viernes, 30 de marzo de 2018

Pasear

Cuando mi nivel de ansiedad me llevó a la locura, el neurólogo dijo que me habría ahorrado pasar por eso si la cantidad de dinero que estaba gastando en sus honorarios, la hubiera gastado en irme un fin de semana a algún lado, a descansar.

El domingo pasado, después de la Iglesia, B y yo fuimos a pasear a la ciudad. ¡Qué razón tenía el médico!


Silvia Parque

jueves, 29 de marzo de 2018

No quiero ser mejor

A mí no me van las exhortaciones a "ser mejor". Yo no tengo interés en eso. Quiero mejorar en habilidades específicas, eso sí. En realidad, también quiero ser "mejor mamá", eso también, con todo lo que tiene de discutible la calificación de "mejor" o "peor".

"Nunca un mar en calma hizo experto a un marinero", se le dice a una audiencia en la que al parecer muchos desearían ser marineros expertos. Yo con ser marinera nivel "suficiente" estoy bien. En general, mi interés no está en llegar más lejos o más alto, así que nada que ver conmigo esas ideas sobre lo bueno que es algo malo porque sirve para mejorar

Como no podemos evitar las tormentas -los obstáculos, el dolor, etc.-, creo que corresponde aceptarlos y si cabe tratar de encontrar lo bueno en la situación o hacer que de la situación emerja algo bueno; pero no encuentro consuelo alguno en ver que esa-cualquier-cosa-indeseable me va a hacer "mejor" de lo que soy.

Silvia Parque

miércoles, 28 de marzo de 2018

Niños sin filtro que calculan la edad

B ha aprendido que solo le compraré un dulce si es domingo o un día que equivalga a domingo, así que esta tarde, en la tienda, directamente le dijo a otra persona que quería un mazapán. Lo obtuvo. Era una señorita amable a la que B llamó "señora". Luego llamó "señor" a un joven como de quince años, a quien le comentó que tenía un mazapán y que no le gustaba no sé si la playera o un collar que él llevaba puesto. El muchacho preguntó si yo era su abuelita.

Silvia Parque

martes, 27 de marzo de 2018

Casa de muñecas

Imagen publicada AQUÍ, en Flickr, por deramaenrama

Hace un par de días vi una representación de "Casa de muñecas", un clásico de Henrik Ibsen, del cual yo no tenía idea. [AQUÍ el enlace a lo que dice Wikipedia sobre la obra.]

Su actualidad es penosa: esa forma de situar a la mujer como objeto al servicio del gusto y/o de la conveniencia; esas formas, diversas, de vivirnos -las mujeres- asumiendo la identidad que otros nos engarzan, de aceptar ser para otros de un modo en que nos perdemos a nosotras mismas.

Descargué el texto de Internet para leer la parte final, cuando a la protagonista se le ha terminado el mundo y se ve a sí misma y a su condición de sometimiento. Me punzaron estas líneas, que retratan lo que en muchos casos son las relaciones entre hombres y mujeres:

"Nunca me amaron. Disfrutaban conmigo, y les resultaba entretenido quererme; es todo".
.
"A mí me divertía que jugaras conmigo, como a los chicos les divierte que juegue con ellos. Eso es todo lo que fue nuestro matrimonio, Torvald".

Ella decide que se va, rompiendo con todo el "deber ser" que le han enseñado, abandonando no solo a su marido sino también a sus hijos -terrible-.

"Dije que necesito estar sola para entenderme a mí misma y entender lo que me rodea, por mi cuenta. Te dejo; me voy de tu casa".

Me gustaría tener un espacio para hablar con otras mujeres sobre cómo les resuenan estas cosas.

Silvia Parque

lunes, 26 de marzo de 2018

Temporada de moscas y cosas peores

Es casi medianoche y hay un par de moscas volando en la casa, pero ninguna en paredes o techo. Parece que limpiar sirvió. También mantengo la puerta abierta por menos tiempo y hoy estrené una veladora de citronella cuyo efecto todavía no me queda claro.

Ahora el problema son las cucarachas. Horrible. La casa está limpia nivel "regular"; habrá que aplicarse más.  Puse trampas de pegamento de las que las atraen con sebo y estas noches pongo insecticida afuera donde está la basura. Por la mañana barrí 22 cadáveres. No me rindo.

Silvia Parque

domingo, 25 de marzo de 2018

Mi cuerpo y las costumbres

Mi cuerpo se está acostumbrando a trabajar de noche. No se acostumbra a los álamos, sin embargo. Al parecer, tampoco se acostumbra a no amamantar y eso que hace muchos meses terminamos con eso. Yo trato de tomar en cuenta su costumbre y su falta de costumbre, pero a él no le importan las mías: ya no soporta los alimentos muy grasosos ni más de una taza de café cuando es del instantáneo común. Al final, se hará lo que él demande.

Silvia Parque

viernes, 23 de marzo de 2018

Trabajar

A veces no tengo ganas de trabajar. A veces tengo ganas pero estoy muy cansada. Afortunadamente, he aprendido a trabajar sin ganas o muy cansada; pero la verdad es que casi siempre me resisto, mucho; solo trabajo sin ganas o muy cansada cuando es realmente impostergable. Cada vez que estoy en esa situación -de tener que trabajar sin ganas o muy cansada (sobre todo, sin ganas)-, me entran muchas ganas de ocuparme de los proyectos que realmente me emocionan.

Mi vida es un poco hacer malabares con la ecuación actividades/tiempo.

Silvia Parque

martes, 20 de marzo de 2018

Espero mañana sentirme contenta

Hoy fuimos a una consulta con la pediatra endocrinóloga de B. Por primera vez la vimos por parte de la atención médica pública. Espero mañana sentirme contenta porque de alguna manera echamos a andar la cobertura para su hormona y para los estudios que hay que hacerle. Estoy agradecida por eso, pero el agradecimiento no me alcanza para sentirme contenta: me siento mal.

Primero, físicamente mal porque fue un día muy pesado. Anoche dormí poco y luego de batallar llevando a B y a nuestra maleta de camión en camión, llegué a la casa enferma. También tengo alergia, pero normalmente no ocupa mi atención: hoy sí: entre una cosa y otra, terminé noqueada.

Luego, me siento culpable por la irritabilidad y el nerviosismo de B. La doctora le suspendió el tratamiento hormonal por seis meses, cuando le conté cómo ha andado de nerviosa y con problemas de sueño. Dice que mientras las niñas mayores aceptan las inyecciones motivadas por crecer, las niñas chiquitas se sienten agredidas por el piquete y eso puede "ponerlas mal", aunque lo hagamos mientras duerme. Sin embargo, no mencioné y no dejo de pensar que tal vez lo que tiene irritable y nerviosa a mi niña es que yo soy irritable y nerviosa. Eso me hace sentir mal; mucho más mal que el cansancio y la nariz tapada. Le doy vueltas: pienso que esta madre es la que ha tenido siempre y que así de irritable solo está hace unas semanas; pienso que por más defectuosa que sea, soy una mamá que se ocupa de ella y eso es bueno; es decir, que trato de aclararme las cosas y sentirme bien; pero me siento mal.

Silvia Parque

lunes, 19 de marzo de 2018

Los álamos atacan a mi hija

B tiene rinitis alérgica. En su momento, la doctora que la diagnosticó indicó que la librara del polvo y del aire libre, lo cual nunca consideré llevar a cabo. Pero algo habrá que hacer aparte de darle Loratadina porque estos meses hemos llegado a un extremo de mocos, ojos llorosos, ojeras y tos provocada por los mocos. De hecho, la Loratadina no parece tener gran efecto. No dejo de dársela porque no quiero arriesgarme a que se ponga peor; además, su papá no estaría de acuerdo en que no le diera lo que le han recetado.

Hace unos días comprobé que los álamos la atacan sin querer. Vivimos en una colonia llena de álamos: un joven álamo frente a nuestra casa, álamos en las banquetas, álamos en los espacios que pretenden ser verdes, álamos en los terrenos a un lado y al otro de la colonia. Al parecer, habrá que mudarnos antes de lo previsto.

Silvia Parque

sábado, 17 de marzo de 2018

Maravillosa

"Qué rara", dijo. "No es rara", contesté. "Es singular. Es maravillosa".

Ayer me sorprendí mirándola por la noche. ¿Cómo pueden las complicaciones de cada día, distraerme de la maravilla?

Silvia Parque

viernes, 16 de marzo de 2018

El catálogo de Meetic

Después de mi experimento con Match, del que hablo AQUÍ, fui a caer en Meetic (otro "portal de citas") al tratar de registrarme en una página para descargar un documento; o sea: para darme el registro en la página que yo quería, debía registrarme en Meetic.

Ya que estaba ahí, pues... Alguna opción me llamó la atención, pero en cuanto quieres hacer algo más que mirar, te piden pagar y no tengo intención de gastar ni un centavo en conocer a alguien.

Decía que alguna opción llamó mi atención, pero la mayoría... Creo que escribir lo siguiente es terrible, pero seré terrible y diré esto que llevo dentro: están para el arrastre. He hecho una lista de lo peor. Es solo mi gusto, pero para eso es un blog personal :D

- Apodos. No puedo sentir atracción por alguien cuyo "nombre de usuario" es un apodo. Con apodos como "Mike" estoy siendo payasa; pero verdaderamente, ¿cómo podría interesarme alguien que es "osito"?

- Lo "sexy". No hay nada que me atraiga menos sexualmente que un hombre pretendiendo ser sexy. Las poses sexys me parecen ridículas. Y además de no gustarme las fotos de hombres sin camisa, mi niña pasa y dice "ese señor no tiene ropita".

- Lo "interesante". Me chocan los hombres en pose: no me gustan ni graciosos ni serios ni con lentes oscuros.

- Fondos vulgares. También aquí estoy siendo payasa, pero ¿por qué alguien se  toma una foto cuyo fondo es la ropa de su clóset sin puertas? ¿Por qué el fondo son los coches de una agencia? Aunque trabaje en la agencia: tache.

Hasta ahí nada más con las fotos, lo que dicen en sus frases de presentación tampoco ayuda.

Silvia Parque

jueves, 15 de marzo de 2018

Nuestras inteligencias

El año pasado, Macondo publicó "Inteligentes, listos, guapos y del montón". Pensé que escribiría lo que pienso al respecto y mis ritmos son tales, que pasaron seis meses; pero aquí está:

Salvo excepciones que confirman la regla, los niños parecen destacadamente inteligentes porque lo son y lo son "destacadamente" en primer lugar respecto a los mayores. Trabajé con niños varios años, observo a los niños siempre que puedo y me queda claro que son increíblemente inteligentes y que la familia, la escuela, la tele y demás, con los años, van atrofiando el pensamiento y la creatividad.

El problema lógico de que no pueden ser "muy" inteligentes todos los miembros del grupo "niños" se arregla considerando que cada cual tiene una inteligencia singular: una destacada inteligencia particular, suya. Los niños pequeños tienen la maravillosa capacidad de ser quienes son y cuando una persona es quien es piensa solo como ella, crea solo como ella. Así son las criaturas hasta que el mundo los convierte en "gente estándar".

Ahora bien: he dicho que la inteligencia y la singularidad van en decadencia conforme se cumplen años. Entre los adultos, la mediocridad es la regla; lo digo en un sentido no peyorativo. Son estos adultos los que valoran y comparan las inteligencias de los niños, así que suelen hacerlo de formas medio tontas. Y ahí tenemos a los abuelos, madres, etc., empeñados en que sus nietos, hijas, etc. son algo que no son, destacan de forma que no destacan, etc.

Luego: para quinto o sexto de primaria, los niños ya han sido saqueados por el sistema cultural y el sistema educativo. Es en este "punto" donde puedo estar de acuerdo con Macondo. Hablando de inteligencia como la capacidad para emplear recursos disponibles, resolver problemas -entre los cuales está el aprobar los cursos- y entender el mundo, en esta etapa de la vida, efectivamente hay unos más inteligentes que otros: pocos muy inteligentes, pocos muy poco inteligentes y muchos medianamente inteligentes. Me resulta odioso que esto sea medida del valor de las personas y la reacción defensiva que eso provoca: el cuento de que todos son muy inteligentes. La gran mayoría y todos los que van a clase tendrán suficiente inteligencia como para funcionar y tener buenas ideas. Eso es suficientemente bueno y suficiente para la vida.

Yo voto por la suficiencia. Pero la sociedad da tal importancia al "ser inteligente" que casi nadie va a aceptar con ligereza y satisfacción: "mi hijo es medianamente inteligente". No gusta, de hecho creo que disgusta lo que Macondo llama "el bendito montón". Se confunde lo mediano y suficiente con lo poco y pobre; además, no se dimensiona para todo lo que alcanza "lo mediano y suficiente".

Quiero decir que si vamos a comparar inteligencias, lo que puede ser otra versión de comparar el tamaño del pene, necesariamente hay solo unos cuantos destacados. Aquí hay mucha tela de dónde cortar: ¿por qué tantos papás necesitan que sus hijos sean "lo más"? La respuesta inmediata podría ser: para dejar de sentirse, ellos, menos. Pero a lo que voy es: la comparación es innecesaria.

Lo innecesario de la comparación me remite al fenómeno de las maravillosas inteligencias de los niños pequeños. Los primeros años de vida son los años en los que más y mejor aprendemos: cosas del desarrollo cerebral -y de lo mucho que necesitamos aprender en ese momento-. Pero lo que queda cuando esta capacidad decrece podría seguir siendo sorprendente si supiéramos apreciarlo. A ver si me explico...

Hay un embrutecimiento general de las masas; pero también hay capacidades valiosas, específicamente inteligencias valiosas en las personas comunes: la inteligencia de cada cual. A lo mejor es que no hemos visto bien y si vemos, seremos capaces de observar todas nuestras inteligencias brillantes y prolíficas.

Silvia Parque

miércoles, 14 de marzo de 2018

Rumbo a las campañas electorales 2018

Se supone que el 30 de marzo inician las campañas electorales rumbo a la elección presidencial (y de senadores y diputados). No tengo tele y no uso el radio, así que solamente sufriré la invasión a través de las redes sociales virtuales y lo que me toque por la calle. Pero a lo que realmente me gustaría huirle es a lo que llamaré "campañas civiles": las que hace la gente a la que no le pagan. Me chocan.

Me cae mal el espectáculo de la ignorancia y la soberbia con el que las personas explican por qué su postura política es la buena; pero peor me cae el circo de descalificaciones e insultos con el que "explican" por qué las posturas de los otros son las malas. Entre el mar de hostilidades están los que inician anunciando que ellos sí respetan, "peeero"... y en el "pero", la puerca torció el rabo. Un fastidio.

Ni qué decir cuando familiares y amigos hacen publicaciones ofensivas, que desinforman, etc. Por la relación afectiva, no cabe responder en el tono que correspondería y por el tipo de espacios de interacción, no se puede dialogar ni discutir. Opto por pasar de largo.

Pasar de largo será mi política. 

Cuando tenga tiempo, escribiré algo breve sobre mi elección, sobre todo como ejercicio esclarecedor para mí misma; nada más.

Sé que en algún momento me dejaré llevar por la implicación y comentaré algo, compartiré algo. Seguramente hacia la recta final de las campañas tendré algo que decir. Pero intentaré no hacerlo. Solo pasar de largo.

Silvia Parque

martes, 13 de marzo de 2018

Temporada de moscas 2018 II

Hoy a las 11 de la noche había 25 moscas en el techo de la sala, dos en una pared de la cocina y una más volando.

Empecé oficialmente la misión "recuperación del hogar", a la que me dediqué concienzudamente buena parte del día. Creo que con dos días más de trabajo llegaremos a estar en una casa limpia. Entonces me dedicaré a sacarlas de nuestra vida. Que existan, vale; que entre alguna, ni modo; ¿pero 28? ¿Qué se puede esperar del verano si ahora hay 28 moscas adentro?

He  leído que sirve limpiar con vinagre, hacer trampas para que queden atrapadas y esparcir aromas que les molestan, como el del alcanfor o la citronella, que ya me habían recomendado para los mosquitos. Lo de las trampas podemos dejarlo como último recurso, porque me va a parecer horrible ver a las moscas pegadas a la miel o zumbando en una botella; no quiero imaginarme si además hay que oír su zumbido. Afortunadamente, las que nos invaden no son de las escandalosas; sinvergüenzas, sí; pero no escandalosas.

ACÁ se puede leer mi clasificación del comportamiento de estos bichos.

Silvia Parque

sábado, 10 de marzo de 2018

Temporada de moscas 2018

Nos acercamos a la medianoche y una de las moscas que invadió mi casa todavía no se va a descansar. Es una locura. Hay seis moscas en el techo de la sala, una en el techo del baño y esta otra volando por donde le place.

Alguien me dijo que es normal tener tantas moscas estando prácticamente en despoblado. Pero esto no es el basurero. ¿Ocho moscas a esta hora de la noche?

He googleado "muchas moscas en la casa" y me entero de que se cree que es una señal de malas energías o brujería; eso, descartada la suciedad, claro. Tristemente, "esto no es un basurero", pero tampoco es exactamente una casa limpia. Bueno: la verdad: es una casa sucia. Ya lo arreglaré mañana o pasado.

Silvia Parque

Los listillos que no entienden

Esta entrada no trata del no entender por ignorancia o incapacidad. Yo, por ejemplo, no acabo de entender el funcionamiento del sistema neuroendocrino, se me complica. Si me aplicara, entendería; pero no me he aplicado.

Tampoco se trata del uso retórico de la expresión. Muchas veces, las personas dicen no entender cómo alguien puede o pudo hacer algo, queriendo significar que ese acto queda fuera de lo que han concebido como la lógica del comportamiento humano.

Esta entrada trata de no entender el gusto ajeno.

He notado que hay listillos no enterados de que para gustos colores; a menudo son listillos que al no compartir el objeto del gusto, no pueden sentirse identificados con la experiencia que tiene otra persona de gustar de algo.

"No entiendo cómo les puede gustar esa música que ni es música".
"No entiendo cuál es el chiste de estar persiguiendo un balón".
"No entiendo que se puedan comer eso".

¿De verdad?
¿En serio?
Si es bien sencillo. Al otro le gusta "eso" del mismo modo que a ti te gusta lo que te gusta.

Vale que hay cuestiones objetivas, por ejemplo, en cuanto a la música, existe la desafinación y hay ejecuciones torpes. Pero un objeto del gusto no siempre lo es por su "calidad". Es simpático que los listillos no lo sepan.

Luego está el maquillaje soberbio de la ignorancia. Gente que no sabe o sabe poco del objeto que a otros les gusta y a ellos no, pero con eso concluyen que la cosa es indigna de gustar. Están cerquita de los que son el centro del universo. Si a ellos no les gusta algo es porque no hay nada para gustar en ese algo.

Tan listos, ellos.

Silvia Parque

viernes, 9 de marzo de 2018

¿Por qué no detenemos el maltrato infantil?

Llegué a ESTA entrada del blog de CarlosMxAx, en la que habla sobre el asesinato de una niña pequeña. Según cuenta Carlos, la mató el padre. El colmo es que antes del crimen final, la niña había ido a parar catorce veces al hospital. Así que la mató su padre, pero otros tantos tienen responsabilidad por no haberla puesto a salvo. Tristemente, la historia no es única; de tanto en tanto se conoce algún caso por el estilo. Siempre sorprende que nadie haya intervenido a tiempo: sobre todo, el personal de salud o los profesores que debieron notar indicios de lo que estaba sucediendo.

En la recta final del año pasado, mi sobrina, un año mayor que mi hija, se quebró un brazo. Mi hermana contó que en el hospital les preguntaron una y otra vez cómo pasó, a ella y a su esposo juntos y por separado, además de a la niña.

Mi experiencia como sospechosa de maltrato es peor. Entiendo y acepto que el personal de salud debe denunciar sus sospechas y en todo caso, supongo, tomar medidas de precaución; pero no creo que esté bien que traten a alguien como culpable de nada. No creo que esté bien y sin embargo, tampoco me queda claro si se puede o se debe actuar "como si nada" frente a quien una piensa que ha lastimado a una criatura... Al final prefiero saber que se preocuparon por el trato que mi hija estaba recibiendo. Supongo que es cuestión de elaborar protocolos, de mayor preparación. O tal vez no haya modo de cubrir todos los frentes: presunción de inocencia, salvaguarda del niño, prevención del delito, etc.

Todo esto me lleva a pensar hasta qué punto estamos dispuestos a meternos en el lío de señalar, denunciar o intervenir en el caso de un niño maltratado. Para los médicos, enfermeras o profesores hay un deber profesional e incluso leyes que obligan a prestar atención e intervenir. ¿Y todos los demás?

Es fácil ser valientes escribiendo en el blog o comentando en redes, pero no lo es en la realidad material.

- A veces, por la duda; sobre todo en una sociedad donde todavía se considera aceptable gritar y pegar a los niños para disciplinarlos. ¿Dónde está el punto en el que hay que hacer algo? ¿Y qué es lo que hay que hacer? ¿Cómo, dónde? Si se denuncia y la criatura es separada de su familia, ¿realmente será lo mejor?

- A veces, el miedo es lo que detiene. No solo el miedo a estar en un error o a pasar una vergüenza, sino el miedo a sufrir una agresión también, por parte del maltratador o la maltratadora. Ya sé que suena terrible: yo, mujer adulta, no defender a un niñito o niñita por temor de que la otra persona adulta me lastime también. Pero pasa: primero porque habemos cobardes; luego porque en algunas comunidades con mucha violencia se aprende que los otros pueden ser verdaderamente peligrosos -"no sabes con quién te estás metiendo"-.

- Y está la comodidad, que también suena terrible. No intervenimos, muchas veces, por no perturbarnos, por no perder nuestro tiempo u otros recursos en un problema ajeno. [Justo el meollo del problema está en que lo veamos como "ajeno".] Pero no es tan simple.

Se entiende que es despreciable o cuando menos cuestionable no ayudar a un niño para no perder la comodidad. Sin embargo, hay que decir que en la mayoría de los casos, esta "comodidad" no es cómoda. Quiero decir que no se trata de que yo me haré de la vista gorda mientras medio matan a una criatura porque quiero permanecer en mi tumbona bebiendo limonada. Creo que lo de no incomodarnos, muchas veces, quiere decir tratar de conservar nuestra forma de vida, que suele ser fruto de todos los años de nuestra existencia y además, con lo que sostenemos a nuestros hijos. De todas formas está mal no hacer lo que se debe hacer; pero no es por no estropear el peinado.

Me pregunto hasta dónde me metería yo y no me queda tan claro.

Entre lo que me queda claro está que: además de intervenir cuando es necesario, hay que dejar que los otros intervengan.

Hace meses, entrando al carril de la caja del supermercado, choqué con la carriola en un mueble, pero ni caso hice; la verdad es que me acostumbré a esas torpezas. Una señora me dijo, con tono apremiante, algo así como "pobre niña, se estremeció". No recuerdo las palabras exactas, pero esa era la idea. Su tono era acusador. De inmediato, me asomé con B, le pregunté si se había lastimado y me disculpé con ella. La señora, entonces, mencionó el bonito peinado de la niña, en tono conciliador, mientras emprendía la retirada. Apenas pagué, lamenté no haberle dado las gracias. En realidad, me molestó un poco; no más que un poco y no más que un par de segundos, pero sí me molestó. Luego, mi idea de que lo correcto era dar las gracias se transformó en verdadero agradecimiento.

Todos deberíamos cuidar y defender a los niños de todos.

Silvia Parque

jueves, 8 de marzo de 2018

Mi hija ha iniciado su tratamiento hormonal

Es Día de la mujer y todavía, cansinamente, hay tanto que decir al respecto.

Guillermo del Toro ganó el Óscar por su trabajo como director y habría querido hablar de lo mucho que me inspira o de lo que pienso de los listillos que critican el gusto que tantos sentimos por Coco.

Mi casa está llena de moscas al grado de que iniciaré una investigación sobre su procedencia; pero antes de hablar sobre eso, me gustaría contar por qué me gusta tanto el lugar en el que vivo -moscas aparte-.

Sin embargo, antes-antes de cualquier otra cosa quiero terminar de escribir y publicar esta entrada que empecé el 2 de marzo y dejé en borrador.

B ha empezado su tratamiento hormonal. A lo largo de los meses, que tan rápido se convierten en años, mencionaré cada vez menos este asunto por respeto a su privacidad. Ahora me doy permiso de compartirlo.

Mi hija es afortunada por haber tenido un diagnóstico temprano y por estar iniciando su tratamiento en el momento oportuno. No es así para la mayoría de las niñas con Síndrome de Turner en México. Estoy agradecida por eso y por supuesto, estaba prevenida respecto a que sería necesario suministrarle hormona del crecimiento; pero de todas formas, esa consulta con la pediatra puso un enorme peso físico, literal, sobre mis hombros.

Al parecer, los efectos secundarios no son algo de qué preocuparnos. Probablemente tenga dolor de huesos y articulaciones; no sé si por la hormona en la sangre o por el crecimiento inducido. Yo la pongo en manos de Dios y confío en que sabremos sostenerla en caso de dolor o de cualquier otra cosa. Los efectos realmente dañinos son improbables: no me detengo a pensar en ellos; pero hay que estar atentos, así que, por ejemplo, en unos meses hay que hacerle una tomografía.

Lo anterior, sin embargo, no me causa problema. Lo que me tuvo realmente abrumada varios días fue un problema estúpido, pero muy grande para mí: la parte práctica del manejo de la hormona, de usar el artefacto para inyectar, de poner la inyección. Me daba mucho miedo. Cuando estaba embarazada me preguntaba cómo podría ponerle zapatitos porque siempre me he sentido poco capaz de "hacer cosas" con las manos, "operativas" pues, no sé si me explico... 

Y efectivamente, me equivoqué y dudé y eché a perder un suministro carísimo y difícil de conseguir. Lloré, fui consolada, fui alentada, me recuperé y voy aprendiendo y sintiéndome segura. En eso estamos. [La niña, perfectamente.]

Silvia Parque