda mantener a los bebés calientes? Los consejos que yo recibí de profesionales fueron en un mismo sentido: que ni muy tapada ni muy descubierta.

Claro que cuando se tiene al primer bebé, una tiene que decidir cuánto es tapar o descubrir "mucho". Y sobrarán opiniones en todas direcciones. Siempre recordaré la visita de una amiga que se asombró al ser parte de la siguiente escena.- Ella llegó y me dijo que pobre niña, que la destapara; se quedó en la recámara y le tocó ver a mi abuela entrar y decir que pobre niña, que la tapara; luego vio llegar a otra amiga que también dijo que pobre niña, que la destapara. En un ratito. [Lo de "pobre niña" puede que no sea exacto, pero seguro emplearon expresiones equivalentes.] Los primeros meses de un bebé mexicano son para la madre una sucesión de "tápalo", "destápalo", en la que predomina el "tápalo". No importa la estación del nacimiento.

De este modo llegamos a que hoy, en una ciudad de otro Estado, mi hermana puso suéter a mi sobrina, aunque estaban a 25°, para evitar que la devolvieran de la escuela.

Silvia Parque

sábado, 13 de octubre de 2018

Hace falta hablar entre nosotras

Dicen que las mujeres hablamos mucho. Yo he estado fijándome en cuánto no hablamos.

Al menos en este lado del mundo, generación tras generación, las mujeres fueron damnificadas del comportamiento sexual abusivo de los hombres, sin hablar suficiente sobre el tema. Fulanita le dijo solo a su mamá o solo a su prima y la mamá no quiso saber nada porque todavía no puede manejar lo que vivió ella misma o la prima le contó que a la vecina también se lo hicieron. Historias abundan. Ahora, para algunos, es como si hubiera una epidemia de mujeres buscando llamar la atención o estar a la moda; pero las historias siempre han estado ahí, contadas una vez para no explotar o para averiguar cómo se hace un aborto o para poner sobreaviso a quien pueda estar en riesgo. Hace falta seguir hablando.

Pasa con el disfrute sexual. Cada vez es más conocido que, en general, la penetración vaginal no es lo más de lo más en cuestión del gozo de la mujer. Además del papel protagonista del clítoris, que se estudió tarde, las mujeres sabemos qué bien se portan las terminales nerviosas de todo el cuerpo para hacernos sentir rico. Y me pregunto qué habría pasado si en las generaciones anteriores, las mujeres que parecían no disfrutar el sexo se hubieran puesto a platicar y se hubieran contado qué sentían, cómo sentían, cuándo sentían...

Hay una función menospreciada y hasta vituperada de la charla entre mujeres: hablar entre nosotras nos hace descubrirnos y valorarnos, sin ser "lo otro"* respecto al hombre,

Hace falta más charla: más confianza para contar "me pasa esto", "le pasa esto a mi cuerpo".

Cuando estaba embarazada me salió una especie de bulto bajo una axila. Básicamente, es una tercera mama. Se ve como gordura, creo. No tenía idea de que eso era posible, pero resulta que no es rarísimo. Hace unos días, encontré una publicación en Facebook sobre el tema. Me dio la impresión de que la mayoría de las mujeres "beneficiadas" con tal prosperidad de glándulas que coincidimos en la publicación vivimos un "yo también" que se siente... bien.

* Para entender qué es ser "lo otro" respecto al hombre, puede observarse que hasta hace poco, las señales de alama de infarto conocidas popularmente -tomadas en cuenta- eran las que aplican para hombres, no para mujeres. Históricamente, los hombres han sido el modelo de sujeto humano.

Silvia Parque

miércoles, 10 de octubre de 2018

Hay un gatito afuera

En esta colonia que se comporta un poco como un pueblo, los animales se aparean y paren como si no hubiera castraciones y esterilizaciones en el mundo. Hay demasiados perros callejeros a los que de cuando en cuando se lleva la perrera, básicamente para matarlos. Una pena. También hay muchos gatos: demasiados.

Un día llegó un lindo gatito bebé que maullaba como llorando. Le di leche. Mi hija daba brincos de alegría -literalmente-. Pensé que regresaría al día siguiente por más leche -el gato-, pero no.

Hoy llegó otro gatito, también cachorro, aunque mayor que el anterior. También maullaba como llorando y le di leche; hace rato le di salchicha... porque se quedó en el patio... de hecho se metió en la casa cada vez que tuvo oportunidad, defecó en un rincón del patio, parece seguirnos y ahora está allá afuera. Hace frío, pero no puedo con la idea de tener un gato dentro de la casa. No soy una persona de gatos. Soy claramente una persona de perros, sin ganas ni condiciones para hacerse cargo de otro ser vivo. Nada más alimenté al animal.

Mi hija se voltea al revés de alegría con la criatura.

No sé si estará ahí mañana.

Yo estoy pensando que habrá que traer tierra para que pueda enterrar bien su excremento. Conseguir algo en donde se pueda proteger del frío. Vacunarlo. Supongo que desparasitarlo o algo así. Y tengo otras cosas de qué ocuparme, definitivamente...

Tal vez mañana se haya ido.

Silvia Parque

martes, 9 de octubre de 2018

Momentos que revelan el machismo

Como casi todo el mundo, vivo rodeada de machos. En un mundo organizado bajo un sistema social patriarcal, así toca. Con los evidentes, una está advertida; pero hay algunos que podrían parecer no machos. He notado que hay dos momentos para notar su machismo:

- Cuando no aceptas escuchar su opinión o recibir una pequeña cortesía de su parte. No pueden procesar esa clase de "no". Han aprendido que tienes derecho a no querer tener sexo con ellos, pero ¿no querer saber qué opinan?, ¿no querer que te abran la puerta? ¡¿Y no explicarles por qué?! No pueden con eso.

- Hablando sobre cualquier forma de violencia que afecta sobre todo a las mujeres, llegan a la parte de "cómo evitar" y el centro de su discurso es "las mujeres deberían".

Silvia Parque

viernes, 5 de octubre de 2018

¡Olvidé ir por mi hija a la escuela!


Olvidé la hora en que B sale de la escuela. Sale a las 12:00 y yo me conduje como si saliera a las 12:30, pero además perdí la noción del tiempo, así que me di cuenta del error a las 12:25.

Salí corriendo, literalmente -las piernas me estaban matando hace rato, ahorita ya solo duelen mucho-.

Afortunadamente, la escuela está muy cerca.

Encontré el salón vacío, como era de esperarse. El intendente me dijo que creía que la niña estaba en la Dirección. De hecho, estaba en medio de una junta de maestras; "muy a gusto", según dijo -también dijo que les pidió una lata ¿? (al parecer, no se la dieron)-.

La Directora y la maestra fueron de lo más amables: que no me preocupara, que la niña estaba segura, que la estaban cuidando...

Silvia Parque

jueves, 4 de octubre de 2018

Salir del juego

Un día, algunas descubrimos que podemos salir del juego. De cualquier juego: el que no gusta, el que no conviene... en el que acabaste metida sin darte cuenta cómo.

Por ejemplo, notas que en algunas relaciones, eso bonito que se siente cuando te dicen cosas bonitas está hecho de renuncias y complacencias y tiene el germen del malestar que sientes cuando lo que te dicen no es bonito sino al contrario. O entiendes por qué es importante la denuncia social cuando el sistema de justicia es imparcial en tu contra. Encuentras el fuera del margen y las vías alternativas.

El día de mi cumpleaños, B oyó un chiste que contaron: Un niño le dice a su papá que se sacó "un seis" en la escuela y el papá le pide ponerlo en el refrigerador para tomárselo luego (por el paquete de seis latas de cerveza). Al ratito, B estaba repitiendo: "me saqué un seis en la escuela". Yo no le reí la gracia, pero poquito que la niña es risueña y poquito que le hacen cosquillas, al día siguiente me dijo por la mañana: "me saqué un número en la escuela". "¿Ah, sí?", le dije. "Los números que te sacas en la escuela importan muy poquito", agregué.  "¿Por qué los números que me saco en la escuela importan muy poquito?", preguntó. "Porque dan una información y ya, nada más. Importa aprender y que lo disfrutes".

Si seguimos por donde vamos, creo que ella no va ni a entrar a algunos de los juegos de los que tardé en salir.

Silvia Parque

miércoles, 3 de octubre de 2018

Mi hija toma su lugar en el mundo

Ya he dicho que en mi casa hay mucha política. Vetamos Alicia en el país de las maravillas hasta que B sea mayor porque Alicia está siendo continuamente seducida. Expliqué claramente que el tipo en el bosque de la China está acosando a la mujer a quien llaman "la chinita" y que eso está mal. A menudo, preveo situaciones en las que puede necesitar negarse a algo y le enseño a decir "no, gracias".

Pues hace como una semana dijo que ella no era una "buscadora de cosas". Su papá usualmente encuentra mis lentes y, en general, las cosas que no sé dónde dejé. Desde que nació B, sentí que ella me ayudaba a encontrar las cosas. Como un par de veces, siendo muy chiquita, de verdad encontró mis lentes, le decía que era una "encontradora de cosas" (no una "buscadora").

Por otra parte, cuando ella no encuentra algo con lo que quiere jugar, le digo que lo busque y ella me dice que lo busque yo -nótese mi incongruencia-. Es de ahí, en realidad, de donde vino el negarse a ser una "buscadora". Luego, de la nada, un día que estábamos en cualquier otra cosa, lo dijo fuerte y claro, quitándose la etiqueta y haciéndose justicia. "No soy una buscadora".

Vamos por buen camino.

Del mismo modo se quitó de encima un apodo cariñoso. Suelo llamarle con variantes de su nombre a las que responde bien; pero una no le gustó. "Yo no soy Bx", dijo un día. "Soy B".

Silvia Parque

sábado, 29 de septiembre de 2018

Feliz cumpleaños a mí

Desde enero estuve pensando en que este año cumpliría 38. Me sonaba increíblemente cercano a "40", que a su vez sonaba a demasiada edad en una vida increíblemente lejos de la que pensé que tendría.

Llegó septiembre y pensé más a fondo, básicamente: "¿y ahora qué?"

Entonces, hoy, he visto Nannete. Sigo procesando los "veintes" que me cayeron. No había exageración en los comentarios que leí sobre este "acto".

Si doblé la apuesta -por mí- el año pasado, ahora la quintiplico.

Estoy en el mejor momento de mi vida.

Silvia Parque

viernes, 21 de septiembre de 2018

Los límites de mi creatividad

Últimamente he comprobado que no soy creativa de modo "simpático". No tengo esa gracia. Está bien: tengo otras cualidades. Es solo que yo creía que en el fondo, por ahí, había un poquito de eso o podría haberlo y no: nada. Está muy bien, nada más estoy... "impactada" de conocer el límite.

Por ejemplo, explorando los blogs de BoosterBlog, encuentro estas dos descripciones:

De "La verdad de los blogs".- "Listado de Blogs con estadísticas de visitas públicas ¿Ya están los 50 caracteres? Que bien".

Le falta un punto y un acento, pero tiene la clase de creatividad que no tengo. Yo tengo los puntos y los acentos y cobro por eso; además, tengo otra creatividad; pero de la de ellos no me tocó nada... Sé que estoy siendo repetitiva, pero para mí es un descubrimiento.

De "¿Dónde está la esquina?".- "Somos algo más que un grupo de freelance, somos un grupo de freelance fracasados, seguros de encontrar el merecido éxito a la vuelta de la esquina".

Yo no puedo hacer una descripción así de mis blogs. Las mías están bien, no quiero otras; pero me acabo de dar cuenta -en estas semanas- de que si quisiera, no podría.

Silvia Parque

jueves, 20 de septiembre de 2018

La escolarización de la niña

En la colonia-isla en la que vivo hay un jardín de niños y una primaria. Ya he comentado características que no me gustan de este sitio y de sus habitantes (la violencia normalizada, la suciedad en las calles, el vandalismo). En cuanto inició el ciclo escolar me di cuenta de que la escuela no es un botón de muestra de "eso", sino al contrario: es lo mejor que tenemos -ahí sí hablo en plural-. 

La adaptación de B al jardín de niños fue tan increíble que en realidad no parece haber habido "adaptación". Llegó como pez a nadar al agua. Era justo su momento, la maestra parece ser justo lo que necesitaba y el sistema que llevan le viene de perlas, aunque mi ideal sea otro. Esto me permite dejarla con confianza y gusto, sin embargo:

Su escolarización ha sido buena para mí no solo porque esté conforme o contenta con eso que ella tiene, sino por lo que me ha traído a mí -valga la redundancia-.

Dos cosas son fáciles de compartir:

Hacer que la niña esté lista para salir de la casa a determinada hora me obliga a levantarme temprano. Hace años que había perdido esa costumbre. Si me llego a levantar "tarde" es un tarde que de todas formas es temprano porque necesito haberme puesto de pie antes que ella.

Tengo una especie de "prueba objetiva" de que "funciono" como mamá. No tengo la estabilidad económica que mi hija necesita, mis complicaciones existenciales y las de mi sistema nervioso no juegan a su favor y cada vez es más difícil que me ponga de acuerdo con su papá respecto a ella (antes podíamos diferir en todo, pero estábamos de acuerdo en lo que concernía a la niña); sin embargo, me siento bien porque ella va cada día bien presentada a la escuela, llega a tiempo, lleva su almuerzo saludable y lo que haya indicado la maestra. Para alguien que no consigue dos noches seguidas sin trastes sucios en la tarja, es un logro que la criatura tenga uniforme limpio cada día. Hay cosas más importantes que eso, pero sentirme satisfecha por "eso" ayuda cuando me siento incapaz frente a las cuentas por pagar y esa clase de cosas adultas con las que la mayoría parece entenderse tan bien. 

Silvia Parque

sábado, 15 de septiembre de 2018

Otra oportunidad

Este mes de cumpleaños, la celebración no está siendo festiva al modo tradicional. He estado pensando.

Pienso y pienso.

Pensé un poquito en el pasado y me permití un ratito de la fantasía de haber hecho algo diferente, pero el gusto no me duró: no puedo dejar de tener conciencia de que B no estaría aquí si cualquier cosa hubiera sido de otro modo. Traté con cambiar "algo" después de la fecha en que nació, pero se me ocurrió que si cualquier cosa no hubiera sido como fue, tal vez eso habría cambiado su crianza y ella no sería exactamente la niña que es ahora.

Luego pensé en el futuro. Un poquito de mi fantasía favorita: la casa de mis sueños. La he remodelado. Tenía años soñando con la misma casa. Ahora es otra.

Y pensé en cómo pasar de donde estoy a donde necesito estar, pero las respuestas en realidad las conozco, así que no me entretuve mucho.

Pienso en la persona que soy y mi relación con mi alrededor.

He dejado de decirle a B que recoja sus juguetes. No los recoge porque no he sido suficientemente consistente creándole el hábito y porque yo misma no soy ordenada, así que en vez de insistir, me detengo y observo cómo funcionamos.

Pierdo mucho tiempo. Fue ocurriendo en la medida en que tenía menos trabajo y seguramente no ayuda a que tenga más trabajo (no es que quiera trabajar más, pero me urgen más ingresos). Pierdo energía en Facebook y Twitter, así que le pongo nuevas reglas a mi paso por ahí.

Pienso en los blogs como parte de pensar en mí. Más de lo que quisiera admitir, escribo y publico aquí porque es muchísimo más fácil que ocuparme de los proyectos de escritura que me dedico a abandonar y recuperar. Y eso me lleva a considerar por primera vez en la vida: ¿realmente quiero escribir? ¿No lo habría hecho ya, si tanto quisiera hacerlo? El papá de B me dice que Proust no había escrito ni una línea de En busca del tiempo perdido cuando tenía mi edad. Le digo que seguramente podía mantenerse a sí mismo y me responde que era un noble, así que la cuestión no aplica. Yo pienso en que a mi edad, mi mamá ya había pagado mi carrera en una escuela particular. Cada cual su camino, pero...

Recuerdo los días y noches escribiendo en la adolescencia, apasionada con lo que estaba haciendo. Solo he vuelto a sentir esa pasión cuando me metí en el proyecto laboral de mi vida, que avanza a paso lentísimo: tan lento que no tiene para cuándo concretarse. Porque siempre pasa "algo". Siempre. Una complicación. Un problema. Un "algo". Una cuestión de salud, de dinero, de la casa, en relación con la niña, conmigo, "algo" pequeño, mediano, grande que me interrumpe y cuando quiero continuar en lo que estaba, no puedo: me paralizo; mejor escribo una entrada, leo algo, comento algo, me sigo "preparando" (es un trampa seguir preparándose).

Voy a darme otra oportunidad.

Silvia Parque

viernes, 7 de septiembre de 2018

Reusar comida

Soy buenísima para hacer economías en la cocina. La mayor motivación para hacerlo es la necesidad, pero la verdad es que me da mucha pena el desperdicio de comida, así que lo he hecho siempre: cuando hay mucho y cuando no hay tanto.

Respeto la comida porque sé que otras personas tienen hambre y que el consumo irresponsable en unos lugares se relaciona con la miseria de otros sitios; ni qué decir cuando se trata de productos de origen animal: tengo conciencia de que un animal fue ejecutado o confinado a un ambiente hostil para satisfacerme.

Así que aquí, en la medida de lo posible, no se tira la comida. Y cada vez que hago una "jugada" en este sentido, me siento orgullosa. Como el día en que nació la sopa de jícama porque media jícama avejentada ya no se antoja para comer con limón y chile.

También me encanta cuando una cosa se transforma en otra y luego en otra más. Hace unos días preparé avena, pero no había azúcar y así no tuvo gran éxito. La niña comió apenas una pequeña porción; sobró mucha. Usé una parte de eso para hacer hot cakes. A lo que dejé como avena, le puse azúcar cuando ya hubo. Esta vez la niña comió una porción normal, pero siguió quedando. Entonces volví a hacer hot cakes, pero como ya tenían azúcar, no le ofrecí a B la cucharadita de miel con la que los acompaña últimamente.

Y así los restos de un guisado se incorporan a otro y los pedazos grandes de tomate o de cebolla cocida que no nos comemos en los caldos se usan para algo más. Solo se tira algo si tengo sospecha de que pueda estar descompuesto.

Silvia Parque

jueves, 6 de septiembre de 2018

Escenas de la vida cotidiana

El papá a B: Hija...
B: ¡No quiero!
El papá a B: ¿No quieres qué, B?
Yo al papá: ¿Dejaste por ahí un libro de Bakunin?
El papá a mí: ¿En la computadora?
Yo al papá: En cualquier sitio al alcance de B.
El papá a B, con pretendida seriedad: Hija, aquí hay una estructura vertical... el librero.

Silvia Parque

lunes, 3 de septiembre de 2018

Amistad con persona adulta fuera de la familia

Me parece especialmente valiosa la relación de amistad que una niña, niño o adolescente tiene con una persona adulta fuera de la familia.

Crecemos pensando que el mundo es lo que en nuestra casa nos dicen y lo que en nuestra casa vemos, apenas extendiendo está visión a las casas de los primos o los abuelos. En otros espacios como la escuela y la Iglesia aprendemos otras cosas; ahí nos relacionamos con adultos que no son de la familia, sin embargo, casi siempre son personas en una posición de autoridad con las cuales no hay un tú a tú.

Un caso especial es el de las tías y los tíos. Es una relación que puede ser preciosa. Sin embargo, casi siempre tíos y tías participan de la cultura familiar, lo cual no ocurre con la persona adulta "de fuera".

El adulto que no es de la familia tiene una relativa lejanía en cuanto a responsabilidad y afecto para con la niña, niño o adolescente, que le da un toque especial a la relación; por ejemplo, tiene posibilidad de hablar sin el cuidado que tenemos para con los chicos en casa y puede aportar perspectiva para "juzgar" la dinámica familiar.

Por supuesto, la persona adulta siempre será la responsable de que la interacción sea apropiada y tendría que hacerse cargo en caso de notar o saber algo que pone a la criatura en riesgo -por eso digo que la lejanía en cuanto a responsabilidad es relativa-. No todo el mundo está dispuesto a eso.

Por su parte, los papás o tutores son enteramente responsables de la cercanía que pueda tener con alguien, la hija o hijo a su cargo. Está claro que no todas las personas son confiables y que, hasta con las personas confiables hay que tener reservas, digamos una "política sobre las relaciones" en la que estén bien claras cosas como que una niña de diez años no va a ir a platicar a la recámara de su amigo, el vecino de veinticinco.

Silvia Parque

sábado, 1 de septiembre de 2018

Cumpleaños

Septiembre es el mes de la patria; pero para mí, es el mes de mi cumpleaños.

Los dos primeros años de mi hija, como que no me interesó mucho cumplir años. El año pasado volví a darle importancia. Este año retomo la bonita costumbre de celebrarme todo el mes.

Silvia Parque

viernes, 31 de agosto de 2018

La "mamá de"

Me convertí en "mamá de B". Mi cuerpo tan suyo.

Había visto a B caminar a su salón y entrar. Ya me iba, cuando me llamó la mamá de K. Apenas ahora mismo, recuerdo que se llama G.

- ¡Mamá de B! -dijo.

Me acerqué.

- Perdón, se me olvidó tu nombre...
- Así somos: "mamá de K", "mamá de B".

Continuamos la conversación.

Yo amo ser "mamá de B". No solo amo la maternidad o particularmente hacer de su mamá, sino que amo ser identificada y llamada "mamá de B".

Históricamente, las mujeres han sido propiedad de alguien.Cuando esto dejó de ser objetivamente así, es decir, de aparecer tal cual así en las leyes, de todos modos se les siguió tratando como "hija de", "esposa de", "mamá de". Y no solamente porque su principal ocupación fuera el cuidado de otros. Ahí está la faja del libro que define a Elena Garro como "mujer de", "amante de", "inspiradora de", "admirada por" [AQUÍ ESTÁ].

El "de" es elemento constitutivo del machismo. Poco a poco, las mujeres casadas por acá han dejado de firmar con el "de Apellidodelmarido".

Sin embargo, yo siempre quise llevar el apellido de quien fue mi esposo. Él no quiso. No "me dejó". Que mi identidad, que todo lo que acabo de escribir, que yasabrástúperonoestoydeacuerdo...

Tuve una alumna que firmaba sin el "de", pero con el apellido del esposo, como me parece que es común en Estados Unidos. Ella sabía que era criticable en ciertos ámbitos y creo que pensó que era criticable desde mi punto de vista, pero ese apellido le gustaba mucho.

Yo soy feliz de ser "mamá de B". Tal vez porque he tenido suficientes oportunidades para ser lo que he querido en el ámbito académico o laboral.

Hay y seguirá habiendo mucha política sobre género en mi casa -relativamente mucha, depende con qué se le compare-. Y siempre he tenido clarísimo que me gustaría tener una pareja que me mantuviera económicamente. Y no tengo intención de empezar a levantar cosas pesadas o de matar yo misma los bichos siempre que pueda evitarlo. En principio, mi vida no está para consagrarla a una bandera o a una causa, así que si fuera incongruente con una ideología o movimiento, no sería un gran problema para mí. No obstante, en mi entendimiento y experiencia, me resulta congruente.

De cualquier forma, examino qué hay detrás de mis deseos y elecciones -que nunca son "en el aire"-, qué es lo no evidente, qué sostiene algo, con qué se relaciona, para qué puede servir; sobre todo, para qué puede servir y no me he dado cuenta.

En esas, reflexionando mientras llegaba a la casa y empezaba esta entrada, me acordé de mi amiga M, a quien una vez le dije "mamá de A". Rechistó de inmediato, con toda la razón del mundo: que ella tenía un nombre, que era M. Por supuesto.

G, la mamá de K, quien me llamó hoy y se disculpó por no recordar mi nombre, tiene una vida completamente diferente a la mía. No la conozco a profundidad, pero sé que viene de un hogar donde la mamá tuvo que trabajar mucho para sacar adelante a sus hijos y que vive en un contexto -¿quién no en este país?- donde seguramente se le ha discriminado por ser mujer y se le ha señalado de una manera u otra porque el papá de sus hijos no está presente. Y yo le doy un poquito más de peso a la pesada loza de un sistema social que le ha dicho -nos ha dicho- qué debemos ser aunque no nos convenga. Me propongo no volver a decir a ninguna mujer algo como "eso somos, la mamá de", si no estoy segura de que ser identificada de ese modo es algo que goza.

Silvia Parque

jueves, 30 de agosto de 2018

Opiniones y un linchamiento

Estaba escribiendo "Lecciones para infelices" cuando me enteré del linchamiento en Puebla. Hace rato vi que hubo otro en Hidalgo.

Me entero de muchas cosas, pero como explica la politóloga Elisa Godínez en ESTA nota, los linchamientos son tan dramáticos y terribles que hacen sentir necesidad de decir "algo".

No soy una espantada de las redes. De hecho, tenía ganas de escribir sobre las maravillas que encuentro en mi timeline de Twitter cada día: me sorprendo y aprendo gracias a personas que comparten su conocimiento.

Entonces pasa que un rumor termina en la transmisión en vivo de cómo torturan y matan a dos campesinos. O termina en quién sabe qué, fraguándose en la conciencia colectiva del pueblo donde ocurrió, en el alma de los parientes de las víctimas, en nuestra capacidad para procesar los hechos violentos de los que tenemos noticia.

Pienso en la recurrente queja por parte de quienes creen que no deberían respetarse los derecho humanos de algunas personas, en la cantidad increíble de niñas y niños que desaparecen, en los niveles de inseguridad e impunidad. Y en mi hija, por supuesto. Y en la mamá que rogaba desde Facebook a los linchadores. En lo que leí sobre psicología de las masas en la materia de Historia de la psicología social... Pienso en la crueldad, la maldad, la anomia, los procesos colectivos que impiden el actuar racional. Y en la cuestión de la responsabilidad.

En esta década, algunas figuras públicas tuvieron que aprender que los comentarios que harían en las salas de sus casas con un grupo de amigos pueden tener reverberaciones increíbles cuando los hacen en alguna red social de internet. Otros hemos tenido que aprender que aunque tengamos poca presencia, el hecho de hacer público algo o compartir contenido (propio o ajeno) nos coloca en una cadena de interacciones que es parte de algo más grande. Eso implica responsabilidad.

Al mismo tiempo:  no puedes hacerte responsable de otros.

Pienso en esas publicaciones amenazantes que han circulado "Aquí en Xlugar, si encontramos a alguien queriendo robar un niño, lo quemamos". ¿Qué pasa al darle "me gusta" a la publicación? ¿Al compartirla? ¿Al comentar "sí, hay que quemarlos"? ¿Al gritarlo estando ahí, junto a la persona a quien se pretende ajusticiar? ¿Al simplemente estar ahí? ¿Al seguir el hilo de las notas? ¿Hasta dónde llega el alcance de la responsabilidad? Yo me sentí mierda porque buscando información sobre lo que había ocurrido, me topé con fotos. ¿Qué tengo que andar buscando? ¿Para qué saber los detalles? No voy a hacer un estudio sobre el tema, ¿es morbo, entonces? Mi consuelo es que me dolieron casi físicamente.

Como decía, me enteré de lo que pasó mientras escribía "Lecciones para infelices", sobre la gente que quiere aleccionar a los decaídos y sobre la necesidad de respetar los procesos afectivos de los demás. Me hizo terminar el artículo con un ánimo diferente, pero convencida de que hace mucha falta tomar conciencia sobre lo "en serio" que es esto:

He leído comentarios burlones sobre el ciberacoso. ¿Qué cual es el problema con insultar a alguien en Facebook, si se puede cerrar la cuenta y seguir viviendo? Pues algún problema habrá cuando hay muchachos que se han quitado la vida en medio de tales dinámicas. Algún problema habrá con seguir diciendo a las personas con depresión que "le echen ganas, que sean agradecidas". [Publiqué hace poco "¿Para qué ir al médico si están los grupos de Facebook?", sobre los consejos de salud que se hacen sin ton ni son en redes sociales.]

Meto en el mismo costal cuestiones diferentes porque lo que quiero señalar es la posición desde la que se emiten los mensajes: una posición distante. Es señalar o aconsejar y deja sola a la persona para que se las arregle. La misma distancia que permite a quienes en su cotidianidad son tan respetuosos como cualquiera, compartir imágenes de otras personas sin su consentimiento para burlarse de ellas. La misma distancia que permite a alguien que no quemaría a alguien vivo, comentar "sí, quémenlos" bajo la publicación que anima a hacer algo como eso.

Creo que nos urgen clases de prudencia; pero sobre todo, talleres o lo que venga al caso para aprender a estar más cerca; para no solo opinar con cuidado, sino para cuidar, no solo con respeto sino con compasión.

Silvia Parque

miércoles, 29 de agosto de 2018

Censura y gracia

En mi casa hay discurso políticocensura. La censora soy yo.

Durante sus primeros dos años no expuse a B a mis canciones (dramáticas, exaltadas). En los últimos meses le han tocado cada vez más "conciertos", sobre todo mientras hago el quehacer, pero de tanto en tanto interrumpo y le doy un discursito desmitificador del amor romántico.

Pongo más cuidado en las historias que leemos. Varios de sus libros están mal escritos, así que desde ahí hay que hacer ajustes; pero lo que más me importa es el mensaje. Mi/nuestra versión favorita es la de Cenicienta. Cuando leo el librito, omito algunas expresiones, nada más; pero cuando le cuento la historia antes de dormir, mi versión es totalmente distinta; la pide una y otra y otra y otra vez (por temporadas).

"Cuéntame el libro de Andrea", dice.

A veces ha querido interpretar la dinámica entre la madrastra y Cenicienta. Normalmente prefiere ser la madrastra; pero he amado cómo hace a Cenicienta. La primera vez se negó a hacer la limpieza de todo y le dio la vuelta a la historia. Hoy, dado que yo insistía en que ella debía trabajar día y noche sin descansar, empezó a cantar: "No controles mi forma de vestir porque es total y a todo el mundo gusta..."

Silvia Parque

martes, 28 de agosto de 2018

Todo les ofende

Se hacen bromas con el tema de que hay una generación a la que todo le ofende.

Yo no me ofendo fácil con lo que viene de quienes no conozco, pero sí encuentro ofensivos un montón de formas y contenidos.

- Es que ven machismo en todos lados. Pues porque hay machismo en todos lados. Es un sistema de lo que estamos hablando: un sistema social que marca las pautas del modo de vivir.

- No tienen sentido del humor, no entienden lo que es un chiste. Y hay graciosos que no entienden que hay posiciones de poder en la que unos oprimen y otros son oprimidos. Reírse o hacer que otros rían de quienes son oprimidos es estar del lado de quienes oprimen.

- No pasa nada, no es para tanto. Hay cosas que están mal y siguen estando mal aunque una acción específica no tenga consecuencias evidentes. Una práctica de este tipo es la de compartir la imagen de alguien sin su consentimiento para hacer mofa o escarnio de esa persona. Comúnmente no parecen darse cuenta de que esas imágenes son de personas.

Señalar y reprobar lo ofensivo incomoda. Ojalá cada vez haya más incomodidad de esa.

Silvia Parque

lunes, 27 de agosto de 2018

Aprender a hacer

No aprendo con los tutoriales: ni en texto, ni en video. Tampoco cuando me dan instrucciones "en vivo", ni cuando me modelan cómo se hace algo.

No aprendo, pues.

Es una exageración; pero soy mala para aprender a "hacer".

Pienso en mi forma de cocinar. Amo la comida que preparo. ¿Y cómo aprendí a cocinar? No me enseñaron, ni aprendí viendo; fui aprendiendo haciendo por mi cuenta, muy inventado todo. Esta forma de proceder tiene sus riesgos; por ejemplo, hubo una noche que mi ex pasó vomitando todo el calamar que se comió, porque yo no sabía que al calamar hay que quitarle la piel.

No volví a preparar calamar. También me rendí con los frijoles cocidos. Pero hago otras cosas deliciosas.

Sin embargo, esta forma de aprender no funciona para aquello que me resulta realmente desconocido: para aquello con un lenguaje desconocido, por ejemplo, para aprender a editar videos.

Silvia Parque

viernes, 24 de agosto de 2018

El primer ciclo escolar de su vida


Mi hija está teniendo un buen inicio del primer ciclo escolar de su vida y yo estoy feliz con todo alrededor del tema. Por lo demás, mi ánimo está realmente extraño; probablemente tenga que ver en esto, el hecho de que la criatura pescó un resfrío y aunque yo no tengo los síntomas comunes, ayer me noqueó un golpe de cansancio que ha de venir de ahí.

Pero esto va de la niña y el preescolar...

El lunes, cuando le dije "es el día de ir al kinder", sonrió y remolineó más contenta que en Navidad. Esa mañana me preguntó si yo me iba a poner "muy triste" y al rato si me iba a poner "triste". Parece que aclararle que yo estaría muy contenta porque ella iba a estar contenta, le dejó en libertad de disfrutar la experiencia. Y está como pez en el agua.

Hoy viernes seguía encantada con su uniforme y ayer estaba soñada porque hicieron una corona de papel. Hace el camino queriendo llegar allá y aunque le da gusto verme a la hora de salida y me saluda muy cariñosamente, no tiene prisa por regresar a la casa. Me cura ver lo diferente que es a mí y me nutre ver aquello en lo que se me parece.

Una pieza clave en esto es la maestra. No es el modelo educativo que yo quisiera, pero con una buena maestra estaríamos bien. Y creo que Dios nos puso ahí a la persona que B necesitaba. Sé que es pronto para echar las campanas al vuelo, pero las señales son positivas.

Silvia Parque

miércoles, 22 de agosto de 2018

Café

Tuve un par de semanas de café Combate del que viene mezclado con azúcar, bien cargado, con un chorro -no mucha cantidad- de jarabe de chocolate Hershey's. Ayer cambié el jarabe por medio cuadrito de chocolate de mesa El Oso y resultó muy bueno. Desafortunadamente, quebré el tarro que hacía las veces de taza. Traté de beber un café en un vaso de plástico azul -quedan dos de esos vasos: había cuatro-, pero no pude con eso. Creí que me daría un descanso de café una semana; luego conseguiría un par de tazas; pero aquí estoy, bebiendo café al tiempo, de segunda mano, sin azúcar para asumir que es otra clase de bebida y no lo que yo tomo como "café".

Entretanto, me desintoxico mentalmente. Traigo un ánimo extraño -tal vez nuevo-, que me agrada. Visualizo una "línea" para el resto de mi vida -no es un camino, no son deseos-. Una propone y Dios dispone, pero a mí me importa mucho tener una buena propuesta. 

Silvia Parque

viernes, 17 de agosto de 2018

De lengua me como un taco: "Cuando sea mamá...

Dicen que todas las mamás dijimos que no haríamos cosas que hacemos y es más o menos cierto.

Me cae mal cuando eso se usa para hacer pasar "algo" como si fuera imposible o como si fuera pura pose el mencionarlo; que cuando dices, por ejemplo: "no le voy a dar comida chatarra", "... no lo voy a entretener con la televisión", "... no le voy a prestar el celular", te digan: "Eso dices ahora, pero ya verás", como si fuera imposible cumplir esos propósitos que son bien posibles.

Según yo, conseguimos cumplir nuestros propósitos de crianza si los formulamos o sostenemos teniendo en cuenta dos cosas: cuánto nos importan y cuál es nuestro estilo de vida.

-  Tal vez algunas mamás descubran que algo les parece mucho menos importante ahora. En ese caso, no solo se vale hacer ajustes, sino que sería incongruente no hacerlo.
- Cada familia tiene un modo de vivir, con prácticas que se van volviendo costumbres: si algo es parte de la vida de papá y mamá, difícilmente no será parte de la vida de la criatura.

Luego están los "siempre" y los "nunca". Estas palabritas, sobre los hijos o sobre lo que sea, hay que decirlas con tiento. Sin embargo, vuelvo a lo que mencioné sobre cuánto nos importan las cosas que nos proponemos y agrego otra cuestión -relacionada con el estilo de vida-: nuestra forma de ser. Hay quien dice "yo nunca voy a pegar a mi hijo" y nunca va a hacerlo.

La "forma de ser" me lleva a otra cuestión: una cosa es lo que queremos hacer y otra cómo queremos ser. Antes de tener hijos podemos tener una idea clara de cómo queremos ser como mamás, pero no podemos saber a ciencia cierta lo que resultará de la mezcla entre el quiero y el puedo. Yo quería ser un dulce: una mamá relajada y super linda. No consideré que para ello necesitaba ser una persona relajada y super linda. No lo soy. Tengo otras características apreciables, pero esas no.

También están los dichos en los que la mamá no se refiere a sí misma, sino a sus futuras criaturas, como en el famoso: "mis hijos no van a hacer berrinches en público". Preferible que se desdigan pronto a que se aferren a ver cumplidos dichos que parten de la ignorancia de cómo es el desarrollo de niñas y niños o de atribuir características a una criatura a quien todavía no se conoce.

Mi taco de lengua es comer chocolate a escondidas. En mis sueños, educaría a la criatura para aceptar que yo como algo que ella no -no en ese momento, no en la cantidad que yo estoy comiendo-. Pero pide, insiste, siento feo no darle... Así que he comido chocolate en el baño.

Silvia Parque

jueves, 16 de agosto de 2018

Los pájaros son muy bonitos

Esta tarde, regresando de la tienda, apenas entré a la casa, vi a B rayando el piso de la cocina con un lápiz. Había un gran tiradero, además.

La niña intentó hacerse la graciosa. El padre y yo tuvimos un momento tenso con la niña en medio. Yo pasé la tarde de ayer ordenando y medio limpiando, así que encontrar el desastre me pareció desolador. Me puse a recoger y me negué a hablar con B, que me ofrecía comida de juguete. "No quiero jugar y no quiero contestarte. Estoy triste porque no recoges tus juguetes".

Al rato, cenamos y las cosas volvieron a la normalidad. Luego, B se cayó de una silla. Yo la consolaba y ella volteó los papeles:

- Tú te caíste y te pegaste -dijo. 
- Me caí y me pegué -continué.
- ¿Lloraste?
- Sí, porque me dolió. Y además mi mamá había estado diciendo cosas que no entiendo y se enojó y no quería hablar.
- ¿Por qué no quería hablar?
- Porque los adultos tienen muchas cosas en la cabeza.
- ¿Qué tienen en la cabeza?
["Pensamientos", intervino su papá.]
- Pájaros, hija. Decía mi abuelita: "tienes pájaros en la cabeza".
- Pero si los pájaros son muy bonitos.

La estreché.

Silvia Parque

miércoles, 15 de agosto de 2018

Soñé con un gran cuaderno

Hoy tuve un sueño del que pude recordar dos de las partes importantes. Una de ellas es que yo entraba a un comercio donde había varias chucherías sobre una mesa: libretas y cuadernos pequeños y baratos, de los que tienen pastas y hojas muy delgados, de mala calidad. 

Tomé una libreta para verla. Estaba ahí perdiendo el tiempo, huyendo de una circunstancia incómoda. En la primera hoja había cosas que yo había escrito. También en la última hoja. Luego la libreta era una recopilación de varios cuadernos que fui dejando por el camino. Traté de comprarla. La empleada dijo que el objeto no estaba en venta, que era de su novio. Estaba por explicarle cuando desperté.  

Lo que me llama la atención es la sensación de que realmente leí cosas que escribí hace mucho tiempo, de las que ya no me acordaba.


Silvia Parque

martes, 14 de agosto de 2018

Pequeñas cosas buenas

Tengo un cliente a quien le corrijo textos que usa en su trabajo. Su actividad laboral es completamente ajena a la mía, por lo cual, no tengo idea de gran parte de lo que está hablando -de lo que escribe, pues-. Eso hace muy entretenida mi labor.

Normalmente corrijo tesis, algunas veces otro tipo de trabajos académicos, así que: recibo el texto, acordamos una fecha, me organizo para trabajar, hago lo que corresponde y entonces, en la fecha acordada, envío el texto corregido. Este cliente, sin embargo, me manda textos cortos, a veces varios textos muy breves en un solo día. Y es evidente que los necesita en ese momento o al menos ese día.

Antes, me avisaba por WA cuando me había enviado algo. Ahora, como mi teléfono tiene complicaciones con la batería, mantengo el correo de trabajo abierto la mayor parte del tiempo para estar pendiente por si recibo algo suyo. Pero a veces no estoy en la computadora: qué se le va a hacer.

Esta tarde, B y yo fuimos a la ciudad a comprar sus uniformes para el kinder. Cumplida la misión, nos detuvimos en una nevería. Regresando a la casa, prendí mi teléfono: hacía apenas un par de minutos que este cliente me había enviado algo. Me ocupé.

Y esa es la historia. Llegar y que apenas me acabara de enviar algo -no haberlo hecho esperar- me parece como ganar un premiecito en los boletos de lotería instantánea :)

Silvia Parque

lunes, 13 de agosto de 2018

Comentarios perdidos

Hoy encontré comentarios perdidos y olvidados.

Frecuentemente voy a una o varias publicaciones viejas y las comparto en Twitter o Facebook. Como ya me había pasado encontrar algún comentario no visto de los primeros tiempos del blog, hoy cuando me topé con uno, me puse a buscar yendo hacia atrás en la lista de publicaciones. Y que veo otro y otro y otro... no sé cuántos. Una pena. Revisé el año 2012, quién sabe cómo esté el 2011. Había de Inma, a quien ahora extraño, de Susana, de Taty y del papá de B... varios del papá de B, que en esos años decía que sí me leía y que a veces comentaba, mientras yo por dentro pensaba "un comentario que hiciste alguna vez". Y pues no, sí fueron varios.

No entiendo cómo pasó...

No hago drama, es nada más que me importan los comentarios.

Silvia Parque

domingo, 12 de agosto de 2018

Mensaje de las emociones y los sentimientos

Los sentimientos y las emociones tienen mucho que decirnos. Creo que los que catalogamos como "negativos" son los que nos dicen cosas más interesantes. Y creo que, cuando no podemos distinguir de qué sentimientos se trata, nos dicen justo lo que necesitamos saber.

Hoy le decía a una amiga que hice tal cosa y me sentí "rara". Entonces recordé que me sentí así de "rara" en otra ocasión en el día. Pude ver lo que hubo de común en esos momentos y entendí qué me pasa. Creo que puedo moverme de esa posición porque no me conviene; pero aunque no pudiera moverme de ahí ahora mismo, es importante distinguir qué nos pasa.

Silvia Parque