viernes, 19 de octubre de 2018

¿Puedo dormir en casa de mi novio?

Hace tiempo, un primo me preguntó si le daría permiso a mi hija de ponerse un tatuaje y le dije que no. Yo pienso que decorarse el cuerpo permanentemente es algo que debería hacer una persona que se gobierna a sí misma, por lo tanto, alguien que no pide permiso. Si pide permiso, no está lista. Igual lo pienso sobre cosas como tener novio o tener relaciones sexuales. Eso no quiere decir que quien no pide permiso necesariamente esté listo. Pero yo creo que si pide permiso, no lo está.

Recordé esto porque vi un tweet donde una joven se quejaba de que sus papás no la dejaban ir a dormir en casa del novio. Decía que sus papás creían que solo se podía tener sexo de noche y bla, bla, en un tono de poco respeto hacia sus papás. A mí la queja me parece un sinsentido. ¿Te colocas en una posición de subordinación y luego te quejas de que el otro no decidió lo que tú querías? ¡Así es la subordinación! A veces la persona con autoridad no decide lo que tú quieres. Y no se trata de que el subordinado no pueda presentar razones a favor de su planteamiento o negociar o quejarse. Pero ese tonito de "mis viejos no entienden nada..." me parece que va quedando fuera de lugar, al menos en cosas respecto al sexo y dormir con el novio, más o menos después de los quince.

En la medida en que una necesita gobernarse a sí misma, necesita también su propio espacio. Conozco casos de mujeres adultas que viven en casa de sus papás porque todos entienden que todos son adultos, están dispuestos a tratarse como tales y pueden compartir una casa en santa paz. También conozco casos de mujeres que salieron de casa de sus papás porque esos papás no estaban dispuestos a tratarlas como adultas en santa paz, o bien, no estaban dispuestos a compartir el espacio en los términos en los que esas hijas querían. La verdad es que no conozco a nadie más que a mí, que haya dicho claramente: "mamá, quiero que sigas manteniéndome, pero ya no quiero pedirte permiso" y, por lo tanto, no sé de otra mamá que haya respondido "está bien" -y haya cumplido el acuerdo-. Es verdad que la economía hace difícil buscar un lugar propio, pero está la opción de conseguir compañeros de casa y, por supuesto, de aceptar vivir pobremente.

Odio verme como una señora con esto, pero yo creo que: su casa, sus reglas.

Lo que tal vez me salva de quedar como una señora-señora es que pienso que en la adolescencia, cuando los hijos no tienen otra opción más que vivir en casa -irse de casa a esta edad es peligroso en todo sentido-, corresponde a los papás ser tan generosos como puedan y hacer la sujeción lo menos gravosa posible. Por eso me choca que a los muchachos de esta edad se les digan cosas como "mientras vivas bajo mi techo, harás lo que yo diga". Nadie queremos hacer lo que otro dice. Las niñas y los niños, al menos nos tienen en una posición que de alguna manera les hace buscar nuestra aprobación; pero en la adolescencia, esto cambia. Los adolescentes pueden tenerla muy difícil...

Luego, sin embargo, llega la juventud -que puede convertirse en adolescencia tardía-. Y ahí sí, me parece que si no te gusta lo que tienes en casa, si es muy alto el costo de no pagar renta, pues... el mundo es amplio.

Sivia Parque

lunes, 15 de octubre de 2018

Abrigar a las criaturas: mitos y neurosis

Esta mañana, el papá de B tocó a la puerta con insistencia poco habitual. Lo habían regresado de la escuela para que le llevara a la niña una chamarra. Le llevó un suéter. Resulta que maestras y madres a mi alrededor creen que esta mañana hacía mucho frío. Y estaba fresco, pero ¿mucho frío? ¡Estamos en Chihuahua! ¿Que va a ser de las criaturas en invierno si con una mañana fresca de otoño hay que ponerles chamarra?

La verdad es que estuvo bien que le llevara el suéter porque, al contrario de lo que pasa normalmente, hoy no se fue poniendo templadito. Un frente frío asociado con la tormenta Tara provocó un viento fresco todo el día y, como se pronosticó, ahora que es de noche está bajando la temperatura. De cualquier modo, aunque no le hubieran atinado a su apreciación sobre la necesidad de abrigo, valoro que cuiden a mi niña.

Exageración o no en este caso, creo que hay una mitología sobre el frío y las criaturas, construida alrededor de la neurosis materna.

Desde septiembre, me he topado en el camino al kinder a mamás con camiseta de manga corta llevando de la mano a niños o niñas con suéter e incluso chamarras gruesas con gorro. Al menos hoy, también ellas sentían el frío del que protegían a sus descendientes. Al parecer hay una creencia arraigada de que niñas y niños sienten más frío que las personas adultas. Yo leí por ahí que es al revés, que su organismo funciona de tal modo que sienten menos el frío. Pero supongamos que lo sienten igual que nosotros. ¡Y que a los que ya hablan, podemos preguntarles!

Hay una tradición típica mexicana que consiste en ignorar lo que hijas e hijos tengan que decir sobre su percepción de la temperatura y obligarles a abrigarse. A mí con B más bien me ha pasado que quiera seguir poniéndose ropa invernal cuando ya no corresponde. Normalmente, la dejo. Sin embargo, aquí el clima es realmente extremoso: así como en invierno se congelan las tuberías, en verano las personas pueden sufrir insolación, de modo que me he visto en la penosa necesidad de quitarle o ponerle una prenda contra su voluntad porque juzgo que debo hacerlo; pocas veces, de verdad; pero sí: he sido una de esas mamás.

Quiero pensar que en la base de mi comportamiento está la responsabilidad en relación con el cuidado y no la preocupación ansiosa que veo tanto. Y es que algo ha hecho creer a varias generaciones que el frío es malísimo para la salud de las criaturas. Parece que venía en algún Manual de la Madre que escribió alguien nacido en el Trópico. Y es verdad que es una lata tener a los pequeñitos acatarrados; además, con los bebés da miedo que se enfermen... pero se exagera. Los bebés son justamente los más perjudicados porque a veces ni quejarse pueden. He visto chiquitos envueltos en cobijas gruesas en pleno verano. ¿Qué pediatra recomienda mantener a los bebés calientes? Los consejos que yo recibí de profesionales fueron en un mismo sentido: que ni muy tapada ni muy descubierta.

Claro que cuando se tiene al primer bebé, una tiene que decidir cuánto es tapar o descubrir "mucho". Y sobrarán opiniones en todas direcciones. Siempre recordaré la visita de una amiga que se asombró al ser parte de la siguiente escena.- Ella llegó y me dijo que pobre niña, que la destapara; se quedó en la recámara y le tocó ver a mi abuela entrar y decir que pobre niña, que la tapara; luego vio llegar a otra amiga que también dijo que pobre niña, que la destapara. En un ratito. [Lo de "pobre niña" puede que no sea exacto, pero seguro emplearon expresiones equivalentes.] Los primeros meses de un bebé mexicano son para la madre una sucesión de "tápalo", "destápalo", en la que predomina el "tápalo". No importa la estación del nacimiento.

De este modo llegamos a que hoy, en una ciudad de otro Estado, mi hermana puso suéter a mi sobrina, aunque estaban a 25°, para evitar que la devolvieran de la escuela.

Silvia Parque

sábado, 13 de octubre de 2018

Hace falta hablar entre nosotras

Dicen que las mujeres hablamos mucho. Yo he estado fijándome en cuánto no hablamos.

Al menos en este lado del mundo, generación tras generación, las mujeres fueron damnificadas del comportamiento sexual abusivo de los hombres, sin hablar suficiente sobre el tema. Fulanita le dijo solo a su mamá o solo a su prima y la mamá no quiso saber nada porque todavía no puede manejar lo que vivió ella misma o la prima le contó que a la vecina también se lo hicieron. Historias abundan. Ahora, para algunos, es como si hubiera una epidemia de mujeres buscando llamar la atención o estar a la moda; pero las historias siempre han estado ahí, contadas una vez para no explotar o para averiguar cómo se hace un aborto o para poner sobreaviso a quien pueda estar en riesgo. Hace falta seguir hablando.

Pasa con el disfrute sexual. Cada vez es más conocido que, en general, la penetración vaginal no es lo más de lo más en cuestión del gozo de la mujer. Además del papel protagonista del clítoris, que se estudió tarde, las mujeres sabemos qué bien se portan las terminales nerviosas de todo el cuerpo para hacernos sentir rico. Y me pregunto qué habría pasado si en las generaciones anteriores, las mujeres que parecían no disfrutar el sexo se hubieran puesto a platicar y se hubieran contado qué sentían, cómo sentían, cuándo sentían...

Hay una función menospreciada y hasta vituperada de la charla entre mujeres: hablar entre nosotras nos hace descubrirnos y valorarnos, sin ser "lo otro"* respecto al hombre,

Hace falta más charla: más confianza para contar "me pasa esto", "le pasa esto a mi cuerpo".

Cuando estaba embarazada me salió una especie de bulto bajo una axila. Básicamente, es una tercera mama. Se ve como gordura, creo. No tenía idea de que eso era posible, pero resulta que no es rarísimo. Hace unos días, encontré una publicación en Facebook sobre el tema. Me dio la impresión de que la mayoría de las mujeres "beneficiadas" con tal prosperidad de glándulas que coincidimos en la publicación vivimos un "yo también" que se siente... bien.

* Para entender qué es ser "lo otro" respecto al hombre, puede observarse que hasta hace poco, las señales de alama de infarto conocidas popularmente -tomadas en cuenta- eran las que aplican para hombres, no para mujeres. Históricamente, los hombres han sido el modelo de sujeto humano.

Silvia Parque

miércoles, 10 de octubre de 2018

Hay un gatito afuera

En esta colonia que se comporta un poco como un pueblo, los animales se aparean y paren como si no hubiera castraciones y esterilizaciones en el mundo. Hay demasiados perros callejeros a los que de cuando en cuando se lleva la perrera, básicamente para matarlos. Una pena. También hay muchos gatos: demasiados.

Un día llegó un lindo gatito bebé que maullaba como llorando. Le di leche. Mi hija daba brincos de alegría -literalmente-. Pensé que regresaría al día siguiente por más leche -el gato-, pero no.

Hoy llegó otro gatito, también cachorro, aunque mayor que el anterior. También maullaba como llorando y le di leche; hace rato le di salchicha... porque se quedó en el patio... de hecho se metió en la casa cada vez que tuvo oportunidad, defecó en un rincón del patio, parece seguirnos y ahora está allá afuera. Hace frío, pero no puedo con la idea de tener un gato dentro de la casa. No soy una persona de gatos. Soy claramente una persona de perros, sin ganas ni condiciones para hacerse cargo de otro ser vivo. Nada más alimenté al animal.

Mi hija se voltea al revés de alegría con la criatura.

No sé si estará ahí mañana.

Yo estoy pensando que habrá que traer tierra para que pueda enterrar bien su excremento. Conseguir algo en donde se pueda proteger del frío. Vacunarlo. Supongo que desparasitarlo o algo así. Y tengo otras cosas de qué ocuparme, definitivamente...

Tal vez mañana se haya ido.

Silvia Parque

martes, 9 de octubre de 2018

Momentos que revelan el machismo

Como casi todo el mundo, vivo alrededor de machos. En un mundo organizado bajo un sistema social patriarcal, así toca. Con los evidentes, una está advertida; pero hay algunos que podrían parecer no machos. He notado que hay dos momentos para notar su machismo:

- Cuando no aceptas escuchar su opinión o recibir una pequeña cortesía de su parte. No pueden procesar esa clase de "no". Han aprendido que tienes derecho a no querer tener sexo con ellos, pero ¿no querer saber qué opinan?, ¿no querer que te abran la puerta? ¡¿Y no explicarles por qué?! No pueden con eso.

- Hablando sobre cualquier forma de violencia que afecta sobre todo a las mujeres, llegan a la parte de "cómo evitar" y el centro de su discurso es "las mujeres deberían".

Silvia Parque

viernes, 5 de octubre de 2018

¡Olvidé ir por mi hija a la escuela!


Olvidé la hora en que B sale de la escuela. Sale a las 12:00 y yo me conduje como si saliera a las 12:30, pero además perdí la noción del tiempo, así que me di cuenta del error a las 12:25.

Salí corriendo, literalmente -las piernas me estaban matando hace rato, ahorita ya solo duelen mucho-.

Afortunadamente, la escuela está muy cerca.

Encontré el salón vacío, como era de esperarse. El intendente me dijo que creía que la niña estaba en la Dirección. De hecho, estaba en medio de una junta de maestras; "muy a gusto", según dijo -también dijo que les pidió una lata ¿? (al parecer, no se la dieron)-.

La Directora y la maestra fueron de lo más amables: que no me preocupara, que la niña estaba segura, que la estaban cuidando...

Silvia Parque

jueves, 4 de octubre de 2018

Salir del juego

Un día, algunas descubrimos que podemos salir del juego. De cualquier juego: el que no gusta, el que no conviene... en el que acabaste metida sin darte cuenta cómo.

Por ejemplo, notas que en algunas relaciones, eso bonito que se siente cuando te dicen cosas bonitas está hecho de renuncias y complacencias y tiene el germen del malestar que sientes cuando lo que te dicen no es bonito sino al contrario. O entiendes por qué es importante la denuncia social cuando el sistema de justicia es imparcial en tu contra. Encuentras el fuera del margen y las vías alternativas.

El día de mi cumpleaños, B oyó un chiste que contaron: Un niño le dice a su papá que se sacó "un seis" en la escuela y el papá le pide ponerlo en el refrigerador para tomárselo luego (por el paquete de seis latas de cerveza). Al ratito, B estaba repitiendo: "me saqué un seis en la escuela". Yo no le reí la gracia, pero poquito que la niña es risueña y poquito que le hacen cosquillas, al día siguiente me dijo por la mañana: "me saqué un número en la escuela". "¿Ah, sí?", le dije. "Los números que te sacas en la escuela importan muy poquito", agregué.  "¿Por qué los números que me saco en la escuela importan muy poquito?", preguntó. "Porque dan una información y ya, nada más. Importa aprender y que lo disfrutes".

Si seguimos por donde vamos, creo que ella no va ni a entrar a algunos de los juegos de los que tardé en salir.

Silvia Parque

miércoles, 3 de octubre de 2018

Mi hija toma su lugar en el mundo

Ya he dicho que en mi casa hay mucha política. Vetamos Alicia en el país de las maravillas hasta que B sea mayor porque Alicia está siendo continuamente seducida. Expliqué claramente que el tipo en el bosque de la China está acosando a la mujer a quien llaman "la chinita" y que eso está mal. A menudo, preveo situaciones en las que puede necesitar negarse a algo y le enseño a decir "no, gracias".

Pues hace como una semana dijo que ella no era una "buscadora de cosas". Su papá usualmente encuentra mis lentes y, en general, las cosas que no sé dónde dejé. Desde que nació B, sentí que ella me ayudaba a encontrar las cosas. Como un par de veces, siendo muy chiquita, de verdad encontró mis lentes, le decía que era una "encontradora de cosas" (no una "buscadora").

Por otra parte, cuando ella no encuentra algo con lo que quiere jugar, le digo que lo busque y ella me dice que lo busque yo -nótese mi incongruencia-. Es de ahí, en realidad, de donde vino el negarse a ser una "buscadora". Luego, de la nada, un día que estábamos en cualquier otra cosa, lo dijo fuerte y claro, quitándose la etiqueta y haciéndose justicia. "No soy una buscadora".

Vamos por buen camino.

Del mismo modo se quitó de encima un apodo cariñoso. Suelo llamarle con variantes de su nombre a las que responde bien; pero una no le gustó. "Yo no soy Bx", dijo un día. "Soy B".

Silvia Parque

sábado, 29 de septiembre de 2018

Feliz cumpleaños a mí

Desde enero estuve pensando en que este año cumpliría 38. Me sonaba increíblemente cercano a "40", que a su vez sonaba a demasiada edad en una vida increíblemente lejos de la que pensé que tendría.

Llegó septiembre y pensé más a fondo, básicamente: "¿y ahora qué?"

Entonces, hoy, he visto Nannete. Sigo procesando los "veintes" que me cayeron. No había exageración en los comentarios que leí sobre este "acto".

Si doblé la apuesta -por mí- el año pasado, ahora la quintiplico.

Estoy en el mejor momento de mi vida.

Silvia Parque

viernes, 21 de septiembre de 2018

Los límites de mi creatividad

Últimamente he comprobado que no soy creativa de modo "simpático". No tengo esa gracia. Está bien: tengo otras cualidades. Es solo que yo creía que en el fondo, por ahí, había un poquito de eso o podría haberlo y no: nada. Está muy bien, nada más estoy... "impactada" de conocer el límite.

Por ejemplo, explorando los blogs de BoosterBlog, encuentro estas dos descripciones:

De "La verdad de los blogs".- "Listado de Blogs con estadísticas de visitas públicas ¿Ya están los 50 caracteres? Que bien".

Le falta un punto y un acento, pero tiene la clase de creatividad que no tengo. Yo tengo los puntos y los acentos y cobro por eso; además, tengo otra creatividad; pero de la de ellos no me tocó nada... Sé que estoy siendo repetitiva, pero para mí es un descubrimiento.

De "¿Dónde está la esquina?".- "Somos algo más que un grupo de freelance, somos un grupo de freelance fracasados, seguros de encontrar el merecido éxito a la vuelta de la esquina".

Yo no puedo hacer una descripción así de mis blogs. Las mías están bien, no quiero otras; pero me acabo de dar cuenta -en estas semanas- de que si quisiera, no podría.

Silvia Parque

jueves, 20 de septiembre de 2018

La escolarización de la niña

En la colonia-isla en la que vivo hay un jardín de niños y una primaria. Ya he comentado características que no me gustan de este sitio y de sus habitantes (la violencia normalizada, la suciedad en las calles, el vandalismo). En cuanto inició el ciclo escolar me di cuenta de que la escuela no es un botón de muestra de "eso", sino al contrario: es lo mejor que tenemos -ahí sí hablo en plural-. 

La adaptación de B al jardín de niños fue tan increíble que en realidad no parece haber habido "adaptación". Llegó como pez a nadar al agua. Era justo su momento, la maestra parece ser justo lo que necesitaba y el sistema que llevan le viene de perlas, aunque mi ideal sea otro. Esto me permite dejarla con confianza y gusto, sin embargo:

Su escolarización ha sido buena para mí no solo porque esté conforme o contenta con eso que ella tiene, sino por lo que me ha traído a mí -valga la redundancia-.

Dos cosas son fáciles de compartir:

Hacer que la niña esté lista para salir de la casa a determinada hora me obliga a levantarme temprano. Hace años que había perdido esa costumbre. Si me llego a levantar "tarde" es un tarde que de todas formas es temprano porque necesito haberme puesto de pie antes que ella.

Tengo una especie de "prueba objetiva" de que "funciono" como mamá. No tengo la estabilidad económica que mi hija necesita, mis complicaciones existenciales y las de mi sistema nervioso no juegan a su favor y cada vez es más difícil que me ponga de acuerdo con su papá respecto a ella (antes podíamos diferir en todo, pero estábamos de acuerdo en lo que concernía a la niña); sin embargo, me siento bien porque ella va cada día bien presentada a la escuela, llega a tiempo, lleva su almuerzo saludable y lo que haya indicado la maestra. Para alguien que no consigue dos noches seguidas sin trastes sucios en la tarja, es un logro que la criatura tenga uniforme limpio cada día. Hay cosas más importantes que eso, pero sentirme satisfecha por "eso" ayuda cuando me siento incapaz frente a las cuentas por pagar y esa clase de cosas adultas con las que la mayoría parece entenderse tan bien. 

Silvia Parque

sábado, 15 de septiembre de 2018

Otra oportunidad

Este mes de cumpleaños, la celebración no está siendo festiva al modo tradicional. He estado pensando.

Pienso y pienso.

Pensé un poquito en el pasado y me permití un ratito de la fantasía de haber hecho algo diferente, pero el gusto no me duró: no puedo dejar de tener conciencia de que B no estaría aquí si cualquier cosa hubiera sido de otro modo. Traté con cambiar "algo" después de la fecha en que nació, pero se me ocurrió que si cualquier cosa no hubiera sido como fue, tal vez eso habría cambiado su crianza y ella no sería exactamente la niña que es ahora.

Luego pensé en el futuro. Un poquito de mi fantasía favorita: la casa de mis sueños. La he remodelado. Tenía años soñando con la misma casa. Ahora es otra.

Y pensé en cómo pasar de donde estoy a donde necesito estar, pero las respuestas en realidad las conozco, así que no me entretuve mucho.

Pienso en la persona que soy y mi relación con mi alrededor.

He dejado de decirle a B que recoja sus juguetes. No los recoge porque no he sido suficientemente consistente creándole el hábito y porque yo misma no soy ordenada, así que en vez de insistir, me detengo y observo cómo funcionamos.

Pierdo mucho tiempo. Fue ocurriendo en la medida en que tenía menos trabajo y seguramente no ayuda a que tenga más trabajo (no es que quiera trabajar más, pero me urgen más ingresos). Pierdo energía en Facebook y Twitter, así que le pongo nuevas reglas a mi paso por ahí.

Pienso en los blogs como parte de pensar en mí. Más de lo que quisiera admitir, escribo y publico aquí porque es muchísimo más fácil que ocuparme de los proyectos de escritura que me dedico a abandonar y recuperar. Y eso me lleva a considerar por primera vez en la vida: ¿realmente quiero escribir? ¿No lo habría hecho ya, si tanto quisiera hacerlo? El papá de B me dice que Proust no había escrito ni una línea de En busca del tiempo perdido cuando tenía mi edad. Le digo que seguramente podía mantenerse a sí mismo y me responde que era un noble, así que la cuestión no aplica. Yo pienso en que a mi edad, mi mamá ya había pagado mi carrera en una escuela particular. Cada cual su camino, pero...

Recuerdo los días y noches escribiendo en la adolescencia, apasionada con lo que estaba haciendo. Solo he vuelto a sentir esa pasión cuando me metí en el proyecto laboral de mi vida, que avanza a paso lentísimo: tan lento que no tiene para cuándo concretarse. Porque siempre pasa "algo". Siempre. Una complicación. Un problema. Un "algo". Una cuestión de salud, de dinero, de la casa, en relación con la niña, conmigo, "algo" pequeño, mediano, grande que me interrumpe y cuando quiero continuar en lo que estaba, no puedo: me paralizo; mejor escribo una entrada, leo algo, comento algo, me sigo "preparando" (es un trampa seguir preparándose).

Voy a darme otra oportunidad.

Silvia Parque

viernes, 7 de septiembre de 2018

Reusar comida

Soy buenísima para hacer economías en la cocina. La mayor motivación para hacerlo es la necesidad, pero la verdad es que me da mucha pena el desperdicio de comida, así que lo he hecho siempre: cuando hay mucho y cuando no hay tanto.

Respeto la comida porque sé que otras personas tienen hambre y que el consumo irresponsable en unos lugares se relaciona con la miseria de otros sitios; ni qué decir cuando se trata de productos de origen animal: tengo conciencia de que un animal fue ejecutado o confinado a un ambiente hostil para satisfacerme.

Así que aquí, en la medida de lo posible, no se tira la comida. Y cada vez que hago una "jugada" en este sentido, me siento orgullosa. Como el día en que nació la sopa de jícama porque media jícama avejentada ya no se antoja para comer con limón y chile.

También me encanta cuando una cosa se transforma en otra y luego en otra más. Hace unos días preparé avena, pero no había azúcar y así no tuvo gran éxito. La niña comió apenas una pequeña porción; sobró mucha. Usé una parte de eso para hacer hot cakes. A lo que dejé como avena, le puse azúcar cuando ya hubo. Esta vez la niña comió una porción normal, pero siguió quedando. Entonces volví a hacer hot cakes, pero como ya tenían azúcar, no le ofrecí a B la cucharadita de miel con la que los acompaña últimamente.

Y así los restos de un guisado se incorporan a otro y los pedazos grandes de tomate o de cebolla cocida que no nos comemos en los caldos se usan para algo más. Solo se tira algo si tengo sospecha de que pueda estar descompuesto.

Silvia Parque

jueves, 6 de septiembre de 2018

Escenas de la vida cotidiana

El papá a B: Hija...
B: ¡No quiero!
El papá a B: ¿No quieres qué, B?
Yo al papá: ¿Dejaste por ahí un libro de Bakunin?
El papá a mí: ¿En la computadora?
Yo al papá: En cualquier sitio al alcance de B.
El papá a B, con pretendida seriedad: Hija, aquí hay una estructura vertical... el librero.

Silvia Parque

lunes, 3 de septiembre de 2018

Amistad con persona adulta fuera de la familia

Me parece especialmente valiosa la relación de amistad que una niña, niño o adolescente tiene con una persona adulta fuera de la familia.

Crecemos pensando que el mundo es lo que en nuestra casa nos dicen y lo que en nuestra casa vemos, apenas extendiendo está visión a las casas de los primos o los abuelos. En otros espacios como la escuela y la Iglesia aprendemos otras cosas; ahí nos relacionamos con adultos que no son de la familia, sin embargo, casi siempre son personas en una posición de autoridad con las cuales no hay un tú a tú.

Un caso especial es el de las tías y los tíos. Es una relación que puede ser preciosa. Sin embargo, casi siempre tíos y tías participan de la cultura familiar, lo cual no ocurre con la persona adulta "de fuera".

El adulto que no es de la familia tiene una relativa lejanía en cuanto a responsabilidad y afecto para con la niña, niño o adolescente, que le da un toque especial a la relación; por ejemplo, tiene posibilidad de hablar sin el cuidado que tenemos para con los chicos en casa y puede aportar perspectiva para "juzgar" la dinámica familiar.

Por supuesto, la persona adulta siempre será la responsable de que la interacción sea apropiada y tendría que hacerse cargo en caso de notar o saber algo que pone a la criatura en riesgo -por eso digo que la lejanía en cuanto a responsabilidad es relativa-. No todo el mundo está dispuesto a eso.

Por su parte, los papás o tutores son enteramente responsables de la cercanía que pueda tener con alguien, la hija o hijo a su cargo. Está claro que no todas las personas son confiables y que, hasta con las personas confiables hay que tener reservas, digamos una "política sobre las relaciones" en la que estén bien claras cosas como que una niña de diez años no va a ir a platicar a la recámara de su amigo, el vecino de veinticinco.

Silvia Parque

sábado, 1 de septiembre de 2018

Cumpleaños

Septiembre es el mes de la patria; pero para mí, es el mes de mi cumpleaños.

Los dos primeros años de mi hija, como que no me interesó mucho cumplir años. El año pasado volví a darle importancia. Este año retomo la bonita costumbre de celebrarme todo el mes.

Silvia Parque

viernes, 31 de agosto de 2018

La "mamá de"

Me convertí en "mamá de B". Mi cuerpo tan suyo.

Había visto a B caminar a su salón y entrar. Ya me iba, cuando me llamó la mamá de K. Apenas ahora mismo, recuerdo que se llama G.

- ¡Mamá de B! -dijo.

Me acerqué.

- Perdón, se me olvidó tu nombre...
- Así somos: "mamá de K", "mamá de B".

Continuamos la conversación.

Yo amo ser "mamá de B". No solo amo la maternidad o particularmente hacer de su mamá, sino que amo ser identificada y llamada "mamá de B".

Históricamente, las mujeres han sido propiedad de alguien.Cuando esto dejó de ser objetivamente así, es decir, de aparecer tal cual así en las leyes, de todos modos se les siguió tratando como "hija de", "esposa de", "mamá de". Y no solamente porque su principal ocupación fuera el cuidado de otros. Ahí está la faja del libro que define a Elena Garro como "mujer de", "amante de", "inspiradora de", "admirada por" [AQUÍ ESTÁ].

El "de" es elemento constitutivo del machismo. Poco a poco, las mujeres casadas por acá han dejado de firmar con el "de Apellidodelmarido".

Sin embargo, yo siempre quise llevar el apellido de quien fue mi esposo. Él no quiso. No "me dejó". Que mi identidad, que todo lo que acabo de escribir, que yasabrástúperonoestoydeacuerdo...

Tuve una alumna que firmaba sin el "de", pero con el apellido del esposo, como me parece que es común en Estados Unidos. Ella sabía que era criticable en ciertos ámbitos y creo que pensó que era criticable desde mi punto de vista, pero ese apellido le gustaba mucho.

Yo soy feliz de ser "mamá de B". Tal vez porque he tenido suficientes oportunidades para ser lo que he querido en el ámbito académico o laboral.

Hay y seguirá habiendo mucha política sobre género en mi casa -relativamente mucha, depende con qué se le compare-. Y siempre he tenido clarísimo que me gustaría tener una pareja que me mantuviera económicamente. Y no tengo intención de empezar a levantar cosas pesadas o de matar yo misma los bichos siempre que pueda evitarlo. En principio, mi vida no está para consagrarla a una bandera o a una causa, así que si fuera incongruente con una ideología o movimiento, no sería un gran problema para mí. No obstante, en mi entendimiento y experiencia, me resulta congruente.

De cualquier forma, examino qué hay detrás de mis deseos y elecciones -que nunca son "en el aire"-, qué es lo no evidente, qué sostiene algo, con qué se relaciona, para qué puede servir; sobre todo, para qué puede servir y no me he dado cuenta.

En esas, reflexionando mientras llegaba a la casa y empezaba esta entrada, me acordé de mi amiga M, a quien una vez le dije "mamá de A". Rechistó de inmediato, con toda la razón del mundo: que ella tenía un nombre, que era M. Por supuesto.

G, la mamá de K, quien me llamó hoy y se disculpó por no recordar mi nombre, tiene una vida completamente diferente a la mía. No la conozco a profundidad, pero sé que viene de un hogar donde la mamá tuvo que trabajar mucho para sacar adelante a sus hijos y que vive en un contexto -¿quién no en este país?- donde seguramente se le ha discriminado por ser mujer y se le ha señalado de una manera u otra porque el papá de sus hijos no está presente. Y yo le doy un poquito más de peso a la pesada loza de un sistema social que le ha dicho -nos ha dicho- qué debemos ser aunque no nos convenga. Me propongo no volver a decir a ninguna mujer algo como "eso somos, la mamá de", si no estoy segura de que ser identificada de ese modo es algo que goza.

Silvia Parque

jueves, 30 de agosto de 2018

Opiniones y un linchamiento

Estaba escribiendo "Lecciones para infelices" cuando me enteré del linchamiento en Puebla. Hace rato vi que hubo otro en Hidalgo.

Me entero de muchas cosas, pero como explica la politóloga Elisa Godínez en ESTA nota, los linchamientos son tan dramáticos y terribles que hacen sentir necesidad de decir "algo".

No soy una espantada de las redes. De hecho, tenía ganas de escribir sobre las maravillas que encuentro en mi timeline de Twitter cada día: me sorprendo y aprendo gracias a personas que comparten su conocimiento.

Entonces pasa que un rumor termina en la transmisión en vivo de cómo torturan y matan a dos campesinos. O termina en quién sabe qué, fraguándose en la conciencia colectiva del pueblo donde ocurrió, en el alma de los parientes de las víctimas, en nuestra capacidad para procesar los hechos violentos de los que tenemos noticia.

Pienso en la recurrente queja por parte de quienes creen que no deberían respetarse los derecho humanos de algunas personas, en la cantidad increíble de niñas y niños que desaparecen, en los niveles de inseguridad e impunidad. Y en mi hija, por supuesto. Y en la mamá que rogaba desde Facebook a los linchadores. En lo que leí sobre psicología de las masas en la materia de Historia de la psicología social... Pienso en la crueldad, la maldad, la anomia, los procesos colectivos que impiden el actuar racional. Y en la cuestión de la responsabilidad.

En esta década, algunas figuras públicas tuvieron que aprender que los comentarios que harían en las salas de sus casas con un grupo de amigos pueden tener reverberaciones increíbles cuando los hacen en alguna red social de internet. Otros hemos tenido que aprender que aunque tengamos poca presencia, el hecho de hacer público algo o compartir contenido (propio o ajeno) nos coloca en una cadena de interacciones que es parte de algo más grande. Eso implica responsabilidad.

Al mismo tiempo:  no puedes hacerte responsable de otros...

Pienso en esas publicaciones amenazantes que han circulado "Aquí en Xlugar, si encontramos a alguien queriendo robar un niño, lo quemamos". ¿Qué pasa al darle "me gusta" a la publicación? ¿Al compartirla? ¿Al comentar "sí, hay que quemarlos"? ¿Al gritarlo estando ahí, junto a la persona a quien se pretende ajusticiar? ¿Al simplemente estar ahí? ¿Al seguir el hilo de las notas? ¿Hasta dónde llega el alcance de la responsabilidad? Yo me sentí mierda porque buscando información sobre lo que había ocurrido, me topé con fotos. ¿Qué tengo que andar buscando? ¿Para qué saber los detalles? No voy a hacer un estudio sobre el tema, ¿es morbo, entonces? Mi consuelo es que me dolieron casi físicamente.

Como decía, me enteré de lo que pasó mientras escribía "Lecciones para infelices", sobre la gente que quiere aleccionar a los decaídos y sobre la necesidad de respetar los procesos afectivos de los demás. Me hizo terminar el artículo con un ánimo diferente, pero convencida de que hace mucha falta tomar conciencia sobre lo "en serio" que es esto.

He leído comentarios burlones sobre el ciberacoso. ¿Qué cual es el problema con insultar a alguien en Facebook, si se puede cerrar la cuenta y seguir viviendo? Pues algún problema habrá cuando hay muchachos que se han quitado la vida en medio de tales dinámicas. Algún problema habrá con seguir diciendo a las personas con depresión que "le echen ganas, que sean agradecidas". [Publiqué hace poco "¿Para qué ir al médico si están los grupos de Facebook?", sobre los consejos de salud que se hacen sin ton ni son en redes sociales.]

Meto en el mismo costal cuestiones diferentes porque lo que quiero señalar es la posición desde la que se emiten los mensajes: una posición distante. Es señalar o aconsejar y deja sola a la persona para que se las arregle. La misma distancia que permite a quienes en su cotidianidad son tan respetuosos como cualquiera, compartir imágenes de otras personas sin su consentimiento para burlarse de ellas. La misma distancia que permite a alguien que no quemaría a alguien vivo, comentar "sí, quémenlos" bajo la publicación que anima a hacer algo como eso.

Creo que nos urgen clases de prudencia; pero sobre todo, talleres o lo que venga al caso para aprender a estar más cerca; para opinar no solo con cuidado sino para cuidar, no solo con respeto sino con compasión.

Silvia Parque

miércoles, 29 de agosto de 2018

Censura y gracia

En mi casa hay discurso políticocensura. La censora soy yo.

Durante sus primeros dos años no expuse a B a mis canciones (dramáticas, exaltadas). En los últimos meses le han tocado cada vez más "conciertos", sobre todo mientras hago el quehacer, pero de tanto en tanto interrumpo y le doy un discursito desmitificador del amor romántico.

Pongo más cuidado en las historias que leemos. Varios de sus libros están mal escritos, así que desde ahí hay que hacer ajustes; pero lo que más me importa es el mensaje. Mi/nuestra versión favorita es la de Cenicienta. Cuando leo el librito, omito algunas expresiones, nada más; pero cuando le cuento la historia antes de dormir, mi versión es totalmente distinta; la pide una y otra y otra y otra vez (por temporadas).

"Cuéntame el libro de Andrea", dice.

A veces ha querido interpretar la dinámica entre la madrastra y Cenicienta. Normalmente prefiere ser la madrastra; pero he amado cómo hace a Cenicienta. La primera vez se negó a hacer la limpieza de todo y le dio la vuelta a la historia. Hoy, dado que yo insistía en que ella debía trabajar día y noche sin descansar, empezó a cantar: "No controles mi forma de vestir porque es total y a todo el mundo gusta..."

Silvia Parque

martes, 28 de agosto de 2018

Todo les ofende

Se hacen bromas con el tema de que hay una generación a la que todo le ofende.

Yo no me ofendo fácil con lo que viene de quienes no conozco, pero sí encuentro ofensivos un montón de formas y contenidos.

- Es que ven machismo en todos lados. Pues porque hay machismo en todos lados. Es un sistema de lo que estamos hablando: un sistemas social que marca las pautas del modo de vivir.

- No tienen sentido del humor, no entienden lo que es un chiste. Y hay graciosos que no entienden que hay posiciones de poder en la que unos oprimen y otros son oprimidos. Reírse o hacer que otros rían de quienes son oprimidos es estar del lado de quienes oprimen.

- No pasa nada, no es para tanto. Hay cosas que están mal y siguen estando mal aunque una acción específica no tenga consecuencias evidentes. Una práctica de este tipo es la de compartir la imagen de alguien sin su consentimiento para hacer mofa o escarnio de esa persona. Comúnmente no parecen darse cuenta de que esas imágenes son de personas.

Señalar y reprobar lo ofensivo incomoda. Ojalá cada vez haya más incomodidad de esa.

Silvia Parque

lunes, 27 de agosto de 2018

Aprender a hacer

No aprendo con los tutoriales: ni en texto, ni en video. Tampoco cuando me dan instrucciones "en vivo", ni cuando me modelan cómo se hace algo.

No aprendo, pues.

Es una exageración; pero soy mala para aprender a "hacer".

Pienso en mi forma de cocinar. Amo la comida que preparo. ¿Y cómo aprendí a cocinar? No me enseñaron, ni aprendí viendo; fui aprendiendo haciendo por mi cuenta, muy inventado todo. Esta forma de proceder tiene sus riesgos; por ejemplo, hubo una noche que mi ex pasó vomitando todo el calamar que se comió, porque yo no sabía que al calamar hay que quitarle la piel.

No volví a preparar calamar. También me rendí con los frijoles cocidos. Pero hago otras cosas deliciosas.

Sin embargo, esta forma de aprender no funciona para aquello que me resulta realmente desconocido: para aquello con un lenguaje desconocido, por ejemplo, para aprender a editar videos.

Silvia Parque

viernes, 24 de agosto de 2018

El primer ciclo escolar de su vida


Mi hija está teniendo un buen inicio del primer ciclo escolar de su vida y yo estoy feliz con todo alrededor del tema. Por lo demás, mi ánimo está realmente extraño; probablemente tenga que ver en esto, el hecho de que la criatura pescó un resfrío y aunque yo no tengo los síntomas comunes, ayer me noqueó un golpe de cansancio que ha de venir de ahí.

Pero esto va de la niña y el preescolar...

El lunes, cuando le dije "es el día de ir al kinder", sonrió y remolineó más contenta que en Navidad. Esa mañana me preguntó si yo me iba a poner "muy triste" y al rato si me iba a poner "triste". Parece que aclararle que yo estaría muy contenta porque ella iba a estar contenta, le dejó en libertad de disfrutar la experiencia. Y está como pez en el agua.

Hoy viernes seguía encantada con su uniforme y ayer estaba soñada porque hicieron una corona de papel. Hace el camino queriendo llegar allá y aunque le da gusto verme a la hora de salida y me saluda muy cariñosamente, no tiene prisa por regresar a la casa. Me cura ver lo diferente que es a mí y me nutre ver aquello en lo que se me parece.

Una pieza clave en esto es la maestra. No es el modelo educativo que yo quisiera, pero con una buena maestra estaríamos bien. Y creo que Dios nos puso ahí a la persona que B necesitaba. Sé que es pronto para echar las campanas al vuelo, pero las señales son positivas.

Silvia Parque

miércoles, 22 de agosto de 2018

Café

Tuve un par de semanas de café Combate del que viene mezclado con azúcar, bien cargado, con un chorro -no mucha cantidad- de jarabe de chocolate Hershey's. Ayer cambié el jarabe por medio cuadrito de chocolate de mesa El Oso y resultó muy bueno. Desafortunadamente, quebré el tarro que hacía las veces de taza. Traté de beber un café en un vaso de plástico azul -quedan dos de esos vasos: había cuatro-, pero no pude con eso. Creí que me daría un descanso de café una semana; luego conseguiría un par de tazas; pero aquí estoy, bebiendo café al tiempo, de segunda mano, sin azúcar para asumir que es otra clase de bebida y no lo que yo tomo como "café".

Entretanto, me desintoxico mentalmente. Traigo un ánimo extraño -tal vez nuevo-, que me agrada. Visualizo una "línea" para el resto de mi vida -no es un camino, no son deseos-. Una propone y Dios dispone, pero a mí me importa mucho tener una buena propuesta. 

Silvia Parque

viernes, 17 de agosto de 2018

De lengua me como un taco: "Cuando sea mamá...

Dicen que todas las mamás dijimos que no haríamos cosas que hacemos y es más o menos cierto.

Me cae mal cuando eso se usa para hacer pasar "algo" como si fuera imposible o como si fuera pura pose el mencionarlo. En esta lista incluyo, por ejemplo: "Cuando sea mamá no le voy a dar comida chatarra", "... no lo voy a entretener con la televisión", "... no le voy a prestar el celular".

"Eso dices ahora, pero ya verás", advierten los entendidos, como si fuera imposible cumplir estos propósitos. Y son bien posibles. Solo que hay que tener en cuenta dos cosas: cuánto nos importan y cuál es nuestro estilo de vida.

-  Tal vez algunas mamás descubran que algo les parece mucho menos importante ahora. En ese caso, no solo se vale hacer ajustes, sino que sería incongruente no hacerlo.
- Cada familia tiene un modo de vivir, con prácticas que se van volviendo costumbres: si algo es parte de la vida de papá y mamá, difícilmente no será parte de la vida de la criatura.

Luego están los "siempre" y los "nunca". Estas palabritas, sobre los hijos o sobre lo que sea, hay que decirlas con tiento. Sin embargo, vuelvo a lo que mencioné sobre cuánto nos importan las cosas que nos proponemos y agrego otra cuestión -relacionada con el estilo de vida-: nuestra forma de ser. Hay quien dice "yo nunca voy a pegar a mi hijo" y nunca va a hacerlo.

La "forma de ser" me lleva a otra cuestión: una cosa es lo que queremos hacer y otra cómo queremos ser. Antes de tener hijos podemos tener una idea clara de cómo queremos ser como mamás, pero no podemos saber a ciencia cierta lo que resultará de la mezcla entre el quiero y el puedo. Yo quería ser un dulce: una mamá relajada y super linda. No consideré que para ello necesitaba ser una persona relajada y super linda. No lo soy. Tengo otras características apreciables, pero esas no.

También están los dichos en los que la mamá no se refiere a sí misma, sino a sus futuras criaturas, como en el famoso: "mis hijos no van a hacer berrinches en público". Estos dichos no deberían cumplirse si parten de la ignorancia de cómo es el desarrollo de niñas y niños, así como de atribuir características a una criatura a quien todavía no se conoce.

Mi taco de lengua es comer chocolate a escondidas. En mis sueños, educaría a la criatura para aceptar que yo como algo que ella no -no en ese momento, no en la cantidad que yo estoy comiendo-. Pero pide, insiste, siento feo no darle... Así que he comido chocolate en el baño.

Silvia Parque

jueves, 16 de agosto de 2018

Los pájaros son muy bonitos

Esta tarde, regresando de la tienda, apenas entré a la casa, vi a B rayando el piso de la cocina con un lápiz. Había un gran tiradero, además.

La niña intentó hacerse la graciosa. El padre y yo tuvimos un momento tenso con la niña en medio. Yo pasé la tarde de ayer ordenando y medio limpiando, así que encontrar el desastre me pareció desolador. Me puse a recoger y me negué a hablar con B, que me ofrecía comida de juguete. "No quiero jugar y no quiero contestarte. Estoy triste porque no recoges tus juguetes".

Al rato, cenamos y las cosas volvieron a la normalidad. Luego, B se cayó de una silla. Yo la consolaba y ella volteó los papeles:

- Tú te caíste y te pegaste -dijo. 
- Me caí y me pegué -continué.
- ¿Lloraste?
- Sí, porque me dolió. Y además mi mamá había estado diciendo cosas que no entiendo y se enojó y no quería hablar.
- ¿Por qué no quería hablar?
- Porque los adultos tienen muchas cosas en la cabeza.
- ¿Qué tienen en la cabeza?
["Pensamientos", intervino su papá.]
- Pájaros, hija. Decía mi abuelita: "tienes pájaros en la cabeza".
- Pero si los pájaros son muy bonitos.

La estreché.

Silvia Parque

miércoles, 15 de agosto de 2018

Soñé con un gran cuaderno

Hoy tuve un sueño del que pude recordar dos de las partes importantes. Una de ellas es que yo entraba a un comercio donde había varias chucherías sobre una mesa: libretas y cuadernos pequeños y baratos, de los que tienen pastas y hojas muy delgados, de mala calidad. 

Tomé una libreta para verla. Estaba ahí perdiendo el tiempo, huyendo de una circunstancia incómoda. En la primera hoja había cosas que yo había escrito. También en la última hoja. Luego la libreta era una recopilación de varios cuadernos que fui dejando por el camino. Traté de comprarla. La empleada dijo que el objeto no estaba en venta, que era de su novio. Estaba por explicarle cuando desperté.  

Lo que me llama la atención es la sensación de que realmente leí cosas que escribí hace mucho tiempo, de las que ya no me acordaba.


Silvia Parque

martes, 14 de agosto de 2018

Pequeñas cosas buenas

Tengo un cliente a quien le corrijo textos que usa en su trabajo. Su actividad laboral es completamente ajena a la mía, por lo cual, no tengo idea de gran parte de lo que está hablando -de lo que escribe, pues-. Eso hace muy entretenida mi labor.

Normalmente corrijo tesis, algunas veces otro tipo de trabajos académicos, así que: recibo el texto, acordamos una fecha, me organizo para trabajar, hago lo que corresponde y entonces, en la fecha acordada, envío el texto corregido. Este cliente, sin embargo, me manda textos cortos, a veces varios textos muy breves en un solo día. Y es evidente que los necesita en ese momento o al menos ese día.

Antes, me avisaba por WA cuando me había enviado algo. Ahora, como mi teléfono tiene complicaciones con la batería, mantengo el correo de trabajo abierto la mayor parte del tiempo para estar pendiente por si recibo algo suyo. Pero a veces no estoy en la computadora: qué se le va a hacer.

Esta tarde, B y yo fuimos a la ciudad a comprar sus uniformes para el kinder. Cumplida la misión, nos detuvimos en una nevería. Regresando a la casa, prendí mi teléfono: hacía apenas un par de minutos que este cliente me había enviado algo. Me ocupé.

Y esa es la historia. Llegar y que apenas me acabara de enviar algo -no haberlo hecho esperar- me parece como ganar un premiecito en los boletos de lotería instantánea :)

Silvia Parque

lunes, 13 de agosto de 2018

Comentarios perdidos

Hoy encontré comentarios perdidos y olvidados.

Frecuentemente voy a una o varias publicaciones viejas y las comparto en Twitter o Facebook. Como ya me había pasado encontrar algún comentario no visto de los primeros tiempos del blog, hoy cuando me topé con uno, me puse a buscar yendo hacia atrás en la lista de publicaciones. Y que veo otro y otro y otro... no sé cuántos. Una pena. Revisé el año 2012, quién sabe cómo esté el 2011. Había de Inma, a quien ahora extraño, de Susana, de Taty y del papá de B... varios del papá de B, que en esos años decía que sí me leía y que a veces comentaba, mientras yo por dentro pensaba "un comentario que hiciste alguna vez". Y pues no, sí fueron varios.

No entiendo cómo pasó...

No hago drama, es nada más que me importan los comentarios.

Silvia Parque

domingo, 12 de agosto de 2018

Mensaje de las emociones y los sentimientos

Los sentimientos y las emociones tienen mucho que decirnos. Creo que los que catalogamos como "negativos" son los que nos dicen cosas más interesantes. Y creo que, cuando no podemos distinguir de qué sentimientos se trata, nos dicen justo lo que necesitamos saber.

Hoy le decía a una amiga que hice tal cosa y me sentí "rara". Entonces recordé que me sentí así de "rara" en otra ocasión en el día. Pude ver lo que hubo de común en esos momentos y entendí qué me pasa. Creo que puedo moverme de esa posición porque no me conviene; pero aunque no pudiera moverme de ahí ahora mismo, es importante distinguir qué nos pasa.

Silvia Parque

sábado, 11 de agosto de 2018

Los niños del kinder

Este es el penúltimo fin de semana sin escuela en esta familia. El siguiente fin de semana estaremos a punto del primer día de B en preescolar.

Comparto la siguiente conversación, que ya fue la segunda sobre el tema:

- ¿Los niños del kinder no me van a pisar?
- No.
- ¿Nada más me van a decir "hola" con la mano?
- Sí. ¿Y tú qué les vas a decir?
- "Hola, soy B".

La primera vez que preguntó si la pisarían, le expliqué que no, le dije que podía acercarse y decir: "Hola, soy B". No sé por qué rayos se le ocurre que podrían pisarla, pero temo que tenga que ver con la experiencia que tuvo cuando iba a otra casa a que la cuidaran.

Silvia Parque

viernes, 10 de agosto de 2018

Estufa de juguete


Hace meses le hice una estufa a B con una caja de cartón. No tardó en "intervenirla". Ya era muy sencilla, así que no había modo de que la echara a perder... Jugó con ella más por invitación mía que por otra cosa; la dejó pronto: podía cocinar y hornear todo el día, pero no en su estufa.

Estando en la casa donde vivimos ahora, con menos espacio del que habitábamos, decidí regresar la caja a su destino de contenedor. Sin embargo, B la descubrió y la reclamó. Como el "área de juguetes" está llena, se me ocurrió ponerla junto a la estufa verdadera, confiando en que podría arreglármelas para que B no jugara ahí cuando dicha estufa verdadera estuviera encendida. No fue difícil porque de nuevo le hizo poco caso: ocasionalmente metía y sacaba algo del "horno", nada más. Hasta hace unos días, que empezó a subirse a ella, con el riesgo de vencerla y caerse. Sumando a esto, que mi idea de colocarla donde se cocina de verdad ha hecho que tenga salpicaduras de aceite -parecen de aceite-, estaba planeando desaparecerla en cuanto pasara una temporadita siendo ignorada. 

Hoy B estaba examinándola y preguntó: "¿Cómo se prende?" Le mostré, moviendo mis dedos como si girara la perilla dibujada. Parecía que tenía un juguete nuevo. Estuvo ahí un buen rato, metida en su asunto y volvió a ella varias veces.

La estufa de juguete se queda.

Silvia Parque

jueves, 9 de agosto de 2018

Soñé que descuidaba a mi sobrino y él tomaba medicina

Tuve un sueño hace una noches:

Yo estaba con mi abuela y uno de mis sobrinos que tiene poco más de un año; creo que en el sueño apareció como de nueve meses. Había una caja de cartón, como de zapatos, con cosas variadas, incluyendo algunas cajitas de medicinas. Mi abuela dijo que había que quitar las medicinas y algo más de ahí porque el niño podía cogerlo. Yo dije con otras palabras, que ya las quitaría al rato, que el niño no se estaba interesando... No recuerdo las palabras exactas pero sí recuerdo haber usado ese tono de "qué exagerada eres, no pasa nada". Entonces: volteo a otro lado, vuelvo a mirar al niño y hay cápsulas tiradas a su alrededor, tiene cápsulas en la mano y en la boca. Meto mi mano en su boca y saco una, dos, tres, cuatro, cinco cápsulas, pero hay una más, ya masticada, "abierta": se ha tragado el contenido. Pienso en hacer como si nada hubiera pasado, pero no están las cajitas de las cápsulas y las carteritas de aluminio de donde las ha tomado no dicen nada: así que no sé qué ha tomado: no sé si es terrible o nada más malo. Calculo cuánta intoxicación puede haber y me preocupo. Ya no voy a ir al cine.

Ahí desperté.

El desasosiego me duró horas y hace un momento me acordé.

Declaro en mi defensa que en la vida real por supuesto que no consideraría hacer como si nada hubiera pasado y en lo último que pensaría sería en si voy a ir o no al cine.

Silvia Parque

Despenalización del aborto

Sigo en Twitter el asunto de la despenalización del aborto en Argentina. Es una cuestión de esas en las que me parecen equivocadas muchas de las razones y los modos de aquí y de allá.

Sé que las mujeres tenemos derecho a decidir sobre nuestros cuerpos y eso incluye el derecho a decidir abortar. La lucha por el reconocimiento de ese derecho no puede ser menos que una "lucha" y por eso entiendo que hay coraje -hay mujeres muriendo- y hay hartazgo por parte de muchas mujeres y colectivos de mujeres que han decidido no explicar más: no tienen por qué ser educadoras de personas adultas que se sitúan como opositoras, a veces como opresoras o agresoras y casi nunca con disposición de aprender. Pero creo que hay mucho que explicar, que es necesario educar y quienes tienen mayores recursos son quienes están en posibilidad de hacerlo. Me refiero a recursos de conocimiento, a una perspectiva que permite una visión amplia, a haber pasado por un proceso de deconstrucción o análisis o empoderamiento -yo qué sé- que permite observar cómo opera lo que llamamos "patriarcado" o al menos cómo opera lo que llamamos "machismo". Claro que no estoy diciendo que nadie en particular tenga que hacerlo o debiera hacerlo. Solo digo que sería bueno comunicarnos y eso es casi imposible partiendo de burlarnos de la ignorancia o incapacidad del otro. Que la burla también puede ser autodefensa: pues sí.

Decirle a una persona "pro-vida" que si no está de acuerdo con el aborto, no aborte e insistir en que despenalizar el aborto -legalizarlo, volver accesible el aborto seguro, etc.- no obliga a nadie a abortar no sirve, considerando que son personas convencidas de que se están matando bebés y/o que las leyes deben reflejar lo que piensan que Dios manda. Habrá personas "pro-vida" que solo quieran sentir que los demás viven como ellos dictan; pero hay otras simplemente convencidas de lo que menciono: que el aborto es matar a un bebé y/o que las leyes deben reflejar lo que Dios manda, de lo cual están enterados. Y al parecer, no logramos explicar por qué ni una cosa ni la otra. Esta difícil cuando hay un nivel paupérrimo de conocimientos, razonamiento lógico y comprensión lectora, al menos en México. Además, la gente se pone necia. Pero ¿si lo que pasa también es que no hemos sabido explicarnos? Esta pregunta me ronda en más de un tema: debe ser mi vocación docente. No quiero caer en algo que en el fondo sea que las mujeres a quienes se les niega un derecho además tienen la culpa de que se les niegue. No lo veo así. Pero, ¿si lográramos explicarnos?

Esa marea verde que me emociona y por la que apuesto, no es mayoría todavía y aunque lo fuera: no son pocos los que piensan que el aborto es un crimen abominable: ellos están ahí y decir que hay que escucharlos queda muy mal porque forman parte de los grupos favorecidos que no solo siempre son escuchados sino que silencian a los demás; pero, podemos no ser como ellos y sí escuchar para intentar conversar. Igual no con esos legisladores que no hacen la tarea de investigar lo que van a votar, igual no con los líderes de organizaciones que literalmente callan la boca de quienes les enfrentan; pero sí con los demás: son familia, son vecinos, son personal de salud, son trabajadores de la educación. ¿Y si hubiera algo que aprender o valorar de su postura? Yo valoro la visión de la vida como algo que merece un respeto excepcional. Creo que es claro que no estoy con ese argumento de "salvar las dos vidas"; pero sí creo que un cigoto, un embrión y un feto no son "cualquier cosa", así que tan a favor como estoy del derecho al aborto seguro, estoy también a favor de no banalizar el aborto. Las personas tienen derecho a juzgar que el aborto y lo que se aborta es cualquier cosa, pero creo que como sociedad hacemos bien en no creer que es cualquier cosa, en cuestionarnos sobre el límite de semanas de embarazo para abortar, en el acceso de las niñas al aborto, etc. No digo que quienes pelean por este derecho estén banalizando, tampoco digo que no estén en su derecho de banalizar; digo que es legítimo temer esa banalización e intentar que no se banalice. 

Hasta aquí esta publicación, pero aprovechando el viaje, repito lo que ya habré dicho en algún otro lado: ni la violación, ni la pobreza extrema, ni malformaciones graves en el producto, ni peligro para la salud de la mujer, ni ninguna otra cosa debería ser un motivo para "permitir" el aborto. La mujer no debe necesitar permiso para decidir sobre su vida y sobre su cuerpo. El derecho al aborto debe derivar de la autonomía de la mujer. 

Silvia Parque

martes, 7 de agosto de 2018

No querer

Un día tienes que poner punto final a los intentos de algo que no sale. AQUÍ hablo de abandonar la tesis. En esa publicación, Macondo comentó: "Las cosas son como son, no como se supone que tienen que ser. Es conveniente reunirse con uno mismo de vez en cuando para ver si estamos en el camino que queremos y podemos estar".

A mí me parece bien difícil "finiquitar" un asunto cuando no se han agotado totalmente los recursos o las posibilidades de que salga adelante. Soy malísima para iniciar cosas y abandono muchas de las que inicio en la primera parte del camino, pero no las abandono en mi mente: en mi mente siguen apareciendo como algo que podría ser -no que pudo ser-. Y pesan.

Lo más difícil de "finiquitar" en mi vida ha sido mi matrimonio. He tardado años en terminar-de-terminar. ¿Cómo, con toda esa historia? ¿Y si intentara más así o menos de la otra manera? Habría sido mucho más conveniente terminar cuando todo se descompuso, pero entonces no habría nuestra hija. Habría sido mucho más práctico terminar cuando era evidente que ya no nos moveríamos de nuestras posturas de "esto quiero, esto puedo, esto soy"; pero ya que no lo hicimos, rescaté haberme dado la certeza de agotar mis recursos y las posibilidades de que eso saliera adelante. Así iba yo por la vida hasta hace poco, cuando noté algo terrible. Creo que lo había notado antes, pero no de esta manera tan impactante:

Lo crucial nunca fue no poder. No podía, no podía y no podía, pero seguía intentándolo. Un día, ya no quise. Otro día, incluso, supe que podría poder, pero ya no quería. Me dolió el alma, otra vez. Y nada: "que las cosas son como son, no como se supone que tienen que ser".

Silvia Parque

lunes, 6 de agosto de 2018

En la cama

Llego a la casa cuando B está a punto de quedarse dormida. Sé que si entro a la recámara interrumpiré el proceso: tardará más en dormirse; pero no voy a dejar de pasar a saludarla, decir buenas noches, darle un beso y desearle que descanse. "Te voy a dar muchos abrazos", me dice y cumple su palabra. Se enrolla en mí; pone su cara en mi cara. La beso en la frente, en las mejillas. Me jala hacia ella. Me cuenta "el libro de Andrea". De pronto estoy en un ángulo que me hace ver su rostro igual al que yo tenía de niña: idéntico.

Nos amamos.

Silvia Parque

domingo, 5 de agosto de 2018

No creas nada

He comenzado a publicar en el portal No creas nada. Me emociona porque pagan por visitas. Estamos hablando de tener miles de visitas para generar un pequeño ingreso, pero todo es posible y para mí es importante obtener dinero de lo que me gusta hacer.

"¿Qué es el ciclo de la violencia?" es mi primer artículo ahí. Los invito a pasar, leer, comentar, compartir :)

Silvia Parque

sábado, 4 de agosto de 2018

Corre que te alcanzo

B hace relatos. Lindos relatos. Interesantes de verdad.

Los va formando:

La primera versión parece más que suficiente para una niña de tres años; en la segunda, agrega elementos; en la tercera, extiende la historia, a veces cambia algún detalle...

Cuando intenté enseñarle que no todo lo que leíamos y contábamos eran "cuentos", no pareció importarle; pero dejó de pedirme "cuéntame un cuento". Empezó a usar "libro". "Cuéntame un libro", "léeme un libro de los que tienes en tu boca". "Te voy a contar un libro", dice ahora.

Silvia Parque

jueves, 2 de agosto de 2018

Desastritos

No hay tazas en mi casa porque las he quebrado todas. Ahora tomo café en uno de esos vasos que son primos de los tarros, que suelen usarse para los capuccinos. Por otro lado, el piso de mi estudio está manchado porque ayer tiré el café -así murió la última taza- y apenas detuve el desparrame del líquido, pero no limpié como era necesario. 

Cualquiera pensaría que la pequeña habitante de tres años es la culpable de los desastres domésticos; pero no -aunque hace su parte-.

Silvia Parque

miércoles, 1 de agosto de 2018

No, señor

En los últimos meses he cambiado la forma en que me relaciono con los hombres. En un lapso de tiempo relativamente breve, con al menos tres hombres que tuvieron su importancia en mi historia, ocurrieron incidentes o la evolución de la relación llevó a una revelación y me encontré quitándome de donde estaba.

Así que ahora:

  • No acepto el mansplaining. Si parezco brusca atajándolo, no me importa.
  • No acepto un trato condescendiente. Puedo despedirme con besos de quien me ha tratado de modo condescendiente, pero no habrá más cercanía en la relación. Esto incluye halagos o cumplidos en los que el otro está evaluándome.
  • No me coloco en la casilla donde un hombre supone que debo estar. Al parecer, quien te coloca en una casilla cree que puede acomodarte ahí como le parezca: más allá, más acá, mejor menos del otro lado...
  • No acepto que un hombre ocupe el espacio que me corresponde en el transporte público. Es mi pequeña guerra personal y celebro cada victoria. No me desgasta, no me enojo.

Los primeros tres "no", no me los propuse. Fue sucediendo. Fui cambiando, supongo, y un día pasó algo que me llevó a decir "bye". Así que no es una lista que me proponga cumplir, es algo que se volvió de esa manera. El cuarto "no" sí es algo que decidí; me gustó la primera experiencia de apropiarme de mi espacio y continué. Ahora es una cuestión también de dar ejemplo a mi hija.

Silvia Parque

martes, 31 de julio de 2018

Comunicación vía internet

Empiezo a chatear con una persona que me pide información sobre mis servicios profesionales, pasada la medianoche. La primera conversación con mi último cliente también fue como a esta hora. No es raro. A veces mis clientes necesitan que les resuelva una duda entrada la noche o tempranito en la mañana. Por mí está bien; no me interrumpe ni nada... frecuentemente son mis horas de trabajo. Es nada más que estaba pensando cuánto ha cambiado el mundo. Hay clientes a los que nunca veo; con algunos ni siquiera hablo por teléfono. Antes no hubiera sido posible.

Silvia Parque

lunes, 30 de julio de 2018

Caminito de la escuela

Hemos guardado la plastilina de B porque ha hecho que lleve las uñas negras durante más de un mes y ahora falta menos de un mes para que entre a la escuela. Mañana iremos a comprar masa moldeable que no ensucia ni de lejos como la plastilina. Vamos primero a la tienda de uniformes escolares; luego por la masa. Una de sus tías le ha comprado zapatos negros y tennis blancos. Mi mamá le trajo ayer una mochila pequeña; tiene dos más grandes. Necesitará recipientes para su colación. Tal vez es mejor que sea solo su papá quien la lleve los primeros días...

Silvia Parque

miércoles, 25 de julio de 2018

No dar vergüenza a los hijos

Creo que está escrito que los papás y las mamás un día avergoncemos a nuestros hijos. Habrá familias en donde no pasa nunca; pero es normal que un día los adolescentes se avergüencen del corte de cabello de la mamá o de los chiste malos que cuenta el papá. Luego ellos avergonzarán a sus propios hijos. Lo que no debería pasar es que vean a un papá borracho hacer un espectáculo en la calle o a una mamá rogando a un hombre que se quede a costa de lo que sea. Tal vez les toque ver cómo los ahorros familiares se van en la compostura de un coche que no tiene arreglo o tengan que salir de la casa en que han vivido porque se perdió en un mal negocio. Ni modo. Pero no deberían pasar por saber que sus papás han robado o estafado.

Silvia Parque

martes, 24 de julio de 2018

Acoso escolar

Estoy escribiendo un artículo sobre acoso escolar y lo que encuentro es terrible. Con eso en mente, solo pasé a declarar que:

Como sociedad, no estamos a favor de las generaciones jóvenes. Nos parecerán tiernos los bebés, pero no mucho más. No cuidamos a niñas, niños y adolescentes como lo necesitan. Como sociedad, no los amamos.

Silvia Parque

domingo, 22 de julio de 2018

Fruto

Estoy revolucionando. Siento como si algo "me naciera" por dentro y no estoy embarazada.

Hay una entrevista en la que Guillermo del Toro dice algo que se me quedó grabado: dice con otras palabras que pasamos los primeros cuarenta años de nuestra vida tratando de recrear lo que hubo en nuestra niñez, tratando de arreglárnoslas con lo que nos rompieron, perdimos y nos faltó, componiéndonos en los dos sentidos básicos de la palabra -arreglar lo descompuesto y formar-. En realidad creo que no dice eso, pero dice algo que yo tomé y convertí en esta idea; no sé qué es suyo y qué es mío. El caso es que dice que pasamos los primeros cuarenta años en eso; luego estamos en condiciones de hacer algo con la persona en que nos convertimos. Yo tengo 37. Creo que estoy madurando, en el sentido vegetal; pasé un tiempo viendo cómo no era más una flor y de pronto me doy cuenta de que estoy por ser el fruto de mí misma.

En el último servicio religioso al que asistí, el predicador habló acerca de dar fruto. No puedes ser un cristiano durante años y no haber cambiado en la dirección del "ser cristiano". Justo antes había buscado al Pastor de la congregación a la que acudía en Querétaro y me habló sobre echar raíces en donde eligiera estar. Decidí estar en mí.

Silvia Parque

jueves, 19 de julio de 2018

Asusto a mi hija

Asusto a mi hija. No con frecuencia, según creo. Obviamente no a propósito. Su padre no es perfecto, pero nunca la asusta... 

Me había pasado leyéndole libros o contándole historias. Repito que no con frecuencia; más bien pocas veces, creo yo... pero memorables.

El fin de semana ante-anterior, la dejé acostada para ir a ver el capítulo nuevo de la serie de Luis Miguel. Normalmente espero a que se quede dormida, pero yo quería ver el capítulo, así que me fui al estudio, me instalé y lo puse. Creo que iba como a la mitad cuando apareció la criatura. Dejé que se quedara por ahí, pero se asomaba a la pantalla a cada rato y supuse que la cosa se pondría fea con Luisito Rey, así que pausé la reproducción y le dije que ella no podía seguir viendo porque ese señor se iba a convertir en monstruo.

Pensé que era una figura retórica aceptable.

Jugamos a ser monstruos. Hacemos como monstruos. Cuando me desespero y me pongo en plan mamá neurótica o histérica, digo que me convertí en monstruo. Pero se asustó de verdad.

Silvia Parque

domingo, 15 de julio de 2018

La bisabuela

Ayer nos quedamos a dormir en casa de mi abuela. Entre ayer y hoy, ella le hizo caballito a mi niña, le enseñó a aventarse en la cama como si en la cama hubiera agua, la invitó a nadar en el agua imaginaria, le mostró cómo jugar al tren, le siguió la corriente con su espectáculo de no quererse bañar y bailó con ella. Así ha ido siendo las últimas veces que la hemos visto; la veo disfrutar cada vez más el momento y hoy francamente estoy encantada porque la recordé haciéndome feliz. 

Mis recuerdos de cuando era niña son, digamos, complicados. Pero hoy ocurrió algo que operó como un switch para iluminar mi historia. Mi hija siempre quiere verse en un espejo grande que es parte de un mueble en el que hay fotos en portarretratos. Tengo que decirle varias -muchas- veces que los deje en paz, que deben quedarse ahí, que se quiebran -ya tenemos experiencia en eso-. Pero hoy mi abuela los quitó para que la niña acabara de apropiarse del espacio. Esa fue la abuela con la que crecí: una mujer dándonos prioridad: haciéndonos felices.  

Podría dejar este post en presumir que mi hija tiene una bisabuela de ensueño o podría ahondar en la inesperada visión de mí misma -de ella conmigo- que tuve al verlas; pero quiero enfocar algo crucial: 

Hace no mucho fue por primera vez con un geriatra. El médico la comprendió totalmente y le dio un tratamiento que le devolvió la calidad de vida. Doy gracias a Dios por él y por su trabajo. Hay que buscar hasta encontrar la atención médica adecuada para estar lo mejor que se pueda.

Silvia Parque

viernes, 13 de julio de 2018

Estudiantes

Hoy se graduó la generación a la que pertenecen los 43 estudiantes de la Normal de Ayotizinapa a quienes desaparecieron. He visto tweets mencionándolo a lo largo del día y no pensé escribir sobre eso, pero ahora veo que hace unas horas estuvieron disparando a estudiantes en Nicaragua.

La semana pasada fui a la graduación de bachilleres de uno de mis primos. Estuve lagrimeando todo el evento, acordándome de tener diecisiete años. Cuando me gradué me sentía herida porque mi novio me había dejado, tenía rato liada con el papá de B, todavía no sabía que estudiaría Psicología. Tuve otra vez la fantasía de viajar en el tiempo para aconsejarme...

Nuestro querido graduado se veía hermoso; pero, en realidad, todos se veían hermosos. ¡Tan frescos! Tan seguros de que la vida está con ellos. Porque la vida está con ellos. Y nadie, nunca, jamás debería lastimarlos. Nadie debería entorpecer su camino hacia lo que están llamados a hacer, hacia las personas que están llamadas a ser; no disparándoles, no sacándolos de vivir.

Silvia Parque

jueves, 12 de julio de 2018

Personas difíciles

Todos tenemos una herida en lo profundo de nuestro ser; lo que hacemos con ella es mucho de lo que somos. Tal vez por eso, cada historia de vida es realmente interesante, hasta la de la persona más aburrida.

Conforme fui capaz de ver más allá de mí misma pude darme cuenta de que los demás adolecen de lo suyo. Unos lo llevan mejor que otros, pero cada cual tiene asuntos que le estorban, le complican, le hacen hacer de un modo que no es el que quisiera o simplemente le duelen, al menos durante temporadas.

Dicho lo anterior, de todas formas creo que habemos personas complicadas que adolecemos singularmente, como si adoleciéramos no de "algo" sino del ser, tal vez con más daño por la herida original, quién sabe... Dependiendo del carácter y de las elecciones que hagamos podemos ser más o menos difíciles para el resto del mundo, pero siempre somos difíciles para nosotras mismas. Un día lo aceptas y aprendes a llevarte bien con eso, como quien tiene diabetes o algo así.

Silvia Parque

lunes, 9 de julio de 2018

Nota sobre el día de hoy

Estoy atorada con el artículo que escribo y no parece que la crema de avellana esté resolviéndolo. Pretendía terminarlo el sábado o el domingo, pero después de trabajar en él prácticamente todo el día de hoy, todavía le falta para estar listo. Atorada, pues. Y como siempre en estos casos, la casa es un desastre. Pero me siento bien y llueve.

Silvia Parque

domingo, 8 de julio de 2018

Haciendo limpia

Siempre me ha gustado "hacer limpia" de objetos: sacar cualquier cosa que ya no use o ya no quiera usar.  Me causa una satisfacción que asocio con la ligereza y por eso lo hago fácil y regularmente... excepto con el material para mis proyectos manuales: puedo acumular un montón de cajas, papeles, tapas, tubos, etc., durante años; los ordeno y depuro, pero me cuesta dejarlos ir porque me cuesta aceptar que en toda una temporada no tendré tiempo o energía para convertir ese pedazo de madera en un cochecito -por ejemplo-. En cambio, hoy tiraré a la basura uno de mis tres pares de zapatos sin ningún problema -se han hecho grandes y se han roto-. Yo no podría con algunos clósets de mujer que he visto. Más ropa o zapatos de los que necesito me causarían ruido mental, al menos en este momento de mi vida. 

Hace no mucho vi algunos videos sobre el método konmari para ordenar la casa y de ahí tomé la pregunta "¿me hace feliz?" para decidir si algo se queda o se va. Eso agiliza en gran medida el trámite mental.

Hoy empecé a hacerlo con "cosas" no materiales y se siente realmente bien. Hay que ser más cuidadosos porque no todo está ahí para dar felicidad; pero la esencia de la cuestión es reconocer si algo está enriqueciendo o haciendo bien; si no, habría que ver porqué sigue estando; si de plano empobrece o hace mal: se le da las gracias y adiós.

Silvia Parque

sábado, 7 de julio de 2018

Mi estrella

A veces se hace presente el hecho de que no tengo idea de cómo haré o haremos para sacar adelante el proyecto en el que tengo puesto el corazón. A veces me siento sola. A veces me queda muy claro y muy de frente que la riego en cosas importantes. Pasa a veces; pero suele pasar todo junto. Sin embargo, ahí está ella, siendo un sol, haciendo que todo valga la pena.




Silvia Parque

viernes, 6 de julio de 2018

Percepción

Hace varios días me compré una pantaletita café porque le va bien a una falda que me compró una amiga. Cuando la lavé y la tendí, percibí un relieve en la tela, formando flores; un gusto. Ahora que ya vi, lo noto siempre. Así como cuando me doy cuenta de que una palabra en una canción es diferente a la palabra que yo percibía: si ya me di cuenta, siempre oigo la palabra que sí es. También, con algunos platillos, prefiero no pensar en que llevan tal o cual ingrediente que no me gusta, porque si estoy pensando en el ingrediente, empiezo a percibirlo. Tal vez esto último sea pura idea; pero al final casi todo es, sobre todo, ideas.

Silvia Parque

martes, 3 de julio de 2018

El cambio

Para muchos de quienes estamos contentos con el triunfo de López Obrador en las elecciones del domingo, el siguiente fragmento de su primer discurso es muy importante:
El Estado dejará de ser un comité al servicio de una minoría y representará a todos los mexicanos: a ricos y pobres; a pobladores del campo y de la ciudad; a migrantes, a creyentes y no creyentes, a seres humanos de todas las corrientes de pensamiento y de todas las preferencias sexuales.
Escucharemos a todos, atenderemos a todos, respetaremos a todos, pero daremos preferencia a los más humildes y olvidados; en especial, a los pueblos indígenas de México. Por el bien de todos, primero los pobres.
Es un movimiento de las posiciones de poder que abre camino a quienes históricamente han sido oprimidos.

En esta alternancia, el "sitio" de las mujeres no podía ser el mismo. La esposa del futuro presidente declaró desde la campaña que no está dispuesta a asumir el rol de primera dama. El gabinete que se ha dado a conocer estará integrado por la misma cantidad de hombres y de mujeres. La próxima legislatura será la que tenga mayor cantidad de diputadas y senadoras en la Historia de México. Se lo he dicho a mi hija, que no mostró mucho interés hasta que lo convertí en historia de familia:

- Cuando la bisabuela era niña, las mujeres no podían votar. Yo sí puedo. Tú vas a poder hacer lo que quieras.
- ¿Por qué la mujeres no podían votar?

Silvia Parque

lunes, 2 de julio de 2018

Ganó AMLO

Ayer, millones de mexicanos salimos a votar. Hoy al teminar este textito, siendo las 19:55 horas (tiempo del centro), se había capturado el 90.57% de las actas y el candidato ganador tenía el 52.95% de los votos, bien lejos del segundo lugar, que tiene 22.51%

Andrés Manuel López Obrador es el virtual presidente electo de México.

Quisiera escribir muchas cosas, pero me estoy dando tiempo de leer a personas que expresan mejor que yo lo que está pasando en este país y que incluso expresan mejor que yo lo que pienso y siento. Además justo estos días tengo mucho trabajo y sobre estos temas no puedo escribir rápido. Se me olvidó que soy de las flojas que quieren todo regalado y otra vez me toca trabajar también en la noche.

Solo diré dos cosas:

1) Estoy muy feliz, verdaderamente emocionada y esperanzada. Nunca he creído en AMLO como "el mesías"; creo que en Morena -el partido por el que voté en todas las opciones- se puede confiar tanto como en cualquiera de los otros "partidos políticos" y estoy muy pendiente de cómo queda situado el PES -el partido "aliado" a Morena, al que se ha llamado "de la derecha ultraconservadora"-.

2) Si las campañas electorales fueron el espacio perfecto para hacer explícito el profundo clasismo imperante, la penosa ignorancia generalizada sobre temas sociopolíticos [todo lo que huela a justicia social es comunismo y los comunistas comen niños] y la dificultad hasta la incapacidad de mirar al otro y considerar sus razones, a esta temporadita post-resultado electoral no le faltan expresiones ni de una cosa ni de otra.

P.D. La "izquierda" debería dar un premio, beca incluida, a quienes somos la única "chaira" o el único "chairo" de la familia. Ya ven que ellos reparten el dinero de los que sí trabajan a los que solo nos quejamos XD

Silvia Parque

jueves, 28 de junio de 2018

Gracias por tolerar que una niña se porte como niña

Hoy, B y yo hemos ido a una estética para que le cortaran el cabello.

Debíamos esperar a que llegara la estilista a abrirnos. Cuando llegó, B se coló entre la mujer y la puerta para entrar primero. Yo le dije "espera", pero en la segunda sílaba, ella ya había entrado. Exploró el espacio, recorriéndolo no solo con la mirada; se dispuso a entrar en otra habitación, pero la detuve y le dije que esa no era un área para clientes. Habló y habló y habló, a mí y a la estilista, incluyendo preguntas repetidas. Se movió, intentó quedarse quieta, se movió, logró quedarse quieta y se movió, mientras la mujer hacía lo suyo. En algún momento, sus pies estaban en el cuerpo de la estilista; los retiré y le advertí que cuidara dónde los ponía. En otro momento gritó, emocionada por algo; le dije que ahí no se gritaba y su siguiente frase la dijo muy bajito. De pronto, metió la mano a donde se movían las tijeras. Solté un "no" enfático y luego de que expliqué por qué no debía hacer eso, la estilista me hizo segunda, contándole que ella misma se había cortado y mostrándole el papelito con el que se limpió la sangre. Creo que fue luego de eso que le ofreció un dulce, al que siguieron otros cuatro. Al final, B tomó la brocha para sacudir cabellos de la mano de la mujer; le dije que eso no se hacía, pero la verdad es que no se la quité porque de algún modo ambas adultas estábamos satisfechas con que la misión terminara por fin.

La mujer no dejó de ser amable ni cuando B la tocó en el estómago y preguntó "¿esta es tu panza?" y realmente trató de entender algo que B debió repetir unas tres veces para que yo tradujera. Le agradecí por su paciencia y le agradezco aquí de nuevo.

Los niños deben aprender que a veces toca pasar después de otras personas, que no pueden atravesarse como si no hubiera alguien más en el camino, que hay límites en los lugares, que el cuerpo de las otras personas es un límite de lo más importante, que se debe modular el volumen, que hay que estar quietos en muchas situaciones, que hay un montón de reglas para relacionarnos con los demás y con los objetos de los demás. Pero si se respetan sus procesos, no lo van a aprender "a la primera"; les lleva tiempo. Las buenas personas pueden lidiar media hora con eso. Habrá quien disfrute oír a una pequeña conversadora de tres años y quienes no; pero las buenas personas pueden valorar y respetar que la criatura está conociendo la vida y el mundo.

No se trata de gustar de los niños; se trata de entender que ocupan un lugar en el mundo y que tienen derecho a los espacios públicos, así como son: inquietos, ruidosos, sin filtro.

Ayer fuimos a una librería por segunda vez. La primera vez, hará más de un año, fuimos por un asunto mío y la tuve en brazos casi todo el tiempo. Ahora íbamos con ella como protagonista, para que eligiera un libro. Fue una experiencia muy agradable; pero la forma en que se desarrolló no la habría imaginado antes de embarazarme... Bajé al piso todos los libros que le llamaron la atención y ahí los fuimos viendo. Imposible que ella los viera o tocara en el mueble alto donde estaban. (No los maltratamos y por supuesto, puse en su lugar los que no llevamos).

Aprecio mucho que el personal y las demás personas, la dejaran disfrutar y no me hicieran sentir incómoda. Porque no solo es que yo bajara los libros al piso. Ella entró corriendo, atraída por la extensión del pasillo -¡una pista!-. Pronto descubrió que lo mejor de una librería es que tenga una rampa junto a una escalera; hay que conocerla bien primero, pero luego se puede subir y bajar, subir y bajar, rápido o lento. Más tarde, encontraría lo segundo mejor, que es un tapete de plástico en la puerta -afuera- donde se puede bailar y dar vueltas; un tapete que, como todos los del tipo, ha de ser palpado... Pero decía que entró corriendo... Claro que le dije que ahí no se corre y la cargué para evitar contratiempos. Pero se escabulló varias veces para subir y bajar la maravillosa rampa. Y aunque no volvió a gritar cuando le dije que ahí no se grita, nuestro volumen enteró a todo el mundo del proceso de selección del libro elegido. Es el modo en que puede portarse una niña inquieta de tres años. Además: es el modo en que puede aprender cómo portarse. Poco a poco.

Silvia Parque