miércoles, 19 de julio de 2017

El técnico

Una tarde, hace años, se tapó el resumidero de la regadera. Se tapó con cabellos y solo hacía falta quitar la rejilla y sacar los cabellos; pero no lo sabíamos, así que llamamos a un fontanero. El señor fontanero me dio una lección de cuidados domésticos, me regaló una copia del CD de Mujeres, de Joaquín Sabina, y recibió gran abrazo de agradecimiento. Un abrazo de cuerpo completo, por decirlo así.

Desde entonces, no había tenido yo más tentaciones técnicas, hasta hoy. El fin de semana estuvo lloviendo fuerte y me quedé sin internet. Volvía, se iba, volvía, se iba... La empresa que me da servicio quedó en enviar un técnico ayer, pero llegó hoy. Hizo lo que tenía que hacer y yo me porté todo lo señora que soy con la criatura enseguida. Pero me gustó como para venir a escribir una entrada del gusto.

Silvia Parque

lunes, 17 de julio de 2017

Notas sobre estos días

El Internet va y viene.

Me reuní con la directora de una estancia infantil y con el favor de Dios, el lunes inscribiré a B.

Disfruto mis ocupaciones. ¡Y disfruto que me paguen!

Tengo una ilusión y muchos pendientes. No me apuro.

Soy feliz, otra vez.

Silvia Parque

viernes, 14 de julio de 2017

Casi siempre, pasa algo

Hay días maravillosos, como hoy. B y yo nos divertimos, nos comunicamos, aprendemos y todo sale a pedir de boca: me deja trabajar, come, acepta que se acabó el rato de videos, acepta que estoy en mi lección de inglés, hasta está de acuerdo con ir a la cama. Entonces, pasa algo.

Casi siempre, pasa algo. 

Se dirá que no puede ser todo perfecto, pero es que ya el día maravilloso tiene su dosis de imperfección. Hoy comió bien, sí; pero hubo lamentos porque la carne se terminó y las zanahorias no le parecen igual de apetecibles. Me dejó trabajar, sí; pero a cambio de un rato en brazos y otro rato con un bote de crema de cacahuate. ¡Lo normal, pues! Tiene dos años.

Así que no hacía falta que pasara nada.

Esta vez, dio un vuelco en la cama y su cabeza fue a dar con el filo de la base de mi cama.

Voy a ahorrarme la descripción de cómo están acomodados los muebles. Baste decir que tras incidentes previos, ese filo está cubierto con una cobija, para que si llegara a pegarse, no sea duro. Pero se oyó duro.

No lloró mucho, pero hubo que prender la luz, ir por un hielo y tomar esa decisión terrible de dejarla dormir o mantenerla despierta. Le conté el cuento de Caperucita Roja con la luz prendida, y luego lo apagué para contar el cuento de Caperucita Roja con la luz apagada. Se quedó dormida antes del final. Estos días ha estado pidiendo el cuento una y otra y otra vez.

Googleo "por qué no deben dormir los niños después de un golpe" y calculo el riesgo: ya tiene dos años, se veía muy normal, no fue tan fuerte... Voy a oírla respirar.

Sé que hay días que no pasa "algo", pero cuando pasa, que es casi todos los días, parece que pasa a cada rato. Quiero decir, que cada vez que se pega, recuerdo todas las veces que se ha pegado y me parece que es la niña que más se pega en el país.

Silvia Parque

jueves, 13 de julio de 2017

Un día a la vez


Este es el tercer día que muevo mi cuerpo por la mañana: estirar, doblar y poco más casi nada unos minutos. Dado mi nivel de sedentarismo, eso equivale a hacer ejercicio. No diré que estoy adolorida como si hubiera ido al gimnasio, pero sí que ayer y hoy estuve sintiendo la existencia de mis músculos.

Busqué "Yoga para principantes" en Youtube y encontré ideas que voy a incorporar a la rutina; pero no en plan-yoga, porque a esa hora, sola: me duermo.

Luego buscaré algo que pueda hacer con B, por la tarde. Ir y venir con ella en su actividad física, dice mi cuerpo que no cuenta. Es injusto, pero es como es.

Silvia Parque

miércoles, 12 de julio de 2017

"Criar cansa, cansa mucho"

Estaba cansada, muy cansada. Trabajé en la mañana y en la tarde, lo que pone a B demandante; pero la cosa iba bien hasta que volvimos al asunto de los pellizcos y las mordidas. Aunque sé que nada va a dar resultado de inmediato, que es un proceso, que es normal a su edad, me apena que lastime a otros, me fustra no ser suficientemente rápida para detenerla, y el día de hoy, me puse triste.

Entonces, leí ESTO.

Sí; como dice Aquiles: "Criar cansa, cansa mucho".

Estoy orgullosa de mí y de lo que estoy haciendo con esta niña.

Silvia Parque

martes, 11 de julio de 2017

Las ocupaciones de mi hija de dos años

Mi mamá le trajo a B un libro nuevo: un libro grande para observar, nombrar y encontrar imágenes. B está encantada con la novedad.

Mi niña pasa mucho tiempo leyendo sus libros y escribiendo en sus cuadernos y tarjetas. Yo amo la relación que tiene con eso que es tan parte de mi mundo. Amo oírle emplear frases que toma de los textos. Amo ver cómo literalmente se mete en la ciudad de los robots y trata de entrar en las casas y castillos: se para encima. Supongo que con la ciudad de los robots funciona porque es un espacio abierto; con las casas y castillos hace sonidos de esfuerzo físico, dice "toc toc - toc toc" y al parecer, no le abren.

Hace semanas, una de mis tías le prestó un libro de cuentos que sobrevivió inmaculadamente a sus hijos. B lo hojeaba, repitiendo "no encuentro la página de internet". Esas cosas me enamoran. Hoy, para que todo tenga su contrapeso, tomó tarjetas con las que trabajo y las rayó, incluyendo unas que son de un alumno.

La gracia del día de hoy.
 Conoce varias letras y reconoce algunas palabras. Me decían este fin de semana, que aprendería a leer chiquita, como yo, como mi mamá. No es imposible; pero a mí me enseñó mi mamá, a mi mamá le enseñó su abuelo, y nadie va a enseñar a B antes de la escuela. Tenemos nuestros ratos de palabras, números, trazos y demás; no nos voy a privar del gusto; satisfago su interés y no disimulo cuánto me gusta que aprenda; pero privilegio otros aspectos de su desarrollo en esta etapa.

Atraviesa un puente de madera, en el parque, por el que yo no habría pasado, ni a su edad ni más grande. Entre un travesaño y otro, cabe perfectamente un pie suyo, así que imagino que con un pie mal puesto, tendríamos una niña atorada y tal vez, una niña cayendo de poco más de un metro de altura. Me mantengo junto a ella, pero no se deja sostener. Quiero que tenga más que suficientes de esas aventuras.

Tiene una escobita para su tamaño: la mueve, jugando a barrer, mientras yo barro de verdad. Me importa darle sobradas oportunidades como esa, para manipular, intervenir en el ambiente, participar de lo que hace mamá... La semana pasada, por primera vez ayudó a mezclar la masa para hot cakes. Estos días me acompaña a cocinar, oyendo mi descripción de cada cosa, como si oyera uno de esos videos de recetas de Youtube.

Por supuesto, se divierte con sus juguetes y objetos diversos. Y busca qué más hay por ahí, especialmente en los gabinetes de la cocina...

A lo que menos caso hace es a su libro para colorear. Le gustó mucho cuando llegó, porque es de Elmo; pero no se pone a colorear, sino cuando la invito, y lo deja rápido. Le gustan los colores para hacer sus propios trazos, y mucho más los de palo que los de cera, a pesar de la propaganda que he hecho de los crayones. Por cierto, volviendo a los libros, dejó de intentar rayarlos; hace rato los disfruta sin supervisión. ¡Y vaya que si los disfruta! Como decía, puede estar largo rato con el que la enganche... porque les dedica atención especial de uno por uno, por temporadas. Acabamos de pasar una de "El libro de la selva".

Silvia Parque

lunes, 10 de julio de 2017

Mi hija muerde y pellizca

B y yo trabajamos en el asunto de no morder ni pellizcar personas, lo que se traduce en qué hacer cuando tiene ganas de morder o pellizcar. Pensé que tal vez estuviera pasando un periodo de ansiedad, pero la pediatra piensa que, simplemente, es lo que toca a los dos años. Como en todo, cada niño lo vive diferente. A la mía le ha dado por esto y qué tremenda oportunidad para mi desarrollo como persona: para ejercitar la congruencia y para crecer en el amor.

Primero: entiendo que lo que pasa es normal. Luego, me enfoco en conseguir que no sea un peligro para los más pequeñitos. Finalmente, habrá que hacer que la cosa vaya a menos y pare.

Originalmente, lo hacía cuando estaba muy emocionada. Era como si no le cupiera la emoción, generalmente de alegría, y ¡zaz! Algo queda de eso, pero en general, ya no es así. Ahora, creo, está experimentando cómo funciona el mundo social. Me toca mostrarle el camino, acompañar, contener, y es muy difícil para alguien reactiva como yo, hacerlo desde el respeto; pero es lo que me parece correcto y en eso estamos, con fallas y faltas, como todo lo humano.

Silvia Parque

viernes, 7 de julio de 2017

Lentes

Me pesan los lentes. Necesitaba unos nuevos porque traía los otros sin una pata. Compré estos pensando en no tardar mucho en usar lentes de contacto. Todavía no tengo los de contacto y estos me pesan cada vez más, así que me los quito con frecuencia y luego no sé dónde los dejo. Hoy por la mañana, mi pequeña me dijo que estaban en la cocina y así di con ellos; amo su capacidad de comunicarse. Me fijaré dónde los pongo.

Silvia Parque.

jueves, 6 de julio de 2017

Sobre el amor y cosas de pareja

Oronda me encuentro:

AQUÍ el enlace para la página de Psicogrupo, donde aparecen tres textos que escribí. En uno de ellos, me faltó una referencia; evidentemente, no se publicó el texto en el que había enmendado ese error, sino el primero que envié, con la falla. Así es la vida.

Quienes saben en qué anda mi corazón, entenderán que los tres textos fueron un desafío por mis implicaciones; no sabía lo catártico y enriquecedor que resultaría escribirlos.

Silvia Parque

miércoles, 5 de julio de 2017

Aplaudir las obras buenas de las "malas personas"

He estado preguntándome esto hace un par de años:

Si una persona que realiza un buen trabajo en el ámbito de su competencia, hace algo moralmente condenable. ¿Debería abstenerme de aplauir la obra que aprecio?

Pienso:

- Lo que merece sanción es el comportamiento, aunque la sanción la reciba la persona; si esto es así, dicha persona no tiene por qué quedar "marcada" para ser sancionada en todo lo que haga. Es una mera hipótesis de trabajo.

- En las cuestiones que implican delitos y crímenes, hay encargados de administrar castigo: no a todos nos toca. En los "malos comportamientos" que no tienen problema con la ley, ¿toca administrar el castigo a quienes hayan sido afectados? ¿O es a quien tiene poder en el espacio donde ocurrió la falta?
- - Sobre esto último: aunque yo no sea la directamente afectada con un mal comportamiento, podría pensar que la sociedad misma es ofendida y que cada cual somos un tanto amenazados por el mal comportamiento contra cualquier miembro del grupo.

Tal vez dependa de cuál es el "mal comportamiento". Voy a inventar ejemplos:

Un chico, cantante popular, cuyo producto musical me gusta, hace alguna de las siguientes cosas:

a) Ignorar a sus amigos de antes de la fama.
b) Actuar prepotentemente con sus admiradores.
c) Despedir injustamente a un empleado.
d) Golpear a un mesero.
e) Insultar a su pareja.
f) No pagar manutención de sus hijos menores.
g) Violar a una mujer.
h) Matar imprudencialmente.
i) Secuestrar a alguien.
j) Asesinar a alguien.

Podría hacer una lista interminable. El asunto es: ¿Cuál de las razones amerita que nunca más le aplauda por su trabajo cantando? ¿Tiene que ver una cosa con otra?

Puede haber situaciones equivalentes con profesores universitarios, dueños de bares, técnicos electrónicos o lo que sea.

Hay veces que se trata de la víscera: si yo sé que el señor del puesto de hamburguesas maltrata a su perro, no querré comer algo que ha pasado por sus manos. Pero si el profesor de secundaria pasó una noche detenido por golpear a su esposa, siendo un excelente profesor en todos los sentidos, ¿debe separársele de su cargo por ser un mal ejemplo como persona? Ahí ya no me queda claro. No me parece que maltratar a una persona sea menos malo que maltratar a un animal, solo comparto dónde me entran las dudas. Ahora que lo escribo, pienso que si el mismo señor de las hamburguesas, maltratara a su esposa en vez de a su perro, tampoco querría comer lo que prepara. Hay diferencia entre el repudio personal y la sanción administrativa de una institución... No me queda claro cómo estoy valorando a una y a otra.

Pero, bueno, la lista de ejemplos inventados también podría extenderse interminablemente: Si se sabe que el autor de un gran libro sobre nutrición es un completo racista, ¿hay que dejar de lado sus ideas sensatas y oportunas, para que no se beneficie con el éxito?

Silvia Parque

martes, 4 de julio de 2017

Mi hija no guarda sus juguetes

A mi hija le gusta tirar las cosas. Una tarde, se quejaba, según yo, de que no podía sacar unos bloques de su bolsa. Decía "tiraaar, tiraaaar", mientras intentaba que los bloques salieran. "No es tirar", le dije, "es sacar". Y procedí a modelar cómo meter la mano y sacar los bloques, uno a uno. Pero ella se las ingenió para comunicar que eso no la satisfacía. Quería que todos cayeran en tropel. Quería "tirar": que sonaran, que hicieran montón, que no se supiera que lugar ocuparían...

Le gusta tirar sus bloques, sus tapaderitas y sus colores, que son lo que más se presta para eso; pero en general, le gusta tirar.

Tiene un platito en el que van seis rebanadas de pastel. Con ese juguete, suele molestarse si se caen las piezas; pero le gusta tirar, así que tuvo una temporada en que tiraba las rebanadas a propósito y luego se quejaba amargamente porque habían caído. También le gustaba -o le gusta- aventar; pero eso sí me molesta, así que ya lo hace mucho menos, a fuerza de repetir unas cien veces: "Eso no es pelota, ve por una pelota si quieres aventar".

El caso es que a la niña le gusta tirar los juguetes, y sea que los tire o los saque, le gusta que estén "tirados".

Yo entiendo lo que es querer que una cosa esté en determinado lugar de determinada manera, mientras estás usando otra, y entiendo que a veces estás usando algo que en ese momento no estás mirando, ni tocando, ni nada. Tal vez por mi empatía, me parece bien que haya juguetes por todos lados, prácticamente todo el tiempo. Pero en algún momento tenemos que recoger y guardar. Y casi nunca está de acuerdo. Para ser precisa, en las últimas semanas, nunca ha estado realmente de acuerdo.

No puedo decir que no sé que hacer. Me queda claro que en estos casos, el condicionamiento es útil y que nos urge incorporar "horas de recoger" a la rutina. Pero he sido negligente. Pretextos me sobran; al final casi siempre se trata de que pido paz y me sale más barato recoger yo. Claro que en la educación de los hijos, más que en cualquier otra cosa: lo barato sale caro. A ver si publicarlo aquí me hace aplicarme.

De cualquier manera, todo mi reconocimiento a los creadores de la canción: "A guardar, a guardar" (Esta es mi versión preferida.) Si algo ha sido posible, ha sido gracias a ellos.

Al menos, hay por donde pasar.
El final de un día normal, nada caótico.














 Silvia Parque

lunes, 3 de julio de 2017

Olvidé mi contraseña

Olvidé mi contraseña de Facebook. Luego la recordé, pero fue raro no recordar un dato que uso varias veces al día.

A veces me pasa con el nick de la tarjeta de débito. Hace rato, con la de Facebook, estaba cambiando unas letras de lugar; pero a veces con la tarjeta estoy frente a la caja registradora o frente al cajero automático, con la mente en blanco.

Hace años me regalaron unos ejercicios de memoria que se veían interesantes, pero luego de un par de días, me aburrí y lo dejé. Habrá que retomarlos.

Silvia Parque