sábado, 28 de febrero de 2015

A veces, pienso en mi abuelo

En el velorio de mi abuelo, una señora me dijo: "era como tu papá, ¿verdad?", y yo me puse a llorar porque en ese momento me di cuenta, sin ponerlo en esos términos, que era mi "figura paterna". Sí fue el "hombre de la casa" que era mi casa; sí representaba autoridad y seguridad; pero no fue como un padre: fue un abuelo. La idea de que habría podido ser como un padre, y que nunca lo tomé así, como desaprovechando la oportunidad, me estuvo pudiendo algún tiempo. Se me pasó, y a la distancia, amo que no haya sido de esa manera, porque así no me perdí de él como lo que era: un abuelo. A veces, pienso en él, me pongo sentimental y deseo que esté vivo y conmigo. Ahora que soy mayor, me pondría cariñosa y lo molestaría con arrumacos -no era así, de niña-.

Silvia Parque

Atrapamiento en lo que falta

Hoy fui a un desayuno-conferencia organizado por mi Iglesia. Un evento para mujeres en el que fuimos ministradas por la Pastora principal de la congregación, Erika Miranda. Fue de gran bendición para mí.

Del mensaje, que es amplio, tengo algo que decir sobre el siguiente punto: a veces no vemos lo que tenemos enfrente; a veces no disfrutamos lo bueno que hay; lo que falta parece tan importante, que quedamos subsumidas en eso.

Yo creo que tiene que ver con nuestras ideas sobre lo que "debería ser". Creo que cuando nos faltan cosas que estamos convencidas de que "deberíamos tener", la distancia entre la realidad y lo ideal, nos perturba, y esa perturbación hace que algunas queremos ajustar la realidad a lo ideal, a jalones. Y jaloneando no se consigue nada -bueno-.

Si nuestras aspiraciones están inspiradas por el plan de Dios para nuestra vida, habría que proteger las aspiraciones y caminar hacia su consecución. Pero incluso en este caso, en el momento en que todavía no tenemos lo que queremos: estamos en lo que estamos: la realidad es la que es. Renegar de la realidad es renegar de "estar"; en ese sentido, es de algún modo, renegar de nosotras mismas. Y renegar me suena a "negar y volver a negar"; una especie de suicidio psíquico tenebroso. ¿Qué puede ser más oscuro que el atrapamiento en "lo que falta"?

Silvia Parque

viernes, 27 de febrero de 2015

Con que es mi hija...

La realidad de la maternidad se va presentando poco a poco. Verbalizar "estoy embarazada". Compartirlo y notar que los otros asumen que es así. Cambios en el estilo de vida y proyectos de más cambios que van concretándose con el paso de las semanas. Las imágenes de los ultrasonidos que en determinado momento muestran a una criatura completa, llevándose una mano a la cara...

El bebé va ocupando lugar en la casa, con sus cosas. Nosotros aún no tenemos un mueble para la nuestra, pero hay cinco cajas de cartón llenas de objetos, y con cosas encima. Hay un archivo en la computadora con su nombre; hay un archivo en mi correo personal, para los mails en relación con ella; hay un sobre con el expediente de las consultas médicas...

Ahora están sus movimientos -deliciosos-, cada vez más frecuentes y más intensos. Me pregunto si patea, manotea o da vueltas; pero el caso es que está ahí, y aunque sea sin conciencia, interactúa: responde a mis cambios de posición, a mi actividad, a las manos de su papá.

Tomo decisiones en función de su presencia, que ha llenado todo el futuro -para siempre-. Lo que hago o dejo de hacer, tiene algo que ver con ella. Deseaba mucho ser madre, así que lo había visualizado. Y, sin embargo, pese a tanta realidad, pese a que es algo de lo más natural y estoy rodeada de mujeres que también son madres, todavía decir "hija" me suena impostado. Cuando le hablo y le digo "soy tu mamá", me parece que estreno algo que huele a nuevo, que no me he apropiado, pero siento que es algo que me corresponde: totalmente. En cambio, cuando le he dicho "eres mi hija", me suena raro...

Silvia Parque

La sonrisa amplia versión cuasi-permanente

Una tarde, a los quince años, fui a comprar pantalones de mezclilla. Estaba muy contenta porque podía comprar lo que yo quisiera: me habían dado dinero como parte de mi regalo de cumpleaños, y apenas empezaba a gastarlo. Siempre me tardo mucho en elegir, porque veo cada cosa; esa vez no fue la excepción, así que estuve un rato en la tienda. Me medí los pantalones; me sentí muy bien con lo que escogí, los pagué, y antes de irme, la empleada me detuvo. Me dijo que nunca había visto a alguien tan contenta, que yo no había dejado de sonreír desde que entré en la tienda. Aunque estaba de fiesta-de compras, en realidad, así era por ese tiempo: boba y feliz. No lo mostraba en la escuela, ni en mi casa; siempre me sentí libre de ser como yo era, solo fuera del círculo de la gente que me había visto crecer.

Con los años, algo en mi radar social me dijo que las sonrisas amplias son medio tontas, y las fui guardando cada vez más. Después, me puse la vida complicada. Creo que me sentí avergonzada de mi bobería, y creo que mi felicidad estaba unida a ella, así que cuando reprimí la bobería, perdí felicidad. Me dejé influir por la forma en que vivían otras personas, y empecé a darle cabida a las premisas de otros sobre lo que yo debería ser, hacer o lograr. Mi entrada a la edad adulta estuvo marcada por mi adquisición del cuento supercompartido de que la vida es dura, aunque resultara ajeno a mi cosmovisión y a mi experiencia. Ser boba siempre había sido bueno para mí, pero dejar de serlo fue parte del proceso de crecer, y tuvo su utilidad. Sin embargo, cuando me reconocí "crecida", hace no mucho, decidí recuperarme: ahora soy boba, otra vez, y tan feliz como a los quince (en modalidad treinta y cuatro años).

Ha vuelto a parecerme que es toda una fiesta tener una hamburguesa para cenar. He vuelto a pensar que es genial si está soleado, si está nublado, si llueve o si hace aire. Vuelvo a ver lo bueno en todo y a estar segura de que a mí siempre me toca lo bueno.

Ya que estamos en eso, pensé hace rato, podría recuperar la sonrisa amplia versión cuasi-permanente. Podría ser que esta vez no la escondiera de nadie.

Silvia Parque

¿Qué piensas de lo bueno que anuncian de sí mismos, los demás?

A las personas les fastidia que alguien se esté "echando flores" a sí mismo. Varios dichos populares nos recuerdan que es mejor esperar a que el otro reconozca lo bueno que tenemos, en lugar de andarlo anunciando. La modestia es agradable y es prudente. Cuando el anuncio de nuestras cualidades se ondea en la cara de los otros con altivez, la cosa puede resultar francamente molesta; además, deja al anunciante de sí mismo un tanto desnudo: "dime de qué presumes, y te diré de qué careces".

Pero el cuidado con el auto-halago se lleva a extremos que conducen a una falsa-modestia, cuando no a topes para el autoestima, porque la gente no está acostumbrada a oír que alguien hable bien de sí mismo con naturalidad, y porque hay ambientes mezquinos.

El colmo estaría en no poder hablar bien de una misma, ni entre los amigos. Yo creo que es sano y bueno decir "a mí la pasta me queda buenísima" o "tengo una gran capacidad de memoria"; pero sobre todo, creo que la gente de buena voluntad que oye algo así, pensará "¡qué bueno!"

Silvia Parque

jueves, 26 de febrero de 2015

Los que les faltan son sus hijos

Cada día, a las once de la noche, mi timeline de Twitter se llena de imágenes de los estudiantes de Ayotzinapa desaparecidos, en el "pase de lista" con el que se mantiene viva la denuncia de que están faltando. Hoy, además, hay marcha y mitin en la ciudad de México, así que veo fotos y leo por dónde van y qué van diciendo.

En un video, oigo voces, medio cansadas y medio cansinas, coreando una frase de concientización y me suena a papás y a mamás y me puede su esfuerzo.

Las personas se vinculan con el movimiento, entre la emoción y la convicción y se comprometen en mayor o menor medida con la causa. Tanto las imágenes de los jóvenes, expresando con creatividad su indignación, como los textos más agresivos, que mezclan la denuncia, el insulto y la amenaza, están llenos de vida; todo eso, de alguna forma, trae consigo una esperanza de que "algo" pase. Como si de alguna forma, todos ganáramos con cada paso que da el que marcha. Pero pienso en los papás y las mamás, gastándose el aliento y me pueden. Los que les faltan son sus hijos; son los niños que una vez tuvieron en brazos.

Silvia Parque

El poder representativo de la imagen

Me llegó un paquete. Un ejemplar de obsequio de la revista "Mi bebé y yo", y el Catálogo primavera 2015 de Fisher-Price.

Ambos ejemplares venían en una bolsa de plástico. Una bolsa, en vez de un sobre; plástico delgado. Pero no cualquier bolsa. Una bolsa con la imagen de dos bebitos.

Saqué la revista y el catálogo, los disfruté con un café, y debía tirar la bolsa a la basura, porque estaba sucia desde que llegó y ahora está rota. No es una bolsa para conservar y reutilizar; es simplemente el medio para contener las cosas y para portar la etiqueta con los datos del destinatario. Pero, ¿cómo tiro la imagen de los bebés?

Silvia Parque

Los viejos y los desconocidos

He estado pensado en los viejos. El embarazo me hace tener presente que voy a morir un día; es un proceso que me "trae" al cuerpo, y con la materialidad del cuerpo, a la mortalidad. Así que he pensado en la muerte, y como quiero morir hasta que sea muy vieja, he pensado en la vejez.

Como decía, he estado pensando en los viejos.

Yo creo que hay que portarse bien con ellos, porque hay que portarse bien con todo el mundo, porque necesitan apoyo, por lo que sea... En el caso de "nuestros viejos", está lo que podamos deberles en una cuenta de amor; lo que nos sintamos motivados a amarles en un ejercicio de amor real: con actos; lo que nos sintamos llamados a hacer, según nuestras convicciones. Pero pienso que es especialmente importante que nos portemos bien con el "viejo desconocido", porque en este caso, los "extraños" tenemos una función social que equilibra la armonía universal, cuando estas personas no se han ganado una recompensa, o le ponen la tarea muy difícil a los que están cerca de ellos. Trataré de explicarme...

El viejo que está solo, puede estarlo por diversos motivos; a veces, simplemente, la situación se puso en contra; a veces han sido abandonados por sus familias. En este último caso, habrá gente malagradecida, pero también hay gente que tuvo que separarse de ese hombre o mujer que ahora está viejo, por salud mental, por una legítima búsqueda del bienestar. Porque hay gente a la que es necesario mantener lejos, así sean la mamá o el papá. No todas las experiencias con mamá y papá son buenas o regulares: hay unas malas, y otras terribles. Hay separaciones del padre o de la madre, que son necesarias, y el hijo o hija que logra rehacerse a sí mismo, y emprender su camino, no va a ponerse a buscar a ese padre o a esa madre, por el hecho de hacer el cálculo de que ahora él o ella tiene ochenta años. Qué bueno que lo hicieran; pero si no lo hacen, se entiende. Hay gente que se dedicó a fastidiar la vida de quienes estaban alrededor; hay gente que sin querer, se dedicó a estropear sus vínculos, y al final, están solos. Pero con todo lo que pueden pesar los años, ¿qué ganas de cargar sobre esa persona, el juicio por lo que hizo o no hizo? Como comprendo perfecto que los que sufrieron a su costa, no pueden o no quieren tener empatía y compasión por quien les hirió o les dañó, ¡para eso estamos los desconocidos!

Luego, están los viejos difíciles. Espero que se lea sin tono despectivo porque la frase solo tiene la intención de exponer una manera de ser, que existe. Creo que en la vejez se acentúan nuestras características, buenas y malas, y por tanto, la gente difícil se pone más difícil. ¡Y es que hay gente difícil! Así como hay niños con un temperamento conflictivo, hay ancianos que no tienen nada de dulce. A lo que ya traiga la persona, se le puede sumar la dificultad de tratar con la pérdida de capacidades cognitivas, y la dificultad de lidiar con las numerosas renuncias que suele tener que hacer un anciano, para empezar, la de su independencia. No es sencillo cuidar y atender a las personas mayores. Un día, esas hijas e hijos que aman a sus padres, se cansan de oír regaños y quejas, se cansan de la faena que es convencer a un hombre mayor de que se meta a bañar,  y de hacerlo mientras todo lo demás sigue pasando en sus vidas. Estas hijas -porque las cuidadoras son casi siempre mujeres- se cansan, y endurecen el trato que dan a su persona querida. Entonces, el desconocido verá a una hija -o a un hijo, pues-, que apenas contesta con monosílabos al hombre mayor, que tan vulnerable se ve. Ese desconocido, que no ha tenido que rehacer sus horarios para traer al hombre a la consulta con el médico, sí que puede tener disposición para conversar con el viejo. Si lo hiciera sin voltear a ver al hijo/hija con cara de "mira, tu pobre padre, al que yo sí trato con decencia", estaría echando una mano, cubriendo una necesidad de la persona mayor, con la que el hijo/hija no puede ya. Podríamos ser buenos desconocidos.

Silvia Parque

miércoles, 25 de febrero de 2015

Tráiler honesto

Hace como un mes, descubrí el "tráiler honesto" de una película; no recuerdo cuál... desde entonces he visto más de diez, y todos me han gustado mucho (AQUÍ el de "El rey león").

Son producciones de "Screen Junkies". Apenas hoy me suscribí a su canal de Youtube. La verdad es que los prefiero subtitulados, pero el inglés del narrador es de los fáciles de entender, así que le daré una oportunidad a mi inglés.

Los recomiendo.

Silvia Parque

Un maestro muerto, las opiniones de hace quince años, y lo que compartimos

Como sabe el mundo, en México, mucha gente desaparece y muere sin que el Estado haga lo que le corresponde, y a veces, por obra del Estado. Todavía hay voces internacionales consternadas por la desaparición de los estudiantes de Ayotzinapa, y unas cuantas voces nacionales que no se cansan de decir "nos faltan"; pero el gobierno mexicano sigue con sus planes de negocios y hace campañas publicitarias para acallar el enojo, sin que acciones concretas le obliguen a rendir cuentas -en serio-. Al rato habrá elecciones, y muy probablemente, todo lo malo que pasa, será arsenal para que los políticos hablen mal unos de otros, y entre toda la habladuría, se disolverán los argumentos relevantes y los llamados de las víctimas.

Como muchas personas, yo me mantengo en mi lugar seguro, me ocupo del sustento para mi casa; me centro en las necesidades de mi familia, y apenas dedico una oración, no todos los días, a la gente que ha sido y es sistemáticamente aplastada. No me detengo en las noticias sangrientas, ni en la incompetencia que también sangra a la gente, primero porque no me conviene, y después porque no resolvería nada con eso; no alimento mi indignación -que no deja de existir, y crece-, ni busco conocer cada detalle -no los necesito para saber qué ocurre-. Las cosas están peor que hace diez años, pero cuando leo una revista de hace diez años, veo que no me pierdo de nada con no estar "completamente al tanto". Del mismo modo, no veo noticieros ni leo los periódicos; pero cuando me acerco a la relación de una noticia, me doy cuenta de que no me perdí de nada porque basta con tener en mente que sigue pasando lo que estaba pasando hace una semana, hace un mes, diez meses... Algunas cosas me apenan más que otras, en parte por mis filiaciones, en parte por lo que tenga de cultura sensiblera. Eso me incomoda porque me choca la idea de ser llevada y traída por la indignación mediática que explota lo visceral. Pero supongo que -al menos en parte- así es. Hoy por la mañana hubo una noticia de ese tipo, que me lleva a escribir esta entrada.

Desalojan a un grupo de maestros que bloqueaba un boulevar, exigiendo el pago por su trabajo; un maestro jubilado muere a causa de los golpes recibidos. Salta a la vista lo terrible, y sin embargo, no es sencillo. La noticia hace que me haga eco una columna de opinión escrita en una revista Nexos de hace casi quince años. Tengo revistas viejas con las que me entretengo, y ayer leía "Contra la capitulación del Estado", de Carlos Castillo Peraza: una exposición sobre lo mal que está no hacer cumplir la ley, cuando por ejemplo, un grupo de estudiantes rompe vidrios por protestar. Sí que afecta a los demás que unos inconformes se planten en algún lado, y no dejen que siga el curso normal de lo cotidiano; los inconformes-protestantes-bloqueadores son minoría, recuerda una y otra vez el texto, y las minorías no tendrían por qué dictar lo que ha de hacerse, menos por la fuerza.

Para mí es claro que hay cosas que no se consiguen por la vía de la petición con dos copias a una oficina. Desde mi conocimiento de las relaciones de poder, no sirve de mucho pedir al poderoso, que "por favor" deje de abusar de su poder. Pero entiendo que no es sencillo tomar resoluciones frente a los problemas. También entiendo la dificultad de asumir responsabilidades frente a las resoluciones tomadas, aunque no hay pretexto para no hacerlo. Pensaba en el maestro muerto, en el guardián del orden que golpea, en las autoridades que se deslindan de lo que no les convenga, en el periodista que sentencia desde su computadora; pensaba que existimos, todos ellos y yo, sobre la misma tierra que oculta tal cantidad de huesos desconocidos, que no podemos dedicarle demasiada atención a cada uno de ellos, y sin embargo, cada cuerpo tuvo una vez un rostro, como el de este señor. Pensaba que compartimos -el maestro, antes de morir- las mismas ganas de cenar bien, de estar con los nuestros en paz...

Silvia Parque

martes, 24 de febrero de 2015

Como quien es bueno para las matemáticas...

Una de las definiciones comunes de "fe" es: "la certeza de lo que no puedes ver". Desde esta definición, entiendo que habemos personas con ventaja para la fe. Hay un estilo cognitivo al que se le da mejor "conocer" lo que no está en la realidad material. Hay una facilidad para la imaginación, que puede crear hábito y tendencia a "ver" lo que no se ha hecho manifiesto.

Silvia Parque

lunes, 23 de febrero de 2015

Los animales crecen

Mis tortugas pasaron de un tortuguero a otro, y luego de una pecera a otra. Parece que se han estacionado en su tamaño actual, pero con un poco que crezcan, necesitarán una pecera más grande. Mi sueño es tener una casa con estanque para que estén a sus anchas.

No sabía sobre tortugas cuando llegaron a mi vida. No sabía que necesitan sol para que sus caparazones estén bien, o que si no se limpia el agua de su acuario pueden enfermar de los ojos. Había cosas que podía intuir, como que hay que lavarse las manos después de tocarlas; pero no sabía que era muy importante porque pueden contagiar salmonelosis. Sin embargo, sabía que iban a crecer.

¿Qué puede hacerle creer a alguien, que un cachorrito se va a quedar del tamaño en el que lo ve por primera vez? He oído que a veces, quienes venden mascotas mienten sobre el tamaño que puede llegar a tener un animal. Pero sé que ocurre otras veces -tal vez muchas veces-, que las personas no han sido engañadas: simplemente no consideraron que el animal iba a crecer, y que eso implica, mínimamente, necesidad de mayor espacio.

He oído múltiples razonas por las que hay que deshacerse de un perro; pero la que más me asombra es la del crecimiento.

Silvia Parque

Tipos de cosas que causan problemas con la pareja

Le decía a una amiga que hay tres tipos de cosas que pueden causar problemas con la pareja.

1. Características inherentes a la identidad de la persona, que ya estaban ahí o se prefiguraban, cuando la persona llegó a nuestra vida. Como suelen ser visibles desde el principio, se supone que una eligió a la persona considerando que estaba bien como era. El problema es que a veces no queremos ver lo que tenemos enfrente (como quien no percibe el alcoholismo del otro), o sobrevaloramos nuestra capacidad de lidiar con cosas que no preferimos (como una discapacidad física)... o suponemos que mágicamente, cambiará lo que no nos va muy bien. Pero si él ya es papá, si él es policía, si él ha jugado a las cartas todos los jueves de los últimos quince años, esto ya viene dentro del paquete: se toma o se deja.

2. Hábitos, reacciones e ideas que no son parte de los principios de la persona. Pueden haber estado ahí siempre, o ir apareciendo. Son todas esas "cositas", como que él deje su ropa tirada, que pueden enervar y ser el detonante de discusiones y pleitos con importancia.. No necesariamente tienen que ser cosas que "están mal"; pueden ser cosas que hacemos de forma diferente, y que nuestro emperador dictatorial interior quisiera que se hicieran a nuestro modo. Aquí hay margen de maniobra. Se negocia y se acuerda; se encuentran maneras de congeniar. Entre más a gusto estamos, menos importan estas cosas, y paradójicamente, entre más a gusto estamos, más cada cual querrá agradar al otro, cediendo lo posible.

3. Lo importante. Puede tener relación con cosas del tipo 1 o del tipo 2; pero está en otro orden. Se refiere a las actitudes o comportamientos que lesionan la confianza o que van en detrimento del vínculo de la pareja.

Yo creo que cuando se trata de personas por todos lados adultas, cuando ya se tuvo antes una pareja estable, cuando la relación va por una segunda vuelta; es decir, cuando las personas tenemos más recursos para encontrarnos con el otro (si es que ha habido aprendizaje), se descubre que no vale la pena tener problemas por cosas del tipo 1 o del tipo 2. Los afectos positivos, el compromiso, la relación en sí misma se ponen por encima de estas "cosas".

Silvia Parque

sábado, 21 de febrero de 2015

Me acordé y fui a ver el trailer

Ya había dicho [AQUÍ] que me gustó la película "Qué esperar cuando estás esperando". No es buen cine; es un buen rato de entretenimiento con mensaje.

Se nos muestran tres embarazadas (más una que sufre un aborto al principio del embarazo, más otra que espera a un niño en adopción), con lo que tenemos:

a) A la mujer "puedo hacerlo", que no se limitará por el hecho de estar embarazada y que parece preguntarse qué utilidad tiene el padre de la criatura, una vez que la criatura está hecha.
b) A la mujer de revista, "como un unicornio mágico embarazado", que se ve increíble y ni siquiera se propone que no va a limitarse porque su novedad es que está llena de energía.
c) A la mujer que es un muestrario de los signos "embarazos" del embarazo. La que al final, pese a los planes en otra dirección, exigirá anestesia a gritos y tendrá al bebé por cesárea.

Evidentemente, son estereotipos; pero resultan ideales para una comedia. Yo no pido más.

La volví a ver cuando supe que estaba embarazada, y me dije que si me pareciera a alguna, sería a la del inciso "c". Nunca me sentí, ni de lejos, tan agobiada como este personaje -a mi cuerpo le va mucho mejor que al suyo-, pero estaba -estoy- muchísimo más lejos del brillo y la suficiencia de las otras dos mujeres.

Ahora, empezando el tercer trimestre, me acordé de la futura mamá atribulada, porque tuve un pequeño accidente con un estornudo y un chorrito de pipí -del que no tendría por qué saber nadie en el mundo-. Me acordé, fui a ver el trailer, y aunque la identificación siempre fue un chiste, pensé que ya no me ubicaría en el tipo "inciso c". Sigo sin glamour y sin una voluntad de hierro; pero creo que he tomado mi propio brillo, y desarrollo mi propia suficiencia.

Me gusta.

Silvia Parque

viernes, 20 de febrero de 2015

Meter la panza

Conforme la panza crece, más veces ocurre que, sin querer, siento que aplasto a la bebé. Sé que no; sé que está protegida por el líquido amniótico. Pero la sensación es de que la aplasto. Me muevo, y ya está. Además, queda anotado lo que no hay que hacer (cruzar las piernas) o lo que hay que hacer diferente (inclinarme para alcanzar algo). Realmente, aprendo; así que me llama la atención un hábito que no he podido quitarme en siete meses de embarazo: meter la panza.

Pasa sin que me dé cuenta. En cuanto supe que estaba embarazada, "saqué la panza". Me había imaginado embarazada durante años. Para mí es una imagen hermosa y conforme se iba notando, crecía mi disfrute presumido. ¡Amo mi panza! Mi pareja me dijo, a los días de la noticia, que ya me vestía como embarazada; era cierto: quería la ropa con la que pudiera notarse. Pero deben ser muchos años en los que la postura usual incluía meter la panza, al menos en alguna medida; así que de pronto, me descubría metiéndola, y todavía ahora, sobre todo cuando noto que la panza me pesa, varias veces me doy cuenta de que increíblemente, la estoy metiendo.

Silvia Parque

Lo contrario de la felicidad no es la realidad

Leo en el muro de Facebook, de parte de Selecciones México, firmado por Gregorio Luri y compartido por Ma Lou Lou Campos:
Lo contrario de la felicidad no es la infelicidad, es la realidad. Estamos creando niños caprichosos y frágiles, sin resistencia a la frustración y convencidos de que alguien tiene que garantizar su felicidad. El mundo no es fruto de nuestro deseo y hay que saberlo.
Sin discutir sobre lo que cada sustantivo refiere.- Si lo contrario de la felicidad fuera la realidad, no habría felicidad. Y sí la hay. La felicidad no es el cumplimiento de nuestros deseos. Es posible ser feliz con los ojos abiertos, puesto que para ser feliz no se requiere vivir en la ilusión de que todos los deseos se cumplirán, todo el tiempo y tal como una lo imagine. Tan no lo es, que se puede ser feliz en la enfermedad.

La felicidad es una condición a la que se accede por un caminito de realización personal; es un estado que se va construyendo en la medida en que una se armoniza con el mundo social. Para el creyente, es un fruto de la relación con Dios (relación por la que se ha gozado Su presencia). El sentimiento agradable que le acompaña es uno de sus componentes, pero la potencia en que se presenta el sentimiento varía, así que puedo no sentirme feliz en un momento dado, pero seguir siendo feliz; eso protege de llegar a estar triste o enojada de un modo que me haga echar la vida por la borda... como si la felicidad de fondo envolviera la tristeza y el enojo, cuando aparecen; no los quita, pero los contiene, y a veces, los tiñe.

Muchas personas no consiguen ser felices; pero alguien puede no ser feliz porque ha elegido no serlo. Creo que la elección de no-felicidad, suele tener relación con la conclusión de que eso es más congruente con el mundo o con la condición humana; una conclusión lógica en un mundo contaminado, lleno de injusticias, y siendo miembros de una especie animal bastante complicada, que entre otras cosas es capaz de crueldad y vileza. Pero hay otros enfoques para ver el mundo y a los seres humanos, y hay de hecho, personas felices. Hay personas que trascienden las dificultades. Hay gente que hace realidad sus sueños. Que eso esté muy lejos de la realidad de algunos o de muchos, no lo hace menos real. Y qué mejor que un niño feliz y seguro de su felicidad, con la realidad llena de deseos cumplidos.

Sí que hay niños frágiles y sin resistencia a la frustración; tristemente, eso les hace infelices y lo que es peor: puede hacerles incapaces de procurarse felicidad, cuando llegue el momento de que vayan por su cuenta. Pero no son así porque se les haya acercado a la felicidad. Casi al contrario. El niño caprichoso y berrinchudo siente que el mundo se le cae cuando no le dan lo que quiere, porque lo bueno que tiene su mundo está prendido con alfileres. Hablo del que ha desarrollado ese carácter, no del que -como todos- tiene un capricho alguna vez, ni de los que están pasando por la fase del berrinche (como a los tres años), en la que descubren sentimientos nuevos que les desbordan, y van aprendiendo a manejarlos.

Los niños deberían crecer entre gente dispuesta a hacer todo lo posible para que sean felices. Tan "todo lo posible" que se construyan "garantías" para esa felicidad. Es la confianza en que los adultos alrededor van a cuidarle y proveerle, lo que hace al niño soportar y superar las frustraciones inevitables. También está la opción de desesperanzar y de adiestrar para reprimir emociones negativas; pero qué triste... Tomar como misión que el niño no tenga todo lo que quiere, para que no vaya a pensar que se puede tener todo lo que una quiere, a mí me suena a reproducir la incapacidad de los padres de acceder a lo que ellos quieren -o querían-. ¿Por qué no va a tener el niño, todo lo bueno que pueda dársele? ¿Porque quiere un helicóptero de verdad? Pues se le dirá que no se puede, no para entrenarlo en frustración sino porque realmente no se puede; pero también se le puede decir que si es el deseo profundo de su corazón, lo conserve y lo haga posible. ¡Hay gente con helicópteros! El entrenamiento en frustración viene naturalmente, con lo que hay que negar porque no se debe o de verdad no se puede. No seguirá comiendo dulces a las diez de la noche, aunque haya dulces. No hay modo de que reviva la mascota muerta, aunque quisiéramos. Si hay alguien que le ha puesto "garantías" a la felicidad del crío, básicamente amándole, el enojo y la tristeza inevitables, se van a vivir con confianza de que el mundo no se cae.

Silvia Parque

jueves, 19 de febrero de 2015

Notitas de la Historia de Querétaro

- La región queretana fue muy próspera en los siglos XVII y XVIII, en gran medida gracias a su posición geográfica: había que pasar por aquí para llevar productos a otras partes del centro del país, y a las "ricas zonas mineras del norte". Todavía en los inicios del siglo XIX, las grandes haciendas y la actividad industrial, dan cuenta de la prosperidad de la región.

- La vida pública y privada estaba teñida de religión. La gran cantidad de templos y conventos correspondía a una cotidianidad llena de eventos religiosos. Si bien, hubo religiosos conspirando para iniciar la revolución independentista de 1810, en principio, la sujeción religiosa contuvo el ánimo belicoso desatado por la inconformidad con las reformas borbónicas.

- Ya como parte de la "República Mexicana", Querétaro participó en la Historia desde su forma de ser, conservadora y religiosa. Se resistió a transformar las instituciones coloniales; cuando llegó el momento, apoyó el proyecto de imperio de Maximiliano, y durante la Revolución de 1910, la participación de los queretanos "fue escasa".

Notas-resumen, de "Querétaro. Una historia compartida", escrito por Cecilia Landa Fonseca. (1990, Gobierno del Estado de Querétaro, Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora).

Papel higiénico en el embarazo

Un gasto que no es comúnmente presupuestado para el embarazo, es el del papel higiénico.

Al menos yo, voy a orinar unas quinientas veces al día. Me estoy haciendo experta en papel de baño.

Silvia Parque

Pequeños escarabajos asesinados

Caí por casualidad en un artículo: "11 animales que no creerás que la gente come"... Está en una página vegana.

Yo entiendo a las personas a quienes les parece que el ser humano no debe matar animales para nada, ni para comer. No concuerdo. Creo que considerar que matar una vaca es "asesinar", obliga a repensar el concepto de "asesinato", y que si se reflexiona con calma y contexto, se concluirá que las equivalencias que se hacen están algo torcidas... Sin embargo, entiendo. Sobre todo, soy empática con la pena que se puede sentir ante el dolor de un ser vivo (tenga la cantidad de patas que tenga). Pero encontré una frase en el artículo citado, que me puso a escribir esta entrada:

"[...] pequeños escarabajos tienen que ser asesinados con el fin de producir apenas 1 libra de este colorante rojo" 

¿Escarabajos asesinados? Y pequeñitos, los pobres...

Desde mi punto de vista es una apreciación... "desproporcionada". Y soy una persona que si encuentra un insecto en su casa, considera la posibilidad de dejarlo en paz. Siempre tomo como primera opción, hacer que salga de donde no puedo dejarlo que esté. Si voy a matar, lo hago de la manera más rápida y en serio, por más ridícula que me oiga, deseo que su vidita haya estado bien como estuvo. Si voy por la calle, cuido no pisar una hormiga que se atraviese en mi camino. Si está en mis manos, nunca dejaría a un niño jugar a quitarle las patas a un grillo o las alas a una mosca. Ni aliento ni celebro actividades como coleccionar mariposas. Pero, ¿pequeños escarabajos asesinados...?

Tendemos a antropomorfizarlo todo, pero hacerlo y ponerle sensiblería puede dar resultados medio locos.

Silvia Parque

miércoles, 18 de febrero de 2015

El regalo es de quien lo recibe

Cuando le das algo a alguien, ese "algo" se convierte en propiedad de la persona que recibió.

Si das un regalo, y se trata de un objeto, el nuevo dueño de la cosa puede disfrutarla (o sufrirla), guardarla, cambiarla, o regalarla a alguien más. Es de esa persona. Ya no es tuya.

Es normal que nos decepcione o nos haga sentir alguna clase de pérdida, que un regalo no tenga el fin que deseamos; pero esa sensación puede acotarse por el convencimiento de que hemos "soltado" el regalo: la reacción ante la cosa, el uso que se le dé, ya no es asunto nuestro, aunque algún afecto esté depositado ahí. En la medida en que podamos retirar rápido el afecto cuando nos conviene, la pasaremos mejor.

He visto que a algunas personas se les complica esto. Pero el ejercicio de dejar ir los regalos que son cosas concretas, es un buen camino para aprender a dejar ir lo que hacemos por alguien más. Mi lección ha estado en preparar la comida...

Yo preparaba platillos que esperaba fueran respetados. Ver que se les ponía sal antes de ser probados o que se les agregaba chile o salsa sin que estuviera previsto, me sabía mal. Pero yo estaba ofreciendo un recurso para la experiencia de la otra persona; la otra persona podía elegir re-configurar la experiencia propuesta.

También me molestaba que el llamado a la mesa no fuera atendido de inmediato. Si dos personas van a comer juntas, sí entiendo que la tardanza sea desagradable; pero si no es el caso, si solo preparaste la comida, el otro puede elegir comerla caliente, tibia, fría o como le plazca. Yo pensaba cosas como "está echando a perder mi trabajo (de cocinar)", pero es que ese trabajo fue un obsequio, el plato es un obsequio.

Pensándolo con la comida, lo encontré en otras situaciones. Cada vez que hacemos algo por otra persona, deberíamos tener claro que la otra persona es totalmente libre para aprovechar o no lo que hayamos hecho, y para aprovecharlo a su manera.

Silvia Parque

A la vista, persona "extraña"

Cuando veas una persona "extraña", viviendo como te parece que no se debería vivir, pregúntate qué hay de amor, de intento de amor o de necesidad de amor, en su manera de ser o en lo que hace. Tu mirada se dirige a lo que te resulta extraño porque así funciona la percepción; pero puedes hacer que tu mirada se mueva y te haga notar cómo esa persona está amando, a su manera, con sus recursos, diferente a como tú lo haces o lo harías.

Cuando enfocas el amor, cosas buenas pasan en la mirada.

Silvia Parque

lunes, 16 de febrero de 2015

Los ricos, personas de bien

A menudo me dicen que para hacer dinero hace falta pasar por encima de los demás; que así se han amasado las grandes fortunas. Cuando se revisan las biografías de los muy ricos -las que no están hechas por admiradores-, parece que es cierto. No es que todos roben o maten, sino que hay maneras legales de aprovecharse de la miseria de otros, y a veces el modo de hacerlo está tan en el "espíritu de la época", que es difícil encontrarle algo criticable.

Sin embargo, cada vez que encuentro el ejemplo de una persona íntegra que ha construido su fortuna con decencia, sé que es posible otra cosa. Tal vez son sospechosas todas las acumulaciones del tamaño que es imposible usar-gastar en una sola vida; pero es posible ser rico y ser persona de bien.

Silvia Parque

Buscar lo que está en las manos

He pasado más de una vez por la simpática sensación de "¡qué cosa!", buscando los lentes que traía puestos. Con eso no pasa nada, pero con otras cosas, sí.

Para quienes tenemos el postergar como talón de Aquiles, "la búsqueda" se puede convertir en el modo perfecto de convencernos de que estamos haciendo algo o a punto de hacer algo, o de que es bueno que no estemos "haciendo algo" porque todavía falta encontrar otro algo. Me cuido de eso porque ha sido mi debilidad. Escribiendo una tesis, caí sucesivamente en la búsqueda de información, en la búsqueda de la mejor expresión, y en la búsqueda de claridad en las ideas; una se puede quedar por ahí durante años. Así, otras personas buscan el momento para emprender, para ir tras su sueño, para atreverse a darle a su vida el giro que quisieran; no lo encuentran porque lo están buscando, y buscar no es encontrar.

Tengo esto en mente porque el fin de semana se me presentó la oportunidad de ver de nuevo, sin ninguna posibilidad de hacer como que no veo o darle la vuelta, la siguiente simpleza: si ya Dios me dijo qué tengo que hacer, no hay nada más que tenga que escuchar y nada que tenga que hacer antes. Si lo hago, estoy de la mano de Dios y pasará lo que tiene dispuesto; si no lo hago, estoy por mi cuenta. Y lo que dijo que hiciera es exactamente lo que dijo, no la versión abreviada, edulcorada o con arreglos; cada cosa que "ajusto" de su instrucción, me deja un poco por mi cuenta.

Silvia Parque

sábado, 14 de febrero de 2015

Mis amigos

Mis amigos me han hecho favores, algunos que les resultaban fáciles y otros que no.
Me han prestado dinero y cosas; me han dado dinero y cosas. Me han hecho un lugar en su casa.
Me han escuchado hablar de lo mismo, con paciencia y sin paciencia, y me han consolado, acompañado, aconsejado.
Me han visto con buenos ojos, y con esa mirada me han mostrado y recordado quién soy.
Se han interesado en lo que tengo, en lo que hago, y me han disfrutado a pesar de mis defectos.
Me han obsequiado, una y otra vez, lo mejor de lo que ellos son.

Silvia Parque

viernes, 13 de febrero de 2015

Un enorme ramo de rosas

Hoy recordé un hermoso ramo de rosas rojas que recibí en la escuela, un día de San Valentín. Con mi adolescencia en pleno, estaba feliz por recibir el regalo, pero también porque era un gran regalo, y un gran regalo delante de todo el mundo.

El amor puede ser algo muy diferente a lo que vivimos en el enamoramiento de los quince, dieciséis años. Pero tiene ese ingrediente de hacer feliz al otro, de buscar qué es lo mejor que podemos darle: "lo mejor" en los términos de quien va a recibir.

Silvia Parque

Si te toca saber, ponte a estudiar

No tenemos que saberlo todo. Pero quien tiene un puesto público, quien con su juicio o declaración va a afectar a terceros, tendría que saber de la materia sobre la que está tratando. El problema es que hay una generación de profesionales que cree que sabe sobre cosas que no sabe. Según yo, es una herencia cultural: antes había bien poca gente que sabía leer y escribir, y bien poca gente que hacía una carrera: ser médico o ser abogado era ser un gran sabio a quien podía consultársele sobre muchísimas cosas. Pervive un mito alrededor de eso, y algunos médicos, abogados o profesores, más o menos mayores, no se han dado cuenta de cuánto en el mundo es nuevo, y opinan antes de ponerse al día.

Silvia Parque

jueves, 12 de febrero de 2015

De lo poco a lo más: el abuso

Un día hablaba con alguien sobre la inseguridad, y me decía que un hombre también tiene miedo de que le ataquen, le roben, lo hieran, etc. Yo le decía que sí, pero que usualmente no tiene miedo de que abusen de él sexualmente, o de que lo violen.

Por este lado del mundo, es difícil encontrar una mujer adulta que nunca haya sido de algún modo "tocada" sexualmente sin su consentimiento. Aunque el abusador y el violador suelen ser personas conocidas y cercanas, también están los tipos que se empalman en el transporte público, o los que suponen que es una gracia dar una nalgada a alguien que va pasando. Y es asqueroso.

Aunque en algunos contextos, esto resulta muy claro; en otros, todavía no. Así que es importante hacerlo parte de la educación de los jóvenes, eliminando todo gesto de aprobación o complicidad hacia actitudes de "avance sexual" que son abusivas. Pienso, por ejemplo, en el viejo juego de poner espejitos en lugares estratégicos -como en los zapatos- para ver la ropa interior de las compañeras de la escuela. Es un juego, es parte del rito adolescente de descubrir el sexo; no estoy diciendo que haya que acusar y sentenciar a estos muchachos como a depredadores. Por supuesto que no me asusta, y sé que ahora harán cosas mucho menos "inocentes"... Pero no es correcto, aunque algunas -o muchas- chiquillas se emocionen y sientan una cosquilla de gusto por haber sido vistas. No es correcto, y los adultos alrededor deben educar -a ellos y a ellas- sobre qué es correcto y qué no lo es, en el marco del respeto a la otra persona. Algo que tiene que tiene que ver con enseñar a pedir permiso para todo lo que tiene que ver con cruzar un límite respecto a otra persona. 

Silvia Parque

miércoles, 11 de febrero de 2015

No le digas al pobre qué debería estar haciendo para no serlo

La primera vez que pensé esto, fue en relación con la comida. Los pobres de ciudad, en México, suelen tener una mala dieta, frecuentemente a base de productos chatarra. La gente "que sabe" hace cuentas en su imaginación sobre lo que cuestan las cosas y les arma una buena dieta: que por qué comprar refresco en lugar de leche, que por qué gastar en papitas fritas con lo que cuesta un kilo de papas... Objetivamente, tendrán razón: la gente estaría mejor nutrida y aprovecharía mejor su dinero si hiciera esto y dejara de hacer aquello. Pero no veo ni escucho a esa gente "que sabe", poniéndose en el lugar del otro. Cuando tienes hambre, sientes urgencia de carbohidratos; pero cuando tienes que hacer una jornada completa de trabajo físico, lo que quieres es algo que te haga aguantar y que te rellene la panza, no algo que nutra -aunque eso sea lo que necesites-. No todos tienen en qué cocinar. No todos tienen en dónde guardar los alimentos. No sabes hace cuánto no ha comido esa persona que no puede esperar a preparar algo, que ni siquiera podría esperar a lavar esa verdura que debería escoger.

Luego, están los gastos sin sentido. Sin sentido para quien mira de fuera, por supuesto. En México, la fiesta de quince años de cada hija, puede dejar a la familia endeudada hasta que llegue el día de endeudarse con la boda. Pero es que cada quien da a los suyos lo bueno que tiene, y sacamos lo bueno que tenemos de nuestro bagaje cultural. Cuando todos tus días son de esfuerzo tras esfuerzo por apenas sobrevivir, cuando el panorama no es para aspirar a una mejor calidad de vida, cuando tienes que soportar un trato discriminatorio en lugares públicos, y un trato ofensivo en el lugar de trabajo, ¡claro que te aferras a lo que te ilusiona! Claro que quieres ese evento grande donde un día eres muy importante, y vas a hacer lo que puedas por conseguirlo: también lo inconveniente. Es que no es lo mismo ganarnos la vida en algo que nos realiza, que gastarnos el cuerpo para mal-dar de comer a la familia. En este último caso, por supuesto que se hacen necesarias esas caguamas de cada viernes. Si no, ¿cómo aguanta el alma? Se me puede ocurrir cómo, por supuesto; pero se me ocurre desde mi posición frente a la lap, con música bonita y una red de personas apoyándome.

Al final está lo peor de lo peor: la decisión de tener hijos. Hay gente que si sintetizamos su pensamiento, lo que queda es la sentencia de que los pobres no deberían reproducirse. Otra vez: objetiva y fríamente, tendrán razón, al menos en cuanto a la cuestión práctica de cómo mantener a los pobres niños. Si apenas puedes contigo, ¿cómo se te ocurre traer otra persona al mundo?, ¿y otra más? Casi se disculpa que la ignorancia provoque embarazos, ¿pero que quieran... que busquen tener hijos? Como si no sintieran la misma necesidad de trascendencia, la misma necesidad de amar, el mismo deseo de "hacer familia" que quien tiene la vida económica resuelta. Tal vez tener cuatro hijos, en estos tiempos, sea una locura, y tal vez sea rematadamente insensato si vives en un cuartito; pero no sabes si Dios le dijo a ese par de corazones, que tenía que llegar ese "hijo número cuatro". ¡Vale!, que viene más a la mente una pareja de descuidados que de nuevo han "metido la pata"; pero es que no sabes. Y este reconocimiento de "no saber" sobre la realidad del otro, debería ser lo que más pese en nuestra mirada.

No se vaya a pensar que estoy en contra de la educación financiera, de la promoción de la salud o la planeación familiar. Estoy en contra de ver al otro por encima y juzgarle con dureza.

Compartir conocimiento es una obligación moral es muchas circunstancias: si sabes cómo "salir del hoyo" -o como asomar la cabeza-, qué bueno que puedas decírselo a quien está en el hoyo; pero mira con qué actitud lo estás haciendo.

Silvia Parque

Posesión I - Posesión II

Un día, sentí que me dolían las tetas. Esa tarde tuve que dejar la película que estaba viendo e ir a echarme en la cama, porque el dolor era muy grande. Después de eso, me sentí mal durante días: muy cansada, un poco adolorida, con el estómago en una extraña revoltura... con un malestar general como si estuviera "tomada". Estaba embarazada y el embrión tomaba posesión de mi cuerpo. Empecé a comer lo que ella quisiera, en la cantidad que ella quisiera y cuando le pareciera bien. La ocupación se vanaglorió con el estrepitoso retiro de mis defensas, expresado en una infección tras otra.

Como anunciaron los sitios de internet y las mamás a mi alrededor, el segundo trimestre pasó todo eso. Dejé de sentirme mal; nunca llegó la gran energía de la que gozaron algunas, pero dejé de estar exhausta, y empecé a volver a ser quien dirige mi dieta (lo cual no es bueno porque ella tiene gustos más saludables que los míos). El tamaño de la barriga hace que sea necesario buscar "arreglos" para el movimiento, pero nos acomodamos bien. Puedo decir que en la medida en que mi organismo se ajustó a ser hábitat de otro ser, he recuperado posesión de mi cuerpo. Con ombligo extraño, pero mío. Sin cafeína, pero porque yo lo decido. Casi pongo mi bandera, si tuviera bandera de mí; pero ni para qué... sería risible porque mientras eso sucedía, otra posesión tuvo lugar, y esta es implacable.

No es el hecho de que la ame, sino el hecho de que en general, mi pensamiento gira alrededor suyo. No solo trabajo para ella, sino que quiero trabajar para ella. Se ha metido en mi alma, y me ha tomado para siempre.

Silvia Parque

martes, 10 de febrero de 2015

Malas combinaciones

A veces, algo me preocupa.

Muchas veces, invento historias: antes de dormir, en el camino a algún lado... cuando estoy en el baño.

Y muy rara vez, tomo un pequeño hecho o un comentario casual, y tejo una historia tenebrosa alrededor de eso.

Silvia Parque 

lunes, 9 de febrero de 2015

El maratón

Me gusta mucho que en los maratones, la gente suele participar con el afán de ganarse a sí misma. Por lo que sé, hay quienes participan buscando los primeros lugares, pero muchos buscan mejorar sus marcas personales o simplemente ser capaces de terminar la carrera. No me gusta la idea del esfuerzo extremo; pero sí la del esfuerzo que permite experimentar los límites del cuerpo, y que da satisfacción.

Silvia Parque

El día no empieza hasta que empieza

Hoy amanecí con un par de pendientes de dinero, de los que hacen a la gente preocuparse; yo no me preocupo como la gente, pero ahí se va un tanto de energía, en mantener el estrés bajo control. 

Pretendí tomar un vaso de agua, y no había agua desinfectada. Entonces fui por el mal camino, pensando en lo mal que está que la última persona que toma agua, no ponga más agua a desinfectar. Ahí se derrama un tanto de energía, en molestia, y cuando se derrama energía en mi casa, suele suceder que habrá otro derrame. 

Así que pongo agua en el garrafón, abro el gotero de la plata coloidal para desinfectar, lo llevo hasta la abertura del garrafón, le doy vuelta y aprieto para que salgan tres gotitas, y lo que sale es un chorro de líquido café oscuro amarillento, que cae en el agua, en el mueble de la cocina y en el piso. De inmediato hay otro escape de energía y una muy sentida expresión de pena por mí misma.

Pero el día no empieza hasta que hago oración, así que voy a lo mío. Hablo con Dios y todo se aquieta. Quedo en paz y las cosas se ven desde otra perspectiva -una buena-. 

Silvia Parque

El huevo cocido

El huevo es un gran alimento: es de lo más barato en proteína animal, no tiene que refrigerarse, y cocido puede tener buen sabor, sin grasa ni sal.

El huevo cocido ha sido tan frecuente en mi menú de embarazo, que supongo que la niña reconocerá su sabor cuando lo pruebe. A mí nunca se me antoja; no podría decir que no me gusta, pero tampoco es exactamente de mi gusto; la gran cosa es que me saca de apuros: puedo dejar huevos cociéndose casi sin supervisión y quitar la cáscara es rápido; hasta se comen rápido: no es que prefiera comer rápido, pero a veces es útil. Con unas gotitas de aceite de oliva y rebanadas de pan, puede presentarse bonito.

Silvia Parque

domingo, 8 de febrero de 2015

Fui al parque

Fui al parque. Me senté en la tierra. Jugué con los palitos que había por ahí. Los enterré. Pensé que formaban un bosque de palitos, aunque nadie lo pensaría si los viera.

Hacía mucho que no veía la tierra de cerca: una tierra seca porque recibe el sol, otra no tanto porque queda a la sombra.

Silvia Parque

Divagación sobre la belleza con pocos años, y en pareja

A mí los muchachos, ellos y ellas, me parecen bonitos. Parezcan modelos de revista o tengan la piel llena de granitos, creo que se ven lindos. Les noto un encanto que contrarresta casi lo que sea que les juegue "en contra" de verse bien.

Si bien hay mucha gente adulta que es típicamente bella, con los años perdemos el "toque" de la belleza de los muchachos. Normalmente, después de los treinta años, van pasando cosas como la aparición de arrugas o de manchitas, o los hombres pierden algo de cabello... pero ya no hay ese encanto que contrarreste lo que sea que nos juegue "en contra" -otras cosas hay, que suman un atractivo diferente-.

El caso es que pensaba que, a pesar de lo bonitos que son los muchachos -ellos y ellas-, con sus miradas inocentes o sus sonrisas ensayadas, las parejas bonitas me parecen las de personas adultas. Estoy hablando de "bonito" por fuera: de la imagen. Me gustan las parejas de jóvenes adultos, de adultos y de ancianos. Creo que al emparejarnos tenemos la gracia de encontrar algo bello en el otro, y creo que eso nos da un encanto que contrarresta casi lo que sea que juegue "en contra" de vernos bien. Hay más de eso en tanto más de la belleza de cada cual, salga de los ojos del que está mirando. Así las cosas, habría más de eso, si el mirado-embellecido no tiene ese "toque" de la belleza de los muchachos...

Silvia Parque

viernes, 6 de febrero de 2015

"Somos ciudadanos, tú eres un dirigente..."

Veía un documental sobre la represión en la Plaza Tiananmen, en China, 1989.  A menudo pongo documentales de History Channel como ruido de fondo; no me gusta su abordaje de los temas, y sé que tienen fallos como para no confiar en ellos, pero me entero de cosas mientras me hacen amenos otros quehaceres.

Así que estaba clasificando ropa de bebé, cuando me detuve, y fui a regresar el video para volver a oír una parte. Hablaban de una reunión entre el primer ministro de China y líderes estudiantiles, y se describía la actitud del primer ministro como autoritaria-paternalista y "desdeñosa". Transcribo lo que dice una líder de la protesta:
[Nombre del primer ministro] hablaba sobre lo mucho que estaba cuidando a los estudiantes, como si fueran sus hijos. En ese momento [Nombre del líder estudiantil] le interrumpió; le dijo: 'No somos tus hijos y vosotros no sois nuestros padres. Somos ciudadanos, tú eres un dirigente y hemos venido para un diálogo de igual a igual'.
Parece que eso era algo increíble, dado el contexto histórico-sociocultural de China. Me pregunté cómo andamos con eso, en México. Cierto que aquí se insulta a las autoridades con gran energía, pero más bien en redes sociales y cuando hay muchos inconformes juntos. Pero, ¿qué tanto somos capaces de posicionarnos como ciudadanos, y hablar "de igual a igual"? A juzgar por las expresiones del Procurador General de la República, es algo que también se ve como increíble.

Silvia Parque

Gustar, nutrir, rellenar

Hay tres categorías que tomo en cuenta al pensar en comida: que dé gusto, que nutra, y que rellene. No son excluyentes. Es genial encontrar algo rico, nutritivo y que deje sensación de satisfacción.

Usualmente busco lo que me gusta, pero ahora que debo ocuparme del crecimiento de la bebé en mi cuerpo, busco más lo que nutre. Sin embargo, tiene su importancia tomar en cuenta qué tan rellenador es lo que se va a comer. Yo no podría alimentarme de cápsulas para astronauta, aunque se pudieran paladear. Esta categoría para pensar los alimentos -cualidad de rellenar- es fundamental si se trata de dar de comer a un hombre, al menos a uno del rancho de donde vengo (en Querétaro, los varones no son voraces con la comida).

Silvia Parque

El hambre terrible

Ayer alguien me preguntó si estaba comiendo mucho. Le dije que comía suficiente, pero que podría comer más. Una vez que pasaron los primeros meses del embarazo, en los que debía comer exactamente lo que la bebé me dejaba y ni un bocadito extra, se me abrió el apetito; pero eso no es notable: lo que llama la atención es el modo en que mi hambre se ha vuelto animal.

Creo que me pasa un poco como a Pedro, el de Pedro y el lobo, porque siempre he sido infantil con mi hambre. Hace muchos años, cuando llegaba de la escuela, apenas mascullaba un saludo y me desplomaba sobre una silla: hasta que llevaba comida a mi boca, podía platicar, sonreír, y volver a ser persona. Mi hambre siempre ha sido de "ahora mismo-ya-en este momento". Si voy a salir a comer con alguien o a alguna reunión, como algo antes para no ver a todo el mundo con cara de pechuga de pollo.

Pero ahora el hambre es mucho más poderosa. Casi terrible. Puedo tener un buen almuerzo: cantidad suficiente de jugo, infusión, fruta, y platillo con tres grupos alimenticios. Como alguna fruta, verdura o pan a mediodía; pero si no como a tiempo, a la hora de comer, es como si no hubiera comido nada en dos días. Si pasa un rato, la cabeza se me empieza a poner pesada, le siguen los brazos y las piernas, la niña se enoja, y por supuesto, no puedo pensar más que en comida.

Silvia Parque

jueves, 5 de febrero de 2015

Entre nosotras

Mi mamá me silbaba cuando llegaba del trabajo. Cuando nacieron mis hermanas, eso siguió estando entre ella y yo; quiero decir: solo entre ella y yo. Hay algo que nos gusta de la exclusividad.

Cuando crecí -y ya no me silbaba-, a veces me dejaba notas; por ejemplo, en ocasión de algún examen. Supongo que se las habrá dejado a mis hermanas también; pero sus notas para mí decían algo solo para mí.

Lo recordé de pronto, mientras recogía la cocina.

Silvia Parque

Manzana amarilla

Siempre he preferido las manzanas amarillas. Luego las verdes. Al final, las rojas.

No sé si hay más manzanas rojas que de las otras, en el mundo. Supongo que sí, y que por eso se han colado como el prototipo de "la manzana". Pero habría que darle más crédito a las manzanas amarillas.

Silvia Parque

El rollo de papel higiénico necesita el tubo de cartón en medio

La última vez que fui al supermercado, compré lo último en papel higiénico. Un paquete de rollos que en lugar de tener un tubo de cartón en el centro, tienen otro rollo de papel: un "mini rollo" para llevar en el bolso. Elite duo, se llama. Me pareció la gran cosa.

Se supone que el mini rollo tiene una especie de envoltura de papel, dentro de la cual permanecerá el rollito. Yo no pude usarla como se indica en las instrucciones, pero seguro es porque nunca he sido buena para seguir ese tipo de instrucciones. No tiene importancia; de todas formas me resultó útil el rollito sin envoltura.

Lo que sí tuvo importancia es la falta del tubo de cartón dando estructura al rollo grande. Nunca había notado su importancia. Yo tengo un artilugio en la taza del baño, en el que meto el rollo de papel. Resulta que sin el tubo de cartón en medio, cada vez que se jalan unas hojas para cortarlas, el resto del rollo se aprieta. Cuando queda más o menos la tercera parte del papel, queda todo apretado en el artilugio, y ya no se pueden jalar las hojas, es decir: cuando una intenta jalarlas, el rollo no gira. [Nunca había notado la importancia de que el rollo girara...] Conjeturo que si no tuviera mi artilugio, y colocara el rollo, por ejemplo, arriba de la taza del baño, cuando llegara al mismo punto (que quedara más o menos la tercera parte del papel), el rollo no podría sostenerse en vertical.

Una decepción.

Silvia Parque

miércoles, 4 de febrero de 2015

Perdón inmediato

Me perdono más rápido que nunca. Creo que lo he conseguido porque entendí que no es necesario que me castigue con culpa.

Algunas personas se castigan con culpa para asegurarse de que les seguirá importando "hacer bien". Pero perdonarse a una misma rápido, permite mayor lucidez para tomar responsabilidad sobre lo hecho, aprender de la situación, y tratar de que no se repita.

Silvia Parque

Economía de la inmediatez

En muchos casos sale más barato comprar el paquete grande, que el pequeño; pero si necesitas comprar tres productos, a veces resuelves comprar el paquete pequeño para poder llevar las tres cosas. Te queda claro que con poco dinero se hace más importante usar bien el dinero; pero "usar bien" significa renunciar a una de las tres cosas en la lista...

Todos preferimos no pagar multas ni recargos, pero cuando pagar a tiempo una cuenta implica hacer cenas frugales durante un mes, es muy tentador postergar el pago. Hacer de eso un hábito, te mete en problemas; pero tener disciplina con algunas economías, puede hacer necesario severidades que duelen, y a casi nadie nos gusta que algo nos duela, aunque sepamos que el dolor prevendrá un daño.

Para salir de la economía de la inmediatez se requiere aguantar la respiración y hacer lo prudente, en lugar de ir saltando al compás de lo que el día a día marca como urgencia.

Silvia Parque

La única razón realmente válida para decidir no amamantar

Estoy muy ilusionada con la idea de amamantar. Estoy convencida de que es la mejor opción para mi hija y para mí, y me preparo para ello en la medida de lo posible. Me gustaría que se conocieran mejor las técnicas para ayudar a que todo salga bien con eso; pero me incomoda que se pueda confundir mi posición, con la del activismo pro-amamantamiento que pretende ordenar "den de mamar", pasando por encima de la libertad de cada mujer, y cegándose ante la singularidad de cada situación personal y familiar. Y es que es muy fácil cruzar la línea entre a) compartir algo que a una le parece bueno, b) sugerir en donde no se ha abierto un buzón de sugerencias, y c) mandar, aleccionar, culpabilizar.

Fui a una clase muestra de un curso psicoprofiláctico. Tocó en suerte que el tema era "lactancia materna". Disfruté mucho: por convivir con otros que esperan bebés, y porque cada elemento nuevo que aprendo viene a integrar mejor el entramado de conocimiento sobre todo esto. La experta era agradable, y el ambiente era mucho más amable que el de las pláticas para embarazadas del centro de salud. Pero hubo una frase inicial que ahora viene al caso resaltar, y es: "todas deberíamos amamantar". Yo la pasé por alto y me dispuse a recibir lo bueno de la sesión. La hora y media siguiente fue de una exposición respetuosa. Pero después de la trabajadora social en el sector público, la duola del sector privado, y algunas mujeres en redes sociales de internet, se me ocurrió que no está de más repetir lo siguiente:

En el mundo libre, amamantar es una elección.

Podría señalar a los millones de niños alimentados con fórmula, que están sanos y felices, pero me incomodaría decirlo sin un dato estadístico, así que mejor me quedo con lo que sé sin lugar a duda: el cuerpo de cada mujer le pertenece a cada mujer, y su cuerpo incluye sus tetas. Incluso desde mi visión, por la que considero que pertenezco a Dios, creo que Él me ha encomendado mi cuerpo, y me ha dado juicio para que decida sobre él. Si una de mis decisiones es "entregar" mi cuerpo, en determinadas circunstancias, por ejemplo, a un hombre, yo lo he decidido. Así también, decido seguir o no, un consejo de una anciana, una indicación médica o una corriente de pensamiento. Así elijo dar de comer a mi hija con mi cuerpo, y así, otras mujeres eligen no hacerlo. A algunas personas se les complica entenderlo, así que se me ha ocurrido una lista de razones por las que es válido decidir no amamantar, además de los casos en que está contraindicado (como cuando la mujer cursa con VIH):

- Porque es muy difícil. La mujer está enferma, o débil, o siente dolor, por lo que amamantar le resulta desagradable, penoso o frustrante.
- Porque no le va bien a su estilo de vida. A la mujer le parece complicado prenderse al bebé adecuadamente, o le resulta mucho más práctico dar biberón, y para ella es importante que su quehacer sea práctico.
- Porque le pesa. La mujer no quiere que sus tetas se caigan, no quiere sentir que es la única fuente de provisión de alimento para el bebé, o no quiere que sea necesario prenderlo a su cuerpo.
- Porque le preocupa. La mujer quiere saber cuánta leche ha tomado la cría, o siente que no la satisface con la leche que produce.

Aunque haya "remedio" o ideas para contrarrestar estas "razones", ningún remedio o idea tiene la menor fuerza ante la única razón realmente válida para decidir no amamantar, que es la estrella de la lista y merece aparecer centrada, para que se guarde mejor en la memoria del lector:

- Porque no quiere.

Todas las otras razones inician por ahí, y tienen la misma validez que "no quiero" a secas. Es la única razón que necesita tener una mujer para decidir no amamantar, y digo "necesita tener", no "necesita expresar", porque ninguna mujer tiene que darle cuentas a los demás sobre sus razones para hacer o no hacer con su pecho.

Claro que vivimos en comunidad: si la suegra hace saber que cree que lo mejor para el nieto sería esto o aquello, seguramente lo dirá porque quiere al nieto (sé que hay suegras brujas, pero es que a mi alrededor veo solo abuelas amorosas, y me inclino por pensar bien). El caso es que yo creo que se puede preguntar y sugerir cuando hay buenas maneras, que se puede hablar de las cosas por convivir, por conocer la experiencia del otro; pero con respeto por la visión, los sentimientos y la decisión que difiere de la propia.

Silvia Parque

martes, 3 de febrero de 2015

El lujo de no aplaudir

Yo tenía un buen trabajo en una universidad pública, solamente que parte de lo que hacía no me satisfacía, esa parte iba creciendo, y lo que sí me satisfacía no me hacía sentir plena. Así que lo dejé. Es la versión corta, pero tiene ramificaciones; por ejemplo, yo quería estar más tiempo en mi casa, lo que me permitiría estar pendiente de la familia del modo en que quiero hacerlo. Fue uno de los motivos para irme, en busca de algo. Pero había motivos para irme, no en busca, sino en renuncia. Pertenecer a la organización tenía implicaciones a las que no quería sujetarme. Recuerdo al gobernador de visita, dando un breve discurso; yo no estaba de acuerdo con esto y con lo otro, y dado que mi puesto no tenía importancia -en cuanto a estatus, visibilidad, esas cosas-, podía darme el lujo de no aplaudir; pero se supone que aplaudiéramos; nadie iba a obligarme a hacerlo, y yo no estaba en una posición como para que se notara qué hacía o no hacía; pero "aplaudir" era parte de un paquete de gestos sin los cuales me encontraba algo fuera de lugar. En síntesis, no me gustaba la pleitesía que percibía en el ambiente.

Creo que a veces, los que pueden darse el lujo de no aplaudir, no se han dado cuenta de ello. A veces, los que no debieran aplaudir, tampoco se dan cuenta de que "palmotear" no equivale al "buen día" o "buena tarde", que no se le niega a nadie -casi nunca-.

Me da gusto que el señor Presidente de México, ya sepa que la prensa -al menos alguna prensa- no tiene por qué aplaudirle.

Silvia Parque

Aprovechar lo que hay

Mi pequeña tortuga tiene manchitas negras en el caparazón. Cuando las vi, puse atención en la otra tortuga y vi que han aumentado sus manchas negras. Es normal; puedo distinguir que no son hongos; pero sé que les hace falta más sol, y tengo la impresión de que esa falta tiene relación con la manchitas. Es que no son días de sol, y no tienen un foco especial. Pero mañana saldrán a asolearse aunque sea un ratito. Un ratito cada día será algo. A veces no aprovechamos lo poco que hay de algo, y nos quedamos sin nada.

Silvia Parque

El regalo del perfil de mi doctora

Hoy, en la consulta de rutina con mi ginecóloga, tratamos el tema del parto y los primeros momentos de la niña. Yo tenía una lista de cosas por mencionar:

- Posición para el parto...
- Apego inmediato... alojamiento conjunto...
- Características del cuidado neonatal...
- Características de la anestesia (que espero no utilizar)...

En cuanto mencioné lo primero, ella empezó a hablarme una por una, de todas las cosas de mi lista, describiéndome su forma de trabajar, que es exactamente lo que pensé que tendría que solicitar o negociar. Era de esperarse porque la elegí en función de su perfil, afín a lo que llaman "parto humanizado", "parto natural" y similares; pero de cualquier manera, me siento como si acabara de recibir un gran regalo.

Silvia Parque

lunes, 2 de febrero de 2015

Estando en necesidad de amor

Está en las postales alentadoras que pululan en Facebook. Está en los libros de autoayuda. Está en los manuales, instructivos y decálogos para tener buenas relaciones amorosas o sobrevivir a las rupturas. Es difícil no estar de acuerdo: antes de amar a alguien, y para que resulte bien la experiencia de ser amada, hay que amarse a una misma.

La mala jugada está en que justo cuando no nos amamos, o cuando nos amamos menos, es cuando estamos necesitadas del amor de alguien más. La persona satisfecha consigo misma, plena de autoestima, podrá tener la ilusión de una pareja, pero no le anda rogando a nadie que la quiera. No obstante, cuando una no se quiere a sí misma -o no se quiere lo suficiente-, urge ser querida. ¿De qué vale que te digan "quiérete, valórate", si no tienes cariño para darte?

El amor, en sus múltiples variantes, es algo que nos pasamos unos a otros. Somos surtidos de una buena dotación durante la crianza, y vamos compartiéndolo con la exhalación; lo liberamos en el aire y llenamos con él algunos ambientes. El caso es que si por alguna razón no lo tenemos en un momento determinado, está muy canijo inventarlo. Algo en la intuición nos hacer querer que venga de algún lado. Entre más encaprichadas estamos con alguien, más suponemos que tiene que venir de ese lado, es decir, de esa persona que queremos que nos quiera. Aunque hay quien quiere que le quiera quien sea...

Yo pienso que andando con carencias de amor, es un mal momento para lo de "quiérete, valórate"; no porque no sea lo mejor que puede pasar, sino porque es realmente muy difícil. Creo que hay que buscar fuentes de abastecimiento de amor, fuera de una misma, y que es muy importante que no se trate de una persona determinada. Para mí, Dios es la solución perfecta: amor incondicional, infinito, con "A" mayúscula. Otros pueden rastrear en su origen: incluso la peor de las madres fue capaz de sostener con su cuerpo un embarazo y eso, si no habla del amor de ella, habla del amor del universo por sus criaturas.

Silvia Parque